115 Volviendo al presente. [7]

Entendiendo la ley natural como una Ética panteísta el modo posible en el S XVI. Baruch Spinoza.

Contrastes. Hoy Baruch Spinoza

Baruch. Un poco más

Dijimos que íbamos a seguir con Baruch. No podemos reemplazar la lectura y estudio de su obra. Solo recortaremos algo de su pensamiento escrito e interpretarlo a nuestra propia manera. Ahora para establecer contrastes en la posibilidad concreta, desde nuestra lectura. Baruch tuvo su momento y espacio para constatarse y constatar lo que hace frente que como lúcido lo actualizamos hasta el punto que nos sea posible, con el afán de hacerlo para seguir caminando la sendero de poder aprender a pensar en nombre propio.

Es conveniente atender a las consecuencias sobre lo que debiera ser el tema implícito de la obra de Spinoza: ¿cuál es la relación entre una ontología y una ética? Esa relación interesa por sí misma a la filosofía, pero el hecho es que ha sido fundada y desarrollada sólo por él. Al tal punto que si alguien pensara que su proyecto sería hacer una especie de ética que fuera como el correlato de una ontología, es decir de una teoría del Ser, podríamos detenerlo y decirle: -Muy bien, en esa vía pueden decirse cosas muy nuevas, pero es una vía spinozista, es una vía firmada Spinoza-.

Sus obras no fueron muchas, pero tuvieron una sola coherencia. Dos obras publicadas en vida: Principios de filosofía de Descartes (1663) y Tratado Teológico Político (1679). Antes había comenzado Tratado de lo reforma del entendimiento y Tratado político y la Gramática hebreas, todas inconclusas. En los espacios de ellas permitían concluyó su Ética pero no pudo ser publicada en vida por la censura religiosa, como las otras hasta después de su prematura muerte. No fueron muchas en número, pero su cosmología fue el anticipo de mucho de lo que después devendría en filosofía. Apegado a la física veremos además que su semántica hoy la asociaríamos con la físico-química de la que ya hablamos y se podrá inferir se su ontología, sin insistir el las relaciones de niveles atómicos o subatómicos que las entendería, quizá un poco más, hoy día.

D E F I N I C I O N E S

  1. Por causa de sí* entiendo aquello cuya esencia implica la existencia,
    o sea, aquello cuya naturaleza no se puede concebir sino como existente.
  2. Se llama finita* en su género aquella cosa que puede ser limitada por otra de la misma naturaleza. Por ejemplo, se dice que un cuerpo es finito, porque siempre concebimos otro mayor. Y así también un pensamiento es limitado por otro pensamiento. Pero un cuerpo no es limitado por un pensamiento ni un pensamiento por un cuerpo.
  3. Por sustancia* entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, es decir, aquello cuyo concepto no necesita el concepto de otra cosa, por el que deba ser formado.
  4. Por atributo* entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia como constitutivo de su esencia.
  5. Por modo* entiendo las afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.
  6. Por Dios* entiendo el ser absolutamente infinito, es decir, la sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.

Lo anterior es exactamente el comienzo de la Ética: Dios es la Sustancia. Material. Cósmica. Natural. Con su propia esencia y además infinita, al menos para el tiempo que nos toque. Por supuesto poco tiene que ver con los dioses de las religiones. Es el comienzo de un álgebra, donde se establecen las definiciones principales, las que serán mantenidas en el resto del escrito.

Repasemos algo de su ontología fundamentadas en definición de una única Sustancia: las tres dimensiones de la individualidad.

Primera dimensión: Somos una infinidad de partes extensivas (extensivo es aditivo, a diferencia de lo intensivo que es atributo propio o esencial de algo), aún más precisamente una infinidad de conjuntos infinitos de partes extensivas o exteriores las unas a las otras.

Segunda dimensión: esos conjuntos infinitos de partes extensivas, exteriores las unas a las otras, nos pertenecen, pero bajo relaciones características, relaciones de movimiento y de reposo en las que se van componiendo o descomponiendo de acuerdo a conveniencias las relaciones entre las partes.

Tercera dimensión: esas relaciones características no hacen más que expresar un grado de potencia que constituye cada esencia; la propia, es decir, una esencia singular, intensiva.

Las tres dimensiones son entonces las partes extensivas, exteriores las unas a las otras, que nos pertenecen; las relaciones bajo las cuales esas partes nos pertenecen; y la esencia como grado intensivo, la esencia singular que se expresa en esas relaciones.

Estamos intuyendo una cierta armonía entre esas tres dimensiones de la individualidad y lo que Baruch llama en una ocasión completamente distinta de su escrito «los tres géneros de conocimiento».

Notaremos el paralelismo entre las tres dimensiones de la individualidad como tal y los tres géneros de conocimiento. El hecho de que existiera un tal paralelismo entre ambos ya debería conducirnos a ciertas conclusiones.

Cada quien lee la filosofía a su propio modo . Baruch nunca va decir: «Observen». No está en él explicar. Conviene entenderlo, no se pueden hacer dos co sas a la vez: no se puede decir algo y al mismo tiempo explicar lo que se dice. Es por eso que las cosas parecen difíciles. No es Spinoza quien explicó lo que dice Spinoza. Spinoza tiene que hacer algo mejor: tiene que decir algo. Explicar lo que él dice no está mal, pero no se puede ir muy lejos. Por eso es que la historia de la filosofía debe ser extremadamente modesta.

Entonces, Spinoza no explica: «Observen cómo se corresponden mis tres géneros de conocimiento y las tres dimensiones del individuo». No es él quien tiene que decirlo. Pero nosotros, en nuestra modesta lectura, si podemos hacerlo. Nos preguntamos, desde la intuición: ¿En qué sentido se corresponden?

El primer género de conocimiento es el conjunto de las ideas inadecuadas, es decir de las afecciones pasivas (externas) y de los afectos-pasiones que derivan de las ideas inadecuadas (internas). Es el conjunto de los signos -ideas confusas e inadecuadas- y de las pasiones -los afectos que derivan de esas afecciones-. Léase afección como el sentimiento de un afecto, cual fuera.

Entonces, ¿qué es lo que hace que, a partir del momento en que existimos, estemos no sólo entregados a ideas inadecuadas y a pasiones, sino que incluso estemos a primera vista como condenados a tener sólo ideas inadecuadas y afectos pasivos o pasiones? ¿Qué es lo que constituye nuestra triste (diría Spinoza) situación? Sin mucho detalle, es de esperar que se pueda sentir, o presentir: Es en tanto que tenemos partes extensivas que estamos condenados a las ideas inadecuadas.

Hay que explicarlo un poco. ¿como funcionan las partes extensivas? Ellas son exteriores las unas a las otras y van por infinidades. Los cuerpos más simples, que son las partes últimas, no tienen interioridad, están siempre determinados desde afuera por choques de otras partes bajo la forma más simple: constantemente cambian de relaciones.

Es siempre (a/b a sobre b, a = f(b) a en función de b) bajo una relación que las partes nos pertenecen o no nos pertenecen. Algunas partes de los cuerpos abandonan los cuerpos, toman otra relación -por ejemplo la relación del arsénico o la relación con el calor del clima-. Por otro lado, no dejamos de integrar partes con otras cuya relación se conviene. Cuando como, por ejemplo, hay partes extensivas de las que nos apropiamos (ej. común los alimentos) , lo implicamos es que esas partes abandonan la relación precedente que efectuaban para tomar una nueva relación, siendo esta una de nuestras propias relaciones.

Esto no cesa de funcionar (son funciones): choques, apropiaciones de partes, transformaciones de relaciones, composiciones al infinito, etc. Ahora bien, este estatuto de las partes exteriores unas a otras, que no cesan de reaccionar al mismo tiempo que los conjuntos infinitos en los que entran no dejan de variar, es precisamente el estatuto de las ideas inadecuadas, de las percepciones confusas y de los afectos pasivos, de los afectos-pasión que derivan de ellas. En otras palabras, es porque estamos compuestos de una infinidad de conjuntos infinitos de partes extensivas -exteriores entre sí- que tenemos continuamente percepciones de las cosas exteriores, percepciones de uno mismo, percepciones de uno mismo en las relaciones con las cosas exteriores, percepciones de las cosas exteriores en relación con uno mismo, etc.

Estamos frente a lo que constituye el mundo de los signos. Cuando se dice: «Esto es bueno» o «Esto es malo!», ¿qué son los signos «bueno» y «malo»? Esos signos inadecuados significan simplemente: «bueno» que encontramos en el exterior partes que convienen con mis propias partes bajo su relación y «malo» que hacemos encuentros igualmente exteriores con partes que no convienen bajo la relación en la que están. Decimos entonces que todo este dominio de los conjuntos infinitos de las partes exteriores unas a otras corresponde exactamente al primer género de conocimiento. Porque somos una inanidad de partes extrínsecas, tenemos percepciones inadecuadas. Todo el primer género de conocimiento corresponde a esta primera dimensión de la individualidad.

El problema de los géneros del conocimiento estaba ya lanzado por la pregunta spinozista: creíamos que estábamos condenados a lo inadecuado, ¿cómo explicar entonces la oportunidad que tenemos de salir de ese mundo confuso, de ese mundo inadecuado, de ese primer género de conocimiento? La respuesta de Spinoza es que existe un segundo género de conocimiento. En la Ética define el segundo género de conocimiento: es el conocimiento de las relaciones, de su composición y de su descomposición. No se puede decir más claramente que el segundo género de conocimiento corresponde a la segunda dimensión de la individualidad.

Entendiendo que las partes extrínsecas (extrínseco: adquirido o superpuesto a la naturaleza propia de algo) no son solamente extrínsecas las unas en relación a las otras, sino completamente extrínsecas, absolutamente extrínsecas, luego ¿qué es eso de decir entonces que partes extrínsecas me pertenecen? En Spinoza eso sólo quiere decir una cosa: que esas partes están determinadas, siempre desde el afuera, a entrar bajo tal o cual relación que me caracteriza. Ejemplo fuerte, ¿qué quiere decir morir? Quiere decir que las partes que me pertenecen bajo tal o cual relación son determinadas desde afuera a entrar bajo otra relación que no me caracteriza, sino que caracteriza a otra cosa. El primer género de conocimiento es entonces el conocimiento de los efectos de encuentro o de los efectos de acción y de interacción de las partes extrínsecas entre sí. No se lo puede definir mucho mejor. Los efectos causados por el choque o por el encuentro de las partes exteriores unas a otras define todo el primer género de conocimiento. Nuestra percepción natural es un efecto de los choques y desacuerdos entre partes exteriores que nos componen y partes exteriores que componen a otros cuerpos.

El segundo género de conocimiento es completamente de otro tipo. Es el conocimiento de las relaciones que componen y de las relaciones que componen a las otras cosas. Ya no se trata de los efectos del encuentro entre partes, sino del conocimiento de las relaciones, de la manera en que esas relaciones características de cada individualidad se componen con otras y de la manera en que las relaciones características y otras relaciones se descomponen. Este es un conocimiento adecuado. Y sólo puede ser adecuado, puesto que, a diferencia del conocimiento que se mantenía en recolectar efectos, este ahora es un conocimiento que se eleva a la comprensión de las causas. Verosímilmente, una relación cualquiera es una razón (a/b). Una relación cualquiera es la razón bajo la cual una infinidad de partes extensivas pertenecen a tal cuerpo antes que a tal otro. Entonces, el segundo género de conocimiento no es en absoluto un conocimiento abstracto. Simplemente insistimos en esto. Si se hiciera de éste un conocimiento abstracto, es todo Spinoza lo que se derrumba., mejor es a cada singular manera sentirlo, o presentirlo, desde el propio cuerpo.

Un error de los comentarios es que frecuentemente se dice: «Pero esto es como las matemáticas». Pero no son las matemáticas. Esto no tiene nada que ver con las matemáticas. Las matemáticas son simplemente un caso particular del segundo género de conocimiento. En efecto, las matemáticas pueden ser definidas como una teoría de las relaciones y de las proporciones -vean a Euclides por ejemplo-. Por lo tanto forman parte del segundo género. Pero pensar que el segundo género es un tipo de conocimiento matemático es una temeridad inadecuada, porque desde ese momento todo Spinoza se volvería abstracto que no lo fue. Las personas no regulamos nuestra vida matemáticamente. Y aquí se trata de asuntos de la vida.

Aprender algo, a ver un ejemplo nadar. ¿Qué sería el conocimiento del primer género? Voy, me lanzo y, como suele decirse, chapoteo. ¿Chapotear? La palabra indica bien que se trata de relaciones extrínsecas. A veces la ola me golpea, a veces me lleva. Son efectos de choque. Es decir, no conozco nada de la relación que se compone o se descompone, sólo recibo los efectos de partes extrínsecas. Las partes que me pertenecen son sacudidas, reciben el efecto del choque de las partes que pertenecen a la ola. Me río, o me asusto, según que la ola me haga reír o me provoque temor. Es la situación plena de los afectos-pasión: me divierte o me provoca miedo, o la pasión que fuera en cada caso.

Mientras estemos en el primer género de conocimiento, no dejaremos de decir: «Estos zapatos me hicieron daño». Y eso es exactamente lo mismo que decir: «El otro me hizo daño». No es porque los zapatos sean inanimados que no dejamos de decir que nos hizo daño. Decir «Pedro (Pierre*)me hizo mal» es tan desinteligente como decir «la piedra (pierre*)me hizo mal» o «la ola me hizo mal». Están al mismo nivel. Eso es el primer género. Si por el contrario sé nadar no quiere decir forzosamente que tenga un conocimiento matemático o físico o científico del movimiento de la ola. Quiere decir que tengo un saber hacer, un alegre saber hacer. Es decir, una especie de sentido del ritmo. Aprendo a componer directamente mis relaciones características con las relaciones de la ola. Eso ya no ocurre entre la ola y yo, ya no sucede entre partes extensivas -las partes acuosas de la ola y las partes de mi cuerpo-. Sucede entre relaciones: las relaciones que componen la ola, las que componen mi cuerpo, y mi habilidad, cuando sé nadar, de presentar mi cuerpo bajo relaciones que se componen directamente con las relaciones de la ola. Me hundo en el momento justo y salgo en el momento justo, evito la ola que se aproxima o, al contrario, me sirvo de ella, etc. Es más un arte lo la la composición de relaciones.

* en francés

Algo equivalente a nivel del amor.

Estamos trayendo ejemplos que no son matemáticos porque, de nuevo, las matemáticas son sólo un modo, como la teoría formal del segundo género de conocimiento y no el segundo género de conocimiento. Así las olas o el amor son lo mismo.

En un amor del primer género ustedes están perpetuamente en ese régimen de los encuentros entre partes extrínsecas. En cambio en lo que se llama «un gran amor» tienen una composición de relaciones. La dama de las camelias de Alejandro Dumas es el primer género de conocimiento. Pero en el segundo género de conocimiento se tiene una especie de composición de las relaciones unas con otras. Ya no están en el régimen de las ideas inadecuadas, es decir, del efecto de una parte sobre las mías, del efecto de una parte exterior o de un cuerpo exterior sobre el mío. Alcanzan un dominio mucho más profundo que es la composición de relaciones características de un cuerpo con las relaciones características de otro, y esa especie de flexibilidad o de ritmo que hace que ustedes puedan presentar su cuerpo -y entonces también su alma- bajo la relación que se compone más directamente con la relación del otro. Provocará la sensación de una extraña felicidad. Este es el segundo género de conocimiento.

¿Por qué hay un tercer género de conocimiento? Porque las relaciones no son las esencias. Spinoza nos dice que el tercer género de conocimiento o el conocimiento intuitivo va más allá de las relaciones, de su composición y de su descomposición. Es el conocimiento de las esencias. Este conocimiento va más allá de las relaciones, puesto que alcanza la esencia que se expresa en las relaciones, la esencia de la cual dependen mis relaciones. Si tales relaciones son las mías, si me caracterizan, es porque expresan mi esencia. ¿Qué es mi esencia? Es un grado de potencia. El conocimiento del tercer género es el conocimiento que ese grado de potencia tiene de sí mismo y de los otros grados de potencia. Esta vez se trata de un conocimiento de las esencias singulares. El segundo, y con mayor razón el tercer género de conocimiento, son perfectamente adecuados.

