119 Volviendo al presente. [11]

Contraste. Friedrich Nietzshe. Fin de la serie

Habría pues un receta contra las filosofías pesimistas y la excesiva sensibilidad que me parece ser la auténtica <zozobra del presente>; pero esta receta quizá suene ya demasiado cruel, y se la contaría entre los síntomas que justifican que ahora se la juzgue así: <la existencia es algo malo>. ¡Pues bien! La receta contra la <zozobra> es: zozobra.

Nietzsche. La Gaya Ciencia, #48

Si dejamos de sujetar al pensamiento ya en cada caso sino a su posible devenir y “propio” a cierta instancia que permita la conciencia, y al modo de Freud que le escribía a Fliess <<trataba de encontrar el núcleo de la defensa pero hallé que eso me llevaba a explicar algo que pertenece al núcleo de la naturaleza>>, y se desplaza luego desde la ciencia pura de la época hacia lo propiamente fenómeno humano con su psiquismo que lo establece como tal, retomaremos el camino del pensar en el modo de aprender a hacerlo en el reconocimiento que no pueden violarse las leyes de la naturaleza dado son ellas las que admiten en la especie sapiens esa capacidad distintiva y constituyente.

Y en ese contexto volvemos y terminamos esta serie con Friedrich Nietzsche, con una pregunta de las tantas que surgen cuando se acude a la ayuda de los que ya pensaron antes acerca de estas cosas.

¿Hasta donde llega, hoy día, nuestra capacidad de oír lo que dice Nietzsche? ¿Hasta donde deseamos y podemos oírlo?

Las respuestas posibles, ya que las preguntas son como una señal que señala un camino más serán objeto de la próxima serie. Nos quedamos por un momento, aquí y ahora con este apunte que finaliza un sendero que ya puede vislumbrarse abre a otros. Es la maravilla de la filosofía, escribieron Deleuze y Guattari.

Se trata para decirlo de alguna manera en la sujetación al lenguaje que podemos emplear acerca de lo que dice Nietzsche, él se explica muy bien solo cuando se explica. En todo caso, se trata más bien de establecer la distancia entre sus textos y nuestra posible lectura: hasta donde llega su capacidad de decir en palabras lo que piensa y nuestra propia capacidad de leer y entender, de su voluntad de ser oído y la nuestra de oír.

Leer a Nietzsche implica una doble exigencia común a la práctica de la filosofía: la de un arte de leer y del conocerse a sí mismo, lo que implica al mismo tiempo de la lectura la de interperlarnos a nosotros mismos como lectores, poder hasta donde podamos evaluar el valor de lo que deseamos y podemos. Este trabajo filosófico, está claro, casi nunca lo encontraremos en lo cotidiano. Hoy día leer filosofía en general, o a Nietzsche en particular es una práctica escasa, y no agregamos consideraciones por el momento lo que ello pueda señalar.

Nietzsche ya lo experimentó, y dio cuenta de ello, que sus lectores no existían todavía en el momento en que escribía, y acaso nosotros sus lectores hoy ciento cincuenta años después vivimos en la posibilidad que propiamente nos atribuimos de poder oírlo. Cuando interpelaba a sus lectores en su momento, se entiende, lo hacía no desde algo trascendental sino histórico, no en función de una esencia sino de una genealogía. Él mismo fue un lector profuso que por ello encontraba analogías, contradicciones, olvidos, rupturas, discontinuidades, que promovía el interrogarse a sí mismo. Una biografía, disimulada, esa es su obra.

Leerlo es algo así como enfrentarse a la dinámica de interferencias y la inercia de estabilidades opacas,u objetos de escándalo y litigio, a las fuerzas y sus reacciones que van definiendo una administración de síes y noes. Conviene leerlo como una física de choques entre cuerpos de algo, una elucidación de elasticidades y resistencias, impermeabilidades y porosidades que presentan grados variables entre poder y querer.

Hay demasiado escrito sobre Nietzsche. Una lectura aunque provenga de fuentes primarias es frecuentemente ya secundaria, como un retorno requerido por la intensidad reiterativa de los textos. Las lecturas se vuelven cada vez más lentas en tanto se repiten (cualquiera fuera la fuente, esta misma, por ejemplo); como la música que lenta vuelve al principio que Nietzsche exige a los descifradores de primera vista con una escuela de paciencia más aun que la de la sospecha, que encuentra como único medio para superar la irritación de la cantidad de repeticiones y para medir la velocidad de un pensamiento. El mejor lector es el que se separa de otros no por lo inédito sino por el óptimo de diferencias que promueve en lo que se repite. En eso, Nietzsche es como una maestro que ayuda a aprender a pensar.

