123 Cuestiones del aquí y ahora 2020. [4]

Pensamiento filosófico y cultura

  • La cultura, para contextualizar una entrada de las múltiples posibles, se puede presentar como expresión simbólica de los “mundos humanos” posibles, y dada esa multiplicidad hoy aprender a convivir con las diferentes inflexiones de sistemas de creencias, que los hay, posibles, y dada la única superficie que las sustenta, necesariamente composibles.
  • La cultura, que ya hace frente en cada caso, invita a seguir preguntando por las cuestiones de la vida, comunes a todos y que son el suelo de la reflexión filosófica en su originalidad: la Metafísica.
Gottfried Leibnitz

La componibilidad (del latín componere, «poner juntos») es un concepto filosófico debido a Leibniz por la que algo es posible en relación con algunos estados de cosas, hechos o circunstancias. Leibniz estableció que un elemento individual completo (por ejemplo, una persona o un colectivo de personas) se caracteriza por todas sus propiedades, y éstas determinan sus relaciones con otros elementos individuales. La existencia de un elemento individual puede contradecir la existencia de otro. Un mundo posible comprende elementos individuales que son componibles; es decir, elementos individuales que pueden existir juntos.

Cuando Leibniz habla de un mundo posible, quiere decir un conjunto de componibles, cosas finitas que Dios [*] podría haber traído a la existencia si no estuviera limitado por la bondad que es parte de su naturaleza. El mundo real, al contrario, no es más que el conjunto de las cosas finitas solo ejemplificadas por Dios, porque es el más grande en bondad, potencia y perfección. Naturalmente, el hecho de que estemos aquí experimentando este mundo (el mundo real) significa que hay al menos un mundo posible. Para Leibniz hay un número infinito de mundos posibles.

[*] Conviene retraer, para leer lo de Leibnitz, que su siglo fue el XVII, el del inicio de la modernidad y del racionalismo desde Descartes, seguido por Spinoza y terminando con él. Imperaba todavía el paradigma religioso aunque se encontrará en todos ellos el bravío intento de poner en marcha la lógica de la razón aún su medio cultural enraizado en un suelo fuertemente teológico. Puede reemplazarse la palabra Dios de Leibnitz por la de Naturaleza de Spinoza, y entenderla igual, y en apoyo a esta propuesta, basta mencionar que Leibnitz, junto a Newton, fueron los originadores de una nueva matemática, él cálculo.

Cuando se trata de hablar acerca de la cultura, se alega desde la relación que se tenga la cautela de hacerlo en un sentido abiertamente racional, no en el sentido de ratio = cálculo, sino de razón, logos, desde el lenguaje original griego. Con esta perspectiva desde las capacidades racionales, y en sentido amplio, de qué manera poder establecer la aptitud de mezclarnos, componernos, relacionarnos, con el entorno, el mundo y por lo tanto con los otros, cuestiones que continúan lo iniciado en el capítulo anterior: https://cuestionesfilosoficas.com/2020/02/12/122-cuestiones-del-aqui-y-ahora-2020-3/ Ética y Política.

Si en un primer momento cuando se expuso acerca de las ciencias, interrogamos acerca de La Ética, el carácter, lo bioético y el transhumanismo como ejemplos; luego nos acercamos a la dimensión política comunitaria de esta pregunta ética, entonces derivó en considerar a la democracia como parámetro de la política que más se ajusta a la “realidad” antropológica de la interdependencia humana frente a la vulnerabilidad y la necesaria interrelación con los otros, y esto orienta lo que ahora se comienza a plantear.

La pregunta ahora es acerca de la cultura, de qué modo en este mundo complejo (que remite a la del Dasein heideggeriano) se presenta y se hacen componibles sus elementos que puedan dar que pensar. De hecho la palabra cultura remite al latín <<cultus>> = culto, con varias acepciones: cultivar, labrar, cuidar, celebrar con reverencia, obrar, y con ello poder acertar lo que de una manera directa nos transporta a lo religioso. De hecho, culto es una palabra religiosa. Da que pensar: apelamos al valor de la razón con palabras que ya contienen el misterio del sobrepeso de las religiones, lo que da que pensar si es que se logra avanzar en el aprender a hacerlo sin tanta herencia de 20 siglos de historia a cuestas.

Labrar, remover, girar, aplicado al asunto de los conocimientos y sus acciones resultantes, han dado lugar a la cultura. Cultura implica labrarse, trabajarse, formarse, y esto es porque hay previamente una tierra inquieta que hay que trabajar, cultivar: una tierra o un suelo, para obtener una fertilidad que nos sorprenda. Esta simbología es la que se aplica a las humanidades, letras, conocimientos acerca del hombre en general. Hace falta una técnica para cultivar nuestro cerebro. Se lo dice, y con ello se estarían traduciendo ideas menos religiosas, como las de Nietzshe y Heidegger.

Cultura además significa un sistema de representación simbólica de cantidad de cosas. Desde lo más diario, por ejemplo el calendario, las celebraciones, originalmente relacionadas con festividades religiosas que nos organizan el tiempo y además las formas en que nos relacionamos con el resto de la gente. Otro ejemplo: como acostumbra cada quién vestir los fines de semana, aun siendo no creyente. La vestimenta es un ejemplo de expresión cultural, y su genealogía proviene del séptimo día, que es de descanso, porque así se anunció.

Así entonces, cultura no solo es solamente la elaboración de sistemas (libros, tratados, teorías, etc.) acerca de la interpretación del mundo, sino que además configura de una manera directa cada día a día. Todos desarrollamos nuestra vida en un ámbito cultural.

La vestimenta, el responder o cumplir tales costumbres o ritos, es una necesidad antropológica de obedecer a ciertos elementos simbólicos que se configuran por herencia que no solo pautan lo individual, sino que además señalan la forma simbólica de plantarse frente a ese entramado de creencias y costumbres, que en general simplemente se aceptan y no requieren que se las interrogue, aunque se pueda ir intuyendo con contienen una genealogía de la que cuyos orígenes se han olvidado. Tal vez eso constituya, dinámicamente en su actualización cotidiana, este asunto acerca la cultura.

Hay diversidad de formas de hacer frente racional a esta cuestión, lo que las coloca en el sentido político en un primer orden. Por ejemplo: el choque de civilizaciones, las diversas maneras geopolíticas de clasificar, diseñar y ojalá poder entender al mundo, más allá de la forma económica o de clase de administración social que haya decidido (autárquica o mejor comunitariamente), sino más acá, de las tradiciones culturales, muy relacionadas con las formaciones geográficas o religiosas. Si de origen geográfico se entiende como necesidad u oportunidad, si religioso ya sería claro de otro orden, quizá ordenado (como orden a ser obedecida, que la manera que fuera).

¿Cómo entendemos la idea de la política en medio de los intereses en juego y cómo se relacionan o utilizan las similitudes o diferencias culturales en esos juegos y la administración política?

Se habla también de cultura política y-o de qué manera los avances tecnológicos van a impactar en los modos de su utilización. Caemos en la cuenta de que hoy ya la tecnología es una forma de cultura.

En la cultura occidental aparecen hoy día dos retos más visibles: una la globalización, a ver si otras culturas la aceptan como una cosa “normal” la de la cultura del mercado, o como una nueva forma de imperialismo occidental. Globalización sería, en un intento de poner palabras que no se disponía, ofrecer al mundo una forma uniforme al modo capitalista de ver las cosas y administrarlas de esa manera. ¿Será una metáfora neoliberal la que pretende imperar sobre todo en las cuestiones económicas, en los modos de intercambios, independientemente de las formaciones sociales preexistentes?

¿Qué es cultura? ¿Qué es cultura occidental? Son muchas las preguntas.

¿Puede la nueva formalidad tecnológica cambiar las costumbres culturales propias de cada otra región? La respuesta tendría que ver con cuestiones éticas, salvo ptretensión utópica.

La tecnología que es en si misma un producto cultural. ¿puede intentar modificar las otras? ¿Y lograrlo?

¿Hasta que punto la tecnología nos hace más fácil la vida? Más allá de las ventajas que puedan reconocerse. ¿Las redes sociales? ¿Nos más fácil relacionarnos y conocernos? ¿O lo contrario? ¿Nos preguntamos acerca de la ética de estas redes?

Si la cultura, además de lo cultivado, está en lo cotidiano, entonces es dinámica, y por lo tanto cambia tanto que ella por lo tanto misma se pone en cuestión.

¿Qué espacio queda para lo heredado y tradicional? Entre otros ejemplos el de la religión. ¿Qué podemos esperar de esto que llamamos religión? Para decirlo en modo kantiano, ¿Que concepto se puede formular acerca de estas percepciones de fenómenos con nuevas formas que no conocemos, algunos al menos, del todo?

¿Qué respuesta ofrece la religión acerca de la demanda por el sentido? Respuesta a las mismas preguntas que el ser humano se hace desde siempre. La ciencia no concluye nada por ser ya la misma ciencia y no es su objeto preguntarse acerca de sus causas. Las religiones fueron en cambio una de las configuraciones sociales y políticas esenciales para entender la historia que se configuró para el hombre, secularmente hablando.

¿Porque no aparecen nuevos Spinozas, Leibnitzs, Kants, Schopenhauers, Nietzsches, , Heideggers, Sartres, Deleuzes o Guattaris, y los no nombrados aquí? No solo no aparecen, sino que además quedan ocultos entre la maraña siempre renovada y creciente de sobreinformación inabarcable, innecesaria y sujetadora de mentes vulnerables y donde además nos invade la tecnología que las promueve. La tecnología desde que provienen de lo científico deberían, desde la ética, ser humildes por incapaces de responder por la subjetividad de ya ser humano, sino además estar 20 o más siglos atrasada en estas cuestiones de la vida que no puede abarcar.

Aparece como que la religión fue una configuración antropológica esencial para el hombre desde casi siempre, debe haber algo en la naturaleza vulnerable del hombre para si haya sido, aún los arreglos que se hayan hecho a partir de esa vulnerabilidad. Y hoy, en solo apariencia fenoménica llega la tecnología para automatizarla, y en ello no hay incertidumbre: con arreglo a fines.

Después de la Paz de Westfalia la religión será devaluada, pero desde un principio ¿Qué significa religión?