Los géneros de conocimiento son más que géneros de conocimiento: son modos de existencia, son maneras de vivir. Cada individuo posee las tres dimensiones: las partes extensivas, exteriores las unas a las otras, que nos pertenecen; las relaciones bajo las cuales esas partes nos pertenecen; y la esencia como grado . Pero no por eso posee los tres géneros de conocimiento, se puede muy bien permanecer en el primero.

No hay ninguna cosa singular-es decir, ningún individuo- en la naturaleza que no tenga otra más potente y más fuerte. Dada una cosa cualquiera, hay otra más potente que puede destruir a la primera. Axioma del Libro IV de la Ética.

La primera frase nos dice: dada una cosa, ella se define por su potencia; pero dado un grado de potencia —es decir una cosa en su esencia- hay siempre una potencia mayor. Hasta aquí comprendemos. Segunda frase: la primera cosa siempre puede ser destruida por la cosa más potente. Esto es muy molesto. De golpe nos decimos algo no entiendo. ¿Cómo habría un conocimiento adecuado de las esencias si ellas están en relaciones tales que una destruye a la otra?

Los que leen, lo que fuera y filosofía en particular, han comprendido luego de un tiempo que se necesita paciencia para leer. En el libro V, tenemos la proposición XXXVII. Ella contiene, después de su enunciado y de su demostración, una proposición fuera del esquema geométrico, bajo el título de «Escolio». Este escolio nos dice: el axioma de la cuarta parte concierne a las cosas singulares en tanto se las considera con relación a un cierto tiempo y un cierto lugar; de lo cual creo nadie duda.

Nos estaría diciendo, aunque no lo haga: El axioma de la destrucción, el axioma de la oposición -una esencia puede oponerse a otra al punto de destruirla- sólo se comprende cuando se consideran las cosas con relación a un cierto tiempo y un cierto lugar. No dice nada más, y tampoco es poco. Considerar las cosas en un cierto tiempo y un cierto lugar implica considerarlas en su existencia, considerarlas en tanto que existen, en tanto que han pasado a la existencia.

Una esencia pasa a la existencia cuando una infinidad de partes extensivas se encuentran determinadas desde afuera a pertenecerle bajo tal relación. Tenemos una esencia. Decimos que pasamos a la existencia cuando una infinidad de partes extensivas están determinadas desde afuera -es decir por choques que remiten a otras partes extensivas- a entrar bajo una relación que nos caracteriza. Antes no existíamos en la medida en que no teníamos esas partes extensivas. Nacer es eso. Nacemos cuando una infinidad de partes extensivas son determinadas desde afuera por el encuentro con otras partes a entrar bajo una relación que es la nuestra, es decir que nos caracteriza. Desde ese momento, tengo una relación con un cierto tiempo y un cierto lugar. El tiempo y el lugar de nuestro nacimiento son aquí y ahora.

La oposición es el esfuerzo respectivo de cada existente por apropiarse de partes extensivas haciendo que ellas efectúen la relación que corresponde a tal o cual individuo. En un sentido, puede decirse entonces que somos destruidos por otros más fuertes. Es el riesgo de la existencia. Y ese riesgo de la existencia hace una misma cosa con lo que llamamos la muerte. Una vez más, ¿qué es la muerte? Es el hecho, que Spinoza llamará necesario en el sentido de inevitable, de que las partes que me pertenecían bajo una de mis relaciones características dejen de pertenecerme y entren bajo otra relación que caracteriza a otros cuerpos. Es inevitable en virtud misma de la ley de la existencia. Una esencia encontrará siempre, bajo las condiciones de existencia, una esencia más fuerte que literalmente destruye la pertenencia de las partes extensivas a la primera esencia, recordemos el caso del arsénico.

Finalizamos hoy, y aquí, con la última proposición de la Ética, en un intento de presentar a donde nos lleva la lectura, estudio y desciframiento de la manera que nos resulte posible entender el objetivo pretendido por Baruch, no solo para él mismo sino también como lo indican sus tratados políticos, al resto de los existentes en una sociedad en cada época, ya que su lógica es intempestiva, cuando se la aprende.

Por una cuestión de principio, reemplazamos la palabra Dios del escrito por Naturaleza, equivalente en la concepción espinoziana de sustancia.

PROPOSICIÓN 42

La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma; ni gozamos de ella porque reprimimos las concupiscencias, sino que, al contrario, porque gozamos de ella, podemos reprimir las concupiscencias*.

Demostración:

La felicidad consiste en el amor a la Naturaleza, el cual nace del tercer género de conocimiento ; y por tanto, este amor debe ser referido al alma en cuanto “que actúa, y, en consecuencia , es la virtud misma: que era lo primero. Además, cuanto más goza el alma de este amor divino o felicidad, más entiende, esto es mayor poder tiene sobre los afectos y menos padece de los afectos que son malos. Y , por consiguiente, por gozar el alma de este amor potente o felicidad, tiene la potestad de reprimir las concupiscencias.

Y , como el poder humano de reprimir los afectos consiste en el solo entendimiento, se sigue que nadie goza de la felicidad porque reprimió sus afectos, sino que, al contrario, la potestad de reprimir las concupiscencias nace de la misma felicidad.

Escolio

Con esto he concluido cuanto me había propuesto mostrar acerca del poder del alma sobre los afectos y acerca de la libertad del alma. Y a partir de ahí resulta claro cuánto aventaja y es más poderoso el sabio que el ignorante, que se deja guiar por el solo apetito. Pues el ignorante, aparte de ser zarandeado de múltiples maneras por causas exteriores y no gozar nunca de la verdadera tranquilidad del ánimo, vive además como inconsciente de sí mismo y de la Naturaleza y de las cosas; y tan pronto deja de padecer, deja también de existir.
Por el contrario, el sabio, en cuanto que es considerado como tal, apenas si se conmueve en su ánimo, sino que, consciente de sí mismo y de la Naturaleza y de las cosas con cierta necesidad eterna, no deja nunca de existir, sino que goza siempre de la verdadera tranquilidad del ánimo. Y, si el camino que he demostrado que conduce aquí, parece sumamente difícil, puede, no obstante, ser hallado. Difícil sin duda tiene que ser lo que tan rara vez se halla. Pues, ¿cómo podría suceder que, si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera ser encontrada sin gran esfuerzo, fuera por casi todos despreciada?
Pero todo lo excelso es tan difícil como raro*.

114 Volviendo al presente. [6]

Solo para nadie y para todos

Volver al presente. Humano

Baruch

Terminamos el anterior: El ánimo ( el alma espinozista ) como idéntico a lo extenso del espíritu ( el pensamiento ) causa efecto reciproco, y se manifiesta en el cuerpo como sensaciones, antes se las llamaba pasiones, con Freud pulsiones. Es el alma que se expresa como alegría, tristeza, dolor, angustia, pérdida de identidad, expectativa, deseo, poder de algo, falta, fantasías, ilusiones, alucinaciones, voluntad dijo Schopenhauer, voluntad de poder, Nietzsche, arquetipo Jung, obediencia a las tablas, Moisés, demasiado.

Más cerca o más lejos, a partir de distintos paradigmas, algunos sapiens dan cuenta de la multiplicidad del modo de ser humano. Dan cuenta: lo percibieron, se dieron cuenta y lo pensaron y expusieron cada quien en su propio nombre. Como se dijo en capítulos anteriores, no existía la ciencia que pusiera aportar más elementos de fundamentación, y posiblemente aún así lo siga siendo.

Que hoy día, desde lo actual del progreso científico, con toda la parafernalia tecnológica disponible, aún se mantengan fundamentos como conjeturas es propio de las velocidades relativas entre lentitud científica y rapidez del la cosmología del pensamiento. Las cuestiones físico químicas preexisten a su entendimiento, están desde un principio y que la ciencia las vaya interpretando es lo actual en la flecha del tiempo que lleva ya 14 mil millones de años cronológicos. Las leyes de la naturaleza son siempre iguales, que aún muchas las ignoremos es lo mismo, se seguirán cumpliendo.

La Filosofía, nacida desde la observación racional y pensante de los cielos, sus regularidades y el poder ser de los hombres y su posibilidad diferencial de pensar, permitió el comienzo de las ciencias, pero neutralizó su acierto brindando fundamentos a la fantasía e ilusión mágicas o religiosas y a muchas otras maneras equivalentes. Y así estamos. Es una época aún grave, o gravísima según Heidegger, porque aún no aprendemos a pensar, y nos aventuramos a agregar desde la sensación de la experiencia cotidiana, que cada vez menos. Lo conjeturamos 70 años después que Heidegger abriera a la posibilidad de empezar, al menos, a pensarlo. Luego Deleuze y Guattari develaron la realización actualizada de la ezquizofrenia en las sociedades actuales, En la estratificación combinada de ambos momentos, nace la conjetura.

Entre la físico química del pensamiento y sus relaciones con otras partes somáticas que producen la sensación, o viceversa que las sensaciones provocan percepción al pensamiento, decimos, aún la complejidad sistema espacio-tiempo de un cuerpo humano, algo debería estar ocurriendo a cada instante, al infinitesimal de la duración de la transmisión que el sistema permita. Y claramente nos detenemos en esta postulación, porque entendemos hay bastante que aprender de los que lo pensaron y expusieron en su propio nombre .

El hombre spinoziano no es sustancia, sino modo; el alma es modo del pensamiento, y el cuerpo, modo de la extensión. Alma y cuerpo no se relacionan como dos sustancias, sino como una idea y su objeto; el cuerpo es el objeto primero del alma y el alma es idea del cuerpo.

Explayemos un poco. Spinoza propone una única sustancia, a que no tan convencionalmente (por permitida en el paradigma de su época) llama dios, aunque no tardemos en entenderla como Naturaleza, extendida a la posibilidad del todo cósmico. Alma y cuerpo no se relacionan como dos sustancias, porque solo hay una, Expresa pensamiento y cuerpo se relacionan uno a otro, desde la lógica de la expresión de su entendimiento,

Agrega: Ahora bien, como nuestro cuerpo es una especie de proporción o armonía de movimiento y reposo, y está continuamente sometido al impacto de los múltiples y variadísimos cuerpos que lo rodean, nuestra alma refleja esos choques e impactos y, a través de ellos (afecciones corporales), conoce los cuerpos externos. He ahí la imaginación: un conocimiento esencialmente condicionado por la situación de nuestro propio cuerpo, por nuestro temperamento, nuestra experiencia previa y nuestros prejuicios individuales.

Aún desde la ignorancia de las infinitas posibilidades físico químicas que se transmitan, decimos, Spinoza las anticipa en los términos del lenguaje que puede utilizar. Y destacamos en esto el asunto del lenguaje que está directamente relacionado con la necesidad de convencionar los contenidos del pensamiento, para su posible transmisión a otros sapiens que están cerca, justo frente al que algo dice necesariamente devenido cierta clase de pensamiento antes de eso.

Las formas en que pueda devenir un pensamiento no aprendido lo extenderemos más adelante en referencia a Freud, o a Schopenhauer, o a Nietzsche, o porque no a Marx, aunque ya Spinoza, antes que todos ellos lo haya intuido y que anticipa como provenientes de nuestro temperamento, nuestra experiencia previa y nuestros prejuicios individuales, que además de inevitables son siempre singulares a cada sapiens existente.

A partir de esta idea del hombre, como ser imaginativo, que sólo percibe los cuerpos externos a través de su propio cuerpo, define Spinoza los afectos o sentimientos.

Los afectos humanos son la vivencia en la imaginación, es decir, las ideas de nuestras afecciones corporales . Tienen, pues, las mismas características que la imaginación y se rigen por sus mismas leyes. Los sentimientos son subjetivos, porque la imaginación refleja más la situación de nuestro cuerpo que la naturaleza de los cuerpos externos. Son inciertos y azarosos, adoptan el carácter de pasión, de algo que se nos impone del exterior y nos sorprende a cada paso, porque la imaginación capta consecuencias sin sus premisas, es decir, fenómenos sin sus causas.

Se refuerzan y debilitan, se mezclan y entrecruzan, se comunican y difunden de las formas más extrañas y sorprendentes, sin que podamos evitarlo, porque se rigen y gobiernan por las leyes de asociación de imágenes (semejanza, contigüidad y contraste), que son tan necesarias como las leyes de choque
de los cuerpos.

Así, preliminarmente lo expresaba Spinoza. Claro, apenas se conocían las matemáticas de Isaac Newton y la reciente física más moderna de Descartes, y no es menor que su obra principal esté expuesta al modo geométrico. Inferimos de lo hasta aquí resumido su intuición que la mundanidad debía cumplir con ciertas legalidades propias de la Sustancia, de la que de sus infinitos modos el hombre, y usando palabras, solo dispone de dos.

Con dos mínimas clarificaciones, en referencia a esta primera parte con Baruch, no nos estamos saliendo hasta este momento de un hombre individual (o sea postergamos lo social), y segundo, por lo tanto se habrá de seguir con él.

Schopenhauer

Textual del comienzo de Sobre la voluntad en la naturaleza:

El rasgo fundamental de mi doctrina, lo que la coloca en contraposición con todas las que han existido, es la total separación que establece entre la voluntad y la inteligencia, entidades que han considerado los filósofos, todos mis predecesores, como inseparables y hasta como condicionada la voluntad por el conocimiento, que es para ellos el fondo de nuestro ser espiritual, y cual una mera función, por lo tanto, la voluntad del conocimiento. Esta separación, esta disociación del yo o del alma, tanto tiempo indivisible, en dos elementos heterogéneos, es para la filosofía lo que el análisis del agua ha sido para la química, si bien este análisis fue reconocido al cabo. En mi doctrina, lo eterno e indestructible en el hombre, lo que forma en él el principio de vida, no es el alma, sino que es, sirviéndonos de una expresión química, el radical del alma, la voluntad. La llamada alma, es ya compuesta; es la combinación de la voluntad con el nous, el intelecto. Este intelecto es lo secundario, el posterius del organismo, por éste condicionado, como función que es la del cerebro. La voluntad, por el contrario, es lo primario, el prius del organismo, aquello por lo que éste (el pensamiento) se condiciona. Puesto que la voluntad es aquella esencia en sí, que se manifiesta primeramente en la representación (mera función cerebral esta), cual un cuerpo orgánico, resulta que tan sólo en la representación se le da a cada uno el cuerpo como algo extenso, articulado, orgánico, no fuera ni inmediatamente en la propia conciencia”.

No estudiaremos aquí a Arthur Schopenhauer, si explanaremos lo que adviene a nuestro modo de pensar cuando lo hacemos. Si aún no aprendemos a pensar, reconocemos la ayuda que a la distancia de dos 2 siglos nos puede agregar. De nuevo, expresa en sus palabras posibles contenidos de pensamiento que debemos aprender a escuchar (un forma elíptica de referir a su lectura o estudio). Había épocas en que era considerado conveniente, no solo leer los textos en voz alta, además de tomar las notas que que nos ayudarían a recordar lo que despertaba la atención en su momento, ya que después eran relocalizadas a una memoria latente , no consciente.

Advirtamos, como una mínima cuestión de contexto, que Schopenhauer es considerado uno de los más brillantes pensadores del siglo XIX y de más influencia en el siglo XX, siendo el máximo representante del pesimismo filosófico, adversario del idealismo hegeliano propone un “pensar hasta el fondo” la filosofía de Kant, y se inspiran en cosas de Platón y Spinoza, y como casi podríamos decir un postidealismo o idealismo trascendental y que acerca las alternativas no tan pesimistas de la filosofía oriental. Muerto el héroe filosófico de la época, Hegel, al casi final de su vida su obra empieza a ser más leído y reconocido. De su lectura cabe dar cuenta de una potente inteligencia que al menos a algunos nos asombra.

Si nos escuchamos poder pensar que el intelecto es lo secundario, lo posterior en el organismo que es un sapiens (un volumen de espacio-tiempo aludirá más tarde Schrödinger), por éste condicionado. La voluntad, por el contrario, es lo primario del organismo, aquello por lo que luego el pensamiento se condiciona. Pura voluntad de persistir en su ser sustancial en el mundo, ya adelantada por Spinoza pero ahora expuesta como fuerza natural, como un radical del alma lo dice, como una raíz que permite lo otro.

