121 Cuestiones del aquí y ahora 2020. [2]

Ciencia y tecnología

La época aparece movediza. Grandes cambios, y por lo tanto incertezas, merodean la percepción de la “realidad”, ya privada, ya pública y las intercomunitarias. Desde ese entendimiento se alienta a la filosofía como forma de reflexión posible que agrega ayuda a la experiencia de cada quien lo elija como señalando el camino del seguir aprendiendo a pensar algo en nombre propio, incluyendo los desafíos de los nuevos tiempos. De hecho por ello siempre estuvo ahí. Las pregunta que acompañan la experiencia se renuevan. Y si algo puede aceptarse es la voluntad que muestra el acercamiento a partir de una visibilidad al modo filosófico es la de poder pensar o pensar(se) con cierto rigor de razón alguna cosmovisión que incluya lo cotidiano, con cierto elemento crítico para plantear las preguntas, que para quienes se las plantean merecen respuestas.

Comenzaremos la serie con la cuestión de las ciencias y la tecnología, entendiendo de entrada que la ciencia, como expresión de la voluntad de conocer, es , no podría no serlo, un producto humano, sujetada en algún inicio a dilemas y luego a relaciones antropológicas, éticas y sociopolíticas.

Ciencia, y su consecuente: la tecnología, tienen una historia, se la resume:

José Ortega y Gasset

El físico sabe muy bien que lo que dice su teoría no lo hay en la “realidad” (…) El hombre de la calle trabaja sobre el plano real y describe fenómenos reales (aquellos que afectan directamente la experiencia sensible) mientras que el científico trabaja en un plano ideal donde describe fenómenos científicos (relativos al microcosmos y al macrocosmos) que tienen una correspondencia mucho menos estrecha con el mundo experiencial que conocemos. (…) El punto matemático, el triángulo geométrico, el átomo físico, no poseerían las exactas cualidades que poseen si no fuesen meras construcciones mentales.” ( Ortega y Gasset (1964).

La ciencia es una actividad que da explicaciones justificadas por medio de la razón y procesos que aportan evidencia sobre relaciones lógicas sin recurrir a autoridades o entidades trascendentes, y un complejo de actividades, prácticas e instituciones parte de cuyos resultados son conocimientos científicos — muchos de los cuales se expresan en teorías y-o leyes científicas — y que tiene también consecuencias que se ejecutan en la “realidad” (deberá aceptarse el uso no filosófico de la palabra “realidad” entre comillas como dato de la experiencia social y cotidiana). Este capítulo por brevedad apunta a los modos de ejecución que se aplican de sus resultados hoy día, que la alejan de su supuesta necesaria neutralidad.

Entre los griegos se apeló en su momento a la lógica deductiva que consideraba innecesaria la comprobación experimental de las conclusiones. El pensamiento deductivo partía de categorías generales para hacer afirmaciones sobre casos particulares. De hecho ya se presentaron casos donde a falta de corroboración experimental solo podía apelarse a esta lógica: Sigmund Freud, Albert Einstein, Erwin Schrödinger….. (Véase series anteriores).

Aristóteles proporciona otro de los elementos de la tradición científica:
el empirismo. Para Aristóteles, las verdades universales pueden conocerse a partir de eventos particulares mediante la inducción. Reconcilia el pensamiento abstracto y su relación con la observación. No acepta que el conocimiento obtenido mediante la inducción pueda acertadamente considerarse como conocimiento científico.