Lactancio

Lactancio lo nombraba así: religar a un trascendente, que puede ser un dios, una fuerza, lo que se crea (en el doble sentido de hacer o creer). Tienen la cualidad de presentar una verdad fundamental ya creada, lo explica todo, nada se religa sino a partir de ellas. Un círculo dialécticamente vicioso, trampa del lenguaje y del dispositivo, enigma no délfico para nada fácil de descifrar.

Cicerón

Cicerón interpretó: religión viene de “relegere”.  Releer, reinterpretar. Dirá: a partir de las costumbres y creencias culturales que ayudan a releer nuestra relación con el entorno, con los diccionarios biblia, corán, torá, budista, shiita, … . Y claro, incluye lo social.

Es evidente que demasiado en lo cotidiano, mucho de aquello que parece y aparece viene relacionado con lo sagrado secular. Hay una fenomenología de la religión, que de hecho aparece de múltiples maneras a lo largo de la historia, aún, recordando a Leibnitz, aun tiene fuerza de gravedad.

Las preguntas iniciales acerca de las cosas de la vida tienen pre-respuestas desde la religión y cada vez más desde las ciencias, desde la pura razón, aunque sea de nuevo, poco fácil de relacionarlas desde el entendimiento, sino desde la analogía de la percepción.

¿Hay algo más que lo inmanente? ¿Algún sistema? ¿Algo que dé respuestas a las preguntas más existenciales?

¿Por qué existe algo, en lugar de nada?

¿Dios, la sustancia, el Big Bang?

Hay una paradoja y una perplejidad, que hacen a la pregunta por el ser, la materia, la realidad. Un intento de respuesta es la tradición metafísica. Con la que iniciamos.

¿Hay una relación entre las preguntas originales, la ética y la política?

Hay una disciplina Teología Política, la que daría cuenta del impacto de las consideraciones religiosas en las cuestiones políticas: Soberanía, pueblo. Señala que las religiones tratan con los asuntos de la gente, y desde ese momento se confunden, se mezclan, y en general se entienden con la Política de los estados-naciones, por comunidad del objeto de su acción.

¿Por qué esperamos tanto de la política y de los políticos? ¿Será su genealogía religiosa?. ¿Contendrán elementos mesiánicos, como el populismo?

Nada soluciona los problemas porque la vida es problemática de por sí. Somos vulnerables. Las cosas pueden ser de un modo u de otro. Y además la finitud nos lleva a tomar elementos de previsión para solventarla hasta donde se requiera.

 Hoy día hay una positivización de los elementos críticos a considerar. Se le pide a las ciencias responder todo a lo que no tienen capacidad de respuesta.

El desafío es el volver a la filosofía, la amistad con cierto saber. Transitar el camino entre lo que creemos conocer y lo que todavía no se sabe que se ignora. La filosofía se erige como pregunta. Espacio de la incerteza, de lo dinámico inexplicable. De que nada está dado de una vez por todas, como lo que es la vida misma. Porque el conocimiento es un proceso de generación de nuevos conocimientos y por lo tanto de nuevas preguntas. La ética es la generación de nuevas respuestas. Es incierto en cambio de qué modo la política se configura alrededor de etas nuevas preguntas y las realidades de cada época. Este desafío, actualizado, apunta a un retorno de la Filosofía como interrogadora de las nuevas preguntas, y la componibilidad de algunas posibles respuestas, a partir de todo aquello que da que pensar y donde no hay teología, ni política, ni ciencia que las plantee y menos responder.

De nuevo, la pregunta esencial: ¿Por qué hay algo en lugar de nada?. Casi volviendo al origen de la Metafísica.

Y entre esos algos, la vida, que no es poco. Sino no nos preguntaríamos acerca de ella.

122 Cuestiones del aquí y ahora 2020. [3]

Ética y Política

De entrada y rápidamente la cuestión de la Ética más orginal nos vuelve desde ArIstóteles, como carácter (Conjunto de rasgos, cualidades o circunstancias que indican la naturaleza propia de una cosa o la manera de pensar y actuar de una persona o una colectividad, y por los , que se distingue de las demás) iniciando por uno mismo y por lo tanto en la relación con otros. Implica cierta elección preliminar desde la posibilidad individual, a diferencia de la moral o deber kantiano, aunque merodeen cierta misma idea, en cuanto social que es un gran conjunto de individuos. Algo así como que si otros pueden estar mejor (en el sentido que se pueda brindarse), entonces el uno mismo también.

Se escucha como antiquísimo, y lo es, aunque si se lo piensa el pathos de ser ya alguien en este minúsculo y transitorio planeta, se lo requiere, salvo soberbia difícil de explicar desde la sola filosofía, y tal vez mejor campo para el psicoanálisis o un análisis entre spinoziano o nietzscheano en el que no se adentrará aquí, pertenece a otro objeto de conceptualización.

Lá Ética es parte de la Política (Aristóteles, Ética Nicomaquea. L1 #2). Existen fines algunos hacia lo “bueno” o lo “mejor” para las personas (entre las que se está), entonces de acuerdo a ello poder conceptualizarlo (dar cuenta: poderlo pensar) para establecer la dirección a esa meta. Usando palabras esa dirección en acción es Política. En el sentido más “noble” es el conocimiento que apunta a fijar las normas generales que tiendan a asegurar a los ciudadanos en su polis, para los individuos y su pueblo, mediante las ciencias subordinadas a esa Política, que en la época de Aristóteles se denominaban como estrategia, economía y retórica.

La Ética comprende (de pertenecer y entender) las cuestiones que refieren a las formas concebibles relativas a “nuestras” acciones, a la vida de cada uno y-con los otros, y a las interrelaciones que más convengan, en sentido gregario, de un conjunto: sociedad, polis, pueblo, nación …., con la dimensión y las palabras con las que se alcancen pensar. Algo así como que se puede vivir mejor (eudomonológicamente) con fin de felicidad. Vendrá Kant, 22 siglos después que para lograrlo habrá de haber un deber guiando cada acción. Se entenderá que para cualquiera de las posiciones, se señala a los modos de actuar, de “ser” de alguna manera y claramente por este asunto de ser humano, de poderlas pensar.

Desde que los sapiens gregariamente se juntan y crecen las polis aparece la necesidad de administrarlas (por ejemplo: la policía, con analogía a la semántica de origen y sin mayor detalle).

Paz de Westfalia

En 1.648 se firma la Paz de Westfalia, luego de la desolación europea producto de la Guerra de los 30 años, lucha entre diferencias de confesiones religiosas a partir de la Reforma y Contrareforma. El tratado implicó que cada estado-nación decidiría cual era la confesión dominante oficial, y deriva de ello la noción de soberanía, cuya arqueología es de raíz históricamente religiosa (obviando a Nietzsche aquí y ahora) que se vuelve así central en la cuestión Política y del mapa de estados-naciones, novísimo modelo de organización territorial, política y social en aquellas épocas.

Ese modelo requería de “las masas” un asunto principal sin el que no podrían haberse establecido: “la unidad”.

Se advierte que entre la Ética de las acciones individuales y la Política para las cuestiones colectivas ha de darse una cercana relación, desde la constitución gregaria de los seres humanos.

¿Como se administra, que se puede esperar, cuáles dispositivos han de aplicarse, para organizar esa gregariedad en el hoy de la época? ¿Cuales son los problemas que afronta la propia formación de los conglomerados?

Hoy, tercera década del S XXI encontramos generalizada la forma democrática, total, parcial o al menos declarada. Democracia que no tiene nada que ver con la que era en la Grecia que la formuló en su origen.

La unidad (cierta uniformidad colectiva) está determinada por la capacidad de cada estado-nación de gobernarse, autolegislarse, organizarse. Se necesita cierta unidad, alguna idea más o menos uniforme de pueblo, nación o más aceptablemente de ciudadano. Esta necesidad se contrapone a la noción postwestfaliana de soberanía por lo de una ciudadanía más cercana al pueblo concreto que la del soberano teológico omnipoderoso.

Es algo así como un centro de gravedad de la organización que se establezca, del que luego deriva la necesidad en las relaciones interindividuales y comunitarias.

Esta clase de unidad debe bastante al orden del contractualismo social. Un individuo se encontrará en un medio gregario con la necesidad compartida de establecer, al menos como implícito, un contrato con la sociedad que lo preexiste y rodea, un asunto de deberes y derechos reglamentados de alguna manera para todos por igual, unificado.

Esta concepción tiene fechas de nacimiento con Thomas Hobbes (Leviatán, 1651), John Locke ( Dos tratados sobre el gobierno civil, 1688) y Jean Jaques Rousseau (El contrato social, 1762), como proclamación organizada que convenientemente a todos permitiera aún a cada individuo particular su propia y auténtica libertad en el conjunto gregario al que pertenezca. La tensión que puede percibirse de entrada entre los opuestos individual y social, es según Rousseau problema y objeto que señala la necesidad de alguna solución.

Idealmente en su originalidad, a solución consistirá en que el individuo queda “sometido” al contrato pero no se afecciona como sometimiento sino que encauza su libertad en su relación con esa totalidad que se le presenta como contrato social. No se tratará de un enfrentamiento individuo versus todo el resto de otros sino una proyección de uno con el resto (que también son unos). Cada quién se verá identificado con los demás en un objetivo de mutua convivencia, con lo que se vuelve a reiterar la cuestión de idealidad y unidad en función de la conveniencia del contrato.

Deriva de esto el concepto (como posibilidad de pensamiento) de Voluntad General: cada uno aporta de su parte lo necesario para cumplirla que concreta la unidad en la entidad Yo Colectivo, como corpus moral que “obliga” contractualmente a todos por igual.

Se podrá entender desde esta conceptualización la clave de la voluntad general de la proyección (psicológicamente considerada) de cada individuo como sujeto social, corporizado en el Yo colectivo, como se habla del cuerpo o las patas del estado, y que como entidad colectiva concretada como cosa presente es internalizada en tanto identificación subjetiva y colectiva que unifica a los sujetos de convivencia.

No hay colectivo sin individuos ni individuo sin colectivo de individuos. en esta idea del contrato social, la subjetividad se convierte en inter-subjetividad. John Stuart Mill encontrará una metáfora para esta idealización: “Mi libertad termina donde comienza la del Otro”. Aparecen como una cuestión de ciertos límites, o fronteras, dígaselas contractuales.

