117 Volviendo al presente. [9]

Contraste. A modo de escolio entre Schröedinger y Schopenhauer

Cada época desarrolla sus propios campos de visión y de enunciación. Esto es foucaultiano, a quien aun no hemos llegado. Pero teniendo en cuenta la idea que expresa, hoy necesitamos relacionar lo que venimos planteando en esta serie, antes de dis-continuarla.

Entendemos verosímil partir de nuestros maestros: Heidegger en su seminario de Friburgo durante los años 1952-1953: ¿Qué significa pensar?. Platón se distingue la dianoia o el pensamiento discursivo del nous o pensamiento intelectivo. Kant, por su parte, diferencia explícitamente el ámbito del entendimiento del ámbito de la razón. El primero trabaja con conceptos que son los apuntados a construir conocimientos, el segundo con ideas que tienen un uso regulativo. En este sentido, Kant también diferencia lo que podemos conocer de lo que podemos pensar, siendo esto último prácticamente infinito, solamente bloqueado por la contradicción: podemos pensar cualquier cosa, con tal de que no caigamos en contradicción, pues esta constituye la imposibilidad del pensamiento (por ejemplo, podemos pensar en Dios, aunque no lo conozcamos, pero no podemos pensar en un círculo cuadrado). Heidegger, por su parte, distingue también el conocimiento técnico-científico del pensamiento del ser. El primero está ligado a las condiciones de la objetividad que alcanzan su máxima expresión en la filosofía moderna; el segundo, retomando fuentes presocráticas y poéticas implica el ir más allá del ámbito del ente en dirección del ser que se le oculta al pensamiento representacionalista. Deleuze no solo pretende responder la siguiente pregunta: ¿bajo qué condiciones se hace
posible el pensamiento? Irá aún más lejos, pues no busca determinar únicamente las condiciones de un pensamiento posible, sino quiere determinar las condiciones de todo pensamiento necesario, siguiendo a Antonin Artaud, la de la genitalidad (pulsión) del pensamiento, esto es, como venimos sosteniendo, la preocupación por las condiciones reales que hacen nacer el pensamiento en el mundo.

Lentamente, o si se quiere leer especularmente demasiado rápidamente, apuntamos a la misma dirección de los maestros. Pensar, como se quiera pensarlo, es un ejercicio, un acto en acción, primariamente individual, o interno, que luego irá a mezclarse con lo múltiple de la época y-o viceversa. Deseamos aprender a pensar para no ser confundidos por el simulacro que la mundanidad nos presenta casi impositiva y agresivamente en cuanto salimos del escritorio en el que nos debatimos estas cuestiones.

En tanto sapiens, la reflexión es un asunto que se va dando en cuando devenga aun cuando sepamos aún bien que es lo que significa, que sería, decimos preliminarmente al menos dos asuntos. Uno como trabajo necesario que va desde que a través de algún medio, algo se nos presenta como algo, sobre lo que nos obligamos, bueno, si lo deseamos, reflexionar para crear cierto entendimiento de ello que luego se actualice en nuestra físico-química como contenido de pensamiento, ya intuitivo, ya racional, posible; y el otro asunto que es el que como reflexión rebota en un cristal o espejo – o lo que fuera-, y se nos devuelve en forma invertida. Y si insistimos en el trabajo de creación de pensamiento, si nos atenemos a la inversión devuelta, nos enrollaríamos en un círculo retroalimentado del que sería difícil salir.

Alejandro no supo, como nadie antes, desatar el nudo gordiano, entonces lo cortó a golpe de espada. Algo de esa metáfora debería sernos útil para referirnos al simulacro que la reflexión nos presenta. Si en lugar (donde se habita) de cerrarnos en que si pensamos lo que pensamos se nos devuelve en forma invertida, esgrimimos la espada y entendiendo que es uno propiamente el que piensa y cuando se lo hace el mundo lo devuelve, en tanto que ya somos parte de ese mundo, cortamos el ciclo confiando en nuestra propia identidad razonable de argüir acerca de de lo que ya somos y lo que hace frente, decidiremos quedarnos con la propia modesta pero honesta conclusión de lo que se trate.

El temor es el más antiguo de los afectos. De hechos los mitos y las religiones parecen más a los psico-fármacos modernos que lo anulan que a contenidos razonables de pensamiento. El sapiens sintió, como sensación o afecto, primero que cualquier otra cosa miedo. A las formas de la Naturaleza que lo había creado, a otras criaturas más poderosas físicamente o salvajes, a los agentes climáticos adversos, a la muerte, a los congéneres con los que no congeniaba, a cualquier forma que lo amenazara o agrediera. La sensación de miedo es ancestral en la especie hombre. Y no parece que eso haya cambiado en los últimos diez mil años del sapiens y sus culturas. Habría, decimos, una inversión diez veces milenaria, de no poder dar cuenta en lo pensado propiamente que el miedo es un efecto intelectual de un afecto real. Lo intelectual indica intelecto, lo que no implica necesariamente cosa consciente. Pero en cuanto parte de la misma maquínica forma del ser humano, casi todo es posible mientras se cumplan las leyes originales del universo.

Somos complejos, como especie, por naturaleza, y eso es ineludible. Las formas de pensamiento, acción y reacción, son igual de infinitas en lo humano que las posibilidades de combinación atómica en lo concreto de la materia y energía (que se equivalen) en el cosmos. Y con esa idea empezó esta serie, en la que hoy damos cierta rienda suelta como escolio, porque encontramos luego en la historia y posibilidad de pensamiento algunos puntos de encuentro, de agenciamientos deleuzianamente expresados en palabras posibles, de analogía y libertad de expresión, aunque las épocas se han encargado de dominarlas.

Con Schrödinger encontramos la vía de la vida que en la especie humana admite lo sapiens como diferenciador (algo más tarde Lynn Margulis completará la precursión). Con los filósofos anteriores se reconocen las formas de expresión de los pensamientos que ya admiten la cosmología previa necesaria para esa condición de posibilidad. Spinoza desde la Sustancia de la que provienen como modos las partes que se conjuncionan, y esto no cesa de funcionar (son funciones): choques, apropiaciones de partes, transformaciones de relaciones, composiciones al infinito. Es un álgebra físico-química que con más precisión trescientos años después Schrëdinger sería precursor de un nuevo estatuto donde las ciencias duras empezarían a dar cuenta a los modos de su método de lo mismo y diferente. En la legislación que lo cosmológico presenta a la Sustancia, luego Schopenhauer, y diciéndolo a su manera que afirma algo que para la época era una negación, que hay una voluntad que antecede en cuanto a lo humano a cualquier volición consciente de la que la especie pensante se había arrogado.

Los aprioris kantianos: espacio, tiempo y ley de causalidad (que son modos del cosmos), son necesariamente subjetivos, y necesarios para formalizar luego intelectualmente desde la representación que se afirma desde la percepción de lo fenoménico en cierto entendimiento previo a lo que podrá, o no, luego conocerse de alguna manera, y si desea (afecto entre genital y fantasía) luego expresarlo, decirlo, escribirlo, por si a otros interesara.

Esto es casi historia de la filosofía. Y cada escritor de filosofía replica su propio espíritu en el estilo en que se expone. Lo más interesante a quien despierte interés estos asuntos, es que el escritor va liberando a su manera posible la forma propia de pensar que aunque no lo diga, es el fin esperado en él mismo.

La ley de la causalidad (bien cósmica) es el fundamento de cualquier fenómeno, que si se cae en la en la premisa falsa que la propia representación se haga del mismo permita algo como un entendimiento absoluto, se pueda llegar a conocer la cosa en sí de ese fenómeno -su esencia – entonces se perderá el camino.

El camino es el que debe ser transitado por el pensamiento en busca de su libertad respecto de los modos servidos en bandeja de plata para cancelarlo o al menos adoctrinarlo a los modos admitidos de sujetación que proliferan, desde casi siempre, para su domesticación. Si pensamiento es el alma espinozista, y si el cuerpo es la forma extensa del alma intensa, entonces la domesticación se replica en los cuerpos. Más tempranamente lo explicará a su estilo, Michael Foucault, entre muchos otros.

Sigue Sigmund Freud

116 Volviendo al presente. [8]

Contraste. Ahora Arthur Schopenhauer

Siguiendo con Schopenhauer

Seguiremos desde lo que nos decía Schopenhauer en Sobre la voluntad en la naturaleza. https://cuestionesfilosoficas.com/2019/11/15/114-volviendo-al-presente-6/., en su apartado: Lo eterno e indestructible en el hombre, lo que forma en él el principio de vida, no es el alma, sino que es, sirviéndonos de una expresión química, el radical del alma, la voluntad.

Obras de Schopenhauer

  • Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente (1813)
  • Sobre la visión y los colores. (1816)
  • El mundo como voluntad y representación. (1819)
  • Sobre la voluntad en la naturaleza (1836)
  • Los dos problemas fundamentales de la ética (1840)
  • Sobre el fundamento de la moral (1860)
  • Parerga y paralipómena (1851)

Cierto contexto: antes de cumplir los veinte años de edad, Schopenhauer decidió abandonar definitivamente el comercio para emprender estudios universitarios. De este modo, en 1809, se matriculó como estudiante de Medicina en la Universidad de Gotinga, donde asistió a varios cursos. Allí conoció a Gottlob Schulze, un profesor de filosofía que le aconsejó emprender el estudio pormenorizado de Platón y Kant, para que luego lo complementara con la lectura de las obras de Aristóteles y Spinoza. La lectura de estos autores despertó en Schopenhauer su vocación filosófica y en 1811 se trasladó a Berlin, donde estudió durante dos años, para seguir los cursos de Fichte y Schleiermacher. Sin embargo, ambos filósofos —muy en boga por aquel entonces— sólo consiguieron decepcionarlo. Algo parecido puede decirse de Schelling, a quien Schopenhauer leyó intensamente, como también a Fichte, en sus años de estudiante en Berlin. A pesar de haberse pasado a la facultad de filosofía, Schopenhauer también se matriculó en cursos de filología clásica y de Historia y asistió también a un buen número de cursos de ciencias naturales, pues consideraba que estos conocimientos ampliaban y reforzaban su formación filosófica (al igual que lo que recomendaba Spinoza en su Tratado de la Reforma del entendimiento). Con esto estamos planteando, cada filósofo tiene su aquí y ahora y una historia singular que lo constituyen. Tipo inteligente, a los veinticinco años disponía de una formación académica importante, la que luego le permitiría acceder a un tercer género de conocimiento y comenzar su obra en nombre propio.

Quienes lo lean verán algo curioso, escribe en primera persona, en nombre propio e además se explaya en general bastante en cuanto a su método, riguroso, y en que deja explícita la precedencia de su sus escritos, lo que en general no repite aunque guardan una coherencia lo más exacta posible. Se dice el seguidor de Kant y elude elípticamente al burdo y falto de ingenio Hegel, que de paso diremos siempre fue difícil de leer, y eso algo ya está señalando algo.

Platón y Kant unen sus potentes dichos en la recomendación de una regla para
el método de toda filosofía, y aun de todo saber en general. Han de satisfacerse por igual, dicen, dos leyes: la de la homogeneidad y la de la especificación, sin abusar de la una con perjuicio de la otra. La ley de la homogeneidad nos enseña, mediante la observación de la semejanza y concordancia de las cosas, a aprehender las variedades para reunirlas en especies y éstas en géneros hasta que llegamos finalmente a un concepto mayor que lo abarque todo. Comoquiera que ésta es una ley transcendental, esencial a nuestra razón, presupone que la naturaleza sea conforme a entidades que más allá de la necesidad no se multiplicarán.

Immanuel Kant

Al contrario, la ley de especificación es expresada por Kant así: entium
varietates non temeré sunt minuendae
(No precipitarse a reducir las variedades de seres),. Ésta requiere que distingamos bien las especies unidas en el concepto del género que las abarca, y a su vez las variedades superiores e inferiores comprendidas en tales especies, guardándonos de dar ningún salto, y, sobre todo, de no subsumir las variedades inferiores, y, menos aún, los individuos, inmediatamente bajo el concepto de género, siendo cada concepto capaz de una nueva división en conceptos inferiores, pero sin llegar ninguno de éstos a la mera intuición.

Kant enseña que estas dos leyes son principios transcendentales de la razón, que postulan a priori el acuerdo de las cosas con ellos, y Platón parece expresar a su manera lo mismo al decir que estas reglas, a las que toda ciencia debe su origen, nos fueron arrojadas de la mansión de los dioses con el fuego de Prometeo

Schopenhauer encuentra que, a pesar de tan poderosa recomendación, la última de estas dos reglas es poco aplicada a uno de los principios principales de todos los conocimientos, al principio de razón suficiente. Aunque se le ha propuesto de una manera general, desde hace tiempo y muchas veces, se ha descuidado la separación de sus muy diversas aplicaciones, en cada una de las cuales obtiene una significación diferente, y que delatan su procedencia de diversas facultades cognoscitivas.

Pero precisamente en el estudio de nuestras facultades intelectuales el uso del principio de homogeneidad con menoscabo de su opuesto nos conduce a muchos y persistentes errores, y, por el contrario, el uso del principio de especificación ha producido los más grandes y más importantes progresos. Esto se demuestra comparando la filosofía kantiana con todas las anteriores.

De Kant: Es de la más alta importancia aislar los conocimientos que por su especie y origen son distintos de los demás, y evitar cuidadosamente que se confundan en un baño de amalgama con otros, con los cuales suele mezclarlos el uso. Lo que el químico hace al dividir la materia, lo que hace el matemático en su teoría pura de las magnitudes, debe hacerlo con mayor razón el filósofo, con lo que obtendrá el provecho de poder determinar con seguridad la parte
que cada especial modo de conocimiento tiene en el uso promiscuo del entendimiento, su valor y su influencia propias (Crtt. de la razón pura, Doctrina del método, cap. 3)

La importancia del principio de razón suficiente es importante, porque se le puede considerar como el fundamento de todas las ciencias. Ciencia no es otra cosa que un sistema de conocimientos, es decir, un todo de conocimientos enlazados, en oposición a un mero agregado de ellos. Y ¿quién sino el principio de razón suficiente vincula los miembros de un sistema? Lo que distingue precisamente a una ciencia de un mero agregado es que sus conocimientos nacen unos de otros como de su propia razón. Por eso ya lo decía Platón:
(etiam opiniones verae non multi pretii sunt, doñee quis illas ratiocinatione a causis ducta liget, Meno, p. 385. Bip.). [Mucho del valor de opiniones que, hasta cualquier razonamiento a partir de esas razones, ellas se las relacionan]

Las ciencias contienen nociones de causa, Aristóteles: de todo el conocimiento intelectual, si es de alguna manera la comprensión de participación en las causas y principios.

Ahora bien, como la suposición hecha siempre por nosotros a priori de que todo tiene una razón es la que nos autoriza a preguntar en todas partes «por qué», el «por qué» puede ser llamado la madre de todas las ciencias.

