119 Volviendo al presente. [11]

Contraste. Friedrich Nietzshe. Fin de la serie

Habría pues un receta contra las filosofías pesimistas y la excesiva sensibilidad que me parece ser la auténtica <zozobra del presente>; pero esta receta quizá suene ya demasiado cruel, y se la contaría entre los síntomas que justifican que ahora se la juzgue así: <la existencia es algo malo>. ¡Pues bien! La receta contra la <zozobra> es: zozobra.

Nietzsche. La Gaya Ciencia, #48

Si dejamos de sujetar al pensamiento ya en cada caso sino a su posible devenir y “propio” a cierta instancia que permita la conciencia, y al modo de Freud que le escribía a Fliess <<trataba de encontrar el núcleo de la defensa pero hallé que eso me llevaba a explicar algo que pertenece al núcleo de la naturaleza>>, y se desplaza luego desde la ciencia pura de la época hacia lo propiamente fenómeno humano con su psiquismo que lo establece como tal, retomaremos el camino del pensar en el modo de aprender a hacerlo en el reconocimiento que no pueden violarse las leyes de la naturaleza dado son ellas las que admiten en la especie sapiens esa capacidad distintiva y constituyente.

Y en ese contexto volvemos y terminamos esta serie con Friedrich Nietzsche, con una pregunta de las tantas que surgen cuando se acude a la ayuda de los que ya pensaron antes acerca de estas cosas.

¿Hasta donde llega, hoy día, nuestra capacidad de oír lo que dice Nietzsche? ¿Hasta donde deseamos y podemos oírlo?

Las respuestas posibles, ya que las preguntas son como una señal que señala un camino más serán objeto de la próxima serie. Nos quedamos por un momento, aquí y ahora con este apunte que finaliza un sendero que ya puede vislumbrarse abre a otros. Es la maravilla de la filosofía, escribieron Deleuze y Guattari.

Se trata para decirlo de alguna manera en la sujetación al lenguaje que podemos emplear acerca de lo que dice Nietzsche, él se explica muy bien solo cuando se explica. En todo caso, se trata más bien de establecer la distancia entre sus textos y nuestra posible lectura: hasta donde llega su capacidad de decir en palabras lo que piensa y nuestra propia capacidad de leer y entender, de su voluntad de ser oído y la nuestra de oír.

Leer a Nietzsche implica una doble exigencia común a la práctica de la filosofía: la de un arte de leer y del conocerse a sí mismo, lo que implica al mismo tiempo de la lectura la de interperlarnos a nosotros mismos como lectores, poder hasta donde podamos evaluar el valor de lo que deseamos y podemos. Este trabajo filosófico, está claro, casi nunca lo encontraremos en lo cotidiano. Hoy día leer filosofía en general, o a Nietzsche en particular es una práctica escasa, y no agregamos consideraciones por el momento lo que ello pueda señalar.

Nietzsche ya lo experimentó, y dio cuenta de ello, que sus lectores no existían todavía en el momento en que escribía, y acaso nosotros sus lectores hoy ciento cincuenta años después vivimos en la posibilidad que propiamente nos atribuimos de poder oírlo. Cuando interpelaba a sus lectores en su momento, se entiende, lo hacía no desde algo trascendental sino histórico, no en función de una esencia sino de una genealogía. Él mismo fue un lector profuso que por ello encontraba analogías, contradicciones, olvidos, rupturas, discontinuidades, que promovía el interrogarse a sí mismo. Una biografía, disimulada, esa es su obra.

Leerlo es algo así como enfrentarse a la dinámica de interferencias y la inercia de estabilidades opacas,u objetos de escándalo y litigio, a las fuerzas y sus reacciones que van definiendo una administración de síes y noes. Conviene leerlo como una física de choques entre cuerpos de algo, una elucidación de elasticidades y resistencias, impermeabilidades y porosidades que presentan grados variables entre poder y querer.

Hay demasiado escrito sobre Nietzsche. Una lectura aunque provenga de fuentes primarias es frecuentemente ya secundaria, como un retorno requerido por la intensidad reiterativa de los textos. Las lecturas se vuelven cada vez más lentas en tanto se repiten (cualquiera fuera la fuente, esta misma, por ejemplo); como la música que lenta vuelve al principio que Nietzsche exige a los descifradores de primera vista con una escuela de paciencia más aun que la de la sospecha, que encuentra como único medio para superar la irritación de la cantidad de repeticiones y para medir la velocidad de un pensamiento. El mejor lector es el que se separa de otros no por lo inédito sino por el óptimo de diferencias que promueve en lo que se repite. En eso, Nietzsche es como una maestro que ayuda a aprender a pensar.

Hay quienes leyeron o leen a Nietzshe, y entre ellos los que no lo re-leerían de nuevo. Otros que nunca pusieron un pie en la calesita vertiginosa en la que gira su filosofía. Otros han regresado a ella y otros que se desviaron hasta la náusea. Los argumentos para los que terminaron de una vez con Nietzsche son muchos y variados: porque ha dicho demasiados, porque se ha dicho demasiado sobre él, y porque hay mucho por criticar sobre este doble exceso. Su decir demasiado es a la vez extenso e intenso, exagerar, ir demasiado lejos, hurgar en las heridas. Leer a Nietzshe es doloroso . Es su manera de discriminar, seleccionar y separar las formas las cosas que piensa. Hay siempre un fondo de sufrimiento en el conocimiento, de imposición de libertad, de crueldad en a alegría. Pocos o ninguno antes que él lo pudieron exponer de esa manera.