Resuenan las metáforas propias de cada posibilidad de expresar con lo arbitrario de las palabras, contenidos bulliciosos de pensamiento. Lo bullicioso proviene, decimos (y cuando decimos no lo arrogamos como valor de verdad, sino como resultado dicho en palabras, algo de lo que se deriva de nuestros contenidos propios de la consciencia que nos aporta el pensamiento en el contexto en el cual nos estamos expresando) de la enorme actividad de intercambio de energías físico químicas, entre cada una de las partes de nuestro organismo. Este organismo se constituyó, como lo revisamos en capítulos anteriores desde formaciones específicas que en el transcurso de las transformaciones entre las infinitas posibles dieron lugar a los cuasicristales, que como ADN, admiten la reproducción de los organismos, sus modos de existencia concreta y el fenómeno que luego se bautizará como Vida, en este planeta al menos. Si a la luz de la posibilidad de las ciencias hoy, no disponibles ni para Spinoza, ni para Schopenhauer, ni para Nietzsche ni para Freud en sus momentos, hoy atrevemos una conjetura más cerca de las leyes que rigen el cosmos que entendemos conocer, es nada más porque la ciencia aporta nuevas posibilidades, que antes claramente no estaban disponibles. De nuevo, el hombre es anterior a las ciencias. Por lo tanto nuestro paradigma nos permite hoy adicionar a las formas de expresar la misma humanidad con criterios algo más ampliados. Por eso decimos, decimos.

Solo haberlo nombrado a Schopenhauer, y con solo una preliminar irrupción de su concepto de la voluntad, no solo reencontramos la anterior mención a los cuestiones de Spinoza, también preliminares, sino que además nos abre vías de articulación con lo que intentamos decir hoy cuando decimos. Casi una primera correlación entre sapiens en su devenir.

Una última observación antes de pasar a Nietzsche, nos enteramos desde lo profundo de la historia occidental, que algunos ante la fuerza superior, que Schopenhauer nombra voluntad, y ante la intuición de algo que prevalece en la constitución humana ignorando cualquier grado de conocimiento imposible para su época, inventaron el concepto de Dios, no en minúscula como hizo Aristóteles, sino con mayúscula y ortorgándole a la palabra y su representación una fuerza divina que los míticos asignaban a sus héroes imaginarios. Que luego essa palabra en mayúscula se impusiera de alguna mística manera, y con el poder de la imposición hiciera lo que hizo, es otra historia que seguramente retomaremos en otros capítulos, aunque no estuvieran sino nombrando la misma voluntad schopenhauriana, desde la ignorancia y cierta inconsciente cuenta de la prevalencia de la Naturaleza.

Nietzsche

Hemos expuesto muchas cosas acerca de Nietzsche en este lugar. Agregaremos ahora alguna nueva consideración, desearíamos intempestiva, en función de la escucha de algunas partes de su obra que se convienen con lo aquí, en este capítulo, planteado. No dejó de reconocer en su juventud Friedrich que Schopenhauer fue uno de sus “maestros” cuando aún oscilaba desde la filología hacia cierta independencia filosófica.

Sobre La voluntad de poder.

Todos los grandes temas de la filosofía de Nietzsche, el nihilismo, la crítica de la metafísica, la religión y la moral, la doctrina del Eterno Retorno y la Transmutación de los Valores, se dan cita en esta gran obra, cuyo nudo argumenta! lo constituye precisamente el estudio de la Voluntad de Poder. En el el libro III «Fundamentos de una nueva valoración», apunta en un doble sentido. En primer lugar nos proporciona una aproximación al concepto de Voluntad
de Poder: es el principio a partir del cual se determinan los valores. En segundo lugar sugiere la necesidad de una nueva valoración, ya que… un fantasma recorre Europa: el nihilismo.

La gran noticia se propaga: Dios ha muerto, y con él todo el reino de los valores suprasensibles, de las normas y de los fines que hasta ahora habían regido la existencia humana. Ya no es posible continuar engañándose con el espejismo de la trascendencia. La idea de otro mundo superior al nuestro, donde reinan desde siempre y para siempre el Bien, la Verdad y la Justicia, se nos revela como la falsa proyección de nuestros deseos en un más allá inexistente. No hay nada que
ver detrás del telón: ese mundo ajeno al cambio, a la muerte, al dolor y a la mentira no es otra cosa que la pura nada, un ideal vacío, una mentira piadosa que hemos confeccionado invirtiendo los caracteres de nuestro mundo real que estimamos indigno de ser vivido por sí mismo. Y «ahora que se hace claro el mezquino origen de estos valores, nos parece que el universo se desvaloriza, “pierde su sentido”…»
(el nihilismo).

Son solo dos párrafos de la insistente obra de Nietzsche, primero consigo mismo y a partir de su sensación y posterior inteligencia su interpretación en nombre propio de lo que hace frente en el humano que lo rodea. Son párrafos póstumos, y retornemos por un momento a otros de su juventud, todavía en Basilea. Sobre Verdad y Mentira en Sentido extramoral:

En un apartado rincón del universo donde brillan innumerables sistemas solares,
hubo una vez un astro en el que unos animales inteligentes descubrieron el conocimiento. Fue el minuto más engreído y engañoso de la «historia universal», aunque, a fin de cuentas, no dejó de ser un minuto. Tras un breve respiro de la naturaleza, aquel astro se heló y los animales inteligentes hubieron de morir.
Aunque alguien hubiera ideado una fábula así, no habría ilustrado suficientemente el estado tan sombrío, lamentable y efímero en que se encuentra el intelecto humano dentro del conjunto de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existió, y cuando desaparezca, no habrá ocurrido nada, puesto que ese intelecto no tiene ninguna misión que vaya más allá de la vida humana”.

Otro párrafo:

Sólo mediante el olvido puede el hombre llegar a pensar alguna vez que posee una verdad en el sentido que acabo de reseñar (Estas convenciones linguísticas productos del conocimiento y sentido de la verdad que se proponen) . A menos que se contente con meras tautologías, esto es, con cascaras vacías de contenido, estará constantemente tomando ilusiones por verdades. ¿Qué es una palabra? La transcripción en sonidos de una excitación nerviosa. Ahora bien, deducir d e una excitación nerviosa que existe fuera de nosotros una causa de la misma supone ya una utilización abusiva e injustificada del principio de razón. Si en el origen del lenguaje la verdad fuera el único factor determinante y la certeza el criterio definitivo para designar todas las cosas, ¿de qué manera podríamos, entonces, decir con propiedad que «la piedra es dura», como si captáramos lo «duro» de una forma distinta a la mera excitación subjetiva?

Volvemos:

Nos aparece al escucharlo a Friedrich, que ya desde un comienzo de su obra disponía de los conceptos que después refinaría, ampliaría y profundizaría hasta donde pocos han llegado. Para el objeto de esta parte es como reencontrar con la afirmación que la vida está antes del pensamiento, que nos fue dotado a los sapiens.

Una aproximación al concepto de Voluntad de Poder: es el principio a partir del cual se determinan los valores. Nos encontramos así con dos formas de negación de la vida aparentemente opuestas, pero rigurosamente complementarias: el nihilismo pesimista y el «optimismo» metafísico del Idealismo. La primera es tan solo la consecuencia lógica de la segunda que contiene ya, en sí misma, el germen del nihilismo, pues el fundamento de sus valores no es otra cosa que la pura nada, el niliil. Constituye así un nihilismo inconsciente que ignora su propia mentira como tal mentira. Cuando esta mentira se desvela a la conciencia, irrumpe el nihilism queo propiamente dicho. Pero, en definitiva, la historia de la humanidad desde Platón y el cristianismo hasta… ¿cuándo?, es siempre la historia de un «tedium vitae» cada vez más pronunciado.

Podemos llegar a entender, más propiamente de estas consideraciones, si intempestivas, de Nietzsche que la secuencia que viene desde Spinoza y continúa con Schopenhauer se va refinando. Si la vida que es lo primario y que dispone de la voluntad que es la de la naturaleza, luego permite contenidos de pensamiento y estos idealizan ilusoriamente (inconscientemente lo nombre Friedrich) se prevalencia, el mundo humano parece haber entendido las cosas al revés, y actuado en consecuencia proponiendo valores que nos eran, por simple cuestión de principios cronológicos, y para eso no quedaba más opción que la imposición convencional de sus valores apodípticos, Entendemos con eso que la Voluntad de Poder nietzscheana como un retorno a la determinación de valores que provengan de la tierra, de la vida misma, no de la infinidad de metáforas que los pensamientos imaginativos promovieron desde la simple ignorancia de su propia condición y posibilidad. Y así nos va…..

Nietzsche va completando el círculo al que el auto engaño del entendimiento, y las las ciencias naturales estaban en su modo de concepción dentro del mismo. Harán falta Freud y Schrödinger, para sacarlas de ese lugar. Schrödinger en cuanto a la apertura de la complejidad del fenómeno de la vida para la física moderna y brindando, desde su humildad de físico (nobel) ingenuo la opción de empezar a entenderla como hecho de la naturaleza. Freud, antes y con cierta intuición de los que luego podrá validarse en los laboratorios de los científicos, el más importante en cuanto a desvelar los modos en los que los pensamientos son gobernados por otras instancias de la que denomina la constitución anímica, y que para nada tendrán que ver con las fantasías que anticipaban Schopenhauer y Nietzsche.

Sigmund

Sigmund Freud fue un descubridor, como antes Galileo y Darwin, que descentralizan la ilusión anticipada con Nietzsche del hombre sapiens ombligo del mundo. Galileo demuestra que este planeta Tierra no es el centro de Universo, Darwin que la criatura hombre no es ni divina ni la suprema creación, sino solo un escalón más en la evolución de una especie orgánica en las condiciones en que el fenómeno de la vida se presentó en el contexto de la Naturaleza, Freud agregará algo así como que no somos dueños de nuestras motivaciones y obramos en función de designios ignorados. Este último es uno de los puntos más resistidos del psicoanálisis que Freud funda), por cuanto se inscribe contra toda evidencia inmediata y pone en cuestión las motivaciones yoicoconciencialistas de raíz ilusoria. (Agradecemos a Roberto Harari , el neologismo resume inteligentemente hacia lo que señala el camino)

Sigmund se gradúa en neurología, lo que nos va indicando que su trayecto que si bien parte de los paradigmas científicos de su época donde la física era el modelo más reconocido, y desde el que va transitando arduamente, y desde su experiencia clínica, hasta verse obligado a apartarse de la incapacidad de explicar con esos paradigmas las cuestiones del hombre, tal como el iba conociendo no solo en los hospitales, universidades su consultorio, sino y sobre todo en sí mismo. El se constituyó en su propio laboratorio, y los resultados de su entendimiento e interpretación de ese entendimiento derivaron en su obra y pretensión nunca acabada de fundar al psicoanálisis como ciencia, del tipo de las que él había partido.

No vamos a repetir cuestiones ya expuestas pero que ayudarían en este caso a detallar un poco más el sendero por que transitamos:

( https://cuestionesfilosoficas.com/2017/04/22/la-cuestion-de-pensar/ )

Freud si bien intenta apelar a un modelo científico acerca de sus apercepciones después de una pasantía en el Hôpital de la Salpêtrièr con Charcot, su pretensión esbozada en su Proyecto de una psicología para neurólogos, lo abandona y nunca se publica sino póstumamente, aunque debemos entender que claramente le queda la experiencia de haberlo masticado, pensado a su manera, escrito, revisado,

El tratado fue escrito en 1895, antes de la identificación de lo inconsciente en tanto tal aun insinuado de otras formas, y entre idas y vueltas que muestran un esfuerzo importante en mantener irrefutables sus inferencias, que se documentan en la correspondencia y encuentros mantenidos con Wilhelm Fliess termina encajonando su tratado, hasta que 50 años después es publicado. En algún momento le escribe a Fliess: <<trataba de encontrar el núcleo de la defensa pero hallé que eso me llevaba a explicar algo que pertenece al núcleo de la naturaleza.>>.

El nuevo y descubierto por Freud fue el concepto, en cuanto posibilidad de modo no digamos de pensamiento sino de cierta fenomenalidad, del inconciente (hay una convención ortográfica de validar como iguales las palabras escritas inconsciente e inconciente, como sus opuestos consciente e conciente). Uno de su párrafos en una de su inmensa obra expresa en palabras posibles: “Son abundatísimas las fantasías inconcientes que tienen que permanecer tales a causa de su contenido y por provenir de material reprimido. Una mayor profundización en los caracteres de estas fantasías diurnas nos enseña que con todo derecho conviene a estas formaciones
el mismo nombre que llevan nuestras producciones mentales nocturnas: el nombre de sueños. Tienen en común con los sueños nocturnos una parte esencial de sus propiedades; su estudio habría podido abrirnos, en verdad, el más directo y mejor acceso para la inteligencia de estos. Como los sueños, ellas son cumplimientos de deseo”.

Si bien traído desde lo profundo de la filosofía, desde El Banquete de Platón, como ejemplo muy preliminar, nunca se estatuyó la palabra deseo como radical inconsciente. Antes de Freud no existía la palabra inconsciente como algo reprimido. En todo el caso se la usaba como olvidados o carente de ser pensado, casi como la voluntad schopenauriana. El deseo ignorado, con cualquiera de la procedencias que que se pretenderla asignarle, es el freudiano. Antes se lo nombraba como la pasión spinozista como afecto puesto en imaginación del alma,

El deseo es el movimiento de algo que va hacia lo otro como hacia lo que le falta a sí mismo. Eso quiere decir que lo otro está presente en quien desea y lo está en forma de ausencia. Quien desea ya tiene lo que le falta, de otro modo no lo desearía, y no lo
tiene, no lo conoce, puesto que de otro modo tampoco lo desearía… Lo esencial del deseo estriba en esta estructura que combina la presencia y la ausencia. La combinación no es accidental: existe el deseo en la medida en que lo presente está ausente a sí mismo o lo ausente presente.”
Lyotard ¿Por qué filosofar ?. 1989.

Ninguno antes, y muchos después de Freud, dieron cuenta de la supremacía inconciente de la sujetación de lo que llamamos pensar. El hombre ya no debería creerse que es lo que creía que era, dueño del universo y de la naturaleza.

En términos bruscos, el hombre no es dueño de nada más que su corta vida, que bien haría en sentirse humilde frente a lo que realmente se la posibilita y entendiéndola a su mejor modo posible, no solo disfrutarla sino además entenderse en la infinitud de su volumen espacio-temporal, y es quizá una expresión de deseo que así como no pueden eludir la legalidad de la Naturaleza que los admite como seres vivos, de la especie sapiens, tampoco eludan la cautela necesaria y respeto que se merecen cualquieras otros modos que el contexto que les rodea, creados por la misma físico-química que a cada cosa o quién se trate, porque tienen el mismo origen. Lo orgánico es efímero, y en cuanto efímero, a un sapiens que dé cuenta de ello que en lugar de fantasiar poderes que no le son otorgados por su condición, alegren su corto tiempo y el de los otros que lo rodean. Ya volveremos con la cuestión de la alegría y la tristeza.

Hasta aquí hoy. Queda muchísimo por repensar.

109 Volviendo al presente. [1]

Parte Uno: Primero la Vida

Habíamos finalizado Memorias del Futuro ( https://wordpress.com/block-editor/post/cuestionesfilosoficas.com/12545 ) con:

Queda el hombre esencial como expectativa, que asombrado de la nueva realidad del mundo que hace frente, salga del letargo y se ponga a pensar, y que en ese camino dando cuenta de la absurdidad del destino que depararía el futuro que aún no existe bajo el dominio de la nueva lógica, retorne a las leyes que la naturaleza le otorgó en su origen, sepa discernir las cosas en nombre propio y vuelva a disfrutar primero y concretar en acciones después su espiritualidad, tal fuera devenido en la Naturaleza que lo permitió. Y si así no ocurriera, ya podríamos mencionar, que el hombre, como tal, sapiens, está en vías de extinción antes del final cósmico que ya está reservado por las leyes del Universo.

No alejamos tanto el camino inicial que elegimos. La imagen que se compone es la que tal vez encontremos la posibilidad de abrir nuevas vías al pensamiento que despenalicen el sentimiento trágico que se desprende del fenómeno humano en lo cotidiano, quizá demasiado humano.

Imaginamos una secuencia como la de primero la vida, luego el hombre sapiens, y lo presente tal cual en este mundo (que es humano).

