115 Volviendo al presente. [7]

Entendiendo la ley natural como una Ética panteísta el modo posible en el S XVI. Baruch Spinoza.

Contrastes. Hoy Baruch Spinoza

Baruch. Un poco más

Dijimos que íbamos a seguir con Baruch. No podemos reemplazar la lectura y estudio de su obra. Solo recortaremos algo de su pensamiento escrito e interpretarlo a nuestra propia manera. Ahora para establecer contrastes en la posibilidad concreta, desde nuestra lectura. Baruch tuvo su momento y espacio para constatarse y constatar lo que hace frente que como lúcido lo actualizamos hasta el punto que nos sea posible, con el afán de hacerlo para seguir caminando la sendero de poder aprender a pensar en nombre propio.

Es conveniente atender a las consecuencias sobre lo que debiera ser el tema implícito de la obra de Spinoza: ¿cuál es la relación entre una ontología y una ética? Esa relación interesa por sí misma a la filosofía, pero el hecho es que ha sido fundada y desarrollada sólo por él. Al tal punto que si alguien pensara que su proyecto sería hacer una especie de ética que fuera como el correlato de una ontología, es decir de una teoría del Ser, podríamos detenerlo y decirle: -Muy bien, en esa vía pueden decirse cosas muy nuevas, pero es una vía spinozista, es una vía firmada Spinoza-.

Sus obras no fueron muchas, pero tuvieron una sola coherencia. Dos obras publicadas en vida: Principios de filosofía de Descartes (1663) y Tratado Teológico Político (1679). Antes había comenzado Tratado de lo reforma del entendimiento y Tratado político y la Gramática hebreas, todas inconclusas. En los espacios de ellas permitían concluyó su Ética pero no pudo ser publicada en vida por la censura religiosa, como las otras hasta después de su prematura muerte. No fueron muchas en número, pero su cosmología fue el anticipo de mucho de lo que después devendría en filosofía. Apegado a la física veremos además que su semántica hoy la asociaríamos con la físico-química de la que ya hablamos y se podrá inferir se su ontología, sin insistir el las relaciones de niveles atómicos o subatómicos que las entendería, quizá un poco más, hoy día.

D E F I N I C I O N E S

  1. Por causa de sí* entiendo aquello cuya esencia implica la existencia,
    o sea, aquello cuya naturaleza no se puede concebir sino como existente.
  2. Se llama finita* en su género aquella cosa que puede ser limitada por otra de la misma naturaleza. Por ejemplo, se dice que un cuerpo es finito, porque siempre concebimos otro mayor. Y así también un pensamiento es limitado por otro pensamiento. Pero un cuerpo no es limitado por un pensamiento ni un pensamiento por un cuerpo.
  3. Por sustancia* entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, es decir, aquello cuyo concepto no necesita el concepto de otra cosa, por el que deba ser formado.
  4. Por atributo* entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia como constitutivo de su esencia.
  5. Por modo* entiendo las afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.
  6. Por Dios* entiendo el ser absolutamente infinito, es decir, la sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.

Lo anterior es exactamente el comienzo de la Ética: Dios es la Sustancia. Material. Cósmica. Natural. Con su propia esencia y además infinita, al menos para el tiempo que nos toque. Por supuesto poco tiene que ver con los dioses de las religiones. Es el comienzo de un álgebra, donde se establecen las definiciones principales, las que serán mantenidas en el resto del escrito.

Repasemos algo de su ontología fundamentadas en definición de una única Sustancia: las tres dimensiones de la individualidad.

Primera dimensión: Somos una infinidad de partes extensivas (extensivo es aditivo, a diferencia de lo intensivo que es atributo propio o esencial de algo), aún más precisamente una infinidad de conjuntos infinitos de partes extensivas o exteriores las unas a las otras.

Segunda dimensión: esos conjuntos infinitos de partes extensivas, exteriores las unas a las otras, nos pertenecen, pero bajo relaciones características, relaciones de movimiento y de reposo en las que se van componiendo o descomponiendo de acuerdo a conveniencias las relaciones entre las partes.

Tercera dimensión: esas relaciones características no hacen más que expresar un grado de potencia que constituye cada esencia; la propia, es decir, una esencia singular, intensiva.

Las tres dimensiones son entonces las partes extensivas, exteriores las unas a las otras, que nos pertenecen; las relaciones bajo las cuales esas partes nos pertenecen; y la esencia como grado intensivo, la esencia singular que se expresa en esas relaciones.

Estamos intuyendo una cierta armonía entre esas tres dimensiones de la individualidad y lo que Baruch llama en una ocasión completamente distinta de su escrito «los tres géneros de conocimiento».