“No he poseído jamás el arte de prevenir en contra de mí” (Ecce Homo #5): a este defecto debe necesariamente corresponder el arte de no estar prevenido en contra de él (prevención en el doble sentido de prejuicio y profilaxis).

Nietzsche denomina hombre moderno al tipo de hombre al cual interpela y cuya capacidad y voluntad interroga. Cuando dice nosotros, refiere a nosotros los modernos. Reiterar la interpelación de Nietzsche obliga a reducir el privilegio de nuestra postmodernidad, como él redujo el de la modernidad, bajo el doble peso de la lentitud de la historia y de la repetición del devenir. Esto que estamos leyendo-escribiendo es solo un apunte, pero si se puede leer despacio el trasfondo de la filosofía nietzscheana entendemos que está en la vereda del frente que la cotidaneidad hoy día ofrece, solo la ofrece, no puede hacer otra cosa.

La zozobra de Nietzsche, móvil principal del inicio de su obra, produce zozobra en en nuestra actualidad, en nuestra postmodernidad, en nuestra digestión del pasado y presente históricos y en nuestra voluntad de futuro. Sufrimos de una apremiante falta de paciencia, sin la que careceremos de filología, probidad y justicia. Esos valores propuestos por Nietzsche lo señalarían hoy día como sujeto político. Reafirma respecto de lo que en su momento nominaba como modernidad (hoy día postmodernidad, de todas maneras son solo palabras) es un proyecto inacabado. Nos interpela a nosotros hombres postmodernos como un problema no superado en cuanto que somos sujetos de razón y derecho, demócratas y ciudadanos de una época liberal (políticamente entendido); y como tales nos enfrentamos, interpelados por su interpelación, a lo más inaudible (no desde él sino de la actualidad de lo cotidiano), y por ello sentimos zozobra.

Para terminar, quienes pretendan o supongan endurecer a Nietzsche hay que recordarles su ductilidad:

Dice a sus lectores, pocos al principio y muchísimos después de su muerte:

“A partir de aquí, que otra clase de espíritu diferente al mío sea libre de proseguir. No soy lo bastante limitado para un sistema, ni siquiera para mí sistema” (Fragmentos Póstumos [146]).

A quienes querría suavizarlo hay también que recordarles su dureza:

“¡Espere un poco, muy venerada amiga!. Le proporcionaré aún la prueba que Nietzsche continúa siendo odioso” (Carta a Malwida von Meysenburg, Correspondencia, VI)

No hay ninguna obligación de leer a Nietzshe, o si se lo lee que no se pretenda liberarse de su indagación y conceptualización que fundada en su método genealógico produce interpretaciones, que aún cuando él mismo lo advierta a quien quiera o pueda oír, se presenta como odioso y produce zozobra. Aunque pueda llegar a convenirse aún sin preguntarse frente a fenomenalidad de las cosas y los casos, que la actualidad de nuestra no tan venerada postmodernidad, en su actualización, también la produzca. Bueno a quienes les reste luego de la psicofarmacología y mass mediatización, un resto de sensibilidad.

Bibliografía: Nietzsche La zozobra del presente. Dorian Astor.014. Ed. Gallimard.

114 Volviendo al presente. [6]

Solo para nadie y para todos

Volver al presente. Humano

Baruch

Terminamos el anterior: El ánimo ( el alma espinozista ) como idéntico a lo extenso del espíritu ( el pensamiento ) causa efecto reciproco, y se manifiesta en el cuerpo como sensaciones, antes se las llamaba pasiones, con Freud pulsiones. Es el alma que se expresa como alegría, tristeza, dolor, angustia, pérdida de identidad, expectativa, deseo, poder de algo, falta, fantasías, ilusiones, alucinaciones, voluntad dijo Schopenhauer, voluntad de poder, Nietzsche, arquetipo Jung, obediencia a las tablas, Moisés, demasiado.

Más cerca o más lejos, a partir de distintos paradigmas, algunos sapiens dan cuenta de la multiplicidad del modo de ser humano. Dan cuenta: lo percibieron, se dieron cuenta y lo pensaron y expusieron cada quien en su propio nombre. Como se dijo en capítulos anteriores, no existía la ciencia que pusiera aportar más elementos de fundamentación, y posiblemente aún así lo siga siendo.

Que hoy día, desde lo actual del progreso científico, con toda la parafernalia tecnológica disponible, aún se mantengan fundamentos como conjeturas es propio de las velocidades relativas entre lentitud científica y rapidez del la cosmología del pensamiento. Las cuestiones físico químicas preexisten a su entendimiento, están desde un principio y que la ciencia las vaya interpretando es lo actual en la flecha del tiempo que lleva ya 14 mil millones de años cronológicos. Las leyes de la naturaleza son siempre iguales, que aún muchas las ignoremos es lo mismo, se seguirán cumpliendo.

La Filosofía, nacida desde la observación racional y pensante de los cielos, sus regularidades y el poder ser de los hombres y su posibilidad diferencial de pensar, permitió el comienzo de las ciencias, pero neutralizó su acierto brindando fundamentos a la fantasía e ilusión mágicas o religiosas y a muchas otras maneras equivalentes. Y así estamos. Es una época aún grave, o gravísima según Heidegger, porque aún no aprendemos a pensar, y nos aventuramos a agregar desde la sensación de la experiencia cotidiana, que cada vez menos. Lo conjeturamos 70 años después que Heidegger abriera a la posibilidad de empezar, al menos, a pensarlo. Luego Deleuze y Guattari develaron la realización actualizada de la ezquizofrenia en las sociedades actuales, En la estratificación combinada de ambos momentos, nace la conjetura.