Más adelante habrá que mostrar que el principio de razón suficiente es una expresión común a varios conocimientos dados a priori. Entretanto tiene que ser puesto provisionalmente en una fórmula. Elegimos la wolffiana, por ser la más general: Nada es sin una razón por la que es.

Puede apreciarse que el camino del pensamiento fue derivando sus propias reglas de legitimación para excluirse de la multiplicidad de infinitas opiniones que opusieran iletradamente antagonismos infundados sobre las nuevas propuestas de estos pensadores. Y Schopenhauer no eludió el esfuerzo de producción de legitimación de su obra.

Es el primero en romper con muchos de los planteamientos fundamentales de la época moderna, empezando por el racionalismo y el optimismo aparejado con él. Desde su perspectiva histórica, pudo ver ya lo que había dado de sí una razón omnipotente que todo lo justifica y para la que todo está bien como está. Quedan atrás las ideas de una razón capaz de conocerlo todo con un buen método (Descartes), de un progreso indefinido del género humano (Ilustración) y de un mundo que es el mejor de los posibles (Leibniz). Incluso quedan atrás para él los intentos de su contemporáneo y principal enemigo, Hegel, esforzándose aún por demostrar que “Todo lo racional es real y todo lo real es racional”. Porque para Schopenhauer no es verdad ni lo uno ni lo otro: ni lo racional es real, porque el mundo de la razón es un mundo de sueños y de engaño, ni lo real es racional, porque el verdadero ser de las cosas es una voluntad irracional y ciega. Es el momento de ocuparse de lo que la filosofía anterior soslayó o menospreció por considerarlo inexistente o accesorio: el sufrimiento y la maldad, la contradicción y la injusticia, la enfermedad y la muerte. Era hora de explicar el porqué de este “valle de lágrimas” que es la existencia humana. Y la respuesta de Schopenhauer no será precisamente consoladora, ya que para él no cabe otro consuelo que la verdad. La negatividad -señala su respuesta- no es un accidente de la historia sino algo que está inscrito en el origen mismo de toda existencia, en una realidad originaria (la voluntad) que lleva en su seno la escisión y la carencia.

El primer elemento kantiano que asume preside toda su concepción de la realidad: se trata del idealismo transcendental con su distinción de fenómeno y cosa en sí, distinción que en él se traduce, como indica el propio título de El mundo como voluntad y representación, en la dualidad de voluntad y representación: dualidad, que no es dualismo, ya que voluntad y representación no son dos realidades distintas sino dos caras complementarias e inseparables de un mismo ser: el mundo.”El mundo es mi representación” es la frase con que Schopenhauer compendia el idealismo kantiano (del Kant de la primera edición de la Crítica de la razón pura, no el de la segunda, que en su intento de evitar el idealismo rotundo echó a perder una obra maestra de todos los tiempos, según Schopenhauer). Con ella se expresa el carácter puramente relativo del mundo del conocimiento y la consiguiente exclusión de todo planteamiento realista: todo en él se reduce a ser objeto para un sujeto, ese “ojo del mundo” que todo lo conoce y de nada es conocido.

Para Kant el fenómeno era el modo en que los objetos nos son dados; en cambio para Schopenhauer, el modo en que se nos oculta la verdadera realidad de las cosas. Eso se encuentra ya implícito en la misma distinción de fenómeno y cosa en sí: si hay que distinguirlos, es porque son distintos. Tanto la forma general de la representación -la división de sujeto y objeto- como las formas del objeto -espacio, tiempo y causalidad- son para Schopenhauer, como fueron para Kant las intuiciones puras y las categorías, las condiciones de toda representación objetiva. Pero también suponen, por su origen subjetivo, una alteración de lo así  conocido -en el caso de Schopenhauer, la voluntad- que ha de asumir unas formas que le son extrañas para darse a conocer. Así pues, el fenómeno no es, en contra de lo que implica su etimología, la manifestación de la realidad sino más bien su encubrimiento.

De este modo, a la inconsistencia del mundo real, en cuanto mera representación de una conciencia, se añade su carácter engañoso. Para expresarlo Schopenhauer recurre a dos comparaciones favoritas: la vida como un sueño, una idea recurrente en muchos clásicos de todos los tiempos, y el “velo de Maya”, una metáfora tomada de la sabiduría hindú: “el velo del engaño que envuelve los ojos de los mortales y les hace ver un mundo del que no se puede decir que sea ni que no sea”. Él mismo aporta también su propia comparación: la vida y el sueño son hojas de un mismo libro.

La representación se nos aparece como la cara exterior del mundo. Desde ella el mundo se presenta como un espejismo y un sueño inconsistente, como una cáscara sin núcleo. Pero si no queremos quedamos ahí sino intentar acceder al interior de las cosas, si buscamos el significado metafísico del mundo que está más allá del físico, hemos de instalarnos en un punto de vista distinto de la representación. Desde fuera – desde la representación- nunca avanzaremos en la comprensión de la esencia de las cosas. Ese fue el error de Descartes: pensar que desde el ego cogito podría construir todo un mundo más allá de su conciencia. Porque no encontramos dentro de esta ningún dato que nos remita con seguridad a una existencia fuera de ella, y mucho menos a la naturaleza de esa presunta existencia. Es más: desde el pensamiento no podemos ni siquiera acceder a nosotros mismos. Así lo demostró Kant en su Paralogismo de la razón pura y así lo expresa, en un lenguaje más sencillo, Schopenhauer: “El yo representante, el sujeto del conocer, nunca puede convertirse en representación u objeto, ya que, en cuanto correlato necesario de todas las representaciones, es condición de las mismas […] No hay, pues, un conocer del conocer“. En eso también erró Descartes: en considerar que la del yo pensante es la representación primera y más evidente. Por el contrario, el pensamiento puro nunca nos puede dar noticia del yo que piensa; pues el “ojo del mundo”, tal y como señala Wittgenstein, queda fuera del campo visual y se reduce a un punto inextenso.

Pero el hecho es que, para bien o para mal (según se ve más adelante, más para mal que para bien), somos algo más que seres pensantes: somos individuos, seres naturales arraigados en este mundo en virtud de nuestra índole corporal. Y es precisamente ese cuerpo, objeto inmediato de la representación, lo que nos proporciona la “puerta trasera” que nos permite superar la exterioridad de la representación y acceder al en sí de nuestro propio fenómeno y del mundo. A diferencia de los demás objetos, que solo conocemos desde fuera, conocemos nuestro propio cuerpo también desde dentro: desde esa vía interna cada cual percibe la estricta identidad que existe entre los movimientos de su cuerpo y los actos de su voluntad.

Ciertamente, esa doble experiencia privilegiada no nos proporciona en principio más que una doble serie fenoménica. Desde ese punto de vista, seguimos sin salir del dominio de la representación. Pero aquí se nos revela también algo más; y algo tan importante como para que Schopenhauer lo denomine “el milagro κατ’εξοχην” y la verdad filosófica por antonomasia: se nos revela la identidad del sujeto que conoce y el sujeto que quiere y, con ella, nuestro propio ser, que de rechazo nos dará la clave acerca del ser del mundo. Pues el cuerpo es el elemento mediador que hace posible la autoconciencia del sujeto y a la vez le manifiesta su naturaleza esencial. Aquel sujeto cognoscente que en cuanto tal no es cognoscible ni para sí mismo se conoce siempre como cuerpo y, en virtud de aquella experiencia interna, conoce su cuerpo como voluntad. La voluntad es, pues, el objeto de la autoconciencia del sujeto pensante: “El sujeto se conoce a sí mismo sólo como volente, no como cognoscente […] Lo conocido en nosotros como tal no es lo cognoscente sino lo volente, el sujeto del querer, la voluntad”. De este modo, y al igual que rompió con el racionalismo y el optimismo modernos, Schopenhauer rompe también aquí con la tradición moderna de la filosofía de la conciencia. Su reivindicación del cuerpo representa un hito en la historia del pensamiento y sienta las bases de una filosofía de la corporalidad que encontrará importantes desarrollos posteriores. Con él se abandona el mundo de las conciencias puras, las res cogitantes cartesianas de las que el cuerpo no pasaba de ser un apéndice más o menos molesto, para entrar en una nueva consideración que otorga al cuerpo un papel central en la constitución de la subjetividad.

Una vez que se nos ha revelado el en sí de nuestro propio ser, solo quedan para Schopenhauer dos posibilidades: o bien pensar que el resto del mundo no es más que representación y quedarnos en un egoísmo teórico, con todos los absurdos que ello conlleva; o bien suponer que los demás fenómenos de la naturaleza que tan semejantes al nuestro se nos aparecen tienen idéntica esencia. Y así, con la misma razón con que afirmamos “el mundo es mi representación” podemos también afirmar “el mundo es mi voluntad”. Así pues, en el principio no era el lógos sino la voluntad. Ella es la realidad originaria, la cosa en sí idéntica que se manifiesta en todos los seres y fuerzas de la naturaleza, desde la gravedad que hace caer la piedra hasta el carácter que determina las voliciones del hombre ante unos motivos dados. Cada uno de los seres naturales, cada uno de sus impulsos, acciones y afecciones, representan la concreción individual de una voluntad de vivir absoluta e ilimitada. La afirmación de la vida, el afán por mantenerse en la existencia, constituye la esencia íntima de todos los seres y, por ello, un prius del intelecto ante el que no cabe plantear un porqué.

No comprende a Schopenhauer quien le acusa de antropomorfismo por considerar la voluntad como cosa en sí. Él no está en ningún modo extrapolando la voluntad humana a toda la naturaleza ni pretendiendo que todos los seres quieren del mismo modo que quiere el hombre. La adopción del término “voluntad” quizás no sea muy acertada, pero se debe -así lo puntualiza- a que ese es el modo en que la cosa en sí se nos manifiesta de forma inmediata en nuestro propio ser. Las fuerzas naturales no son, pues, formas o manifestaciones de la voluntad humana: tanto unas como otra son objetivaciones de un núcleo íntimo del ser al que llamamos voluntad, como podríamos haberlo denominado gravedad si esta hubiera sido la forma primaria en que se nos revelara. No hay, por lo tanto, un antropomorfismo de la naturaleza en Schopenhauer sino más bien un naturalismo del hombre, al que se atribuye una identidad esencial con el resto de los seres.

Tampoco comprende a nuestro autor hoy quien piense que su sistema postula más o menos a priori una voluntad de la que luego infiere por las buenas o por las malas la totalidad del mundo natural. Muy al contrario, Schopenhauer no busca deducir sino interpretar el mundo: su filosofía no parte de la cosa en sí sino del fenómeno, se instala en el terreno inmediato de la experiencia para buscar su significado metafísico, significado que descubre, acertada o equivocadamente, en la voluntad. El curso de su pensamiento va, pues, de la naturaleza a la voluntad, de la manifestación a la esencia. E invertir ese curso supone traicionar el espíritu de su filosofía.

La voluntad de vivir se afirma en todos los seres existentes. Pero la afirmación de la voluntad es afirmación de la negatividad, la escisión y la carencia que lleva en su seno y que no se aminoran en su objetivación fenoménica sino más bien se multiplican, dando lugar a una vida que es en esencia dolor. El querer y su satisfacción o, en otras palabras, el sufrimiento y el tedio, son los dos extremos entre los que oscila el péndulo de la vida. Mientras queremos, sufrimos por la carencia que ese sufrimiento supone; cuando el querer es satisfecho, surge algo peor que el sufrimiento: el aburrimiento, que nos hace sentir el vacío de la voluntad desocupada. Pero la rueda de Ixión ( Zeus, pensando simplemente que beber el néctar de los dioses había trastocado a Ixión, se conformó con desterrarlo. Pero cuando vio que el ingrato presumía de haber seducido a Hera, lo mató con un rayo (la única forma de morir que tenían los que habían probado la ambrosía), y le condenó al Tártaro, donde Hermes le ató con serpientes a una rueda ardiente que daba vueltas sin cesar) nunca se detiene: pronto aparecerá un nuevo deseo con un nuevo dolor, y su satisfacción volverá a mostrarse vana para calmar la sed de la voluntad; una voluntad que nunca encuentra un objeto que satisfaga su querer, porque en realidad no quiere nada y en el mundo fenoménico se limita a aparentar un querer. El dolor del mundo no es en último término sino la manifestación del absurdo de una voluntad que es incapaz de querer.

Ixión

Por si eso fuera poco, a nuestra índole esencial se añaden las condiciones fenoménicas que constituyen una nueva fuente de dolor. Pues si en esencia somos un absoluto -la voluntad y toda la voluntad-, al mismo tiempo somos individuos que, cegados por el velo de Maya, pretendemos afirmarnos en nuestra propia individualidad aun a costa del aniquilamiento del resto del universo. De ahí surge un estado de hostilidad universal en el que todos somos verdugos y víctimas; porque todos causamos daño a otros y lo sufrimos de los demás, y porque todos somos una misma voluntad. No obstante, y a pesar de todo el sufrimiento de nuestra existencia, nos aferramos a ella y nos estremecemos ante la perspectiva  de una muerte que en todo caso ha de llegar; pues le pertenecemos por el hecho de haber nacido, y ella no hace más que jugar con su presa antes de devorarla.

La liberación de la voluntad de vivir, fuente de todo dolor, encuentra en Schopenhauer dos vías: una puramente contemplativa (el arte) y otra de carácter práctico (la ética y la ascética). Pero no nos engañemos: no vamos a encontrar aquí recetas para una vida feliz: en primer lugar, porque “vida” y “feliz” son aquí conceptos contradictorios; y además, porque no hay recetas para ser un genio ni para ser santo. Tanto lo uno como lo otro proceden de un conocimiento; pero de un conocimiento inmediato e imposible de transmitir en palabras. En la ética y la estética abandonamos el dominio de la razón y entramos en el terreno de lo místico: aquí no caben ya las explicaciones sino solamente la descripción de su manifestación en el fenómeno.

Además del mundo de la representación y el de la voluntad, hay un tercer mundo; un mundo que parece llevarse la mejor parte, ya que no está afectado ni por las contradicciones internas de la cosa en sí ni por el sufrimiento inherente al mundo de la vida: se trata de las ideas platónicas, las objetivaciones inmediatas de la voluntad, que determinan la escala de los seres naturales. Esas ideas eternas e inmóviles constituyen el objeto de la contemplación estética. En ella el sujeto puro del conocimiento, aquel ojo del mundo que se presentaba como soporte de la representación, se convierte ahora en su espejo. Desgajado momentáneamente de su condición de individuo, ya no se pregunta por el cómo, el cuándo, el porqué y el para qué. Su modo de conocer se ha desvinculado del principio de razón y se dirige en exclusiva al qué. El genio busca así lo mismo que el filósofo, pero por una vía y medios distintos: su conocimiento no es discursivo sino intuitivo, y no se materializa en conceptos abstractos sino en una obra de arte. Él es capaz de ver en lo particular lo universal, en lo efímero lo eterno, en el individuo la idea, y de transmitir luego ese conocimiento de forma indirecta a través de su obra. Y al transmitirlo, ese benefactor de la humanidad nos comunica también algo del remanso de paz que ha conocido el mundo de las ideas: en él no hay dolor porque la voluntad se ha adormecido por un instante dejando el paso a la pura representación.