Hay quienes leyeron o leen a Nietzshe, y entre ellos los que no lo re-leerían de nuevo. Otros que nunca pusieron un pie en la calesita vertiginosa en la que gira su filosofía. Otros han regresado a ella y otros que se desviaron hasta la náusea. Los argumentos para los que terminaron de una vez con Nietzsche son muchos y variados: porque ha dicho demasiados, porque se ha dicho demasiado sobre él, y porque hay mucho por criticar sobre este doble exceso. Su decir demasiado es a la vez extenso e intenso, exagerar, ir demasiado lejos, hurgar en las heridas. Leer a Nietzshe es doloroso . Es su manera de discriminar, seleccionar y separar las formas las cosas que piensa. Hay siempre un fondo de sufrimiento en el conocimiento, de imposición de libertad, de crueldad en a alegría. Pocos o ninguno antes que él lo pudieron exponer de esa manera.

“No he poseído jamás el arte de prevenir en contra de mí” (Ecce Homo #5): a este defecto debe necesariamente corresponder el arte de no estar prevenido en contra de él (prevención en el doble sentido de prejuicio y profilaxis).

Nietzsche denomina hombre moderno al tipo de hombre al cual interpela y cuya capacidad y voluntad interroga. Cuando dice nosotros, refiere a nosotros los modernos. Reiterar la interpelación de Nietzsche obliga a reducir el privilegio de nuestra postmodernidad, como él redujo el de la modernidad, bajo el doble peso de la lentitud de la historia y de la repetición del devenir. Esto que estamos leyendo-escribiendo es solo un apunte, pero si se puede leer despacio el trasfondo de la filosofía nietzscheana entendemos que está en la vereda del frente que la cotidaneidad hoy día ofrece, solo la ofrece, no puede hacer otra cosa.

La zozobra de Nietzsche, móvil principal del inicio de su obra, produce zozobra en en nuestra actualidad, en nuestra postmodernidad, en nuestra digestión del pasado y presente históricos y en nuestra voluntad de futuro. Sufrimos de una apremiante falta de paciencia, sin la que careceremos de filología, probidad y justicia. Esos valores propuestos por Nietzsche lo señalarían hoy día como sujeto político. Reafirma respecto de lo que en su momento nominaba como modernidad (hoy día postmodernidad, de todas maneras son solo palabras) es un proyecto inacabado. Nos interpela a nosotros hombres postmodernos como un problema no superado en cuanto que somos sujetos de razón y derecho, demócratas y ciudadanos de una época liberal (políticamente entendido); y como tales nos enfrentamos, interpelados por su interpelación, a lo más inaudible (no desde él sino de la actualidad de lo cotidiano), y por ello sentimos zozobra.

Para terminar, quienes pretendan o supongan endurecer a Nietzsche hay que recordarles su ductilidad:

Dice a sus lectores, pocos al principio y muchísimos después de su muerte:

“A partir de aquí, que otra clase de espíritu diferente al mío sea libre de proseguir. No soy lo bastante limitado para un sistema, ni siquiera para mí sistema” (Fragmentos Póstumos [146]).

A quienes querría suavizarlo hay también que recordarles su dureza:

“¡Espere un poco, muy venerada amiga!. Le proporcionaré aún la prueba que Nietzsche continúa siendo odioso” (Carta a Malwida von Meysenburg, Correspondencia, VI)

No hay ninguna obligación de leer a Nietzshe, o si se lo lee que no se pretenda liberarse de su indagación y conceptualización que fundada en su método genealógico produce interpretaciones, que aún cuando él mismo lo advierta a quien quiera o pueda oír, se presenta como odioso y produce zozobra. Aunque pueda llegar a convenirse aún sin preguntarse frente a fenomenalidad de las cosas y los casos, que la actualidad de nuestra no tan venerada postmodernidad, en su actualización, también la produzca. Bueno a quienes les reste luego de la psicofarmacología y mass mediatización, un resto de sensibilidad.

Bibliografía: Nietzsche La zozobra del presente. Dorian Astor.014. Ed. Gallimard.

Ley de gravedad

El inicio

Desde Newton es que comienzo  un ensayo de ideas en palabras que van traducir  un determinado sentido presenciado en las formas circulantes en el contenido de pensamiento de quien, ya ahí, las diga, o escriba. Que no es lo mismo.