Notaremos el paralelismo entre las tres dimensiones de la individualidad como tal y los tres géneros de conocimiento. El hecho de que existiera un tal paralelismo entre ambos ya debería conducirnos a ciertas conclusiones.

Cada quien lee la filosofía a su propio modo . Baruch nunca va decir: «Observen». No está en él explicar. Conviene entenderlo, no se pueden hacer dos co sas a la vez: no se puede decir algo y al mismo tiempo explicar lo que se dice. Es por eso que las cosas parecen difíciles. No es Spinoza quien explicó lo que dice Spinoza. Spinoza tiene que hacer algo mejor: tiene que decir algo. Explicar lo que él dice no está mal, pero no se puede ir muy lejos. Por eso es que la historia de la filosofía debe ser extremadamente modesta.

Entonces, Spinoza no explica: «Observen cómo se corresponden mis tres géneros de conocimiento y las tres dimensiones del individuo». No es él quien tiene que decirlo. Pero nosotros, en nuestra modesta lectura, si podemos hacerlo. Nos preguntamos, desde la intuición: ¿En qué sentido se corresponden?

El primer género de conocimiento es el conjunto de las ideas inadecuadas, es decir de las afecciones pasivas (externas) y de los afectos-pasiones que derivan de las ideas inadecuadas (internas). Es el conjunto de los signos -ideas confusas e inadecuadas- y de las pasiones -los afectos que derivan de esas afecciones-. Léase afección como el sentimiento de un afecto, cual fuera.

Entonces, ¿qué es lo que hace que, a partir del momento en que existimos, estemos no sólo entregados a ideas inadecuadas y a pasiones, sino que incluso estemos a primera vista como condenados a tener sólo ideas inadecuadas y afectos pasivos o pasiones? ¿Qué es lo que constituye nuestra triste (diría Spinoza) situación? Sin mucho detalle, es de esperar que se pueda sentir, o presentir: Es en tanto que tenemos partes extensivas que estamos condenados a las ideas inadecuadas.

Hay que explicarlo un poco. ¿como funcionan las partes extensivas? Ellas son exteriores las unas a las otras y van por infinidades. Los cuerpos más simples, que son las partes últimas, no tienen interioridad, están siempre determinados desde afuera por choques de otras partes bajo la forma más simple: constantemente cambian de relaciones.

Es siempre (a/b a sobre b, a = f(b) a en función de b) bajo una relación que las partes nos pertenecen o no nos pertenecen. Algunas partes de los cuerpos abandonan los cuerpos, toman otra relación -por ejemplo la relación del arsénico o la relación con el calor del clima-. Por otro lado, no dejamos de integrar partes con otras cuya relación se conviene. Cuando como, por ejemplo, hay partes extensivas de las que nos apropiamos (ej. común los alimentos) , lo implicamos es que esas partes abandonan la relación precedente que efectuaban para tomar una nueva relación, siendo esta una de nuestras propias relaciones.

Esto no cesa de funcionar (son funciones): choques, apropiaciones de partes, transformaciones de relaciones, composiciones al infinito, etc. Ahora bien, este estatuto de las partes exteriores unas a otras, que no cesan de reaccionar al mismo tiempo que los conjuntos infinitos en los que entran no dejan de variar, es precisamente el estatuto de las ideas inadecuadas, de las percepciones confusas y de los afectos pasivos, de los afectos-pasión que derivan de ellas. En otras palabras, es porque estamos compuestos de una infinidad de conjuntos infinitos de partes extensivas -exteriores entre sí- que tenemos continuamente percepciones de las cosas exteriores, percepciones de uno mismo, percepciones de uno mismo en las relaciones con las cosas exteriores, percepciones de las cosas exteriores en relación con uno mismo, etc.

Estamos frente a lo que constituye el mundo de los signos. Cuando se dice: «Esto es bueno» o «Esto es malo!», ¿qué son los signos «bueno» y «malo»? Esos signos inadecuados significan simplemente: «bueno» que encontramos en el exterior partes que convienen con mis propias partes bajo su relación y «malo» que hacemos encuentros igualmente exteriores con partes que no convienen bajo la relación en la que están. Decimos entonces que todo este dominio de los conjuntos infinitos de las partes exteriores unas a otras corresponde exactamente al primer género de conocimiento. Porque somos una inanidad de partes extrínsecas, tenemos percepciones inadecuadas. Todo el primer género de conocimiento corresponde a esta primera dimensión de la individualidad.