Toda esta conceptualización constituye cierta armonía subjetiva, y en tanto requiere alineamiento general se plantea, filosóficamente, una cuestión que las democracias debieran reconsiderar. Pasaron algunos siglos desde Hobbes, Locke y Rousseau, y las condiciones y umbrales y la cantidad de población y la ciencia y la tecnología y hasta la geografía y el clima, cambiaron. Ya no es la misma antropología que produjo el contractualismo.

Aparecen nuevas o renovadas problemáticas: posibilidad de convivencia y aceptación de diferencias, agresividad, distribución desigual de la riqueza producida, afectos y efectos actualizados en las interrelaciones, pérdida de confianza y valor de la palabra, desmedro de la reciprocidad, etc ….. Nuevas evidencias en nuevos tiempos ya no tan idealizables, por todas las causas que no es oportuno ni objeto exponerlas aquí ( que sí serían objetos de otras genealogías pero se alejaría el objeto al que se apunta en este algo menor espacio de reflexión, al menos por ahora).

Si aparecen preguntas complicadas pala la Filosofía Política actual. ¿Que es y que puede la Política en acción? ¿Que es el terreno de las democracias hoy día? No parecen las mejores respuestas las simplistas ni las dicotómicas.

Democracia 1983 en Argentina

La democracia es un problema nunca resuelto, es dinámico, y por lo tanto inacabado e inalcanzable, que abarca multiplicidad de elementos interrelacionados. Puede intentarse una expectativa del resultado de su acción: una ecuación que resuelva con algún grado de optimización condiciones de + apertura + dinámica + conveniencia para todos lo más equitativa posible, que resuelva más conflictos y que abra a la dilución de parcialidades como promotores de diferencias presentes en cualquier sociedad.

Jürgen Habermas y John Rawls, con sus matices, plantean la necesidad de una Ética en la Política a través del discurso (un ética discursiva, como concepto y método). Eso supone que en la comunicación de cada particular concepción y compartir “opiniones” aún divergentes implica adoptar una posición ética de unos respecto de otros.

El implícito ético consiste en que hay derecho de decir, contrastar y eventualmente llegar a cierto consenso dado que ninguna de las partes tiene certeza de absoluta “verdad”.

Aparecen varias cuestiones en esta proposición, una que se destaca es la de como se asegura que las partes en diálogo compartan la apertura del debate de los argumentos que se planteen. Sería una astucia no ética de alguna de esas partes la simulación de cierto consenso con arreglo a fines particulares, que estaría indicando la necesidad de “buena fe” de todas ellas.

Hay bastante polémica en cuanto a la utilización interesada de propia utilidad en una diálogo propuesto abierto y ético, que que si oculta un interés particular ya no es ético, y que puede observarse en ciertas acciones concretas de la política y los mercados.

Se exponen ahora las diferencias entre por ejemplo una democracia razonablemente ética y los populismos crecientes (de entrada, difíciles de definir).

“El arresto del propagandista”  que reproduce la represión zarista del movimiento de estudiantes rusos que bajo el lema “Ir al pueblo”, divulgaban entre los sectores populares las obras censuradas originando el movimiento populista

El populismo no es una ideología sino más bien algo así como una lógica de acción política que promueven bruscos cambios (lo que es desde ya un síntoma) en la sociedad con contenido al menos anunciado como “dramático”, apelan al pueblo (no a los individuos), se constituyen en autarquías y se valen de la emotividad, discursos simples y dicotómicos, no proponen discusiones abiertas y argumentada sino argumentarios (argumento+comentario) basada en emociones, clasifican “visiones” del mundo y sobre todo ponen en cuestión la idea de democracia liberal (que n tienen nada que ver con los conceptos económicos de modelos liberal o neoliberal, que sería otro campo de debate, no objetos filosóficos) y jaquean la idea que hoy puede deducirse de las sociedades actuales, que se establecen de por sí complejas.

La democracia es desde ya una complejidad porque deben abarcar muchos asuntos en realidades que empiezan desde la vulnerabilidad de cada individuo en un contexto en que no puede haber bienestar para distribuir sino es dentro del colectivo, asume además la pluralidad (sexo, razas, niveles educativos, nacionalidad, migraciones, desigualdad, marginalidad….. ) y su dinámica, no hay mesianismos ni respuestas absolutas, hay transhumanismo, hay incertezas, etc. , que deben agregarse como necesidades en cuenta en la formulación de alguna fundamentación que acerquen la solución de las ecuaciones como resultado en la formación de argumentos aunque no apele directamente a ellos.

La post-verdad, la confrontación, los populismos, operan de entrada sobre las emociones y por lo tanto erosionan la posibilidad de debate razonable y esperablemente ético.

Para una democracia ética se requiere voluntad de apertura. Deberían partirse de hechos y no de apelaciones emotivas.

Los asuntos de la dinámica social son muchos y variados: justicia social, racismos, discriminación, agresividad, lucha por una mayor igualdad, la diversidad (de lo que fuera), ……..

La formulación de la Política será, dinámicamente, el como resolver el conjunto de hechos en un esquema que aproxime al antepuesto contrato social, como voluntad general.

Tomás Moro

Al menos como pretensión hacia un devenir más auspicioso, cuando la condición socio-política-económica que se vislumbra en lo más actual no parece aplicar ni al contrato ni se perciba voluntad general. Y haya necesidad a apelar a Tomás Moro (Utopía, 1516).

121 Cuestiones del aquí y ahora 2020. [2]

Ciencia y tecnología

La época aparece movediza. Grandes cambios, y por lo tanto incertezas, merodean la percepción de la “realidad”, ya privada, ya pública y las intercomunitarias. Desde ese entendimiento se alienta a la filosofía como forma de reflexión posible que agrega ayuda a la experiencia de cada quien lo elija como señalando el camino del seguir aprendiendo a pensar algo en nombre propio, incluyendo los desafíos de los nuevos tiempos. De hecho por ello siempre estuvo ahí. Las pregunta que acompañan la experiencia se renuevan. Y si algo puede aceptarse es la voluntad que muestra el acercamiento a partir de una visibilidad al modo filosófico es la de poder pensar o pensar(se) con cierto rigor de razón alguna cosmovisión que incluya lo cotidiano, con cierto elemento crítico para plantear las preguntas, que para quienes se las plantean merecen respuestas.

Comenzaremos la serie con la cuestión de las ciencias y la tecnología, entendiendo de entrada que la ciencia, como expresión de la voluntad de conocer, es , no podría no serlo, un producto humano, sujetada en algún inicio a dilemas y luego a relaciones antropológicas, éticas y sociopolíticas.

Ciencia, y su consecuente: la tecnología, tienen una historia, se la resume:

José Ortega y Gasset

El físico sabe muy bien que lo que dice su teoría no lo hay en la “realidad” (…) El hombre de la calle trabaja sobre el plano real y describe fenómenos reales (aquellos que afectan directamente la experiencia sensible) mientras que el científico trabaja en un plano ideal donde describe fenómenos científicos (relativos al microcosmos y al macrocosmos) que tienen una correspondencia mucho menos estrecha con el mundo experiencial que conocemos. (…) El punto matemático, el triángulo geométrico, el átomo físico, no poseerían las exactas cualidades que poseen si no fuesen meras construcciones mentales.” ( Ortega y Gasset (1964).

La ciencia es una actividad que da explicaciones justificadas por medio de la razón y procesos que aportan evidencia sobre relaciones lógicas sin recurrir a autoridades o entidades trascendentes, y un complejo de actividades, prácticas e instituciones parte de cuyos resultados son conocimientos científicos — muchos de los cuales se expresan en teorías y-o leyes científicas — y que tiene también consecuencias que se ejecutan en la “realidad” (deberá aceptarse el uso no filosófico de la palabra “realidad” entre comillas como dato de la experiencia social y cotidiana). Este capítulo por brevedad apunta a los modos de ejecución que se aplican de sus resultados hoy día, que la alejan de su supuesta necesaria neutralidad.

Entre los griegos se apeló en su momento a la lógica deductiva que consideraba innecesaria la comprobación experimental de las conclusiones. El pensamiento deductivo partía de categorías generales para hacer afirmaciones sobre casos particulares. De hecho ya se presentaron casos donde a falta de corroboración experimental solo podía apelarse a esta lógica: Sigmund Freud, Albert Einstein, Erwin Schrödinger….. (Véase series anteriores).

Aristóteles proporciona otro de los elementos de la tradición científica:
el empirismo. Para Aristóteles, las verdades universales pueden conocerse a partir de eventos particulares mediante la inducción. Reconcilia el pensamiento abstracto y su relación con la observación. No acepta que el conocimiento obtenido mediante la inducción pueda acertadamente considerarse como conocimiento científico.

Es archiconocido el enfrentamiento entre Ciencia y Religión, durante los muchos siglos de la Escolástica, el imperativo subyacente de las expresiones científicas referían causas divinas, y de hecho como efecto del imperativo sus adelantos fueron escasos y restringidos. Más tarde el cambio en el pensamiento occidental de lo medieval hacia lo moderno fue promovido por el crecimiento de la ciencia. Un cronología corta es:

Nicolás Copérnico

Nicolaus Copernicus (1473-1543) se opuso a la visión de que la Tierra era el centro del Universo, y a cambio propone el modelo heliocéntrico. Su obra maestra: Sobre las revoluciones de las esferas celestes, fue escrita a lo largo de unos veinticinco años de trabajo y fue publicada póstumamente en 1543, pero muchas de las ideas básicas y de las observaciones que contiene circularon a través de un opúsculo titulado De hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus (no editado hasta 1878); que, pese a su brevedad, es de una gran precisión y claridad. Eran los inicios de lo que fue el Renacimiento. Al ser editada su obra póstumamente eludió la censura religiosa.