En correspondencia con la escala de la naturaleza, la teoría del arte de Schopenhauer va recorriendo la gradación de las ideas en sentido ascendente adjudicando a cada una de las bellas artes la contemplación de una idea. En el nivel inferior, la arquitectura como arte bello nos presenta la idea de la materia bruta y las fuerzas básicas de la naturaleza en el perpetuo conflicto entre gravedad y rigidez. Pasando por artes como la conducción de agua, la jardinería, la pintura paisajística y la pintura y escultura animal, en las que se presentan las ideas de la naturaleza vegetal y animal, se desemboca en las artes que tienen como objetivo específico la idea del hombre. Estas son la pintura histórica, la escultura y, por encima de ellas, la poesía. La concepción schopenhaueriana de la poesía, que tanta resonancia encontrará después en la obra de Borges, nos la presenta como una auténtica sabiduría acerca del hombre y al poeta como un ser humano anónimo y universal: “El poeta es el hombre universal: todo lo que ha conmovido el corazón de algún hombre, lo que en alguna situación la naturaleza humana ha dado de sí, lo que en algún lugar habita y se gesta en un corazón humano, es su tema y su materia; como también todo el resto de la naturaleza”. La verdad del hombre no la expresa la historia sino la poesía. La historia narra solo los acontecimientos y se queda siempre anclada en la superficialidad del fenómeno. La poesía, en cambio, narra lo que nunca envejece porque nunca sucedió.

La verdad de la poesía encuentra su expresión máxima en su género superior: la tragedia. En ella se nos presenta en toda su crudeza el terrible espectáculo de la existencia humana, la más dolorosa de todas, con el triunfo de la maldad, el azar y el error. La tragedia expresa el conflicto interno de una voluntad que se devora a sí misma a través de sus fenómenos y que se sustrae a toda racionalidad y toda lógica. Y expresa, sobre todo, el carácter de culpa que tiene nuestra existencia y que solo se puede expiar con el sufrimiento y la muerte: “El verdadero sentido de la tragedia es la profunda comprensión de que lo que el héroe expía no son sus pecados particulares sino el pecado original, es decir, la culpa de la existencia misma”.

La tragedia culmina la representación de las ideas eternas pero no la escala de las artes. Por encima de ella hay otro arte que ocupa un puesto aparte, ya que no representa ideas sino la voluntad misma: la música. Es comprensible que en un sistema eminentemente irracionalista, el puesto supremo en la jerarquía de las artes no lo ocupe un arte del lógos sino del sentimiento. Antes lo vimos: cuando la razón calla, habla la voluntad. Pues bien: la voluntad habla el lenguaje de la pasión y del sentimiento, un lenguaje indescifrable para la razón pero universalmente comprensible: “El compositor revela la esencia íntima del mundo y expresa la más honda sabiduría en un lenguaje que su razón no comprende”. En esa sabiduría encontraríamos, si pudiéramos expresarla en conceptos, la verdadera metafísica. Pues la música no expresa ya una idea sino que representa la vida, la voluntad misma en sus distintos grados de objetivación, la “sinfonía de la naturaleza” que aúna perfectamente todos sus elementos, desde el bajo fundamental -las fuerzas inferiores de la naturaleza- hasta la melodía -el hombre-, erigiéndose así en un mundo paralelo al de los fenómenos.

La belleza de las cosas no desmiente en modo alguno el pesimismo schopenhaueriano: pues una cosa es verlas y otra serlas. Pero sí se puede al menos atisbar en la teoría estética de Schopenhauer una cierta atenuación de su concepción trágica de la vida, en la medida en que el arte ostenta en él una virtud catártica que de alguna manera redime la perversión originaria de la realidad y nos permite verle “su lado bueno” y liberarnos momentáneamente del sufrimiento sin desembocar en la nada. No ocurre así, en cambio, en la otra vía de liberación de la voluntad, en la que el conocimiento de la verdadera realidad de las cosas presenta su lado más terrible y solo puede provocar espanto.

113 Volviendo al presente. [5]

Resta el álgebra:

Modos del olvido -> Pasiones, Pulsiones -> Lo inconsciente ->
Agregación social -> Sujetación -> Obediencia -> Fines de la sujetación ->
Modos de sujetación -> Patologías del pensamiento ->
Modelo de desobediencia -> Crisis de la desobediencia ->
Autoritarismo e imposición -> Hacia otra obediencia -> En nombre propio.

Los caminos del pensamiento

……..Y con el habla y la escritura, y el repaso de la memoria y la interacción con otros, entendemos que empieza otra historia, diríamos trágica del destino de haber nacido humano, que será el objeto del próximos capítulos de la serie.

Destacamos la capacidad de memoria como modo de fundamentar la posibilidad del pensamiento, ya visto desde su propia plasticidad constituyente desde las reconocidas, hasta ahora, leyes físico-químicas que se fueron descubriendo paulatinamente desde un origen de la observación de ciertas regularidades y posteriores inferencias entre experimentales y especulativas con demostraciones legisladas por la razón, hasta explicar(se) las cosas concretas que se presentan, primero a la percepción, y luego al entendimiento que se reafirma en conocimiento, de entrada preliminar mientras el sucesivo devenir de sus conjeturas van creando nuevos, en varios campos de objetos, desde la simple? materialidad de cosas aún cuando como acontecimientos al nivel cósmico son, como se dijo casi infinitos, hasta la inmensidad de condiciones que se ofrecen al pensamiento de esas cosas, y muchas otras muchas más propias del modo propio de la posibilidad, ya que agrega a lo concreto todo otro mundo, al que nominaremos provisionalmente, humano: las singulares formas que en los contenidos de pensamiento el hombre agrega sin otra fundamentación que su propia creatividad, posiblemente soportada por exclusivas facilitaciones entre los núcleos de almacenan infinitesimales contenidos de memoria que pueden, o no, de acuerdo a cada facilidad o umbral de facilitación, entre los contenedores que la mantienen. Como procedimiento micro físico-químico serían nuevas nivelaciones entre los átomos constituyentes de los enlaces sinapsioidales entre loas núcleos neuronales, ya aleatorios o más establemente establecidos por relaciones entre los enlaces posibles a la escala atómica que los respectivos contenedores admitan, entre la pura aleatoriedad o alguna condición de cierta regularidad que se refuerce a través de cierta uniformidad de la repetición o realimentación. No entendemos reglas fijas al respecto, sino por lo contrario completamente singulares a la condición de experiencia de cada sapiens.

Por ejemplo, una de las tantas combinaciones de memorias, por convenirla como muy posible, quizá devenida desde lo profundo de considerar la condición vital y su fatalidad, se puede afirmar una facilitación como pensamiento y su equivalente anímico, de preservarse en voluntad de seguir viviendo, quizá por temor a la ya reconocida muerte de otros que los antecedieron y que se infiere inevitable para el convenido pensante que lo admita, en cualquiera de las formas posibles: consciente, relegada latente o expulsada a lo inconsciente. Freud ya lo alegó, a su manera, en su momento.

Si, entendemos, una cuestión tan propia de la condición humana, que pueda causar temor, se repite en cuanto voluntad en el microcosmos de la capacidad de pensar, se refuerza por simple repetición y reactivación de los contenedores que no se revienen en otras formas alternativas. Por lo tanto se fijan como memoria específica y luego, entendiendo el ánimo ( el alma espinozista ) como idéntico a lo extenso del espíritu ( el pensamiento ) causa efecto reciproco. Y lo entendemos como el más primordial y simple de los efectos. Los humanos han desarrollado ya demasiadas relaciones entre alma y espíritu, tantas como los haya habida desde su origen.

Bien, ¿que sería el temor ahora en lo más general, luego del pensamiento?. Pensemoslo como el mismo contenido de pensamiento (determinadas condiciones físico-químicas que se establecen diferenciadamente por cambios estabilizados a nivel de ciertos átomos que fijan ese pensamiento) se replican en lo anímico, la sensación.

La sensación, también posible de pensarse como procesamiento sensorial, es la recepción de estímulos mediante los órganos sensoriales. Estos transforman las distintas manifestaciones de los estímulos importantes para los seres vivos de forma calórica, térmica, química o mecánica del medio ambiente (incluyendo en ese al Cuerpo humano) en impulsos eléctricos y químicos para que viajan al sistema nervioso central o hasta el cerebro para darle significado y organización a la percepción.

Es tal vez el temor original, y que que luego, desde su inexorabilidad va produciendo diversas formas de pensar lo presente en función de lo final, que se va extendiendo en multiplicidades de pares pensar y efectos del ánimo, que se realimetan, y conforman a cada individuo en su propiedad. Como la única vía de expresión fácil que disponen que es el habla, ya sea lenguaje que proviene de lo pensado, o el cuerpo que lo traduce traduce en anímico. como sensación

Las ciencias tratan de explicar las posibilidades, desde su causas a efectos, que se convierten en causas de otros efectos. Hacia adelante en el tiempo sin final previsible salvo a escala humana. la muerte. Hace bastante pasado, Aristóteles intuyó una causa prima a que denominó dios, quizá por llamarlo de alguna manera imperante en la época acerca de la antroformación de lo desconocido, y que iría a constituirse en uno de los peores errores de la semántica. Como causa prima nomina dios, que luego será reutilizado sin el mismo sentido por las religiones nacientes en esa época, con los resultados, o bien conocidos, o bien ignorados profesa o extraprofesamente que expondremos como continuación.

La Filosofía, nacida desde la observación racional y pensante de los cielos, sus regularidades y el poder ser de los hombres y su posibilidad diferencial de pensar, permitió el comienzo racional de las ciencias, pero neutralizó su acierto brindando fundamentos a la fantasía e ilusión religiosas. Y así estamos, como seguiremos viendo. Facilitaciones físico-químicas en las conexiones sinápticas entre las células neuronales, cuestión algo así de umbrales, que permiten o no permiten la transmisión de contenidos entre unas y otras. Casi al infinito. Si como algunos han medido tenemos una cien mil millones de neuronas y cada una tiene un promedio de 7,000 conexiones sinápticas con otras neuronas, eso da una posibilidad de siete billones de conexiones a facilitar o no. Es una escala casi cósmica.

El ánimo ( el alma espinozista ) como idéntico a lo extenso del espíritu ( el pensamiento ) causa efecto reciproco, y se manifiesta en el cuerpo como sensaciones, antes se las llamaba pasiones, con Freud pulsiones. Es el alma que se expresa como alegría, tristeza, dolor, angustia, pérdida de identidad, expectativa, deseo, poder de algo, falta, fantasías, ilusiones, alucinaciones, voluntad dijo Schopenhauer, voluntad de poder, Nietzsche, arquetipo Jung, obediencia a las tablas, Moisés, demasiado.

Ha de proseguir……

112 Volviendo al presente. [4]

Volver al presente, solo posible desde lo pasado

,Nos quedamos en un álgebra:

Cosmos -> Naturaleza -> Leyes inmutables -> Físico-química de la materia ->
Cuasicristales -> ADN -> La vida -> Especies vivas -> Homo sapiens ->
Pensamiento no preestablecido -> Memoria de la experiencia -> El Habla ->
Modos del olvido -> Pasiones, Pulsiones -> Lo inconsciente ->
Agregación social -> Sujetación -> Obediencia -> Fines de la sujetación ->
Modos de sujetación -> Patologías del pensamiento ->
Modelo de desobediencia -> Crisis de la desobediencia ->
Autoritarismo e imposición -> Hacia otra obediencia -> En nombre propio.

Terminamos ayer con una propuesta de un álgebra posible, a la que habemos de dotarla de confiabilidad para nuestra razón e individualidad y así poder transmitirla para quienes se interesen en el objeto que nos promueve y promueva a su vez nuevas propias en cada caso, que es el sentido profundo de la búsqueda en un mundo donde la confianza no parece ser un valor frecuente.

Hay, decimos, por anterior, por sobre, por primitivas o por lo que fuera, las verdaderas leyes que el cosmos y la naturaleza ya disponen, y sin las que no habría aparecido el fenómeno vida, y en su posible evolución físico-química el pensamiento y la capacidad propia de la memoria. Se lo suele dar por un hecho consumado, y que por lo tanto que no requiere demasiado adentramiento en ello. Siempre este tipo de reducciones reducen y evitan la apertura de un algún posible sendero que nos acerque al único camino que nos corresponde en tanto individuos, aún divididos, al propio camino posible del llegar a pensar en nombre propio, tan independizados como se logre de cualquier sujetación que intervenga

Por ello volvemos al álgebra.

Cosmos -> Naturaleza -> Leyes inmutables -> Físico-química de la materia ->
Cuasicristales -> ADN -> La vida -> Especies vivas -> Homo sapiens ->
Pensamiento no preestablecido.

El cosmos, ya presentamos en https://cuestionesfilosoficas.com/2016/09/24/1-la-nueva-cosmologia/ una introducción a asunto. Que es interesante para quien interese. El fenómeno cósmico, original de toda otra posibilidad, no solo se rige por leyes luego descubiertas o en proceso de ser descubiertas, sino que además presenta una multiplicidad de posibilidades aproximándose a casi el infinito, que hasta el momento no puede pensarse como tal, pues la suma de la masa y energía cósmicas al menos violación del segundo de los principios de la termodinámica, debería ser una constante macroscópica, lo que no implica no transformaciones posibles entre unas y otras, sobre retornando al nivel microscópico de cada elemento diferencial, de cualquier sistema en general, y el universo en particular. Muchas singularidades, todas irreversibles, ocurren en el universo desde el tiempo cero (0). Es un sistema heterogéneo. Hay discontinuidades a cada segundo en cualquier lugar, desde hace aproximadamente catorce mil millones de años gregorianos..

La Naturaleza será la ínfima consecuencia de la singularidad de este planeta tal como se presenta, deviene y permite entre otras cosas la vida, de los seres humanos en particular entre otras especies vivientes en general. Algo ya empezamos a mencionar en https://cuestionesfilosoficas.com/2018/07/01/79-naturaleza-y-la-naturaleza-del-hombre-introduccion/ , donde aún no se pretendía comenzar por el principio sino casi por el final. Es parte del objeto de esta serie precisamente revertirlo. Es un modo del pensamiento pensar en sí mismo, cuando ignora su propio origen se nos presenta quizá una de las curiosidades que nos intrigan en la búsqueda del camino del nombre propio.

Devenido desde sus orígenes el pensamiento admitió, desde la observación, registro, inferencia de los acontecimientos, desarrollo de respuestas a preguntas casi inexorables desde lo inexplicado, que entre todas estaba él mismo y su forma humana de ser posible, aparecen lo que convencionalmente se denomina conocimiento. Ese conocimiento procedente de lo más inmediato de la Naturaleza y sus peligros comenzó con la mítica, pero luego desde los griegos seis siglos AC descubierta la razón se enfocó en el hombre mismo y las regularidades cósmicas que la vista presentaba a la observación directa del cielo, claro está que sin toda la parafernalia de instrumentos y tecnología que se dispone hoy día. Como más inmediato las especulaciones de lo más próximo, el hombre mismo, aparece lo que denominamos filosofía y más lentamente por el más lento trabajo de la especulación inteligente, mejoras en los modos de observación y medición, y como un progreso acumulativo de conocimientos sobre conocimientos, aparecen las ciencias. Para nada opondremos la una a las otras, entendiendo que son construcciones del pensamiento y su devenir histórico, como un campo de posibilidades en el que cada pensador encontrará un camino, entre los infinitos que se presentan.