Entre la físico química del pensamiento y sus relaciones con otras partes somáticas que producen la sensación, o viceversa que las sensaciones provocan percepción al pensamiento, decimos, aún la complejidad sistema espacio-tiempo de un cuerpo humano, algo debería estar ocurriendo a cada instante, al infinitesimal de la duración de la transmisión que el sistema permita. Y claramente nos detenemos en esta postulación, porque entendemos hay bastante que aprender de los que lo pensaron y expusieron en su propio nombre .

El hombre spinoziano no es sustancia, sino modo; el alma es modo del pensamiento, y el cuerpo, modo de la extensión. Alma y cuerpo no se relacionan como dos sustancias, sino como una idea y su objeto; el cuerpo es el objeto primero del alma y el alma es idea del cuerpo.

Explayemos un poco. Spinoza propone una única sustancia, a que no tan convencionalmente (por permitida en el paradigma de su época) llama dios, aunque no tardemos en entenderla como Naturaleza, extendida a la posibilidad del todo cósmico. Alma y cuerpo no se relacionan como dos sustancias, porque solo hay una, Expresa pensamiento y cuerpo se relacionan uno a otro, desde la lógica de la expresión de su entendimiento,

Agrega: Ahora bien, como nuestro cuerpo es una especie de proporción o armonía de movimiento y reposo, y está continuamente sometido al impacto de los múltiples y variadísimos cuerpos que lo rodean, nuestra alma refleja esos choques e impactos y, a través de ellos (afecciones corporales), conoce los cuerpos externos. He ahí la imaginación: un conocimiento esencialmente condicionado por la situación de nuestro propio cuerpo, por nuestro temperamento, nuestra experiencia previa y nuestros prejuicios individuales.

Aún desde la ignorancia de las infinitas posibilidades físico químicas que se transmitan, decimos, Spinoza las anticipa en los términos del lenguaje que puede utilizar. Y destacamos en esto el asunto del lenguaje que está directamente relacionado con la necesidad de convencionar los contenidos del pensamiento, para su posible transmisión a otros sapiens que están cerca, justo frente al que algo dice necesariamente devenido cierta clase de pensamiento antes de eso.

Las formas en que pueda devenir un pensamiento no aprendido lo extenderemos más adelante en referencia a Freud, o a Schopenhauer, o a Nietzsche, o porque no a Marx, aunque ya Spinoza, antes que todos ellos lo haya intuido y que anticipa como provenientes de nuestro temperamento, nuestra experiencia previa y nuestros prejuicios individuales, que además de inevitables son siempre singulares a cada sapiens existente.

A partir de esta idea del hombre, como ser imaginativo, que sólo percibe los cuerpos externos a través de su propio cuerpo, define Spinoza los afectos o sentimientos.

Los afectos humanos son la vivencia en la imaginación, es decir, las ideas de nuestras afecciones corporales . Tienen, pues, las mismas características que la imaginación y se rigen por sus mismas leyes. Los sentimientos son subjetivos, porque la imaginación refleja más la situación de nuestro cuerpo que la naturaleza de los cuerpos externos. Son inciertos y azarosos, adoptan el carácter de pasión, de algo que se nos impone del exterior y nos sorprende a cada paso, porque la imaginación capta consecuencias sin sus premisas, es decir, fenómenos sin sus causas.

Se refuerzan y debilitan, se mezclan y entrecruzan, se comunican y difunden de las formas más extrañas y sorprendentes, sin que podamos evitarlo, porque se rigen y gobiernan por las leyes de asociación de imágenes (semejanza, contigüidad y contraste), que son tan necesarias como las leyes de choque
de los cuerpos.

Así, preliminarmente lo expresaba Spinoza. Claro, apenas se conocían las matemáticas de Isaac Newton y la reciente física más moderna de Descartes, y no es menor que su obra principal esté expuesta al modo geométrico. Inferimos de lo hasta aquí resumido su intuición que la mundanidad debía cumplir con ciertas legalidades propias de la Sustancia, de la que de sus infinitos modos el hombre, y usando palabras, solo dispone de dos.

Con dos mínimas clarificaciones, en referencia a esta primera parte con Baruch, no nos estamos saliendo hasta este momento de un hombre individual (o sea postergamos lo social), y segundo, por lo tanto se habrá de seguir con él.

Schopenhauer

Textual del comienzo de Sobre la voluntad en la naturaleza:

El rasgo fundamental de mi doctrina, lo que la coloca en contraposición con todas las que han existido, es la total separación que establece entre la voluntad y la inteligencia, entidades que han considerado los filósofos, todos mis predecesores, como inseparables y hasta como condicionada la voluntad por el conocimiento, que es para ellos el fondo de nuestro ser espiritual, y cual una mera función, por lo tanto, la voluntad del conocimiento. Esta separación, esta disociación del yo o del alma, tanto tiempo indivisible, en dos elementos heterogéneos, es para la filosofía lo que el análisis del agua ha sido para la química, si bien este análisis fue reconocido al cabo. En mi doctrina, lo eterno e indestructible en el hombre, lo que forma en él el principio de vida, no es el alma, sino que es, sirviéndonos de una expresión química, el radical del alma, la voluntad. La llamada alma, es ya compuesta; es la combinación de la voluntad con el nous, el intelecto. Este intelecto es lo secundario, el posterius del organismo, por éste condicionado, como función que es la del cerebro. La voluntad, por el contrario, es lo primario, el prius del organismo, aquello por lo que éste (el pensamiento) se condiciona. Puesto que la voluntad es aquella esencia en sí, que se manifiesta primeramente en la representación (mera función cerebral esta), cual un cuerpo orgánico, resulta que tan sólo en la representación se le da a cada uno el cuerpo como algo extenso, articulado, orgánico, no fuera ni inmediatamente en la propia conciencia”.

