123 Cuestiones del aquí y ahora 2020. [4]

Pensamiento filosófico y cultura

  • La cultura, para contextualizar una entrada de las múltiples posibles, se puede presentar como expresión simbólica de los “mundos humanos” posibles, y dada esa multiplicidad hoy aprender a convivir con las diferentes inflexiones de sistemas de creencias, que los hay, posibles, y dada la única superficie que las sustenta, necesariamente composibles.
  • La cultura, que ya hace frente en cada caso, invita a seguir preguntando por las cuestiones de la vida, comunes a todos y que son el suelo de la reflexión filosófica en su originalidad: la Metafísica.
Gottfried Leibnitz

La componibilidad (del latín componere, «poner juntos») es un concepto filosófico debido a Leibniz por la que algo es posible en relación con algunos estados de cosas, hechos o circunstancias. Leibniz estableció que un elemento individual completo (por ejemplo, una persona o un colectivo de personas) se caracteriza por todas sus propiedades, y éstas determinan sus relaciones con otros elementos individuales. La existencia de un elemento individual puede contradecir la existencia de otro. Un mundo posible comprende elementos individuales que son componibles; es decir, elementos individuales que pueden existir juntos.

Cuando Leibniz habla de un mundo posible, quiere decir un conjunto de componibles, cosas finitas que Dios [*] podría haber traído a la existencia si no estuviera limitado por la bondad que es parte de su naturaleza. El mundo real, al contrario, no es más que el conjunto de las cosas finitas solo ejemplificadas por Dios, porque es el más grande en bondad, potencia y perfección. Naturalmente, el hecho de que estemos aquí experimentando este mundo (el mundo real) significa que hay al menos un mundo posible. Para Leibniz hay un número infinito de mundos posibles.

[*] Conviene retraer, para leer lo de Leibnitz, que su siglo fue el XVII, el del inicio de la modernidad y del racionalismo desde Descartes, seguido por Spinoza y terminando con él. Imperaba todavía el paradigma religioso aunque se encontrará en todos ellos el bravío intento de poner en marcha la lógica de la razón aún su medio cultural enraizado en un suelo fuertemente teológico. Puede reemplazarse la palabra Dios de Leibnitz por la de Naturaleza de Spinoza, y entenderla igual, y en apoyo a esta propuesta, basta mencionar que Leibnitz, junto a Newton, fueron los originadores de una nueva matemática, él cálculo.

Cuando se trata de hablar acerca de la cultura, se alega desde la relación que se tenga la cautela de hacerlo en un sentido abiertamente racional, no en el sentido de ratio = cálculo, sino de razón, logos, desde el lenguaje original griego. Con esta perspectiva desde las capacidades racionales, y en sentido amplio, de qué manera poder establecer la aptitud de mezclarnos, componernos, relacionarnos, con el entorno, el mundo y por lo tanto con los otros, cuestiones que continúan lo iniciado en el capítulo anterior: https://cuestionesfilosoficas.com/2020/02/12/122-cuestiones-del-aqui-y-ahora-2020-3/ Ética y Política.

Si en un primer momento cuando se expuso acerca de las ciencias, interrogamos acerca de La Ética, el carácter, lo bioético y el transhumanismo como ejemplos; luego nos acercamos a la dimensión política comunitaria de esta pregunta ética, entonces derivó en considerar a la democracia como parámetro de la política que más se ajusta a la “realidad” antropológica de la interdependencia humana frente a la vulnerabilidad y la necesaria interrelación con los otros, y esto orienta lo que ahora se comienza a plantear.

La pregunta ahora es acerca de la cultura, de qué modo en este mundo complejo (que remite a la del Dasein heideggeriano) se presenta y se hacen componibles sus elementos que puedan dar que pensar. De hecho la palabra cultura remite al latín <<cultus>> = culto, con varias acepciones: cultivar, labrar, cuidar, celebrar con reverencia, obrar, y con ello poder acertar lo que de una manera directa nos transporta a lo religioso. De hecho, culto es una palabra religiosa. Da que pensar: apelamos al valor de la razón con palabras que ya contienen el misterio del sobrepeso de las religiones, lo que da que pensar si es que se logra avanzar en el aprender a hacerlo sin tanta herencia de 20 siglos de historia a cuestas.

Labrar, remover, girar, aplicado al asunto de los conocimientos y sus acciones resultantes, han dado lugar a la cultura. Cultura implica labrarse, trabajarse, formarse, y esto es porque hay previamente una tierra inquieta que hay que trabajar, cultivar: una tierra o un suelo, para obtener una fertilidad que nos sorprenda. Esta simbología es la que se aplica a las humanidades, letras, conocimientos acerca del hombre en general. Hace falta una técnica para cultivar nuestro cerebro. Se lo dice, y con ello se estarían traduciendo ideas menos religiosas, como las de Nietzshe y Heidegger.

Cultura además significa un sistema de representación simbólica de cantidad de cosas. Desde lo más diario, por ejemplo el calendario, las celebraciones, originalmente relacionadas con festividades religiosas que nos organizan el tiempo y además las formas en que nos relacionamos con el resto de la gente. Otro ejemplo: como acostumbra cada quién vestir los fines de semana, aun siendo no creyente. La vestimenta es un ejemplo de expresión cultural, y su genealogía proviene del séptimo día, que es de descanso, porque así se anunció.

Así entonces, cultura no solo es solamente la elaboración de sistemas (libros, tratados, teorías, etc.) acerca de la interpretación del mundo, sino que además configura de una manera directa cada día a día. Todos desarrollamos nuestra vida en un ámbito cultural.

La vestimenta, el responder o cumplir tales costumbres o ritos, es una necesidad antropológica de obedecer a ciertos elementos simbólicos que se configuran por herencia que no solo pautan lo individual, sino que además señalan la forma simbólica de plantarse frente a ese entramado de creencias y costumbres, que en general simplemente se aceptan y no requieren que se las interrogue, aunque se pueda ir intuyendo con contienen una genealogía de la que cuyos orígenes se han olvidado. Tal vez eso constituya, dinámicamente en su actualización cotidiana, este asunto acerca la cultura.

Hay diversidad de formas de hacer frente racional a esta cuestión, lo que las coloca en el sentido político en un primer orden. Por ejemplo: el choque de civilizaciones, las diversas maneras geopolíticas de clasificar, diseñar y ojalá poder entender al mundo, más allá de la forma económica o de clase de administración social que haya decidido (autárquica o mejor comunitariamente), sino más acá, de las tradiciones culturales, muy relacionadas con las formaciones geográficas o religiosas. Si de origen geográfico se entiende como necesidad u oportunidad, si religioso ya sería claro de otro orden, quizá ordenado (como orden a ser obedecida, que la manera que fuera).

¿Cómo entendemos la idea de la política en medio de los intereses en juego y cómo se relacionan o utilizan las similitudes o diferencias culturales en esos juegos y la administración política?

Se habla también de cultura política y-o de qué manera los avances tecnológicos van a impactar en los modos de su utilización. Caemos en la cuenta de que hoy ya la tecnología es una forma de cultura.

En la cultura occidental aparecen hoy día dos retos más visibles: una la globalización, a ver si otras culturas la aceptan como una cosa “normal” la de la cultura del mercado, o como una nueva forma de imperialismo occidental. Globalización sería, en un intento de poner palabras que no se disponía, ofrecer al mundo una forma uniforme al modo capitalista de ver las cosas y administrarlas de esa manera. ¿Será una metáfora neoliberal la que pretende imperar sobre todo en las cuestiones económicas, en los modos de intercambios, independientemente de las formaciones sociales preexistentes?

¿Qué es cultura? ¿Qué es cultura occidental? Son muchas las preguntas.

¿Puede la nueva formalidad tecnológica cambiar las costumbres culturales propias de cada otra región? La respuesta tendría que ver con cuestiones éticas, salvo ptretensión utópica.

La tecnología que es en si misma un producto cultural. ¿puede intentar modificar las otras? ¿Y lograrlo?

¿Hasta que punto la tecnología nos hace más fácil la vida? Más allá de las ventajas que puedan reconocerse. ¿Las redes sociales? ¿Nos más fácil relacionarnos y conocernos? ¿O lo contrario? ¿Nos preguntamos acerca de la ética de estas redes?

Si la cultura, además de lo cultivado, está en lo cotidiano, entonces es dinámica, y por lo tanto cambia tanto que ella por lo tanto misma se pone en cuestión.

¿Qué espacio queda para lo heredado y tradicional? Entre otros ejemplos el de la religión. ¿Qué podemos esperar de esto que llamamos religión? Para decirlo en modo kantiano, ¿Que concepto se puede formular acerca de estas percepciones de fenómenos con nuevas formas que no conocemos, algunos al menos, del todo?

¿Qué respuesta ofrece la religión acerca de la demanda por el sentido? Respuesta a las mismas preguntas que el ser humano se hace desde siempre. La ciencia no concluye nada por ser ya la misma ciencia y no es su objeto preguntarse acerca de sus causas. Las religiones fueron en cambio una de las configuraciones sociales y políticas esenciales para entender la historia que se configuró para el hombre, secularmente hablando.

¿Porque no aparecen nuevos Spinozas, Leibnitzs, Kants, Schopenhauers, Nietzsches, , Heideggers, Sartres, Deleuzes o Guattaris, y los no nombrados aquí? No solo no aparecen, sino que además quedan ocultos entre la maraña siempre renovada y creciente de sobreinformación inabarcable, innecesaria y sujetadora de mentes vulnerables y donde además nos invade la tecnología que las promueve. La tecnología desde que provienen de lo científico deberían, desde la ética, ser humildes por incapaces de responder por la subjetividad de ya ser humano, sino además estar 20 o más siglos atrasada en estas cuestiones de la vida que no puede abarcar.

Aparece como que la religión fue una configuración antropológica esencial para el hombre desde casi siempre, debe haber algo en la naturaleza vulnerable del hombre para si haya sido, aún los arreglos que se hayan hecho a partir de esa vulnerabilidad. Y hoy, en solo apariencia fenoménica llega la tecnología para automatizarla, y en ello no hay incertidumbre: con arreglo a fines.

Después de la Paz de Westfalia la religión será devaluada, pero desde un principio ¿Qué significa religión?

Lactancio

Lactancio lo nombraba así: religar a un trascendente, que puede ser un dios, una fuerza, lo que se crea (en el doble sentido de hacer o creer). Tienen la cualidad de presentar una verdad fundamental ya creada, lo explica todo, nada se religa sino a partir de ellas. Un círculo dialécticamente vicioso, trampa del lenguaje y del dispositivo, enigma no délfico para nada fácil de descifrar.

Cicerón

Cicerón interpretó: religión viene de “relegere”.  Releer, reinterpretar. Dirá: a partir de las costumbres y creencias culturales que ayudan a releer nuestra relación con el entorno, con los diccionarios biblia, corán, torá, budista, shiita, … . Y claro, incluye lo social.

Es evidente que demasiado en lo cotidiano, mucho de aquello que parece y aparece viene relacionado con lo sagrado secular. Hay una fenomenología de la religión, que de hecho aparece de múltiples maneras a lo largo de la historia, aún, recordando a Leibnitz, aun tiene fuerza de gravedad.

Las preguntas iniciales acerca de las cosas de la vida tienen pre-respuestas desde la religión y cada vez más desde las ciencias, desde la pura razón, aunque sea de nuevo, poco fácil de relacionarlas desde el entendimiento, sino desde la analogía de la percepción.

¿Hay algo más que lo inmanente? ¿Algún sistema? ¿Algo que dé respuestas a las preguntas más existenciales?

¿Por qué existe algo, en lugar de nada?

¿Dios, la sustancia, el Big Bang?

Hay una paradoja y una perplejidad, que hacen a la pregunta por el ser, la materia, la realidad. Un intento de respuesta es la tradición metafísica. Con la que iniciamos.

¿Hay una relación entre las preguntas originales, la ética y la política?

Hay una disciplina Teología Política, la que daría cuenta del impacto de las consideraciones religiosas en las cuestiones políticas: Soberanía, pueblo. Señala que las religiones tratan con los asuntos de la gente, y desde ese momento se confunden, se mezclan, y en general se entienden con la Política de los estados-naciones, por comunidad del objeto de su acción.

¿Por qué esperamos tanto de la política y de los políticos? ¿Será su genealogía religiosa?. ¿Contendrán elementos mesiánicos, como el populismo?

Nada soluciona los problemas porque la vida es problemática de por sí. Somos vulnerables. Las cosas pueden ser de un modo u de otro. Y además la finitud nos lleva a tomar elementos de previsión para solventarla hasta donde se requiera.

 Hoy día hay una positivización de los elementos críticos a considerar. Se le pide a las ciencias responder todo a lo que no tienen capacidad de respuesta.

El desafío es el volver a la filosofía, la amistad con cierto saber. Transitar el camino entre lo que creemos conocer y lo que todavía no se sabe que se ignora. La filosofía se erige como pregunta. Espacio de la incerteza, de lo dinámico inexplicable. De que nada está dado de una vez por todas, como lo que es la vida misma. Porque el conocimiento es un proceso de generación de nuevos conocimientos y por lo tanto de nuevas preguntas. La ética es la generación de nuevas respuestas. Es incierto en cambio de qué modo la política se configura alrededor de etas nuevas preguntas y las realidades de cada época. Este desafío, actualizado, apunta a un retorno de la Filosofía como interrogadora de las nuevas preguntas, y la componibilidad de algunas posibles respuestas, a partir de todo aquello que da que pensar y donde no hay teología, ni política, ni ciencia que las plantee y menos responder.

De nuevo, la pregunta esencial: ¿Por qué hay algo en lugar de nada?. Casi volviendo al origen de la Metafísica.

Y entre esos algos, la vida, que no es poco. Sino no nos preguntaríamos acerca de ella.

122 Cuestiones del aquí y ahora 2020. [3]

Ética y Política

De entrada y rápidamente la cuestión de la Ética más orginal nos vuelve desde ArIstóteles, como carácter (Conjunto de rasgos, cualidades o circunstancias que indican la naturaleza propia de una cosa o la manera de pensar y actuar de una persona o una colectividad, y por los , que se distingue de las demás) iniciando por uno mismo y por lo tanto en la relación con otros. Implica cierta elección preliminar desde la posibilidad individual, a diferencia de la moral o deber kantiano, aunque merodeen cierta misma idea, en cuanto social que es un gran conjunto de individuos. Algo así como que si otros pueden estar mejor (en el sentido que se pueda brindarse), entonces el uno mismo también.

Se escucha como antiquísimo, y lo es, aunque si se lo piensa el pathos de ser ya alguien en este minúsculo y transitorio planeta, se lo requiere, salvo soberbia difícil de explicar desde la sola filosofía, y tal vez mejor campo para el psicoanálisis o un análisis entre spinoziano o nietzscheano en el que no se adentrará aquí, pertenece a otro objeto de conceptualización.

Lá Ética es parte de la Política (Aristóteles, Ética Nicomaquea. L1 #2). Existen fines algunos hacia lo “bueno” o lo “mejor” para las personas (entre las que se está), entonces de acuerdo a ello poder conceptualizarlo (dar cuenta: poderlo pensar) para establecer la dirección a esa meta. Usando palabras esa dirección en acción es Política. En el sentido más “noble” es el conocimiento que apunta a fijar las normas generales que tiendan a asegurar a los ciudadanos en su polis, para los individuos y su pueblo, mediante las ciencias subordinadas a esa Política, que en la época de Aristóteles se denominaban como estrategia, economía y retórica.

La Ética comprende (de pertenecer y entender) las cuestiones que refieren a las formas concebibles relativas a “nuestras” acciones, a la vida de cada uno y-con los otros, y a las interrelaciones que más convengan, en sentido gregario, de un conjunto: sociedad, polis, pueblo, nación …., con la dimensión y las palabras con las que se alcancen pensar. Algo así como que se puede vivir mejor (eudomonológicamente) con fin de felicidad. Vendrá Kant, 22 siglos después que para lograrlo habrá de haber un deber guiando cada acción. Se entenderá que para cualquiera de las posiciones, se señala a los modos de actuar, de “ser” de alguna manera y claramente por este asunto de ser humano, de poderlas pensar.

Desde que los sapiens gregariamente se juntan y crecen las polis aparece la necesidad de administrarlas (por ejemplo: la policía, con analogía a la semántica de origen y sin mayor detalle).

