123 Cuestiones del aquí y ahora 2020. [4]

Pensamiento filosófico y cultura

  • La cultura, para contextualizar una entrada de las múltiples posibles, se puede presentar como expresión simbólica de los “mundos humanos” posibles, y dada esa multiplicidad hoy aprender a convivir con las diferentes inflexiones de sistemas de creencias, que los hay, posibles, y dada la única superficie que las sustenta, necesariamente composibles.
  • La cultura, que ya hace frente en cada caso, invita a seguir preguntando por las cuestiones de la vida, comunes a todos y que son el suelo de la reflexión filosófica en su originalidad: la Metafísica.
Gottfried Leibnitz

La componibilidad (del latín componere, «poner juntos») es un concepto filosófico debido a Leibniz por la que algo es posible en relación con algunos estados de cosas, hechos o circunstancias. Leibniz estableció que un elemento individual completo (por ejemplo, una persona o un colectivo de personas) se caracteriza por todas sus propiedades, y éstas determinan sus relaciones con otros elementos individuales. La existencia de un elemento individual puede contradecir la existencia de otro. Un mundo posible comprende elementos individuales que son componibles; es decir, elementos individuales que pueden existir juntos.

Cuando Leibniz habla de un mundo posible, quiere decir un conjunto de componibles, cosas finitas que Dios [*] podría haber traído a la existencia si no estuviera limitado por la bondad que es parte de su naturaleza. El mundo real, al contrario, no es más que el conjunto de las cosas finitas solo ejemplificadas por Dios, porque es el más grande en bondad, potencia y perfección. Naturalmente, el hecho de que estemos aquí experimentando este mundo (el mundo real) significa que hay al menos un mundo posible. Para Leibniz hay un número infinito de mundos posibles.

[*] Conviene retraer, para leer lo de Leibnitz, que su siglo fue el XVII, el del inicio de la modernidad y del racionalismo desde Descartes, seguido por Spinoza y terminando con él. Imperaba todavía el paradigma religioso aunque se encontrará en todos ellos el bravío intento de poner en marcha la lógica de la razón aún su medio cultural enraizado en un suelo fuertemente teológico. Puede reemplazarse la palabra Dios de Leibnitz por la de Naturaleza de Spinoza, y entenderla igual, y en apoyo a esta propuesta, basta mencionar que Leibnitz, junto a Newton, fueron los originadores de una nueva matemática, él cálculo.

Cuando se trata de hablar acerca de la cultura, se alega desde la relación que se tenga la cautela de hacerlo en un sentido abiertamente racional, no en el sentido de ratio = cálculo, sino de razón, logos, desde el lenguaje original griego. Con esta perspectiva desde las capacidades racionales, y en sentido amplio, de qué manera poder establecer la aptitud de mezclarnos, componernos, relacionarnos, con el entorno, el mundo y por lo tanto con los otros, cuestiones que continúan lo iniciado en el capítulo anterior: https://cuestionesfilosoficas.com/2020/02/12/122-cuestiones-del-aqui-y-ahora-2020-3/ Ética y Política.

Si en un primer momento cuando se expuso acerca de las ciencias, interrogamos acerca de La Ética, el carácter, lo bioético y el transhumanismo como ejemplos; luego nos acercamos a la dimensión política comunitaria de esta pregunta ética, entonces derivó en considerar a la democracia como parámetro de la política que más se ajusta a la “realidad” antropológica de la interdependencia humana frente a la vulnerabilidad y la necesaria interrelación con los otros, y esto orienta lo que ahora se comienza a plantear.

La pregunta ahora es acerca de la cultura, de qué modo en este mundo complejo (que remite a la del Dasein heideggeriano) se presenta y se hacen componibles sus elementos que puedan dar que pensar. De hecho la palabra cultura remite al latín <<cultus>> = culto, con varias acepciones: cultivar, labrar, cuidar, celebrar con reverencia, obrar, y con ello poder acertar lo que de una manera directa nos transporta a lo religioso. De hecho, culto es una palabra religiosa. Da que pensar: apelamos al valor de la razón con palabras que ya contienen el misterio del sobrepeso de las religiones, lo que da que pensar si es que se logra avanzar en el aprender a hacerlo sin tanta herencia de 20 siglos de historia a cuestas.

Labrar, remover, girar, aplicado al asunto de los conocimientos y sus acciones resultantes, han dado lugar a la cultura. Cultura implica labrarse, trabajarse, formarse, y esto es porque hay previamente una tierra inquieta que hay que trabajar, cultivar: una tierra o un suelo, para obtener una fertilidad que nos sorprenda. Esta simbología es la que se aplica a las humanidades, letras, conocimientos acerca del hombre en general. Hace falta una técnica para cultivar nuestro cerebro. Se lo dice, y con ello se estarían traduciendo ideas menos religiosas, como las de Nietzshe y Heidegger.

Cultura además significa un sistema de representación simbólica de cantidad de cosas. Desde lo más diario, por ejemplo el calendario, las celebraciones, originalmente relacionadas con festividades religiosas que nos organizan el tiempo y además las formas en que nos relacionamos con el resto de la gente. Otro ejemplo: como acostumbra cada quién vestir los fines de semana, aun siendo no creyente. La vestimenta es un ejemplo de expresión cultural, y su genealogía proviene del séptimo día, que es de descanso, porque así se anunció.

Así entonces, cultura no solo es solamente la elaboración de sistemas (libros, tratados, teorías, etc.) acerca de la interpretación del mundo, sino que además configura de una manera directa cada día a día. Todos desarrollamos nuestra vida en un ámbito cultural.

La vestimenta, el responder o cumplir tales costumbres o ritos, es una necesidad antropológica de obedecer a ciertos elementos simbólicos que se configuran por herencia que no solo pautan lo individual, sino que además señalan la forma simbólica de plantarse frente a ese entramado de creencias y costumbres, que en general simplemente se aceptan y no requieren que se las interrogue, aunque se pueda ir intuyendo con contienen una genealogía de la que cuyos orígenes se han olvidado. Tal vez eso constituya, dinámicamente en su actualización cotidiana, este asunto acerca la cultura.

Hay diversidad de formas de hacer frente racional a esta cuestión, lo que las coloca en el sentido político en un primer orden. Por ejemplo: el choque de civilizaciones, las diversas maneras geopolíticas de clasificar, diseñar y ojalá poder entender al mundo, más allá de la forma económica o de clase de administración social que haya decidido (autárquica o mejor comunitariamente), sino más acá, de las tradiciones culturales, muy relacionadas con las formaciones geográficas o religiosas. Si de origen geográfico se entiende como necesidad u oportunidad, si religioso ya sería claro de otro orden, quizá ordenado (como orden a ser obedecida, que la manera que fuera).

¿Cómo entendemos la idea de la política en medio de los intereses en juego y cómo se relacionan o utilizan las similitudes o diferencias culturales en esos juegos y la administración política?

Se habla también de cultura política y-o de qué manera los avances tecnológicos van a impactar en los modos de su utilización. Caemos en la cuenta de que hoy ya la tecnología es una forma de cultura.

En la cultura occidental aparecen hoy día dos retos más visibles: una la globalización, a ver si otras culturas la aceptan como una cosa “normal” la de la cultura del mercado, o como una nueva forma de imperialismo occidental. Globalización sería, en un intento de poner palabras que no se disponía, ofrecer al mundo una forma uniforme al modo capitalista de ver las cosas y administrarlas de esa manera. ¿Será una metáfora neoliberal la que pretende imperar sobre todo en las cuestiones económicas, en los modos de intercambios, independientemente de las formaciones sociales preexistentes?

¿Qué es cultura? ¿Qué es cultura occidental? Son muchas las preguntas.

¿Puede la nueva formalidad tecnológica cambiar las costumbres culturales propias de cada otra región? La respuesta tendría que ver con cuestiones éticas, salvo ptretensión utópica.

La tecnología que es en si misma un producto cultural. ¿puede intentar modificar las otras? ¿Y lograrlo?

¿Hasta que punto la tecnología nos hace más fácil la vida? Más allá de las ventajas que puedan reconocerse. ¿Las redes sociales? ¿Nos más fácil relacionarnos y conocernos? ¿O lo contrario? ¿Nos preguntamos acerca de la ética de estas redes?

Si la cultura, además de lo cultivado, está en lo cotidiano, entonces es dinámica, y por lo tanto cambia tanto que ella por lo tanto misma se pone en cuestión.

¿Qué espacio queda para lo heredado y tradicional? Entre otros ejemplos el de la religión. ¿Qué podemos esperar de esto que llamamos religión? Para decirlo en modo kantiano, ¿Que concepto se puede formular acerca de estas percepciones de fenómenos con nuevas formas que no conocemos, algunos al menos, del todo?

¿Qué respuesta ofrece la religión acerca de la demanda por el sentido? Respuesta a las mismas preguntas que el ser humano se hace desde siempre. La ciencia no concluye nada por ser ya la misma ciencia y no es su objeto preguntarse acerca de sus causas. Las religiones fueron en cambio una de las configuraciones sociales y políticas esenciales para entender la historia que se configuró para el hombre, secularmente hablando.