Desde la aparición del homo sapiens vivieron aproximadamente 150 mil millones de individuos de la especie, y cada uno podría haber desarrollado a su propio modo su forma de pensar. No es un infinito pero tiende a ello. Los astrónomos estiman que habría unos 100.000 millones de planetas habitables en la Vía Láctea y se estima que existen al menos 2 billones (2 millones de millones) de galaxias en el universo observable. No es para hacer aritmética ahora sino tan solo para clarificar que la escala humana aunque enorme no parece sino como un infinitesimal en la dimensión cósmica visible a la velocidad de la luz.

El universo, casi un infinito, se rige por leyes que las ciencias fueron, van y seguirán descubriendo, a la escala humana y en su progreso. La Física y la Química con el soporte inexcluyente de la Matemática permiten al pensamiento algún entendimiento del legislado caos cósmico, donde todo sucede. Incluso un planeta Tierra, su Naturaleza, la aparición del fenómeno Vida, y entre las especies vivas, el Sapiens, que puede llegar a pensarlo.

De hecho el cuasicristal del ADN, unos miles de átomos que son pocos, están ordenados de modo que en la reproducción celular transmiten en un organismo los mismos caracteres pr invariabilidad, una vez constituidos desde un par original (salvo las especies homogámicas) heredado. Son átomos ligados en una macromolécula en las que ciertos enlaces químicos covalentes, pueden llegar a cambiar en mínimos grados el estado del enlace con otros átomos cercanos, diferenciando luego algo de su herencia original, aunque ese cambio no altere las categorías actuales del individuo sino que posiblemente transmuten su herencia.

Y aquí, ahora, volviendo al terreno de este lugar en este planeta y presenciando cotidianamente lo real del mundo humano que hace frente, como lo hacía el cielo a los primeros griegos razonables, no podemos dejar de atender a cualidades menos firmes que las de las ciencias que nos ayudan a entender nada menos que algo del Cosmos.

Según lo antedicho, no deberían esperarse de un modo preestablecido contenidos de pensamiento, que de hecho ninguna ley de la Naturaleza prescribe. La experiencia deja huellas solamente singulares a cada individuo sapiens que vive, no hay experiencias iguales, por lo tanto las memorias son diferentes. La memoria es un hecho solamente singular de cada uno, y hasta un estadio, es consciente. De esa consciencia cada quien de acuerdo a sus posibilidades de conocimiento y razón generará su cosmovisión de lo que lo rodea, ya universo, ya geografía, ya su comunidad, ya los otros con los socializa, ya él mismo.

Hubo un momento en la historia del hombre, poco más allá que se diera cuenta que podía pensar, y recordar, e imitando los cantos de las aves o lo rugidos de los felinos que ya estaban ahí que empezó, desde una simple imitación a articular sonidos nuevos que cuando pudo consensuarlos con sus congéneres dio lugar al lenguaje, desde lo más primitivo hasta que siguiéndose uno al otro con la capacidad de pensar y recordar dieron lugar al intercambio simbólico de esos sonidos compartidos con otros que conformaron el protolenguaje, que no ha dejado de alentarse por nuevos caminos de pronunciación,primero acerca de las cosas y luego a las propiedades del pensamiento posible.

Era el habla que amanecía y aprendido por repetido el código, permitió a unos y otros primitivos, comunicarse, primero los peligros y las conveniencias, luego, ya las propias fantasías del individual contenido del pensamiento en nombre propio.

Poco más adelante, se aprendió a registrar el habla recién descubierta en símbolos escritos o grabados de la forma que fuera para que otros posteriores lo pudieran rememorar. Ya habían dado cuenta de lo perecedero de la propia vida, inscrita en los genes que heredaron como vivientes, al menos por un tiempo finito.

Y con el habla y la escritura, y el repaso de la memoria y la interacción con otros, entendemos que empieza otra historia, diríamos trágica del destino de haber nacido humano, que será el objeto del próximos capítulos de la serie,

111 Volviendo al presente. [3]

Parte 3: La Cuestión del pensamiento

Terminamos la Parte 2 con que: El pensamiento, dotación genética de la especie homo sapiens y sus derivaciones, no tiene un código uniformemente pre-establecido. Es libre desde la propia físico-química que lo produce, por lo tanto nos decimos, que es otra la cuestión de su pretendida sujetación a patrones que lo encapsulan en formas que no le son las propias devenidas de su única experiencia.

Para ello intentamos insistir en la inviolabilidad de las leyes del cosmos que nos incluye, y cómo desde las propias propiedades de la Físico-Química, la Biología de la vida indica que no hay código genético que obligue a ningún espécimen homo sapiens a pensar de determinada manera sino solo la que vaya constituyendo en su devenir individualidad.

Muchos filósofos, y entre otros citaremos a Jean Paul Sartre, quien sin ninguna evidencia biológica estructural, ya por que no la alcanzara o por aún no desarrollada, igual que al modo especulativo de Freud en su Psicología para Neurólogos, o Erwin Schródinger en ¿Que es la Vida? sospecharon acertadamente lo que más tarde las ciencias confirmarían, Sartre en su existencialismo primordial decía: “estamos condenados a la libertad”, y su metáfora en lo que refiere a lo humano, cuyo mundo destaca como único posible, no es mucho más que un anticipo de un resultado propio de las leyes de la naturaleza. Las mismas que gobiernan el cosmos aún caótico donde la gravedad, las radiaciones, los fenómenos de masas interactuando relativísticamnete y sorprendiendo con demasiadas singularidades en el espacio tiempo que se expande a velocidades muchas veces difíciles de comprender para la mínima escala humana, pero que igualmente determinan en su juego casi infinito de posibilidades la misma que dispone la facultad que nos diferencia entre otras especies vivas que es la cuestión del pensamiento.

Por lo tanto no es fácil explicar la multiplicidad de modos de sujetación de cada pensamiento individual, que debiera crecer desde la mismidad de la experiencia y un trabajo de razonamiento lógico en el álgebra que se constituye en paralelo a la de la individualidad de cada existencia. Llamamos aquí álgebra a la categorización más directa en la que la experiencia va enseñando al pensamiento a calificar los órdenes de prioridad de valoración, en cada caso.

El camino del pensamiento transcurriría por lo tanto recorriendo cada categoría del álgebra, adoptando la que se corresponde en dada caso hasta alcanzar la expresión más plausible de cada percepción.

Estamos hablando, y no es poca cosa, por ahora un pensar que se conceptualiza como consciente. El álgebra se ira constituyendo a ese nivel, y además en estados no patológicos, se van a ir memorizando en una dinámica de la no hay prescripciones establecidas, para un sapiens, de antemano.

Antes de pasar a otros estadios posibles del fenómeno del pensar (https://cuestionesfilosoficas.com/2019/06/14/101-olvido-falta-de-memoria-desactivacion-final/), reconozcamos por un momento otras situaciones perceptivas que no provienen de le relación de las palabras acerca del mundo que hace frente con el sapiens, que tienen que ver con lo externo, por ello se enuncia lo que hace frente. En su vida anímica el sapiens recibe otras señales ahora internas, las sensaciones (pasiones mucha veces nombradas así) que también disponen de multiplicidad que expuestas en palabras adquieren aproximadamente un sentido al que supuestamente apuntan.

Estamos exponiendo un álgebra muy simple: sensación (pasión) -> palabra que la exprese -> sentido de la palabra -> dirección de apuntamiento. (Son las señales heideggerianas, aproximadamente). Histerias, obsesiones, ira, angustia, miedos con objeto definido o sin él, melancolía, depresión, euforia, vacío, celos, sadismos, masoquismos, ……… Muchas pasiones las nombraría Spinoza, pulsiones Freud. Él álgebra de las pasiones es simple, lo que no parece tan simple es su entendimiento.

Estaremos, brevemente, en un punto de partida en el que el pensamiento, dotación genética de la especie homo sapiens y sus derivaciones, no tiene un código uniformemente preestablecido , aunque se aparezcan, por evidentes en sí mismos, fenómenos como los de sujetación y las pasiones que lo condicionan en efectos no necesarios desde un paradigma bioquímico, al menos como el alcanzado hasta ahora.

Antes de entrar en especulaciones psico-bio-físicas que permitan dar cierta cuenta de las evidencias efectivas en los actos de pensamiento de sus condicionantes fenoménicamente evidentes, repensemos los intentos que la historia de ese pensamiento que se nos presenta, con un criterio explícito anti fukuyamiano, que la historia no ha terminado, sino que debe devenir, como el cosmos y sus leyes admiten.

El paradigma puramente científico es lo último, en la flecha del tiempo, por su aparición relativamente reciente frente a las preguntas originales que el hombre empezó a hacerse acerca de sí mismo y su pensamiento desde los griegos. Como un a especulación a priori, decimos entender que siendo el objeto el mismo (el hombre y su sapiencia esencial), que las leyes son de la naturaleza son, conocidas ya o por conocer, son siempre las mismas, necesariamente debe haber una relación que es la que nos promueve en esta ocasión,

La cuestión del habla debe convenientemente ser entendida en alguna forma, para poder hablar del pensamiento, como de cualquier otra. El Habla preexiste a la Escritura y se constituye en secuencias de sonidos articulados en palabras. Hoy día se asume que de un golpe nuestros antepasados tropezaron con el mecanismo ingenioso apropiado para ligar sonidos con significados, y la lengua automáticamente habría evolucionado y cambiado, en paralelo al desarrollo del modo pensar. Desde la perspectiva de la ciencia moderna, el principal obstáculo en la evolución de la comunicación protolingüística en la naturaleza no es mecanicista. Más bien, es el hecho que los símbolos-asociaciones arbitrarias de sonidos u otras formas perceptibles con los correspondientes significados- no son fiables, y perfectamente pueden ser falsos. “Las palabras son baratas”, se dice por ahí. De ahí el hecho, quizá, que la fiabilidad se fundamenta en la razón y la consecuente fundamentación que se requiere para dotarlas de sentido de confiabilidad, y eso, hoy se llama filosofía.

Terminamos hoy con una propuesta de un álgebra posible, a la que habemos de dotarla de confiabilidad para nuestra razón e individualidad y así poder transmitirla para quienes se interesen en el objeto que nos promueve y promueva a su vez nuevas propias en cada caso, que es el sentido profundo de la búsqueda en un mundo donde la confianza no parece ser un valor frecuente.

Cosmos -> Naturaleza -> Leyes inmutables -> Físico-química de la materia ->
Cuasicristales -> ADN -> La vida -> Especies vivas -> Homo sapiens ->
Pensamiento no preestablecido -> Memoria de la experiencia -> El Habla ->
Modos del olvido -> Pasiones, Pulsiones -> Lo inconsciente ->
Agregación social -> Sujetación -> Obediencia -> Fines de la sujetación ->
Modos de sujetación -> Patologías del pensamiento ->
Modelo de desobediencia -> Crisis de la desobediencia ->
Autoritarismo e imposición -> Hacia otra obediencia -> En nombre propio.

Claro está, hay que ir por partes.

109 Volviendo al presente. [1]

Parte Uno: Primero la Vida

Habíamos finalizado Memorias del Futuro ( https://wordpress.com/block-editor/post/cuestionesfilosoficas.com/12545 ) con:

Queda el hombre esencial como expectativa, que asombrado de la nueva realidad del mundo que hace frente, salga del letargo y se ponga a pensar, y que en ese camino dando cuenta de la absurdidad del destino que depararía el futuro que aún no existe bajo el dominio de la nueva lógica, retorne a las leyes que la naturaleza le otorgó en su origen, sepa discernir las cosas en nombre propio y vuelva a disfrutar primero y concretar en acciones después su espiritualidad, tal fuera devenido en la Naturaleza que lo permitió. Y si así no ocurriera, ya podríamos mencionar, que el hombre, como tal, sapiens, está en vías de extinción antes del final cósmico que ya está reservado por las leyes del Universo.

No alejamos tanto el camino inicial que elegimos. La imagen que se compone es la que tal vez encontremos la posibilidad de abrir nuevas vías al pensamiento que despenalicen el sentimiento trágico que se desprende del fenómeno humano en lo cotidiano, quizá demasiado humano.

Imaginamos una secuencia como la de primero la vida, luego el hombre sapiens, y lo presente tal cual en este mundo (que es humano).

Nos motiva que cual soldados echados a su suerte, mientras comen el rancho miserable, la noche se echa encima y la oscuridad oculta por unas horas el espeluznante panorama. Pero el horror no descansa. [Julio Alejandre]

Es un reto a la razón, con la que recorriendo senderos pequeños y a veces azarosos fuimos encontrando señales que nos aproximan al camino elegido. Aprendimos de los maestros que pensar es rebelde y hablar peligroso, salvo constricción reconstruida luego de casi la nada. Necesitamos empezar por algún, al menos convencional, principio. Y si queremos dilucidar el pensar y como mejor hacerlo, partimos que tal cualidad requiere primero de la condición vida. Ilusionamos que modos de pensamiento renovados permitan mejores condiciones en la que el horror se diluya en la energía oscura del cosmos.

“Ello funciona por todas partes, bien sin parar, bien discontinuo”.

Ese ello, nombrado al inicio del Antiedipo guattari-deleuziano, tal vez refiera al Id de Freud. Y podemos agregar que análogo funcionamiento es el del cosmos, el principio de lo que entendemos hoy son o permiten a las cosas ser. Palabrita complicada ser, desde el descubrimiento de la razón y olivada demasiadas veces en la jerga infinita de los discursos que nos asedian.

El término vida (en latín: vita),​desde la biología, referencia a aquello que distingue a los reinos animal, vegetal, hongos, protistas, arqueas y bacterias del resto de las entes naturales. Implica capacidades de organización, crecimiento, metabolismo, respuesta a estímulos externos, reproducción y muerte.

Hoy día se supone que el fenómeno vida aparece en la Tierra hace unos 4 mil millones de años.

La Tierra es el único lugar del Universo del que se sabe que hay vida; cuna y hogar de la Humanidad, y de todas las formas de vida conocidas.

¿Cómo pueden la Física y la Química dar cuenta de los fenómenos espacio-temporales que tienen lugar dentro de los límites espaciales de un organismo vivo?
La respuesta preliminar puede resumirse así:
La evidente incapacidad de la Física y la Química actuales para tratar tales fenómenos no significa en absoluto que ello sea imposible. (Erwin Schrödinger. ¿Que es la Vida?.