Paz de Westfalia

En 1.648 se firma la Paz de Westfalia, luego de la desolación europea producto de la Guerra de los 30 años, lucha entre diferencias de confesiones religiosas a partir de la Reforma y Contrareforma. El tratado implicó que cada estado-nación decidiría cual era la confesión dominante oficial, y deriva de ello la noción de soberanía, cuya arqueología es de raíz históricamente religiosa (obviando a Nietzsche aquí y ahora) que se vuelve así central en la cuestión Política y del mapa de estados-naciones, novísimo modelo de organización territorial, política y social en aquellas épocas.

Ese modelo requería de “las masas” un asunto principal sin el que no podrían haberse establecido: “la unidad”.

Se advierte que entre la Ética de las acciones individuales y la Política para las cuestiones colectivas ha de darse una cercana relación, desde la constitución gregaria de los seres humanos.

¿Como se administra, que se puede esperar, cuáles dispositivos han de aplicarse, para organizar esa gregariedad en el hoy de la época? ¿Cuales son los problemas que afronta la propia formación de los conglomerados?

Hoy, tercera década del S XXI encontramos generalizada la forma democrática, total, parcial o al menos declarada. Democracia que no tiene nada que ver con la que era en la Grecia que la formuló en su origen.

La unidad (cierta uniformidad colectiva) está determinada por la capacidad de cada estado-nación de gobernarse, autolegislarse, organizarse. Se necesita cierta unidad, alguna idea más o menos uniforme de pueblo, nación o más aceptablemente de ciudadano. Esta necesidad se contrapone a la noción postwestfaliana de soberanía por lo de una ciudadanía más cercana al pueblo concreto que la del soberano teológico omnipoderoso.

Es algo así como un centro de gravedad de la organización que se establezca, del que luego deriva la necesidad en las relaciones interindividuales y comunitarias.

Esta clase de unidad debe bastante al orden del contractualismo social. Un individuo se encontrará en un medio gregario con la necesidad compartida de establecer, al menos como implícito, un contrato con la sociedad que lo preexiste y rodea, un asunto de deberes y derechos reglamentados de alguna manera para todos por igual, unificado.

Esta concepción tiene fechas de nacimiento con Thomas Hobbes (Leviatán, 1651), John Locke ( Dos tratados sobre el gobierno civil, 1688) y Jean Jaques Rousseau (El contrato social, 1762), como proclamación organizada que convenientemente a todos permitiera aún a cada individuo particular su propia y auténtica libertad en el conjunto gregario al que pertenezca. La tensión que puede percibirse de entrada entre los opuestos individual y social, es según Rousseau problema y objeto que señala la necesidad de alguna solución.

Idealmente en su originalidad, a solución consistirá en que el individuo queda “sometido” al contrato pero no se afecciona como sometimiento sino que encauza su libertad en su relación con esa totalidad que se le presenta como contrato social. No se tratará de un enfrentamiento individuo versus todo el resto de otros sino una proyección de uno con el resto (que también son unos). Cada quién se verá identificado con los demás en un objetivo de mutua convivencia, con lo que se vuelve a reiterar la cuestión de idealidad y unidad en función de la conveniencia del contrato.

Deriva de esto el concepto (como posibilidad de pensamiento) de Voluntad General: cada uno aporta de su parte lo necesario para cumplirla que concreta la unidad en la entidad Yo Colectivo, como corpus moral que “obliga” contractualmente a todos por igual.

Se podrá entender desde esta conceptualización la clave de la voluntad general de la proyección (psicológicamente considerada) de cada individuo como sujeto social, corporizado en el Yo colectivo, como se habla del cuerpo o las patas del estado, y que como entidad colectiva concretada como cosa presente es internalizada en tanto identificación subjetiva y colectiva que unifica a los sujetos de convivencia.

No hay colectivo sin individuos ni individuo sin colectivo de individuos. en esta idea del contrato social, la subjetividad se convierte en inter-subjetividad. John Stuart Mill encontrará una metáfora para esta idealización: “Mi libertad termina donde comienza la del Otro”. Aparecen como una cuestión de ciertos límites, o fronteras, dígaselas contractuales.

Toda esta conceptualización constituye cierta armonía subjetiva, y en tanto requiere alineamiento general se plantea, filosóficamente, una cuestión que las democracias debieran reconsiderar. Pasaron algunos siglos desde Hobbes, Locke y Rousseau, y las condiciones y umbrales y la cantidad de población y la ciencia y la tecnología y hasta la geografía y el clima, cambiaron. Ya no es la misma antropología que produjo el contractualismo.

Aparecen nuevas o renovadas problemáticas: posibilidad de convivencia y aceptación de diferencias, agresividad, distribución desigual de la riqueza producida, afectos y efectos actualizados en las interrelaciones, pérdida de confianza y valor de la palabra, desmedro de la reciprocidad, etc ….. Nuevas evidencias en nuevos tiempos ya no tan idealizables, por todas las causas que no es oportuno ni objeto exponerlas aquí ( que sí serían objetos de otras genealogías pero se alejaría el objeto al que se apunta en este algo menor espacio de reflexión, al menos por ahora).

Si aparecen preguntas complicadas pala la Filosofía Política actual. ¿Que es y que puede la Política en acción? ¿Que es el terreno de las democracias hoy día? No parecen las mejores respuestas las simplistas ni las dicotómicas.

Democracia 1983 en Argentina

La democracia es un problema nunca resuelto, es dinámico, y por lo tanto inacabado e inalcanzable, que abarca multiplicidad de elementos interrelacionados. Puede intentarse una expectativa del resultado de su acción: una ecuación que resuelva con algún grado de optimización condiciones de + apertura + dinámica + conveniencia para todos lo más equitativa posible, que resuelva más conflictos y que abra a la dilución de parcialidades como promotores de diferencias presentes en cualquier sociedad.

Jürgen Habermas y John Rawls, con sus matices, plantean la necesidad de una Ética en la Política a través del discurso (un ética discursiva, como concepto y método). Eso supone que en la comunicación de cada particular concepción y compartir “opiniones” aún divergentes implica adoptar una posición ética de unos respecto de otros.

El implícito ético consiste en que hay derecho de decir, contrastar y eventualmente llegar a cierto consenso dado que ninguna de las partes tiene certeza de absoluta “verdad”.

Aparecen varias cuestiones en esta proposición, una que se destaca es la de como se asegura que las partes en diálogo compartan la apertura del debate de los argumentos que se planteen. Sería una astucia no ética de alguna de esas partes la simulación de cierto consenso con arreglo a fines particulares, que estaría indicando la necesidad de “buena fe” de todas ellas.

Hay bastante polémica en cuanto a la utilización interesada de propia utilidad en una diálogo propuesto abierto y ético, que que si oculta un interés particular ya no es ético, y que puede observarse en ciertas acciones concretas de la política y los mercados.

Se exponen ahora las diferencias entre por ejemplo una democracia razonablemente ética y los populismos crecientes (de entrada, difíciles de definir).

“El arresto del propagandista”  que reproduce la represión zarista del movimiento de estudiantes rusos que bajo el lema “Ir al pueblo”, divulgaban entre los sectores populares las obras censuradas originando el movimiento populista

El populismo no es una ideología sino más bien algo así como una lógica de acción política que promueven bruscos cambios (lo que es desde ya un síntoma) en la sociedad con contenido al menos anunciado como “dramático”, apelan al pueblo (no a los individuos), se constituyen en autarquías y se valen de la emotividad, discursos simples y dicotómicos, no proponen discusiones abiertas y argumentada sino argumentarios (argumento+comentario) basada en emociones, clasifican “visiones” del mundo y sobre todo ponen en cuestión la idea de democracia liberal (que n tienen nada que ver con los conceptos económicos de modelos liberal o neoliberal, que sería otro campo de debate, no objetos filosóficos) y jaquean la idea que hoy puede deducirse de las sociedades actuales, que se establecen de por sí complejas.

La democracia es desde ya una complejidad porque deben abarcar muchos asuntos en realidades que empiezan desde la vulnerabilidad de cada individuo en un contexto en que no puede haber bienestar para distribuir sino es dentro del colectivo, asume además la pluralidad (sexo, razas, niveles educativos, nacionalidad, migraciones, desigualdad, marginalidad….. ) y su dinámica, no hay mesianismos ni respuestas absolutas, hay transhumanismo, hay incertezas, etc. , que deben agregarse como necesidades en cuenta en la formulación de alguna fundamentación que acerquen la solución de las ecuaciones como resultado en la formación de argumentos aunque no apele directamente a ellos.

La post-verdad, la confrontación, los populismos, operan de entrada sobre las emociones y por lo tanto erosionan la posibilidad de debate razonable y esperablemente ético.

Para una democracia ética se requiere voluntad de apertura. Deberían partirse de hechos y no de apelaciones emotivas.

Los asuntos de la dinámica social son muchos y variados: justicia social, racismos, discriminación, agresividad, lucha por una mayor igualdad, la diversidad (de lo que fuera), ……..

La formulación de la Política será, dinámicamente, el como resolver el conjunto de hechos en un esquema que aproxime al antepuesto contrato social, como voluntad general.

Tomás Moro

Al menos como pretensión hacia un devenir más auspicioso, cuando la condición socio-política-económica que se vislumbra en lo más actual no parece aplicar ni al contrato ni se perciba voluntad general. Y haya necesidad a apelar a Tomás Moro (Utopía, 1516).

119 Volviendo al presente. [11]

Contraste. Friedrich Nietzshe. Fin de la serie

Habría pues un receta contra las filosofías pesimistas y la excesiva sensibilidad que me parece ser la auténtica <zozobra del presente>; pero esta receta quizá suene ya demasiado cruel, y se la contaría entre los síntomas que justifican que ahora se la juzgue así: <la existencia es algo malo>. ¡Pues bien! La receta contra la <zozobra> es: zozobra.

Nietzsche. La Gaya Ciencia, #48

Si dejamos de sujetar al pensamiento ya en cada caso sino a su posible devenir y “propio” a cierta instancia que permita la conciencia, y al modo de Freud que le escribía a Fliess <<trataba de encontrar el núcleo de la defensa pero hallé que eso me llevaba a explicar algo que pertenece al núcleo de la naturaleza>>, y se desplaza luego desde la ciencia pura de la época hacia lo propiamente fenómeno humano con su psiquismo que lo establece como tal, retomaremos el camino del pensar en el modo de aprender a hacerlo en el reconocimiento que no pueden violarse las leyes de la naturaleza dado son ellas las que admiten en la especie sapiens esa capacidad distintiva y constituyente.

Y en ese contexto volvemos y terminamos esta serie con Friedrich Nietzsche, con una pregunta de las tantas que surgen cuando se acude a la ayuda de los que ya pensaron antes acerca de estas cosas.

¿Hasta donde llega, hoy día, nuestra capacidad de oír lo que dice Nietzsche? ¿Hasta donde deseamos y podemos oírlo?

Las respuestas posibles, ya que las preguntas son como una señal que señala un camino más serán objeto de la próxima serie. Nos quedamos por un momento, aquí y ahora con este apunte que finaliza un sendero que ya puede vislumbrarse abre a otros. Es la maravilla de la filosofía, escribieron Deleuze y Guattari.

Se trata para decirlo de alguna manera en la sujetación al lenguaje que podemos emplear acerca de lo que dice Nietzsche, él se explica muy bien solo cuando se explica. En todo caso, se trata más bien de establecer la distancia entre sus textos y nuestra posible lectura: hasta donde llega su capacidad de decir en palabras lo que piensa y nuestra propia capacidad de leer y entender, de su voluntad de ser oído y la nuestra de oír.

Leer a Nietzsche implica una doble exigencia común a la práctica de la filosofía: la de un arte de leer y del conocerse a sí mismo, lo que implica al mismo tiempo de la lectura la de interperlarnos a nosotros mismos como lectores, poder hasta donde podamos evaluar el valor de lo que deseamos y podemos. Este trabajo filosófico, está claro, casi nunca lo encontraremos en lo cotidiano. Hoy día leer filosofía en general, o a Nietzsche en particular es una práctica escasa, y no agregamos consideraciones por el momento lo que ello pueda señalar.

Nietzsche ya lo experimentó, y dio cuenta de ello, que sus lectores no existían todavía en el momento en que escribía, y acaso nosotros sus lectores hoy ciento cincuenta años después vivimos en la posibilidad que propiamente nos atribuimos de poder oírlo. Cuando interpelaba a sus lectores en su momento, se entiende, lo hacía no desde algo trascendental sino histórico, no en función de una esencia sino de una genealogía. Él mismo fue un lector profuso que por ello encontraba analogías, contradicciones, olvidos, rupturas, discontinuidades, que promovía el interrogarse a sí mismo. Una biografía, disimulada, esa es su obra.

Leerlo es algo así como enfrentarse a la dinámica de interferencias y la inercia de estabilidades opacas,u objetos de escándalo y litigio, a las fuerzas y sus reacciones que van definiendo una administración de síes y noes. Conviene leerlo como una física de choques entre cuerpos de algo, una elucidación de elasticidades y resistencias, impermeabilidades y porosidades que presentan grados variables entre poder y querer.

Hay demasiado escrito sobre Nietzsche. Una lectura aunque provenga de fuentes primarias es frecuentemente ya secundaria, como un retorno requerido por la intensidad reiterativa de los textos. Las lecturas se vuelven cada vez más lentas en tanto se repiten (cualquiera fuera la fuente, esta misma, por ejemplo); como la música que lenta vuelve al principio que Nietzsche exige a los descifradores de primera vista con una escuela de paciencia más aun que la de la sospecha, que encuentra como único medio para superar la irritación de la cantidad de repeticiones y para medir la velocidad de un pensamiento. El mejor lector es el que se separa de otros no por lo inédito sino por el óptimo de diferencias que promueve en lo que se repite. En eso, Nietzsche es como una maestro que ayuda a aprender a pensar.

Hay quienes leyeron o leen a Nietzshe, y entre ellos los que no lo re-leerían de nuevo. Otros que nunca pusieron un pie en la calesita vertiginosa en la que gira su filosofía. Otros han regresado a ella y otros que se desviaron hasta la náusea. Los argumentos para los que terminaron de una vez con Nietzsche son muchos y variados: porque ha dicho demasiados, porque se ha dicho demasiado sobre él, y porque hay mucho por criticar sobre este doble exceso. Su decir demasiado es a la vez extenso e intenso, exagerar, ir demasiado lejos, hurgar en las heridas. Leer a Nietzshe es doloroso . Es su manera de discriminar, seleccionar y separar las formas las cosas que piensa. Hay siempre un fondo de sufrimiento en el conocimiento, de imposición de libertad, de crueldad en a alegría. Pocos o ninguno antes que él lo pudieron exponer de esa manera.

“No he poseído jamás el arte de prevenir en contra de mí” (Ecce Homo #5): a este defecto debe necesariamente corresponder el arte de no estar prevenido en contra de él (prevención en el doble sentido de prejuicio y profilaxis).

Nietzsche denomina hombre moderno al tipo de hombre al cual interpela y cuya capacidad y voluntad interroga. Cuando dice nosotros, refiere a nosotros los modernos. Reiterar la interpelación de Nietzsche obliga a reducir el privilegio de nuestra postmodernidad, como él redujo el de la modernidad, bajo el doble peso de la lentitud de la historia y de la repetición del devenir. Esto que estamos leyendo-escribiendo es solo un apunte, pero si se puede leer despacio el trasfondo de la filosofía nietzscheana entendemos que está en la vereda del frente que la cotidaneidad hoy día ofrece, solo la ofrece, no puede hacer otra cosa.

La zozobra de Nietzsche, móvil principal del inicio de su obra, produce zozobra en en nuestra actualidad, en nuestra postmodernidad, en nuestra digestión del pasado y presente históricos y en nuestra voluntad de futuro. Sufrimos de una apremiante falta de paciencia, sin la que careceremos de filología, probidad y justicia. Esos valores propuestos por Nietzsche lo señalarían hoy día como sujeto político. Reafirma respecto de lo que en su momento nominaba como modernidad (hoy día postmodernidad, de todas maneras son solo palabras) es un proyecto inacabado. Nos interpela a nosotros hombres postmodernos como un problema no superado en cuanto que somos sujetos de razón y derecho, demócratas y ciudadanos de una época liberal (políticamente entendido); y como tales nos enfrentamos, interpelados por su interpelación, a lo más inaudible (no desde él sino de la actualidad de lo cotidiano), y por ello sentimos zozobra.

Para terminar, quienes pretendan o supongan endurecer a Nietzsche hay que recordarles su ductilidad:

Dice a sus lectores, pocos al principio y muchísimos después de su muerte:

“A partir de aquí, que otra clase de espíritu diferente al mío sea libre de proseguir. No soy lo bastante limitado para un sistema, ni siquiera para mí sistema” (Fragmentos Póstumos [146]).