¿Porque no aparecen nuevos Spinozas, Leibnitzs, Kants, Schopenhauers, Nietzsches, , Heideggers, Sartres, Deleuzes o Guattaris, y los no nombrados aquí? No solo no aparecen, sino que además quedan ocultos entre la maraña siempre renovada y creciente de sobreinformación inabarcable, innecesaria y sujetadora de mentes vulnerables y donde además nos invade la tecnología que las promueve. La tecnología desde que provienen de lo científico deberían, desde la ética, ser humildes por incapaces de responder por la subjetividad de ya ser humano, sino además estar 20 o más siglos atrasada en estas cuestiones de la vida que no puede abarcar.

Aparece como que la religión fue una configuración antropológica esencial para el hombre desde casi siempre, debe haber algo en la naturaleza vulnerable del hombre para si haya sido, aún los arreglos que se hayan hecho a partir de esa vulnerabilidad. Y hoy, en solo apariencia fenoménica llega la tecnología para automatizarla, y en ello no hay incertidumbre: con arreglo a fines.

Después de la Paz de Westfalia la religión será devaluada, pero desde un principio ¿Qué significa religión?

Lactancio

Lactancio lo nombraba así: religar a un trascendente, que puede ser un dios, una fuerza, lo que se crea (en el doble sentido de hacer o creer). Tienen la cualidad de presentar una verdad fundamental ya creada, lo explica todo, nada se religa sino a partir de ellas. Un círculo dialécticamente vicioso, trampa del lenguaje y del dispositivo, enigma no délfico para nada fácil de descifrar.

Cicerón

Cicerón interpretó: religión viene de “relegere”.  Releer, reinterpretar. Dirá: a partir de las costumbres y creencias culturales que ayudan a releer nuestra relación con el entorno, con los diccionarios biblia, corán, torá, budista, shiita, … . Y claro, incluye lo social.

Es evidente que demasiado en lo cotidiano, mucho de aquello que parece y aparece viene relacionado con lo sagrado secular. Hay una fenomenología de la religión, que de hecho aparece de múltiples maneras a lo largo de la historia, aún, recordando a Leibnitz, aun tiene fuerza de gravedad.

Las preguntas iniciales acerca de las cosas de la vida tienen pre-respuestas desde la religión y cada vez más desde las ciencias, desde la pura razón, aunque sea de nuevo, poco fácil de relacionarlas desde el entendimiento, sino desde la analogía de la percepción.

¿Hay algo más que lo inmanente? ¿Algún sistema? ¿Algo que dé respuestas a las preguntas más existenciales?

¿Por qué existe algo, en lugar de nada?

¿Dios, la sustancia, el Big Bang?

Hay una paradoja y una perplejidad, que hacen a la pregunta por el ser, la materia, la realidad. Un intento de respuesta es la tradición metafísica. Con la que iniciamos.

¿Hay una relación entre las preguntas originales, la ética y la política?

Hay una disciplina Teología Política, la que daría cuenta del impacto de las consideraciones religiosas en las cuestiones políticas: Soberanía, pueblo. Señala que las religiones tratan con los asuntos de la gente, y desde ese momento se confunden, se mezclan, y en general se entienden con la Política de los estados-naciones, por comunidad del objeto de su acción.

¿Por qué esperamos tanto de la política y de los políticos? ¿Será su genealogía religiosa?. ¿Contendrán elementos mesiánicos, como el populismo?

Nada soluciona los problemas porque la vida es problemática de por sí. Somos vulnerables. Las cosas pueden ser de un modo u de otro. Y además la finitud nos lleva a tomar elementos de previsión para solventarla hasta donde se requiera.

 Hoy día hay una positivización de los elementos críticos a considerar. Se le pide a las ciencias responder todo a lo que no tienen capacidad de respuesta.

El desafío es el volver a la filosofía, la amistad con cierto saber. Transitar el camino entre lo que creemos conocer y lo que todavía no se sabe que se ignora. La filosofía se erige como pregunta. Espacio de la incerteza, de lo dinámico inexplicable. De que nada está dado de una vez por todas, como lo que es la vida misma. Porque el conocimiento es un proceso de generación de nuevos conocimientos y por lo tanto de nuevas preguntas. La ética es la generación de nuevas respuestas. Es incierto en cambio de qué modo la política se configura alrededor de etas nuevas preguntas y las realidades de cada época. Este desafío, actualizado, apunta a un retorno de la Filosofía como interrogadora de las nuevas preguntas, y la componibilidad de algunas posibles respuestas, a partir de todo aquello que da que pensar y donde no hay teología, ni política, ni ciencia que las plantee y menos responder.

De nuevo, la pregunta esencial: ¿Por qué hay algo en lugar de nada?. Casi volviendo al origen de la Metafísica.

Y entre esos algos, la vida, que no es poco. Sino no nos preguntaríamos acerca de ella.

119 Volviendo al presente. [11]

Contraste. Friedrich Nietzshe. Fin de la serie

Habría pues un receta contra las filosofías pesimistas y la excesiva sensibilidad que me parece ser la auténtica <zozobra del presente>; pero esta receta quizá suene ya demasiado cruel, y se la contaría entre los síntomas que justifican que ahora se la juzgue así: <la existencia es algo malo>. ¡Pues bien! La receta contra la <zozobra> es: zozobra.

Nietzsche. La Gaya Ciencia, #48

Si dejamos de sujetar al pensamiento ya en cada caso sino a su posible devenir y “propio” a cierta instancia que permita la conciencia, y al modo de Freud que le escribía a Fliess <<trataba de encontrar el núcleo de la defensa pero hallé que eso me llevaba a explicar algo que pertenece al núcleo de la naturaleza>>, y se desplaza luego desde la ciencia pura de la época hacia lo propiamente fenómeno humano con su psiquismo que lo establece como tal, retomaremos el camino del pensar en el modo de aprender a hacerlo en el reconocimiento que no pueden violarse las leyes de la naturaleza dado son ellas las que admiten en la especie sapiens esa capacidad distintiva y constituyente.

Y en ese contexto volvemos y terminamos esta serie con Friedrich Nietzsche, con una pregunta de las tantas que surgen cuando se acude a la ayuda de los que ya pensaron antes acerca de estas cosas.

¿Hasta donde llega, hoy día, nuestra capacidad de oír lo que dice Nietzsche? ¿Hasta donde deseamos y podemos oírlo?

Las respuestas posibles, ya que las preguntas son como una señal que señala un camino más serán objeto de la próxima serie. Nos quedamos por un momento, aquí y ahora con este apunte que finaliza un sendero que ya puede vislumbrarse abre a otros. Es la maravilla de la filosofía, escribieron Deleuze y Guattari.

Se trata para decirlo de alguna manera en la sujetación al lenguaje que podemos emplear acerca de lo que dice Nietzsche, él se explica muy bien solo cuando se explica. En todo caso, se trata más bien de establecer la distancia entre sus textos y nuestra posible lectura: hasta donde llega su capacidad de decir en palabras lo que piensa y nuestra propia capacidad de leer y entender, de su voluntad de ser oído y la nuestra de oír.

Leer a Nietzsche implica una doble exigencia común a la práctica de la filosofía: la de un arte de leer y del conocerse a sí mismo, lo que implica al mismo tiempo de la lectura la de interperlarnos a nosotros mismos como lectores, poder hasta donde podamos evaluar el valor de lo que deseamos y podemos. Este trabajo filosófico, está claro, casi nunca lo encontraremos en lo cotidiano. Hoy día leer filosofía en general, o a Nietzsche en particular es una práctica escasa, y no agregamos consideraciones por el momento lo que ello pueda señalar.

Nietzsche ya lo experimentó, y dio cuenta de ello, que sus lectores no existían todavía en el momento en que escribía, y acaso nosotros sus lectores hoy ciento cincuenta años después vivimos en la posibilidad que propiamente nos atribuimos de poder oírlo. Cuando interpelaba a sus lectores en su momento, se entiende, lo hacía no desde algo trascendental sino histórico, no en función de una esencia sino de una genealogía. Él mismo fue un lector profuso que por ello encontraba analogías, contradicciones, olvidos, rupturas, discontinuidades, que promovía el interrogarse a sí mismo. Una biografía, disimulada, esa es su obra.

Leerlo es algo así como enfrentarse a la dinámica de interferencias y la inercia de estabilidades opacas,u objetos de escándalo y litigio, a las fuerzas y sus reacciones que van definiendo una administración de síes y noes. Conviene leerlo como una física de choques entre cuerpos de algo, una elucidación de elasticidades y resistencias, impermeabilidades y porosidades que presentan grados variables entre poder y querer.