Nos motiva que cual soldados echados a su suerte, mientras comen el rancho miserable, la noche se echa encima y la oscuridad oculta por unas horas el espeluznante panorama. Pero el horror no descansa. [Julio Alejandre]

Es un reto a la razón, con la que recorriendo senderos pequeños y a veces azarosos fuimos encontrando señales que nos aproximan al camino elegido. Aprendimos de los maestros que pensar es rebelde y hablar peligroso, salvo constricción reconstruida luego de casi la nada. Necesitamos empezar por algún, al menos convencional, principio. Y si queremos dilucidar el pensar y como mejor hacerlo, partimos que tal cualidad requiere primero de la condición vida. Ilusionamos que modos de pensamiento renovados permitan mejores condiciones en la que el horror se diluya en la energía oscura del cosmos.

“Ello funciona por todas partes, bien sin parar, bien discontinuo”.

Ese ello, nombrado al inicio del Antiedipo guattari-deleuziano, tal vez refiera al Id de Freud. Y podemos agregar que análogo funcionamiento es el del cosmos, el principio de lo que entendemos hoy son o permiten a las cosas ser. Palabrita complicada ser, desde el descubrimiento de la razón y olivada demasiadas veces en la jerga infinita de los discursos que nos asedian.

El término vida (en latín: vita),​desde la biología, referencia a aquello que distingue a los reinos animal, vegetal, hongos, protistas, arqueas y bacterias del resto de las entes naturales. Implica capacidades de organización, crecimiento, metabolismo, respuesta a estímulos externos, reproducción y muerte.

Hoy día se supone que el fenómeno vida aparece en la Tierra hace unos 4 mil millones de años.

La Tierra es el único lugar del Universo del que se sabe que hay vida; cuna y hogar de la Humanidad, y de todas las formas de vida conocidas.

¿Cómo pueden la Física y la Química dar cuenta de los fenómenos espacio-temporales que tienen lugar dentro de los límites espaciales de un organismo vivo?
La respuesta preliminar puede resumirse así:
La evidente incapacidad de la Física y la Química actuales para tratar tales fenómenos no significa en absoluto que ello sea imposible. (Erwin Schrödinger. ¿Que es la Vida?.

Los objetos originales de la Física y la Química no incluían los organismos vivos. Se ocuparon de muchas cosas, desde el consentimiento que ellos los científicos, podrían explicar muchas cosas a partir que primero estaban vivos y además podían pensar razonablemente. Las primeras concepciones acerca de la transmutación de la química orgánica a la de formaciones vivas, es el inicio de la biología. La razón era un descubrimiento griego complementario a la capacidad ignorada por la especie sapiens hasta ese momento de poder ejercerla. Luego devendrán las ciencias. Comenzando por el atomismo de Demócrito, la geometría de Euclides y el misterio de Thales y sus matemáticas, que aún sus asombrosas inferencias y postulados, no podían interesarse en la vida como fenómeno preliminar y la capacidad de pensamiento liminar que los incluía. De todas maneras se fueron como articulando las unas y las otras y precisamente en esos andamos por estos senderos que nos acercan al camino buscado.

Hoy por hoy, dado al ingenioso trabajo realizado durante los últimos cien años por los biólogos, especialmente por los genetistas y los recursos tecnológicos disponibles, se conoce lo suficiente acerca de la estructura material y del funcionamiento de los organismos para afirmar que, y ver exactamente por qué, la Física y la Química no pueden explicar lo que sucede en el propio espacio y tiempo dentro de un organismo vivo.

La disposición de los átomos en las partes más esenciales de un organismo, y su mutua interacción, difieren de modo fundamental de todos aquellos casos que hasta no hace mucho han ocupado, teórica o experimentalmente, a físicos y químicos. Ahora bien, la diferencia que admitimos en denominar fundamental tiene tal naturaleza que fácilmente podría parecer insignificante a todo aquel que no sea físico, y que no esté, por tanto, profundamente compenetrado con el conocimiento de que las leyes físicas y químicas son esencialmente estadísticas. Es en relación con el punto de vista estadístico donde la estructura de las partes esenciales de los organismos vivos se diferencia de un modo profundo de cualquier otra porción de materia que los físicos y químicos, hayan manejado observado experimentalmente en el laboratorio o infiriendo cosas desde el escritorio. Resulta casi inimaginable que las leyes y regularidades así descubiertas puedan aplicarse inmediatamente al comportamiento de sistemas que no presentan la estructura en la que están basadas esas leyes y regularidades.

No puede esperarse que alguien ajeno a la estas ciencias capte el sentido (y mucho menos aprecie el alcance) de esta diferencia en la estructura estadística si se expresa, como se ha hecho, en unos términos tan abstractos.

Con el fin de dar un tono vital y accesible a la afirmación, permitámonos anticipar lo que sera explicado más adelante con más detalle, concretamente, que la parte más esencial de una célula viva (la fibra cromosómica) puede muy bien ser denominada un cristal aperiódico. En Física, solo se había tratado con cristales periódicos. Para la las concepciones de humildes físicos, estos últimos son objetos complicados e interesantes: constituyen una de las más complejas y fascinantes estructuras materiales que confunden su comprensión de la naturaleza. Pero, comparados con el cristal aperiódico, resultan bastante sencillos y aburridos. La diferencia entre ambas estructuras viene a ser como la existente entre un papel pintado de pared, en el que el mismo dibujo se repite una y otra vez en períodos regulares, y una obra maestra del bordado, por ejemplo, un tapiz de Rafael, que no presenta una repetición tediosa, sino un diseño elaborado, coherente y lleno de sentido, trazado por el gran maestro. (E.S. ¿Q.E.L.V?)

Decimos, conviene ir lentamente, estamos entrando en un sendero donde percibimos otro que se cruza, ya antes paralelo pero soslayado por la simple inercia de seguir adelante por el propio del que no habíamos dado cuenta. Algo que intuiamos, puede soslayarse para no desviarnos de la dirección que suponíamos originalmente acertada, o también se puede hacer un alto, como suspensión al menos parcial, para atender a lo señalado por el nuevo, antes de seguir adelante.

Mucho se ha discutido de preeminencias entre filosofía y ciencia. La una sustentando a la otra por precedente y la otra refutando a la primera por enfocada en objeto en particular y escasa evidencia experimental.

Para nada entraremos en un nudo gordiano que no se pueda soltar ni haya que cortar con el filo de una espada poderosa que ya haya prefijado un camino. En el remanso de la suspensión parcial del andar del propio pensamiento, mejor quisiéramos atenernos al menos a la oportunidad de arrimar los senderos, primero porque nos decimos que no nos es conveniente arrogarnos una determinada fuerza preestablecida, como la del que mueve la espada filosa, ni obturar la posibilidad de complementar y abrir la visión del campo con otras, si demostraran la misma honestidad con la que emprendimos y pretendemos de la propia.

108 Volviendo al presente. Introducción

Introducción

El gran aventurero de estos tiempos es el padre de familia que hará todo lo que las fuerzas le dén para salvaguardar a su familia de todos los infinitos riesgos que el mundo le presenta. Por más peyorativamente que la sociedad del statu quo lo nombre.

Quizá un poco cansados de lo peyorativo, herencia agónica de la dialéctica entre los hombres, donde alguien se impone, por unas u otras formas, del resto, contando de cierta supuesta autoridad de ese “poder”, que su tiempo presente otorga.

Uno no ama a un pueblo sino a los solamente amigos. Y eso es bravo. Aunque se repita casi el infinito de la historia del hombre. El hombre libre es el que no acepta ningún tipo de coacción, nada que obstaculice su posibilidad de pensamiento en nombre propio. El parrieastés es el que solo necesita decir la verdad de la forma que fuera, por fuera de toda forma de sujeción y coactiva. Entre amantes y necesitados de verdad, suceden demasiadas cosas en el mundo, que es humano.

La idea kantiana de humanidad es la única que nos puede sacar de la de la raza, única garantía de que los racismos dejen de existir, uno de tantos peligros de ese mundo. Que al ocurrir en existencia matan a la gente por simple idealismo, que no es sino pura ilusión.

No podemos no pensar, desde el momento en que nacimos. Y las cuestiones entre los hombres son el objeto desde siempre luego de entendido el logos y los comienzos de la filosofía.

Con cierto conocimiento de la historia daremos cuenta de lo grande, lo glorioso, lo bárbaro, lo cruel, y lo más bajo del hombre. Y entendemos que ninguno de sus modos puedan ser independientes del pensamiento. Se siente y se piensa, cuerpo y alma, que no pueden estar disociadas ya que residen en el mismo único volumen en medio de otro enorme que lo rodea. Es el mundo que hace frente. Mundo pequeño dentro de un cosmos.

Sentimos y pensamos el sentimiento, ese afecto que efectúa, de muchas maneras. a partir de las causas que lo provocan. Y partimos del a priori de la única, singular, e insoslayable propia experiencia. Nos lo decimos quizá no de una primera vez, lo que la infinitud de modos de pensar y actuar del hombre, no en general, si en singular o en formas de agenciamientos en grupos de ellos, que asombran desde desde la admiración hasta el espanto.

El espanto de las miserias provocadas por el hombre lobo sobre otros hombres más mansos y obedientes, aún las leyes que hayan establecido entre ellos, nos asoma a una desobediencia de esas mismas leyes propuestas desde la inteligencia de la convivencia de sociedades conglomeradas donde sin ellas todo sería permisible. Aún colectivamente establecidas esas legalidades, hay demasiados que las ignoran, o peor aún, conociéndolas no las acatan, en perjuicio del resto, sin límites ni respeto a lo más elemental, que es la propia vida. Se matan muchos seres vivos, entre otros al hombre mismo. Asombra que quienes no respetan la vida ajena, tampoco lo harán de la propia, simple especulación, juego de espejos.

El objeto de esta parte, o serie, que es Volviendo al Presente, es la clara idea que nada puede ser fuera de cierta legalidad fuerte, que por más desobediencia que la multiplicidad de modos de pensamiento permita a las leyes propias del hombre ser transgredidas sin condena alguna, hay otras más originales que ninguna construcción propia del propio pensamiento y sus efectuaciones, no son pasibles de desobediencia, nada más que por las que las preceden, y como efectuación ineludible de las mismas, es el cosmos y sus componentes, entre ellos las galaxias, entre ellas la Vía Láctea, denominación que proviene de la mitología griega, esa es, en efecto, la apariencia de la tenue banda de luz que atraviesa el firmamento terrestre. En esa galaxia está nuestro sistema solar, cuyo tercer planeta es la Tierra, de la que provenimos.

Es en la pura Tierra donde apreció la vida, tal como entendemos conocerla, y entre la multiplicidad de especies que el fenómeno admitió, solo una es el sapiens al que pertenecemos.

Nietzsche en su Sobre verdad y mentira en sentido extramoral inicia: “En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo”.

Nos preguntamos: ¿Porqué el pensamiento?. ¿De donde proviene?. ¿Como se produce?, y otras interrogaciones que puedan establecerse. Casi lo mismo que las sensaciones, de las que elegimos la de la voluntad. ¿Que es eso de la voluntad?. ¿Tiene que ver con la vida?. ¿Como se relaciona con el pensamiento?. ¿El pensamiento es algo de la vida?. Si bien anticipamos intuitivamente que si como respuesta a esas primarias preguntas, el el objeto de la serie ir abriendo caminos que aproximen a la paradoja de entender por solo voluntad de saber, mediante palabras pensadas, lo que son o pueden ser esos entes (pensamiento, sensación), en un medio cosmológico cuyas leyes serían inmutables, aunque los sapiens se crean el ombligo del mundo.

Y con el solo ánimo de ojalá no solo entender las penas de la vida humana, su instinto de agresión, sino mejor abrir a la posibilidad de que cada sapiens, por el hecho de haber nacido tal, pueda guiarse de acuerdo a esas leyes que lo posibilitaron, varios miles de millones de años antes y tal vez se alejara de su ilusión y permitiera una vida entre ética y estética, hasta que el sol se transforme en una estrella gigante que se trague la Tierra en unos mil millones de años.

107 Repensar una cosmología del pensamiento. [Final de la serie]

Final de la serie que nos remite desde lo más anterior hasta nuestro días ilegales

En nada piensa menos el hombre que en la muerte, su sabiduría consiste en reflexionar, no sobre la muerte, sino sobre la vida. Baruch Spinoza, IV, Prop. 67

En la cuestión de la vida, hay problemas fundamentales que oscilan entre la Biología y la Física.La cuestión se puede comenzar con una pregunta:

¿Como pueden la Física y la química dar cuenta de los fenómenos espacio-temporales que tienen su frontera espacial en un organismo vivo? (Entre los cuales el sapiens puede pensar)

La respuesta preliminar:

La evidente capacidad de la Física y Química actuales para tratar esos fenómenos no significa en absoluto que ello sea imposible.

Hoy en día, gracias al ingenioso trabajo realizado durante los últimos cien años por los biólogos, especialmente por los genetistas, se conoce lo suficiente acerca del la estructura material y del funcionamiento de los organismos para afirmar que, y ver exactamente por que la Física y la Química actuales no pueden explicar lo que sucede en el espacio y en el tiempo dentro de un organismo vivo.

Esta será la próxima serie, que adelantamos aquí. Sin duda hay una estrecha relación entre lo cosmológico y nuestra posibilidad de pensar. Siempre se cumplen las mismas leyes que rigen al cosmos, aunque así expresado sea a primera vista un imperativo, que se irá desarrollando luego, como se dijo.

En esta apenas llegamos a intentar la relación, y creemos que describimos los efectos finales de la cuestión objetivada, y como método, partiremos de ese efecto, para ir a encontrar las causas posibles que lo permitan.

Por eso finalizamos esta serie con los efectos que el pensamiento produce a nivel de cada uno de nosotros, independientemente de la físico química cosmológica que lo determina. De todas maneras, una lleva a la otra, y la consecuencia es la misma, pensar en el hombre y sus sociedades, está bastante determinado por el interés filosófico, ya no solo desde lo propio de la capacidad, sino por los mecanismos determinados por la gregariedad y sus dispositivos.

Dios ya no es el sujeto de enunciación como fundamento. Las cosas ya no serán las cosas lo que son sino lo que el hombre racionaliza, proyecta o ilusiona acerca de ellas. Hay una mediación paradigmática con las cosas en sí. Habremos de proseguir con esto. Las ciencias humanas van demostrando que el sujeto es en sí mismo una construcción. Hay complejidades, queda claro y la pretensión es seguir avanzando en su de-construcción.

Hablamos a lectores, entonces los huecos serán completados con las únicas propias interpretaciones en nombre propio. Damos un salto al final de la serie con un otro pensador, que como siempre decimos, nos ayuda a pensar, desde sus decires o escritos, para que ayude a abrir caminos de pensamiento. Uno no es sino es mucha s cosas.

Final de la serie. Ley del hombre que ya no existe.

Algo que el homo sapiens ha errado.

Michael Foucault, más allá de lo cosmológico a la interpretación vigente del mundo que hace frente.

Extendemos el camino, de los anteriores Kurzweill, Sarte, Freud y Lacan, persistiremos en quizá el último filósofo que pueda nombrarse como tal, aun cuando él mismo, no se nombrara como tal lo que ya señala la actitud ética que esperaríamos de cualquier ser pensante. Y recordamos, la ética es la estétic de la existencia.

Hay acontecimientos verdaderos cuyo actor es el hombre. Pero la palabra hombre no debe alertar fáciles entusiasmos. Ni la esencia ni los fines de la historia dependen de la presencia de este personaje, sino de la óptica elegida; la historia es lo que es, no como consecuencia de una esencia humana desconocida, sino por haber optado por un determinado modo de conocimiento. 0 bien consideramos los hechos como individualidades, o bien como fenómenos detrás de los cuales habrá que buscar un invariante oculto. El imán atrae al hierro; los volcanes entran en erupción: hecho físico en los que algo se repite. La erupción del Vesubio en 79: hecho físico tratado como acontecimiento. Si nos atenernos a su carácter repetible, lo estamos considerando solamente como pretexto para descubrir una ley.