A quienes querría suavizarlo hay también que recordarles su dureza:

“¡Espere un poco, muy venerada amiga!. Le proporcionaré aún la prueba que Nietzsche continúa siendo odioso” (Carta a Malwida von Meysenburg, Correspondencia, VI)

No hay ninguna obligación de leer a Nietzshe, o si se lo lee que no se pretenda liberarse de su indagación y conceptualización que fundada en su método genealógico produce interpretaciones, que aún cuando él mismo lo advierta a quien quiera o pueda oír, se presenta como odioso y produce zozobra. Aunque pueda llegar a convenirse aún sin preguntarse frente a fenomenalidad de las cosas y los casos, que la actualidad de nuestra no tan venerada postmodernidad, en su actualización, también la produzca. Bueno a quienes les reste luego de la psicofarmacología y mass mediatización, un resto de sensibilidad.

Bibliografía: Nietzsche La zozobra del presente. Dorian Astor.014. Ed. Gallimard.

115 Volviendo al presente. [7]

Entendiendo la ley natural como una Ética panteísta el modo posible en el S XVI. Baruch Spinoza.

Contrastes. Hoy Baruch Spinoza

Baruch. Un poco más

Dijimos que íbamos a seguir con Baruch. No podemos reemplazar la lectura y estudio de su obra. Solo recortaremos algo de su pensamiento escrito e interpretarlo a nuestra propia manera. Ahora para establecer contrastes en la posibilidad concreta, desde nuestra lectura. Baruch tuvo su momento y espacio para constatarse y constatar lo que hace frente que como lúcido lo actualizamos hasta el punto que nos sea posible, con el afán de hacerlo para seguir caminando la sendero de poder aprender a pensar en nombre propio.

Es conveniente atender a las consecuencias sobre lo que debiera ser el tema implícito de la obra de Spinoza: ¿cuál es la relación entre una ontología y una ética? Esa relación interesa por sí misma a la filosofía, pero el hecho es que ha sido fundada y desarrollada sólo por él. Al tal punto que si alguien pensara que su proyecto sería hacer una especie de ética que fuera como el correlato de una ontología, es decir de una teoría del Ser, podríamos detenerlo y decirle: -Muy bien, en esa vía pueden decirse cosas muy nuevas, pero es una vía spinozista, es una vía firmada Spinoza-.

Sus obras no fueron muchas, pero tuvieron una sola coherencia. Dos obras publicadas en vida: Principios de filosofía de Descartes (1663) y Tratado Teológico Político (1679). Antes había comenzado Tratado de lo reforma del entendimiento y Tratado político y la Gramática hebreas, todas inconclusas. En los espacios de ellas permitían concluyó su Ética pero no pudo ser publicada en vida por la censura religiosa, como las otras hasta después de su prematura muerte. No fueron muchas en número, pero su cosmología fue el anticipo de mucho de lo que después devendría en filosofía. Apegado a la física veremos además que su semántica hoy la asociaríamos con la físico-química de la que ya hablamos y se podrá inferir se su ontología, sin insistir el las relaciones de niveles atómicos o subatómicos que las entendería, quizá un poco más, hoy día.

D E F I N I C I O N E S

  1. Por causa de sí* entiendo aquello cuya esencia implica la existencia,
    o sea, aquello cuya naturaleza no se puede concebir sino como existente.
  2. Se llama finita* en su género aquella cosa que puede ser limitada por otra de la misma naturaleza. Por ejemplo, se dice que un cuerpo es finito, porque siempre concebimos otro mayor. Y así también un pensamiento es limitado por otro pensamiento. Pero un cuerpo no es limitado por un pensamiento ni un pensamiento por un cuerpo.
  3. Por sustancia* entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, es decir, aquello cuyo concepto no necesita el concepto de otra cosa, por el que deba ser formado.
  4. Por atributo* entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia como constitutivo de su esencia.
  5. Por modo* entiendo las afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.
  6. Por Dios* entiendo el ser absolutamente infinito, es decir, la sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.

Lo anterior es exactamente el comienzo de la Ética: Dios es la Sustancia. Material. Cósmica. Natural. Con su propia esencia y además infinita, al menos para el tiempo que nos toque. Por supuesto poco tiene que ver con los dioses de las religiones. Es el comienzo de un álgebra, donde se establecen las definiciones principales, las que serán mantenidas en el resto del escrito.

Repasemos algo de su ontología fundamentadas en definición de una única Sustancia: las tres dimensiones de la individualidad.

Primera dimensión: Somos una infinidad de partes extensivas (extensivo es aditivo, a diferencia de lo intensivo que es atributo propio o esencial de algo), aún más precisamente una infinidad de conjuntos infinitos de partes extensivas o exteriores las unas a las otras.

Segunda dimensión: esos conjuntos infinitos de partes extensivas, exteriores las unas a las otras, nos pertenecen, pero bajo relaciones características, relaciones de movimiento y de reposo en las que se van componiendo o descomponiendo de acuerdo a conveniencias las relaciones entre las partes.

Tercera dimensión: esas relaciones características no hacen más que expresar un grado de potencia que constituye cada esencia; la propia, es decir, una esencia singular, intensiva.

Las tres dimensiones son entonces las partes extensivas, exteriores las unas a las otras, que nos pertenecen; las relaciones bajo las cuales esas partes nos pertenecen; y la esencia como grado intensivo, la esencia singular que se expresa en esas relaciones.

Estamos intuyendo una cierta armonía entre esas tres dimensiones de la individualidad y lo que Baruch llama en una ocasión completamente distinta de su escrito «los tres géneros de conocimiento».

Notaremos el paralelismo entre las tres dimensiones de la individualidad como tal y los tres géneros de conocimiento. El hecho de que existiera un tal paralelismo entre ambos ya debería conducirnos a ciertas conclusiones.

Cada quien lee la filosofía a su propio modo . Baruch nunca va decir: «Observen». No está en él explicar. Conviene entenderlo, no se pueden hacer dos co sas a la vez: no se puede decir algo y al mismo tiempo explicar lo que se dice. Es por eso que las cosas parecen difíciles. No es Spinoza quien explicó lo que dice Spinoza. Spinoza tiene que hacer algo mejor: tiene que decir algo. Explicar lo que él dice no está mal, pero no se puede ir muy lejos. Por eso es que la historia de la filosofía debe ser extremadamente modesta.

Entonces, Spinoza no explica: «Observen cómo se corresponden mis tres géneros de conocimiento y las tres dimensiones del individuo». No es él quien tiene que decirlo. Pero nosotros, en nuestra modesta lectura, si podemos hacerlo. Nos preguntamos, desde la intuición: ¿En qué sentido se corresponden?

El primer género de conocimiento es el conjunto de las ideas inadecuadas, es decir de las afecciones pasivas (externas) y de los afectos-pasiones que derivan de las ideas inadecuadas (internas). Es el conjunto de los signos -ideas confusas e inadecuadas- y de las pasiones -los afectos que derivan de esas afecciones-. Léase afección como el sentimiento de un afecto, cual fuera.

Entonces, ¿qué es lo que hace que, a partir del momento en que existimos, estemos no sólo entregados a ideas inadecuadas y a pasiones, sino que incluso estemos a primera vista como condenados a tener sólo ideas inadecuadas y afectos pasivos o pasiones? ¿Qué es lo que constituye nuestra triste (diría Spinoza) situación? Sin mucho detalle, es de esperar que se pueda sentir, o presentir: Es en tanto que tenemos partes extensivas que estamos condenados a las ideas inadecuadas.

Hay que explicarlo un poco. ¿como funcionan las partes extensivas? Ellas son exteriores las unas a las otras y van por infinidades. Los cuerpos más simples, que son las partes últimas, no tienen interioridad, están siempre determinados desde afuera por choques de otras partes bajo la forma más simple: constantemente cambian de relaciones.

Es siempre (a/b a sobre b, a = f(b) a en función de b) bajo una relación que las partes nos pertenecen o no nos pertenecen. Algunas partes de los cuerpos abandonan los cuerpos, toman otra relación -por ejemplo la relación del arsénico o la relación con el calor del clima-. Por otro lado, no dejamos de integrar partes con otras cuya relación se conviene. Cuando como, por ejemplo, hay partes extensivas de las que nos apropiamos (ej. común los alimentos) , lo implicamos es que esas partes abandonan la relación precedente que efectuaban para tomar una nueva relación, siendo esta una de nuestras propias relaciones.

Esto no cesa de funcionar (son funciones): choques, apropiaciones de partes, transformaciones de relaciones, composiciones al infinito, etc. Ahora bien, este estatuto de las partes exteriores unas a otras, que no cesan de reaccionar al mismo tiempo que los conjuntos infinitos en los que entran no dejan de variar, es precisamente el estatuto de las ideas inadecuadas, de las percepciones confusas y de los afectos pasivos, de los afectos-pasión que derivan de ellas. En otras palabras, es porque estamos compuestos de una infinidad de conjuntos infinitos de partes extensivas -exteriores entre sí- que tenemos continuamente percepciones de las cosas exteriores, percepciones de uno mismo, percepciones de uno mismo en las relaciones con las cosas exteriores, percepciones de las cosas exteriores en relación con uno mismo, etc.

Estamos frente a lo que constituye el mundo de los signos. Cuando se dice: «Esto es bueno» o «Esto es malo!», ¿qué son los signos «bueno» y «malo»? Esos signos inadecuados significan simplemente: «bueno» que encontramos en el exterior partes que convienen con mis propias partes bajo su relación y «malo» que hacemos encuentros igualmente exteriores con partes que no convienen bajo la relación en la que están. Decimos entonces que todo este dominio de los conjuntos infinitos de las partes exteriores unas a otras corresponde exactamente al primer género de conocimiento. Porque somos una inanidad de partes extrínsecas, tenemos percepciones inadecuadas. Todo el primer género de conocimiento corresponde a esta primera dimensión de la individualidad.

El problema de los géneros del conocimiento estaba ya lanzado por la pregunta spinozista: creíamos que estábamos condenados a lo inadecuado, ¿cómo explicar entonces la oportunidad que tenemos de salir de ese mundo confuso, de ese mundo inadecuado, de ese primer género de conocimiento? La respuesta de Spinoza es que existe un segundo género de conocimiento. En la Ética define el segundo género de conocimiento: es el conocimiento de las relaciones, de su composición y de su descomposición. No se puede decir más claramente que el segundo género de conocimiento corresponde a la segunda dimensión de la individualidad.

Entendiendo que las partes extrínsecas (extrínseco: adquirido o superpuesto a la naturaleza propia de algo) no son solamente extrínsecas las unas en relación a las otras, sino completamente extrínsecas, absolutamente extrínsecas, luego ¿qué es eso de decir entonces que partes extrínsecas me pertenecen? En Spinoza eso sólo quiere decir una cosa: que esas partes están determinadas, siempre desde el afuera, a entrar bajo tal o cual relación que me caracteriza. Ejemplo fuerte, ¿qué quiere decir morir? Quiere decir que las partes que me pertenecen bajo tal o cual relación son determinadas desde afuera a entrar bajo otra relación que no me caracteriza, sino que caracteriza a otra cosa. El primer género de conocimiento es entonces el conocimiento de los efectos de encuentro o de los efectos de acción y de interacción de las partes extrínsecas entre sí. No se lo puede definir mucho mejor. Los efectos causados por el choque o por el encuentro de las partes exteriores unas a otras define todo el primer género de conocimiento. Nuestra percepción natural es un efecto de los choques y desacuerdos entre partes exteriores que nos componen y partes exteriores que componen a otros cuerpos.

El segundo género de conocimiento es completamente de otro tipo. Es el conocimiento de las relaciones que componen y de las relaciones que componen a las otras cosas. Ya no se trata de los efectos del encuentro entre partes, sino del conocimiento de las relaciones, de la manera en que esas relaciones características de cada individualidad se componen con otras y de la manera en que las relaciones características y otras relaciones se descomponen. Este es un conocimiento adecuado. Y sólo puede ser adecuado, puesto que, a diferencia del conocimiento que se mantenía en recolectar efectos, este ahora es un conocimiento que se eleva a la comprensión de las causas. Verosímilmente, una relación cualquiera es una razón (a/b). Una relación cualquiera es la razón bajo la cual una infinidad de partes extensivas pertenecen a tal cuerpo antes que a tal otro. Entonces, el segundo género de conocimiento no es en absoluto un conocimiento abstracto. Simplemente insistimos en esto. Si se hiciera de éste un conocimiento abstracto, es todo Spinoza lo que se derrumba., mejor es a cada singular manera sentirlo, o presentirlo, desde el propio cuerpo.

Un error de los comentarios es que frecuentemente se dice: «Pero esto es como las matemáticas». Pero no son las matemáticas. Esto no tiene nada que ver con las matemáticas. Las matemáticas son simplemente un caso particular del segundo género de conocimiento. En efecto, las matemáticas pueden ser definidas como una teoría de las relaciones y de las proporciones -vean a Euclides por ejemplo-. Por lo tanto forman parte del segundo género. Pero pensar que el segundo género es un tipo de conocimiento matemático es una temeridad inadecuada, porque desde ese momento todo Spinoza se volvería abstracto que no lo fue. Las personas no regulamos nuestra vida matemáticamente. Y aquí se trata de asuntos de la vida.

Aprender algo, a ver un ejemplo nadar. ¿Qué sería el conocimiento del primer género? Voy, me lanzo y, como suele decirse, chapoteo. ¿Chapotear? La palabra indica bien que se trata de relaciones extrínsecas. A veces la ola me golpea, a veces me lleva. Son efectos de choque. Es decir, no conozco nada de la relación que se compone o se descompone, sólo recibo los efectos de partes extrínsecas. Las partes que me pertenecen son sacudidas, reciben el efecto del choque de las partes que pertenecen a la ola. Me río, o me asusto, según que la ola me haga reír o me provoque temor. Es la situación plena de los afectos-pasión: me divierte o me provoca miedo, o la pasión que fuera en cada caso.

Mientras estemos en el primer género de conocimiento, no dejaremos de decir: «Estos zapatos me hicieron daño». Y eso es exactamente lo mismo que decir: «El otro me hizo daño». No es porque los zapatos sean inanimados que no dejamos de decir que nos hizo daño. Decir «Pedro (Pierre*)me hizo mal» es tan desinteligente como decir «la piedra (pierre*)me hizo mal» o «la ola me hizo mal». Están al mismo nivel. Eso es el primer género. Si por el contrario sé nadar no quiere decir forzosamente que tenga un conocimiento matemático o físico o científico del movimiento de la ola. Quiere decir que tengo un saber hacer, un alegre saber hacer. Es decir, una especie de sentido del ritmo. Aprendo a componer directamente mis relaciones características con las relaciones de la ola. Eso ya no ocurre entre la ola y yo, ya no sucede entre partes extensivas -las partes acuosas de la ola y las partes de mi cuerpo-. Sucede entre relaciones: las relaciones que componen la ola, las que componen mi cuerpo, y mi habilidad, cuando sé nadar, de presentar mi cuerpo bajo relaciones que se componen directamente con las relaciones de la ola. Me hundo en el momento justo y salgo en el momento justo, evito la ola que se aproxima o, al contrario, me sirvo de ella, etc. Es más un arte lo la la composición de relaciones.

* en francés

Algo equivalente a nivel del amor.

Estamos trayendo ejemplos que no son matemáticos porque, de nuevo, las matemáticas son sólo un modo, como la teoría formal del segundo género de conocimiento y no el segundo género de conocimiento. Así las olas o el amor son lo mismo.

En un amor del primer género ustedes están perpetuamente en ese régimen de los encuentros entre partes extrínsecas. En cambio en lo que se llama «un gran amor» tienen una composición de relaciones. La dama de las camelias de Alejandro Dumas es el primer género de conocimiento. Pero en el segundo género de conocimiento se tiene una especie de composición de las relaciones unas con otras. Ya no están en el régimen de las ideas inadecuadas, es decir, del efecto de una parte sobre las mías, del efecto de una parte exterior o de un cuerpo exterior sobre el mío. Alcanzan un dominio mucho más profundo que es la composición de relaciones características de un cuerpo con las relaciones características de otro, y esa especie de flexibilidad o de ritmo que hace que ustedes puedan presentar su cuerpo -y entonces también su alma- bajo la relación que se compone más directamente con la relación del otro. Provocará la sensación de una extraña felicidad. Este es el segundo género de conocimiento.