Hay demasiado escrito sobre Nietzsche. Una lectura aunque provenga de fuentes primarias es frecuentemente ya secundaria, como un retorno requerido por la intensidad reiterativa de los textos. Las lecturas se vuelven cada vez más lentas en tanto se repiten (cualquiera fuera la fuente, esta misma, por ejemplo); como la música que lenta vuelve al principio que Nietzsche exige a los descifradores de primera vista con una escuela de paciencia más aun que la de la sospecha, que encuentra como único medio para superar la irritación de la cantidad de repeticiones y para medir la velocidad de un pensamiento. El mejor lector es el que se separa de otros no por lo inédito sino por el óptimo de diferencias que promueve en lo que se repite. En eso, Nietzsche es como una maestro que ayuda a aprender a pensar.

Hay quienes leyeron o leen a Nietzshe, y entre ellos los que no lo re-leerían de nuevo. Otros que nunca pusieron un pie en la calesita vertiginosa en la que gira su filosofía. Otros han regresado a ella y otros que se desviaron hasta la náusea. Los argumentos para los que terminaron de una vez con Nietzsche son muchos y variados: porque ha dicho demasiados, porque se ha dicho demasiado sobre él, y porque hay mucho por criticar sobre este doble exceso. Su decir demasiado es a la vez extenso e intenso, exagerar, ir demasiado lejos, hurgar en las heridas. Leer a Nietzshe es doloroso . Es su manera de discriminar, seleccionar y separar las formas las cosas que piensa. Hay siempre un fondo de sufrimiento en el conocimiento, de imposición de libertad, de crueldad en a alegría. Pocos o ninguno antes que él lo pudieron exponer de esa manera.

“No he poseído jamás el arte de prevenir en contra de mí” (Ecce Homo #5): a este defecto debe necesariamente corresponder el arte de no estar prevenido en contra de él (prevención en el doble sentido de prejuicio y profilaxis).

Nietzsche denomina hombre moderno al tipo de hombre al cual interpela y cuya capacidad y voluntad interroga. Cuando dice nosotros, refiere a nosotros los modernos. Reiterar la interpelación de Nietzsche obliga a reducir el privilegio de nuestra postmodernidad, como él redujo el de la modernidad, bajo el doble peso de la lentitud de la historia y de la repetición del devenir. Esto que estamos leyendo-escribiendo es solo un apunte, pero si se puede leer despacio el trasfondo de la filosofía nietzscheana entendemos que está en la vereda del frente que la cotidaneidad hoy día ofrece, solo la ofrece, no puede hacer otra cosa.

La zozobra de Nietzsche, móvil principal del inicio de su obra, produce zozobra en en nuestra actualidad, en nuestra postmodernidad, en nuestra digestión del pasado y presente históricos y en nuestra voluntad de futuro. Sufrimos de una apremiante falta de paciencia, sin la que careceremos de filología, probidad y justicia. Esos valores propuestos por Nietzsche lo señalarían hoy día como sujeto político. Reafirma respecto de lo que en su momento nominaba como modernidad (hoy día postmodernidad, de todas maneras son solo palabras) es un proyecto inacabado. Nos interpela a nosotros hombres postmodernos como un problema no superado en cuanto que somos sujetos de razón y derecho, demócratas y ciudadanos de una época liberal (políticamente entendido); y como tales nos enfrentamos, interpelados por su interpelación, a lo más inaudible (no desde él sino de la actualidad de lo cotidiano), y por ello sentimos zozobra.

Para terminar, quienes pretendan o supongan endurecer a Nietzsche hay que recordarles su ductilidad:

Dice a sus lectores, pocos al principio y muchísimos después de su muerte:

“A partir de aquí, que otra clase de espíritu diferente al mío sea libre de proseguir. No soy lo bastante limitado para un sistema, ni siquiera para mí sistema” (Fragmentos Póstumos [146]).

A quienes querría suavizarlo hay también que recordarles su dureza:

“¡Espere un poco, muy venerada amiga!. Le proporcionaré aún la prueba que Nietzsche continúa siendo odioso” (Carta a Malwida von Meysenburg, Correspondencia, VI)

No hay ninguna obligación de leer a Nietzshe, o si se lo lee que no se pretenda liberarse de su indagación y conceptualización que fundada en su método genealógico produce interpretaciones, que aún cuando él mismo lo advierta a quien quiera o pueda oír, se presenta como odioso y produce zozobra. Aunque pueda llegar a convenirse aún sin preguntarse frente a fenomenalidad de las cosas y los casos, que la actualidad de nuestra no tan venerada postmodernidad, en su actualización, también la produzca. Bueno a quienes les reste luego de la psicofarmacología y mass mediatización, un resto de sensibilidad.

Bibliografía: Nietzsche La zozobra del presente. Dorian Astor.014. Ed. Gallimard.

110 Volviendo al presente. [2]

Parte 2: La cuestión de la vida

Vivir no es otra cosa que arder en preguntas”.

Es una de las frases de Antonin Artaud más hermosas. Asocia en ella la vida y la esencial ignorancia que la define.

Vivir, como ser, como pensar,como conocer, son de esas palabras que desde la misma palabra de entrada tiene múltiples sentidos y parece claro que cada hablante imprimirá su sello u otro regalado en su significación y contenido de pensamiento. Artaud, como tantos maestros que adoptamos, dirige a una atención, y como tipo inteligente que reconocemos habrá que capturar su señal y tenerla en cuenta, dar cuenta como de todas que alguna clase de memoria nos permita. (No deberíamos ya insistir pero entendemos hay varias clases de memoria, no solo la recordada en forma consciente)

Nos leemos como más lineales aquí y ahora que Antonin, en que nos motiva llegar a la quizá misma apertura lograda por él, con un camino intermedio que reúna no solo el resultado reconocido sino también el entendimiento que lo permita, desde la propia causa prima del universo que lo precede. Con eso nos reencauzamos con lo anterior: la cuestión de la vida, expresada en el asunto Volver al Presente. Al menos como una intempestividad.

Hace falta desprenderse al menos un espacio-tiempo que solo atiende a lo cotidiano y singular del quien desde su lugar piensa o habla. No es fácil, ni difícil, es cuestión de permiso de cada uno con uno mismo, y quizá nos lo estamos diciendo.

Quedamos en asunto desde la humildad de muchos y en lo que nos enfoca de algunos físicos: Los cristales aperiódicos, en contraparte de los llamados periódicos, son objetos complicados e interesantes y constituyen una de las más complejas y fascinantes estructuras materiales que confunden su comprensión de la naturaleza.

Erwin Schrodinger en 1944 fue bien humilde, porque como en otros casos que ya mencionamos (por ejemplo Sigmund Freud, Proyecto de una neurología para neurólogos). Freud mismo admitía que avendrían técnicas imposibles en su momento pero acertó en cuanto suponía no cambiarían los resultados especulativos de su teoría . https://wordpress.com/block-editor/post/cuestionesfilosoficas.com/1504

Los Cuasicristales: Nueva joya de la corona en la Academia Sueca: Daniel Shechtman (Instituto Technion, Haifa, Israel) su descubrimiento, efectuado el 8 de abril de 1982 dice:

“Estaba analizando una aleación de aluminio y manganeso a través de un microscopio electrónico cuando sucedió algo muy extraño e imprevisto. El patrón de difracción mostraba diez puntos brillantes, igualmente espaciados del centro y entre sí. Los conté y repetí la cuenta otra vez, diciéndome: ¡este bicho no existe! . Entonces salí al pasillo para compartirlo, pero ahí no había nadie. ( Daniel Shechtman , 1984). Había encontrado por primera vez un cristal aperiódico.

Casi treinta años después del hallazgo y la polémica subsiguiente, la academia sueca decidió conceder a Shechtman el premio Nobel precisamente en Química, luego de notables oposiciones a su hallazgo. También en las ciencias hay un letargo agónico.

En 1944, con las primeras aproximaciones entre la ciencias e incipiente filosofía Schrödinger el ADN aún no se aceptaba como portador de información hereditaria, como sucedió después del Experimento de Hershey – Chase de 1952. Una de las ramas más exitosas de la física en este momento era la física estadística y la mecánica cuántica, una teoría que también es muy estadística en su naturaleza. El propio Schrödinger es uno de los padres fundadores de la mecánica cuántica. Debemos destacar que la reproducción y herencia, son dos características inapelables del fenómeno vida, y como se explica hay algo de estadística y azar en él..

Schrödinger introdujo la idea de un “cristal aperiódico” que contenía información genética en su configuración de enlaces químicos covalentes. En la década de 1950, esta idea estimuló el entusiasmo por descubrir la molécula genética. Aunque la existencia de alguna forma de información hereditaria se había planteado como hipótesis desde 1869, su papel en la reproducción y su forma helicoidal aún no se conocían en el momento de la conferencia de Schrödinger. En retrospectiva, el cristal aperiódico de Schrödinger puede verse como una predicción teórica bien razonada de lo que los biólogos debieron haber estado buscando durante su investigación del material genético.