Los objetos originales de la Física y la Química no incluían los organismos vivos. Se ocuparon de muchas cosas, desde el consentimiento que ellos los científicos, podrían explicar muchas cosas a partir que primero estaban vivos y además podían pensar razonablemente. Las primeras concepciones acerca de la transmutación de la química orgánica a la de formaciones vivas, es el inicio de la biología. La razón era un descubrimiento griego complementario a la capacidad ignorada por la especie sapiens hasta ese momento de poder ejercerla. Luego devendrán las ciencias. Comenzando por el atomismo de Demócrito, la geometría de Euclides y el misterio de Thales y sus matemáticas, que aún sus asombrosas inferencias y postulados, no podían interesarse en la vida como fenómeno preliminar y la capacidad de pensamiento liminar que los incluía. De todas maneras se fueron como articulando las unas y las otras y precisamente en esos andamos por estos senderos que nos acercan al camino buscado.

Hoy por hoy, dado al ingenioso trabajo realizado durante los últimos cien años por los biólogos, especialmente por los genetistas y los recursos tecnológicos disponibles, se conoce lo suficiente acerca de la estructura material y del funcionamiento de los organismos para afirmar que, y ver exactamente por qué, la Física y la Química no pueden explicar lo que sucede en el propio espacio y tiempo dentro de un organismo vivo.

La disposición de los átomos en las partes más esenciales de un organismo, y su mutua interacción, difieren de modo fundamental de todos aquellos casos que hasta no hace mucho han ocupado, teórica o experimentalmente, a físicos y químicos. Ahora bien, la diferencia que admitimos en denominar fundamental tiene tal naturaleza que fácilmente podría parecer insignificante a todo aquel que no sea físico, y que no esté, por tanto, profundamente compenetrado con el conocimiento de que las leyes físicas y químicas son esencialmente estadísticas. Es en relación con el punto de vista estadístico donde la estructura de las partes esenciales de los organismos vivos se diferencia de un modo profundo de cualquier otra porción de materia que los físicos y químicos, hayan manejado observado experimentalmente en el laboratorio o infiriendo cosas desde el escritorio. Resulta casi inimaginable que las leyes y regularidades así descubiertas puedan aplicarse inmediatamente al comportamiento de sistemas que no presentan la estructura en la que están basadas esas leyes y regularidades.

No puede esperarse que alguien ajeno a la estas ciencias capte el sentido (y mucho menos aprecie el alcance) de esta diferencia en la estructura estadística si se expresa, como se ha hecho, en unos términos tan abstractos.

Con el fin de dar un tono vital y accesible a la afirmación, permitámonos anticipar lo que sera explicado más adelante con más detalle, concretamente, que la parte más esencial de una célula viva (la fibra cromosómica) puede muy bien ser denominada un cristal aperiódico. En Física, solo se había tratado con cristales periódicos. Para la las concepciones de humildes físicos, estos últimos son objetos complicados e interesantes: constituyen una de las más complejas y fascinantes estructuras materiales que confunden su comprensión de la naturaleza. Pero, comparados con el cristal aperiódico, resultan bastante sencillos y aburridos. La diferencia entre ambas estructuras viene a ser como la existente entre un papel pintado de pared, en el que el mismo dibujo se repite una y otra vez en períodos regulares, y una obra maestra del bordado, por ejemplo, un tapiz de Rafael, que no presenta una repetición tediosa, sino un diseño elaborado, coherente y lleno de sentido, trazado por el gran maestro. (E.S. ¿Q.E.L.V?)

Decimos, conviene ir lentamente, estamos entrando en un sendero donde percibimos otro que se cruza, ya antes paralelo pero soslayado por la simple inercia de seguir adelante por el propio del que no habíamos dado cuenta. Algo que intuiamos, puede soslayarse para no desviarnos de la dirección que suponíamos originalmente acertada, o también se puede hacer un alto, como suspensión al menos parcial, para atender a lo señalado por el nuevo, antes de seguir adelante.

Mucho se ha discutido de preeminencias entre filosofía y ciencia. La una sustentando a la otra por precedente y la otra refutando a la primera por enfocada en objeto en particular y escasa evidencia experimental.

Para nada entraremos en un nudo gordiano que no se pueda soltar ni haya que cortar con el filo de una espada poderosa que ya haya prefijado un camino. En el remanso de la suspensión parcial del andar del propio pensamiento, mejor quisiéramos atenernos al menos a la oportunidad de arrimar los senderos, primero porque nos decimos que no nos es conveniente arrogarnos una determinada fuerza preestablecida, como la del que mueve la espada filosa, ni obturar la posibilidad de complementar y abrir la visión del campo con otras, si demostraran la misma honestidad con la que emprendimos y pretendemos de la propia.

108 Volviendo al presente. Introducción

Introducción

El gran aventurero de estos tiempos es el padre de familia que hará todo lo que las fuerzas le dén para salvaguardar a su familia de todos los infinitos riesgos que el mundo le presenta. Por más peyorativamente que la sociedad del statu quo lo nombre.

Quizá un poco cansados de lo peyorativo, herencia agónica de la dialéctica entre los hombres, donde alguien se impone, por unas u otras formas, del resto, contando de cierta supuesta autoridad de ese “poder”, que su tiempo presente otorga.

Uno no ama a un pueblo sino a los solamente amigos. Y eso es bravo. Aunque se repita casi el infinito de la historia del hombre. El hombre libre es el que no acepta ningún tipo de coacción, nada que obstaculice su posibilidad de pensamiento en nombre propio. El parrieastés es el que solo necesita decir la verdad de la forma que fuera, por fuera de toda forma de sujeción y coactiva. Entre amantes y necesitados de verdad, suceden demasiadas cosas en el mundo, que es humano.

La idea kantiana de humanidad es la única que nos puede sacar de la de la raza, única garantía de que los racismos dejen de existir, uno de tantos peligros de ese mundo. Que al ocurrir en existencia matan a la gente por simple idealismo, que no es sino pura ilusión.

No podemos no pensar, desde el momento en que nacimos. Y las cuestiones entre los hombres son el objeto desde siempre luego de entendido el logos y los comienzos de la filosofía.

Con cierto conocimiento de la historia daremos cuenta de lo grande, lo glorioso, lo bárbaro, lo cruel, y lo más bajo del hombre. Y entendemos que ninguno de sus modos puedan ser independientes del pensamiento. Se siente y se piensa, cuerpo y alma, que no pueden estar disociadas ya que residen en el mismo único volumen en medio de otro enorme que lo rodea. Es el mundo que hace frente. Mundo pequeño dentro de un cosmos.

Sentimos y pensamos el sentimiento, ese afecto que efectúa, de muchas maneras. a partir de las causas que lo provocan. Y partimos del a priori de la única, singular, e insoslayable propia experiencia. Nos lo decimos quizá no de una primera vez, lo que la infinitud de modos de pensar y actuar del hombre, no en general, si en singular o en formas de agenciamientos en grupos de ellos, que asombran desde desde la admiración hasta el espanto.

El espanto de las miserias provocadas por el hombre lobo sobre otros hombres más mansos y obedientes, aún las leyes que hayan establecido entre ellos, nos asoma a una desobediencia de esas mismas leyes propuestas desde la inteligencia de la convivencia de sociedades conglomeradas donde sin ellas todo sería permisible. Aún colectivamente establecidas esas legalidades, hay demasiados que las ignoran, o peor aún, conociéndolas no las acatan, en perjuicio del resto, sin límites ni respeto a lo más elemental, que es la propia vida. Se matan muchos seres vivos, entre otros al hombre mismo. Asombra que quienes no respetan la vida ajena, tampoco lo harán de la propia, simple especulación, juego de espejos.

El objeto de esta parte, o serie, que es Volviendo al Presente, es la clara idea que nada puede ser fuera de cierta legalidad fuerte, que por más desobediencia que la multiplicidad de modos de pensamiento permita a las leyes propias del hombre ser transgredidas sin condena alguna, hay otras más originales que ninguna construcción propia del propio pensamiento y sus efectuaciones, no son pasibles de desobediencia, nada más que por las que las preceden, y como efectuación ineludible de las mismas, es el cosmos y sus componentes, entre ellos las galaxias, entre ellas la Vía Láctea, denominación que proviene de la mitología griega, esa es, en efecto, la apariencia de la tenue banda de luz que atraviesa el firmamento terrestre. En esa galaxia está nuestro sistema solar, cuyo tercer planeta es la Tierra, de la que provenimos.

Es en la pura Tierra donde apreció la vida, tal como entendemos conocerla, y entre la multiplicidad de especies que el fenómeno admitió, solo una es el sapiens al que pertenecemos.

Nietzsche en su Sobre verdad y mentira en sentido extramoral inicia: “En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo”.

Nos preguntamos: ¿Porqué el pensamiento?. ¿De donde proviene?. ¿Como se produce?, y otras interrogaciones que puedan establecerse. Casi lo mismo que las sensaciones, de las que elegimos la de la voluntad. ¿Que es eso de la voluntad?. ¿Tiene que ver con la vida?. ¿Como se relaciona con el pensamiento?. ¿El pensamiento es algo de la vida?. Si bien anticipamos intuitivamente que si como respuesta a esas primarias preguntas, el el objeto de la serie ir abriendo caminos que aproximen a la paradoja de entender por solo voluntad de saber, mediante palabras pensadas, lo que son o pueden ser esos entes (pensamiento, sensación), en un medio cosmológico cuyas leyes serían inmutables, aunque los sapiens se crean el ombligo del mundo.

Y con el solo ánimo de ojalá no solo entender las penas de la vida humana, su instinto de agresión, sino mejor abrir a la posibilidad de que cada sapiens, por el hecho de haber nacido tal, pueda guiarse de acuerdo a esas leyes que lo posibilitaron, varios miles de millones de años antes y tal vez se alejara de su ilusión y permitiera una vida entre ética y estética, hasta que el sol se transforme en una estrella gigante que se trague la Tierra en unos mil millones de años.

107 Repensar una cosmología del pensamiento. [Final de la serie]

Final de la serie que nos remite desde lo más anterior hasta nuestro días ilegales

En nada piensa menos el hombre que en la muerte, su sabiduría consiste en reflexionar, no sobre la muerte, sino sobre la vida. Baruch Spinoza, IV, Prop. 67

En la cuestión de la vida, hay problemas fundamentales que oscilan entre la Biología y la Física.La cuestión se puede comenzar con una pregunta:

¿Como pueden la Física y la química dar cuenta de los fenómenos espacio-temporales que tienen su frontera espacial en un organismo vivo? (Entre los cuales el sapiens puede pensar)

La respuesta preliminar:

La evidente capacidad de la Física y Química actuales para tratar esos fenómenos no significa en absoluto que ello sea imposible.

Hoy en día, gracias al ingenioso trabajo realizado durante los últimos cien años por los biólogos, especialmente por los genetistas, se conoce lo suficiente acerca del la estructura material y del funcionamiento de los organismos para afirmar que, y ver exactamente por que la Física y la Química actuales no pueden explicar lo que sucede en el espacio y en el tiempo dentro de un organismo vivo.

Esta será la próxima serie, que adelantamos aquí. Sin duda hay una estrecha relación entre lo cosmológico y nuestra posibilidad de pensar. Siempre se cumplen las mismas leyes que rigen al cosmos, aunque así expresado sea a primera vista un imperativo, que se irá desarrollando luego, como se dijo.

En esta apenas llegamos a intentar la relación, y creemos que describimos los efectos finales de la cuestión objetivada, y como método, partiremos de ese efecto, para ir a encontrar las causas posibles que lo permitan.

Por eso finalizamos esta serie con los efectos que el pensamiento produce a nivel de cada uno de nosotros, independientemente de la físico química cosmológica que lo determina. De todas maneras, una lleva a la otra, y la consecuencia es la misma, pensar en el hombre y sus sociedades, está bastante determinado por el interés filosófico, ya no solo desde lo propio de la capacidad, sino por los mecanismos determinados por la gregariedad y sus dispositivos.

Dios ya no es el sujeto de enunciación como fundamento. Las cosas ya no serán las cosas lo que son sino lo que el hombre racionaliza, proyecta o ilusiona acerca de ellas. Hay una mediación paradigmática con las cosas en sí. Habremos de proseguir con esto. Las ciencias humanas van demostrando que el sujeto es en sí mismo una construcción. Hay complejidades, queda claro y la pretensión es seguir avanzando en su de-construcción.

Hablamos a lectores, entonces los huecos serán completados con las únicas propias interpretaciones en nombre propio. Damos un salto al final de la serie con un otro pensador, que como siempre decimos, nos ayuda a pensar, desde sus decires o escritos, para que ayude a abrir caminos de pensamiento. Uno no es sino es mucha s cosas.

Final de la serie. Ley del hombre que ya no existe.

Algo que el homo sapiens ha errado.

Michael Foucault, más allá de lo cosmológico a la interpretación vigente del mundo que hace frente.

Extendemos el camino, de los anteriores Kurzweill, Sarte, Freud y Lacan, persistiremos en quizá el último filósofo que pueda nombrarse como tal, aun cuando él mismo, no se nombrara como tal lo que ya señala la actitud ética que esperaríamos de cualquier ser pensante. Y recordamos, la ética es la estétic de la existencia.

Hay acontecimientos verdaderos cuyo actor es el hombre. Pero la palabra hombre no debe alertar fáciles entusiasmos. Ni la esencia ni los fines de la historia dependen de la presencia de este personaje, sino de la óptica elegida; la historia es lo que es, no como consecuencia de una esencia humana desconocida, sino por haber optado por un determinado modo de conocimiento. 0 bien consideramos los hechos como individualidades, o bien como fenómenos detrás de los cuales habrá que buscar un invariante oculto. El imán atrae al hierro; los volcanes entran en erupción: hecho físico en los que algo se repite. La erupción del Vesubio en 79: hecho físico tratado como acontecimiento. Si nos atenernos a su carácter repetible, lo estamos considerando solamente como pretexto para descubrir una ley.

Dice Foucault, la filosofía son textos.Es un lector, archivista, decidor. El piensa a través de sus lecturas y escritos, una propuesta desde su genio de lector empedernido y rata de bibliotecas. Su estilo mantiene distancia de casi todo, se coloca casi en la antípoda de Sartre, para quien la conciencia establece la fisura de la identidad, desdobla el movimiento de la consciencia. como algo que no se puede paralizar que rasga el ser-en-sí, es el efecto de esta fisura pura intención fenomenológica. Hay una inmediatez de lo inmediato en la consciencia, que la aparta de lo en sí mismo existencial. Foucault a cambio, no propone vidas, esconde la suya, mantiene distancia de su intimidad y de la conciencia sartriana o psicoanalítica. Su ambiente era la fenomenología y el marxismo (más de antes, dialéctico).

En Lacan lo que está escindido es el Sujeto, lo parte el deseo, y al decir de la tragedia de los griegos, no deseamos conscientemente, sino desde la voluntad inconsciente.

Expone Michael acerca de la alienación psíquica y social. Está loco. Nada tendría que ver sino con la sociedad que lo aliena, y recorre todo el proceso histórico que lo explica. Olvídense de toda otra hermenéutica por un rato, es fenomenológico. Solo trata de deshacerse de eso.