¿Por qué hay un tercer género de conocimiento? Porque las relaciones no son las esencias. Spinoza nos dice que el tercer género de conocimiento o el conocimiento intuitivo va más allá de las relaciones, de su composición y de su descomposición. Es el conocimiento de las esencias. Este conocimiento va más allá de las relaciones, puesto que alcanza la esencia que se expresa en las relaciones, la esencia de la cual dependen mis relaciones. Si tales relaciones son las mías, si me caracterizan, es porque expresan mi esencia. ¿Qué es mi esencia? Es un grado de potencia. El conocimiento del tercer género es el conocimiento que ese grado de potencia tiene de sí mismo y de los otros grados de potencia. Esta vez se trata de un conocimiento de las esencias singulares. El segundo, y con mayor razón el tercer género de conocimiento, son perfectamente adecuados.

Los géneros de conocimiento son más que géneros de conocimiento: son modos de existencia, son maneras de vivir. Cada individuo posee las tres dimensiones: las partes extensivas, exteriores las unas a las otras, que nos pertenecen; las relaciones bajo las cuales esas partes nos pertenecen; y la esencia como grado . Pero no por eso posee los tres géneros de conocimiento, se puede muy bien permanecer en el primero.

No hay ninguna cosa singular-es decir, ningún individuo- en la naturaleza que no tenga otra más potente y más fuerte. Dada una cosa cualquiera, hay otra más potente que puede destruir a la primera. Axioma del Libro IV de la Ética.

La primera frase nos dice: dada una cosa, ella se define por su potencia; pero dado un grado de potencia —es decir una cosa en su esencia- hay siempre una potencia mayor. Hasta aquí comprendemos. Segunda frase: la primera cosa siempre puede ser destruida por la cosa más potente. Esto es muy molesto. De golpe nos decimos algo no entiendo. ¿Cómo habría un conocimiento adecuado de las esencias si ellas están en relaciones tales que una destruye a la otra?

Los que leen, lo que fuera y filosofía en particular, han comprendido luego de un tiempo que se necesita paciencia para leer. En el libro V, tenemos la proposición XXXVII. Ella contiene, después de su enunciado y de su demostración, una proposición fuera del esquema geométrico, bajo el título de «Escolio». Este escolio nos dice: el axioma de la cuarta parte concierne a las cosas singulares en tanto se las considera con relación a un cierto tiempo y un cierto lugar; de lo cual creo nadie duda.

Nos estaría diciendo, aunque no lo haga: El axioma de la destrucción, el axioma de la oposición -una esencia puede oponerse a otra al punto de destruirla- sólo se comprende cuando se consideran las cosas con relación a un cierto tiempo y un cierto lugar. No dice nada más, y tampoco es poco. Considerar las cosas en un cierto tiempo y un cierto lugar implica considerarlas en su existencia, considerarlas en tanto que existen, en tanto que han pasado a la existencia.

Una esencia pasa a la existencia cuando una infinidad de partes extensivas se encuentran determinadas desde afuera a pertenecerle bajo tal relación. Tenemos una esencia. Decimos que pasamos a la existencia cuando una infinidad de partes extensivas están determinadas desde afuera -es decir por choques que remiten a otras partes extensivas- a entrar bajo una relación que nos caracteriza. Antes no existíamos en la medida en que no teníamos esas partes extensivas. Nacer es eso. Nacemos cuando una infinidad de partes extensivas son determinadas desde afuera por el encuentro con otras partes a entrar bajo una relación que es la nuestra, es decir que nos caracteriza. Desde ese momento, tengo una relación con un cierto tiempo y un cierto lugar. El tiempo y el lugar de nuestro nacimiento son aquí y ahora.

La oposición es el esfuerzo respectivo de cada existente por apropiarse de partes extensivas haciendo que ellas efectúen la relación que corresponde a tal o cual individuo. En un sentido, puede decirse entonces que somos destruidos por otros más fuertes. Es el riesgo de la existencia. Y ese riesgo de la existencia hace una misma cosa con lo que llamamos la muerte. Una vez más, ¿qué es la muerte? Es el hecho, que Spinoza llamará necesario en el sentido de inevitable, de que las partes que me pertenecían bajo una de mis relaciones características dejen de pertenecerme y entren bajo otra relación que caracteriza a otros cuerpos. Es inevitable en virtud misma de la ley de la existencia. Una esencia encontrará siempre, bajo las condiciones de existencia, una esencia más fuerte que literalmente destruye la pertenencia de las partes extensivas a la primera esencia, recordemos el caso del arsénico.

Finalizamos hoy, y aquí, con la última proposición de la Ética, en un intento de presentar a donde nos lleva la lectura, estudio y desciframiento de la manera que nos resulte posible entender el objetivo pretendido por Baruch, no solo para él mismo sino también como lo indican sus tratados políticos, al resto de los existentes en una sociedad en cada época, ya que su lógica es intempestiva, cuando se la aprende.

Por una cuestión de principio, reemplazamos la palabra Dios del escrito por Naturaleza, equivalente en la concepción espinoziana de sustancia.

PROPOSICIÓN 42

La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma; ni gozamos de ella porque reprimimos las concupiscencias, sino que, al contrario, porque gozamos de ella, podemos reprimir las concupiscencias*.

Demostración:

La felicidad consiste en el amor a la Naturaleza, el cual nace del tercer género de conocimiento ; y por tanto, este amor debe ser referido al alma en cuanto “que actúa, y, en consecuencia , es la virtud misma: que era lo primero. Además, cuanto más goza el alma de este amor divino o felicidad, más entiende, esto es mayor poder tiene sobre los afectos y menos padece de los afectos que son malos. Y , por consiguiente, por gozar el alma de este amor potente o felicidad, tiene la potestad de reprimir las concupiscencias.

Y , como el poder humano de reprimir los afectos consiste en el solo entendimiento, se sigue que nadie goza de la felicidad porque reprimió sus afectos, sino que, al contrario, la potestad de reprimir las concupiscencias nace de la misma felicidad.

Escolio

Con esto he concluido cuanto me había propuesto mostrar acerca del poder del alma sobre los afectos y acerca de la libertad del alma. Y a partir de ahí resulta claro cuánto aventaja y es más poderoso el sabio que el ignorante, que se deja guiar por el solo apetito. Pues el ignorante, aparte de ser zarandeado de múltiples maneras por causas exteriores y no gozar nunca de la verdadera tranquilidad del ánimo, vive además como inconsciente de sí mismo y de la Naturaleza y de las cosas; y tan pronto deja de padecer, deja también de existir.
Por el contrario, el sabio, en cuanto que es considerado como tal, apenas si se conmueve en su ánimo, sino que, consciente de sí mismo y de la Naturaleza y de las cosas con cierta necesidad eterna, no deja nunca de existir, sino que goza siempre de la verdadera tranquilidad del ánimo. Y, si el camino que he demostrado que conduce aquí, parece sumamente difícil, puede, no obstante, ser hallado. Difícil sin duda tiene que ser lo que tan rara vez se halla. Pues, ¿cómo podría suceder que, si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera ser encontrada sin gran esfuerzo, fuera por casi todos despreciada?
Pero todo lo excelso es tan difícil como raro*.

114 Volviendo al presente. [6]

Solo para nadie y para todos

Volver al presente. Humano

Baruch

Terminamos el anterior: El ánimo ( el alma espinozista ) como idéntico a lo extenso del espíritu ( el pensamiento ) causa efecto reciproco, y se manifiesta en el cuerpo como sensaciones, antes se las llamaba pasiones, con Freud pulsiones. Es el alma que se expresa como alegría, tristeza, dolor, angustia, pérdida de identidad, expectativa, deseo, poder de algo, falta, fantasías, ilusiones, alucinaciones, voluntad dijo Schopenhauer, voluntad de poder, Nietzsche, arquetipo Jung, obediencia a las tablas, Moisés, demasiado.

Más cerca o más lejos, a partir de distintos paradigmas, algunos sapiens dan cuenta de la multiplicidad del modo de ser humano. Dan cuenta: lo percibieron, se dieron cuenta y lo pensaron y expusieron cada quien en su propio nombre. Como se dijo en capítulos anteriores, no existía la ciencia que pusiera aportar más elementos de fundamentación, y posiblemente aún así lo siga siendo.

Que hoy día, desde lo actual del progreso científico, con toda la parafernalia tecnológica disponible, aún se mantengan fundamentos como conjeturas es propio de las velocidades relativas entre lentitud científica y rapidez del la cosmología del pensamiento. Las cuestiones físico químicas preexisten a su entendimiento, están desde un principio y que la ciencia las vaya interpretando es lo actual en la flecha del tiempo que lleva ya 14 mil millones de años cronológicos. Las leyes de la naturaleza son siempre iguales, que aún muchas las ignoremos es lo mismo, se seguirán cumpliendo.

La Filosofía, nacida desde la observación racional y pensante de los cielos, sus regularidades y el poder ser de los hombres y su posibilidad diferencial de pensar, permitió el comienzo de las ciencias, pero neutralizó su acierto brindando fundamentos a la fantasía e ilusión mágicas o religiosas y a muchas otras maneras equivalentes. Y así estamos. Es una época aún grave, o gravísima según Heidegger, porque aún no aprendemos a pensar, y nos aventuramos a agregar desde la sensación de la experiencia cotidiana, que cada vez menos. Lo conjeturamos 70 años después que Heidegger abriera a la posibilidad de empezar, al menos, a pensarlo. Luego Deleuze y Guattari develaron la realización actualizada de la ezquizofrenia en las sociedades actuales, En la estratificación combinada de ambos momentos, nace la conjetura.

Entre la físico química del pensamiento y sus relaciones con otras partes somáticas que producen la sensación, o viceversa que las sensaciones provocan percepción al pensamiento, decimos, aún la complejidad sistema espacio-tiempo de un cuerpo humano, algo debería estar ocurriendo a cada instante, al infinitesimal de la duración de la transmisión que el sistema permita. Y claramente nos detenemos en esta postulación, porque entendemos hay bastante que aprender de los que lo pensaron y expusieron en su propio nombre .

El hombre spinoziano no es sustancia, sino modo; el alma es modo del pensamiento, y el cuerpo, modo de la extensión. Alma y cuerpo no se relacionan como dos sustancias, sino como una idea y su objeto; el cuerpo es el objeto primero del alma y el alma es idea del cuerpo.

Explayemos un poco. Spinoza propone una única sustancia, a que no tan convencionalmente (por permitida en el paradigma de su época) llama dios, aunque no tardemos en entenderla como Naturaleza, extendida a la posibilidad del todo cósmico. Alma y cuerpo no se relacionan como dos sustancias, porque solo hay una, Expresa pensamiento y cuerpo se relacionan uno a otro, desde la lógica de la expresión de su entendimiento,

Agrega: Ahora bien, como nuestro cuerpo es una especie de proporción o armonía de movimiento y reposo, y está continuamente sometido al impacto de los múltiples y variadísimos cuerpos que lo rodean, nuestra alma refleja esos choques e impactos y, a través de ellos (afecciones corporales), conoce los cuerpos externos. He ahí la imaginación: un conocimiento esencialmente condicionado por la situación de nuestro propio cuerpo, por nuestro temperamento, nuestra experiencia previa y nuestros prejuicios individuales.

Aún desde la ignorancia de las infinitas posibilidades físico químicas que se transmitan, decimos, Spinoza las anticipa en los términos del lenguaje que puede utilizar. Y destacamos en esto el asunto del lenguaje que está directamente relacionado con la necesidad de convencionar los contenidos del pensamiento, para su posible transmisión a otros sapiens que están cerca, justo frente al que algo dice necesariamente devenido cierta clase de pensamiento antes de eso.

Las formas en que pueda devenir un pensamiento no aprendido lo extenderemos más adelante en referencia a Freud, o a Schopenhauer, o a Nietzsche, o porque no a Marx, aunque ya Spinoza, antes que todos ellos lo haya intuido y que anticipa como provenientes de nuestro temperamento, nuestra experiencia previa y nuestros prejuicios individuales, que además de inevitables son siempre singulares a cada sapiens existente.

A partir de esta idea del hombre, como ser imaginativo, que sólo percibe los cuerpos externos a través de su propio cuerpo, define Spinoza los afectos o sentimientos.

Los afectos humanos son la vivencia en la imaginación, es decir, las ideas de nuestras afecciones corporales . Tienen, pues, las mismas características que la imaginación y se rigen por sus mismas leyes. Los sentimientos son subjetivos, porque la imaginación refleja más la situación de nuestro cuerpo que la naturaleza de los cuerpos externos. Son inciertos y azarosos, adoptan el carácter de pasión, de algo que se nos impone del exterior y nos sorprende a cada paso, porque la imaginación capta consecuencias sin sus premisas, es decir, fenómenos sin sus causas.

Se refuerzan y debilitan, se mezclan y entrecruzan, se comunican y difunden de las formas más extrañas y sorprendentes, sin que podamos evitarlo, porque se rigen y gobiernan por las leyes de asociación de imágenes (semejanza, contigüidad y contraste), que son tan necesarias como las leyes de choque
de los cuerpos.

Así, preliminarmente lo expresaba Spinoza. Claro, apenas se conocían las matemáticas de Isaac Newton y la reciente física más moderna de Descartes, y no es menor que su obra principal esté expuesta al modo geométrico. Inferimos de lo hasta aquí resumido su intuición que la mundanidad debía cumplir con ciertas legalidades propias de la Sustancia, de la que de sus infinitos modos el hombre, y usando palabras, solo dispone de dos.

Con dos mínimas clarificaciones, en referencia a esta primera parte con Baruch, no nos estamos saliendo hasta este momento de un hombre individual (o sea postergamos lo social), y segundo, por lo tanto se habrá de seguir con él.

Schopenhauer

Textual del comienzo de Sobre la voluntad en la naturaleza:

El rasgo fundamental de mi doctrina, lo que la coloca en contraposición con todas las que han existido, es la total separación que establece entre la voluntad y la inteligencia, entidades que han considerado los filósofos, todos mis predecesores, como inseparables y hasta como condicionada la voluntad por el conocimiento, que es para ellos el fondo de nuestro ser espiritual, y cual una mera función, por lo tanto, la voluntad del conocimiento. Esta separación, esta disociación del yo o del alma, tanto tiempo indivisible, en dos elementos heterogéneos, es para la filosofía lo que el análisis del agua ha sido para la química, si bien este análisis fue reconocido al cabo. En mi doctrina, lo eterno e indestructible en el hombre, lo que forma en él el principio de vida, no es el alma, sino que es, sirviéndonos de una expresión química, el radical del alma, la voluntad. La llamada alma, es ya compuesta; es la combinación de la voluntad con el nous, el intelecto. Este intelecto es lo secundario, el posterius del organismo, por éste condicionado, como función que es la del cerebro. La voluntad, por el contrario, es lo primario, el prius del organismo, aquello por lo que éste (el pensamiento) se condiciona. Puesto que la voluntad es aquella esencia en sí, que se manifiesta primeramente en la representación (mera función cerebral esta), cual un cuerpo orgánico, resulta que tan sólo en la representación se le da a cada uno el cuerpo como algo extenso, articulado, orgánico, no fuera ni inmediatamente en la propia conciencia”.

No estudiaremos aquí a Arthur Schopenhauer, si explanaremos lo que adviene a nuestro modo de pensar cuando lo hacemos. Si aún no aprendemos a pensar, reconocemos la ayuda que a la distancia de dos 2 siglos nos puede agregar. De nuevo, expresa en sus palabras posibles contenidos de pensamiento que debemos aprender a escuchar (un forma elíptica de referir a su lectura o estudio). Había épocas en que era considerado conveniente, no solo leer los textos en voz alta, además de tomar las notas que que nos ayudarían a recordar lo que despertaba la atención en su momento, ya que después eran relocalizadas a una memoria latente , no consciente.

Advirtamos, como una mínima cuestión de contexto, que Schopenhauer es considerado uno de los más brillantes pensadores del siglo XIX y de más influencia en el siglo XX, siendo el máximo representante del pesimismo filosófico, adversario del idealismo hegeliano propone un “pensar hasta el fondo” la filosofía de Kant, y se inspiran en cosas de Platón y Spinoza, y como casi podríamos decir un postidealismo o idealismo trascendental y que acerca las alternativas no tan pesimistas de la filosofía oriental. Muerto el héroe filosófico de la época, Hegel, al casi final de su vida su obra empieza a ser más leído y reconocido. De su lectura cabe dar cuenta de una potente inteligencia que al menos a algunos nos asombra.