En un mundo gobernado por la segunda ley de la termodinámica, se espera que todos los sistemas aislados se aproximen a un estado de máximo desorden. Dado que la vida se acerca y mantiene un estado altamente ordenado, algunos argumentan que esto parece violar la segunda ley mencionada, lo que implica en principio una paradoja. Sin embargo, dado que la biosfera no es un sistema aislado, no hay tal paradoja. El aumento de orden dentro de un organismo está más que saldado por un aumento del desorden fuera del mismo por la pérdida de calor en el ambiente (termodinámica). Por este mecanismo, la segunda ley se cumple y la vida mantiene un estado altamente ordenado, que sostiene al provocar un aumento neto del desorden en el Universo. Para aumentar la complejidad en la Tierra, como lo hace la vida, se necesita energía libre y, en este caso, la proporciona el Sol en nuestro planeta. La cuestión de la vida, a nivel molecular requiere un orden, que de acuerdo a las leyes de la naturaleza, se compensa con un desorden externo, que como infinito o casi, no altera el sistema aislado la del nivel cósmico, que ya en sí se está desordenando en sí mismo, permanentemente.

Tendremos que ver al menos algo, de lo que conviene entender de lo que se conceptualiza por cristal aperiódico, su estabilidad y algo de su química, para llegar a aproximarnos a los posibles mecanismos de su reproductibilidad y herencia.

El Cristal de la vida. ADN

F

Fue un trabajo inteligente que asombró al mundo científico. Además en este caso resultaba evidente la importancia de la cristalografía, puesto que ninguna molécula mejor que el ADN para explicar la relación entre estructura y función. Se puedo entender lo que los propios autores del trabajo concluían, que “el apareamiento específico que hemos postulado sugiere inmediatamente un posible mecanismo de copia del material genético”. Había una relación clara entre las estructuras de las macromoléculas biológicas y la función que realizaban en el organismo. Era una nueva ciencia: la biología estructural. Curioso y compatible entre Física, Química y Biología.

Es claro que no podemos ahora desarrollar toda la teoría y justificaciones experimentales propia de esa Ciencias, que atienden al fundamento de las leyes fisicoquímicas que permiten a la comprensión de los expertos en el tema no solo acerca de la estabilidad y la reproductibilidad de la estructura cuasicristalina, sino además las posibles alteraciones que se posibilitan con algún grado de probabilidad. Y volvemos a Schrödinger.

Se puede en principio concluir que un organismo, y todos los procesos biológicos importantes que experimente, deben tener una estructura marcadamente «multi-atómica» y tienen que ser protegidos de los acontecimientos «monoatómicos» aleatorios que pudieran alcanzar una importancia excesiva. Esto, según el «físico ingenuo», en los procesos fisiológicos particulares que observamos, ya sea en el interior de la célula o en la relación de esta con el ambiente, deberían abarcar cantidades tan enormes de átomos y procesos atómicos individuales que respetarían todas las leyes físicas y fisicoquímicas importantes, incluso teniendo en cuenta las estrictas exigencias de la Física estadística por lo que afecta a los grandes números.

Hoy en día sabemos que esta opinión habría sido errónea. Como veremos en breve, grupos increíblemente pequeños de átomos, excesivamente reducidos para atenerse a las leyes estadísticas, desempeñan de hecho un papel dominante en los ordenados y metódicos acontecimientos que tienen lugar dentro de un organismo vivo. Controlan las particularidades macroscópicas observables que el organismo adquiere en el curso de su desarrollo. Determinan importantes características de su funcionamiento, y en todo esto se manifiestan leyes
biológicas muy definidas y exactas. Usemos por un momento el termino esquema de un organismo en el sentido en que el biólogo lo haría al decir el esquema en cuatro dimensiones, refiriéndose no solo a la estructura y funcionamiento de ese organismo en el estado adulto, o en cualquier otra fase particular, sino al conjunto de su desarrollo ontogénico, desde el huevo fertilizado al estado de madurez, cuando el organismo empieza a reproducirse.

Este esquema en cuatro dimensiones (3 espaciales más el tiempo) está determinado en la estructura de esa célula única que es el huevo fertilizado. Ademas se conoce que esta determinado esencialmente por solo una parte de esta célula, su núcleo. Este núcleo, en el «estado de reposo» normal, aparece, por regla general, como una masa de cromatina [Que se colorea frente a determinados agentes]. Pero, en los procesos de división celular, de importancia vital (denominados mitosis y meiosis), se observa que esta constituido por un conjunto de partículas, en general con forma de fibras o bastones, llamados cromosomas. dos conjuntos o dotaciones, para usar la expresión tal como lo hacen los biólogos. Ya que, aunque los cromosomas individuales son a veces claramente diferenciables por tamaño y forma, existen dos conjuntos que son prácticamente idénticos. Un conjunto proviene de la madre (óvulo) y el otro del padre (espermatozoide fertilizador). Son estos cromosomas, o probablemente solo una fibra axial de lo que vemos bajo el microscopio como cromosoma, los que contienen en alguna forma de clave o texto cifrado el esquema completo de todo el desarrollo futuro del individuo y de su funcionamiento en estado maduro. Cada dotación completa de cromosomas contiene toda la clave; de este modo, por regla general son dos copias de esta las que encontramos en el huevo fertilizado, el cual constituye el primer estadio del individuo futuro.

Al decir que la estructura de las fibras de los cromosomas son un texto cifrado queremos significar que la inteligencia absoluta, imaginada por Laplace, para la que cualquier relación causal sería evidente, podría averiguar, partiendo de su estructura, si de un huevo, bajo determinadas condiciones, se desarrollaría un gallo negro o una gallina de diferentes colores, una mosca o una planta de maíz, un rododendro, un escarabajo, un ratón, o una mujer. A esto podríamos añadir que el aspecto de las distintas células-huevo es muy similar; y que, aun cuando no lo sea, como en el caso de los gigantescos, en comparación, huevos de reptiles y aves, la diferencia no radica en las estructuras importantes, sino en la cantidad de material nutritivo que se añade en estos casos por razones obvias.

Pero el termino clave, o texto cifrado, es demasiado limitado. Las estructuras
cromosómicas son al mismo tiempo los instrumentos que realizan el desarrollo que ellos mismos pronostican. Representan tanto el texto legal como el poder ejecutivo; para usar otra comparación, son a la vez los planos del arquitecto y la mano de obra del constructor.

Entre todas las especies vivas, y en particular el hombre, las leyes de estabilidad y herencia son las mismas. La habilidad de los cromosomas de diferencias unos de otros son mínimas modificaciones de las elipses del ADN, que en cuanto a sus propiedades químicas, intercambian aleatoriamente los electrones de los enlaces covalentes que los constituyen y pueden entonces dar lugar a variaciones no previstas en el esquema original que se reproduce.

Nuestra conclusión, preliminar y parcial, hasta el momento es que nada regula que la herencia lleve a una regularidad inexorable. De hecho, las mismas interacciones atómicas que pueden azarosamente determinar la constitución de los cromosomas aún in lo infinitesimal de un enlace químico, es lo que se observa astronómicamente acerca del cosmos. Todas las casi infinitas posibilidades se observan, y no hay día que no se sorprendan con otras desconocidas.

El pensamiento, dotación genética de la especie homo sapiens y sus derivaciones, no tiene un código uniformemente pre-establecido. Es libre desde la propia físico-química que lo produce, por lo tanto nos decimos, que es otra la cuestión de su pretendida sujetación a patrones que lo encapsulen en formas que no le son propias.

Esto es largo, por lo tanto ha de seguir.

108 Volviendo al presente. Introducción

Introducción

El gran aventurero de estos tiempos es el padre de familia que hará todo lo que las fuerzas le dén para salvaguardar a su familia de todos los infinitos riesgos que el mundo le presenta. Por más peyorativamente que la sociedad del statu quo lo nombre.

Quizá un poco cansados de lo peyorativo, herencia agónica de la dialéctica entre los hombres, donde alguien se impone, por unas u otras formas, del resto, contando de cierta supuesta autoridad de ese “poder”, que su tiempo presente otorga.

Uno no ama a un pueblo sino a los solamente amigos. Y eso es bravo. Aunque se repita casi el infinito de la historia del hombre. El hombre libre es el que no acepta ningún tipo de coacción, nada que obstaculice su posibilidad de pensamiento en nombre propio. El parrieastés es el que solo necesita decir la verdad de la forma que fuera, por fuera de toda forma de sujeción y coactiva. Entre amantes y necesitados de verdad, suceden demasiadas cosas en el mundo, que es humano.

La idea kantiana de humanidad es la única que nos puede sacar de la de la raza, única garantía de que los racismos dejen de existir, uno de tantos peligros de ese mundo. Que al ocurrir en existencia matan a la gente por simple idealismo, que no es sino pura ilusión.

No podemos no pensar, desde el momento en que nacimos. Y las cuestiones entre los hombres son el objeto desde siempre luego de entendido el logos y los comienzos de la filosofía.