Es archiconocido el enfrentamiento entre Ciencia y Religión, durante los muchos siglos de la Escolástica, el imperativo subyacente de las expresiones científicas referían causas divinas, y de hecho como efecto del imperativo sus adelantos fueron escasos y restringidos. Más tarde el cambio en el pensamiento occidental de lo medieval hacia lo moderno fue promovido por el crecimiento de la ciencia. Un cronología corta es:

Nicolás Copérnico

Nicolaus Copernicus (1473-1543) se opuso a la visión de que la Tierra era el centro del Universo, y a cambio propone el modelo heliocéntrico. Su obra maestra: Sobre las revoluciones de las esferas celestes, fue escrita a lo largo de unos veinticinco años de trabajo y fue publicada póstumamente en 1543, pero muchas de las ideas básicas y de las observaciones que contiene circularon a través de un opúsculo titulado De hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus (no editado hasta 1878); que, pese a su brevedad, es de una gran precisión y claridad. Eran los inicios de lo que fue el Renacimiento. Al ser editada su obra póstumamente eludió la censura religiosa.

Giordano Bruno

Giordano Bruno, (1548-1600), fue un astrónomo, filósofo y poeta nacido en Italia. Sus teorías cosmológicas superaron el modelo copernicano, pues propuso que el Sol era simplemente una estrella; que el universo debía contener un infinito número de mundos habitados por animales y seres inteligentes. Propuso en el campo teológico una forma particular de panteísmo, lo cual difería considerablemente de la visión cosmológica sostenida por la Iglesia católica. Además de estos razonamientos, sus afirmaciones teológicas también fueron otra de las causas de su condena, que lo llevaron a ser ejecutado por las autoridades civiles de Roma después de que la Inquisición romana lo declarara culpable de herejía. Fue quemado en la hoguera.

Francis Bacon

Francis Bacon (1561-1626-, barón de Verulamium, vizconde de Saint Albans y canciller de Inglaterra, fue un conocido filósofo, político, abogado y escritor inglés, padre del empirismo filosófico y científico. En su Novum organum (1620) precisó las reglas del método científico experimental, y desarrolló en su Sobre la dignidad y progresos de las ciencias (1620) una teoría empírica del conocimiento, lo que hizo de él uno de los pioneros del pensamiento científico moderno.

Johannes Kepler

El empleo que hacía Johannes Kepler (1571-1630) de la observación y las matemáticas le permitieron superar las teorías pitagóricas originadas en la antigua Grecia (530 AC), que suponían esferas perfectas en el cielo y mostrar que los planetas se movían formando elipses.

Galileo Galilei

Galileo Galilei , (1564,1642) astrónomo, filósofo, ingeniero, matemático y físico italiano, relacionado estrechamente con la revolución científica. Eminente hombre del Renacimiento, mostró interés por casi todas las ciencias y artes. Sus logros incluyen la mejora del telescopio, gran variedad de observaciones astronómicas, la primera ley del movimiento y un apoyo determinante a la «Revolución de Copérnico». Ha sido considerado como el «padre de la astronomía moderna», el «padre de la física moderna»​ y el «padre de la ciencia». Su trabajo experimental es considerado complementario a los escritos de Francis Bacon en el establecimiento del moderno método científico y su carrera científica es complementaria a la de Johannes Kepler. Su trabajo se considera una ruptura de las teorías asentadas de la física aristotélica y su enfrentamiento con la Inquisición romana de la Iglesia católica se presenta como un ejemplo de conflicto entre religión y ciencia en la sociedad occidental. Obligado a expresar arrepentimiento y fue puesto bajo arresto domiciliario por comulgar con las ideas de Copérnico, a cambio de terminar como Giordano Bruno.

Rene Descartes

A pesar de la oposición de las autoridades religiosas, el éxito de la ciencia para explicar y predecir al mundo natural no pudo ignorarse. Rene Descartes (1596-1650) pensó que había encontrado un fundamento racional para la ciencia basado en sus argumentos a favor de su propia existencia y de la existencia de Dios. Dios, decía él, no engañaría a nuestros sentidos.