Si nos escuchamos poder pensar que el intelecto es lo secundario, lo posterior en el organismo que es un sapiens (un volumen de espacio-tiempo aludirá más tarde Schrödinger), por éste condicionado. La voluntad, por el contrario, es lo primario del organismo, aquello por lo que luego el pensamiento se condiciona. Pura voluntad de persistir en su ser sustancial en el mundo, ya adelantada por Spinoza pero ahora expuesta como fuerza natural, como un radical del alma lo dice, como una raíz que permite lo otro.

Resuenan las metáforas propias de cada posibilidad de expresar con lo arbitrario de las palabras, contenidos bulliciosos de pensamiento. Lo bullicioso proviene, decimos (y cuando decimos no lo arrogamos como valor de verdad, sino como resultado dicho en palabras, algo de lo que se deriva de nuestros contenidos propios de la consciencia que nos aporta el pensamiento en el contexto en el cual nos estamos expresando) de la enorme actividad de intercambio de energías físico químicas, entre cada una de las partes de nuestro organismo. Este organismo se constituyó, como lo revisamos en capítulos anteriores desde formaciones específicas que en el transcurso de las transformaciones entre las infinitas posibles dieron lugar a los cuasicristales, que como ADN, admiten la reproducción de los organismos, sus modos de existencia concreta y el fenómeno que luego se bautizará como Vida, en este planeta al menos. Si a la luz de la posibilidad de las ciencias hoy, no disponibles ni para Spinoza, ni para Schopenhauer, ni para Nietzsche ni para Freud en sus momentos, hoy atrevemos una conjetura más cerca de las leyes que rigen el cosmos que entendemos conocer, es nada más porque la ciencia aporta nuevas posibilidades, que antes claramente no estaban disponibles. De nuevo, el hombre es anterior a las ciencias. Por lo tanto nuestro paradigma nos permite hoy adicionar a las formas de expresar la misma humanidad con criterios algo más ampliados. Por eso decimos, decimos.

Solo haberlo nombrado a Schopenhauer, y con solo una preliminar irrupción de su concepto de la voluntad, no solo reencontramos la anterior mención a los cuestiones de Spinoza, también preliminares, sino que además nos abre vías de articulación con lo que intentamos decir hoy cuando decimos. Casi una primera correlación entre sapiens en su devenir.

Una última observación antes de pasar a Nietzsche, nos enteramos desde lo profundo de la historia occidental, que algunos ante la fuerza superior, que Schopenhauer nombra voluntad, y ante la intuición de algo que prevalece en la constitución humana ignorando cualquier grado de conocimiento imposible para su época, inventaron el concepto de Dios, no en minúscula como hizo Aristóteles, sino con mayúscula y ortorgándole a la palabra y su representación una fuerza divina que los míticos asignaban a sus héroes imaginarios. Que luego essa palabra en mayúscula se impusiera de alguna mística manera, y con el poder de la imposición hiciera lo que hizo, es otra historia que seguramente retomaremos en otros capítulos, aunque no estuvieran sino nombrando la misma voluntad schopenhauriana, desde la ignorancia y cierta inconsciente cuenta de la prevalencia de la Naturaleza.

Nietzsche

Hemos expuesto muchas cosas acerca de Nietzsche en este lugar. Agregaremos ahora alguna nueva consideración, desearíamos intempestiva, en función de la escucha de algunas partes de su obra que se convienen con lo aquí, en este capítulo, planteado. No dejó de reconocer en su juventud Friedrich que Schopenhauer fue uno de sus “maestros” cuando aún oscilaba desde la filología hacia cierta independencia filosófica.

Sobre La voluntad de poder.

Todos los grandes temas de la filosofía de Nietzsche, el nihilismo, la crítica de la metafísica, la religión y la moral, la doctrina del Eterno Retorno y la Transmutación de los Valores, se dan cita en esta gran obra, cuyo nudo argumenta! lo constituye precisamente el estudio de la Voluntad de Poder. En el el libro III «Fundamentos de una nueva valoración», apunta en un doble sentido. En primer lugar nos proporciona una aproximación al concepto de Voluntad
de Poder: es el principio a partir del cual se determinan los valores. En segundo lugar sugiere la necesidad de una nueva valoración, ya que… un fantasma recorre Europa: el nihilismo.

La gran noticia se propaga: Dios ha muerto, y con él todo el reino de los valores suprasensibles, de las normas y de los fines que hasta ahora habían regido la existencia humana. Ya no es posible continuar engañándose con el espejismo de la trascendencia. La idea de otro mundo superior al nuestro, donde reinan desde siempre y para siempre el Bien, la Verdad y la Justicia, se nos revela como la falsa proyección de nuestros deseos en un más allá inexistente. No hay nada que
ver detrás del telón: ese mundo ajeno al cambio, a la muerte, al dolor y a la mentira no es otra cosa que la pura nada, un ideal vacío, una mentira piadosa que hemos confeccionado invirtiendo los caracteres de nuestro mundo real que estimamos indigno de ser vivido por sí mismo. Y «ahora que se hace claro el mezquino origen de estos valores, nos parece que el universo se desvaloriza, “pierde su sentido”…»
(el nihilismo).

Son solo dos párrafos de la insistente obra de Nietzsche, primero consigo mismo y a partir de su sensación y posterior inteligencia su interpretación en nombre propio de lo que hace frente en el humano que lo rodea. Son párrafos póstumos, y retornemos por un momento a otros de su juventud, todavía en Basilea. Sobre Verdad y Mentira en Sentido extramoral:

En un apartado rincón del universo donde brillan innumerables sistemas solares,
hubo una vez un astro en el que unos animales inteligentes descubrieron el conocimiento. Fue el minuto más engreído y engañoso de la «historia universal», aunque, a fin de cuentas, no dejó de ser un minuto. Tras un breve respiro de la naturaleza, aquel astro se heló y los animales inteligentes hubieron de morir.
Aunque alguien hubiera ideado una fábula así, no habría ilustrado suficientemente el estado tan sombrío, lamentable y efímero en que se encuentra el intelecto humano dentro del conjunto de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existió, y cuando desaparezca, no habrá ocurrido nada, puesto que ese intelecto no tiene ninguna misión que vaya más allá de la vida humana”.

Otro párrafo:

Sólo mediante el olvido puede el hombre llegar a pensar alguna vez que posee una verdad en el sentido que acabo de reseñar (Estas convenciones linguísticas productos del conocimiento y sentido de la verdad que se proponen) . A menos que se contente con meras tautologías, esto es, con cascaras vacías de contenido, estará constantemente tomando ilusiones por verdades. ¿Qué es una palabra? La transcripción en sonidos de una excitación nerviosa. Ahora bien, deducir d e una excitación nerviosa que existe fuera de nosotros una causa de la misma supone ya una utilización abusiva e injustificada del principio de razón. Si en el origen del lenguaje la verdad fuera el único factor determinante y la certeza el criterio definitivo para designar todas las cosas, ¿de qué manera podríamos, entonces, decir con propiedad que «la piedra es dura», como si captáramos lo «duro» de una forma distinta a la mera excitación subjetiva?

Volvemos:

Nos aparece al escucharlo a Friedrich, que ya desde un comienzo de su obra disponía de los conceptos que después refinaría, ampliaría y profundizaría hasta donde pocos han llegado. Para el objeto de esta parte es como reencontrar con la afirmación que la vida está antes del pensamiento, que nos fue dotado a los sapiens.

Una aproximación al concepto de Voluntad de Poder: es el principio a partir del cual se determinan los valores. Nos encontramos así con dos formas de negación de la vida aparentemente opuestas, pero rigurosamente complementarias: el nihilismo pesimista y el «optimismo» metafísico del Idealismo. La primera es tan solo la consecuencia lógica de la segunda que contiene ya, en sí misma, el germen del nihilismo, pues el fundamento de sus valores no es otra cosa que la pura nada, el niliil. Constituye así un nihilismo inconsciente que ignora su propia mentira como tal mentira. Cuando esta mentira se desvela a la conciencia, irrumpe el nihilism queo propiamente dicho. Pero, en definitiva, la historia de la humanidad desde Platón y el cristianismo hasta… ¿cuándo?, es siempre la historia de un «tedium vitae» cada vez más pronunciado.

Podemos llegar a entender, más propiamente de estas consideraciones, si intempestivas, de Nietzsche que la secuencia que viene desde Spinoza y continúa con Schopenhauer se va refinando. Si la vida que es lo primario y que dispone de la voluntad que es la de la naturaleza, luego permite contenidos de pensamiento y estos idealizan ilusoriamente (inconscientemente lo nombre Friedrich) se prevalencia, el mundo humano parece haber entendido las cosas al revés, y actuado en consecuencia proponiendo valores que nos eran, por simple cuestión de principios cronológicos, y para eso no quedaba más opción que la imposición convencional de sus valores apodípticos, Entendemos con eso que la Voluntad de Poder nietzscheana como un retorno a la determinación de valores que provengan de la tierra, de la vida misma, no de la infinidad de metáforas que los pensamientos imaginativos promovieron desde la simple ignorancia de su propia condición y posibilidad. Y así nos va…..

Nietzsche va completando el círculo al que el auto engaño del entendimiento, y las las ciencias naturales estaban en su modo de concepción dentro del mismo. Harán falta Freud y Schrödinger, para sacarlas de ese lugar. Schrödinger en cuanto a la apertura de la complejidad del fenómeno de la vida para la física moderna y brindando, desde su humildad de físico (nobel) ingenuo la opción de empezar a entenderla como hecho de la naturaleza. Freud, antes y con cierta intuición de los que luego podrá validarse en los laboratorios de los científicos, el más importante en cuanto a desvelar los modos en los que los pensamientos son gobernados por otras instancias de la que denomina la constitución anímica, y que para nada tendrán que ver con las fantasías que anticipaban Schopenhauer y Nietzsche.

Sigmund

Sigmund Freud fue un descubridor, como antes Galileo y Darwin, que descentralizan la ilusión anticipada con Nietzsche del hombre sapiens ombligo del mundo. Galileo demuestra que este planeta Tierra no es el centro de Universo, Darwin que la criatura hombre no es ni divina ni la suprema creación, sino solo un escalón más en la evolución de una especie orgánica en las condiciones en que el fenómeno de la vida se presentó en el contexto de la Naturaleza, Freud agregará algo así como que no somos dueños de nuestras motivaciones y obramos en función de designios ignorados. Este último es uno de los puntos más resistidos del psicoanálisis que Freud funda), por cuanto se inscribe contra toda evidencia inmediata y pone en cuestión las motivaciones yoicoconciencialistas de raíz ilusoria. (Agradecemos a Roberto Harari , el neologismo resume inteligentemente hacia lo que señala el camino)

Sigmund se gradúa en neurología, lo que nos va indicando que su trayecto que si bien parte de los paradigmas científicos de su época donde la física era el modelo más reconocido, y desde el que va transitando arduamente, y desde su experiencia clínica, hasta verse obligado a apartarse de la incapacidad de explicar con esos paradigmas las cuestiones del hombre, tal como el iba conociendo no solo en los hospitales, universidades su consultorio, sino y sobre todo en sí mismo. El se constituyó en su propio laboratorio, y los resultados de su entendimiento e interpretación de ese entendimiento derivaron en su obra y pretensión nunca acabada de fundar al psicoanálisis como ciencia, del tipo de las que él había partido.

No vamos a repetir cuestiones ya expuestas pero que ayudarían en este caso a detallar un poco más el sendero por que transitamos:

( https://cuestionesfilosoficas.com/2017/04/22/la-cuestion-de-pensar/ )

Freud si bien intenta apelar a un modelo científico acerca de sus apercepciones después de una pasantía en el Hôpital de la Salpêtrièr con Charcot, su pretensión esbozada en su Proyecto de una psicología para neurólogos, lo abandona y nunca se publica sino póstumamente, aunque debemos entender que claramente le queda la experiencia de haberlo masticado, pensado a su manera, escrito, revisado,

El tratado fue escrito en 1895, antes de la identificación de lo inconsciente en tanto tal aun insinuado de otras formas, y entre idas y vueltas que muestran un esfuerzo importante en mantener irrefutables sus inferencias, que se documentan en la correspondencia y encuentros mantenidos con Wilhelm Fliess termina encajonando su tratado, hasta que 50 años después es publicado. En algún momento le escribe a Fliess: <<trataba de encontrar el núcleo de la defensa pero hallé que eso me llevaba a explicar algo que pertenece al núcleo de la naturaleza.>>.

El nuevo y descubierto por Freud fue el concepto, en cuanto posibilidad de modo no digamos de pensamiento sino de cierta fenomenalidad, del inconciente (hay una convención ortográfica de validar como iguales las palabras escritas inconsciente e inconciente, como sus opuestos consciente e conciente). Uno de su párrafos en una de su inmensa obra expresa en palabras posibles: “Son abundatísimas las fantasías inconcientes que tienen que permanecer tales a causa de su contenido y por provenir de material reprimido. Una mayor profundización en los caracteres de estas fantasías diurnas nos enseña que con todo derecho conviene a estas formaciones
el mismo nombre que llevan nuestras producciones mentales nocturnas: el nombre de sueños. Tienen en común con los sueños nocturnos una parte esencial de sus propiedades; su estudio habría podido abrirnos, en verdad, el más directo y mejor acceso para la inteligencia de estos. Como los sueños, ellas son cumplimientos de deseo”.

Si bien traído desde lo profundo de la filosofía, desde El Banquete de Platón, como ejemplo muy preliminar, nunca se estatuyó la palabra deseo como radical inconsciente. Antes de Freud no existía la palabra inconsciente como algo reprimido. En todo el caso se la usaba como olvidados o carente de ser pensado, casi como la voluntad schopenauriana. El deseo ignorado, con cualquiera de la procedencias que que se pretenderla asignarle, es el freudiano. Antes se lo nombraba como la pasión spinozista como afecto puesto en imaginación del alma,

El deseo es el movimiento de algo que va hacia lo otro como hacia lo que le falta a sí mismo. Eso quiere decir que lo otro está presente en quien desea y lo está en forma de ausencia. Quien desea ya tiene lo que le falta, de otro modo no lo desearía, y no lo
tiene, no lo conoce, puesto que de otro modo tampoco lo desearía… Lo esencial del deseo estriba en esta estructura que combina la presencia y la ausencia. La combinación no es accidental: existe el deseo en la medida en que lo presente está ausente a sí mismo o lo ausente presente.”
Lyotard ¿Por qué filosofar ?. 1989.

Ninguno antes, y muchos después de Freud, dieron cuenta de la supremacía inconciente de la sujetación de lo que llamamos pensar. El hombre ya no debería creerse que es lo que creía que era, dueño del universo y de la naturaleza.

En términos bruscos, el hombre no es dueño de nada más que su corta vida, que bien haría en sentirse humilde frente a lo que realmente se la posibilita y entendiéndola a su mejor modo posible, no solo disfrutarla sino además entenderse en la infinitud de su volumen espacio-temporal, y es quizá una expresión de deseo que así como no pueden eludir la legalidad de la Naturaleza que los admite como seres vivos, de la especie sapiens, tampoco eludan la cautela necesaria y respeto que se merecen cualquieras otros modos que el contexto que les rodea, creados por la misma físico-química que a cada cosa o quién se trate, porque tienen el mismo origen. Lo orgánico es efímero, y en cuanto efímero, a un sapiens que dé cuenta de ello que en lugar de fantasiar poderes que no le son otorgados por su condición, alegren su corto tiempo y el de los otros que lo rodean. Ya volveremos con la cuestión de la alegría y la tristeza.

Hasta aquí hoy. Queda muchísimo por repensar.

109 Volviendo al presente. [1]

Parte Uno: Primero la Vida

Habíamos finalizado Memorias del Futuro ( https://wordpress.com/block-editor/post/cuestionesfilosoficas.com/12545 ) con:

Queda el hombre esencial como expectativa, que asombrado de la nueva realidad del mundo que hace frente, salga del letargo y se ponga a pensar, y que en ese camino dando cuenta de la absurdidad del destino que depararía el futuro que aún no existe bajo el dominio de la nueva lógica, retorne a las leyes que la naturaleza le otorgó en su origen, sepa discernir las cosas en nombre propio y vuelva a disfrutar primero y concretar en acciones después su espiritualidad, tal fuera devenido en la Naturaleza que lo permitió. Y si así no ocurriera, ya podríamos mencionar, que el hombre, como tal, sapiens, está en vías de extinción antes del final cósmico que ya está reservado por las leyes del Universo.

No alejamos tanto el camino inicial que elegimos. La imagen que se compone es la que tal vez encontremos la posibilidad de abrir nuevas vías al pensamiento que despenalicen el sentimiento trágico que se desprende del fenómeno humano en lo cotidiano, quizá demasiado humano.