No estudiaremos aquí a Arthur Schopenhauer, si explanaremos lo que adviene a nuestro modo de pensar cuando lo hacemos. Si aún no aprendemos a pensar, reconocemos la ayuda que a la distancia de dos 2 siglos nos puede agregar. De nuevo, expresa en sus palabras posibles contenidos de pensamiento que debemos aprender a escuchar (un forma elíptica de referir a su lectura o estudio). Había épocas en que era considerado conveniente, no solo leer los textos en voz alta, además de tomar las notas que que nos ayudarían a recordar lo que despertaba la atención en su momento, ya que después eran relocalizadas a una memoria latente , no consciente.

Advirtamos, como una mínima cuestión de contexto, que Schopenhauer es considerado uno de los más brillantes pensadores del siglo XIX y de más influencia en el siglo XX, siendo el máximo representante del pesimismo filosófico, adversario del idealismo hegeliano propone un “pensar hasta el fondo” la filosofía de Kant, y se inspiran en cosas de Platón y Spinoza, y como casi podríamos decir un postidealismo o idealismo trascendental y que acerca las alternativas no tan pesimistas de la filosofía oriental. Muerto el héroe filosófico de la época, Hegel, al casi final de su vida su obra empieza a ser más leído y reconocido. De su lectura cabe dar cuenta de una potente inteligencia que al menos a algunos nos asombra.

Si nos escuchamos poder pensar que el intelecto es lo secundario, lo posterior en el organismo que es un sapiens (un volumen de espacio-tiempo aludirá más tarde Schrödinger), por éste condicionado. La voluntad, por el contrario, es lo primario del organismo, aquello por lo que luego el pensamiento se condiciona. Pura voluntad de persistir en su ser sustancial en el mundo, ya adelantada por Spinoza pero ahora expuesta como fuerza natural, como un radical del alma lo dice, como una raíz que permite lo otro.

Resuenan las metáforas propias de cada posibilidad de expresar con lo arbitrario de las palabras, contenidos bulliciosos de pensamiento. Lo bullicioso proviene, decimos (y cuando decimos no lo arrogamos como valor de verdad, sino como resultado dicho en palabras, algo de lo que se deriva de nuestros contenidos propios de la consciencia que nos aporta el pensamiento en el contexto en el cual nos estamos expresando) de la enorme actividad de intercambio de energías físico químicas, entre cada una de las partes de nuestro organismo. Este organismo se constituyó, como lo revisamos en capítulos anteriores desde formaciones específicas que en el transcurso de las transformaciones entre las infinitas posibles dieron lugar a los cuasicristales, que como ADN, admiten la reproducción de los organismos, sus modos de existencia concreta y el fenómeno que luego se bautizará como Vida, en este planeta al menos. Si a la luz de la posibilidad de las ciencias hoy, no disponibles ni para Spinoza, ni para Schopenhauer, ni para Nietzsche ni para Freud en sus momentos, hoy atrevemos una conjetura más cerca de las leyes que rigen el cosmos que entendemos conocer, es nada más porque la ciencia aporta nuevas posibilidades, que antes claramente no estaban disponibles. De nuevo, el hombre es anterior a las ciencias. Por lo tanto nuestro paradigma nos permite hoy adicionar a las formas de expresar la misma humanidad con criterios algo más ampliados. Por eso decimos, decimos.

Solo haberlo nombrado a Schopenhauer, y con solo una preliminar irrupción de su concepto de la voluntad, no solo reencontramos la anterior mención a los cuestiones de Spinoza, también preliminares, sino que además nos abre vías de articulación con lo que intentamos decir hoy cuando decimos. Casi una primera correlación entre sapiens en su devenir.

Una última observación antes de pasar a Nietzsche, nos enteramos desde lo profundo de la historia occidental, que algunos ante la fuerza superior, que Schopenhauer nombra voluntad, y ante la intuición de algo que prevalece en la constitución humana ignorando cualquier grado de conocimiento imposible para su época, inventaron el concepto de Dios, no en minúscula como hizo Aristóteles, sino con mayúscula y ortorgándole a la palabra y su representación una fuerza divina que los míticos asignaban a sus héroes imaginarios. Que luego essa palabra en mayúscula se impusiera de alguna mística manera, y con el poder de la imposición hiciera lo que hizo, es otra historia que seguramente retomaremos en otros capítulos, aunque no estuvieran sino nombrando la misma voluntad schopenhauriana, desde la ignorancia y cierta inconsciente cuenta de la prevalencia de la Naturaleza.

Nietzsche

Hemos expuesto muchas cosas acerca de Nietzsche en este lugar. Agregaremos ahora alguna nueva consideración, desearíamos intempestiva, en función de la escucha de algunas partes de su obra que se convienen con lo aquí, en este capítulo, planteado. No dejó de reconocer en su juventud Friedrich que Schopenhauer fue uno de sus “maestros” cuando aún oscilaba desde la filología hacia cierta independencia filosófica.

Sobre La voluntad de poder.

Todos los grandes temas de la filosofía de Nietzsche, el nihilismo, la crítica de la metafísica, la religión y la moral, la doctrina del Eterno Retorno y la Transmutación de los Valores, se dan cita en esta gran obra, cuyo nudo argumenta! lo constituye precisamente el estudio de la Voluntad de Poder. En el el libro III «Fundamentos de una nueva valoración», apunta en un doble sentido. En primer lugar nos proporciona una aproximación al concepto de Voluntad
de Poder: es el principio a partir del cual se determinan los valores. En segundo lugar sugiere la necesidad de una nueva valoración, ya que… un fantasma recorre Europa: el nihilismo.