Giordano Bruno

Giordano Bruno, (1548-1600), fue un astrónomo, filósofo y poeta nacido en Italia. Sus teorías cosmológicas superaron el modelo copernicano, pues propuso que el Sol era simplemente una estrella; que el universo debía contener un infinito número de mundos habitados por animales y seres inteligentes. Propuso en el campo teológico una forma particular de panteísmo, lo cual difería considerablemente de la visión cosmológica sostenida por la Iglesia católica. Además de estos razonamientos, sus afirmaciones teológicas también fueron otra de las causas de su condena, que lo llevaron a ser ejecutado por las autoridades civiles de Roma después de que la Inquisición romana lo declarara culpable de herejía. Fue quemado en la hoguera.

Francis Bacon

Francis Bacon (1561-1626-, barón de Verulamium, vizconde de Saint Albans y canciller de Inglaterra, fue un conocido filósofo, político, abogado y escritor inglés, padre del empirismo filosófico y científico. En su Novum organum (1620) precisó las reglas del método científico experimental, y desarrolló en su Sobre la dignidad y progresos de las ciencias (1620) una teoría empírica del conocimiento, lo que hizo de él uno de los pioneros del pensamiento científico moderno.

Johannes Kepler

El empleo que hacía Johannes Kepler (1571-1630) de la observación y las matemáticas le permitieron superar las teorías pitagóricas originadas en la antigua Grecia (530 AC), que suponían esferas perfectas en el cielo y mostrar que los planetas se movían formando elipses.

Galileo Galilei

Galileo Galilei , (1564,1642) astrónomo, filósofo, ingeniero, matemático y físico italiano, relacionado estrechamente con la revolución científica. Eminente hombre del Renacimiento, mostró interés por casi todas las ciencias y artes. Sus logros incluyen la mejora del telescopio, gran variedad de observaciones astronómicas, la primera ley del movimiento y un apoyo determinante a la «Revolución de Copérnico». Ha sido considerado como el «padre de la astronomía moderna», el «padre de la física moderna»​ y el «padre de la ciencia». Su trabajo experimental es considerado complementario a los escritos de Francis Bacon en el establecimiento del moderno método científico y su carrera científica es complementaria a la de Johannes Kepler. Su trabajo se considera una ruptura de las teorías asentadas de la física aristotélica y su enfrentamiento con la Inquisición romana de la Iglesia católica se presenta como un ejemplo de conflicto entre religión y ciencia en la sociedad occidental. Obligado a expresar arrepentimiento y fue puesto bajo arresto domiciliario por comulgar con las ideas de Copérnico, a cambio de terminar como Giordano Bruno.

Rene Descartes

A pesar de la oposición de las autoridades religiosas, el éxito de la ciencia para explicar y predecir al mundo natural no pudo ignorarse. Rene Descartes (1596-1650) pensó que había encontrado un fundamento racional para la ciencia basado en sus argumentos a favor de su propia existencia y de la existencia de Dios. Dios, decía él, no engañaría a nuestros sentidos.

Isaac Newton

Isaac Newton, (1642,1727) físico, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés. Es autor de los Philosophiæ naturalis principia mathematica, más conocidos como los Principia, donde describe la ley de la gravitación universal y estableció las bases de la mecánica clásica mediante las leyes que llevan su nombre. Entre sus otros descubrimientos científicos destacan los trabajos sobre la naturaleza de la luz y la óptica (que se presentan principalmente en su obra Opticks), y en matemáticas, el desarrollo del cálculo infinitesimal. Fue el primero en demostrar que las leyes naturales que gobiernan el movimiento en la Tierra y las que gobiernan el movimiento de los cuerpos celestes son las mismas. Es, a menudo, calificado como el científico más grande de todos los tiempos, y su obra como la culminación de la revolución científica. El matemático y físico Joseph Louis Lagrange (1736-1813), dijo que «Newton fue el más grande genio que ha existido y también el más afortunado, dado que solo se puede encontrar una vez un sistema que rija el mundo».

Immanuel Kant

Immanuel Kant (1724-1804) consideraba que las leyes de Newton podían demostrarse como verdaderas mediante el razonamiento y que el enfoque científico podía ofrecer explicación del mundo fenoménico (o aparente).
El mundo es explicado mediante términos de causa y efecto. La filosofía trata casi por primera vez de entendérselas las ciencias, intentando abrir la dicotomía que las separaba, una a otra. Hay mucho que decir acerca de la filosofía de Kant, más adelante.

Augusto Comte

Auguste Comte (1798-1857) argumentaba que el pensamiento humano se desarrollaba pasando por varios estadios: uno mítico y religioso, uno metafísico y al final uno positivo que se caracterizaba por la colección sistemática de hechos observacionales. Consideró que estos métodos “positivos” deberían ahora emplearse para el estudio de la sociedad. Con su invento de la Sociología, Comte sugería que nuestro conocimiento como seres humanos podía explicarse usando métodos similares a los de las ciencias naturales.

Kant es el primero que intenta en su Crítica de la razón pura de conciliar el método filosófico deductivo con el de la experiencia sensible, de la que puede decirse algo así como devaluada desde Platón.

Platón

Platón. (427-347 a. C.) seguidor de Sócrates maestro de Aristóteles fundó la Academia, que continuaría su marcha a lo largo de más de novecientos años​ y a la que Aristóteles acudiría desde Estagira a estudiar filosofía alrededor del 367 AC, compartiendo, de este modo, unos veinte años de amistad y trabajo con su maestro.​

Platón participó activamente en la enseñanza de la Academia y escribió, siempre en forma de diálogo, sobre los más diversos temas, tales como filosofía política, ética, psicología, antropología filosófica, epistemología, gnoseología, metafísica, cosmogonía, cosmología, filosofía del lenguaje y de la educación. A diferencia de sus contemporáneos, se cree todo el trabajo de Platón ha sobrevivido intacto. Es cosa de la historia y su inevitable parcialidad, como esperamos llegar a ver en algún momento, seguramente en otra serie.

Mediante mitos y alegorías Platón desarrolló sus doctrinas filosóficas. En su teoría de las formas o ideas, sostuvo que la realidad sensible es solo una “sombra” de otra más real, perfecta e inmutable: el mundo de las ideas ( la episteme) del que el mundo vulgar de la experiencia era solo una mala copia (la doxa)

Su influencia como autor y sistematizador ha sido incalculable en toda la historia de la filosofía, de la que se ha dicho con frecuencia que alcanzó identidad como disciplina gracias a sus trabajos. Whitehead llegó a comentar: La caracterización general más segura de la tradición filosófica europea es que consiste en una serie de notas a pie de página de Platón.

Será a partir de Kant que ese idealismo, cambia una vez más el paradigma filosófico y mediante su sistema de conceptualizar las posibilidades del pensamiento y abre más camino a los nuevos filósofos. Le seguirán Hegel, Schopenhauer, Nietzshe, Husserl, Heidegger, Sartre, Deleuze, y bueno, muchos más, y más cerca de la propia existencia que lo puramente idealizado platónicamente (además bien adoptado por la doctrina religiosa, lo que puede entenderse).

Entonces estaríamos llegando a componer el trasfondo quizá demasiado histórico que nos permita acceder mejor a la cuestión de aprender a pensar menos sujetadamente lo que hoy día se presenta desde lo vigente y lo más anunciado de la ciencias y la tecnología que hace frente (que ya está ahí) y a que en una primera percepción ya casi no se podría estar, al menos en las grandes polis desde hace un par de décadas a esta parte. Hay mucha población que aun vive sin teléfonos ni fijos ni móviles, sin acceso internet, sin automóviles autónomos, fuera de ciudades inteligentes (cómo se las nombra), sin dinero ni banca digital que no la necesitan, ni pago remoto de cuentas que además no podrían afrontar, que no figuran en redes sociales ni pueden llegar a reconocerse en las crecientes bases de datos en que otros están ya registrados, y quizá, controlados. Quizá también tal vez sientan la sensación hambre.

Por un momento puede alguien pensar que el panóptico de Beltham, y los dispositivos modernos de vigilancia enumerados por Foucault, actuando a distancia, a tal distancia que no sean perceptibles, lo hacen y con solo suponer que la hacen o lo pueden hacer surten efecto. Se convive con la tecnología, pero como con un gran hermano orwelliano que permanentemente está observando lo que se hace, o más post modernamente, lo que a través de los algoritmos que “inteligentemente” procesan los datos, lo que se piensa. Y al modelo de otros dispositivos, puede entenderse que surten efecto: de control, y entre otros de sujetación al nuevo mundo humano que se presenta. Ciencias y tecnología no solamente se han instalado como paradigma vigente, sino como se prologó además son uno de los elementos que llevan a sustituir la autoridad intelectual, que parece haber diluido en la atmósfera del tiempo.

De hecho se están sobreinformado demasiadas cosas cosas, si se intenta atenderlas rápidamente unas excluyen, contradicen o sustituyen las anteriores, y a velocidades crecientes, y un efecto resultante de dudosa naturalidad es el que instituyen en la credulidad de algunas o demasiadas gentes, ya sea a través de los multiplicados mass media, o a través de las redes sociales. Nietzsche volvería a enloquecer si resucitara. La simple pregunta: ¿Cómo creerle a lo que se transmite a través de 5 0 10 líneas de un mensaje anunciado en cualquier red?, casi no tiene respuesta sino se remite a la de los dispositivos de escucha y confesión de las religiones monoteístas. Parece haber cambiado el medio, pero no el dispositivo.

Puede entenderse que nada del progreso científico y tecnológico hubiera devenido sin la vigencia de los nuevos paradigmas de poder pensar ciertas cosas que provienen del comienzo de la historia que se antes se resumió. Hay mucho trabajo de producción de pensamiento y nuevos conocimientos en los anuncios ya enumerados, que hacen posible la vigencia de los efectos que hoy aparecen en la cotidaneidad. Como efectos de poder pensar renovadamente algunas cosas serían bienvenidos, pero pero como se señala obturan las otras cuestiones más cercanas de cierta ahistoricidad, más cerca de lo que cada sapiens, humano en esta Tierra, Dasein heideggerianamente, es y que no puede eludir desde su propia condición, aunque lo tecnológico opere.

No es el momento de avanzar con visiones premonitorias como por ejemplo las de Nietzsche en estas cosas, aunque en cierto fondo de la comprensión de cada uno o cada cual, la sensación, aunque reprimida, es la de zozobra. Lo que si queda claro, si pueda llegar a ser internalizado en que cada época, aún grave, se autorizan determinados saberes. Y hoy por hoy, serían los de las ciencias y la tecnología. Devendrán otros…..