Dice Foucault, la filosofía son textos.Es un lector, archivista, decidor. El piensa a través de sus lecturas y escritos, una propuesta desde su genio de lector empedernido y rata de bibliotecas. Su estilo mantiene distancia de casi todo, se coloca casi en la antípoda de Sartre, para quien la conciencia establece la fisura de la identidad, desdobla el movimiento de la consciencia. como algo que no se puede paralizar que rasga el ser-en-sí, es el efecto de esta fisura pura intención fenomenológica. Hay una inmediatez de lo inmediato en la consciencia, que la aparta de lo en sí mismo existencial. Foucault a cambio, no propone vidas, esconde la suya, mantiene distancia de su intimidad y de la conciencia sartriana o psicoanalítica. Su ambiente era la fenomenología y el marxismo (más de antes, dialéctico).

En Lacan lo que está escindido es el Sujeto, lo parte el deseo, y al decir de la tragedia de los griegos, no deseamos conscientemente, sino desde la voluntad inconsciente.

Expone Michael acerca de la alienación psíquica y social. Está loco. Nada tendría que ver sino con la sociedad que lo aliena, y recorre todo el proceso histórico que lo explica. Olvídense de toda otra hermenéutica por un rato, es fenomenológico. Solo trata de deshacerse de eso.

Con George Dumezil, su tutor en Upsala, comprende cosas. Descubre que en Upsala hay una biblioteca de 30.000 volúmenes de varias cosas de medicina, psiquiatría y biología. Allí inspira a su Historia de la Locura en la Época Clásica, su tesis de doctorado en 1960.

No es tomado en cuenta de inmediato, pero circula en ambientes no habituales a lo filosófico, sino más bien en los psiquiátricos.

Acerca de la Exclusión, es uno de sus primeros conceptos. Desde los Leprosarios en el medioevo al psicoanálisis en SXX, puede arrogarse de un cúmulo de procedimientos racionales, que analiza, que no niega, y deduce sino que para a razón sea tal, algo tiene que excluir, segregar, sino no puede abarcarlo todo en su inmediatez.

Descartes había ya suprimido a la locura.. Cuando hay una mutación en el pensamiento filosófico también la hay en lo cultural, decide Foucault. De Galileo a Descartes, por ejemplo, nace el hospital general, donde se depositan los vagabundos, alquimistas, prostitutas, locos. Solo deben a queda afuera los que trabajan y sirven para algo.

No verlos es el objetivo, encerrarlos, no existen por lo tanto. La expulsión de la locura descarnada se realiza con el hospital general.

Experiencia de la locura, consciencia, son vocablos fenomenológicos. Es el método por el cual se pueden desentrañar las cosas. La locura es un nombre más que se puede enunciar, pero aclara que sonido, palabra y nombre no es igual a la cosa. Y que se dice de muchas maneras., esquizofrenia, loco, paranoico, enfermo dela cabeza….. El nombre luego encuentra referentes en lo real.El nominalismo, ya es campo fuerzas en Foucault.

Vuelve a Paría, en 1968, y da clases en Vincennnes.

Desde el mayo del 68 Aparecen todas las corrientes: Althusser, Derrida, Lacan, etc. La consciencia sartriana ya no existe, la nueva ola de la camada de Foucault, lector y entendedor de Bertrand Rusell escribe, para inaugurar su cátedra en el College de France de “Historia de los sistemas de pensamiento” , el Orden del Discurso que cambió todo.

Como escribía sus libros, se preguntaba Rusell?. Inspiración, musa, rapto?. Él dice dice que los escribe con un procedimiento. Empieza con un renglón, lo que fuera. Una bola choca la negra, y va a otro lado, luego sigue el otro renglón. Hay homofonías que llevan de uno al otro. Pura superficie. Puro trabajo del artificio de la letra.

Arqueología del Saber. El nacimiento de la clínica.Salen desde la fenomenología. y la clínica. La mirada clínica, es una buena parte del Ser y la Nada, acerca de quien es otro. Alguien es otro que me puede juzgar, porque me mira, y eso no se puede soslayar. Es como el reconocimiento hegeliano. Sobre esto Foucault agrega que para que haya una mirada clínica, tiene que haber un espacio institucional que lo permita y avale.

1966. Las palabras a las cosas. Es ejemplar lo que hace, cómo se puede escribir en tan poco tiempo tantas cosas. Mucho material de archivo, centrados en 3 ejes: hablar, trabajar y vivir. Lingüística, economía y biología.

Los conceptos que introduce Foucault y van a formar parte de su idea como construir el mundo del pensamiento, exclusión y discontinuidad. Semejanzas, epistemes, luego de lo cartesiano, la representación, más adelante luego la modernidad S XVIII y XIX.

Las cosas no ocurren como ocurren ahora, ahora se redefinen las palabras y las cosas. Los acontecimientos, de entrada únicos y presentes, siempre tienen antecedentes que se diferencian en las palabras que se utilizan para relatarlo y tal vez determine alguna forma distinta de poderlos pesar.

Antes Naturaleza, ahora Vida. Se van a referir de un modo distinto. Antes que las formas, lo visibilizado, la athesis universal cartesiana, infinita en el sujeto de conocimiento, está toda la Naturaleza está organizada sistemáticamente. Unas pequeña diferencias hacen especies diferentes en organismos vivos. Y se los clasifica. La Historia Natural tiene su temporalidad, como casi todas las palabras y las cosas.

La evolución, concepto proveniente del darwinismo, es temporal. Pasa de representación a la modernidad. Lo que hace Foucault es mostrar las diferencias de paradigmas en cada una de las ramas que enfoca. dinámicas diferentes, del espacio y del tiempo.

De la gramática general a la filología lingüística, del análisis de las riquezas de los fisiócratas como Adam Smith a la economía política de David Ricardo y Karl Marx. Son cosas distintas señala Foucault, y le explica.

Foucault en cada época, presenta ejemplos de la representación, en cada época la vida, el trabajo y la biología se sirven de los misma episteme paradigma de su momento, una repetición del modo de construirse. Asombra como en pocos años, se piensa y habla de otro modo, otra semántica y sintaxis. Muestra el cambio discontinuidad y periodización de ella. Claro que dentro de cada períodos hay continuidad.

Filósofo que no habla de filósofos, ni de sus problemas típicos. Dice no me pregunten que hago, solo escribo para pensar. El hombre ha muerto, hay una estructura de pensamiento que deviene de la antropología filosófica, de la biología, etc… El hombre tiene sus dobles desde las distintas disciplinas que lo objetiven aunque siempre es el mismo hombre. Diría Aristóteles, al hombre se lo puede decir de múltiples maneras. Aborda entonces la cuestión del sujeto de conocimiento, siempre el mismo problema. Lo que no conoce ese sujeto es que él mismo ya está incluido, y en ese olvido no se termina la revuelta del conocimiento al que apela, se muerde la cola siempre. Duplicidades, callejones sin salida. Es el humanismo antropológico con el sujeto como centro: el Hombre, que se expulsa de su conceptualización del mundo y el resto de lo que lo rodea.

Humanismo desde lo humano. Lo nuevo, lo más postmoderno, apunta a que las cosas tienen más que ver con el signo, con la lingüística, desde Saussure y Jackobson en adelante, con el psicoanálisis sobre todo Lacaniano, con la antropología de Levi Strauss, aparece una nueva vertiente teórica que da por finalizada la figura del Hombre. Así, aun acusado de genocida, nazi, o tecnócrata por Sartre, igual se lo leyó y llega al mayo del 68,.

Ahí vuelve a París, como profesor en Vincennes y comienza nueva etapa, y luego de el College de France, recomendado por su tutor que ejerció hasta su muerte; Jean Hippolyte. El objeto del College es que el pueblo de París pueda tener contacto con sus lumbreras, hasta que se llene la sala.

En la ceremonia inicial de su trabajo allí, expone su charla la inaugural, que homenajea al muerto, y es el antes mencionado Orden del Discurso, 2 dic 1970.

Ahí Foucault da cuenta de lo que hizo y lo que va a ser, durante los 13 años subsiguientes. Todo publicado luego de su muerte (ya que el no lo permitía en vida). Historia de los sistemas de pensamiento, llama a su cátedra. Que ya es un oxímoron, ya que sistema implica un orden, mientras que la historia es dinámica ya que se va transformando, y el lo contradice en el mismo título, historia de los sistemas, que en sí ya es una oposición. Habla de los discursos, fue pionero en eso. Porqué hablar es peligroso?, se pregunta: porque es incrustante, luego tarta de explicar en que sentido y que se puede hacer para neutralizar ese habla oral peligroso, la que se lleva el viento, pero tiene ahora perdurabilidad en escritos, filmaciones, etc…. Hablar es aleatorio, azaroso, impredecible, no es del todo controlable, se puede ir a lados imprecisos. Para neutralizarlo lo primero es prohibirlo. No se puede decir todo y en cualquier momento y cualquier cosa, no todos están autorizados para decir.

Cuales son los que deben ser controlados? Sobre el sexo y la política, dice Foucault. Temas ultrasensibles por los cuatro costados que se los mire. Aparecen los dispositivos de censura. El discurso no habría que pensarlo como la expresión de algo que pasa en otro lugar, no de lucha de clases ni relación de dominación. El discurso es un botín de guerra. Se combate por él y se trata de que se lo apropie, para hacer de él algo apropiado (apropiado por otro y apropiado para ser emigtido y escuchado). Apropiarse de la lengua es apropiarse de como se nombran las cosas, es objeto de deseo y de poderel discurso en sí mismo.

La palabra se expandió snobísticamente para ser aplicada a lo que fuera, y se la mezcla a ca rato en los actuales relatos. Quien relata es ya un sujeto del combate. Quien lo impone impone a las cosas mismas. No expresa solo interés, es objeto de interés.

Otra forma de neutralización del discurso, de la Locura en la Época Clásica, la partición, la exclusión, silenciar, marginar, encerrar. Aquí la diferencia es la partición razón-locura.

La tercera y más curiosa, más incierta y compleja, es la oposición verdad falsedad. Que no son evidentes tal como se los asocia con el bien y el mal. Sin estos parámetros todo sería el mundo sería una Babel se explica. Nietzsche escribe La Genealogía de la Moral para entender como devienen estas fuerzas, el origen de esa partición. Va a decir Foucault, a la idea de verdad se le va a oponer la voluntad de verdad, de saber que no es lo mismo que la verdad como valor. Quién dice la verdad?, al modo nietzscheano, el profeta, el oráculo, los sacerdotes, había que tener una autoridad para poder hablar, históricamente hablando. Luego la verdad está en quién ejerce un poder. La idea se olvidó, se corrió. Platón expulsa al los sofistas y los artistas, por sus recursos de persuasión. Lo importante en el agonismo era ganar. Y parece que hoy día es casi lo mismo. Los sofistas enseñan como ganar con argumentos, el sujeto de la enunciación debe ejercer alguna clase de poder.

Se expulsa al sofista, luego la verdad no puede basarse en una opinión (al poeta y al sofista), con argumentos para sus conveniencias sino que solo fueran persuasuvos, si podía convenceer y seducir retóricamente, bastaba, con solo eso ganaban.

La verdad, el saber y el logos no pueden basarse en opiniones, Platón dice, no pueden basarse en opinión ni en arbitrariedad, sino en una verdad en-sí, garantizada por la abstracción y no de ideas de cualesquiera ciudadanos sino en la de un mundo de ideas, transparentes, como son los conceptos de la geometría.

El filósofo debe instruirse en este tipo de abstracciones que le van a dar el saber de las cosas tal como son, y el orden del mundo tal como es, y que no dependan del parecer de nadie, y que no dependan del poder y la opinión arbitrarias de alguien. Solo se dependerá de la consistencia y coherencia del enunciado, Aristóteles.

Saber y poder estaban separados, entonces e Grecia

La voluntad de verdad restituye lo que los dispositivos de censura borran. Detrás del discurso verdadero hay una política, una estrategia de ocultamiento, separación y exclusión de la misma.

La voluntad de verdad es una poderosa maquinaria con capacidad de excluir a los que la niegan. Aquellos que entran en esta vara que destacan esa voluntad son Nietzsche, Antonella Artaud y George Bataille, el burlado Sartre.

Ojo con la indiferencia de los intelectuales que no hablan(ban) de lo que pasa. Parecía que no tenían nada que ver de lo que pasaba, denunciado por Sartre. Luego Klossowski, Bataille y el mismo Foucault.

Prohibición, exclusión y voluntad de verdad, son 3 mecanismos que neutralizan el peligro del discurso azaroso. Pero son mecanismos externos al discurso. Acá entra Foucault en cómo neutralizar estos mecanismo externos para volverlos a los internos del propio discurso; El comentario, la función del autor, y la disciplina.

Que es una obra original?, una obra fundante, Ej, La Divina comedia, La Ilíada, Shakespeare, los diálogos de Platón. Hay que soportar cientos años de comentarios que restituyan a la repetición de una neutralidad. Nos devuelve a la obra original, salvo como en Borges que comenta obras que no existen. Ahí el comentario es la propia obra del autor.

La función del autor es de unificación, de identidad y agrupamiento, a la propia manera de quien escribe.

Michael Foucault es uno de los filósofos autores, con Historia de la Locura, Las palabras y las cosas y La Arqueología del Saber, puede borrarse el nombre del autor, distintas obras, pero la unificación en el autor que los hace coherentes.

La disciplina crea nuevos enunciados, no restituye originales. No se guía vos lo verdadero o falso, sino por sentir o no sentir. Para hablar de verdadero o falso hay que estar en la verdad. Canghuilhem. Lo no verdadero ni no falso, son monstruos en un momento, aunque luego se restituyen como la genética de Mendelssohn, o Celine.

Para que algo sea falso debe ser del orden de lo institucional, que regula lo que les pertenece o no.

Foucault resume hay que restituir al discurso su materialidad (Orden del discurso), que tenga consistencia material, texto, opaco, denso, entre el pensamiento y la palabra no hay relación directa, la palabra, debe ser autorizada por una comunidad que lo permita. Hay algo que se puede hacer, una invitación al estudio filosófico. Brinda creatividad. Invitación a poder pensar con libertad, inventar, equivocarse o acertar. Luego de leer al el Antiedipo de Deleuze y Guattari, aquí estoy, diría Foucault.

102 Repensar una cosmología del pensamiento. Prólogo

Prólogo: Analogías

De la Naturaleza

Prólogo

Señalaremos analogías, y explicitamos la pretensión de avanzar por el camino desandando las genealogías propias de la naturaleza y culturales, estas últimas que olvidan que ser homo sapiens desde su antropología implica esencialmente la determinación diferencial de poder pensar, de una forma múltiple, ampliada y libre por fuera de las únicas condiciones que la supervivencia requiere. Entendemos hoy que las ciencias están en su propio camino y acercan su método a la fisiología que soporta al pensar, y también que no podemos negar que la historia de los modos de pensar de los conglomerados humanos, desde las tribus más primitivas hasta las hiperciudades superpobladas, que abundan quizá demasiado, formulan condicionantes independientes de su esencialidad a dichos modos.

En general se asocia a esa palabra que hay que desarrollar del todo, pensar, con lo que en términos generales y comunes se identifican con conciencia, razón y el contenido mnémico e inteligente del yo que existo en tanto pienso.

Hay mucho valor en lo heredado desde los pensadores desde el IV AC en Grecia, los aportes de las Ciencias, ya humanísticas, ya exactas. De todas maneras, y partiendo de la intuición que nos decide este camino hoy, pre-suponemos que no hay una idea clara acerca de lo que implica el ser efectivo del pensamiento ni toda la potencia que dispone, casi siempre determinada por condicionantes que mal expresado agregan valor a su esencia.

Explicaremos esta propuesta que entre absurda e irónica dice agrega valor. Cuando rastreemos la historia tal vez lleguemos a percibir que el valor agregado aunque agregado, quizá no sea valor, ni en el sentido de valentía ni como valioso.

Todo texto tiene una historia. Quizá no sea prudente prologarlo, porque como ya se expuso, se escribe sobre lo que no se sabe, al menos no del todo, y uno de los objetivos del autor es ponerlo a disposición de sus futuros probables lectores, para compartir el camino que va desde desde la propia duda hasta cierta comprensión, que es al mismo tiempo un aprendizaje que alegra a quien escribe, y curiosamente puede inducir a algún receptor a emprender el suyo propio, si identificara el método y la propuesta, casi independientemente del objeto, ya que cada uno en si singularidad de experiencia e interés se apueste a otros.

Baruch Spinoza

Intuimos que Spinoza acompañara este camino, y tiene su historia, que brevemente presentamos como ejemplo de lo que intentamos expandir en palabras, siempre escasas, aun cuando la sana intención es lograr cierta identificación con lo que las palabras esconden, más que ser explicitadas.