Imaginamos una secuencia como la de primero la vida, luego el hombre sapiens, y lo presente tal cual en este mundo (que es humano).

Nos motiva que cual soldados echados a su suerte, mientras comen el rancho miserable, la noche se echa encima y la oscuridad oculta por unas horas el espeluznante panorama. Pero el horror no descansa. [Julio Alejandre]

Es un reto a la razón, con la que recorriendo senderos pequeños y a veces azarosos fuimos encontrando señales que nos aproximan al camino elegido. Aprendimos de los maestros que pensar es rebelde y hablar peligroso, salvo constricción reconstruida luego de casi la nada. Necesitamos empezar por algún, al menos convencional, principio. Y si queremos dilucidar el pensar y como mejor hacerlo, partimos que tal cualidad requiere primero de la condición vida. Ilusionamos que modos de pensamiento renovados permitan mejores condiciones en la que el horror se diluya en la energía oscura del cosmos.

“Ello funciona por todas partes, bien sin parar, bien discontinuo”.

Ese ello, nombrado al inicio del Antiedipo guattari-deleuziano, tal vez refiera al Id de Freud. Y podemos agregar que análogo funcionamiento es el del cosmos, el principio de lo que entendemos hoy son o permiten a las cosas ser. Palabrita complicada ser, desde el descubrimiento de la razón y olivada demasiadas veces en la jerga infinita de los discursos que nos asedian.

El término vida (en latín: vita),​desde la biología, referencia a aquello que distingue a los reinos animal, vegetal, hongos, protistas, arqueas y bacterias del resto de las entes naturales. Implica capacidades de organización, crecimiento, metabolismo, respuesta a estímulos externos, reproducción y muerte.

Hoy día se supone que el fenómeno vida aparece en la Tierra hace unos 4 mil millones de años.

La Tierra es el único lugar del Universo del que se sabe que hay vida; cuna y hogar de la Humanidad, y de todas las formas de vida conocidas.

¿Cómo pueden la Física y la Química dar cuenta de los fenómenos espacio-temporales que tienen lugar dentro de los límites espaciales de un organismo vivo?
La respuesta preliminar puede resumirse así:
La evidente incapacidad de la Física y la Química actuales para tratar tales fenómenos no significa en absoluto que ello sea imposible. (Erwin Schrödinger. ¿Que es la Vida?.

Los objetos originales de la Física y la Química no incluían los organismos vivos. Se ocuparon de muchas cosas, desde el consentimiento que ellos los científicos, podrían explicar muchas cosas a partir que primero estaban vivos y además podían pensar razonablemente. Las primeras concepciones acerca de la transmutación de la química orgánica a la de formaciones vivas, es el inicio de la biología. La razón era un descubrimiento griego complementario a la capacidad ignorada por la especie sapiens hasta ese momento de poder ejercerla. Luego devendrán las ciencias. Comenzando por el atomismo de Demócrito, la geometría de Euclides y el misterio de Thales y sus matemáticas, que aún sus asombrosas inferencias y postulados, no podían interesarse en la vida como fenómeno preliminar y la capacidad de pensamiento liminar que los incluía. De todas maneras se fueron como articulando las unas y las otras y precisamente en esos andamos por estos senderos que nos acercan al camino buscado.

Hoy por hoy, dado al ingenioso trabajo realizado durante los últimos cien años por los biólogos, especialmente por los genetistas y los recursos tecnológicos disponibles, se conoce lo suficiente acerca de la estructura material y del funcionamiento de los organismos para afirmar que, y ver exactamente por qué, la Física y la Química no pueden explicar lo que sucede en el propio espacio y tiempo dentro de un organismo vivo.

La disposición de los átomos en las partes más esenciales de un organismo, y su mutua interacción, difieren de modo fundamental de todos aquellos casos que hasta no hace mucho han ocupado, teórica o experimentalmente, a físicos y químicos. Ahora bien, la diferencia que admitimos en denominar fundamental tiene tal naturaleza que fácilmente podría parecer insignificante a todo aquel que no sea físico, y que no esté, por tanto, profundamente compenetrado con el conocimiento de que las leyes físicas y químicas son esencialmente estadísticas. Es en relación con el punto de vista estadístico donde la estructura de las partes esenciales de los organismos vivos se diferencia de un modo profundo de cualquier otra porción de materia que los físicos y químicos, hayan manejado observado experimentalmente en el laboratorio o infiriendo cosas desde el escritorio. Resulta casi inimaginable que las leyes y regularidades así descubiertas puedan aplicarse inmediatamente al comportamiento de sistemas que no presentan la estructura en la que están basadas esas leyes y regularidades.

No puede esperarse que alguien ajeno a la estas ciencias capte el sentido (y mucho menos aprecie el alcance) de esta diferencia en la estructura estadística si se expresa, como se ha hecho, en unos términos tan abstractos.

Con el fin de dar un tono vital y accesible a la afirmación, permitámonos anticipar lo que sera explicado más adelante con más detalle, concretamente, que la parte más esencial de una célula viva (la fibra cromosómica) puede muy bien ser denominada un cristal aperiódico. En Física, solo se había tratado con cristales periódicos. Para la las concepciones de humildes físicos, estos últimos son objetos complicados e interesantes: constituyen una de las más complejas y fascinantes estructuras materiales que confunden su comprensión de la naturaleza. Pero, comparados con el cristal aperiódico, resultan bastante sencillos y aburridos. La diferencia entre ambas estructuras viene a ser como la existente entre un papel pintado de pared, en el que el mismo dibujo se repite una y otra vez en períodos regulares, y una obra maestra del bordado, por ejemplo, un tapiz de Rafael, que no presenta una repetición tediosa, sino un diseño elaborado, coherente y lleno de sentido, trazado por el gran maestro. (E.S. ¿Q.E.L.V?)

Decimos, conviene ir lentamente, estamos entrando en un sendero donde percibimos otro que se cruza, ya antes paralelo pero soslayado por la simple inercia de seguir adelante por el propio del que no habíamos dado cuenta. Algo que intuiamos, puede soslayarse para no desviarnos de la dirección que suponíamos originalmente acertada, o también se puede hacer un alto, como suspensión al menos parcial, para atender a lo señalado por el nuevo, antes de seguir adelante.

Mucho se ha discutido de preeminencias entre filosofía y ciencia. La una sustentando a la otra por precedente y la otra refutando a la primera por enfocada en objeto en particular y escasa evidencia experimental.

Para nada entraremos en un nudo gordiano que no se pueda soltar ni haya que cortar con el filo de una espada poderosa que ya haya prefijado un camino. En el remanso de la suspensión parcial del andar del propio pensamiento, mejor quisiéramos atenernos al menos a la oportunidad de arrimar los senderos, primero porque nos decimos que no nos es conveniente arrogarnos una determinada fuerza preestablecida, como la del que mueve la espada filosa, ni obturar la posibilidad de complementar y abrir la visión del campo con otras, si demostraran la misma honestidad con la que emprendimos y pretendemos de la propia.

108 Volviendo al presente. Introducción

Introducción

El gran aventurero de estos tiempos es el padre de familia que hará todo lo que las fuerzas le dén para salvaguardar a su familia de todos los infinitos riesgos que el mundo le presenta. Por más peyorativamente que la sociedad del statu quo lo nombre.

Quizá un poco cansados de lo peyorativo, herencia agónica de la dialéctica entre los hombres, donde alguien se impone, por unas u otras formas, del resto, contando de cierta supuesta autoridad de ese “poder”, que su tiempo presente otorga.

Uno no ama a un pueblo sino a los solamente amigos. Y eso es bravo. Aunque se repita casi el infinito de la historia del hombre. El hombre libre es el que no acepta ningún tipo de coacción, nada que obstaculice su posibilidad de pensamiento en nombre propio. El parrieastés es el que solo necesita decir la verdad de la forma que fuera, por fuera de toda forma de sujeción y coactiva. Entre amantes y necesitados de verdad, suceden demasiadas cosas en el mundo, que es humano.

La idea kantiana de humanidad es la única que nos puede sacar de la de la raza, única garantía de que los racismos dejen de existir, uno de tantos peligros de ese mundo. Que al ocurrir en existencia matan a la gente por simple idealismo, que no es sino pura ilusión.

No podemos no pensar, desde el momento en que nacimos. Y las cuestiones entre los hombres son el objeto desde siempre luego de entendido el logos y los comienzos de la filosofía.

Con cierto conocimiento de la historia daremos cuenta de lo grande, lo glorioso, lo bárbaro, lo cruel, y lo más bajo del hombre. Y entendemos que ninguno de sus modos puedan ser independientes del pensamiento. Se siente y se piensa, cuerpo y alma, que no pueden estar disociadas ya que residen en el mismo único volumen en medio de otro enorme que lo rodea. Es el mundo que hace frente. Mundo pequeño dentro de un cosmos.

Sentimos y pensamos el sentimiento, ese afecto que efectúa, de muchas maneras. a partir de las causas que lo provocan. Y partimos del a priori de la única, singular, e insoslayable propia experiencia. Nos lo decimos quizá no de una primera vez, lo que la infinitud de modos de pensar y actuar del hombre, no en general, si en singular o en formas de agenciamientos en grupos de ellos, que asombran desde desde la admiración hasta el espanto.

El espanto de las miserias provocadas por el hombre lobo sobre otros hombres más mansos y obedientes, aún las leyes que hayan establecido entre ellos, nos asoma a una desobediencia de esas mismas leyes propuestas desde la inteligencia de la convivencia de sociedades conglomeradas donde sin ellas todo sería permisible. Aún colectivamente establecidas esas legalidades, hay demasiados que las ignoran, o peor aún, conociéndolas no las acatan, en perjuicio del resto, sin límites ni respeto a lo más elemental, que es la propia vida. Se matan muchos seres vivos, entre otros al hombre mismo. Asombra que quienes no respetan la vida ajena, tampoco lo harán de la propia, simple especulación, juego de espejos.

El objeto de esta parte, o serie, que es Volviendo al Presente, es la clara idea que nada puede ser fuera de cierta legalidad fuerte, que por más desobediencia que la multiplicidad de modos de pensamiento permita a las leyes propias del hombre ser transgredidas sin condena alguna, hay otras más originales que ninguna construcción propia del propio pensamiento y sus efectuaciones, no son pasibles de desobediencia, nada más que por las que las preceden, y como efectuación ineludible de las mismas, es el cosmos y sus componentes, entre ellos las galaxias, entre ellas la Vía Láctea, denominación que proviene de la mitología griega, esa es, en efecto, la apariencia de la tenue banda de luz que atraviesa el firmamento terrestre. En esa galaxia está nuestro sistema solar, cuyo tercer planeta es la Tierra, de la que provenimos.

Es en la pura Tierra donde apreció la vida, tal como entendemos conocerla, y entre la multiplicidad de especies que el fenómeno admitió, solo una es el sapiens al que pertenecemos.

Nietzsche en su Sobre verdad y mentira en sentido extramoral inicia: “En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo”.

Nos preguntamos: ¿Porqué el pensamiento?. ¿De donde proviene?. ¿Como se produce?, y otras interrogaciones que puedan establecerse. Casi lo mismo que las sensaciones, de las que elegimos la de la voluntad. ¿Que es eso de la voluntad?. ¿Tiene que ver con la vida?. ¿Como se relaciona con el pensamiento?. ¿El pensamiento es algo de la vida?. Si bien anticipamos intuitivamente que si como respuesta a esas primarias preguntas, el el objeto de la serie ir abriendo caminos que aproximen a la paradoja de entender por solo voluntad de saber, mediante palabras pensadas, lo que son o pueden ser esos entes (pensamiento, sensación), en un medio cosmológico cuyas leyes serían inmutables, aunque los sapiens se crean el ombligo del mundo.

Y con el solo ánimo de ojalá no solo entender las penas de la vida humana, su instinto de agresión, sino mejor abrir a la posibilidad de que cada sapiens, por el hecho de haber nacido tal, pueda guiarse de acuerdo a esas leyes que lo posibilitaron, varios miles de millones de años antes y tal vez se alejara de su ilusión y permitiera una vida entre ética y estética, hasta que el sol se transforme en una estrella gigante que se trague la Tierra en unos mil millones de años.

107 Repensar una cosmología del pensamiento. [Final de la serie]

Final de la serie que nos remite desde lo más anterior hasta nuestro días ilegales

En nada piensa menos el hombre que en la muerte, su sabiduría consiste en reflexionar, no sobre la muerte, sino sobre la vida. Baruch Spinoza, IV, Prop. 67

En la cuestión de la vida, hay problemas fundamentales que oscilan entre la Biología y la Física.La cuestión se puede comenzar con una pregunta:

¿Como pueden la Física y la química dar cuenta de los fenómenos espacio-temporales que tienen su frontera espacial en un organismo vivo? (Entre los cuales el sapiens puede pensar)

La respuesta preliminar:

La evidente capacidad de la Física y Química actuales para tratar esos fenómenos no significa en absoluto que ello sea imposible.

Hoy en día, gracias al ingenioso trabajo realizado durante los últimos cien años por los biólogos, especialmente por los genetistas, se conoce lo suficiente acerca del la estructura material y del funcionamiento de los organismos para afirmar que, y ver exactamente por que la Física y la Química actuales no pueden explicar lo que sucede en el espacio y en el tiempo dentro de un organismo vivo.

Esta será la próxima serie, que adelantamos aquí. Sin duda hay una estrecha relación entre lo cosmológico y nuestra posibilidad de pensar. Siempre se cumplen las mismas leyes que rigen al cosmos, aunque así expresado sea a primera vista un imperativo, que se irá desarrollando luego, como se dijo.

En esta apenas llegamos a intentar la relación, y creemos que describimos los efectos finales de la cuestión objetivada, y como método, partiremos de ese efecto, para ir a encontrar las causas posibles que lo permitan.

Por eso finalizamos esta serie con los efectos que el pensamiento produce a nivel de cada uno de nosotros, independientemente de la físico química cosmológica que lo determina. De todas maneras, una lleva a la otra, y la consecuencia es la misma, pensar en el hombre y sus sociedades, está bastante determinado por el interés filosófico, ya no solo desde lo propio de la capacidad, sino por los mecanismos determinados por la gregariedad y sus dispositivos.

Dios ya no es el sujeto de enunciación como fundamento. Las cosas ya no serán las cosas lo que son sino lo que el hombre racionaliza, proyecta o ilusiona acerca de ellas. Hay una mediación paradigmática con las cosas en sí. Habremos de proseguir con esto. Las ciencias humanas van demostrando que el sujeto es en sí mismo una construcción. Hay complejidades, queda claro y la pretensión es seguir avanzando en su de-construcción.

Hablamos a lectores, entonces los huecos serán completados con las únicas propias interpretaciones en nombre propio. Damos un salto al final de la serie con un otro pensador, que como siempre decimos, nos ayuda a pensar, desde sus decires o escritos, para que ayude a abrir caminos de pensamiento. Uno no es sino es mucha s cosas.

Final de la serie. Ley del hombre que ya no existe.

Algo que el homo sapiens ha errado.

Michael Foucault, más allá de lo cosmológico a la interpretación vigente del mundo que hace frente.

Extendemos el camino, de los anteriores Kurzweill, Sarte, Freud y Lacan, persistiremos en quizá el último filósofo que pueda nombrarse como tal, aun cuando él mismo, no se nombrara como tal lo que ya señala la actitud ética que esperaríamos de cualquier ser pensante. Y recordamos, la ética es la estétic de la existencia.

Hay acontecimientos verdaderos cuyo actor es el hombre. Pero la palabra hombre no debe alertar fáciles entusiasmos. Ni la esencia ni los fines de la historia dependen de la presencia de este personaje, sino de la óptica elegida; la historia es lo que es, no como consecuencia de una esencia humana desconocida, sino por haber optado por un determinado modo de conocimiento. 0 bien consideramos los hechos como individualidades, o bien como fenómenos detrás de los cuales habrá que buscar un invariante oculto. El imán atrae al hierro; los volcanes entran en erupción: hecho físico en los que algo se repite. La erupción del Vesubio en 79: hecho físico tratado como acontecimiento. Si nos atenernos a su carácter repetible, lo estamos considerando solamente como pretexto para descubrir una ley.