Algunas corrientes vienen advirtiendo lo que está resultando en algo así como cierta deshumanización de lo más propio de ser humano, y se menciona sólo a título de ejemplo el de la bioética: la Bioética puede definirse como “el estudio sistemático de la conducta humana en el ámbito de las ciencias de la vida y del cuidado de la salud, examinada a la luz de los valores y de los principios morales” (Encyclopedia of Bioethics). Temas como la eutanasia y los abusos son objeto de análisis que van interponiendo asuntos éticos más acá de la biotecnología , biomedicina, transhumanismo, entre otros.

El transhumanismo es un movimiento cultural e intelectual con alcance global que tiene como objetivo final transformar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnologías ampliamente disponibles, que mejoren las capacidades humanas, tanto a nivel físico como psicológico o intelectual.​ Los pensadores transhumanistas estudian los posibles beneficios y peligros de las nuevas tecnologías que podrían superar las limitaciones humanas fundamentales, como también la tecnoética adecuada a la hora de desarrollar y usar esas tecnologías.Especulan sosteniendo que los seres humanos pueden llegar a ser capaces de transformarse en seres con extensas capacidades, merecedores de la etiqueta “posthumano”.

El significado contemporáneo del término transhumanismo fue forjado por uno de los primeros profesores de futurología, Fereidoun M. Esfandiary, que pensó en “los nuevos conceptos del humano” en La Nueva Escuela alrededor de 1960, cuando comenzó a identificar a las personas que adoptan tecnologías, estilos de vida y visiones del mundo transicionales como “transhumanos”. Suponen entre otras cos​as que la tecnología puede prolongar el promedio de vida a más de 200 años, y que ya habría que estar pensando en eso.

No es el momento de profundizar este asunto en la brevedad de este capítulo, pero algo se olfatea a lo que se habla de los experimentos genéticos que se hacían en los campos de concentración nazis con prisioneros seleccionados con arreglo a los fines supuestos de mejorar la raza, específicamente la aria.

La Ciencia y el Mundo Posmoderno:


Durante el Siglo XX, la teoría de la relatividad de Einstein sobrepasó al paradigma newtoniano que había dominado desde la Ilustración.
Este cambio de paradigma hizo que los filósofos se dieran cuenta que los fundamentos del entendimiento científico no eran un conjunto estático e inmóvil de leyes naturales y que, más bien, estos paradigmas eran interpretaciones humanas de fenómenos mucho más dependientes de la comunidad en la que se estudian que en la realidad por sí misma. Si así fue, entonces la explicación científica ya no se podrá ver más como objetiva y neutral. En las fronteras de la ciencia, nuevos paradigmas emergen como un reto para la ortodoxia vigente. Queda como una cuestión abierta el ver cómo es que la ciencia se desarrollará en este nuevo Siglo. Una cosa es estudiar el mundo (que es humano) y otra estudiar la historia del estudio de ese mundo… Y no debe relegarse al olvido que desde Comte, los métodos científicos incluyen los fenómenos sociales. La época aparece movediza. Grandes cambios, y por lo tanto incertezas, merodean la percepción de la “realidad”, ya privada, ya pública y las intercomunitarias.

Los pensadores más cercanos ya dieron cuenta de los riesgos de la intromisión de las ciencias y su puro positivismo en las nuevas sociedades cada vez más pobladas y las contradicciones que promueve al considerar a los sujetos como cosas que obedecen a causas, y que además son objetos de experimentación y pensados de acuerdo a los paradigmas que la ciencia dispone en cada momento.

Karl Popper

Karl Popper también criticaba la ingenua visión empirista de que pudiera observarse objetivamente al mundo. Popper nos decía que toda observación se hace desde un punto de vista y que por ello, toda observación tiene matices derivados de nuestra forma de pensar. El mundo se presenta en el contexto de las teorías que asumimos. La observación está “teóricamente influida”.
Proponía un método científico alternativo basado en la falsificación. Aunque hubiera muchas instancias que confirmaran una teoría, solo se necesitaría una contra observación, que la falsifique: solo se necesita un cisne negro para repudiar la teoría de que todos los cisnes son blancos.

La ciencia progresa cuando se demuestra que una teoría está equivocada y se introduce una nueva teoría que explica mejor los fenómenos. Para Popper, el científico debería intentar desaprobar su teoría, en lugar de esforzarse por comprobarla repetidamente. También pensaba que la ciencia puede ayudarnos a aproximarnos progresivamente a la verdad, pero que nunca estaremos seguros de que contamos con una explicación definitiva.

Thomas Kuhn

Thomas Kuhn (1922- 1997) argumenta que la ciencia no progresa simplemente en estados basados sobre observaciones neutrales. Como Popper, él considera que toda observación está influida teóricamente. Los científicos poseen una particular visión del mundo o “paradigma”.

El paradigma de Newton sobre un universo mecánico es muy diferente del paradigma de Einstein sobre el universo relativista. Cada paradigma es una interpretación del mundo, más que una explicación objetiva.

Para Kuhn, la historia de la ciencia se caracteriza por las revoluciones de los enfoques científicos. Los científicos aceptan el paradigma dominante hasta que aparecen anormalidades. En seguida, se cuestionan las bases del paradigma y emergen nuevas teorías entre las que emerge una como el nuevo paradigma.

Karl Jaspers

Karl Jaspers decía: Las ciencias no pueden dar causa a sus propias causas, y esta cuestión no se puede responder desde la propia ciencia.

La ética, sobre la que se volverá en uno de los próximos capítulos, refiere en pocas palabras al modo en que alguien se sitúa en relación a sí mismo y frente a los otros. Si se incluye esta cosa ética en la forma de poder o aprender a pensar, entre otras, a la ciencia y sus efectos, entonces puede decirse que cualquier paradigma científico no solo no puede ser, ni tampoco debe ser, neutral, a pesar de su pretensión comtiana. Está bastante claro que una ética en los principios científicos debieran direccionarla a la mejora de la condición de la vida, y no solo la humana. Hay una voluntad de supervivencia de lo vivo en la naturaleza. En cierto modo, al de la del ideal al platónico, la Idea de una ciencia ética, convenientemente debiera reflejarse aún pálidamente en la realidad de los objetivos de la ciencia, considerada en su generalidad.

No alcanzamos a percibir que hoy 2020, la ciencia, considerada en su generalidad pueda dar cuenta de su mejor acción en función de esa idealidad. Más parece aplicada con arreglo a fines, que no le son los propios, que no son neutrales pero que se aplican de todas, todas, maneras.

Y termina esto con una percepción, que luego por cierto, puede dar que pensar.

La tecnología y las ciencias de donde provienen parecen contradecir en su aceleración, que es evidente en lo digital, lo intempestivo (por lo tanto ahistórico) que toda crítica haga por analogía de lo presente que produce zozobra, o algo peor, parecen provocarla. Esa crítica será necesaria para que los “hombres modernos” se sacudan de la comodidad de lugares de sola contemplación. Sería mucho más ético que los avances que promuevan deriven en mejorar toda condición de vida, sin la cual no existirían ya que son un producto de la creación de una especie viva en particular, los sapiens.

A cambio de esto, aparecen como herramientas de poderes que la trascienden, con arreglo a fines: armas de todo tipo, bacterias que puedan aplicarse en guerras o guerrillas contra enemigos inventados, hipercomunicación con destino a control, regulación y sometimiento, exploraciones del espacio profundo cuando aun no se soluciona el hambre en el mundo, ……. muchas otras más. Todo ese desarrollo improductivo requiere muchísima inversión en dinero, que en los regímenes políticos vigentes son pagados por los cada vez menos trabajadores que sí producen cosas que la supervivencia de las poblaciones requieren. Esto es, la ciencia no puede ni es neutral sino dirigida con arreglo a esos fines ultramillonarios, y que además no tienen precio. Los precios incluyen sospechosamente devoluciones a los que deciden la inversión, innecesaria, si se atiene a la idealidad del objeto de producción de conocimiento científico en favor de los que hoy son los perjudicados.

Hay, con cierta claridad relaciones con la administración de la política y mucha cuestión ética olvidada en estas cosas. Por ello seguiremos con éstas en los capítulos que siguen.

115 Volviendo al presente. [7]

Entendiendo la ley natural como una Ética panteísta el modo posible en el S XVI. Baruch Spinoza.

Contrastes. Hoy Baruch Spinoza

Baruch. Un poco más

Dijimos que íbamos a seguir con Baruch. No podemos reemplazar la lectura y estudio de su obra. Solo recortaremos algo de su pensamiento escrito e interpretarlo a nuestra propia manera. Ahora para establecer contrastes en la posibilidad concreta, desde nuestra lectura. Baruch tuvo su momento y espacio para constatarse y constatar lo que hace frente que como lúcido lo actualizamos hasta el punto que nos sea posible, con el afán de hacerlo para seguir caminando la sendero de poder aprender a pensar en nombre propio.

Es conveniente atender a las consecuencias sobre lo que debiera ser el tema implícito de la obra de Spinoza: ¿cuál es la relación entre una ontología y una ética? Esa relación interesa por sí misma a la filosofía, pero el hecho es que ha sido fundada y desarrollada sólo por él. Al tal punto que si alguien pensara que su proyecto sería hacer una especie de ética que fuera como el correlato de una ontología, es decir de una teoría del Ser, podríamos detenerlo y decirle: -Muy bien, en esa vía pueden decirse cosas muy nuevas, pero es una vía spinozista, es una vía firmada Spinoza-.

Sus obras no fueron muchas, pero tuvieron una sola coherencia. Dos obras publicadas en vida: Principios de filosofía de Descartes (1663) y Tratado Teológico Político (1679). Antes había comenzado Tratado de lo reforma del entendimiento y Tratado político y la Gramática hebreas, todas inconclusas. En los espacios de ellas permitían concluyó su Ética pero no pudo ser publicada en vida por la censura religiosa, como las otras hasta después de su prematura muerte. No fueron muchas en número, pero su cosmología fue el anticipo de mucho de lo que después devendría en filosofía. Apegado a la física veremos además que su semántica hoy la asociaríamos con la físico-química de la que ya hablamos y se podrá inferir se su ontología, sin insistir el las relaciones de niveles atómicos o subatómicos que las entendería, quizá un poco más, hoy día.