Es algo así como el fenómeno kantiano. Algo aparece, se lo percibe a nivel del pensamiento, y ahí se lo reproduce hasta donde el pensamiento educado para ello, lo convierte en alguna clase de conocimiento a posteriori, desde algunos principios a priori (interiores y anteriores al fenómeno) sin los que no podría dar cuenta de la entidad posible a la experiencia de la observación del acontecimiento del fenómeno. Casi axiomáticamente, al modelo de las matemáticas o de la geometría espinoziana, Kant señala dos intuiciones a priori que posibilitan al pensamiento seguir con el trabajo de pensamiento inteligible que pasa a ser conocimiento de la propia experiencia: el espacio y el tiempo.

Spinoza sólo publicó dos obras durante su vida: los Principios de filosofía de Descartes, con los Pensamientos metafísicos como apéndice (1663), y el Tratado teológico-político (1670). Lo que parece haberse traslucido nos hace pensar que antes de la primera fecha
redactó el Tratado breve y el Tratado de la reforma del entendimiento, y después de la segunda el Tratado político y la Gramática hebrea. Puesto que la Ética es un tratado sistemático y estuvo en el escritorio hasta la muerte de su autor, es obvio suponer que éste ha integrado en ella los principales elementos de los demás escritos. Conjetura tanto más plausible cuanto que su redacción se ha prolongado unos catorce años y parece haber ocupado los huecos que aquéllos iban dejando.

La Correspondencia señalar con bastante precisión esos huecos y situar en ellos algunos estadios del texto. Desde septiembre de 1661, Spinoza debate por carta con Oldenburg los fundamentos de su metafísica, que le envía en un anexo, cuyos términos
parecen más próximos que los del «Apéndice I» del Tratado breve al de la Ética actual. A comienzos de 1663, sigue haciendo algo parecido con un grupo de amigos de Amsterdam, que se reunían en una especie de círculo o colegio, en torno a Simón de Vries y a L.Meyer, para analizar los textos que él les enviaba y remitirle después sus observaciones. Esos hechos ponen de manifiesto que, antes de abandonar el Tratado de la reforma del entendimiento y al mismo tiempo que explicaba a un estudiante las
cuestiones más difíciles de la metafísica clásica y de la física cartesiana, y que ideaba curiosos experimentos para resolver las objeciones químicas que le formulaba R. Boyle , Spinoza iba dando forma a la primera parte de la Ética.

Cinco años hubieron de pasar, sin embargo, para que ese tratado viera la luz y Spinoza volviera a sacar del cajón el ya desvaído borrador de la Ética. Y necesitará otros cinco para revisar lo hecho y concluir lo que faltaba. La Correspondencia nos permite saber que, durante el primer período (1665-1670), debatió con Hudde el tema de la unicidad de Dios y, durante el segundo (1670-1675), mantuvo una correspondencia intensa con Velthuysen sobre el TTP, con Boxel sobre los espíritus y con Tschirnhaus sobre el método. Sin otro indicio previo, el 3 de julio de 1675 Spinoza anuncia a Oldenburg que piensa publicar la Ética, que ahora tiene cinco partes (Ep 62). Pero unos dos meses
después le informa de nuevo de que su proyecto ha fracasado. He aquí sus propias palabras:

En el momento en que recibí su carta del 22 de julio, partí para Amsterdam con la intención de mandar imprimir el libro del que le había hablado en otra carta. Mientras hacía estas gestiones, se difundió por todas partes el rumor de que un libro mío sobre Dios estaba en prensa y que yo intentaba demostrar en él que no existe Dios, y muchos daban crédito a ese rumor. Algunos teólogos (los autores, quizá, de dicho rumor) aprovecharon la ocasión de querellarse contra mí ante el príncipe y los magistrados. Además, algunos estúpidos cartesianos, que pasaban por simpatizar conmigo, a fin de alejar de ellos tal sospecha, no cesaban de detestar por doquier mis opiniones
y escritos, ni han cesado todavía. Cuando me enteré de todo esto por hombres dignos de crédito, que me dijeron, además, que los teólogos me tendían por todas partes asechanzas, decidí diferir la edición que preparaba, hasta ver en qué paraba el asunto y comunicarle, llegado ese momento, cuál era mi opinión. Pero el asunto parece
ir cada día a peor y por tanto no sé qué hacer.


De hecho, cuando año y medio más tarde la muerte le sobrevino, el manuscrito seguía en su pupitre. Por ventura, la suerte le fue entonces más favorable.no ya para Baruch sino para su Ética.

La Ética demostrada según el orden geométrico, tiene tres determinaciones que le imprimen un carácter especial, utiliza el orden geométrico seguramente siguiendo a Descartes ya popular desde los inicios del S XVII, se soporta con una jerga religiosa ineludible a su tiempo, y aun así censurada, y comienza como una cosmología que le permite ir deduciendo proposiciones al método de geométrico, salvo sus escolios en los que se demuestra su valor (en varios sentidos) filosófico.

Solo transcribimos las cinco primeras definiciones y axiomas de la Primera Parte:

Por causa de sí* entiendo aquello cuya esencia implica la existencia, o sea, aquello cuya naturaleza no se puede concebir sino como existente.

Se llama finita* en su género aquella cosa que puede ser limitada por otra de la misma naturaleza. Por ejemplo, se dice que un cuerpo es finito, porque siempre concebimos otro mayor. Y así también un pensamiento es limitado por otro pensamiento. Pero un cuerpo no es limitado por un pensamiento ni un pensamiento por un cuerpo.

Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, es decir, aquello cuyo concepto no necesita el concepto de otra cosa, por el que deba ser formado.

Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia como constitutivo de su esencia.

Por modo entiendo las afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.

A X I O M A S

  1. Todo lo que es, o es en sí o en otro.
  2. Lo que no se puede concebir por otro, se debe concebir por sí.
  3. De una determinada causa dada se sigue necesariamente un
    efecto y, al contrario, si no se da ninguna causa determinada, es
    imposible que se siga un efecto.
  4. El conocimiento del efecto depende del conocimiento de la causa y lo implica.
  5. Las cosas que no tienen nada común unas con otras, tampoco se pueden entender unas por otras, o sea, que el concepto de la una no implica el concepto de la otra.
  6. La idea verdadera debe concordar con su objeto ideado.
  7. De todo lo que se puede concebir como no existente, la esencia no implica la existencia.

Decimos, son puntos de partida claros y del mal nombrado sentido común, que como popularmente se indica es el menos común de los sentidos. Ojalá la posverdad y sus enunciadores, lo hubieran tenido.

Anunciamos analogías, y que impulsan este trabajo de transmitir algunas ideas que concuerden, acuerden, con el objeto ideado. Para la época en que estamos escribiendo esto, las ciencias han agregado cierto valor a la positividad de campos entre diferentes y repetidos. Las imágenes de parte del cosmos en su versión actual y un modelo neuronal al que atribuimos capacidad de pensamiento, parecen a simple vista análogos.

Estamos ante constelaciones de miles de millones de estrellas y miles de millos de neuronas, entre las que algunas interacciones del orden, no digamos solo geométrico, necesariamente se producen, o hablando más estrictamente como modos, afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.

A ello dedicaremos esta serie, que comienza, desde la propia naturaleza de las cosas.

97 ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?. Cuatro.

CUATRO

De Borges a Goedel

Borges

. . . veinticinco símbolos suficientes (veintidós letras, el espacio, el punto, la coma) cuyas variaciones con repetición abarcan todo lo que es dable expresar: en todas las lenguas. El conjunto de tales variaciones integraría una Biblioteca Total, de tamaño astronómico [. . .]
Todo estaría en sus ciegos volúmenes. Todo: la historia minuciosa del porvenir, los egipcios de Esquilo, el número preciso de veces que las aguas del Ganges han reflejado el vuelo de un halcón, el secreto y verdadero nombre de Roma, la enciclopedia que hubiera edificado Novalis, mis sueños y entre-sueños en el alba del catorce de agosto de 1934, la demostración del teorema de Pierre Fermat, los no escritos capítulos de Edwin Drood, esos mismos capítulos traducidos al idioma que hablaron los garamantas, las paradojas de Berkeley acerca del tiempo y que no publicó, los libros de hierro de Urizen, las prematuras epifanías de Stephen Dedalus que antes de un ciclo de mil años nada querrían decir, el evangelio gnóstico de Basílides, el cantar que cantaron las sirenas, el catálogo fiel de la Biblioteca, la demostración de la falacia de ese catálogo. Todo, . . .


La Biblioteca de Babel,
J. L. Borges.

Más allá del genio de Borges la pretensión es señalar un camino en el orden (o desorden) del pensar, que bien podríamos haber buscado por otras vías. Esta es una y además suena interesante, como música de palabras.

Situémonos en los comienzos de los años treinta de XX. En el ambiente lógico-matemático se trabaja buscando llevar a feliz término un programa que se arrastra desde finales del siglo XIX, cuyas ideas se pueden rastrear en los escritos de lógicos medievales como Raimundo Lulio, en Leibniz, en todos quienes alguna vez soñaron con mecanizar el razonamiento, y cuyo principal impulsor fue el matemático David Hilbert. Este programa consiste en la formalización total del razonamiento matemático y su culminación sería la demostración de la consistencia de las matemáticas, es decir, la prueba formal de que las matemáticas no son un sistema contradictorio.

La insistencia en estos temas relativamente, si se quiere, extravagantes, en la más lógica de las ciencias, tenía fuertes motivaciones prácticas. Por un lado los fundamentos del análisis matemático, especialmente el tratamiento del sospechoso concepto de números infinitesimales e infinitos, hizo mandataria la necesidad de contar con algún sistema formal que hiciera más evidente las posibles fallas en que se incurre al razonar. Por otro lado, a fines del siglo XIX se habían descubierto varias paradojas en ciertos sistemas formales. Así, los fundamentos mismos de la ciencia “más segura”, la ciencia “exacta” por si misma, se veían temblorosos. Esa vergüenza no convenía a nadie. El ilimitado optimismo, tantas veces ciego, de la comunidad científica, rápidamente encontró el remedio: demostrar formalmente que las matemáticas son consistentes.

Gödel

En el 1930 la tarea central era la demostración de la consistencia del análisis clásico, que puede ser visto como una extensión de la aritmética si se agregan conjuntos de números y algunos axiomas que los gobiernen. Para los optimistas de siempre, el cumplimiento del programa formalista de Hilbert era cuestión de tiempo y paciencia. De hecho, el joven Kurt Goedel se propuso a mediados de 1930, asumiendo la consistencia de la aritmética, intentar demostrar la consistencia del análisis clásico.

Mientras más trabajaba en el problema, más consciente se iba haciendo de que el proyecto era imposible. Y así, así irónicamente, quien estuvo más cerca de llevar a cabo el programa de Hilbert fue precisamente quien le dio el tiro de gracia. Nacía el, sin duda, el más famoso teorema de la lógica matemática.

La demostración de su teorema “Sobre sentencias formalmente indecidibles de Principia Mathematica y Sistemas afines”, de modestas 25 páginas, fue escrito el año 1930 y publicado en 1931 en la revista Monatschefte für Mathematik und Physik. Allíı Goedel se propone como objetivo principal demostrar lo que hoy se conoce como el “teorema de incompletitud de Goedel”, que resumimos como la imposibilidad de formalizar simbólicamente la consistencia total de algunos sistemas matemáticos.

Con este resultado Goedel echa por tierra el famoso “axioma de la solubilidad de todo problema matemático” que postulaba Hilbert (y en su mayoría cada matemático). Pero las sorpresas no acaban aquí. De hecho, el resultado más importante desde el punto de vista de los fundamentos de los sistemas formales es la “sorprendente consecuencia” del resultado anterior, que Goedel agrega inmediatamente al final de su trabajo (con el ofrecimiento nunca cumplido de demostrarlo rigurosamente más adelante) y expresada en su teorema XI, que dice esencialmente que no es posible demostrar la consistencia de un sistema formal en su propio marco: Sea A un sistema consistente de axiomas que sea mínimamente expresivo. Entonces la consistencia de A no es demostrable en A.

Luego de releer la cuestión de la la demostración de la falacia de ese catálogo, ya en Borges o en Goedel, volemos a la pregunta: ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?

Desde la aparición del lenguaje desde los sapiens, hasta los inicios de la escritura como uno de los mayores inventos de la humanidad que complementa al lenguaje hablado subordinado a la lengua oral por pura cronología y necesidad originada en la zona de la Mesopotamia ubicada en el actual Irak  para registrar las transacciones comerciales de la época, nos revolcamos en el cosmos simbólico de sus efectos, independientemente de sus causas.

La anécdota sería, si en Matemáticas, la más exacta de las disciplinas del pensamiento, finalmente hay una incompletitud, ¿que más demostración se necesita para entender que nuestro pensamiento, como el de los matemáticos, se acerca a las cosas pero que no se puede demostrar solo con 30 signos fonéticos o escritos ya en piedra, papiro o papel?.

¿Y si además el pensamiento sufre de alteraciones contingentes, en cada caso que incluyen entre otras olvido, pérdida de memoria o desactivación? Y si insistimos un poco en el concepto de la diferencia sin negación, precisamente porque la diferencia, no estando subordinada a lo idéntico, no llegaría o no tendría por qué llegar hasta la oposición y la contradicción y-o en cuanto a un concepto de la repetición, que, como las repeticiones físicas, mecánicas o puras (repetición de lo Mismo), encontrarían su razón en las estructuras más profundas de una repetición oculta en la que se disfraza y se desplaza un «diferencial»

Diferencial e infinitésimo refieren a lo mismo, son palabras originadas en las Matemáticas, pero independientemente de su origen son palabras que remiten a una idea que la razón propone al pensamiento, para quizá poder precisamente pensarlos. Y es un caso particular entre difícil y fácil, dependiendo o no de cierta memoria de cierto conocimiento de de su origen y necesidad. Una vez en posibilidad de pensarlas se la puede aplicar por cierta repetición en ámbitos diferentes. Originadas en el análisis matemáticos, de cantidades, o números, que tienden a cero sin llegar a ser ese cero, son infinitésimos inmedibles de lo pequeño, además no hace falta medirlos, tan solo se requiere poderlos pensar para continuar con el desarrollo subsiguiente. En esto Deleuze, lo expresa como concepto consumado (ver Prólogo) aunque a veces no se lo entienda, que es casi un vacío de pensamiento.

Cabría entender que hay alguna relación entre conocer, para favorecer al entendimiento, y la posibilidad de pensar, no solo lo mismo, sino también lo diferente. Y esto es prerrogativa necesaria o deseada para cada sapiens singular, dado que de hecho no se requiere en la vida cotidiana ni en cualquiera de las sociedades en las que cada uno sea proyectado. Y debe insistirse un poco en esto, porque no es fácil de entender porque no se requiere.

Sigmund Freud

«De esa lobreguez está tan lleno el aire que nadie sabe cómo podría evitarla».
Fausto, parte II, acto V, escena 5

Lobreguez: Oscuridad, falta de luz.

Vale la pena por un momento pensar porque los pensadores utilizan metáforas, que apelan a la visión, a la imagen. Göthe en el Fausto señala que lo oscuro es inevitable, y Freud inicia uno de sus libros con esa metáfora. No diremos, aún en la incertidumbre de cierto valor de expresar cosas que aproximen a la posibilidad de pensamiento, que las imágenes son más fáciles de percibir, que retorcidas explicaciones expuestas en palabras que requieren bastante atención y memoria de antecedentes que soportan los consecuentes, como en las Matemáticas.

Esto refiere a posibilidades, entendemos no aleatorias, de cada Dasein, dada su proyección en un mundo que no eligió. Dicho en forma que requiere de algo menos de memoria de lo ya expuesto, sería que cualquiera Dasein al nacer es arrojado a un lugar y un tiempo en el que no se brindan oportunidades necesarias para educarse en alguna variedad de conocimientos accesibles, que le ayuden a forjar formas de pensamiento más complejos que lo lleven a buscar respuestas a preguntas que a veces ni siquiera puede formular, entonces será un sujeto sujetado al medio social que lo rodea, y al que hacer frente, termina adoptando como cosa en sí, aunque para nada lo fuera.