Dice Foucault, la filosofía son textos.Es un lector, archivista, decidor. El piensa a través de sus lecturas y escritos, una propuesta desde su genio de lector empedernido y rata de bibliotecas. Su estilo mantiene distancia de casi todo, se coloca casi en la antípoda de Sartre, para quien la conciencia establece la fisura de la identidad, desdobla el movimiento de la consciencia. como algo que no se puede paralizar que rasga el ser-en-sí, es el efecto de esta fisura pura intención fenomenológica. Hay una inmediatez de lo inmediato en la consciencia, que la aparta de lo en sí mismo existencial. Foucault a cambio, no propone vidas, esconde la suya, mantiene distancia de su intimidad y de la conciencia sartriana o psicoanalítica. Su ambiente era la fenomenología y el marxismo (más de antes, dialéctico).

En Lacan lo que está escindido es el Sujeto, lo parte el deseo, y al decir de la tragedia de los griegos, no deseamos conscientemente, sino desde la voluntad inconsciente.

Expone Michael acerca de la alienación psíquica y social. Está loco. Nada tendría que ver sino con la sociedad que lo aliena, y recorre todo el proceso histórico que lo explica. Olvídense de toda otra hermenéutica por un rato, es fenomenológico. Solo trata de deshacerse de eso.

Con George Dumezil, su tutor en Upsala, comprende cosas. Descubre que en Upsala hay una biblioteca de 30.000 volúmenes de varias cosas de medicina, psiquiatría y biología. Allí inspira a su Historia de la Locura en la Época Clásica, su tesis de doctorado en 1960.

No es tomado en cuenta de inmediato, pero circula en ambientes no habituales a lo filosófico, sino más bien en los psiquiátricos.

Acerca de la Exclusión, es uno de sus primeros conceptos. Desde los Leprosarios en el medioevo al psicoanálisis en SXX, puede arrogarse de un cúmulo de procedimientos racionales, que analiza, que no niega, y deduce sino que para a razón sea tal, algo tiene que excluir, segregar, sino no puede abarcarlo todo en su inmediatez.

Descartes había ya suprimido a la locura.. Cuando hay una mutación en el pensamiento filosófico también la hay en lo cultural, decide Foucault. De Galileo a Descartes, por ejemplo, nace el hospital general, donde se depositan los vagabundos, alquimistas, prostitutas, locos. Solo deben a queda afuera los que trabajan y sirven para algo.

No verlos es el objetivo, encerrarlos, no existen por lo tanto. La expulsión de la locura descarnada se realiza con el hospital general.

Experiencia de la locura, consciencia, son vocablos fenomenológicos. Es el método por el cual se pueden desentrañar las cosas. La locura es un nombre más que se puede enunciar, pero aclara que sonido, palabra y nombre no es igual a la cosa. Y que se dice de muchas maneras., esquizofrenia, loco, paranoico, enfermo dela cabeza….. El nombre luego encuentra referentes en lo real.El nominalismo, ya es campo fuerzas en Foucault.

Vuelve a Paría, en 1968, y da clases en Vincennnes.

Desde el mayo del 68 Aparecen todas las corrientes: Althusser, Derrida, Lacan, etc. La consciencia sartriana ya no existe, la nueva ola de la camada de Foucault, lector y entendedor de Bertrand Rusell escribe, para inaugurar su cátedra en el College de France de “Historia de los sistemas de pensamiento” , el Orden del Discurso que cambió todo.

Como escribía sus libros, se preguntaba Rusell?. Inspiración, musa, rapto?. Él dice dice que los escribe con un procedimiento. Empieza con un renglón, lo que fuera. Una bola choca la negra, y va a otro lado, luego sigue el otro renglón. Hay homofonías que llevan de uno al otro. Pura superficie. Puro trabajo del artificio de la letra.

Arqueología del Saber. El nacimiento de la clínica.Salen desde la fenomenología. y la clínica. La mirada clínica, es una buena parte del Ser y la Nada, acerca de quien es otro. Alguien es otro que me puede juzgar, porque me mira, y eso no se puede soslayar. Es como el reconocimiento hegeliano. Sobre esto Foucault agrega que para que haya una mirada clínica, tiene que haber un espacio institucional que lo permita y avale.

1966. Las palabras a las cosas. Es ejemplar lo que hace, cómo se puede escribir en tan poco tiempo tantas cosas. Mucho material de archivo, centrados en 3 ejes: hablar, trabajar y vivir. Lingüística, economía y biología.

Los conceptos que introduce Foucault y van a formar parte de su idea como construir el mundo del pensamiento, exclusión y discontinuidad. Semejanzas, epistemes, luego de lo cartesiano, la representación, más adelante luego la modernidad S XVIII y XIX.

Las cosas no ocurren como ocurren ahora, ahora se redefinen las palabras y las cosas. Los acontecimientos, de entrada únicos y presentes, siempre tienen antecedentes que se diferencian en las palabras que se utilizan para relatarlo y tal vez determine alguna forma distinta de poderlos pesar.

Antes Naturaleza, ahora Vida. Se van a referir de un modo distinto. Antes que las formas, lo visibilizado, la athesis universal cartesiana, infinita en el sujeto de conocimiento, está toda la Naturaleza está organizada sistemáticamente. Unas pequeña diferencias hacen especies diferentes en organismos vivos. Y se los clasifica. La Historia Natural tiene su temporalidad, como casi todas las palabras y las cosas.

La evolución, concepto proveniente del darwinismo, es temporal. Pasa de representación a la modernidad. Lo que hace Foucault es mostrar las diferencias de paradigmas en cada una de las ramas que enfoca. dinámicas diferentes, del espacio y del tiempo.

De la gramática general a la filología lingüística, del análisis de las riquezas de los fisiócratas como Adam Smith a la economía política de David Ricardo y Karl Marx. Son cosas distintas señala Foucault, y le explica.

Foucault en cada época, presenta ejemplos de la representación, en cada época la vida, el trabajo y la biología se sirven de los misma episteme paradigma de su momento, una repetición del modo de construirse. Asombra como en pocos años, se piensa y habla de otro modo, otra semántica y sintaxis. Muestra el cambio discontinuidad y periodización de ella. Claro que dentro de cada períodos hay continuidad.

Filósofo que no habla de filósofos, ni de sus problemas típicos. Dice no me pregunten que hago, solo escribo para pensar. El hombre ha muerto, hay una estructura de pensamiento que deviene de la antropología filosófica, de la biología, etc… El hombre tiene sus dobles desde las distintas disciplinas que lo objetiven aunque siempre es el mismo hombre. Diría Aristóteles, al hombre se lo puede decir de múltiples maneras. Aborda entonces la cuestión del sujeto de conocimiento, siempre el mismo problema. Lo que no conoce ese sujeto es que él mismo ya está incluido, y en ese olvido no se termina la revuelta del conocimiento al que apela, se muerde la cola siempre. Duplicidades, callejones sin salida. Es el humanismo antropológico con el sujeto como centro: el Hombre, que se expulsa de su conceptualización del mundo y el resto de lo que lo rodea.

Humanismo desde lo humano. Lo nuevo, lo más postmoderno, apunta a que las cosas tienen más que ver con el signo, con la lingüística, desde Saussure y Jackobson en adelante, con el psicoanálisis sobre todo Lacaniano, con la antropología de Levi Strauss, aparece una nueva vertiente teórica que da por finalizada la figura del Hombre. Así, aun acusado de genocida, nazi, o tecnócrata por Sartre, igual se lo leyó y llega al mayo del 68,.

Ahí vuelve a París, como profesor en Vincennes y comienza nueva etapa, y luego de el College de France, recomendado por su tutor que ejerció hasta su muerte; Jean Hippolyte. El objeto del College es que el pueblo de París pueda tener contacto con sus lumbreras, hasta que se llene la sala.

En la ceremonia inicial de su trabajo allí, expone su charla la inaugural, que homenajea al muerto, y es el antes mencionado Orden del Discurso, 2 dic 1970.

Ahí Foucault da cuenta de lo que hizo y lo que va a ser, durante los 13 años subsiguientes. Todo publicado luego de su muerte (ya que el no lo permitía en vida). Historia de los sistemas de pensamiento, llama a su cátedra. Que ya es un oxímoron, ya que sistema implica un orden, mientras que la historia es dinámica ya que se va transformando, y el lo contradice en el mismo título, historia de los sistemas, que en sí ya es una oposición. Habla de los discursos, fue pionero en eso. Porqué hablar es peligroso?, se pregunta: porque es incrustante, luego tarta de explicar en que sentido y que se puede hacer para neutralizar ese habla oral peligroso, la que se lleva el viento, pero tiene ahora perdurabilidad en escritos, filmaciones, etc…. Hablar es aleatorio, azaroso, impredecible, no es del todo controlable, se puede ir a lados imprecisos. Para neutralizarlo lo primero es prohibirlo. No se puede decir todo y en cualquier momento y cualquier cosa, no todos están autorizados para decir.

Cuales son los que deben ser controlados? Sobre el sexo y la política, dice Foucault. Temas ultrasensibles por los cuatro costados que se los mire. Aparecen los dispositivos de censura. El discurso no habría que pensarlo como la expresión de algo que pasa en otro lugar, no de lucha de clases ni relación de dominación. El discurso es un botín de guerra. Se combate por él y se trata de que se lo apropie, para hacer de él algo apropiado (apropiado por otro y apropiado para ser emigtido y escuchado). Apropiarse de la lengua es apropiarse de como se nombran las cosas, es objeto de deseo y de poderel discurso en sí mismo.

La palabra se expandió snobísticamente para ser aplicada a lo que fuera, y se la mezcla a ca rato en los actuales relatos. Quien relata es ya un sujeto del combate. Quien lo impone impone a las cosas mismas. No expresa solo interés, es objeto de interés.

Otra forma de neutralización del discurso, de la Locura en la Época Clásica, la partición, la exclusión, silenciar, marginar, encerrar. Aquí la diferencia es la partición razón-locura.

La tercera y más curiosa, más incierta y compleja, es la oposición verdad falsedad. Que no son evidentes tal como se los asocia con el bien y el mal. Sin estos parámetros todo sería el mundo sería una Babel se explica. Nietzsche escribe La Genealogía de la Moral para entender como devienen estas fuerzas, el origen de esa partición. Va a decir Foucault, a la idea de verdad se le va a oponer la voluntad de verdad, de saber que no es lo mismo que la verdad como valor. Quién dice la verdad?, al modo nietzscheano, el profeta, el oráculo, los sacerdotes, había que tener una autoridad para poder hablar, históricamente hablando. Luego la verdad está en quién ejerce un poder. La idea se olvidó, se corrió. Platón expulsa al los sofistas y los artistas, por sus recursos de persuasión. Lo importante en el agonismo era ganar. Y parece que hoy día es casi lo mismo. Los sofistas enseñan como ganar con argumentos, el sujeto de la enunciación debe ejercer alguna clase de poder.

Se expulsa al sofista, luego la verdad no puede basarse en una opinión (al poeta y al sofista), con argumentos para sus conveniencias sino que solo fueran persuasuvos, si podía convenceer y seducir retóricamente, bastaba, con solo eso ganaban.

La verdad, el saber y el logos no pueden basarse en opiniones, Platón dice, no pueden basarse en opinión ni en arbitrariedad, sino en una verdad en-sí, garantizada por la abstracción y no de ideas de cualesquiera ciudadanos sino en la de un mundo de ideas, transparentes, como son los conceptos de la geometría.

El filósofo debe instruirse en este tipo de abstracciones que le van a dar el saber de las cosas tal como son, y el orden del mundo tal como es, y que no dependan del parecer de nadie, y que no dependan del poder y la opinión arbitrarias de alguien. Solo se dependerá de la consistencia y coherencia del enunciado, Aristóteles.

Saber y poder estaban separados, entonces e Grecia

La voluntad de verdad restituye lo que los dispositivos de censura borran. Detrás del discurso verdadero hay una política, una estrategia de ocultamiento, separación y exclusión de la misma.

La voluntad de verdad es una poderosa maquinaria con capacidad de excluir a los que la niegan. Aquellos que entran en esta vara que destacan esa voluntad son Nietzsche, Antonella Artaud y George Bataille, el burlado Sartre.

Ojo con la indiferencia de los intelectuales que no hablan(ban) de lo que pasa. Parecía que no tenían nada que ver de lo que pasaba, denunciado por Sartre. Luego Klossowski, Bataille y el mismo Foucault.

Prohibición, exclusión y voluntad de verdad, son 3 mecanismos que neutralizan el peligro del discurso azaroso. Pero son mecanismos externos al discurso. Acá entra Foucault en cómo neutralizar estos mecanismo externos para volverlos a los internos del propio discurso; El comentario, la función del autor, y la disciplina.

Que es una obra original?, una obra fundante, Ej, La Divina comedia, La Ilíada, Shakespeare, los diálogos de Platón. Hay que soportar cientos años de comentarios que restituyan a la repetición de una neutralidad. Nos devuelve a la obra original, salvo como en Borges que comenta obras que no existen. Ahí el comentario es la propia obra del autor.

La función del autor es de unificación, de identidad y agrupamiento, a la propia manera de quien escribe.

Michael Foucault es uno de los filósofos autores, con Historia de la Locura, Las palabras y las cosas y La Arqueología del Saber, puede borrarse el nombre del autor, distintas obras, pero la unificación en el autor que los hace coherentes.

La disciplina crea nuevos enunciados, no restituye originales. No se guía vos lo verdadero o falso, sino por sentir o no sentir. Para hablar de verdadero o falso hay que estar en la verdad. Canghuilhem. Lo no verdadero ni no falso, son monstruos en un momento, aunque luego se restituyen como la genética de Mendelssohn, o Celine.

Para que algo sea falso debe ser del orden de lo institucional, que regula lo que les pertenece o no.

Foucault resume hay que restituir al discurso su materialidad (Orden del discurso), que tenga consistencia material, texto, opaco, denso, entre el pensamiento y la palabra no hay relación directa, la palabra, debe ser autorizada por una comunidad que lo permita. Hay algo que se puede hacer, una invitación al estudio filosófico. Brinda creatividad. Invitación a poder pensar con libertad, inventar, equivocarse o acertar. Luego de leer al el Antiedipo de Deleuze y Guattari, aquí estoy, diría Foucault.

102 Repensar una cosmología del pensamiento. Prólogo

Prólogo: Analogías

De la Naturaleza

Prólogo

Señalaremos analogías, y explicitamos la pretensión de avanzar por el camino desandando las genealogías propias de la naturaleza y culturales, estas últimas que olvidan que ser homo sapiens desde su antropología implica esencialmente la determinación diferencial de poder pensar, de una forma múltiple, ampliada y libre por fuera de las únicas condiciones que la supervivencia requiere. Entendemos hoy que las ciencias están en su propio camino y acercan su método a la fisiología que soporta al pensar, y también que no podemos negar que la historia de los modos de pensar de los conglomerados humanos, desde las tribus más primitivas hasta las hiperciudades superpobladas, que abundan quizá demasiado, formulan condicionantes independientes de su esencialidad a dichos modos.

En general se asocia a esa palabra que hay que desarrollar del todo, pensar, con lo que en términos generales y comunes se identifican con conciencia, razón y el contenido mnémico e inteligente del yo que existo en tanto pienso.

Hay mucho valor en lo heredado desde los pensadores desde el IV AC en Grecia, los aportes de las Ciencias, ya humanísticas, ya exactas. De todas maneras, y partiendo de la intuición que nos decide este camino hoy, pre-suponemos que no hay una idea clara acerca de lo que implica el ser efectivo del pensamiento ni toda la potencia que dispone, casi siempre determinada por condicionantes que mal expresado agregan valor a su esencia.

Explicaremos esta propuesta que entre absurda e irónica dice agrega valor. Cuando rastreemos la historia tal vez lleguemos a percibir que el valor agregado aunque agregado, quizá no sea valor, ni en el sentido de valentía ni como valioso.

Todo texto tiene una historia. Quizá no sea prudente prologarlo, porque como ya se expuso, se escribe sobre lo que no se sabe, al menos no del todo, y uno de los objetivos del autor es ponerlo a disposición de sus futuros probables lectores, para compartir el camino que va desde desde la propia duda hasta cierta comprensión, que es al mismo tiempo un aprendizaje que alegra a quien escribe, y curiosamente puede inducir a algún receptor a emprender el suyo propio, si identificara el método y la propuesta, casi independientemente del objeto, ya que cada uno en si singularidad de experiencia e interés se apueste a otros.

Baruch Spinoza

Intuimos que Spinoza acompañara este camino, y tiene su historia, que brevemente presentamos como ejemplo de lo que intentamos expandir en palabras, siempre escasas, aun cuando la sana intención es lograr cierta identificación con lo que las palabras esconden, más que ser explicitadas.