La gran noticia se propaga: Dios ha muerto, y con él todo el reino de los valores suprasensibles, de las normas y de los fines que hasta ahora habían regido la existencia humana. Ya no es posible continuar engañándose con el espejismo de la trascendencia. La idea de otro mundo superior al nuestro, donde reinan desde siempre y para siempre el Bien, la Verdad y la Justicia, se nos revela como la falsa proyección de nuestros deseos en un más allá inexistente. No hay nada que
ver detrás del telón: ese mundo ajeno al cambio, a la muerte, al dolor y a la mentira no es otra cosa que la pura nada, un ideal vacío, una mentira piadosa que hemos confeccionado invirtiendo los caracteres de nuestro mundo real que estimamos indigno de ser vivido por sí mismo. Y «ahora que se hace claro el mezquino origen de estos valores, nos parece que el universo se desvaloriza, “pierde su sentido”…»
(el nihilismo).

Son solo dos párrafos de la insistente obra de Nietzsche, primero consigo mismo y a partir de su sensación y posterior inteligencia su interpretación en nombre propio de lo que hace frente en el humano que lo rodea. Son párrafos póstumos, y retornemos por un momento a otros de su juventud, todavía en Basilea. Sobre Verdad y Mentira en Sentido extramoral:

En un apartado rincón del universo donde brillan innumerables sistemas solares,
hubo una vez un astro en el que unos animales inteligentes descubrieron el conocimiento. Fue el minuto más engreído y engañoso de la «historia universal», aunque, a fin de cuentas, no dejó de ser un minuto. Tras un breve respiro de la naturaleza, aquel astro se heló y los animales inteligentes hubieron de morir.
Aunque alguien hubiera ideado una fábula así, no habría ilustrado suficientemente el estado tan sombrío, lamentable y efímero en que se encuentra el intelecto humano dentro del conjunto de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existió, y cuando desaparezca, no habrá ocurrido nada, puesto que ese intelecto no tiene ninguna misión que vaya más allá de la vida humana”.

Otro párrafo:

Sólo mediante el olvido puede el hombre llegar a pensar alguna vez que posee una verdad en el sentido que acabo de reseñar (Estas convenciones linguísticas productos del conocimiento y sentido de la verdad que se proponen) . A menos que se contente con meras tautologías, esto es, con cascaras vacías de contenido, estará constantemente tomando ilusiones por verdades. ¿Qué es una palabra? La transcripción en sonidos de una excitación nerviosa. Ahora bien, deducir d e una excitación nerviosa que existe fuera de nosotros una causa de la misma supone ya una utilización abusiva e injustificada del principio de razón. Si en el origen del lenguaje la verdad fuera el único factor determinante y la certeza el criterio definitivo para designar todas las cosas, ¿de qué manera podríamos, entonces, decir con propiedad que «la piedra es dura», como si captáramos lo «duro» de una forma distinta a la mera excitación subjetiva?

Volvemos:

Nos aparece al escucharlo a Friedrich, que ya desde un comienzo de su obra disponía de los conceptos que después refinaría, ampliaría y profundizaría hasta donde pocos han llegado. Para el objeto de esta parte es como reencontrar con la afirmación que la vida está antes del pensamiento, que nos fue dotado a los sapiens.

Una aproximación al concepto de Voluntad de Poder: es el principio a partir del cual se determinan los valores. Nos encontramos así con dos formas de negación de la vida aparentemente opuestas, pero rigurosamente complementarias: el nihilismo pesimista y el «optimismo» metafísico del Idealismo. La primera es tan solo la consecuencia lógica de la segunda que contiene ya, en sí misma, el germen del nihilismo, pues el fundamento de sus valores no es otra cosa que la pura nada, el niliil. Constituye así un nihilismo inconsciente que ignora su propia mentira como tal mentira. Cuando esta mentira se desvela a la conciencia, irrumpe el nihilism queo propiamente dicho. Pero, en definitiva, la historia de la humanidad desde Platón y el cristianismo hasta… ¿cuándo?, es siempre la historia de un «tedium vitae» cada vez más pronunciado.

Podemos llegar a entender, más propiamente de estas consideraciones, si intempestivas, de Nietzsche que la secuencia que viene desde Spinoza y continúa con Schopenhauer se va refinando. Si la vida que es lo primario y que dispone de la voluntad que es la de la naturaleza, luego permite contenidos de pensamiento y estos idealizan ilusoriamente (inconscientemente lo nombre Friedrich) se prevalencia, el mundo humano parece haber entendido las cosas al revés, y actuado en consecuencia proponiendo valores que nos eran, por simple cuestión de principios cronológicos, y para eso no quedaba más opción que la imposición convencional de sus valores apodípticos, Entendemos con eso que la Voluntad de Poder nietzscheana como un retorno a la determinación de valores que provengan de la tierra, de la vida misma, no de la infinidad de metáforas que los pensamientos imaginativos promovieron desde la simple ignorancia de su propia condición y posibilidad. Y así nos va…..

Nietzsche va completando el círculo al que el auto engaño del entendimiento, y las las ciencias naturales estaban en su modo de concepción dentro del mismo. Harán falta Freud y Schrödinger, para sacarlas de ese lugar. Schrödinger en cuanto a la apertura de la complejidad del fenómeno de la vida para la física moderna y brindando, desde su humildad de físico (nobel) ingenuo la opción de empezar a entenderla como hecho de la naturaleza. Freud, antes y con cierta intuición de los que luego podrá validarse en los laboratorios de los científicos, el más importante en cuanto a desvelar los modos en los que los pensamientos son gobernados por otras instancias de la que denomina la constitución anímica, y que para nada tendrán que ver con las fantasías que anticipaban Schopenhauer y Nietzsche.