Lo dicho, entiendo, muchas veces se diluye en el aire y se extrae a lo pre- o lo in- consciente en la memoria de quien escucha. Lo escrito si leído, ya está registrado, se puede catalogar, se puede releer, se puede arrojar al cesto de basuras. Hay acciones diferentes entre unas y otras formas .

Hay ciertas necesidades del lector, por ejemplo y tomado de Schleirmacher entender el texto tan bien como el autor, y después mejor que él. Quizá ese cometido no sea sencillo de la sola escucha de palabras en discursos, aunque es un asunto que tiene que ver con cuestiones alertas de las que pueda llegar a ser pensado como trasfondo de la creación de conceptos.

Queda claro, así de entrada, que partimos de una tradición de organizar los pensamientos de acuerdo a cierto origen, unos se relacionarían con otros, quizá podamos ir progresando en el camino de dejar de hacerlo. Algunos pretendieron, y con ello resaltamos alguna razón de esa pretensión, de atender a la lectura sin ideas preconcebidas. Toda pre-concepción aleja al lector del autor.

Se escribe que, para empezar y terminar con Newton, se ha elegido este inicio, porque se intentará exponer algunas de las posibilidades de asociación entre este comienzo elegido y un final premeditado.

(1)

  • Sir Isaac Newton (25 de diciembre de 1642 – 20 de marzo de 1727)  fue un físico, filósofo, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés, autor de los Philosophiae naturalis principia mathematica, más conocidos como los Principia, donde describió la ley de la gravitación universal y estableció las bases de la mecánica clásica mediante las leyes que llevan su nombre. Entre sus otros descubrimientos científicos destacan los trabajos sobre la naturaleza de la luz y la óptica (que se presentan principalmente en su obra Opticks) y el desarrollo del cálculo matemático. Newton comparte con Leibniz el crédito por el desarrollo del cálculo integral y diferencial, que utilizó para formular sus leyes de la física. También contribuyó en otras áreas de la matemática, desarrollando el teorema del binomio y las fórmulas de Newton-Cotes.
  • La ley de la Gravitación Universal es una ley física clásica que describe la interacción gravitatoria entre distintos cuerpos con masa. Ésta fue presentada por Isaac Newton en su libro Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, publicado en 1687, donde establece por primera vez una relación cuantitativa (deducida empíricamente de la observación) de la fuerza con que se atraen dos objetos con masa. Así, Newton dedujo que la fuerza con que se atraen dos cuerpos de diferente masa únicamente depende del valor de sus masas y de la distancia que los separa.
  • Donde
  • F es el módulo de la fuerza ejercida entre ambos cuerpos, y su dirección se encuentra en el eje que une ambos cuerpos.
  •  G es la constante de la Gravitación Universal.
  • m1 es la masa de uno de los cuerpos
  • m2 es la masa del otro cuerpo
  • r es la distancia que los separa. r2 es (r x r) , r al cuadrado.
  • Es decir, cuanto más masivos sean los cuerpos y más cercanos se encuentren, con mayor fuerza se atraerán. Así, con todo esto resulta que la ley de la Gravitación Universal predice que la fuerza ejercida entre dos cuerpos de masas  y  separados una distancia  es proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia.

Si se considera que estaríamos rodeados de una sociedad extraña en la que cierta clase de poder casi todo lo nivela y es así, conscientemente  o no, aceptado, que enajena, que subroga a un modo de mediatismo, por decirlo de esa manera, aunque la palabra admita más de un único sentido, mediatismo de la medianidad, de mediocridad, de una media subyugante y subyugadora, de medir algún resultado, entonces con arreglo a fines. Salirse de esa media o no estar en la media suena colectivamente a incivilidad, a transgresión.

Lo poderoso, una masa mayor, a través de alguna fuerza (sino no ejercería la potencia de un poder), sería lo que direcciona la media, ya por puro ser ejercicio de poder entre otros el de manipular a las gentes al mejor beneficio y conveniencia de los sujetos que en cada lugar de la estructura social devenida que operan o son funcionales a esa estructura. La analogía de usar una fuerza transmitiéndose microfísicamente, capilarmente, en el entramado social es trazable, se la puede casi intentar dibujar.