Con George Dumezil, su tutor en Upsala, comprende cosas. Descubre que en Upsala hay una biblioteca de 30.000 volúmenes de varias cosas de medicina, psiquiatría y biología. Allí inspira a su Historia de la Locura en la Época Clásica, su tesis de doctorado en 1960.

No es tomado en cuenta de inmediato, pero circula en ambientes no habituales a lo filosófico, sino más bien en los psiquiátricos.

Acerca de la Exclusión, es uno de sus primeros conceptos. Desde los Leprosarios en el medioevo al psicoanálisis en SXX, puede arrogarse de un cúmulo de procedimientos racionales, que analiza, que no niega, y deduce sino que para a razón sea tal, algo tiene que excluir, segregar, sino no puede abarcarlo todo en su inmediatez.

Descartes había ya suprimido a la locura.. Cuando hay una mutación en el pensamiento filosófico también la hay en lo cultural, decide Foucault. De Galileo a Descartes, por ejemplo, nace el hospital general, donde se depositan los vagabundos, alquimistas, prostitutas, locos. Solo deben a queda afuera los que trabajan y sirven para algo.

No verlos es el objetivo, encerrarlos, no existen por lo tanto. La expulsión de la locura descarnada se realiza con el hospital general.

Experiencia de la locura, consciencia, son vocablos fenomenológicos. Es el método por el cual se pueden desentrañar las cosas. La locura es un nombre más que se puede enunciar, pero aclara que sonido, palabra y nombre no es igual a la cosa. Y que se dice de muchas maneras., esquizofrenia, loco, paranoico, enfermo dela cabeza….. El nombre luego encuentra referentes en lo real.El nominalismo, ya es campo fuerzas en Foucault.

Vuelve a Paría, en 1968, y da clases en Vincennnes.

Desde el mayo del 68 Aparecen todas las corrientes: Althusser, Derrida, Lacan, etc. La consciencia sartriana ya no existe, la nueva ola de la camada de Foucault, lector y entendedor de Bertrand Rusell escribe, para inaugurar su cátedra en el College de France de “Historia de los sistemas de pensamiento” , el Orden del Discurso que cambió todo.

Como escribía sus libros, se preguntaba Rusell?. Inspiración, musa, rapto?. Él dice dice que los escribe con un procedimiento. Empieza con un renglón, lo que fuera. Una bola choca la negra, y va a otro lado, luego sigue el otro renglón. Hay homofonías que llevan de uno al otro. Pura superficie. Puro trabajo del artificio de la letra.

Arqueología del Saber. El nacimiento de la clínica.Salen desde la fenomenología. y la clínica. La mirada clínica, es una buena parte del Ser y la Nada, acerca de quien es otro. Alguien es otro que me puede juzgar, porque me mira, y eso no se puede soslayar. Es como el reconocimiento hegeliano. Sobre esto Foucault agrega que para que haya una mirada clínica, tiene que haber un espacio institucional que lo permita y avale.

1966. Las palabras a las cosas. Es ejemplar lo que hace, cómo se puede escribir en tan poco tiempo tantas cosas. Mucho material de archivo, centrados en 3 ejes: hablar, trabajar y vivir. Lingüística, economía y biología.

Los conceptos que introduce Foucault y van a formar parte de su idea como construir el mundo del pensamiento, exclusión y discontinuidad. Semejanzas, epistemes, luego de lo cartesiano, la representación, más adelante luego la modernidad S XVIII y XIX.

Las cosas no ocurren como ocurren ahora, ahora se redefinen las palabras y las cosas. Los acontecimientos, de entrada únicos y presentes, siempre tienen antecedentes que se diferencian en las palabras que se utilizan para relatarlo y tal vez determine alguna forma distinta de poderlos pesar.

Antes Naturaleza, ahora Vida. Se van a referir de un modo distinto. Antes que las formas, lo visibilizado, la athesis universal cartesiana, infinita en el sujeto de conocimiento, está toda la Naturaleza está organizada sistemáticamente. Unas pequeña diferencias hacen especies diferentes en organismos vivos. Y se los clasifica. La Historia Natural tiene su temporalidad, como casi todas las palabras y las cosas.

La evolución, concepto proveniente del darwinismo, es temporal. Pasa de representación a la modernidad. Lo que hace Foucault es mostrar las diferencias de paradigmas en cada una de las ramas que enfoca. dinámicas diferentes, del espacio y del tiempo.

De la gramática general a la filología lingüística, del análisis de las riquezas de los fisiócratas como Adam Smith a la economía política de David Ricardo y Karl Marx. Son cosas distintas señala Foucault, y le explica.

Foucault en cada época, presenta ejemplos de la representación, en cada época la vida, el trabajo y la biología se sirven de los misma episteme paradigma de su momento, una repetición del modo de construirse. Asombra como en pocos años, se piensa y habla de otro modo, otra semántica y sintaxis. Muestra el cambio discontinuidad y periodización de ella. Claro que dentro de cada períodos hay continuidad.

Filósofo que no habla de filósofos, ni de sus problemas típicos. Dice no me pregunten que hago, solo escribo para pensar. El hombre ha muerto, hay una estructura de pensamiento que deviene de la antropología filosófica, de la biología, etc… El hombre tiene sus dobles desde las distintas disciplinas que lo objetiven aunque siempre es el mismo hombre. Diría Aristóteles, al hombre se lo puede decir de múltiples maneras. Aborda entonces la cuestión del sujeto de conocimiento, siempre el mismo problema. Lo que no conoce ese sujeto es que él mismo ya está incluido, y en ese olvido no se termina la revuelta del conocimiento al que apela, se muerde la cola siempre. Duplicidades, callejones sin salida. Es el humanismo antropológico con el sujeto como centro: el Hombre, que se expulsa de su conceptualización del mundo y el resto de lo que lo rodea.

Humanismo desde lo humano. Lo nuevo, lo más postmoderno, apunta a que las cosas tienen más que ver con el signo, con la lingüística, desde Saussure y Jackobson en adelante, con el psicoanálisis sobre todo Lacaniano, con la antropología de Levi Strauss, aparece una nueva vertiente teórica que da por finalizada la figura del Hombre. Así, aun acusado de genocida, nazi, o tecnócrata por Sartre, igual se lo leyó y llega al mayo del 68,.

Ahí vuelve a París, como profesor en Vincennes y comienza nueva etapa, y luego de el College de France, recomendado por su tutor que ejerció hasta su muerte; Jean Hippolyte. El objeto del College es que el pueblo de París pueda tener contacto con sus lumbreras, hasta que se llene la sala.

En la ceremonia inicial de su trabajo allí, expone su charla la inaugural, que homenajea al muerto, y es el antes mencionado Orden del Discurso, 2 dic 1970.

Ahí Foucault da cuenta de lo que hizo y lo que va a ser, durante los 13 años subsiguientes. Todo publicado luego de su muerte (ya que el no lo permitía en vida). Historia de los sistemas de pensamiento, llama a su cátedra. Que ya es un oxímoron, ya que sistema implica un orden, mientras que la historia es dinámica ya que se va transformando, y el lo contradice en el mismo título, historia de los sistemas, que en sí ya es una oposición. Habla de los discursos, fue pionero en eso. Porqué hablar es peligroso?, se pregunta: porque es incrustante, luego tarta de explicar en que sentido y que se puede hacer para neutralizar ese habla oral peligroso, la que se lleva el viento, pero tiene ahora perdurabilidad en escritos, filmaciones, etc…. Hablar es aleatorio, azaroso, impredecible, no es del todo controlable, se puede ir a lados imprecisos. Para neutralizarlo lo primero es prohibirlo. No se puede decir todo y en cualquier momento y cualquier cosa, no todos están autorizados para decir.

Cuales son los que deben ser controlados? Sobre el sexo y la política, dice Foucault. Temas ultrasensibles por los cuatro costados que se los mire. Aparecen los dispositivos de censura. El discurso no habría que pensarlo como la expresión de algo que pasa en otro lugar, no de lucha de clases ni relación de dominación. El discurso es un botín de guerra. Se combate por él y se trata de que se lo apropie, para hacer de él algo apropiado (apropiado por otro y apropiado para ser emigtido y escuchado). Apropiarse de la lengua es apropiarse de como se nombran las cosas, es objeto de deseo y de poderel discurso en sí mismo.

La palabra se expandió snobísticamente para ser aplicada a lo que fuera, y se la mezcla a ca rato en los actuales relatos. Quien relata es ya un sujeto del combate. Quien lo impone impone a las cosas mismas. No expresa solo interés, es objeto de interés.

Otra forma de neutralización del discurso, de la Locura en la Época Clásica, la partición, la exclusión, silenciar, marginar, encerrar. Aquí la diferencia es la partición razón-locura.

La tercera y más curiosa, más incierta y compleja, es la oposición verdad falsedad. Que no son evidentes tal como se los asocia con el bien y el mal. Sin estos parámetros todo sería el mundo sería una Babel se explica. Nietzsche escribe La Genealogía de la Moral para entender como devienen estas fuerzas, el origen de esa partición. Va a decir Foucault, a la idea de verdad se le va a oponer la voluntad de verdad, de saber que no es lo mismo que la verdad como valor. Quién dice la verdad?, al modo nietzscheano, el profeta, el oráculo, los sacerdotes, había que tener una autoridad para poder hablar, históricamente hablando. Luego la verdad está en quién ejerce un poder. La idea se olvidó, se corrió. Platón expulsa al los sofistas y los artistas, por sus recursos de persuasión. Lo importante en el agonismo era ganar. Y parece que hoy día es casi lo mismo. Los sofistas enseñan como ganar con argumentos, el sujeto de la enunciación debe ejercer alguna clase de poder.

Se expulsa al sofista, luego la verdad no puede basarse en una opinión (al poeta y al sofista), con argumentos para sus conveniencias sino que solo fueran persuasuvos, si podía convenceer y seducir retóricamente, bastaba, con solo eso ganaban.

La verdad, el saber y el logos no pueden basarse en opiniones, Platón dice, no pueden basarse en opinión ni en arbitrariedad, sino en una verdad en-sí, garantizada por la abstracción y no de ideas de cualesquiera ciudadanos sino en la de un mundo de ideas, transparentes, como son los conceptos de la geometría.

El filósofo debe instruirse en este tipo de abstracciones que le van a dar el saber de las cosas tal como son, y el orden del mundo tal como es, y que no dependan del parecer de nadie, y que no dependan del poder y la opinión arbitrarias de alguien. Solo se dependerá de la consistencia y coherencia del enunciado, Aristóteles.

Saber y poder estaban separados, entonces e Grecia

La voluntad de verdad restituye lo que los dispositivos de censura borran. Detrás del discurso verdadero hay una política, una estrategia de ocultamiento, separación y exclusión de la misma.

La voluntad de verdad es una poderosa maquinaria con capacidad de excluir a los que la niegan. Aquellos que entran en esta vara que destacan esa voluntad son Nietzsche, Antonella Artaud y George Bataille, el burlado Sartre.

Ojo con la indiferencia de los intelectuales que no hablan(ban) de lo que pasa. Parecía que no tenían nada que ver de lo que pasaba, denunciado por Sartre. Luego Klossowski, Bataille y el mismo Foucault.

Prohibición, exclusión y voluntad de verdad, son 3 mecanismos que neutralizan el peligro del discurso azaroso. Pero son mecanismos externos al discurso. Acá entra Foucault en cómo neutralizar estos mecanismo externos para volverlos a los internos del propio discurso; El comentario, la función del autor, y la disciplina.

Que es una obra original?, una obra fundante, Ej, La Divina comedia, La Ilíada, Shakespeare, los diálogos de Platón. Hay que soportar cientos años de comentarios que restituyan a la repetición de una neutralidad. Nos devuelve a la obra original, salvo como en Borges que comenta obras que no existen. Ahí el comentario es la propia obra del autor.

La función del autor es de unificación, de identidad y agrupamiento, a la propia manera de quien escribe.

Michael Foucault es uno de los filósofos autores, con Historia de la Locura, Las palabras y las cosas y La Arqueología del Saber, puede borrarse el nombre del autor, distintas obras, pero la unificación en el autor que los hace coherentes.

La disciplina crea nuevos enunciados, no restituye originales. No se guía vos lo verdadero o falso, sino por sentir o no sentir. Para hablar de verdadero o falso hay que estar en la verdad. Canghuilhem. Lo no verdadero ni no falso, son monstruos en un momento, aunque luego se restituyen como la genética de Mendelssohn, o Celine.

Para que algo sea falso debe ser del orden de lo institucional, que regula lo que les pertenece o no.

Foucault resume hay que restituir al discurso su materialidad (Orden del discurso), que tenga consistencia material, texto, opaco, denso, entre el pensamiento y la palabra no hay relación directa, la palabra, debe ser autorizada por una comunidad que lo permita. Hay algo que se puede hacer, una invitación al estudio filosófico. Brinda creatividad. Invitación a poder pensar con libertad, inventar, equivocarse o acertar. Luego de leer al el Antiedipo de Deleuze y Guattari, aquí estoy, diría Foucault.

106 Repensar una cosmología del pensamiento. [4]

La singularidad, múltiples modos de poderla pensar

La singularidad tecnológica, ese momento en el que las máquinas inteligentes superarán a los humanos, está cada vez más cerca en el tiempo. Nos ofrece, según Kurzweill, una oportunidad para mejorar la condición humana. Pero lo que viene es algo mucho más complejo que una revolución tecnológica.

Que vaticinio, que viene anunciándose desde hace 15 años, El concepto de la singularidad… ¿de qué se trata?

Es la noción de que las máquinas pueden llegar a ser más inteligentes que los humanos. Nada volvería a ser como antes. Esa sería una clase de singularidad.

La idea, a grandes rasgos, no es complicada: lo complejo es saber cómo y cuándo se llega a ella, dijo Kurzweill. Vaya reducción.

Esa la idea de la singularidad definitivamente entusiasma, dicen los que se entusiasman, como si vuestra selección nacional arriba a la final del campeonato del mundo.

“Yo veo el futuro como una explosión de conocimiento humano”, “Habrá una explosión de música, arte, cultura, ciencia, ingeniería…”.

Inteligencia artificial
Image captionGracias a la IA, según Kurzwell, habrá una revolución en términos de conocimiento.

Escribió el libro “La singularidad está cerca”, y lo que lo hace aún más interesante (agrega el comentarista de la BBC) es que no sólo es un teórico, sino que como director de ingeniería en Google, lidera equipos que están ayudando a hacer que la singularidad sea una realidad.

“Estoy trabajando en que las computadoras entiendan el lenguaje natural”. Dice Kurzweill.

El lenguaje encarna toda la inteligencia humana y no hay manera de falsificar el nivel humano de comprensión del lenguaje: se necesita un nivel de inteligencia humana para hacerlo.

Si podemos dominar el lenguaje humano, podemos dominar la inteligencia, dice, y tiene algún fundamento, decimos provisionalmente.