El problema de los géneros del conocimiento estaba ya lanzado por la pregunta spinozista: creíamos que estábamos condenados a lo inadecuado, ¿cómo explicar entonces la oportunidad que tenemos de salir de ese mundo confuso, de ese mundo inadecuado, de ese primer género de conocimiento? La respuesta de Spinoza es que existe un segundo género de conocimiento. En la Ética define el segundo género de conocimiento: es el conocimiento de las relaciones, de su composición y de su descomposición. No se puede decir más claramente que el segundo género de conocimiento corresponde a la segunda dimensión de la individualidad.

Entendiendo que las partes extrínsecas (extrínseco: adquirido o superpuesto a la naturaleza propia de algo) no son solamente extrínsecas las unas en relación a las otras, sino completamente extrínsecas, absolutamente extrínsecas, luego ¿qué es eso de decir entonces que partes extrínsecas me pertenecen? En Spinoza eso sólo quiere decir una cosa: que esas partes están determinadas, siempre desde el afuera, a entrar bajo tal o cual relación que me caracteriza. Ejemplo fuerte, ¿qué quiere decir morir? Quiere decir que las partes que me pertenecen bajo tal o cual relación son determinadas desde afuera a entrar bajo otra relación que no me caracteriza, sino que caracteriza a otra cosa. El primer género de conocimiento es entonces el conocimiento de los efectos de encuentro o de los efectos de acción y de interacción de las partes extrínsecas entre sí. No se lo puede definir mucho mejor. Los efectos causados por el choque o por el encuentro de las partes exteriores unas a otras define todo el primer género de conocimiento. Nuestra percepción natural es un efecto de los choques y desacuerdos entre partes exteriores que nos componen y partes exteriores que componen a otros cuerpos.

El segundo género de conocimiento es completamente de otro tipo. Es el conocimiento de las relaciones que componen y de las relaciones que componen a las otras cosas. Ya no se trata de los efectos del encuentro entre partes, sino del conocimiento de las relaciones, de la manera en que esas relaciones características de cada individualidad se componen con otras y de la manera en que las relaciones características y otras relaciones se descomponen. Este es un conocimiento adecuado. Y sólo puede ser adecuado, puesto que, a diferencia del conocimiento que se mantenía en recolectar efectos, este ahora es un conocimiento que se eleva a la comprensión de las causas. Verosímilmente, una relación cualquiera es una razón (a/b). Una relación cualquiera es la razón bajo la cual una infinidad de partes extensivas pertenecen a tal cuerpo antes que a tal otro. Entonces, el segundo género de conocimiento no es en absoluto un conocimiento abstracto. Simplemente insistimos en esto. Si se hiciera de éste un conocimiento abstracto, es todo Spinoza lo que se derrumba., mejor es a cada singular manera sentirlo, o presentirlo, desde el propio cuerpo.

Un error de los comentarios es que frecuentemente se dice: «Pero esto es como las matemáticas». Pero no son las matemáticas. Esto no tiene nada que ver con las matemáticas. Las matemáticas son simplemente un caso particular del segundo género de conocimiento. En efecto, las matemáticas pueden ser definidas como una teoría de las relaciones y de las proporciones -vean a Euclides por ejemplo-. Por lo tanto forman parte del segundo género. Pero pensar que el segundo género es un tipo de conocimiento matemático es una temeridad inadecuada, porque desde ese momento todo Spinoza se volvería abstracto que no lo fue. Las personas no regulamos nuestra vida matemáticamente. Y aquí se trata de asuntos de la vida.

Aprender algo, a ver un ejemplo nadar. ¿Qué sería el conocimiento del primer género? Voy, me lanzo y, como suele decirse, chapoteo. ¿Chapotear? La palabra indica bien que se trata de relaciones extrínsecas. A veces la ola me golpea, a veces me lleva. Son efectos de choque. Es decir, no conozco nada de la relación que se compone o se descompone, sólo recibo los efectos de partes extrínsecas. Las partes que me pertenecen son sacudidas, reciben el efecto del choque de las partes que pertenecen a la ola. Me río, o me asusto, según que la ola me haga reír o me provoque temor. Es la situación plena de los afectos-pasión: me divierte o me provoca miedo, o la pasión que fuera en cada caso.