No ser mediatizado, no obedecer al mensaje de los mass media (a su vez súbditos de los poderes que adquieren formas determinadas y determinantes: intereses  económicos o políticos, o de la bandera que alguien desee para sí y  por lo tanto para otros) no obedecer al mensaje de los mass media señala que estar fuera de la media es un deseo raro, entendido por escaso. Recordando algunas cuestiones acerca del deseo, este sería probablemente infinito en formas, singular del deseante, indeterminado. La pulsión, freudianamente, no tiene un destino predeterminado. Y esto sería ya contrario al, e inventamos un deseo convencional, deseo del poder (módulo de la fuerza de masa mayor)

Ahora, en el promedio de la masa de gentes aparecen, no siempre perceptibles, reglas, como sujetaciones determinantes, regulaciones ya internalizadas, contenidas en el statu quo donde parece como si lo cotidiano se convierte en regulatorio ya que no se puede hacer aquello que no se puede hacer. Eso aparece como una fuerza casi gravitacional.

Una mejor sociedad, suena a deseo a realizar alguna vez, a sueño diría Freud. Todos soñamos con una sociedad mejor. ¿Quién podría no hacerlo?  Es una pregunta. Una respuesta: los dueños u operadores del poder no perece que tengan el deseo de responder esa pregunta. Por el contrario, no tendrían ese deseo y en todo el caso tienen la contranecesidad de irrealizar el sueño de las mayorías, y eso es una ley de gravedad, y no precisamente la de Newton, es lo grave de Heidegger.

Que las mayorías no se mueran de pura hambre o pura indiferencia, ese es un buen resultado para el poder, sino lo perdería. Y si además obedecen, mejor. Quizá el trazar un esquema, hacer un plano que permita la visibilidad de lo estatuido sirva, quizá, de poco o mucho más que de punto de partida, mínimo,  para poder empezar a pensar y luego hacer, en otras cosas.

La gente mass masificada, quizá algún día, y si es expresión de deseo, ojalá deje de desear ser masa. No va a ocurrir seguramente de una forma espontánea. Hoy la espontaneidad aparece dirigida,  direccionada por los detentores de los medios de poder. Los medios de producción se han transformado en medios de poder. Es como ir de Marx a Foucault. Entiendo, las masas deberían siempre en función de deseo, entender que hay otras formas posibles, y desearlo.

Una sociedad mass mediática cada vez más deidealizada, medianamente obediente a las reglas de supervivencia  a decir de Chomsky, decente, comunicada y luego incomunicada al mismo tiempo, donde el criterio incluido en el mensaje que llega a la capacidad de conciencia de los espectadores, escuchantes o lectores, que atienden a las series de la TV, o a los comunicadores sociales, es baja en cuanto posibilidad de liberación, parece ser el proyecto del poder. Sujetar las mentes, que el cerebro cerque al pensamiento, que esté ya esté encerrado dentro de bien determinados límites pero que todo aparezca ilimitado.

Pocos se atreven a aislarse, a irse como Thoreau al medio del bosque, alejándose del radio de acción del poder. Hay quienes lo han intentado y logrado. También hay fracasos en el intento, no es fácil ponerlo en experiencia. No todos somos Nietzsche y aun cuando aproximemos algo de la lucidez y la oportunidad de supervivencia decente, hay cierta conciencia de algo así como: ¿por qué el tipo aislado se va a salvar?, y sabiendo también que de todas maneras los detentores de poder, en cualquiera de sus formas, igual van a vivir su corta vida haciendo lo que hacen. Salvarse sería claramente una pura individualidad.

Lo humano, distinto, satisfactorio, vamos a vivirlo dignamente, eso es una fórmula. El mensaje es antiguo, para no estar tan sujetado a las condiciones de posibilidad de la medianidad y de los poderes de turno, cabe la alternativa de realizarse aisladamente. De solo preguntarlo se está buscando respuesta positiva (en dos maneras).

¿Cómo hacer positivo lo negativo? ¿Cómo convertir en acto positivo la posibilidad de apartar lo que  es opuesto, que  ya nos aísla, desconoce y dirige?. ¿Cómo reducir el efecto de poder de todo aquello que intenta desde la estructura sojuzgar desde la misma microfísica que nos circunda? Son preguntas.

Las respuestas no se pueden derivar del mismo cotidiano que sujeta, no están presentes en el día a día, ni en la cultura. Es más, intentar algo diferente generará seguramente malestar. Que molestes o te molestes, no cambia las cosas.

Queda, sí, claro que la ley de gravedad del poder que estructura una sociedad molesta por obediencia debida, puede si reducirse en efecto alejándose del radio de acción de la misma. Con ello estamos leyendo la ley de Newton a nuestro mejor deseo, ya que aumentando la distancia, el efecto de las fuerzas se reducen con el cuadrado de la distancia que nos separe. Y aumentar la distancia, veremos, no es puramente geográficamente entendido.