Isaac Newton

Isaac Newton, (1642,1727) físico, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés. Es autor de los Philosophiæ naturalis principia mathematica, más conocidos como los Principia, donde describe la ley de la gravitación universal y estableció las bases de la mecánica clásica mediante las leyes que llevan su nombre. Entre sus otros descubrimientos científicos destacan los trabajos sobre la naturaleza de la luz y la óptica (que se presentan principalmente en su obra Opticks), y en matemáticas, el desarrollo del cálculo infinitesimal. Fue el primero en demostrar que las leyes naturales que gobiernan el movimiento en la Tierra y las que gobiernan el movimiento de los cuerpos celestes son las mismas. Es, a menudo, calificado como el científico más grande de todos los tiempos, y su obra como la culminación de la revolución científica. El matemático y físico Joseph Louis Lagrange (1736-1813), dijo que «Newton fue el más grande genio que ha existido y también el más afortunado, dado que solo se puede encontrar una vez un sistema que rija el mundo».

Immanuel Kant

Immanuel Kant (1724-1804) consideraba que las leyes de Newton podían demostrarse como verdaderas mediante el razonamiento y que el enfoque científico podía ofrecer explicación del mundo fenoménico (o aparente).
El mundo es explicado mediante términos de causa y efecto. La filosofía trata casi por primera vez de entendérselas las ciencias, intentando abrir la dicotomía que las separaba, una a otra. Hay mucho que decir acerca de la filosofía de Kant, más adelante.

Augusto Comte

Auguste Comte (1798-1857) argumentaba que el pensamiento humano se desarrollaba pasando por varios estadios: uno mítico y religioso, uno metafísico y al final uno positivo que se caracterizaba por la colección sistemática de hechos observacionales. Consideró que estos métodos “positivos” deberían ahora emplearse para el estudio de la sociedad. Con su invento de la Sociología, Comte sugería que nuestro conocimiento como seres humanos podía explicarse usando métodos similares a los de las ciencias naturales.

Kant es el primero que intenta en su Crítica de la razón pura de conciliar el método filosófico deductivo con el de la experiencia sensible, de la que puede decirse algo así como devaluada desde Platón.

Platón

Platón. (427-347 a. C.) seguidor de Sócrates maestro de Aristóteles fundó la Academia, que continuaría su marcha a lo largo de más de novecientos años​ y a la que Aristóteles acudiría desde Estagira a estudiar filosofía alrededor del 367 AC, compartiendo, de este modo, unos veinte años de amistad y trabajo con su maestro.​

Platón participó activamente en la enseñanza de la Academia y escribió, siempre en forma de diálogo, sobre los más diversos temas, tales como filosofía política, ética, psicología, antropología filosófica, epistemología, gnoseología, metafísica, cosmogonía, cosmología, filosofía del lenguaje y de la educación. A diferencia de sus contemporáneos, se cree todo el trabajo de Platón ha sobrevivido intacto. Es cosa de la historia y su inevitable parcialidad, como esperamos llegar a ver en algún momento, seguramente en otra serie.

Mediante mitos y alegorías Platón desarrolló sus doctrinas filosóficas. En su teoría de las formas o ideas, sostuvo que la realidad sensible es solo una “sombra” de otra más real, perfecta e inmutable: el mundo de las ideas ( la episteme) del que el mundo vulgar de la experiencia era solo una mala copia (la doxa)

Su influencia como autor y sistematizador ha sido incalculable en toda la historia de la filosofía, de la que se ha dicho con frecuencia que alcanzó identidad como disciplina gracias a sus trabajos. Whitehead llegó a comentar: La caracterización general más segura de la tradición filosófica europea es que consiste en una serie de notas a pie de página de Platón.

Será a partir de Kant que ese idealismo, cambia una vez más el paradigma filosófico y mediante su sistema de conceptualizar las posibilidades del pensamiento y abre más camino a los nuevos filósofos. Le seguirán Hegel, Schopenhauer, Nietzshe, Husserl, Heidegger, Sartre, Deleuze, y bueno, muchos más, y más cerca de la propia existencia que lo puramente idealizado platónicamente (además bien adoptado por la doctrina religiosa, lo que puede entenderse).