D E F I N I C I O N E S

  1. Por causa de sí* entiendo aquello cuya esencia implica la existencia,
    o sea, aquello cuya naturaleza no se puede concebir sino como existente.
  2. Se llama finita* en su género aquella cosa que puede ser limitada por otra de la misma naturaleza. Por ejemplo, se dice que un cuerpo es finito, porque siempre concebimos otro mayor. Y así también un pensamiento es limitado por otro pensamiento. Pero un cuerpo no es limitado por un pensamiento ni un pensamiento por un cuerpo.
  3. Por sustancia* entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, es decir, aquello cuyo concepto no necesita el concepto de otra cosa, por el que deba ser formado.
  4. Por atributo* entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia como constitutivo de su esencia.
  5. Por modo* entiendo las afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.
  6. Por Dios* entiendo el ser absolutamente infinito, es decir, la sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.

Lo anterior es exactamente el comienzo de la Ética: Dios es la Sustancia. Material. Cósmica. Natural. Con su propia esencia y además infinita, al menos para el tiempo que nos toque. Por supuesto poco tiene que ver con los dioses de las religiones. Es el comienzo de un álgebra, donde se establecen las definiciones principales, las que serán mantenidas en el resto del escrito.

Repasemos algo de su ontología fundamentadas en definición de una única Sustancia: las tres dimensiones de la individualidad.

Primera dimensión: Somos una infinidad de partes extensivas (extensivo es aditivo, a diferencia de lo intensivo que es atributo propio o esencial de algo), aún más precisamente una infinidad de conjuntos infinitos de partes extensivas o exteriores las unas a las otras.

Segunda dimensión: esos conjuntos infinitos de partes extensivas, exteriores las unas a las otras, nos pertenecen, pero bajo relaciones características, relaciones de movimiento y de reposo en las que se van componiendo o descomponiendo de acuerdo a conveniencias las relaciones entre las partes.

Tercera dimensión: esas relaciones características no hacen más que expresar un grado de potencia que constituye cada esencia; la propia, es decir, una esencia singular, intensiva.

Las tres dimensiones son entonces las partes extensivas, exteriores las unas a las otras, que nos pertenecen; las relaciones bajo las cuales esas partes nos pertenecen; y la esencia como grado intensivo, la esencia singular que se expresa en esas relaciones.

Estamos intuyendo una cierta armonía entre esas tres dimensiones de la individualidad y lo que Baruch llama en una ocasión completamente distinta de su escrito «los tres géneros de conocimiento».

Notaremos el paralelismo entre las tres dimensiones de la individualidad como tal y los tres géneros de conocimiento. El hecho de que existiera un tal paralelismo entre ambos ya debería conducirnos a ciertas conclusiones.

Cada quien lee la filosofía a su propio modo . Baruch nunca va decir: «Observen». No está en él explicar. Conviene entenderlo, no se pueden hacer dos co sas a la vez: no se puede decir algo y al mismo tiempo explicar lo que se dice. Es por eso que las cosas parecen difíciles. No es Spinoza quien explicó lo que dice Spinoza. Spinoza tiene que hacer algo mejor: tiene que decir algo. Explicar lo que él dice no está mal, pero no se puede ir muy lejos. Por eso es que la historia de la filosofía debe ser extremadamente modesta.

Entonces, Spinoza no explica: «Observen cómo se corresponden mis tres géneros de conocimiento y las tres dimensiones del individuo». No es él quien tiene que decirlo. Pero nosotros, en nuestra modesta lectura, si podemos hacerlo. Nos preguntamos, desde la intuición: ¿En qué sentido se corresponden?

El primer género de conocimiento es el conjunto de las ideas inadecuadas, es decir de las afecciones pasivas (externas) y de los afectos-pasiones que derivan de las ideas inadecuadas (internas). Es el conjunto de los signos -ideas confusas e inadecuadas- y de las pasiones -los afectos que derivan de esas afecciones-. Léase afección como el sentimiento de un afecto, cual fuera.

Entonces, ¿qué es lo que hace que, a partir del momento en que existimos, estemos no sólo entregados a ideas inadecuadas y a pasiones, sino que incluso estemos a primera vista como condenados a tener sólo ideas inadecuadas y afectos pasivos o pasiones? ¿Qué es lo que constituye nuestra triste (diría Spinoza) situación? Sin mucho detalle, es de esperar que se pueda sentir, o presentir: Es en tanto que tenemos partes extensivas que estamos condenados a las ideas inadecuadas.

Hay que explicarlo un poco. ¿como funcionan las partes extensivas? Ellas son exteriores las unas a las otras y van por infinidades. Los cuerpos más simples, que son las partes últimas, no tienen interioridad, están siempre determinados desde afuera por choques de otras partes bajo la forma más simple: constantemente cambian de relaciones.

Es siempre (a/b a sobre b, a = f(b) a en función de b) bajo una relación que las partes nos pertenecen o no nos pertenecen. Algunas partes de los cuerpos abandonan los cuerpos, toman otra relación -por ejemplo la relación del arsénico o la relación con el calor del clima-. Por otro lado, no dejamos de integrar partes con otras cuya relación se conviene. Cuando como, por ejemplo, hay partes extensivas de las que nos apropiamos (ej. común los alimentos) , lo implicamos es que esas partes abandonan la relación precedente que efectuaban para tomar una nueva relación, siendo esta una de nuestras propias relaciones.

Esto no cesa de funcionar (son funciones): choques, apropiaciones de partes, transformaciones de relaciones, composiciones al infinito, etc. Ahora bien, este estatuto de las partes exteriores unas a otras, que no cesan de reaccionar al mismo tiempo que los conjuntos infinitos en los que entran no dejan de variar, es precisamente el estatuto de las ideas inadecuadas, de las percepciones confusas y de los afectos pasivos, de los afectos-pasión que derivan de ellas. En otras palabras, es porque estamos compuestos de una infinidad de conjuntos infinitos de partes extensivas -exteriores entre sí- que tenemos continuamente percepciones de las cosas exteriores, percepciones de uno mismo, percepciones de uno mismo en las relaciones con las cosas exteriores, percepciones de las cosas exteriores en relación con uno mismo, etc.

Estamos frente a lo que constituye el mundo de los signos. Cuando se dice: «Esto es bueno» o «Esto es malo!», ¿qué son los signos «bueno» y «malo»? Esos signos inadecuados significan simplemente: «bueno» que encontramos en el exterior partes que convienen con mis propias partes bajo su relación y «malo» que hacemos encuentros igualmente exteriores con partes que no convienen bajo la relación en la que están. Decimos entonces que todo este dominio de los conjuntos infinitos de las partes exteriores unas a otras corresponde exactamente al primer género de conocimiento. Porque somos una inanidad de partes extrínsecas, tenemos percepciones inadecuadas. Todo el primer género de conocimiento corresponde a esta primera dimensión de la individualidad.

El problema de los géneros del conocimiento estaba ya lanzado por la pregunta spinozista: creíamos que estábamos condenados a lo inadecuado, ¿cómo explicar entonces la oportunidad que tenemos de salir de ese mundo confuso, de ese mundo inadecuado, de ese primer género de conocimiento? La respuesta de Spinoza es que existe un segundo género de conocimiento. En la Ética define el segundo género de conocimiento: es el conocimiento de las relaciones, de su composición y de su descomposición. No se puede decir más claramente que el segundo género de conocimiento corresponde a la segunda dimensión de la individualidad.

Entendiendo que las partes extrínsecas (extrínseco: adquirido o superpuesto a la naturaleza propia de algo) no son solamente extrínsecas las unas en relación a las otras, sino completamente extrínsecas, absolutamente extrínsecas, luego ¿qué es eso de decir entonces que partes extrínsecas me pertenecen? En Spinoza eso sólo quiere decir una cosa: que esas partes están determinadas, siempre desde el afuera, a entrar bajo tal o cual relación que me caracteriza. Ejemplo fuerte, ¿qué quiere decir morir? Quiere decir que las partes que me pertenecen bajo tal o cual relación son determinadas desde afuera a entrar bajo otra relación que no me caracteriza, sino que caracteriza a otra cosa. El primer género de conocimiento es entonces el conocimiento de los efectos de encuentro o de los efectos de acción y de interacción de las partes extrínsecas entre sí. No se lo puede definir mucho mejor. Los efectos causados por el choque o por el encuentro de las partes exteriores unas a otras define todo el primer género de conocimiento. Nuestra percepción natural es un efecto de los choques y desacuerdos entre partes exteriores que nos componen y partes exteriores que componen a otros cuerpos.

El segundo género de conocimiento es completamente de otro tipo. Es el conocimiento de las relaciones que componen y de las relaciones que componen a las otras cosas. Ya no se trata de los efectos del encuentro entre partes, sino del conocimiento de las relaciones, de la manera en que esas relaciones características de cada individualidad se componen con otras y de la manera en que las relaciones características y otras relaciones se descomponen. Este es un conocimiento adecuado. Y sólo puede ser adecuado, puesto que, a diferencia del conocimiento que se mantenía en recolectar efectos, este ahora es un conocimiento que se eleva a la comprensión de las causas. Verosímilmente, una relación cualquiera es una razón (a/b). Una relación cualquiera es la razón bajo la cual una infinidad de partes extensivas pertenecen a tal cuerpo antes que a tal otro. Entonces, el segundo género de conocimiento no es en absoluto un conocimiento abstracto. Simplemente insistimos en esto. Si se hiciera de éste un conocimiento abstracto, es todo Spinoza lo que se derrumba., mejor es a cada singular manera sentirlo, o presentirlo, desde el propio cuerpo.

Un error de los comentarios es que frecuentemente se dice: «Pero esto es como las matemáticas». Pero no son las matemáticas. Esto no tiene nada que ver con las matemáticas. Las matemáticas son simplemente un caso particular del segundo género de conocimiento. En efecto, las matemáticas pueden ser definidas como una teoría de las relaciones y de las proporciones -vean a Euclides por ejemplo-. Por lo tanto forman parte del segundo género. Pero pensar que el segundo género es un tipo de conocimiento matemático es una temeridad inadecuada, porque desde ese momento todo Spinoza se volvería abstracto que no lo fue. Las personas no regulamos nuestra vida matemáticamente. Y aquí se trata de asuntos de la vida.