Sigmund

Sigmund Freud fue un descubridor, como antes Galileo y Darwin, que descentralizan la ilusión anticipada con Nietzsche del hombre sapiens ombligo del mundo. Galileo demuestra que este planeta Tierra no es el centro de Universo, Darwin que la criatura hombre no es ni divina ni la suprema creación, sino solo un escalón más en la evolución de una especie orgánica en las condiciones en que el fenómeno de la vida se presentó en el contexto de la Naturaleza, Freud agregará algo así como que no somos dueños de nuestras motivaciones y obramos en función de designios ignorados. Este último es uno de los puntos más resistidos del psicoanálisis que Freud funda), por cuanto se inscribe contra toda evidencia inmediata y pone en cuestión las motivaciones yoicoconciencialistas de raíz ilusoria. (Agradecemos a Roberto Harari , el neologismo resume inteligentemente hacia lo que señala el camino)

Sigmund se gradúa en neurología, lo que nos va indicando que su trayecto que si bien parte de los paradigmas científicos de su época donde la física era el modelo más reconocido, y desde el que va transitando arduamente, y desde su experiencia clínica, hasta verse obligado a apartarse de la incapacidad de explicar con esos paradigmas las cuestiones del hombre, tal como el iba conociendo no solo en los hospitales, universidades su consultorio, sino y sobre todo en sí mismo. El se constituyó en su propio laboratorio, y los resultados de su entendimiento e interpretación de ese entendimiento derivaron en su obra y pretensión nunca acabada de fundar al psicoanálisis como ciencia, del tipo de las que él había partido.

No vamos a repetir cuestiones ya expuestas pero que ayudarían en este caso a detallar un poco más el sendero por que transitamos:

( https://cuestionesfilosoficas.com/2017/04/22/la-cuestion-de-pensar/ )

Freud si bien intenta apelar a un modelo científico acerca de sus apercepciones después de una pasantía en el Hôpital de la Salpêtrièr con Charcot, su pretensión esbozada en su Proyecto de una psicología para neurólogos, lo abandona y nunca se publica sino póstumamente, aunque debemos entender que claramente le queda la experiencia de haberlo masticado, pensado a su manera, escrito, revisado,

El tratado fue escrito en 1895, antes de la identificación de lo inconsciente en tanto tal aun insinuado de otras formas, y entre idas y vueltas que muestran un esfuerzo importante en mantener irrefutables sus inferencias, que se documentan en la correspondencia y encuentros mantenidos con Wilhelm Fliess termina encajonando su tratado, hasta que 50 años después es publicado. En algún momento le escribe a Fliess: <<trataba de encontrar el núcleo de la defensa pero hallé que eso me llevaba a explicar algo que pertenece al núcleo de la naturaleza.>>.

El nuevo y descubierto por Freud fue el concepto, en cuanto posibilidad de modo no digamos de pensamiento sino de cierta fenomenalidad, del inconciente (hay una convención ortográfica de validar como iguales las palabras escritas inconsciente e inconciente, como sus opuestos consciente e conciente). Uno de su párrafos en una de su inmensa obra expresa en palabras posibles: “Son abundatísimas las fantasías inconcientes que tienen que permanecer tales a causa de su contenido y por provenir de material reprimido. Una mayor profundización en los caracteres de estas fantasías diurnas nos enseña que con todo derecho conviene a estas formaciones
el mismo nombre que llevan nuestras producciones mentales nocturnas: el nombre de sueños. Tienen en común con los sueños nocturnos una parte esencial de sus propiedades; su estudio habría podido abrirnos, en verdad, el más directo y mejor acceso para la inteligencia de estos. Como los sueños, ellas son cumplimientos de deseo”.

Si bien traído desde lo profundo de la filosofía, desde El Banquete de Platón, como ejemplo muy preliminar, nunca se estatuyó la palabra deseo como radical inconsciente. Antes de Freud no existía la palabra inconsciente como algo reprimido. En todo el caso se la usaba como olvidados o carente de ser pensado, casi como la voluntad schopenauriana. El deseo ignorado, con cualquiera de la procedencias que que se pretenderla asignarle, es el freudiano. Antes se lo nombraba como la pasión spinozista como afecto puesto en imaginación del alma,

El deseo es el movimiento de algo que va hacia lo otro como hacia lo que le falta a sí mismo. Eso quiere decir que lo otro está presente en quien desea y lo está en forma de ausencia. Quien desea ya tiene lo que le falta, de otro modo no lo desearía, y no lo
tiene, no lo conoce, puesto que de otro modo tampoco lo desearía… Lo esencial del deseo estriba en esta estructura que combina la presencia y la ausencia. La combinación no es accidental: existe el deseo en la medida en que lo presente está ausente a sí mismo o lo ausente presente.”
Lyotard ¿Por qué filosofar ?. 1989.

Ninguno antes, y muchos después de Freud, dieron cuenta de la supremacía inconciente de la sujetación de lo que llamamos pensar. El hombre ya no debería creerse que es lo que creía que era, dueño del universo y de la naturaleza.