El capítulo de la primera parte del libro de Freud que comienza con el epígrafe de Göthe finaliza con:

Junto al olvido simple de nombres propios, se presenta también un olvido que está motivado por represión.

Y con ello entremos en otro capítulo, ya que la represión, en su multiplicidad de sentidos empieza a profundizar en las respuestas a la pregunta original: ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?.

Continuemos por el sendero que señala cierto resplandor en medio de la oscuridad.

76 Ensayo sobre La Soberbia, en sentido restringido y amplio.

 

Montaigne

El juicio de la razón es un instrumento necesario en el proceso de todo primer entendimiento de alguna clase de asuntos. No demasiado frecuente en lo que lo cotidiano nos presenta como enfrentado a ese instrumento, dicho sea, esencialidad de la condición humana que cualquiera puede apelar, sólo por ser lo que ya es.

Si se trata de algo aun no entendido del todo con mayor razón convendría meterse en ello desde el principio con el propio discernimiento, buscando huellas desde lejos en el tiempo de la reflexión; luego, si se encuentra un camino demasiado cerrado en la historia de esa reflexión, convendrá detenerse. El darse cuenta a tiempo de no poder ir más allá es un síntoma del valor del entendimiento, y de la mayor consideración. Puede darse un asunto vano o insignificante, tratando en qué apoyarlo y consolidarlo sin necesidad; en otros casos, las reflexiones pasan de un asunto noble y ya discutido en que nada nuevo puede hallarse, puesto que el camino está tan conocido, que no hay más recurso que seguir la pista que otros ya recorrieron.

Claramente ese punto de inflexión, de detención cuando no se puede ir más allá desde el camino del propio pensamiento, no es muy frecuente en esta época. Lo vano o insignificante se imponen exageradamente, que señala la soberbia de quienes no se toman el tiempo necesario para recorrer pistas que ya otros recorrieron, por lo tanto, desde su lugar de soberbia y posterior ignorancia, pueden banalizar sus discursos sin límites mientras los receptores de los mismos lo permitan. Es como el diagnóstico heideggeriano, lo grave de la época es que aún no estamos pensando.

En los primeros el juicio se encuentra cómodo, elige el camino que mejor se le presenta, y entre muchos caminos se pregunta que éste o aquél sea el más conveniente. Aquí tomamos parte por ese primer argumento; todos son igualmente buenos, y nunca tomamos parte del prejuicio de no llevar a fondo los asuntos, aunque ninguno se ofrezca por entero a consideración.

No declaran lo mismo los que solamente prometen o declaran tratar todos los aspectos de las cosas.

De multiplicidad de caracteres que asunto presenta, elegimos uno, ya para irlo sintiendo, ya para trascenderlo, a veces para llegar hasta el fondo de la cuestión; reflexionamos sobre las cosas con toda la profundidad de que seamos capaces, y las mayoría de las veces tendemos a explorarlas por el lado más extraño que ofrecen. Apostamos a tratar a fondo alguna materia si se conociera menos y tuviéramos ideas erróneas del propio entendimiento. Un ejemplo, digamos de humildad frente a la soberbia.

Desparramando aquí una proposición, u otra, como partes separadas del conjunto,
desviadas, sin designio ni plan, no estamos obligado a ser perfectos ni a
concentrarnos en una sola materia; variamos cuando nos place,
entregándonos a la duda y a la incertidumbre, y a nuestra manera habitual, que es
la ignorancia.

Esta jamás lo permitiría la soberbia aferrada a su vanidad, entendida de las dos maneras inmediatas: de vano y arrogancia, que se convierten en obstáculos de si propia libertad e imponen a masas crédulas por simple identificación de su propia ignorancia.

Entre las distintas funciones del alma, las hay bajas y mezquinas; quien en
el ejercicio de ellas no las considera y examina, dejará de conocerlas por completo. Reinado de la gravedad, que es una fuerza.

Mejor si se las profundiza en sus acciones simples, porque el impulso de las pasiones la agita y la lleva a sus más elevados movimientos; agréguese a esto que nuestra alma se empeña por completo en cada una de nuestras acciones y que nunca la ocupa más de una sola cosa a la vez y en ella pone todo el ser de que cada uno dispone. Consideradas las cosas en sí mismas, acaso tengan su peso, medida y condición, pero desde el instante en que se relacionan con nosotros, el alma las acomoda a su manera de ser.

La muerte, que a Cicerón estremece, Catón la desea, y es indiferente para Sócrates, es un ejemplo. La salud, la conciencia, la autoridad, la ciencia, las riquezas, la belleza y sus contrarios, se despojan, recibiendo del alma, al entrar en ella, nuevas investiduras, y adoptando el carácter que la acomoda: moreno, claro, verde, obscuro, agrio, dulce, profundo, superficial, el que más en armonía está con las distintas almas, pues éstas no pusieron de acuerdo sus estilos, reglas y formas; cada una es en su estado soberana. ¿Por qué no nos fundamentamos más en nuestros juicios, en las cualidades externas de las cosas? De nosotros depende darnos cuenta de ellas.

friedrich

Nuestro bien y nuestro mal no dependen sino de nosotros, y corresponde situarse más allá del bien y del mal. Permitámonos nosotros mismos nuestras ofrendas y deseos, nunca solo del azar; éste es impotente contra el poderío de la propia vida, si lo fuera la arrastraría y  la moldearía a su forma sin forma. ¿Por qué no hemos de juzgar acerca de Alejandro cuando se encuentra en la mesa, conversando y bebiendo a saciedad, o cuando juega a las damas? ¿Qué sonido de su espíritu deja de poner en actividad este juego necio y vano?.  Lo odiaremos no por tal juego, sino porque nos preocupa de un modo serio, y nos avergonzamos de fijar en él la atención, que, empleada de otro modo, bastaría a hacer algo para que valiera la pena. No se tomó mayor trabajo para organizar su expedición gloriosa a las Indias; ni ningún otro que se propone resolver una cuestión de la cual dependía la salvación del género humano. Es un ejemplo de cómo nuestra alma agranda y exagera aquella diversión ridícula de juego de damas; cómo absorbe todas sus facultades; con cuánta amplitud esta movimiento impide a cada uno los medios de conocerse y de juzgar rectamente de sí mismo.

Algunos, claro está, no se ven ni se examinan nunca de una manera más precisa que cuando juegan, por ejemplo, a las damas: ¿qué pasión no saca a la superficie ese juego?, la cólera, el despecho, el odio, la impaciencia; una ambición vehemente de salir victorioso, allí donde sería más natural salir vencido, pues la primacía singular  según el común de las gentes no dice bien en un hombre de honor tratándose de cosas frívolas. Y lo que decimos en este ejemplo puede amplificarse a todos los demás; cada ocupación en que el hombre se emplea, acusa y descubre sus cualidades por entero.

Demócrito y Heráclito eran dos filósofos, de los cuales el primero, encantando vana y ridícula la humana naturaleza, se presentaba ante el público con rostro burlón y risueño. Heráclito, sintiendo compasión y piedad por nuestra misma naturaleza, estaba constantemente triste y tenía sus ojos bañados de lágrimas:

Alter ridebat, quoties a limine moverat unum protuleratque pedem; flebat contrarius alter. ( Otros no se rieron de todo, con la frecuencia que el hombre se había movido desde el umbral de una protuberancia del pie; ella estaba en contra de la otra).

Nos inclinamos mejor a la actitud del primer filósofo, no porque sea más agradable reír que llorar, sino porque lo primero supone mayor menosprecio que lo segundo; y creemos que dado lo poco de nuestro valer, jamás el desprecio igualará lo despreciado. La conmiseración y la queja implican alguna estimación de la cosa que se lamenta; al  contrario acontece con aquello de lo que nos burlamos, a lo cual no concedemos valor ni importancia alguna. En el hombre hay menos maldad que vanidad y soberbia; menos malicia que estupidez e ignorancia: no estamos tan afligidos por el mal como provistos de nulidad; no somos tan dignos de lástima como de desprecio. Así Diógenes el cínico,  bromeaba consigo mismo mismo dentro de su tonel, y se burlaba hasta del gran Alejandro, como que nos tenía en el concepto de moscas o de vejigas infladas, era juez más desabrido e implacable, y por consiguiente más diestro en una forma de ver, que Timón, el que recibió por sobrenombre el aborrecedor del género humano, pues aquello que odiamos es porque nos interesa todavía. Timón nos deseaba el mal, se apasionaba con ansia por nuestra ruina, y oía nuestra conversación como cosa dañosa, por creernos depravados y perversos.
Demócrito nos consideraba a los hombres tan poca cosa, que jamás podríamos ni ponerle de mal humor ni modificarle con nuestro contagio; abandonaba nuestra
compañía, no por temor, sino por desdén hacia nuestro trato. Ni siquiera nos creía capaces de practicar el bien ni de perpetrar el mal.

De igual parecer fue Statilio, senador romano de comienzos del siglo I, contestando a Bruto, que le invitaba tomar parte en la conspiración contra César. Bien que creyera la empresa justa, entendía que no valía la pena molestarse por los hombres; que éstos no eran dignos de tanto, conforme a la doctrina de Hegesias, quien decía: «El filósofo no debe hacer nada por los demás, sólo por sí mismo debe interesarse; sólo él es digno de que hagan algo por él.» Aquella respuesta está también de acuerdo con la opinión de Teodoro, quien estimaba injusto que el hombre perfecto corriera ningún riesgo por bien de su país, puesto que de correrlo se expone a perder la filosofía en beneficio de la locura. Nuestra propia y peculiar condición es tan risible como ridícula.

Desde Heráclito a Heidegger, encontramos rastros en la historia de las formas de pensar que oscilan entre unas y otras formas y consideraciones. Casi desde siempre parece irse ido afirmando el nihilismo que eclosiona en Europa, poderoso, con el anuncio de Nietzshe, y hoy día contagiado a escala global.

La soberbia, vanidad de la propia ignorancia, sin ser un valor, aparece como un rasgo demasiado común en esta época, ignorante de su estado de gravedad, que nos hace pensar que tal  vez Nietzsche acertaba, cuando decía que hacían falta aún dos siglos para que el hombre, al fin pudiera cruzar el puente hacia una forma que reemplazaría a la muerte de dios, con un nuevo modelo que él denominó, y nos es tan importante la palabra o el nombre si bien apunta a la otra orilla que convenientemente pueda ser alcanzada, “superhombre”. El hombre, hoy y actual, es al superhombre como lo fue el mono al hombre. Sería un buen principio, que finalmente nos sintamos monos que debemos superarnos, y eso es solo parte de la evolución, que siempre demanda mucho más tiempo que la extensión de la vida particular en cada caso.

La alerta que suele conmocionarnos, deviene que toda la cotidaneidad, ese mundo que hace frente, soberbiamente niega su propia condición.

 

 

 

 

74 Analítica de la devaluación

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Hasta el momento, no hemos propuesto mucho desde Sigmund Freud. Quizá la crítica deleuziana-guattriana nos lo impedía, por simple respeto a sus conceptualizaciones bastante más modernas que las de Sigmund (Anti Edipo y Mil mesetas).

Pero estamos en un país, en una época, de devaluación, y no es inmediata su accesibilidad al entendimiento, devaluación que ya tiene demasiadas décadas de vigencia, y además de estar en el medio de ella querríamos poder pensar un poco más acá, que la única cronología de su acontecimiento o interpretaciones tan solo económicas o macroeconómicas, que en general parecen más cuentos de hadas que inteligibilidad de la actualidad que se re-presenta en la histori(a)(eta) de ese país. No hace falta asignar una identidad al país, podría si se lo quiere pensar en cualquiera donde se repite el fenómeno. Para los que nos toca dá lo mismo.

En cuestiones de economía, y porque de alguna manera hay que comenzar a nombrarla, la devaluación es la pérdida del valor nominal de una moneda corriente frente a otras monedas extranjeras. Puede tener muchas causas, entre éstas la de una falta de demanda de la moneda local o una mayor demanda de la moneda extranjera.​ Puede ocurrir por falta de confianza en la economía local, en su estabilidad, en la misma moneda, entre otros.

Claramente, lo inmediato anterior refiere a la concepción corriente, proveniente de la interpretación económica de la palabra devaluación, pero si ponemos en el lugar que estamos como sapiens del mundo humano que ya está ahí, haciendo frente desde todos los ángulos del teatro de lo cotidiano, desde una palabrita podremos inferir algunas otras cuestiones que no solo serán pensamientos en propio nombre, que seguramente a las mayorías y menos a los administradores del poder y el estado no interesen, sino también a resultados positivos de la experiencia diaria de ser ya aquí, como sujetos afectados en cosas más sensibles que la mera ecuación del discurso económico.

Es muy evidente, la significación de la palabrita devaluación, desde la economía, algo así como que la moneda vale menos. Y ahí permanece, en lo inmediato del uso de la palabra.

Ya, pasado el medioevo, hemos aprendido a pensar las cosas de otra manera. Racionalistas desde Descartes, panteístas con Spinoza, iluministas  desde Kant, fenomenólogos con   Hegel y luego Husserl, cínicos y pesimistas con Schopenhauer,  prospectivistas con Nietzsche , existencialistas con Heidegger y Sartre, absurdos con Camus,  y librepensadores hasta Deleuze-Guattari. Resumimos en ellos en largo camino del pensamiento.

El fenómeno, u acontecimiento en lo concreto es la devaluación, medida desde la economía, como de la moneda.

¿Que es la moneda en el paradigma económico?

Es el dinero emitido por un Estado o por el banco central de un Estado y que se reconoce como la moneda de curso legal del país. En algunos casos, un grupo de naciones puede emplear una moneda común, el euro es el mejor ejemplo de esto.

Toda cosa generalmente aceptada en el intercambio de bienes o para saldar cuentas, no por su valor en sí, sino porque proporciona la posibilidad de adquirir otras a cambio de ella, la moneda es el instrumento que permite —en el marco de la economía de mercado— realizar los intercambios. Constituye, en tanto que patrón de valor, el medio para comparar los bienes mercantiles entre sí. Además de servir para las transacciones, la moneda es también una reserva de valor inmediatamente disponible.

Surge con la división del trabajo entre producción y comercio. Por intermedio de la moneda los intercambios dejaron de realizarse mediante trueque. Las primeras monedas adoptaron formas muy diversas: ganado, cereales, mariscos… La necesidad de disponer de una moneda fácilmente transportable y divisible impuso rápidamente el empleo del metal. Las “piezas’ comenzaron a circular: cobre en Egipto, hierro en Esparta, bronce en Roma. El oro y la plata, en virtud de sus cualidades físicas y su relativa rareza, se convirtieron en los dos metales elegidos para las piezas de mayor valor. La “acuñación” de piezas, privilegio de los soberanos, garantizaba su peso y, en consecuencia, su valor. Progresivamente, surgió una separación entre el valor nominal y el valor real de las piezas monetarias. La introducción del billete de banco señaló el comienzo de una nueva época de la historia monetaria: a partir de ese momento, el valor de la moneda sólo reposa en la confianza que se le otorga.

Hace ya bastante, los billetes de banco eran convertibles: sus poseedores podían cambiarlos en el banco central que los había emitido por la cantidad de oro o plata que garantizaban. Después de la crisis de 1929, la mayoría de los países volvieron inconvertibles sus billetes de banco. Así comenzó el reinado del papel moneda, que facilitó la práctica de la “fábrica de billetes”: los Estados escasos de dinero ya no deseaban para sus transacciones interiores empeñar su moneda en sus reservas de oro, sino que financiaban los gastos suplementarios aumentando el volumen de billetes en circulación, con el riesgo de provocar una inflación susceptible de escapar a su control.

La moneda fiduciaria (billetes y papel moneda) que casi había reemplazado a la moneda metálica, actualmente cede el primer lugar en el seno de la masa monetaria a la moneda escrita. Reducida a los juegos de escritura (de donde deriva su nombre), se utiliza para la mayor parte de las transacciones realizadas a través de cheques y transferencias.

La comparación de las diversas monedas nacionales en el mercado de cambios permite establecer para cada una un curso cuyas fluctuaciones obedecen a la ley de la oferta y la demanda. A fin de limitar la amplitud y la brusquedad de estas fluctuaciones y de prevenir los daños que podrían causar a las economías nacionales, al término de la segunda guerra mundial se puso en práctica un sistema monetario internacional (acuerdos de Bretton Woods) de acabar con la libre conversión del dólar en oro (agosto de 1971 en EEUU), no se reconstituyó, lo que contribuyó a agravar las crisis monetarias que sufren periódicamente los grandes países industriales. Se han propuesto diversos planes de reforma del sistema monetario internacional.