Con cierto conocimiento de la historia daremos cuenta de lo grande, lo glorioso, lo bárbaro, lo cruel, y lo más bajo del hombre. Y entendemos que ninguno de sus modos puedan ser independientes del pensamiento. Se siente y se piensa, cuerpo y alma, que no pueden estar disociadas ya que residen en el mismo único volumen en medio de otro enorme que lo rodea. Es el mundo que hace frente. Mundo pequeño dentro de un cosmos.

Sentimos y pensamos el sentimiento, ese afecto que efectúa, de muchas maneras. a partir de las causas que lo provocan. Y partimos del a priori de la única, singular, e insoslayable propia experiencia. Nos lo decimos quizá no de una primera vez, lo que la infinitud de modos de pensar y actuar del hombre, no en general, si en singular o en formas de agenciamientos en grupos de ellos, que asombran desde desde la admiración hasta el espanto.

El espanto de las miserias provocadas por el hombre lobo sobre otros hombres más mansos y obedientes, aún las leyes que hayan establecido entre ellos, nos asoma a una desobediencia de esas mismas leyes propuestas desde la inteligencia de la convivencia de sociedades conglomeradas donde sin ellas todo sería permisible. Aún colectivamente establecidas esas legalidades, hay demasiados que las ignoran, o peor aún, conociéndolas no las acatan, en perjuicio del resto, sin límites ni respeto a lo más elemental, que es la propia vida. Se matan muchos seres vivos, entre otros al hombre mismo. Asombra que quienes no respetan la vida ajena, tampoco lo harán de la propia, simple especulación, juego de espejos.

El objeto de esta parte, o serie, que es Volviendo al Presente, es la clara idea que nada puede ser fuera de cierta legalidad fuerte, que por más desobediencia que la multiplicidad de modos de pensamiento permita a las leyes propias del hombre ser transgredidas sin condena alguna, hay otras más originales que ninguna construcción propia del propio pensamiento y sus efectuaciones, no son pasibles de desobediencia, nada más que por las que las preceden, y como efectuación ineludible de las mismas, es el cosmos y sus componentes, entre ellos las galaxias, entre ellas la Vía Láctea, denominación que proviene de la mitología griega, esa es, en efecto, la apariencia de la tenue banda de luz que atraviesa el firmamento terrestre. En esa galaxia está nuestro sistema solar, cuyo tercer planeta es la Tierra, de la que provenimos.

Es en la pura Tierra donde apreció la vida, tal como entendemos conocerla, y entre la multiplicidad de especies que el fenómeno admitió, solo una es el sapiens al que pertenecemos.

Nietzsche en su Sobre verdad y mentira en sentido extramoral inicia: “En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo”.

Nos preguntamos: ¿Porqué el pensamiento?. ¿De donde proviene?. ¿Como se produce?, y otras interrogaciones que puedan establecerse. Casi lo mismo que las sensaciones, de las que elegimos la de la voluntad. ¿Que es eso de la voluntad?. ¿Tiene que ver con la vida?. ¿Como se relaciona con el pensamiento?. ¿El pensamiento es algo de la vida?. Si bien anticipamos intuitivamente que si como respuesta a esas primarias preguntas, el el objeto de la serie ir abriendo caminos que aproximen a la paradoja de entender por solo voluntad de saber, mediante palabras pensadas, lo que son o pueden ser esos entes (pensamiento, sensación), en un medio cosmológico cuyas leyes serían inmutables, aunque los sapiens se crean el ombligo del mundo.

Y con el solo ánimo de ojalá no solo entender las penas de la vida humana, su instinto de agresión, sino mejor abrir a la posibilidad de que cada sapiens, por el hecho de haber nacido tal, pueda guiarse de acuerdo a esas leyes que lo posibilitaron, varios miles de millones de años antes y tal vez se alejara de su ilusión y permitiera una vida entre ética y estética, hasta que el sol se transforme en una estrella gigante que se trague la Tierra en unos mil millones de años.

100 ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?. Siete.

DESACTIVACIÓN

Desactivación

Son tiempos de mentiras y pura opinión que era inimaginable para los librepensadores hasta unos 15 o 20 años atrás, resultado de la popularización de Internet y sus redes sociales, su ilógica general ha desactivado a las formas de pensar críticas o en nombre propio. Cualquier pensador todavía debe estar pensando que es un trol o una red social., que lo aleja de la oportunidad de “ser leído” y luego absorbido por las ilógicas culturales de la posmodernidad y el neoliberalismo feroz que nada tiene de liberal y menos libertario lo que se convierte en una de las grandes victorias que le ha hecho una plataforma social a un sistema que requiere precisamente de la desactivación masiva del pensamiento libre, o lo que denominamos en nombre propio. Llamamos pensar en nombre propio algo que desde Marx, se estableció como pensamiento crítico. Un proceso que se propone analizar, entender y evaluar la manera en la que se organizan los conocimientos que se pretenden interpretar y representar en el mundo, en particular las opiniones o afirmaciones que en la vida cotidiana suelen aceptarse como verdaderas. Más allá o acá de las palabras es aprender a pensar el propio pensamiento liberado a su camino tan independiente de toda influencia como se pueda.

Si una época soñara a siguiente ¿de que manera leer las décadas del noventa y dos mil como el preparativo del presente, tanto como los gulags anunciaron la caída del muro de Berlín y los conglomerados de servicios digitales que distraen a más de medio mundo de toda posible “realidad”? (entre comillas porque no es fácil hablar con precisión de las cosas que nos dicen que pasan en el mundo humano superpoblado e hiper-tecnologizado hoy día). Mientras las ya antiguas izquierdas declaman para sí ser el cuerpo sufriente y ya casi desaparecidos de la Historia, el presente no hace más que recordar esta desactivación permanente, del juicio, el discernimiento y la voluntad de pensar libremente que entre tanta pelea entre Chomsky, Habermas y Foucault, nos dejó a la posmodernidad como un viejo trasto de los recuerdos, para los que aún los mantengan. Sartre se suicidaría, si resucitara.

Por otro lado, las causas justas o humanitarias y los mil caminos que ha tomado la crisis del humanismo que va de complejidades post-heideggerianas a giros ontológicos como el de que el existencialismo es un humanismo, los consumidores tecnológicos de supuestas propuestas intelectuales con una linterna alumbran zonas en que el pensamiento contemporáneo podría moverse, las caricaturas de un sesentismo mal digerido nos deja un paisaje en ruinas, donde la melancolía o el hábito de revivir viejas glorias no resuelve una pregunta fundamental por los destinos de la crítica, la crisis de su imaginación y la inutilidad del adjetivo “crítico” cuando este no ha logrado como pensamiento comprender una totalidad coyuntural que lo incluye, lo mastica y lo digiere.

Si el presente duele, no es tanto por las guerras y las causas justas o el reforzamiento monumental de una economía política que no deja de acumular, crecer y desorientar, si no por que es lo propiamente propio o crítico lo que ha perdido potencia de leer y leerse a sí mismo en el nuevo medio. Se ha vuelto él mismo en un punto ciego de sí mismo, jugando apenas un rol superfluo en un laberinto algorítmico donde todo aparece como pista falsa, donde el laberinto de los complots no parecen tener fin. Las estrategias se han vuelto oscuras, juegos de palabras casi melodramáticas y previsibles: la explicación, el hacer frente a lo que hace frente, la verdad como resultado de un trabajo de uno con uno mismo, toda su exposición resulta aparece ingenua, por oculta, ocultada, sin mercado de mayorías interesadas en habar por sí mismos, en lugar de ser hablados por los diseños de la desactivación de ese interés.

Los regímenes de validación de cierto conocimiento parecen estar mutando a una nueva maquinación de las mentes. O lo que aquí presentamos como una de las variadas formas de desactivación.

Maquiavelo no juzga, sino que expone (y lo sabe muy bien) que se necesita combinar las leyes con la fuerza (¿qué cosa es el estado de Max Weber si no “el monopolio legítimo del uso de la fuerza”?), saber usar bien la a bestia y al hombre…. Estando entonces un príncipe necesitado de saber usar bien a la bestia, debe de aquellas saber tomar lo del zorro y lo del león; porque el león no se defiende de lazos, y el zorro no se defiende de lobos…”. Y si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno, pero, como son tristes y no lo observarían respecto de ti mismo, no estás obligado a observarlo respecto de ellos…. El mal aparece así muy lejos de ser la esencia de la política de Maquiavelo. Es exclusivamente una de las posibles consecuencias del accionar político. Se puede agregar que el mal no constituye la esencia de la política, pero si uno de sus instrumentos principales, un instrumento con el cual la política afronta la naturaleza del ser humano. Para esta eventualidad es necesario prepararse con tiempo ya que Maquiavelo sabe, al contrario, que “… es común defecto de los hombres no tomar en cuenta, en la bonanza, la tempestad…” . El contraste existe y se extiende entre la ética, la cual puede imponer para su actuación el sacrificio de la vida; y la vida, la cual puede y debe a la par imponer, para su actuación, el sacrificio de la ética. De ahí la famosísima, pero comúnmente mal interpretada afirmación: “… se necesita que tenga un ánimo dispuesto a cambiar según los vientos y lo que las variaciones de la fortuna le ordenen, y (…) no apartarse del bien, pudiendo saber entrar en el mal cuando es necesario…”. El príncipe estará obligado a hacer el mal exclusivamente cuando las circunstancias se lo impongan “… porque un hombre que quiera hacer en todas partes profesión de bueno, labrará necesariamente su ruina entre tantos que no lo son. De donde es necesario a un príncipe, queriéndose mantener, aprender a poder no ser bueno, y usarlo y no usarlo según la necesidad…”.