Mientras estemos en el primer género de conocimiento, no dejaremos de decir: «Estos zapatos me hicieron daño». Y eso es exactamente lo mismo que decir: «El otro me hizo daño». No es porque los zapatos sean inanimados que no dejamos de decir que nos hizo daño. Decir «Pedro (Pierre*)me hizo mal» es tan desinteligente como decir «la piedra (pierre*)me hizo mal» o «la ola me hizo mal». Están al mismo nivel. Eso es el primer género. Si por el contrario sé nadar no quiere decir forzosamente que tenga un conocimiento matemático o físico o científico del movimiento de la ola. Quiere decir que tengo un saber hacer, un alegre saber hacer. Es decir, una especie de sentido del ritmo. Aprendo a componer directamente mis relaciones características con las relaciones de la ola. Eso ya no ocurre entre la ola y yo, ya no sucede entre partes extensivas -las partes acuosas de la ola y las partes de mi cuerpo-. Sucede entre relaciones: las relaciones que componen la ola, las que componen mi cuerpo, y mi habilidad, cuando sé nadar, de presentar mi cuerpo bajo relaciones que se componen directamente con las relaciones de la ola. Me hundo en el momento justo y salgo en el momento justo, evito la ola que se aproxima o, al contrario, me sirvo de ella, etc. Es más un arte lo la la composición de relaciones.

* en francés

Algo equivalente a nivel del amor.

Estamos trayendo ejemplos que no son matemáticos porque, de nuevo, las matemáticas son sólo un modo, como la teoría formal del segundo género de conocimiento y no el segundo género de conocimiento. Así las olas o el amor son lo mismo.

En un amor del primer género ustedes están perpetuamente en ese régimen de los encuentros entre partes extrínsecas. En cambio en lo que se llama «un gran amor» tienen una composición de relaciones. La dama de las camelias de Alejandro Dumas es el primer género de conocimiento. Pero en el segundo género de conocimiento se tiene una especie de composición de las relaciones unas con otras. Ya no están en el régimen de las ideas inadecuadas, es decir, del efecto de una parte sobre las mías, del efecto de una parte exterior o de un cuerpo exterior sobre el mío. Alcanzan un dominio mucho más profundo que es la composición de relaciones características de un cuerpo con las relaciones características de otro, y esa especie de flexibilidad o de ritmo que hace que ustedes puedan presentar su cuerpo -y entonces también su alma- bajo la relación que se compone más directamente con la relación del otro. Provocará la sensación de una extraña felicidad. Este es el segundo género de conocimiento.

¿Por qué hay un tercer género de conocimiento? Porque las relaciones no son las esencias. Spinoza nos dice que el tercer género de conocimiento o el conocimiento intuitivo va más allá de las relaciones, de su composición y de su descomposición. Es el conocimiento de las esencias. Este conocimiento va más allá de las relaciones, puesto que alcanza la esencia que se expresa en las relaciones, la esencia de la cual dependen mis relaciones. Si tales relaciones son las mías, si me caracterizan, es porque expresan mi esencia. ¿Qué es mi esencia? Es un grado de potencia. El conocimiento del tercer género es el conocimiento que ese grado de potencia tiene de sí mismo y de los otros grados de potencia. Esta vez se trata de un conocimiento de las esencias singulares. El segundo, y con mayor razón el tercer género de conocimiento, son perfectamente adecuados.

Los géneros de conocimiento son más que géneros de conocimiento: son modos de existencia, son maneras de vivir. Cada individuo posee las tres dimensiones: las partes extensivas, exteriores las unas a las otras, que nos pertenecen; las relaciones bajo las cuales esas partes nos pertenecen; y la esencia como grado . Pero no por eso posee los tres géneros de conocimiento, se puede muy bien permanecer en el primero.

No hay ninguna cosa singular-es decir, ningún individuo- en la naturaleza que no tenga otra más potente y más fuerte. Dada una cosa cualquiera, hay otra más potente que puede destruir a la primera. Axioma del Libro IV de la Ética.

La primera frase nos dice: dada una cosa, ella se define por su potencia; pero dado un grado de potencia —es decir una cosa en su esencia- hay siempre una potencia mayor. Hasta aquí comprendemos. Segunda frase: la primera cosa siempre puede ser destruida por la cosa más potente. Esto es muy molesto. De golpe nos decimos algo no entiendo. ¿Cómo habría un conocimiento adecuado de las esencias si ellas están en relaciones tales que una destruye a la otra?

Los que leen, lo que fuera y filosofía en particular, han comprendido luego de un tiempo que se necesita paciencia para leer. En el libro V, tenemos la proposición XXXVII. Ella contiene, después de su enunciado y de su demostración, una proposición fuera del esquema geométrico, bajo el título de «Escolio». Este escolio nos dice: el axioma de la cuarta parte concierne a las cosas singulares en tanto se las considera con relación a un cierto tiempo y un cierto lugar; de lo cual creo nadie duda.