En términos bruscos, el hombre no es dueño de nada más que su corta vida, que bien haría en sentirse humilde frente a lo que realmente se la posibilita y entendiéndola a su mejor modo posible, no solo disfrutarla sino además entenderse en la infinitud de su volumen espacio-temporal, y es quizá una expresión de deseo que así como no pueden eludir la legalidad de la Naturaleza que los admite como seres vivos, de la especie sapiens, tampoco eludan la cautela necesaria y respeto que se merecen cualquieras otros modos que el contexto que les rodea, creados por la misma físico-química que a cada cosa o quién se trate, porque tienen el mismo origen. Lo orgánico es efímero, y en cuanto efímero, a un sapiens que dé cuenta de ello que en lugar de fantasiar poderes que no le son otorgados por su condición, alegren su corto tiempo y el de los otros que lo rodean. Ya volveremos con la cuestión de la alegría y la tristeza.

Hasta aquí hoy. Queda muchísimo por repensar.

110 Volviendo al presente. [2]

Parte 2: La cuestión de la vida

Vivir no es otra cosa que arder en preguntas”.

Es una de las frases de Antonin Artaud más hermosas. Asocia en ella la vida y la esencial ignorancia que la define.

Vivir, como ser, como pensar,como conocer, son de esas palabras que desde la misma palabra de entrada tiene múltiples sentidos y parece claro que cada hablante imprimirá su sello u otro regalado en su significación y contenido de pensamiento. Artaud, como tantos maestros que adoptamos, dirige a una atención, y como tipo inteligente que reconocemos habrá que capturar su señal y tenerla en cuenta, dar cuenta como de todas que alguna clase de memoria nos permita. (No deberíamos ya insistir pero entendemos hay varias clases de memoria, no solo la recordada en forma consciente)

Nos leemos como más lineales aquí y ahora que Antonin, en que nos motiva llegar a la quizá misma apertura lograda por él, con un camino intermedio que reúna no solo el resultado reconocido sino también el entendimiento que lo permita, desde la propia causa prima del universo que lo precede. Con eso nos reencauzamos con lo anterior: la cuestión de la vida, expresada en el asunto Volver al Presente. Al menos como una intempestividad.

Hace falta desprenderse al menos un espacio-tiempo que solo atiende a lo cotidiano y singular del quien desde su lugar piensa o habla. No es fácil, ni difícil, es cuestión de permiso de cada uno con uno mismo, y quizá nos lo estamos diciendo.

Quedamos en asunto desde la humildad de muchos y en lo que nos enfoca de algunos físicos: Los cristales aperiódicos, en contraparte de los llamados periódicos, son objetos complicados e interesantes y constituyen una de las más complejas y fascinantes estructuras materiales que confunden su comprensión de la naturaleza.

Erwin Schrodinger en 1944 fue bien humilde, porque como en otros casos que ya mencionamos (por ejemplo Sigmund Freud, Proyecto de una neurología para neurólogos). Freud mismo admitía que avendrían técnicas imposibles en su momento pero acertó en cuanto suponía no cambiarían los resultados especulativos de su teoría . https://wordpress.com/block-editor/post/cuestionesfilosoficas.com/1504

Los Cuasicristales: Nueva joya de la corona en la Academia Sueca: Daniel Shechtman (Instituto Technion, Haifa, Israel) su descubrimiento, efectuado el 8 de abril de 1982 dice:

“Estaba analizando una aleación de aluminio y manganeso a través de un microscopio electrónico cuando sucedió algo muy extraño e imprevisto. El patrón de difracción mostraba diez puntos brillantes, igualmente espaciados del centro y entre sí. Los conté y repetí la cuenta otra vez, diciéndome: ¡este bicho no existe! . Entonces salí al pasillo para compartirlo, pero ahí no había nadie. ( Daniel Shechtman , 1984). Había encontrado por primera vez un cristal aperiódico.

Casi treinta años después del hallazgo y la polémica subsiguiente, la academia sueca decidió conceder a Shechtman el premio Nobel precisamente en Química, luego de notables oposiciones a su hallazgo. También en las ciencias hay un letargo agónico.

En 1944, con las primeras aproximaciones entre la ciencias e incipiente filosofía Schrödinger el ADN aún no se aceptaba como portador de información hereditaria, como sucedió después del Experimento de Hershey – Chase de 1952. Una de las ramas más exitosas de la física en este momento era la física estadística y la mecánica cuántica, una teoría que también es muy estadística en su naturaleza. El propio Schrödinger es uno de los padres fundadores de la mecánica cuántica. Debemos destacar que la reproducción y herencia, son dos características inapelables del fenómeno vida, y como se explica hay algo de estadística y azar en él..

Schrödinger introdujo la idea de un “cristal aperiódico” que contenía información genética en su configuración de enlaces químicos covalentes. En la década de 1950, esta idea estimuló el entusiasmo por descubrir la molécula genética. Aunque la existencia de alguna forma de información hereditaria se había planteado como hipótesis desde 1869, su papel en la reproducción y su forma helicoidal aún no se conocían en el momento de la conferencia de Schrödinger. En retrospectiva, el cristal aperiódico de Schrödinger puede verse como una predicción teórica bien razonada de lo que los biólogos debieron haber estado buscando durante su investigación del material genético.

En un mundo gobernado por la segunda ley de la termodinámica, se espera que todos los sistemas aislados se aproximen a un estado de máximo desorden. Dado que la vida se acerca y mantiene un estado altamente ordenado, algunos argumentan que esto parece violar la segunda ley mencionada, lo que implica en principio una paradoja. Sin embargo, dado que la biosfera no es un sistema aislado, no hay tal paradoja. El aumento de orden dentro de un organismo está más que saldado por un aumento del desorden fuera del mismo por la pérdida de calor en el ambiente (termodinámica). Por este mecanismo, la segunda ley se cumple y la vida mantiene un estado altamente ordenado, que sostiene al provocar un aumento neto del desorden en el Universo. Para aumentar la complejidad en la Tierra, como lo hace la vida, se necesita energía libre y, en este caso, la proporciona el Sol en nuestro planeta. La cuestión de la vida, a nivel molecular requiere un orden, que de acuerdo a las leyes de la naturaleza, se compensa con un desorden externo, que como infinito o casi, no altera el sistema aislado la del nivel cósmico, que ya en sí se está desordenando en sí mismo, permanentemente.