Si hemos intercalado un poco de Maquiavelo, es para reforzar el camino del pensar que la política, en su cometido no tiene límites. Y sus administradores, junto a lo detentores del poder real de los medios de producción y financiero, no necesitan de la ética, sino que deciden con arreglo a sus propios fines,sabiendo que el resto de los humanos pueden ser domesticados según esas determinaciones. Las mayorías de un mundo humano superpoblado deben y pueden ser sometidas a los designios de los administradores del poder real. No importan los medios, sino, claramente los fines.

Para Foucault el poder es una relación asimétrica que está constituida por dos entes: la autoridad y la obediencia, y no sería un objeto preexistente en un soberano usado para dominar a sus súbditos, además es una situación estratégica que se da en una determinada sociedad; el poder incita, suscita y produce.

Produce en general obediencia, al principio de todo por miedo. Miedo a perder la vida. Instinto universal del sapiens que lo puede vislumbrar,

Para la administradores de sociedades humanas superpobladas, se requiere anticipar la tempestad, en términos maquiavélicos. La metáfora de la tempestad, principalmente, es la de mantener a las masas obedientes, sujetadas y complacientes con el mundo que se les presenta, como el mejor de los posibles, o mínimamente que así fuera creído, que ya es demasiado. Sin ética intermedia no hay límites para lograr esa credulidad, y se puede entender que por eso el modelo de la religión cristiana aún sigue imperando, aún Dios haya sido asesinado por sus mismos creadores, hace 200 años. Su ilusión y dogmática son sujetadores siempre imitados por las administraciones del poder de turno. Nada hay más económico que la fe y la credulidad. Quizá sea por ello que se aplica tanto esfuerzo a lograrla a través de cualquiera de los medios disponibles. Los tecnológicos como iniciaba este capítulo, los medios masivos de comunicación que nos exlican en detalle las causas de los acontecimientos como si los espectadores fueran niños del kindergarten, y las ilusiones aceptadas por acólitos que atienden a todas las formas de sectarismo optimista, aceptadores de lo que aparece como ya siendo y fortalecedores de la propia responsabilidad del alcance de la felicidad, independientemente de toda tempestad espacio-temporal o social en las que les toque vivir.

Datos: Al narcotizar un área en el lóbulo occipital izquierdo del cerebro, el fluoruro hace a la gente dócil, pasiva, desconectada, y obediente. El fluoruro es ampliamente utilizado hoy en día como uno de los ingredientes básicos del Prozac (Fluoxetene Clorhidrato) y otras drogas psicotrópicas, y es también un ingrediente clave en el veneno para ratas y gas nervioso sarín (isopropil-metil-Fosforilo fluoruro). Curiosamente, también es un aditivo común para el agua potable municipal en los Estados Unidos y otras naciones, con el pretexto de proteger la salud pública mediante la fortificación de los dientes.

El primer uso de agua potable fluorada ocurrió en los campos de prisioneros nazis de Alemania, por la Gestapo, que utilizaba el fluoruro para esterilizar humanos y obligar a la gente a la sumisión. Un efecto aún más dañino de la exposición al flúor es la calcificación de la glándula pineal, que separa a una persona de su naturaleza espiritual. El fluoruro encapsula la glándula pineal en una cáscara artificial, desconectando físicamente el alma y la conciencia superior del cerebro.

Sin acceso al alma, el cerebro humano se vuelve mecánico, robótico y sin conciencia de su operación, representa una herramienta fácil de controlar por factores sociales de programación y control mental. El juego final de la intoxicación de las masas con fluoruro es la creación de una población de trabajadores sumisos, obedientes, no-inteligentes, en lugar de verdaderos pensadores, guerreros, artistas y héroes.

Usamos el ejemplo del fluor como ejemplo de las formas de pensar la dominación de los otros de cualquier forma que fuera. Físicas, como la desnutrición, las enfermedades curables que no se curan, falta de empleo o sus formas delegadas en un mundo que además que se superpuebla, carece dada la tecnología de fuentes legítimas de actividad laboral. Paradoja, que ya se vislumbraba a fines del SXIX pero que el capitalismo floreciente ignoró. Otras causas físicas son las guerras, que en formas estandarizadas se despliegan por todo el planeta, ya que el sistema de coherción las mantiene como generadores de miedo, emigración, y con arreglo a fines de escalas económicas inimaginables. Son esas guerras la continuación posmoderna de las guerras mundiales, hoy, salvo bravuconadas,imposibles de desatar por el riesgo de extinción, no de los pobres, sino de los administradores de poder. Los pobres, parece desearse que se mueran solos, de lo que fuera, con o sin ayuda.

Otras formas son las químicas o bioquímicas. Heredadas de guerras pasadas. Que se utilizan y-o pueden ser utilizadas cuando los controles fallen o se los permita fallar. La sensación de un vacío de interés hacia los que deben ser desactivados para su mejor y más económica gobernabilidad, causan al menos zozobra a las almas inteligentes. Por eso nos explicarán todos los grandes explicadores de toda época, mejor insensibilizarlos, desactivarlos, que vivan lo mejor que puedan y si llegaran a creer que son felices, entonces somos todos felices.

Terminamos hoy aquí, con un alerta a los suspicaces que no defiendan como resultado al objetivo de no ser esclavos del mundo real en el que nos toca vivir. Siempre explicitando que vivir la propia existencia debiera incluir la capacidad de aprender a pensar libremente de las propias cuestiones, poniendo entonces la debida distancia a toda forma de sujetación propia o inducida, que el poder ya perdió la vergüenza de disfrazarlo, como reafirmándose en el sí mismo y mandando a obedecer el simulacro que promueven . Si la represión nos manda mandar al inconsciente lo propiamente doloroso, o si la falta de memoria, además obedece a factores patológicos, entendemos que cualquier forma de desactivación promovida con arreglo a fines, es, en pocas letras, lo peor a lo que estamos expuestos, como sociedad, en ésta época grave en la todavía existimos. Los solitarios seguirán fabricando utopías en sus respectivos desiertos.

99 ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?. Seis.

Falta de memoria

Solo para empezar, vamos a exponer supuestas nociones postmodernas acerca de la memoria y otras funciones neurobiólogicas.

Para explicar que objetivos tiene la neurociencia, primero convendría saber que se auto arroga la neurociencia: Conjunto de disciplinas científicas y médicas que estudian el sistema nervioso. Así, la neurociencia es una disciplina con muchas ramas, con lo cual, también tendrá diversos objetivos.

La misma actualizada imagen del dibujo de Freud

El objetivo principal de la neurociencia es desvelar cuál es el funcionamiento biológico que subyace el pensamiento, las emociones, la conducta, y los procesos superiores de la mente humana (aprendizaje, memoria, atención, lenguaje…).

La neurociencia se encarga de describir la estructura del sistema nervioso y el proceso de desarrollo que conlleva desde su formación antes del nacimiento, hasta la muerte. Etc……

Si cualquiera se dedicara a explorar un poco que se supone acerca este nuevo discurso, para nosotros, pseudo-científico, podrá descubrir que no agrega nada a lo que ya se especulaba antes, salvo el re-bautizo de disciplinas que se venían desarrollando desde hace mucho. En principio nos resulta poco atendible, y menos creíble, su objeto.

Resuenan demasiado fuerte estas autodenominadas ciencias de la posmodernidad, ensambladas con todo el andamiaje tecnológico de que hoy día se dispone, casi al infinito del que alguna vez tendremos que hablar, seleccionando entre ese infinito, con suma discrecionalidad, partes que hacen a un todo que exponen como si hubieran descubierto el éxito de la fórmula de la felicidad, nos suenan, y con más respeto a los alquimistas que resaltaron durante 25 Siglos hasta el XVIII, con entre otros inventos el del elixir de la vida.

Decimos con más respeto porque el fin último del alquimista era el de su propia transformación, no la de la sujetación y credulidad a la que apelan las neurociencias, con arreglo o fines, en general individuales: algo así como, deben pensarlo estos pseudo neurocientíficos, convenzo sobre supuestas bases científicas a los demás que pueden llegar a ser felices, luego, no solo gano mucho dinero por ello, y-o al mismo tiempo colaboro con los administradores de poder que necesitan masas convencidas de alguna fantasía que las subyugue y subrogue a los discursos de turno, incluidos los políticos.