Entonces estaríamos llegando a componer el trasfondo quizá demasiado histórico que nos permita acceder mejor a la cuestión de aprender a pensar menos sujetadamente lo que hoy día se presenta desde lo vigente y lo más anunciado de la ciencias y la tecnología que hace frente (que ya está ahí) y a que en una primera percepción ya casi no se podría estar, al menos en las grandes polis desde hace un par de décadas a esta parte. Hay mucha población que aun vive sin teléfonos ni fijos ni móviles, sin acceso internet, sin automóviles autónomos, fuera de ciudades inteligentes (cómo se las nombra), sin dinero ni banca digital que no la necesitan, ni pago remoto de cuentas que además no podrían afrontar, que no figuran en redes sociales ni pueden llegar a reconocerse en las crecientes bases de datos en que otros están ya registrados, y quizá, controlados. Quizá también tal vez sientan la sensación hambre.

Por un momento puede alguien pensar que el panóptico de Beltham, y los dispositivos modernos de vigilancia enumerados por Foucault, actuando a distancia, a tal distancia que no sean perceptibles, lo hacen y con solo suponer que la hacen o lo pueden hacer surten efecto. Se convive con la tecnología, pero como con un gran hermano orwelliano que permanentemente está observando lo que se hace, o más post modernamente, lo que a través de los algoritmos que “inteligentemente” procesan los datos, lo que se piensa. Y al modelo de otros dispositivos, puede entenderse que surten efecto: de control, y entre otros de sujetación al nuevo mundo humano que se presenta. Ciencias y tecnología no solamente se han instalado como paradigma vigente, sino como se prologó además son uno de los elementos que llevan a sustituir la autoridad intelectual, que parece haber diluido en la atmósfera del tiempo.

De hecho se están sobreinformado demasiadas cosas cosas, si se intenta atenderlas rápidamente unas excluyen, contradicen o sustituyen las anteriores, y a velocidades crecientes, y un efecto resultante de dudosa naturalidad es el que instituyen en la credulidad de algunas o demasiadas gentes, ya sea a través de los multiplicados mass media, o a través de las redes sociales. Nietzsche volvería a enloquecer si resucitara. La simple pregunta: ¿Cómo creerle a lo que se transmite a través de 5 0 10 líneas de un mensaje anunciado en cualquier red?, casi no tiene respuesta sino se remite a la de los dispositivos de escucha y confesión de las religiones monoteístas. Parece haber cambiado el medio, pero no el dispositivo.

Puede entenderse que nada del progreso científico y tecnológico hubiera devenido sin la vigencia de los nuevos paradigmas de poder pensar ciertas cosas que provienen del comienzo de la historia que se antes se resumió. Hay mucho trabajo de producción de pensamiento y nuevos conocimientos en los anuncios ya enumerados, que hacen posible la vigencia de los efectos que hoy aparecen en la cotidaneidad. Como efectos de poder pensar renovadamente algunas cosas serían bienvenidos, pero pero como se señala obturan las otras cuestiones más cercanas de cierta ahistoricidad, más cerca de lo que cada sapiens, humano en esta Tierra, Dasein heideggerianamente, es y que no puede eludir desde su propia condición, aunque lo tecnológico opere.

No es el momento de avanzar con visiones premonitorias como por ejemplo las de Nietzsche en estas cosas, aunque en cierto fondo de la comprensión de cada uno o cada cual, la sensación, aunque reprimida, es la de zozobra. Lo que si queda claro, si pueda llegar a ser internalizado en que cada época, aún grave, se autorizan determinados saberes. Y hoy por hoy, serían los de las ciencias y la tecnología. Devendrán otros…..

Algunas corrientes vienen advirtiendo lo que está resultando en algo así como cierta deshumanización de lo más propio de ser humano, y se menciona sólo a título de ejemplo el de la bioética: la Bioética puede definirse como “el estudio sistemático de la conducta humana en el ámbito de las ciencias de la vida y del cuidado de la salud, examinada a la luz de los valores y de los principios morales” (Encyclopedia of Bioethics). Temas como la eutanasia y los abusos son objeto de análisis que van interponiendo asuntos éticos más acá de la biotecnología , biomedicina, transhumanismo, entre otros.