Es algo así como el fenómeno kantiano. Algo aparece, se lo percibe a nivel del pensamiento, y ahí se lo reproduce hasta donde el pensamiento educado para ello, lo convierte en alguna clase de conocimiento a posteriori, desde algunos principios a priori (interiores y anteriores al fenómeno) sin los que no podría dar cuenta de la entidad posible a la experiencia de la observación del acontecimiento del fenómeno. Casi axiomáticamente, al modelo de las matemáticas o de la geometría espinoziana, Kant señala dos intuiciones a priori que posibilitan al pensamiento seguir con el trabajo de pensamiento inteligible que pasa a ser conocimiento de la propia experiencia: el espacio y el tiempo.

Spinoza sólo publicó dos obras durante su vida: los Principios de filosofía de Descartes, con los Pensamientos metafísicos como apéndice (1663), y el Tratado teológico-político (1670). Lo que parece haberse traslucido nos hace pensar que antes de la primera fecha
redactó el Tratado breve y el Tratado de la reforma del entendimiento, y después de la segunda el Tratado político y la Gramática hebrea. Puesto que la Ética es un tratado sistemático y estuvo en el escritorio hasta la muerte de su autor, es obvio suponer que éste ha integrado en ella los principales elementos de los demás escritos. Conjetura tanto más plausible cuanto que su redacción se ha prolongado unos catorce años y parece haber ocupado los huecos que aquéllos iban dejando.

La Correspondencia señalar con bastante precisión esos huecos y situar en ellos algunos estadios del texto. Desde septiembre de 1661, Spinoza debate por carta con Oldenburg los fundamentos de su metafísica, que le envía en un anexo, cuyos términos
parecen más próximos que los del «Apéndice I» del Tratado breve al de la Ética actual. A comienzos de 1663, sigue haciendo algo parecido con un grupo de amigos de Amsterdam, que se reunían en una especie de círculo o colegio, en torno a Simón de Vries y a L.Meyer, para analizar los textos que él les enviaba y remitirle después sus observaciones. Esos hechos ponen de manifiesto que, antes de abandonar el Tratado de la reforma del entendimiento y al mismo tiempo que explicaba a un estudiante las
cuestiones más difíciles de la metafísica clásica y de la física cartesiana, y que ideaba curiosos experimentos para resolver las objeciones químicas que le formulaba R. Boyle , Spinoza iba dando forma a la primera parte de la Ética.

Cinco años hubieron de pasar, sin embargo, para que ese tratado viera la luz y Spinoza volviera a sacar del cajón el ya desvaído borrador de la Ética. Y necesitará otros cinco para revisar lo hecho y concluir lo que faltaba. La Correspondencia nos permite saber que, durante el primer período (1665-1670), debatió con Hudde el tema de la unicidad de Dios y, durante el segundo (1670-1675), mantuvo una correspondencia intensa con Velthuysen sobre el TTP, con Boxel sobre los espíritus y con Tschirnhaus sobre el método. Sin otro indicio previo, el 3 de julio de 1675 Spinoza anuncia a Oldenburg que piensa publicar la Ética, que ahora tiene cinco partes (Ep 62). Pero unos dos meses
después le informa de nuevo de que su proyecto ha fracasado. He aquí sus propias palabras:

En el momento en que recibí su carta del 22 de julio, partí para Amsterdam con la intención de mandar imprimir el libro del que le había hablado en otra carta. Mientras hacía estas gestiones, se difundió por todas partes el rumor de que un libro mío sobre Dios estaba en prensa y que yo intentaba demostrar en él que no existe Dios, y muchos daban crédito a ese rumor. Algunos teólogos (los autores, quizá, de dicho rumor) aprovecharon la ocasión de querellarse contra mí ante el príncipe y los magistrados. Además, algunos estúpidos cartesianos, que pasaban por simpatizar conmigo, a fin de alejar de ellos tal sospecha, no cesaban de detestar por doquier mis opiniones
y escritos, ni han cesado todavía. Cuando me enteré de todo esto por hombres dignos de crédito, que me dijeron, además, que los teólogos me tendían por todas partes asechanzas, decidí diferir la edición que preparaba, hasta ver en qué paraba el asunto y comunicarle, llegado ese momento, cuál era mi opinión. Pero el asunto parece
ir cada día a peor y por tanto no sé qué hacer.


De hecho, cuando año y medio más tarde la muerte le sobrevino, el manuscrito seguía en su pupitre. Por ventura, la suerte le fue entonces más favorable.no ya para Baruch sino para su Ética.

La Ética demostrada según el orden geométrico, tiene tres determinaciones que le imprimen un carácter especial, utiliza el orden geométrico seguramente siguiendo a Descartes ya popular desde los inicios del S XVII, se soporta con una jerga religiosa ineludible a su tiempo, y aun así censurada, y comienza como una cosmología que le permite ir deduciendo proposiciones al método de geométrico, salvo sus escolios en los que se demuestra su valor (en varios sentidos) filosófico.

Solo transcribimos las cinco primeras definiciones y axiomas de la Primera Parte:

Por causa de sí* entiendo aquello cuya esencia implica la existencia, o sea, aquello cuya naturaleza no se puede concebir sino como existente.

Se llama finita* en su género aquella cosa que puede ser limitada por otra de la misma naturaleza. Por ejemplo, se dice que un cuerpo es finito, porque siempre concebimos otro mayor. Y así también un pensamiento es limitado por otro pensamiento. Pero un cuerpo no es limitado por un pensamiento ni un pensamiento por un cuerpo.

Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, es decir, aquello cuyo concepto no necesita el concepto de otra cosa, por el que deba ser formado.

Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia como constitutivo de su esencia.

Por modo entiendo las afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.

A X I O M A S

  1. Todo lo que es, o es en sí o en otro.
  2. Lo que no se puede concebir por otro, se debe concebir por sí.
  3. De una determinada causa dada se sigue necesariamente un
    efecto y, al contrario, si no se da ninguna causa determinada, es
    imposible que se siga un efecto.
  4. El conocimiento del efecto depende del conocimiento de la causa y lo implica.
  5. Las cosas que no tienen nada común unas con otras, tampoco se pueden entender unas por otras, o sea, que el concepto de la una no implica el concepto de la otra.
  6. La idea verdadera debe concordar con su objeto ideado.
  7. De todo lo que se puede concebir como no existente, la esencia no implica la existencia.

Decimos, son puntos de partida claros y del mal nombrado sentido común, que como popularmente se indica es el menos común de los sentidos. Ojalá la posverdad y sus enunciadores, lo hubieran tenido.

Anunciamos analogías, y que impulsan este trabajo de transmitir algunas ideas que concuerden, acuerden, con el objeto ideado. Para la época en que estamos escribiendo esto, las ciencias han agregado cierto valor a la positividad de campos entre diferentes y repetidos. Las imágenes de parte del cosmos en su versión actual y un modelo neuronal al que atribuimos capacidad de pensamiento, parecen a simple vista análogos.

Estamos ante constelaciones de miles de millones de estrellas y miles de millos de neuronas, entre las que algunas interacciones del orden, no digamos solo geométrico, necesariamente se producen, o hablando más estrictamente como modos, afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.

A ello dedicaremos esta serie, que comienza, desde la propia naturaleza de las cosas.

97 ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?. Cuatro.

CUATRO

De Borges a Goedel

Borges

. . . veinticinco símbolos suficientes (veintidós letras, el espacio, el punto, la coma) cuyas variaciones con repetición abarcan todo lo que es dable expresar: en todas las lenguas. El conjunto de tales variaciones integraría una Biblioteca Total, de tamaño astronómico [. . .]
Todo estaría en sus ciegos volúmenes. Todo: la historia minuciosa del porvenir, los egipcios de Esquilo, el número preciso de veces que las aguas del Ganges han reflejado el vuelo de un halcón, el secreto y verdadero nombre de Roma, la enciclopedia que hubiera edificado Novalis, mis sueños y entre-sueños en el alba del catorce de agosto de 1934, la demostración del teorema de Pierre Fermat, los no escritos capítulos de Edwin Drood, esos mismos capítulos traducidos al idioma que hablaron los garamantas, las paradojas de Berkeley acerca del tiempo y que no publicó, los libros de hierro de Urizen, las prematuras epifanías de Stephen Dedalus que antes de un ciclo de mil años nada querrían decir, el evangelio gnóstico de Basílides, el cantar que cantaron las sirenas, el catálogo fiel de la Biblioteca, la demostración de la falacia de ese catálogo. Todo, . . .


La Biblioteca de Babel,
J. L. Borges.

Más allá del genio de Borges la pretensión es señalar un camino en el orden (o desorden) del pensar, que bien podríamos haber buscado por otras vías. Esta es una y además suena interesante, como música de palabras.

Situémonos en los comienzos de los años treinta de XX. En el ambiente lógico-matemático se trabaja buscando llevar a feliz término un programa que se arrastra desde finales del siglo XIX, cuyas ideas se pueden rastrear en los escritos de lógicos medievales como Raimundo Lulio, en Leibniz, en todos quienes alguna vez soñaron con mecanizar el razonamiento, y cuyo principal impulsor fue el matemático David Hilbert. Este programa consiste en la formalización total del razonamiento matemático y su culminación sería la demostración de la consistencia de las matemáticas, es decir, la prueba formal de que las matemáticas no son un sistema contradictorio.

La insistencia en estos temas relativamente, si se quiere, extravagantes, en la más lógica de las ciencias, tenía fuertes motivaciones prácticas. Por un lado los fundamentos del análisis matemático, especialmente el tratamiento del sospechoso concepto de números infinitesimales e infinitos, hizo mandataria la necesidad de contar con algún sistema formal que hiciera más evidente las posibles fallas en que se incurre al razonar. Por otro lado, a fines del siglo XIX se habían descubierto varias paradojas en ciertos sistemas formales. Así, los fundamentos mismos de la ciencia “más segura”, la ciencia “exacta” por si misma, se veían temblorosos. Esa vergüenza no convenía a nadie. El ilimitado optimismo, tantas veces ciego, de la comunidad científica, rápidamente encontró el remedio: demostrar formalmente que las matemáticas son consistentes.

Gödel

En el 1930 la tarea central era la demostración de la consistencia del análisis clásico, que puede ser visto como una extensión de la aritmética si se agregan conjuntos de números y algunos axiomas que los gobiernen. Para los optimistas de siempre, el cumplimiento del programa formalista de Hilbert era cuestión de tiempo y paciencia. De hecho, el joven Kurt Goedel se propuso a mediados de 1930, asumiendo la consistencia de la aritmética, intentar demostrar la consistencia del análisis clásico.

Mientras más trabajaba en el problema, más consciente se iba haciendo de que el proyecto era imposible. Y así, así irónicamente, quien estuvo más cerca de llevar a cabo el programa de Hilbert fue precisamente quien le dio el tiro de gracia. Nacía el, sin duda, el más famoso teorema de la lógica matemática.

La demostración de su teorema “Sobre sentencias formalmente indecidibles de Principia Mathematica y Sistemas afines”, de modestas 25 páginas, fue escrito el año 1930 y publicado en 1931 en la revista Monatschefte für Mathematik und Physik. Allíı Goedel se propone como objetivo principal demostrar lo que hoy se conoce como el “teorema de incompletitud de Goedel”, que resumimos como la imposibilidad de formalizar simbólicamente la consistencia total de algunos sistemas matemáticos.

Con este resultado Goedel echa por tierra el famoso “axioma de la solubilidad de todo problema matemático” que postulaba Hilbert (y en su mayoría cada matemático). Pero las sorpresas no acaban aquí. De hecho, el resultado más importante desde el punto de vista de los fundamentos de los sistemas formales es la “sorprendente consecuencia” del resultado anterior, que Goedel agrega inmediatamente al final de su trabajo (con el ofrecimiento nunca cumplido de demostrarlo rigurosamente más adelante) y expresada en su teorema XI, que dice esencialmente que no es posible demostrar la consistencia de un sistema formal en su propio marco: Sea A un sistema consistente de axiomas que sea mínimamente expresivo. Entonces la consistencia de A no es demostrable en A.

Luego de releer la cuestión de la la demostración de la falacia de ese catálogo, ya en Borges o en Goedel, volemos a la pregunta: ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?

Desde la aparición del lenguaje desde los sapiens, hasta los inicios de la escritura como uno de los mayores inventos de la humanidad que complementa al lenguaje hablado subordinado a la lengua oral por pura cronología y necesidad originada en la zona de la Mesopotamia ubicada en el actual Irak  para registrar las transacciones comerciales de la época, nos revolcamos en el cosmos simbólico de sus efectos, independientemente de sus causas.

La anécdota sería, si en Matemáticas, la más exacta de las disciplinas del pensamiento, finalmente hay una incompletitud, ¿que más demostración se necesita para entender que nuestro pensamiento, como el de los matemáticos, se acerca a las cosas pero que no se puede demostrar solo con 30 signos fonéticos o escritos ya en piedra, papiro o papel?.

¿Y si además el pensamiento sufre de alteraciones contingentes, en cada caso que incluyen entre otras olvido, pérdida de memoria o desactivación? Y si insistimos un poco en el concepto de la diferencia sin negación, precisamente porque la diferencia, no estando subordinada a lo idéntico, no llegaría o no tendría por qué llegar hasta la oposición y la contradicción y-o en cuanto a un concepto de la repetición, que, como las repeticiones físicas, mecánicas o puras (repetición de lo Mismo), encontrarían su razón en las estructuras más profundas de una repetición oculta en la que se disfraza y se desplaza un «diferencial»

Diferencial e infinitésimo refieren a lo mismo, son palabras originadas en las Matemáticas, pero independientemente de su origen son palabras que remiten a una idea que la razón propone al pensamiento, para quizá poder precisamente pensarlos. Y es un caso particular entre difícil y fácil, dependiendo o no de cierta memoria de cierto conocimiento de de su origen y necesidad. Una vez en posibilidad de pensarlas se la puede aplicar por cierta repetición en ámbitos diferentes. Originadas en el análisis matemáticos, de cantidades, o números, que tienden a cero sin llegar a ser ese cero, son infinitésimos inmedibles de lo pequeño, además no hace falta medirlos, tan solo se requiere poderlos pensar para continuar con el desarrollo subsiguiente. En esto Deleuze, lo expresa como concepto consumado (ver Prólogo) aunque a veces no se lo entienda, que es casi un vacío de pensamiento.

Cabría entender que hay alguna relación entre conocer, para favorecer al entendimiento, y la posibilidad de pensar, no solo lo mismo, sino también lo diferente. Y esto es prerrogativa necesaria o deseada para cada sapiens singular, dado que de hecho no se requiere en la vida cotidiana ni en cualquiera de las sociedades en las que cada uno sea proyectado. Y debe insistirse un poco en esto, porque no es fácil de entender porque no se requiere.

Sigmund Freud

«De esa lobreguez está tan lleno el aire que nadie sabe cómo podría evitarla».
Fausto, parte II, acto V, escena 5

Lobreguez: Oscuridad, falta de luz.

Vale la pena por un momento pensar porque los pensadores utilizan metáforas, que apelan a la visión, a la imagen. Göthe en el Fausto señala que lo oscuro es inevitable, y Freud inicia uno de sus libros con esa metáfora. No diremos, aún en la incertidumbre de cierto valor de expresar cosas que aproximen a la posibilidad de pensamiento, que las imágenes son más fáciles de percibir, que retorcidas explicaciones expuestas en palabras que requieren bastante atención y memoria de antecedentes que soportan los consecuentes, como en las Matemáticas.

Esto refiere a posibilidades, entendemos no aleatorias, de cada Dasein, dada su proyección en un mundo que no eligió. Dicho en forma que requiere de algo menos de memoria de lo ya expuesto, sería que cualquiera Dasein al nacer es arrojado a un lugar y un tiempo en el que no se brindan oportunidades necesarias para educarse en alguna variedad de conocimientos accesibles, que le ayuden a forjar formas de pensamiento más complejos que lo lleven a buscar respuestas a preguntas que a veces ni siquiera puede formular, entonces será un sujeto sujetado al medio social que lo rodea, y al que hacer frente, termina adoptando como cosa en sí, aunque para nada lo fuera.

El capítulo de la primera parte del libro de Freud que comienza con el epígrafe de Göthe finaliza con:

Junto al olvido simple de nombres propios, se presenta también un olvido que está motivado por represión.

Y con ello entremos en otro capítulo, ya que la represión, en su multiplicidad de sentidos empieza a profundizar en las respuestas a la pregunta original: ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?.

Continuemos por el sendero que señala cierto resplandor en medio de la oscuridad.