Estamos empezando por lo que debería ser una conclusión, al final, como inicio de la exposición. Y con ello denotamos exactamente el objeto del capítulo.

Leemos, desde la neurociencia apenas lo mínimo:

El olvido tiene muchas causas, no siempre patológicas, y olvidar no siempre es malo. Prueba de ello es el mensaje de un cuento de Jorge Luis Borges, Funes el memorioso, que relata la historia de un hombre con una memoria prodigiosa, capaz de recordar todas las experiencias y acontecimientos de su vida pasada, todas las personas que había conocido, todos los lugares que había visitado. Lejos de ser una bendición, tal memoria era un infierno para Funes, pues interfería en su capacidad de pensar y razonar, al hacer aflorar continuamente en su mente recuerdos múltiples e irrelevantes. Por fortuna, el cerebro humano no es tan poderoso como el de Funes para almacenar recuerdos.

Las ochenta mil millones de neuronas del cerebro y las múltiples conexiones que se establecen entre ellas le confieren una capacidad de memoria mucho mayor de la que ejercemos, ya que, si lo hiciésemos, podríamos tener problemas para pensar y razonar con normalidad, sin interferencias. Incluso cuando somos jóvenes y estamos sanos, es mucho más lo que olvidamos que lo que recordamos, aunque no podamos apreciarlo. Es así porque el cerebro posee mecanismos que actúan como un freno para impedir que la memoria se cargue de información irrelevante. Estos mecanismos se basan en proteínas –enzimas fosfatasas– que dificultan la formación o el fortalecimiento de las conexiones neuronales que constituyen el soporte físico de la memoria. Pero, incluso con este freno, son muchas las cosas que recordamos.

Desafortunadamente, el olvido puede consistir también en la pérdida de conexiones entre las neuronas. En las personas mayores, las memorias más vulnerables al olvido son las más recientes. Para evitarlo, conviene no descuidar, cuando llegamos a esas edades, el mantenimiento de las memorias ya formadas o en curso de formación utilizando recursos como el repaso mental de lo que no queremos olvidar ayudándonos con anotaciones. Asimismo, cuidar las condiciones de salud que permiten que el cerebro reciba suficiente oxígeno y glucosa es muy importante.

Son fórmulas sencillas y de probada eficacia. Como lo es también mantener una actividad intelectual de todo tipo, sin esperar milagros ni dejarnos engañar por productos químicos o informáticos que, aunque no se nos diga o lo calle la publicidad, suelen tener una limitada efectividad para mejorar realmente las capacidades mentales. En cualquier caso, buena parte del déficit mental de la senectud puede suplirse con una actitud positiva que nos motive a esforzarnos para mantenernos en forma, tanto física como psíquicamente. Actitud positiva, fórmula de la felicidad

Remitimos por un momento a https://wordpress.com/block-editor/post/cuestionesfilosoficas.com/1504 La cuestión de pensar. Ahí exponemos un capítulo Desde la Ciencia,donde con cierto detalle acerca del Proyecto de una psicología para neurólogos, de Sigmund Freud, de 1895, donde anticipa con toda lucidez lo que hoy suponen aportar las neurociencias. Un trabajo especulativo porque claramente en ese momento no se disponía de oda la parafernalia tecnológica a la que apelan las neurociencias.

Resaltamos el valor de especulativo, puro trabajo de pensamiento, confiado en su método de explicar cosas nuevas, formas nuevas de poder pensar algunas cosas del campo de su interés. Anticipando incluso que dejaba para el futuro desarrollo científico la explicación de sus especulaciones en términos de mayor precisión cuando el desarrollo lo permitiera. Algo similar a la teoría general de la Relatividad de Einstein, que formulaba resultados que la experimentación aún no podía comprobar. Como ejemplo la foto recién construida de un agujero negro, en 2019, que corrobora entre otras, la mencionada teoría.

Lo interesante en Freud fue, que nunca publicó su proyecto en vida. ” Freud abandona el tratado, pero en su trabajo genera ideas que luego utiliza en su obra posterior. Se aleja de la Ciencia ortodoxa de su época, parece entender que ese no es el camino, hacia su objetivo de entender para ayudar las cuestiones del funcionamiento del aparato psíquico en el hombre. Y convienen a su posterior teoría psicoanalítica. Parece un resumen, el maquinismo de la técnica y métodos de la ciencia, no parecen resolver cuestiones del hombre en su condición de sapiens, se puede abandonar un intento por infructuoso, y la cuestión de lo sapiens no dejaría entradas al puro razonamiento que la metodología científica exige”.

Haber nacido humano es más que la sola interpretación científica de ciertos fenómenos. De hecho las interpretaciones científicas son cronológicamente posteriores a el poder pensar de los sapiens. No solo está el pensar antes en el tiempo, sino además tiene componentes de complejidad no reducibles a interacciones entre neuronas, moléculas o átomos, ni entre la partículas subatómicas que hoy día regordean a la profunda física con sorprendentes resultados. Si bien son excelentes ejemplos de la capacidad del pensamiento, no resuelven nada de la propia escala humana. Bueno, esto último a nuestra forma de ir pensando las cosas de lo cotidiano, ese que ocupa nuestra existencia.

Decimos ahora sí, conjugando lo presentado, que ocupan nuestra existencia. Y lo hacen de varias maneras.

Primero, ocupan nuestro tiempo, que es de nuestra vida. Se entremezcla con la vida de lo que existimos, nos distraen y agobian restando tiempo para pensar hasta donde se pueda, libremente. El efecto causado por lo cotidiano es la pérdida de memoria en las cosas que nos interesan: caminos propios de pensamiento, acercamiento a otras gentes que deseamos, libros que esperamos leer o volver a leer, museos que nos falta recorrer, bueno, todas esas cosas que conformarán nuestra alma en libertad.

Segundo, ocupan nuestra existencias alejándonos no solo de lo que nos interesa o deseamos, sino que además nos sujetan a condiciones materiales escasas, lo que en-si, ya es una coherción impuesta por las condiciones de la época, que postergan toda realización de las cuestiones propias, desde la mínima condición que es la supervivencia. En una época en la que pueden producirse bienes de consumo al infinito de acuerdo a las condiciones tecnológicas, los que hacen a la supervivencia se regulan como escasos, para que por falta de oferta aumenten sus precios de adquisición. No es la fórmula original del liberalismo de Adam Smith, es la simple capacidad de PODER regularlo en el sentido que rinda más beneficio para los administradores y dueños de los medios de producción, con arreglo a sus propios fines.

Tercero, y además de curioso, ancestral, para lograr la obediencia debida de las mayorías, las convencen, convierten, subyugan, subrogan, a través de discursos alentadores del mejor de los mundos posibles, hoy y a futuro. Dispositivo fenomenal aprendido de las religiones que de eso saben demasiado.

Cuarto, y retomando la curiosidad anterior, las mayorías no solo aceptan, sino además muchas veces creen en esas fantasías del mejor de los mundos, como un porvenir de la ilusión.

Quinto, el resultado es fantástico, o mágico, miles de millones de existentes, son sujetados, así por credulidad o puro instinto de supervivencia, a una época que les lleva la vida, mientras los que regulan y administran estas cuestiones biopolíticas, se deben sentir como los dioses que nunca existieron y accionas con el simple arreglo a sus propios alentados fines, ignorando por ignorantes o por sencillo placer que causa el poder sobre tantos otros a la obediencia, que el haber nacido humano es otra cosa.

Empezamos con las neurociencias, simplicidad postmoderna de mantener la distracción por falta de memoria de los que las atiendan. Con su mentira implícita de felicidad eterna que depende de cada uno si piensa como se les indica. Seguimos con su falta explícita de memoria de formas anteriores de presentar lo mismo, pero sin idealismos fantasiosos. Y llegamos a la exagerada capacidad de coherción de estas novedades científicas aliadas a las administraciones de poder que resultan en enormes y superpobladas sociedades, sometidas, sujetadas, para mantener un status quo, que da miedo cambiar que en lugar de ser el mejor de los mundos posibles, es solamente una época grave, desde hace mucho, como lo expresar Martin Heidegger. Y nos decimos a modo de propia subjetividad: ojalá todos, unos y otros, al fin lleguemos a aprender a pensar en nombre propio

97 ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?. Cuatro.