El transhumanismo es un movimiento cultural e intelectual con alcance global que tiene como objetivo final transformar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnologías ampliamente disponibles, que mejoren las capacidades humanas, tanto a nivel físico como psicológico o intelectual.​ Los pensadores transhumanistas estudian los posibles beneficios y peligros de las nuevas tecnologías que podrían superar las limitaciones humanas fundamentales, como también la tecnoética adecuada a la hora de desarrollar y usar esas tecnologías.Especulan sosteniendo que los seres humanos pueden llegar a ser capaces de transformarse en seres con extensas capacidades, merecedores de la etiqueta “posthumano”.

El significado contemporáneo del término transhumanismo fue forjado por uno de los primeros profesores de futurología, Fereidoun M. Esfandiary, que pensó en “los nuevos conceptos del humano” en La Nueva Escuela alrededor de 1960, cuando comenzó a identificar a las personas que adoptan tecnologías, estilos de vida y visiones del mundo transicionales como “transhumanos”. Suponen entre otras cos​as que la tecnología puede prolongar el promedio de vida a más de 200 años, y que ya habría que estar pensando en eso.

No es el momento de profundizar este asunto en la brevedad de este capítulo, pero algo se olfatea a lo que se habla de los experimentos genéticos que se hacían en los campos de concentración nazis con prisioneros seleccionados con arreglo a los fines supuestos de mejorar la raza, específicamente la aria.

La Ciencia y el Mundo Posmoderno:


Durante el Siglo XX, la teoría de la relatividad de Einstein sobrepasó al paradigma newtoniano que había dominado desde la Ilustración.
Este cambio de paradigma hizo que los filósofos se dieran cuenta que los fundamentos del entendimiento científico no eran un conjunto estático e inmóvil de leyes naturales y que, más bien, estos paradigmas eran interpretaciones humanas de fenómenos mucho más dependientes de la comunidad en la que se estudian que en la realidad por sí misma. Si así fue, entonces la explicación científica ya no se podrá ver más como objetiva y neutral. En las fronteras de la ciencia, nuevos paradigmas emergen como un reto para la ortodoxia vigente. Queda como una cuestión abierta el ver cómo es que la ciencia se desarrollará en este nuevo Siglo. Una cosa es estudiar el mundo (que es humano) y otra estudiar la historia del estudio de ese mundo… Y no debe relegarse al olvido que desde Comte, los métodos científicos incluyen los fenómenos sociales. La época aparece movediza. Grandes cambios, y por lo tanto incertezas, merodean la percepción de la “realidad”, ya privada, ya pública y las intercomunitarias.

Los pensadores más cercanos ya dieron cuenta de los riesgos de la intromisión de las ciencias y su puro positivismo en las nuevas sociedades cada vez más pobladas y las contradicciones que promueve al considerar a los sujetos como cosas que obedecen a causas, y que además son objetos de experimentación y pensados de acuerdo a los paradigmas que la ciencia dispone en cada momento.

Karl Popper

Karl Popper también criticaba la ingenua visión empirista de que pudiera observarse objetivamente al mundo. Popper nos decía que toda observación se hace desde un punto de vista y que por ello, toda observación tiene matices derivados de nuestra forma de pensar. El mundo se presenta en el contexto de las teorías que asumimos. La observación está “teóricamente influida”.
Proponía un método científico alternativo basado en la falsificación. Aunque hubiera muchas instancias que confirmaran una teoría, solo se necesitaría una contra observación, que la falsifique: solo se necesita un cisne negro para repudiar la teoría de que todos los cisnes son blancos.

La ciencia progresa cuando se demuestra que una teoría está equivocada y se introduce una nueva teoría que explica mejor los fenómenos. Para Popper, el científico debería intentar desaprobar su teoría, en lugar de esforzarse por comprobarla repetidamente. También pensaba que la ciencia puede ayudarnos a aproximarnos progresivamente a la verdad, pero que nunca estaremos seguros de que contamos con una explicación definitiva.