Cuando los consumidores no tienen confianza en la economía nacional, suelen volcarse a la compra de billetes extranjeros. Esto ocurre ya que la divisa de afuera es considerada como un refugio de valor más estable y sólido que la divisa local. Al incrementarse las demandas de monedas extranjeras, éstas aumentan su precio y se produce la devaluación.

Esta situación es habitual en muchos países de América Latina. Los ciudadanos, preocupados por los vaivenes de la economía, optan por ahorrar en dólares (la divisa norteamericana). De esta manera, suele desarrollarse la devaluación del billete local de cada país.

La devaluación suele ser decretada por el banco central del país. Cabe destacar que la moneda carece de valor real (posee un valor representativo), por lo que se supone que la moneda está respaldada por la riqueza del país. Cuando los billetes circulantes superan las reservas, puede ordenarse la devaluación para equilibrar la situación. Cuando se decreta o decide (no es obra del azar) la devaluación de la moneda en un país siempre hay consecuencias. Lo primero que se observa es el aumento del valor de las reservas en oro que se poseen, el cual se expresa en la moneda nacional. Seguidamente se da una alteración en los tipos de cambio que existen respecto a las monedas extranjeras (este cambio se debe a que dichas monedas deben cambiarse en base a lo que se estima que vale el metal en el mencionado territorio).

Y, como no puede ser otra forma, la tercera consecuencia se encuentra íntimamente relacionada con las anteriores. La misma tiene que ver con los cambios en los precios; en primer lugar de artículos importados y en segundo, de los nacionales (al ser fabricados con objetos importados o exportables). Esto debería estimular las exportaciones y reducir las importaciones, debido a que las primeras reciben una mejor ganancia que las segundas.

El valor es una cualidad que confiere a las cosas (por ejemplo la moneda), hechos o personas una estimación, ya sea positiva o negativa. La axiología es la parte de la filosofía que se encarga del estudio de la naturaleza y la esencia del valor. Es un término procedente de la economía, en cuanto la cuantificación del precio de los bienes producidos. Inicialmente se hizo depender el valor de una mercancía de la utilidad del objeto, pero posteriormente A. Smith estableció que el valor dependía de la cantidad de trabajo empleado para su producción y comercialización, distinguiendo, además, dos clases de valor: el valor de uso y el valor de cambio.

El término fue utilizado posteriormente en filosofía, a partir del siglo XIX, preferentemente en el ámbito de la reflexión ética, desplazando el uso de términos como “bien” y “bueno”. En este sentido, el valor es aquella cualidad que apreciamos en un objeto moral o ético; es decir, es una cualidad, no una cosa; y se manifiesta en relación con la conducta humana, que hace un fenómeno de dicha cualidad.  Nietzsche, por ejemplo, se refiere a los valores como al fundamento de la comprensión del mundo y de la vida. Para Max Scheler, los valores se captan a través de la actividad emocional de la conciencia, no a través de una actividad puramente intelectual y, en oposición al formalismo kantiano, son “materiales”, al formar parte del sentimiento intencional de la conciencia. Los valores, en cuanto cualidades de los objetos morales, son objetivos, están jerarquizados y se presentan polarizados (la belleza se opone a la fealdad, por ejemplo).

El idealismo objetivo propone que las ideas existen por sí mismas y que sólo podemos aprenderlas o descubrirlas mediante la experiencia. Para ese idealismo los demás son ideas: Leibniz, Hegel, entre sus precursores.

El idealismo subjetivo sostiene que las ideas solo existen en la mente un sujeto. Para estos idealistas los demás son ideas que solo existen en su propia mente: Descartes, Berkeley, Kant, Fichte, Cassirer, y otros.

Desde un sentido más terreno, los valores son características morales o éticos inherentes a la persona, como la humildad, la responsabilidad, la ayuda y la solidaridad. En la antigua Grecia, el concepto de valor era tratado como algo general y sin divisiones, pero han surgido diferentes tipos de valores en la historia del pensamiento. Los valores también son un conjunto de ejemplos que la sociedad propone en las relaciones sociales. Por eso, se dice que alguien “tiene valores” cuando establece relaciones de respeto con el prójimo. Podría decirse que los valores son supuestos de mayor rango, compartidas por una cultura y que surgen del consenso social: la belleza, lo útil, lo bueno y lo justo son aspectos considerados como valiosos por la sociedad.

En El malestar en la cultura, Freud analiza las que considera tres principales causas del sufrimiento humano: «la supremacía de la naturaleza, la caducidad de nuestro propio cuerpo y la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad». Ante ellas, el hombre responde con la cultura, que Freud define como la «suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de la de nuestros antecesores animales y que sirven a los fines de proteger al hombre contra la naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí ». La cultura engloba entonces la producción de todo tipo de bienes que protegen al hombre frente a la naturaleza, así como actos como el empleo de herramientas, la dominación del fuego y la construcción de casas, y con la evolución histórica pasa a abarcar asimismo las construcciones ideales del hombre, plasmadas en producciones intelectuales, científicas y artísticas. Finalmente, resalta Freud, la cultura hace referencia al modo de regulación de las relaciones humanas en el contexto de la sociedad. La vida en común comienza a ser posible con el nacimiento del derecho, que acaba con la ley del más fuerte.

Sencillamente, deberíamos releer además de a Platón y Spinoza, a Freud. Todos. Y agregar sus formas y metodología para acceder al acontecimiento de lo cotidiano, incluida esta cuestión de la devaluación.

Más acá, bien cerca de nuestro modo de pensar en nombre propio, además de la simple y vulgar aceptación de la pérdida de confianza en una moneda, que además de no ser azarosa es una pauta de decisión de los administradores de turno, medida de la pobreza económica del territorio en que el fenómeno aparezca, implica ya desde su propia aparición la desaparición del valor y los conceptos que el valor acompaña.

Todo mal, en esta época hay devaluación permanente de la moneda, inflación de precios, decisiones de administración de gobierno que lo impulsan requerido o planificado, con arreglo a fines. Y se debe conocer, decimos, en esos estamentos, el efecto subjetivo sobre los integrantes de la sociedad que pertenecen al territorio de esa acción. Las personas y sus valores más primarios son también devaluados hasta los huesos. Hay pérdida de dignidad, de un mayor esfuerzo en tiempo dedicado a la sola supervivencia, se desmerece el trabajo porque desaparece, el mérito de los científicos porque sobran, comienza cierto desprecio por el esfuerzo y el trabajo honrado, se contraponen la exaltación de la viveza y de los estafadores, contrabandistas y corruptos que tienen posibilidad de regalías a su favor a costa de los honestos.

Un honesto, hoy día se siente un inocente tarado que cree en los evangelios económicos, o  en cierta confianza en los valores que le fueron delegados desde su nacimiento. Por cierto esto es corto, no ahondaremos más por hoy en estas cosas, sabiendo que la anlítica debe seguir, sin olvidas la bronca que nos causa esta fenomenalidad actual que se ha construído, sin inocencia, desde administraciones que incluso desconocemos.

 

 

 

 

 

58 Actos de creación

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Y abiertamente consagré mi corazón a la  tierra grave y doliente, y con frecuencia, en  la  noche sagrada, le prometí que  la amaría fielmente hasta la  muerte, sin temor, con su  pesada carga de fatalidad, y que no despreciaría ninguno de sus enigmas. Así me ligué a ella con un lazo mortal.

HOLDERLIN:  La  Muerte de  Empédocles.

 

La tierra está grave y doliente, aunque sea la única realidad en este mundo humano.

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Mundanidad, espacialidad, etc. no hacen sino expresar el no ser… Ya nos encontramos entre lo dado o lo que se presenta y el ser, como en la nada que no es el ser. El mundo es humano. Acerquémonos a la comprensión singular posición de la conciencia: el ser está en todos lados, al frente, en torno , pesa, asedia, y vamos siempre remitiendo de ser en ser; esta mesa que está ahí es ser y nada más; esa roca, ese árbol, aquel paisaje; ser y de otro modo nada.

Si queremos captar ese ser nos encontramos con nosotros mismos. el conocimiento, intermediario entre el ser y el no-ser, sí subjetivo remite al ser absoluto, y, cuando creemos captar lo absoluto, debemos remitirnos a nosotros mismos. El sentido mismo del conocimiento es lo que no es y no es lo que es, pues, para conocer el ser tal cual es sería necesario ser ese ser; pero no hay «tal cual es» sino porque no soy el ser «tal-cual-es», si nos conviertiéramos en el «tal cual es» se esfumaría y no podría ya ni siquiera ser pensado. No se trata aquí ni de un escepticismo que supone precisamente que el «tal cual es» pertenecería al ser-, ni de un relativismo. El conocimiento nos pone en presencia de lo absoluto, y hay una verdad del conocimiento. Pero esta verdad, aunque no entrega nada más y nada menos que lo absoluto, sigue siendo estrictamente humana. (De Jean Paul Sartre. El Ser y la Nada.V Conocimiento).

Poesía y filosofía, dos formas de decir las cosas, la una a través de lo más sensible y la otra en modo del nombre propio, un trabajo de pensamiento. Como fuera los elegimos porque remiten a algo que se parece. Hölderlin da cuenta de la fatalidad de amar a la tierra, aún grave y doliente, enigmática y a la se liga hasta la muerte.

De Sartre, en lo que refiere al mundo humano, si bien las cosas que son lo son en todas partes, si no no serían sino nada, de lo que no podrá pensar y menos aún hablar. Cuando, como Parménides, necesitamos expresar lo que es, nos volvemos sobre nosotros mismos en cuanto sujetos intermediarios de cierto conocimiento (que siempre está en curso, nunca acabado) que pretendemos captar lo absoluto del ser de las cosas entramos en la paradoja que nuestro conocimiento nos es lo que ya es. Somos solo un estadio intermedio entre el ser de las cosas y los que a traves del trabajo de pensamiento creamos un conocimiento de lo que es, pero que no es el ser mismo de las cosas. Si nos podemos representar, ponernos en presencia frente a eso absoluto que son las las cosas, y le otorgaríamos valor de verdad a ese grado posible de conocimiento, aunque no sea la realidad de las cosas mismas que ya son. Y esa intermediación es enigmática (Hölderlin) pero estrictamente humana (Sartre), porque el pensar y la consecuente creación de conocimiento es una forma paradójica que se presenta como esencia propia de los sapiens, que son por un lado, y piensan en lo que son y lo que es de todo, por otro.

La tierra está grave y doliente, Hölderlin 1798, y se identifica con el abandono ya entonces de la realidad más primaria de lo que es y de donde la especie humana proviene. Está grave porque los humanos la herimos, la horadamos, extirpamos partes, la ignoramos, la explotamos, la usamos sin devolver nada a cambio, nos alimentamos de ella y ni siquiera lo reconocemos. Le duele a Hölderlin, y lo grave de la época es que no nos duela al resto. El mundo es humano, y grave es también que no piense ni se sensibilice, hombre lobo del hombre y también de la naturaleza de la que proviene. Me recuerda a los 14 Sin vergüenza. Depredador y perverso. Pero de esas cosas no de esas cosas no se debe hablar.

El mundo humano, su historia de ilusiones, el fenómeno de la superpoblación, los cambios en los regímenes de poder a partir de la ilustración desde el castigo a la vigilancia y vigentemente la del control exacerbado por medios tecnológicos y consignas comunicadas por los medios masivos, se ha vuelto entre inhóspito e ignorante de su propia esencia. Ya nos hemos explayado demasiado antes, en capítulos anteriores, porque nos identificamos como una obsesión en como seres pensantes, si fuéramos honestos en ese trabajo del pensar, lo permitimos. La razón no es universal, el neoliberalismo no es universal, o global  como se la inventado, no existen como cosas, la post-verdad es un engaño, y sin embargo se naturalizan en un mundo desnaturalizado. Fenómenos de credulidad sorprendentes para hombres que son solo hombres, no robots.

Es más, casi insolentemente, ya se está pensando y gastando fortunas para un futuro escape de este planeta, porque se deduce, mal, que no alcanzará para alimentar a tanta población y adelantándose a los millones de años que la verdad cosmológica termine con el sol. Es otro absurdo de los que gustan consumir los consignados de hoy. Sentimos estar viviendo en un mundo que se revuelve sobre sus propias alucinaciones y mentiras. No es el mejor de los mundo posibles, querido Leibnitz.

De todas maneras, hay que seguir viviendo hasta que la anatomía decida lo contrario. Y algunos deseamos mantener cierto grado de libertad que requiere cierto grado de lucidez, salvo que se elija seguir el «tal cual es», que no es cosa concreta y existente en sí misma sino un relato fantástico más que nos regalan, entre otros, a través de las imágenes o discursos a través de una pantalla como de la televisión.

Si entendiéramos, en nombre propio, algunos de esos relatos, y extrayendo el relato mismo para ir en forma no intermediada al estrato inmediato inferior al que se presenta (el relato), enteremos que lo final de los acontecimientos terminan perjudicando a millones de personas que no tienen más que intentar sobrevivir de alguna manera en el espacio y el tiempo que les toca vivir. De esa manera el relato, además de intermediario, velador por ocultamiento, mentiroso por parcial, se convierte instantáneamente en perverso. Y surte efecto, lamentablemente.

Como hay que seguir viviendo, y de un mundo que parece ser que es  «tal cual es», entonces adquiere sentido un retorno, eterno retorno, a lo mismo.

Los hombres desde su génesis se las vieron con una naturaleza ya habitada pr otros animales, la mayoría feroces en su necesidad de supervivencia. Tuvieron que aprender, desde su primitiva capacidad de pensamiento que los hacía hombres, a enfrentar los peligros, defenderse, cohabitar, alimentarse, transmitir la memoria de lo aprendido para que los nuevos hombres que los sucedieran no debieran empezar todo de nuevo. Fueron creando desde los utensilios más rudimentarios hasta las primeras máquinas que los ayudaran. Toda creación, nueva, requería de una suerte de idea posible en su pensamiento. Lo lobos que los acechaban no inventaron la rueda, como mínimo ejemplo.

El acto de creación es una de las formas más puras de resultado de un contenido de pensamiento. Es específico y singular de su autor, que transforma una idea en hecho concreto. Ejemplo clásico es el arte en sus diferentes formas. Miguel Ángel tardaba al menos un año en esculpir el mármol hasta que terminaba su obra, pero comenzaba necesariamente de una idea primordial que lo animaba.

Para crear algo, se requiere, siguiendo el mínimo ejemplo, de una idea y un trabajo  perseverante posterior, que termina haciendo de la idea un hecho concreto. Y eso es singular, propio de un solo hombre, que elige hacerlo por sobre cualquiera otra.

Se requiere desde el principio de una idea. Una idea, que viene al pensamiento espontáneamente luego de un tiempo de reflexión perseverante, un rumiado intermedio que no es determinable, hasta que aparece, como en un sueño, aparece como resultado de ese proceso que no es sino como un azar y que termina en un contenido específico que luego incita a la acción. Debería pensarse una idea como una piedra preciosa a la que hay que cuidar, por su escasez y valor.

El arte es una galería, en cualquiera de sus formas, de estas ideas escasas y valiosas. También en las ciencias. También en la vida cotidiana. También en la filosofía.

La creación, idea convertida en acto, sería una de las formas irreductibles que demuestran la actividad de pensamiento propio de la especie sapiens. Y se pueden admirar en todos los cuadros, construcciones, pinturas, monumentos, libros serios, descubrimientos científicos, hombres honestos, filósofos no posmodernos, pensadores de cualquier época, sabios de verdad, películas con sentido, y muchísimas expresiones que no podemos detallar ahora.

Estamos bastante seguros que el mundo actual, sus administradores obedientes a doctrinas elaboradas con arreglo a fines, los creyentes de las consignas que se le ofrecen, los que suponen que el mundo que es humano es «tal cual es», los que no se permiten ser hombres como los originales, que no crean obras desde ideas en nombre propio, arruinan el mundo primero, y pretenden escaparse de él luego de haberlo destruido. También estamos seguros del valor y preminencia de los actos de creación que expresan al verdadero hombre en su esencialidad.