“He dicho consistentemente que para 2029 las computadoras van a estar a la par con la inteligencia humana, lo suficiente para pasar el llamado ‘Turing test’, lo que significa que serán indistinguibles en su dominio del lenguaje natural y otros tipos de inteligencia”.

“Cuando lleguemos a 2045, multiplicaremos nuestra capacidad intelectual por mil millones. Ya de por sí pueden hacer muchas de las cosas que hacen los humanos, en algunos casos mucho mejor. Lo que ocurrirá luego es que nos fusionaremos con esas computadoras y al final entrarán en nuestros cuerpos y nuestros cerebros, nos harán más sanos, más inteligentes. Cuando lleguemos a 2045, multiplicaremos nuestra capacidad intelectual por mil millones, según mis cálculos, lo que es un cambio profundo y singular por lo que nos referimos a él como ‘singularidad”.

“La primera tecnología que inventamos, la palabra hablada, tomó cientos de miles de años; la palabra escrita sólo tardó decenas de miles de años; la palabra impresa, cientos de años. Ahora tendremos cambios en pocos años”.

Inteligencia artificial

Hay una aceleración debida a este progreso exponencial”.

Lo que Kurzweil sugiere es que pensemos en cómo ha evolucionado la tecnología en los últimos 100 años y lo proyectemos al futuro: la evolución continúa y se acelera, así que hay que estar listo para lo que se viene.

“Piense en nuestra inteligencia emocional, que es realmente la más avanzada -el humor, el afecto, el amor-: esas son las cosas más complicadas de todo lo que hacemos”.

“Estamos estudiándola y aún no hemos llegado a eso pero cuando yo digo que una computadora llegará a ser indistinguible en términos de inteligencia y que luego se fusionará con nosotros, para hacernos más capaces, estoy hablando de ese tipo de cualidades”.

“Vamos a añadirle inteligencia no biológica a nuestro cerebro, así que seremos un híbrido de pensamiento biológico y no biológico. Eventualmente, dentro de varias décadas, la parte no biológica será lo suficientemente lista como para modelar la parte biológica”.

“Ese es el escenario que yo imagino”.

Inteligencia artificial
Image captionSegún dos de los expertos, en una década y media llegará el momento.

Nota 1:

A veces pensamos que dada la increíble complejidad del cerebro humano, la teoría tecnológica de la singularidad se quedará en eso, incidencia parcial de una cosmovisión que aparece nominada, no sólo probable y futura sino también improbable. El futuro no se puede probar.

Si lo tratamos de pensar un poco, diremos, o nos diremos., casi con cierta náusea: hay en Kurzweill la adivinación de un futuro al estilo norteamericano, donde la ignorancia prospectiva se convierte en best seller, para los enciclopedistas que de ese modo tienen nuevos temas de conversación y de paso ya se van domesticando como profecía de auto cumplimiento al modo de ovejas , que si pensaran supondrían que el pastor las cuida, cuando lo que efectivamente cuida es su lana y al final su sacrificio para ser alimento apreciado. Pero bueno, es lo que aparece (o acontece) en estos días sorprendentes del desarrollo de los softwares, que cuando uno se mete en ellos son siempre líneas de código, instrucciones para que la electrónica de las máquinas las obedezcan. El paradigma kurzwelliano sería, la codificación superará en “inteligencia” a la de los hombres lo que los llevará a un crecimiento intelectual, al propio modo de las máquinas. La dominación perfecta, agregamos, por pura analogía. Como el futuro del dispositivo anunciado por Foucault, como siempre, antes. La pólvora ya la inventaron los chinos.

Orestes, contra Electra dice, las cosas serán así adivinas, pero voy a decidir mi forma de pensar y hacerlo lo más libremente que sea posible. Antes de la filosofía, ya no se aprobaban los cuentos y las hadas y el reconocimiento de los discursos más poderosos.

Sartre, Ser y la Nada

La navaja sartriana, bajo el régimen de ocupación alemana de Francia en los 40, se rebela contra el destino predestinado por los caminos de los acontecimientos. Ser justo es lo que reina en la justicia, no en la política ni en la religión. Las cosas son razonables o son nada, casi como en Parménides. Lo fenomenológico precede al relato de otras cosas como casi siempre acontece, como hace Kurzweili, y es inavidinable y por lo tanto imposible de ser inteligible salvo aceptación y cierta credulidad igual al modo de las religiones y muchas sectas más. Bataille también ronda los bordes de los modos de pensar, casi surrealista, un nuevo místico, genio desesperado dolorido que sangra por las heridas, pura literatura dramática y alucinatoria, al decir de Sartre. Pero está herido. Bataille responde que hace lo que puede, que no se trata de abrumar a nadie, que es una carcajada, que hay algo que sale con chispazos de intuición a los que es difícil eludir.

Le Temps Modernes acaba de cerrarse después de más de 80 años, signo de la gravedad de la época. Se escribía en él entre Sartre y Simone de Beauvoir entre otros, que hay algo que escinde al ser en sí de las cosas, por la atención propia de la conciencia. La conciencia agrega valores puramente ejercicio de pensamiento, que si no se educa puede ser casi cualquier cosa, porque equilibra lo uno de uno con la percepción del mundo externo. Si puede pensarlo de esa manera, es casi el dispositivo sujetador por excelencia, para cualquier poder que se lo arrogue, ya el sujeto se acomoda a la supervivencia de lo que hay, afuera.

La escritura, desde la expresión de un puro conocimiento, puede ser además indicación de la primaria condición de vida, no es solo decir, sino mejor hacer. Nietzsche no desea la felicidad sino la creación de un camino para preponderar la pura vida. Asumir la propiedad de la falta de lo cotidiano: la mala fe, la religión, la política, la costumbre, las herencia, ni el sentido que se asigna a las palabras, el absurdo de lo dicho absoluto, que no se encuentra por ningún barrio humano, demasiado humano, , salvo en lo caótico del cosmos original.

Es la de Sartre y Bataille, Albert Camus, Louis Althusser y otros franceses de la época, la explicación de una singularidad existencial, marxista o no, ya no interesa. Llegar a París en los 70, preguntar por Sartre a los franceses en la calle, recibía la respuesta: Sartre, quién es?. Las cosas y la gente se olvidan, como el propio ser, para ser nada, que es falta de memoria de cualquiera que nos entendemos ser humanos.

Olvido, ya escribimos acerca de eso. https://wordpress.com/block-editor/post/cuestionesfilosoficas.com/13066

Creencia en la hermandad universal, casi desde el fondo de la lay cósmica, esa es la lección sartriana, aunque el mundo humano vaya por otros caminos. Fue otra forma de singularidad, atea, librepensadora, hija de dos guerras mundiales, que desde la República de Platón creyó que otras formas históricas fueron puro despotismo propio de cualquiera de las posteriores formas políticas que se presentaron.

La esperanza ahora, escribe Sartre, una pasión triste al final de su vida. Si la filosofía nace con el Fedón, Sócrates bebe la cicuta, aun cuando fugarse era una posibilidad. Transmitiendo hasta lo último su verdad, inconveniencia fundacional del mundo humano, para nada con la consecuencia natural de las cosas tal como el cosmos señala cómo las cosas son, o no son.

NOTA 2:

Hemos comenzado por el final, tal vez porque deseemos destacar que la catástrofe kurzwelliana es un invento injustamente premonitorio, casi un relato mítico y apodíctico que lo resalta como supuesto desarrollador de tecnología, que es un trabajo en sí mismo de gusano donde hay que aprender a realizarlo como esclavo de las reglas de la lógica electrónica y las interfaces que traducen cadenas de ceros (0) y unos (1) hasta donde por ahora se extraen dos (2) posibles estados de la posición (estadísticamente cuántica) de la posición de los electrones en los átomos de silicio y sus aleaciones que son la materia de los microprocesadores. Entendemos que la tecnología utiliza las leyes que conoce de la propia naturaleza de la sustancia que compone el cosmos, y se alinea tras ese fenómeno. Sería así sujetada a los atributos y modos de la materialidad propia de los materiales que el big bang permite.

Sería entonces un reclinamiento al dios de la materia, dios que tampoco existe, porque la materia ya es en sí independientemente de todo conocimiento humano que es inducido por el lento aprendizaje de lo real del fenómeno cósmico. Pero al modo mítico, resuelven que la ignorancia más popular en esas cuestiones, va a admitir sus profecías a las que agregan un optimismo, que la esencia de la especie humana nunca experimentó, y que seguramente nunca va a experimentar. Claro que si suena bien a los oídos de las ovejas como la campanilla del pastor que las arrea al matadero.

Retrocedimos apenas a Sartre y sus contemporáneos, tipos que vivieron la tragedia de las guerras y se plantearon las cosas más cercanas a la existencia posible de su época. Quisiéramos destacar la diferencia, porque no hay repetición del mito como en Kurzweill. Sino la propia vivencia y afecto que produce el posible pensar las cosas propiamente humanas, en su espacio y tiempo, sensibles a la emoción percibida del devenir más propio de los modos de vida posible.

Son dos modos antitéticos, el del discurso tecnológico, obediente, falsamente optimista ya que en todo el caso anunciaría la esclavitud tecnológica de Kurzweill, y el vivamente experiencial de los tipos que viven la vida y tratan de pensarla en su diversidad desde formas que permitan cierto grado posible de libertad. Los primeros esclavos, los segundos intentando ser amos de sí mismos.

En la clínica freudiana observamos al rastrear la etiología,  que se encuentra un punto que tiene las características de la más extrema singularidad, y a Freud le interesaba esa singularidad como causa.

Lo singular no se parece a nada y subrayo como tal, puesto que, como no tal, se parece.

No es fácil meterse con el psicoanálisis, salvo largas horas de estudio y contacto con psicoanalistas que transmiten un saber entre especulativo y experiencial, usando todos los medios posibles de las palabras que lo explique y los expliquen. Es notable que circundando el casi mismo objeto cada autor o maestro del psicoanálisis emplea su propia singularidad para ayudar a otros a la comprensión de la enseñanza que va más allá de la teoría porque tiene que ver con la propia vida que deviene en cada sujeto, cuyas singularidades frente a la experiencia clínica dieron lugar a la especulación de la constitución anímica, sus efectos que llevaron a posibles causas que casi copérnicamente abrieron la conciencia de lo inconsciente. Que no es para nada poca cosa.

Entre la pretensión freudiana de darle estatuto de ciencia y el estructuralismo lingüistico-matemático lacaniano, se ha convertido en un terreno pantanoso donde el pensamiento tiene múltiples oportunidades de dar cuenta de las cuestiones de la gente y las causas posibles de sus padecimientos desde su propia constitución como sujetos a cada época y la singularidad de la novela que se hace de su vida.

Claramente seguimos retrocediendo. Lacan relee a Freud y aporta nuevos paradigmas a los que Sigmund no dio cuenta. El estructuralismo de la lingüística a partir de Saussure y los modelos geométricos, sus grafos que intentaron simplificar la complejidad de su pensamiento, en la que el retorno fue parte de su discurso. Como decíamos, no se ahorran paradigmas para la expresión de su cometido.

No vamos a repetir cuestiones ya planteadas: https://wordpress.com/block-editor/post/cuestionesfilosoficas.com/1504, La cuestión del pensar. https://wordpress.com/block-editor/post/cuestionesfilosoficas.com/2968 . Física del Pensamiento.

¿Como se convierten los hombres en lo que son?. Pregunta fundacional en Freud. Sus respuestas cambiaron la perspectiva del pensamiento de uno consigo mismo. Destacado, denotado, ignorado, su especulación abrió un nuevo campo de líneas de fuerza que se fue internalizando en las corrientes posibles de poder pensar al hombre, amplió la visibilidad de su objeto, más allá de las fronteras de su época. Descubrió el Inconsciente: revuelto mar interno de recuerdos olvidados y fuerzas primitivas y deseos ocultos de los que no se pueden pensar. Vivimos en un mundo de ilusiones envueltas en una trágica novela repleta de sombras. Leáse por favor descubrir como desocultar.

Desde la original inteligibilidad del inconsciente, Freud permite una apertura de la cuestión más determinante en la condición humana, aquella potencia de la que no puede dar cuenta pero que lo guía en su singularidad parlante, en lo imaginario de sus fantasías y la posibilidad de percibir lo que se denomina “realidad”. Es radical y muchas veces asusta a los que lo acceden.

Freud sabía que el miedo reina en el alma del hombre, y sus propias ideas que lo provocan, como así también que su trabajo iba a perturbar al espíritu de las gentes y los pensadores para siempre.

En los 50 años anteriores a Freud, en lo más cotidiano se pensaba que el mundo humano se acercaba a la perfección final dado el progreso de las ciencias y la mejora de las condiciones sociales sobre todo en Europa, ombligo de ese mundo, pos-imperialismos y acumulación de riquezas, independientemente de su origen, olvidado.

“Mi generación de médicos se abocó solamente a la consideración de los factores anatómicos, físicos y químicos de las enfermedades”, decía Freud como médico neurólogo y especialista reconocido en las parálisis infantiles, antes del 1900. Acerca de los factores psicológicos había indiferencia y apatía.

El consultorio se poblaba de las entonces nombradas histéricas, con su dolores, alucinaciones, problemas de la visión y parálisis, a los que los métodos tradicionales no brindaban solución alguna. Eran brujas hechizadas incurables. Intratables, como las llevadas a la hoguera como en la Inquisición.

Con Breuer, Freud descubre que el solo permitir hablar de recuerdos dolorosos aliviaba esos síntomas, hipnosis o libre asociación mediante. Los recuerdos estaban ocultos a la conciencia de las histéricas. Piense Ud. indicaba Sigmund a la paciente, esta respondía, se me ocurre solo una palabra, pero que tontería. Dígala de todos modos empujaba Freud. Conserje, respondía ella. ¿Nada más? -Freud-. No! -la paciente-. Ciudad, un carromato, seguía balbuceando. Al fin recordaba, el conserje había atado a su hermana y conducido en un carromato a la clínica. Hombre desnudo, era su hermano que abusó de ella. Freud alerta acerca el origen sexual de la histeria, ocultada la experiencia o su fantasía, la más de las veces estas últimas.

¿Y el origen de las fantasías?. Son como sueños. Y los sueños han sido siempre parte del arte, la religión y la mitología. Y Freud se los tomó en serio, extrajo su significado inteligible y fundó el psicoanálisis ante la indignación general, que fueran parte importante de la formación del yo, porque los sueños no son triviales, sino que permite que nada trivial perturbe al sueño durante el dormir.

El recuerdo de un sueño soñado, solo es la superficie percibida de algo anterior que lo provoca, y remontar el proceso desde el relato o recuerdo a su origen o significado fue lo que interesó a Freud.

El propio Yo sería como un sueño, una ilusión auto forjada inconscientemente entre instancias de las pulsiones del ello (casi la voluntad schopenhaueriana o como tal lo nominara Nietzsche cuando señalaba en Humano, demasiado Humano, que un pensamiento viene cuando el quiere, los mandatos internalizados desde lo profundo de la novela familiar o filogenética que nombre como el superego y la admisión del acontecer de lo real externo preexistente. En breve, el Yo es apenas lo que lo dejan ser, y se experimenta como fantasía a la que cabe interpretar, como en el caso del trabajo del sueño.