Aprender algo, a ver un ejemplo nadar. ¿Qué sería el conocimiento del primer género? Voy, me lanzo y, como suele decirse, chapoteo. ¿Chapotear? La palabra indica bien que se trata de relaciones extrínsecas. A veces la ola me golpea, a veces me lleva. Son efectos de choque. Es decir, no conozco nada de la relación que se compone o se descompone, sólo recibo los efectos de partes extrínsecas. Las partes que me pertenecen son sacudidas, reciben el efecto del choque de las partes que pertenecen a la ola. Me río, o me asusto, según que la ola me haga reír o me provoque temor. Es la situación plena de los afectos-pasión: me divierte o me provoca miedo, o la pasión que fuera en cada caso.

Mientras estemos en el primer género de conocimiento, no dejaremos de decir: «Estos zapatos me hicieron daño». Y eso es exactamente lo mismo que decir: «El otro me hizo daño». No es porque los zapatos sean inanimados que no dejamos de decir que nos hizo daño. Decir «Pedro (Pierre*)me hizo mal» es tan desinteligente como decir «la piedra (pierre*)me hizo mal» o «la ola me hizo mal». Están al mismo nivel. Eso es el primer género. Si por el contrario sé nadar no quiere decir forzosamente que tenga un conocimiento matemático o físico o científico del movimiento de la ola. Quiere decir que tengo un saber hacer, un alegre saber hacer. Es decir, una especie de sentido del ritmo. Aprendo a componer directamente mis relaciones características con las relaciones de la ola. Eso ya no ocurre entre la ola y yo, ya no sucede entre partes extensivas -las partes acuosas de la ola y las partes de mi cuerpo-. Sucede entre relaciones: las relaciones que componen la ola, las que componen mi cuerpo, y mi habilidad, cuando sé nadar, de presentar mi cuerpo bajo relaciones que se componen directamente con las relaciones de la ola. Me hundo en el momento justo y salgo en el momento justo, evito la ola que se aproxima o, al contrario, me sirvo de ella, etc. Es más un arte lo la la composición de relaciones.

* en francés

Algo equivalente a nivel del amor.

Estamos trayendo ejemplos que no son matemáticos porque, de nuevo, las matemáticas son sólo un modo, como la teoría formal del segundo género de conocimiento y no el segundo género de conocimiento. Así las olas o el amor son lo mismo.

En un amor del primer género ustedes están perpetuamente en ese régimen de los encuentros entre partes extrínsecas. En cambio en lo que se llama «un gran amor» tienen una composición de relaciones. La dama de las camelias de Alejandro Dumas es el primer género de conocimiento. Pero en el segundo género de conocimiento se tiene una especie de composición de las relaciones unas con otras. Ya no están en el régimen de las ideas inadecuadas, es decir, del efecto de una parte sobre las mías, del efecto de una parte exterior o de un cuerpo exterior sobre el mío. Alcanzan un dominio mucho más profundo que es la composición de relaciones características de un cuerpo con las relaciones características de otro, y esa especie de flexibilidad o de ritmo que hace que ustedes puedan presentar su cuerpo -y entonces también su alma- bajo la relación que se compone más directamente con la relación del otro. Provocará la sensación de una extraña felicidad. Este es el segundo género de conocimiento.

¿Por qué hay un tercer género de conocimiento? Porque las relaciones no son las esencias. Spinoza nos dice que el tercer género de conocimiento o el conocimiento intuitivo va más allá de las relaciones, de su composición y de su descomposición. Es el conocimiento de las esencias. Este conocimiento va más allá de las relaciones, puesto que alcanza la esencia que se expresa en las relaciones, la esencia de la cual dependen mis relaciones. Si tales relaciones son las mías, si me caracterizan, es porque expresan mi esencia. ¿Qué es mi esencia? Es un grado de potencia. El conocimiento del tercer género es el conocimiento que ese grado de potencia tiene de sí mismo y de los otros grados de potencia. Esta vez se trata de un conocimiento de las esencias singulares. El segundo, y con mayor razón el tercer género de conocimiento, son perfectamente adecuados.

Los géneros de conocimiento son más que géneros de conocimiento: son modos de existencia, son maneras de vivir. Cada individuo posee las tres dimensiones: las partes extensivas, exteriores las unas a las otras, que nos pertenecen; las relaciones bajo las cuales esas partes nos pertenecen; y la esencia como grado . Pero no por eso posee los tres géneros de conocimiento, se puede muy bien permanecer en el primero.

No hay ninguna cosa singular-es decir, ningún individuo- en la naturaleza que no tenga otra más potente y más fuerte. Dada una cosa cualquiera, hay otra más potente que puede destruir a la primera. Axioma del Libro IV de la Ética.

La primera frase nos dice: dada una cosa, ella se define por su potencia; pero dado un grado de potencia —es decir una cosa en su esencia- hay siempre una potencia mayor. Hasta aquí comprendemos. Segunda frase: la primera cosa siempre puede ser destruida por la cosa más potente. Esto es muy molesto. De golpe nos decimos algo no entiendo. ¿Cómo habría un conocimiento adecuado de las esencias si ellas están en relaciones tales que una destruye a la otra?

Los que leen, lo que fuera y filosofía en particular, han comprendido luego de un tiempo que se necesita paciencia para leer. En el libro V, tenemos la proposición XXXVII. Ella contiene, después de su enunciado y de su demostración, una proposición fuera del esquema geométrico, bajo el título de «Escolio». Este escolio nos dice: el axioma de la cuarta parte concierne a las cosas singulares en tanto se las considera con relación a un cierto tiempo y un cierto lugar; de lo cual creo nadie duda.

Nos estaría diciendo, aunque no lo haga: El axioma de la destrucción, el axioma de la oposición -una esencia puede oponerse a otra al punto de destruirla- sólo se comprende cuando se consideran las cosas con relación a un cierto tiempo y un cierto lugar. No dice nada más, y tampoco es poco. Considerar las cosas en un cierto tiempo y un cierto lugar implica considerarlas en su existencia, considerarlas en tanto que existen, en tanto que han pasado a la existencia.

Una esencia pasa a la existencia cuando una infinidad de partes extensivas se encuentran determinadas desde afuera a pertenecerle bajo tal relación. Tenemos una esencia. Decimos que pasamos a la existencia cuando una infinidad de partes extensivas están determinadas desde afuera -es decir por choques que remiten a otras partes extensivas- a entrar bajo una relación que nos caracteriza. Antes no existíamos en la medida en que no teníamos esas partes extensivas. Nacer es eso. Nacemos cuando una infinidad de partes extensivas son determinadas desde afuera por el encuentro con otras partes a entrar bajo una relación que es la nuestra, es decir que nos caracteriza. Desde ese momento, tengo una relación con un cierto tiempo y un cierto lugar. El tiempo y el lugar de nuestro nacimiento son aquí y ahora.

La oposición es el esfuerzo respectivo de cada existente por apropiarse de partes extensivas haciendo que ellas efectúen la relación que corresponde a tal o cual individuo. En un sentido, puede decirse entonces que somos destruidos por otros más fuertes. Es el riesgo de la existencia. Y ese riesgo de la existencia hace una misma cosa con lo que llamamos la muerte. Una vez más, ¿qué es la muerte? Es el hecho, que Spinoza llamará necesario en el sentido de inevitable, de que las partes que me pertenecían bajo una de mis relaciones características dejen de pertenecerme y entren bajo otra relación que caracteriza a otros cuerpos. Es inevitable en virtud misma de la ley de la existencia. Una esencia encontrará siempre, bajo las condiciones de existencia, una esencia más fuerte que literalmente destruye la pertenencia de las partes extensivas a la primera esencia, recordemos el caso del arsénico.

Finalizamos hoy, y aquí, con la última proposición de la Ética, en un intento de presentar a donde nos lleva la lectura, estudio y desciframiento de la manera que nos resulte posible entender el objetivo pretendido por Baruch, no solo para él mismo sino también como lo indican sus tratados políticos, al resto de los existentes en una sociedad en cada época, ya que su lógica es intempestiva, cuando se la aprende.

Por una cuestión de principio, reemplazamos la palabra Dios del escrito por Naturaleza, equivalente en la concepción espinoziana de sustancia.

PROPOSICIÓN 42

La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma; ni gozamos de ella porque reprimimos las concupiscencias, sino que, al contrario, porque gozamos de ella, podemos reprimir las concupiscencias*.

Demostración:

La felicidad consiste en el amor a la Naturaleza, el cual nace del tercer género de conocimiento ; y por tanto, este amor debe ser referido al alma en cuanto “que actúa, y, en consecuencia , es la virtud misma: que era lo primero. Además, cuanto más goza el alma de este amor divino o felicidad, más entiende, esto es mayor poder tiene sobre los afectos y menos padece de los afectos que son malos. Y , por consiguiente, por gozar el alma de este amor potente o felicidad, tiene la potestad de reprimir las concupiscencias.

Y , como el poder humano de reprimir los afectos consiste en el solo entendimiento, se sigue que nadie goza de la felicidad porque reprimió sus afectos, sino que, al contrario, la potestad de reprimir las concupiscencias nace de la misma felicidad.

Escolio

Con esto he concluido cuanto me había propuesto mostrar acerca del poder del alma sobre los afectos y acerca de la libertad del alma. Y a partir de ahí resulta claro cuánto aventaja y es más poderoso el sabio que el ignorante, que se deja guiar por el solo apetito. Pues el ignorante, aparte de ser zarandeado de múltiples maneras por causas exteriores y no gozar nunca de la verdadera tranquilidad del ánimo, vive además como inconsciente de sí mismo y de la Naturaleza y de las cosas; y tan pronto deja de padecer, deja también de existir.
Por el contrario, el sabio, en cuanto que es considerado como tal, apenas si se conmueve en su ánimo, sino que, consciente de sí mismo y de la Naturaleza y de las cosas con cierta necesidad eterna, no deja nunca de existir, sino que goza siempre de la verdadera tranquilidad del ánimo. Y, si el camino que he demostrado que conduce aquí, parece sumamente difícil, puede, no obstante, ser hallado. Difícil sin duda tiene que ser lo que tan rara vez se halla. Pues, ¿cómo podría suceder que, si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera ser encontrada sin gran esfuerzo, fuera por casi todos despreciada?
Pero todo lo excelso es tan difícil como raro*.