Thomas Kuhn

Thomas Kuhn (1922- 1997) argumenta que la ciencia no progresa simplemente en estados basados sobre observaciones neutrales. Como Popper, él considera que toda observación está influida teóricamente. Los científicos poseen una particular visión del mundo o “paradigma”.

El paradigma de Newton sobre un universo mecánico es muy diferente del paradigma de Einstein sobre el universo relativista. Cada paradigma es una interpretación del mundo, más que una explicación objetiva.

Para Kuhn, la historia de la ciencia se caracteriza por las revoluciones de los enfoques científicos. Los científicos aceptan el paradigma dominante hasta que aparecen anormalidades. En seguida, se cuestionan las bases del paradigma y emergen nuevas teorías entre las que emerge una como el nuevo paradigma.

Karl Jaspers

Karl Jaspers decía: Las ciencias no pueden dar causa a sus propias causas, y esta cuestión no se puede responder desde la propia ciencia.

La ética, sobre la que se volverá en uno de los próximos capítulos, refiere en pocas palabras al modo en que alguien se sitúa en relación a sí mismo y frente a los otros. Si se incluye esta cosa ética en la forma de poder o aprender a pensar, entre otras, a la ciencia y sus efectos, entonces puede decirse que cualquier paradigma científico no solo no puede ser, ni tampoco debe ser, neutral, a pesar de su pretensión comtiana. Está bastante claro que una ética en los principios científicos debieran direccionarla a la mejora de la condición de la vida, y no solo la humana. Hay una voluntad de supervivencia de lo vivo en la naturaleza. En cierto modo, al de la del ideal al platónico, la Idea de una ciencia ética, convenientemente debiera reflejarse aún pálidamente en la realidad de los objetivos de la ciencia, considerada en su generalidad.

No alcanzamos a percibir que hoy 2020, la ciencia, considerada en su generalidad pueda dar cuenta de su mejor acción en función de esa idealidad. Más parece aplicada con arreglo a fines, que no le son los propios, que no son neutrales pero que se aplican de todas, todas, maneras.

Y termina esto con una percepción, que luego por cierto, puede dar que pensar.

La tecnología y las ciencias de donde provienen parecen contradecir en su aceleración, que es evidente en lo digital, lo intempestivo (por lo tanto ahistórico) que toda crítica haga por analogía de lo presente que produce zozobra, o algo peor, parecen provocarla. Esa crítica será necesaria para que los “hombres modernos” se sacudan de la comodidad de lugares de sola contemplación. Sería mucho más ético que los avances que promuevan deriven en mejorar toda condición de vida, sin la cual no existirían ya que son un producto de la creación de una especie viva en particular, los sapiens.

A cambio de esto, aparecen como herramientas de poderes que la trascienden, con arreglo a fines: armas de todo tipo, bacterias que puedan aplicarse en guerras o guerrillas contra enemigos inventados, hipercomunicación con destino a control, regulación y sometimiento, exploraciones del espacio profundo cuando aun no se soluciona el hambre en el mundo, ……. muchas otras más. Todo ese desarrollo improductivo requiere muchísima inversión en dinero, que en los regímenes políticos vigentes son pagados por los cada vez menos trabajadores que sí producen cosas que la supervivencia de las poblaciones requieren. Esto es, la ciencia no puede ni es neutral sino dirigida con arreglo a esos fines ultramillonarios, y que además no tienen precio. Los precios incluyen sospechosamente devoluciones a los que deciden la inversión, innecesaria, si se atiene a la idealidad del objeto de producción de conocimiento científico en favor de los que hoy son los perjudicados.

Hay, con cierta claridad relaciones con la administración de la política y mucha cuestión ética olvidada en estas cosas. Por ello seguiremos con éstas en los capítulos que siguen.