Nos estaría diciendo, aunque no lo haga: El axioma de la destrucción, el axioma de la oposición -una esencia puede oponerse a otra al punto de destruirla- sólo se comprende cuando se consideran las cosas con relación a un cierto tiempo y un cierto lugar. No dice nada más, y tampoco es poco. Considerar las cosas en un cierto tiempo y un cierto lugar implica considerarlas en su existencia, considerarlas en tanto que existen, en tanto que han pasado a la existencia.

Una esencia pasa a la existencia cuando una infinidad de partes extensivas se encuentran determinadas desde afuera a pertenecerle bajo tal relación. Tenemos una esencia. Decimos que pasamos a la existencia cuando una infinidad de partes extensivas están determinadas desde afuera -es decir por choques que remiten a otras partes extensivas- a entrar bajo una relación que nos caracteriza. Antes no existíamos en la medida en que no teníamos esas partes extensivas. Nacer es eso. Nacemos cuando una infinidad de partes extensivas son determinadas desde afuera por el encuentro con otras partes a entrar bajo una relación que es la nuestra, es decir que nos caracteriza. Desde ese momento, tengo una relación con un cierto tiempo y un cierto lugar. El tiempo y el lugar de nuestro nacimiento son aquí y ahora.

La oposición es el esfuerzo respectivo de cada existente por apropiarse de partes extensivas haciendo que ellas efectúen la relación que corresponde a tal o cual individuo. En un sentido, puede decirse entonces que somos destruidos por otros más fuertes. Es el riesgo de la existencia. Y ese riesgo de la existencia hace una misma cosa con lo que llamamos la muerte. Una vez más, ¿qué es la muerte? Es el hecho, que Spinoza llamará necesario en el sentido de inevitable, de que las partes que me pertenecían bajo una de mis relaciones características dejen de pertenecerme y entren bajo otra relación que caracteriza a otros cuerpos. Es inevitable en virtud misma de la ley de la existencia. Una esencia encontrará siempre, bajo las condiciones de existencia, una esencia más fuerte que literalmente destruye la pertenencia de las partes extensivas a la primera esencia, recordemos el caso del arsénico.

Finalizamos hoy, y aquí, con la última proposición de la Ética, en un intento de presentar a donde nos lleva la lectura, estudio y desciframiento de la manera que nos resulte posible entender el objetivo pretendido por Baruch, no solo para él mismo sino también como lo indican sus tratados políticos, al resto de los existentes en una sociedad en cada época, ya que su lógica es intempestiva, cuando se la aprende.

Por una cuestión de principio, reemplazamos la palabra Dios del escrito por Naturaleza, equivalente en la concepción espinoziana de sustancia.

PROPOSICIÓN 42

La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma; ni gozamos de ella porque reprimimos las concupiscencias, sino que, al contrario, porque gozamos de ella, podemos reprimir las concupiscencias*.

Demostración:

La felicidad consiste en el amor a la Naturaleza, el cual nace del tercer género de conocimiento ; y por tanto, este amor debe ser referido al alma en cuanto “que actúa, y, en consecuencia , es la virtud misma: que era lo primero. Además, cuanto más goza el alma de este amor divino o felicidad, más entiende, esto es mayor poder tiene sobre los afectos y menos padece de los afectos que son malos. Y , por consiguiente, por gozar el alma de este amor potente o felicidad, tiene la potestad de reprimir las concupiscencias.

Y , como el poder humano de reprimir los afectos consiste en el solo entendimiento, se sigue que nadie goza de la felicidad porque reprimió sus afectos, sino que, al contrario, la potestad de reprimir las concupiscencias nace de la misma felicidad.

Escolio

Con esto he concluido cuanto me había propuesto mostrar acerca del poder del alma sobre los afectos y acerca de la libertad del alma. Y a partir de ahí resulta claro cuánto aventaja y es más poderoso el sabio que el ignorante, que se deja guiar por el solo apetito. Pues el ignorante, aparte de ser zarandeado de múltiples maneras por causas exteriores y no gozar nunca de la verdadera tranquilidad del ánimo, vive además como inconsciente de sí mismo y de la Naturaleza y de las cosas; y tan pronto deja de padecer, deja también de existir.
Por el contrario, el sabio, en cuanto que es considerado como tal, apenas si se conmueve en su ánimo, sino que, consciente de sí mismo y de la Naturaleza y de las cosas con cierta necesidad eterna, no deja nunca de existir, sino que goza siempre de la verdadera tranquilidad del ánimo. Y, si el camino que he demostrado que conduce aquí, parece sumamente difícil, puede, no obstante, ser hallado. Difícil sin duda tiene que ser lo que tan rara vez se halla. Pues, ¿cómo podría suceder que, si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera ser encontrada sin gran esfuerzo, fuera por casi todos despreciada?
Pero todo lo excelso es tan difícil como raro*.