Todo esto derivará luego en la extensa obra freudiana abarcando la mayoría de las formaciones tanto individuales, ya sociales, a través del mismo método psicoanalítico que brindan la formación de una cosmovisión de lo humano renovada y comprensible de su condición, donde la singularidad de cada individuo queda demostrada por los diferentes caminos que cada uno transite desde su nacimiento y su época, y ninguno de ellos repite a otro. Singularidad que se constituye en causa de devenir cada uno en sí.

Llegará más tarde Jaques Lacan: LO SINGULAR COMO TAL NO SE PARECE A NADA Y SUBRAYO COMO TAL, PUESTO QUE, COMO NO TAL, SE PARECE. Maestro del juego de palabras que necesitan ser pensadas lentamente para hallarles el sentido.

Lacan fue un médico, psiquiatra y psicoanalista francés que se apartó del psicoanálisis ortodoxo. Pese a que siempre dijo que sus tesis eran un retorno a Sigmund Freud, Lacan introdujo elementos novedosos como la teoría del lenguaje y las matemáticas.

Por su propia naturaleza, el psicoanálisis no es una doctrina, ni una teoría monolítica. Algunos afirman que hay tantos enfoques del psicoanálisis como psicoanalistas. Aún así, a lo largo de la historia se han conformado distintas escuelas como la lacaniana.

Hoy día el psicoanálisis lacaniano sigue dando de qué hablar. Es, sin duda, uno de los más controvertidos de la historia. También uno de los más sugestivos y admirables. Probablemente todavía no lo comprendemos del todo. Para comprenderlo se requiere un trabajo algo arduo de llegar a descifrar su falta de método e interpretarlo como cualquier otra manifestación de lo inconsciente.

“La verdad es el error que escapa del engaño y se alcanza a partir de un malentendido”. Para este pensador, lo que circula diariamente entre las personas no es la verdad. No es que cada quien se proponga engañar a los demás, sino que desconoce su propia verdad. Por eso no puede expresarla.

Jacques Lacan recibió una fuerte influencia de la teoría del lenguaje, muy en boga a mediados del siglo XX. Al psicoanálisis clásico de Freud, Lacan introdujo conceptos netamente lingüísticos. Uno de los más importantes es: “La estructura del inconsciente como el lenguaje”

El amor es uno de los temas más recurrentes en las frases de Jacques Lacan. Su perspectiva al respecto es enigmática y a la vez fascinante. Una de sus sentencias más conocidas dice: “Amar es dar lo que no se tiene a quien no es”.

«Solo se siente culpable quien cedió su deseo» es una de esas frases de Jacques que se ha interpretado de diversas formas. Para entender esta sentencia hay que decir primero que para Lacan, en una cara de la moneda está la culpa y en la otra la responsabilidad. La culpa es un reproche del “superego”, esa conciencia irracional del deber. La responsabilidad es, ante todo, conciencia del verdadero deseo del sujeto.

Quiere decir esta frase es que mientras no se tenga conciencia del deseo, siempre acechará la culpa. Reconocer lo que en verdad se quiere es un acto de responsabilidad. Si uno se responsabiliza de su deseo, no se niega, ni se cede, siendo la consecuencia la desaparición de la culpa.

“Todo arte se caracteriza por un cierto modo de organización alrededor de un vacío”. El deseo proviene de una falta de… algo. Esto quiere decir que lo que se sublima escapa a la conciencia. Realmente no se sabe qué es. Se trata de algo que es inexpresable con palabras. Un vacío alrededor del cual se organiza la creación..

En Lacan lo que está escindido el el Sujeto, nos parte el deseo, y al decir de la tragedia ya de los griegos. No deseamos conscientemente, sino desde la propia voluntad inconsciente.

Nota 3:

En los discursos que presentamos, independientemente del origen, se puede pensar que hay como campos de fuerzas que los dirigen. Empezamos con lo ultraposmoderno de Kurzweill, como una inocencia hiperguíada por lo tecnológico como vaticinio alegre a oídos insensatos, que no atienden a su mismidad sino a lo regalado por la astrología u otras ciencias ocultas que adivinan el futuro, que cuando llegue nadie recordará. El ocultismo tecnológico es propio de la dificultad de entenderlo en su en-sí propio desde leyes propias de la materia que lo permiten. Es casi una religión, los que se pasan la vida estudiando las interfaces que se desarrollan para guiar a los microprocesadores de aleaciones de Silicio para que los estados de los electrones se posicionen en uno de 2 niveles de energía, y casi a la velocidad de la luz, reprimen, y por lo tanto olvidan, la sensación de la vida trágica, que los implica.

Hay como un axioma, todo aquél que habla de las cosas de olvida que él mismo está incluido en ellas. Kurzweill no se da cuenta de eso, y si confía en sus máquinas, no da cuenta que él mismo es una de ellas.

Sartre es casi lo opuesto, increpa a la conciencia del homo sapiens por su corte a navaja de la propia existencia que es lo que tenemos. Estaría diciendo, que por el motivo que fuera, nuestra consciencia nos engaña o puede engañarnos.

Y lo señala porque había leído a Freud y algo a Lacan. El psicoanálisis termina por des-cubrir muchas ilusiones de las que vale el sistema anímico para expresarse en formas disfrazadas de lo que a uno le sucede, dice, siente, hace y lo acontece. Hay una duplicidad entre la supuesta semántica de lo que se relata o comenta acerca de cada uno con lo que anímicamente lo provoca. En general el promotor queda oculto, por lo que no se puede decir. Conviene afirmar que cada uno olvida su propia singularidad, que resaltamos, por fuerzas internas o externas que la reprimes, aunque desde el nacimiento hasta la muerte, sea la única y siempre diferente a cualquier otra. Y desde ella, conocida o no, proviene la auténtica forma de mostrarnos y demostrarnos, casi siempre a otros, y ojalá podamos, a nosotros mismos.

105 Repensar una cosmología del pensamiento. [3]

Dasein, ser humano desde la condición de vida

El cosmos, conceptualmente desde las ciencias físico-químicas, es inorgánico. No se apelan a leyes como la reproductibilidad y complejización de cadenas de moléculas que requieren acotadas condiciones para su desarrollo. Lo que es imprescindible tener en cuenta, es que desde el Cosmos y su legislatura original, es de donde solamente puede aparecer entre la infinitud de condiciones que se requieren, este fenómeno que apreciamos como vida.

No insistiremos mucho más en las condiciones de posibilidad de la vida. Solo que al lo largo de millones de años, en este planeta, las formaciones elementales de cristales de la complejidad de moléculas orgánicas transformables de acuerdo a leyes entre aleatorias y aproximadas, y que heredan de sus antecesoras la estructura antes de tal vez volver a combinarse y volver a transformarse, dieron lugar a una especie animal diferenciada: el homo. Algunos millones de años más, derivó desde el homo, el sapiens capaz de memorizar, relacionar entre los elementos de su memoria, y con ello empezar a poder pensar, no solo lo que se le presentaba en concreto de su presente medioambiental sino además con fantasiar cuestiones que no tenían lazo alguno con ese concreto, en lo que se jugaba no era mucho más que mantenerse en vida, la supervivencia, sólo posible a partir de eso concreto, nunca fantasiado, que su pequeño mundo le permitía. De todas maneras ese nuevo modo que lo diferenciaba nítidamente del resto de las especies animales devenidas en el curso de la complejización de lo orgánico, no podía substraerse a la mera condición material y energética de la que provenía, aunque se diera cuenta de su propia finitud frente a lo infinito cosmológico que lo había permitido crearse.

No resulta entonces extraño que coincida el momento del origen de la razón desde las explicaciones acerca de la observación que los sabios presocráticos hicieron desde el asombro del cielo nocturno, su regularidad y alguna ontología, claramente sin disponibilidad de instrumentos y con el aprendizaje del uso razonable del pensamiento, apenas descubierto.

Para ponerlo en un ejemplo. Consideramos como evidencias absolutas el principio de inercia y la composición de los movimientos y ni siquiera podemos imaginar que haya sido necesario construir estas ideas, conquistarlas. Lo que hemos aprendido como el primer paso a emprender para tratar los movimientos, al punto que nos parece ligado a la experiencia misma, estaba absolutamente fuera de la concepción del mundo de los contemporáneos de Galileo. Ninguna de las concepciones fundamentales de Galileo es un hecho percibido directamente por los sentidos  o del que podríamos comúnmente apercibirnos.

Cosmos, vida, pensamiento. Desde el principio de todas las cosas hasta las conceptualizaciones más complicadas, intermedia el fenómeno de la vida en general y la de la especie homo sapiens en particular.

El pensamiento es una función superior del cerebro. Se genera como una actividad especializada por un grupo de neuronas localizadas en el lóbulo frontal de la masa encefálica.

De los procesos integrativos de máximo nivel, el pensar constituye la mayor expresión del alcance evolutivo del ser humano como ente más desarrollado que el resto de las especies.

Detrás de todo lo inventado, siempre ha existido una idea. La invención del carro, la construcción de una casa o la organización más compleja de cualquier sociedad, son circunstancias que estuvieron precedidas por una idea que las causó.
Como definición, el pensamiento es la aparición de una serie de ideas que se generan por una tarea o un problema.

Del latín «pensare» proviene el término pensamiento. Se entiende por pensamiento la facultad o el poder de pensar, también puede definirse como la acción y el efecto de pensar. Pensamiento es toda aquella actividad, acción y creación que realiza la mente, o sea todo lo que se trae a la existencia por medio del intelecto; generalmente el vocablo es relacionado o utilizado para definir todos aquellos productos que la mente podría generar que incluyen las actividades racionales del intelecto o las abstracciones de nuestra imaginación; todo lo referente a la naturaleza mental se considera pensamiento, ya sean racionales, creativos, abstractos,artísticos etc.

El pensamiento es propio del ser humano y gracias a esta capacidad intelectual, el hombre ha generado una cultura y una civilización. Parece ser que, en el curso  de la evolución, el pensamiento y el  proto lenguaje aparecieron a la vez  hace 400.000-300.000 años.  Ambas facultades están muy relacionadas, se piensa normalmente en palabras, aunque también se puede hacer  en imágenes.

Para pensar, además de la palabra se precisa inteligencia. Así hay muchas especies de animales  que pueden pronunciar palabras e incluso largas frases, pero no entienden  su significado porque les falta inteligencia para el  pensamiento abstracto.

El pensamiento se basa en la reflexión y ésta en la asociación de ideas. Sin él no habría habido  progreso. Las golondrinas, construyen hoy sus nidos como lo hacían  hace dos millones de años y  todas lo hacen exactamente igual.

No es fácil imaginar el cambio requerido en el ADN de una especie para que se desarrollara esta diferenciación, aunque al decirlo estemos ya pensando, lo que prueba la facultad como en sí misma. Tal vez como la condición de vida se haya tratado de un quantum de energía sobre la materia cosmologicamente accidental.

Grecia se reconoce en una cierta forma de vida social y en un tipo de reflexión que definen a sus propios ojos su originalidad, su superioridad sobre el mundo bárbaro: en lugar de que el Rey ejerza su omnipotencia sin control ni límites en el secreto de su palacio, la vida política griega quiere ser objeto de un debate público, a plena luz del día, en el ágora, por parte de unos ciudadanos a quienes se define como iguales y de los cuales el Estado es ocupación común; en lugar de las antiguas cosmogonías asociadas a rituales reales y a mitos de soberanía, un nuevo pensamiento trata de fundar el orden del mundo sobre relaciones de simetría, de equilibrio, de igualdad entre los distintos elementos que integran el cosmos. Si queremos levantar el acta de nacimiento de esta Razón griega, seguir el camino por donde ella ha podido desprenderse de una mentalidad religiosa, indicar lo que debe al mito y cómo lo ha superado, deberemos comparar, confrontar con. el telón de fondo del pasado micénico, este viraje del siglo VIII al siglo VII en que Grecia toma una nueva orientación y explora los caminos que le son propios: época de mutación decisiva que, en el momento mismo en que triunfa el estilo orientalizante, sienta los fundamentos del régimen de la Polis y asegura, mediante esta laicización del pensamiento político, el advenimiento político, el advenimiento de la filosofía.

Shopenaurianamente la voluntad es la de vivir, es es cósmica. Y cifra al ser humano en su propio ser, cuestión insustituible en su concepto anti hegeliano, para nada cuestión espiritual sino siguiendo a Kant puramente producto de la propia experiencia.

Nos vamos enganchando con esta cuestión que es el pensar, en su devenir, y más cercanamente, el propio. Retendremos que el pensamiento deviene, con fundamento cósmico. Esto es fuerte y escasamente concebido en la permanente cotidaneidad que olvida los orígenes de casi todas las cosas, incluidas la Alétheia (en griego ἀλήθεια “Verdad”), es el concepto filosófico que se refiere a la honestidad propia de los hechos y la realidad. Literalmente la palabra significa ‘aquello que no está oculto, aquello que es evidente’, lo que ‘es verdadero’. También hace referencia al “desocultamiento del ser”. Lo olvidado según Heidegger, obstaculiza la pregunta más propia que conviene al humano, acerca de su ser, como refiere al Dasein.

El sentido literal de la palabra Dasein es ‘ser-ahí’. Que más bien sería el estar haciendo algo ahí como expresa el uso del gerundio en latín. La noción de Dasein fue usada por varios filósofos alemanes, como Hegel o Jaspers, pero sobre todo por Martin Heidegger para indicar el ámbito en que se produce la apertura de la persona hacia el Ser. Inicialmente el término había sido identificado con la existencia de la persona, pero el propio Heidegger, en su Carta sobre el Humanismo de 1947 rechaza esta interpretación. De forma más precisa, podemos decir que Dasein alude a la persona como único ente que vive fuera de sí, abierto constantemente al Ser y a sufrir una revelación de ese Ser. Algo, olvidado en los tiempos de la historia del pensamiento, quizá según Aristóteles a la multiplicidad de sentidos de la palabra.

Dasein, ser ahí, en un espacio-tiempo que es el propio del momento del nacimiento de cada uno en su singularidad, donde los códigos, la cultura, los dispositivos (de los que hablaremos) nos pre-existen, y determinan de muchas maneras, si atendemos a la novela que Freud determina como condicionante de la posible constitución de la subjetividad. El mundo de la individuación tiene que ver con las diferencias. Y eso es cósmico en lo múltiple. El cosmos tiene leyes regulares, desde la físico-química, pero no hay dos estrellas iguales, ni galaxias iguales, ni vacío con más o menos materia oscura, en la rigurosidad de las leyes, no encontraremos en cualquier momento dos espacios iguales. Y si cósmico, y el Dasein proviene de ese orden caótico que es el Cosmos, no le pidamos uniformidad y obediencia a leyes no naturales, sino pensemos en respetar su singularidad, que veremos, es compleja.