93 ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?. Prólogo.

Prólogo

No hay muchas más opciones, asistimos al mundo (que es humano) que hace frente. Esta cuestión es la misma, inicial, que a cualquier “hombre” genérico le resulta inexorable. Existe una genealogía que desde hace algunos millones de años nos admite a cada uno mismo en particular mirar por la ventana de los ojos, o de cualquiera de los sentidos, tener ciertas percepciones y luego hacer algo con ellas, en tantas dimensiones que llegan a ser demasiadas por incontables, las denominamos en general, como multiplicidad.

En filosofía empieza, luego de sus antepasados míticos y para decirlo salvajemente, el desvelamiento del pensamiento y el descubrimiento de la razón, luego de algo más de dos millones de años de aparición de la especie homo en África, habrán de pasar algo así como dos de esos millones hasta que derive el sapiens, en Oriente de ese mismo continente, y único superviviente de la original homo, en un devenir azaroso hasta 70 mil años atrás. Para poderlo pensar, lo ínfimo de nuestra posibilidad de existencia temporal. 

“El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”.  Aristóteles

Resume de alguna manera habida cuenta de la percepción que sigue a la percepción inmediata en forma de lo que se denomina pensamiento que distinguiría a la especie homo sapiens.

el pensador  Fueron los presocráticos lo que se asombraban acerca del poder pensar. Cuando algún pensamiento venía, se sentaban sobre una roca a solamente eso. Rodin se refería de la siguiente forma al hecho de que El pensador pensara​: “Lo que hace que mi pensador piense es que él piensa no solo con su cerebro, con su ceño fruncido, con sus fosas nasales distendidas y sus labios comprimidos, con cada músculo de sus brazos, espalda y piernas, con su puño apretado y sus dedos de los pies agarrados”.

Se piensa no solo con el alma. También el cuerpo piensa, sugeriría Baruch Spinoza.

Los orígenes de la filosofía griega y en general de todo el pensamiento occidental, son misteriosas. Según la erudición histórica que ya no se requiere, la filosofía nace con Tales y Anaximandro: se han buscado sus orígenes más remotos en el siglo IV adc en analogías con las culturas orientales y con los pensamientos egipcio o indio. Nada pudo comprobarse en esa erudición. Efectivamente los orígenes de la filosofía griega son bastante más cercanos. Platón, llama amor a la sabiduría a la “filosofía”, a la propia actividad , a la propia investigación, enlazada a la expresión escrita, a la forma literaria del diálogo. Y mira el pasado con respeto, como un mundo en el que habían existido realmente los “sabios”. La filosofía posterior, lla que queda hoy día, no es más que una continuación, un desarrollo de la forma literaria introducida por Platón; y sin embargo, esta forma surge como un fenómeno de decadencia, en cuanto el “amor a la sabiduría” está por debajo de la “sabiduría”. Amor a la sabiduría no significa en efecto, para Platón, aspiración a algo nunca alcanzado, sino una tendencia a recuperar aquello que ya se había realizado y vivido.

Hay algunas diferencias y algunas repeticiones, que habrá que reflexionar y al menos conceder cierta extensión temporal de esta época de la sabiduría que es es incierta: abarca la edad llamada presocrática, los siglos VI y V adc, pero su origen más lejano se  escapa. Es a la remota tradición de la poesía y de la religión griega a las que conviene volver si se lo pretende, pero la interpretación es puramente filosófica. Debe estructurarse, ya sea de forma hipotética, una interpretación basada en el modelo nietzsheano para explicar el origen de la tragedia. Cuando un fenómeno ofrece documentación  histórica suficiente únicamente en su parte final de su ciclo sólo queda intentar una interpolación de ciertas imágenes y de ciertos conceptos, escogidos en la tradición religiosa y tomados como símbolos como solo es posible de la anterioridad. Nietzsche parte de las imágenes de dos dioses griegos, Dionisos y Apolo, y por medio de la profundización de los conceptos de dionisiaco y apolíneo, delinea ante todo una doctrina sobre el surgimiento y la decadencia de la tragedia griega, luego una interpretación global del helenismo y finalmente una nueva visión del mundo. Ahora bien una perspectiva parece abrirse si, en lugar del nacimiento de la tragedia, se considera el origen de la sabiduría. Se irá desvelando….

Lo aquí  y en lo siga tratado, se encuentra directamente como frente en nuestra cotidaneidad (hoy, aquí). Sus signos pueden ser detectados: la orientación cada vez más acentuada de Heidegger hacia una filosofía de la Diferencia ontológica (porqué el ser mejor que la nada); el ejercicio del formalismo estructuralista (analizar un campo específico como un sistema complejo de partes relacionadas entre sí, al decir de Roman Jakobson. Por tanto, en términos amplios y básicos el estructuralismo busca las estructuras a través de las cuales se produce el significado dentro de una cultura. De acuerdo con esta teoría, el significado es producido y reproducido a través de varias prácticas, fenómenos y actividades que sirven como sistemas de significación basado en una distribución de caracteres diferenciales en un espacio de coexistencia; el arte de de mediados del S_XX que gira en torno de la diferencia y de la repetición, no sólo en lo más abstracto sino también en sus técnicas efectivas; el descubrimiento, en toda clase de campos, de un poder propio de repetición, que sería tanto la del inconsciente como la del lenguaje y del arte. Estos signos pueden ser atribuidos a un anti-hegelianismo generalizado: la diferencia y la repetición ocupan el lugar de lo idéntico y de lo negativo, de la identidad y de la contradicción. Aunque Hegel aparezca como el pensador de la actualidad, grave de gravedad, como fuerza que pulsiona hacia un centro definitivo de atracción.

La diferencia no implica lo negativo de otra cosa, y no admite ser llevada hasta la contradicción más que en la medida en que se continúe subordinándola a lo idéntico gravitacional. La primacía la identidad, cualquiera sea la forma en se conciba; define el mundo de la  representación.

Pero el pensamiento moderno nace del fracaso de la representación, de la pérdida de las identidades y del descubrimiento de todas las fuerzas que actúan bajo la representación de lo idéntico. El mundo moderno es el de los simulacros. Un mundo en el que el hombre no sobrevive a Dios, ni la identidad del sujeto sobrevive a la de la sustancia. Todas las identidades sólo son simuladas, producidas como un «efecto” óptico, por un juego más profundo que es el de la diferencia y de la repetición.

Pensamos la diferencia en sí misma, así como la relación entre lo diferente y lo diferente, con prescindencia de las formas de la representación que las encauzan hacia lo Mismo y las hacen pasar por lo negativo.

Sería:

Ay B son diferentes, aclarando que no preferimos la simbología matemática de conjuntos aunque ayuden a la reflexión. Si se presenta, o representa cierta intersección entre ellas aparece una repetición. Si lo repetido es lo Mismo, entonces quedamos atrapados en él, desde donde provenga, y como ejemplo la analogía de la gravitación.

Insistiremos en el concepto de la diferencia sin negación, precisamente porque la diferencia, no estando subordinada a lo idéntico, no llegaría o no tendría por qué llegar hasta la oposición y la contradicción; en cuanto a un concepto de la repetición, que, como las repeticiones físicas, mecánicas o puras (repetición de lo Mismo), encontrarían su razón en las estructuras más profundas de una repetición oculta en la que se disfraza y se desplaza un «diferencial».

Comencemos.

Miradas Actuales

No existen dioses, tampoco navidades, fabulaciones, cuentos para niños o para adultos niños, o famosas o famosos, menos mujeres fatales, y se agregan la mayoría de las películas y todas las telenovelas, las novelas baratas, las comedias de enredos, las fechas patrias, los relatos de todo tipo, mentiras y  verdades.  Esas y otras farándulas de decires sin razón. No lo digo sino lo escribo (y hay diferencia en ello), no existen.

No existen las religiones, ni los papas ni los sacerdotes, ni toda clase de sofistas y de engañadores de todo tipo, no existen ni el mal ni el bien, ni la inmortalidad, ni las cuestiones de creencia en todos sus modos. No existen los charlatanes de feria, ni sus formas actuales, los mass media,  ni los politicastros (de cualquier color o “ismo” que se aparezca). No existen muchas otras cosas más.

Viviríamos, si puede decirse, una cotidianeidad que no existe.

¿Habré errado el camino? ¿Habré nacido en mal momento? ¿Siempre errado? ¿Será el asombro cotidiano que se re-presenta renovado y agresivo, un cierto analfabetismo? ¿Un no aprendizaje? ¿Un idealismo inocente? ¿Por qué nace la sensación de gentes en aumento del descuido propio y ajeno?

Sería una pregunta, hoy, descuidado al decirme que no he respetado  la estética, y no nace  la pregunta   porque la haya propuesto desde lecturas anteriores ni posteriores o encuentros en páginas tal vez escritas en otros modos. Me asombra hasta el espanto el descuido hallado en lo cotidiano que se hace presente, de alguna estética que no sea la ganada en la propia experiencia.

Quedan los inefables ejemplos de retiradas silenciosas, preferidas a embestidas banales contra las aspas de molinos de viento. El viento de la mediocridad  que nos rebaja, nivelador, es persistente y sofoca. En su persistencia parece generar subespecies que lo resisten.

Entre algunos pensadores la pregunta de por qué la promoción de un cambio en la historia de occidente, y solo como un ejemplo de inicio, desde una cierta moralidad libre y ética entre los griegos a  la dominación del vale todo de discursos sin sentido que profanan la razón y fundan creencias y santurrones, esos  personajes ficticios y libertinos sinvergüenzas. La respuesta es el triunfo de los débiles y esclavos por sobre la nobleza de los señores. Y si, en cierta manera explica lo que se presenta justo ahí, hace poco más de dos mil años.

De eso no se debe hablar. Todo el dispositivo de poder crujiría si no se hablara de eso.

Y desde la propia elección, de eso no se debe hablar, porque no existe. Y lo vamos a explicar.