CUATRO

De Borges a Goedel

Borges

. . . veinticinco símbolos suficientes (veintidós letras, el espacio, el punto, la coma) cuyas variaciones con repetición abarcan todo lo que es dable expresar: en todas las lenguas. El conjunto de tales variaciones integraría una Biblioteca Total, de tamaño astronómico [. . .]
Todo estaría en sus ciegos volúmenes. Todo: la historia minuciosa del porvenir, los egipcios de Esquilo, el número preciso de veces que las aguas del Ganges han reflejado el vuelo de un halcón, el secreto y verdadero nombre de Roma, la enciclopedia que hubiera edificado Novalis, mis sueños y entre-sueños en el alba del catorce de agosto de 1934, la demostración del teorema de Pierre Fermat, los no escritos capítulos de Edwin Drood, esos mismos capítulos traducidos al idioma que hablaron los garamantas, las paradojas de Berkeley acerca del tiempo y que no publicó, los libros de hierro de Urizen, las prematuras epifanías de Stephen Dedalus que antes de un ciclo de mil años nada querrían decir, el evangelio gnóstico de Basílides, el cantar que cantaron las sirenas, el catálogo fiel de la Biblioteca, la demostración de la falacia de ese catálogo. Todo, . . .


La Biblioteca de Babel,
J. L. Borges.

Más allá del genio de Borges la pretensión es señalar un camino en el orden (o desorden) del pensar, que bien podríamos haber buscado por otras vías. Esta es una y además suena interesante, como música de palabras.

Situémonos en los comienzos de los años treinta de XX. En el ambiente lógico-matemático se trabaja buscando llevar a feliz término un programa que se arrastra desde finales del siglo XIX, cuyas ideas se pueden rastrear en los escritos de lógicos medievales como Raimundo Lulio, en Leibniz, en todos quienes alguna vez soñaron con mecanizar el razonamiento, y cuyo principal impulsor fue el matemático David Hilbert. Este programa consiste en la formalización total del razonamiento matemático y su culminación sería la demostración de la consistencia de las matemáticas, es decir, la prueba formal de que las matemáticas no son un sistema contradictorio.

La insistencia en estos temas relativamente, si se quiere, extravagantes, en la más lógica de las ciencias, tenía fuertes motivaciones prácticas. Por un lado los fundamentos del análisis matemático, especialmente el tratamiento del sospechoso concepto de números infinitesimales e infinitos, hizo mandataria la necesidad de contar con algún sistema formal que hiciera más evidente las posibles fallas en que se incurre al razonar. Por otro lado, a fines del siglo XIX se habían descubierto varias paradojas en ciertos sistemas formales. Así, los fundamentos mismos de la ciencia “más segura”, la ciencia “exacta” por si misma, se veían temblorosos. Esa vergüenza no convenía a nadie. El ilimitado optimismo, tantas veces ciego, de la comunidad científica, rápidamente encontró el remedio: demostrar formalmente que las matemáticas son consistentes.

Gödel

En el 1930 la tarea central era la demostración de la consistencia del análisis clásico, que puede ser visto como una extensión de la aritmética si se agregan conjuntos de números y algunos axiomas que los gobiernen. Para los optimistas de siempre, el cumplimiento del programa formalista de Hilbert era cuestión de tiempo y paciencia. De hecho, el joven Kurt Goedel se propuso a mediados de 1930, asumiendo la consistencia de la aritmética, intentar demostrar la consistencia del análisis clásico.

Mientras más trabajaba en el problema, más consciente se iba haciendo de que el proyecto era imposible. Y así, así irónicamente, quien estuvo más cerca de llevar a cabo el programa de Hilbert fue precisamente quien le dio el tiro de gracia. Nacía el, sin duda, el más famoso teorema de la lógica matemática.

La demostración de su teorema “Sobre sentencias formalmente indecidibles de Principia Mathematica y Sistemas afines”, de modestas 25 páginas, fue escrito el año 1930 y publicado en 1931 en la revista Monatschefte für Mathematik und Physik. Allíı Goedel se propone como objetivo principal demostrar lo que hoy se conoce como el “teorema de incompletitud de Goedel”, que resumimos como la imposibilidad de formalizar simbólicamente la consistencia total de algunos sistemas matemáticos.

Con este resultado Goedel echa por tierra el famoso “axioma de la solubilidad de todo problema matemático” que postulaba Hilbert (y en su mayoría cada matemático). Pero las sorpresas no acaban aquí. De hecho, el resultado más importante desde el punto de vista de los fundamentos de los sistemas formales es la “sorprendente consecuencia” del resultado anterior, que Goedel agrega inmediatamente al final de su trabajo (con el ofrecimiento nunca cumplido de demostrarlo rigurosamente más adelante) y expresada en su teorema XI, que dice esencialmente que no es posible demostrar la consistencia de un sistema formal en su propio marco: Sea A un sistema consistente de axiomas que sea mínimamente expresivo. Entonces la consistencia de A no es demostrable en A.

Luego de releer la cuestión de la la demostración de la falacia de ese catálogo, ya en Borges o en Goedel, volemos a la pregunta: ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?

Desde la aparición del lenguaje desde los sapiens, hasta los inicios de la escritura como uno de los mayores inventos de la humanidad que complementa al lenguaje hablado subordinado a la lengua oral por pura cronología y necesidad originada en la zona de la Mesopotamia ubicada en el actual Irak  para registrar las transacciones comerciales de la época, nos revolcamos en el cosmos simbólico de sus efectos, independientemente de sus causas.

La anécdota sería, si en Matemáticas, la más exacta de las disciplinas del pensamiento, finalmente hay una incompletitud, ¿que más demostración se necesita para entender que nuestro pensamiento, como el de los matemáticos, se acerca a las cosas pero que no se puede demostrar solo con 30 signos fonéticos o escritos ya en piedra, papiro o papel?.

¿Y si además el pensamiento sufre de alteraciones contingentes, en cada caso que incluyen entre otras olvido, pérdida de memoria o desactivación? Y si insistimos un poco en el concepto de la diferencia sin negación, precisamente porque la diferencia, no estando subordinada a lo idéntico, no llegaría o no tendría por qué llegar hasta la oposición y la contradicción y-o en cuanto a un concepto de la repetición, que, como las repeticiones físicas, mecánicas o puras (repetición de lo Mismo), encontrarían su razón en las estructuras más profundas de una repetición oculta en la que se disfraza y se desplaza un «diferencial»

Diferencial e infinitésimo refieren a lo mismo, son palabras originadas en las Matemáticas, pero independientemente de su origen son palabras que remiten a una idea que la razón propone al pensamiento, para quizá poder precisamente pensarlos. Y es un caso particular entre difícil y fácil, dependiendo o no de cierta memoria de cierto conocimiento de de su origen y necesidad. Una vez en posibilidad de pensarlas se la puede aplicar por cierta repetición en ámbitos diferentes. Originadas en el análisis matemáticos, de cantidades, o números, que tienden a cero sin llegar a ser ese cero, son infinitésimos inmedibles de lo pequeño, además no hace falta medirlos, tan solo se requiere poderlos pensar para continuar con el desarrollo subsiguiente. En esto Deleuze, lo expresa como concepto consumado (ver Prólogo) aunque a veces no se lo entienda, que es casi un vacío de pensamiento.

Cabría entender que hay alguna relación entre conocer, para favorecer al entendimiento, y la posibilidad de pensar, no solo lo mismo, sino también lo diferente. Y esto es prerrogativa necesaria o deseada para cada sapiens singular, dado que de hecho no se requiere en la vida cotidiana ni en cualquiera de las sociedades en las que cada uno sea proyectado. Y debe insistirse un poco en esto, porque no es fácil de entender porque no se requiere.

Sigmund Freud

«De esa lobreguez está tan lleno el aire que nadie sabe cómo podría evitarla».
Fausto, parte II, acto V, escena 5

Lobreguez: Oscuridad, falta de luz.

Vale la pena por un momento pensar porque los pensadores utilizan metáforas, que apelan a la visión, a la imagen. Göthe en el Fausto señala que lo oscuro es inevitable, y Freud inicia uno de sus libros con esa metáfora. No diremos, aún en la incertidumbre de cierto valor de expresar cosas que aproximen a la posibilidad de pensamiento, que las imágenes son más fáciles de percibir, que retorcidas explicaciones expuestas en palabras que requieren bastante atención y memoria de antecedentes que soportan los consecuentes, como en las Matemáticas.

Esto refiere a posibilidades, entendemos no aleatorias, de cada Dasein, dada su proyección en un mundo que no eligió. Dicho en forma que requiere de algo menos de memoria de lo ya expuesto, sería que cualquiera Dasein al nacer es arrojado a un lugar y un tiempo en el que no se brindan oportunidades necesarias para educarse en alguna variedad de conocimientos accesibles, que le ayuden a forjar formas de pensamiento más complejos que lo lleven a buscar respuestas a preguntas que a veces ni siquiera puede formular, entonces será un sujeto sujetado al medio social que lo rodea, y al que hacer frente, termina adoptando como cosa en sí, aunque para nada lo fuera.

El capítulo de la primera parte del libro de Freud que comienza con el epígrafe de Göthe finaliza con:

Junto al olvido simple de nombres propios, se presenta también un olvido que está motivado por represión.

Y con ello entremos en otro capítulo, ya que la represión, en su multiplicidad de sentidos empieza a profundizar en las respuestas a la pregunta original: ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?.

Continuemos por el sendero que señala cierto resplandor en medio de la oscuridad.