Tendremos que ver al menos algo, de lo que conviene entender de lo que se conceptualiza por cristal aperiódico, su estabilidad y algo de su química, para llegar a aproximarnos a los posibles mecanismos de su reproductibilidad y herencia.

El Cristal de la vida. ADN

F

Fue un trabajo inteligente que asombró al mundo científico. Además en este caso resultaba evidente la importancia de la cristalografía, puesto que ninguna molécula mejor que el ADN para explicar la relación entre estructura y función. Se puedo entender lo que los propios autores del trabajo concluían, que “el apareamiento específico que hemos postulado sugiere inmediatamente un posible mecanismo de copia del material genético”. Había una relación clara entre las estructuras de las macromoléculas biológicas y la función que realizaban en el organismo. Era una nueva ciencia: la biología estructural. Curioso y compatible entre Física, Química y Biología.

Es claro que no podemos ahora desarrollar toda la teoría y justificaciones experimentales propia de esa Ciencias, que atienden al fundamento de las leyes fisicoquímicas que permiten a la comprensión de los expertos en el tema no solo acerca de la estabilidad y la reproductibilidad de la estructura cuasicristalina, sino además las posibles alteraciones que se posibilitan con algún grado de probabilidad. Y volvemos a Schrödinger.

Se puede en principio concluir que un organismo, y todos los procesos biológicos importantes que experimente, deben tener una estructura marcadamente «multi-atómica» y tienen que ser protegidos de los acontecimientos «monoatómicos» aleatorios que pudieran alcanzar una importancia excesiva. Esto, según el «físico ingenuo», en los procesos fisiológicos particulares que observamos, ya sea en el interior de la célula o en la relación de esta con el ambiente, deberían abarcar cantidades tan enormes de átomos y procesos atómicos individuales que respetarían todas las leyes físicas y fisicoquímicas importantes, incluso teniendo en cuenta las estrictas exigencias de la Física estadística por lo que afecta a los grandes números.

Hoy en día sabemos que esta opinión habría sido errónea. Como veremos en breve, grupos increíblemente pequeños de átomos, excesivamente reducidos para atenerse a las leyes estadísticas, desempeñan de hecho un papel dominante en los ordenados y metódicos acontecimientos que tienen lugar dentro de un organismo vivo. Controlan las particularidades macroscópicas observables que el organismo adquiere en el curso de su desarrollo. Determinan importantes características de su funcionamiento, y en todo esto se manifiestan leyes
biológicas muy definidas y exactas. Usemos por un momento el termino esquema de un organismo en el sentido en que el biólogo lo haría al decir el esquema en cuatro dimensiones, refiriéndose no solo a la estructura y funcionamiento de ese organismo en el estado adulto, o en cualquier otra fase particular, sino al conjunto de su desarrollo ontogénico, desde el huevo fertilizado al estado de madurez, cuando el organismo empieza a reproducirse.

Este esquema en cuatro dimensiones (3 espaciales más el tiempo) está determinado en la estructura de esa célula única que es el huevo fertilizado. Ademas se conoce que esta determinado esencialmente por solo una parte de esta célula, su núcleo. Este núcleo, en el «estado de reposo» normal, aparece, por regla general, como una masa de cromatina [Que se colorea frente a determinados agentes]. Pero, en los procesos de división celular, de importancia vital (denominados mitosis y meiosis), se observa que esta constituido por un conjunto de partículas, en general con forma de fibras o bastones, llamados cromosomas. dos conjuntos o dotaciones, para usar la expresión tal como lo hacen los biólogos. Ya que, aunque los cromosomas individuales son a veces claramente diferenciables por tamaño y forma, existen dos conjuntos que son prácticamente idénticos. Un conjunto proviene de la madre (óvulo) y el otro del padre (espermatozoide fertilizador). Son estos cromosomas, o probablemente solo una fibra axial de lo que vemos bajo el microscopio como cromosoma, los que contienen en alguna forma de clave o texto cifrado el esquema completo de todo el desarrollo futuro del individuo y de su funcionamiento en estado maduro. Cada dotación completa de cromosomas contiene toda la clave; de este modo, por regla general son dos copias de esta las que encontramos en el huevo fertilizado, el cual constituye el primer estadio del individuo futuro.

Al decir que la estructura de las fibras de los cromosomas son un texto cifrado queremos significar que la inteligencia absoluta, imaginada por Laplace, para la que cualquier relación causal sería evidente, podría averiguar, partiendo de su estructura, si de un huevo, bajo determinadas condiciones, se desarrollaría un gallo negro o una gallina de diferentes colores, una mosca o una planta de maíz, un rododendro, un escarabajo, un ratón, o una mujer. A esto podríamos añadir que el aspecto de las distintas células-huevo es muy similar; y que, aun cuando no lo sea, como en el caso de los gigantescos, en comparación, huevos de reptiles y aves, la diferencia no radica en las estructuras importantes, sino en la cantidad de material nutritivo que se añade en estos casos por razones obvias.

Pero el termino clave, o texto cifrado, es demasiado limitado. Las estructuras
cromosómicas son al mismo tiempo los instrumentos que realizan el desarrollo que ellos mismos pronostican. Representan tanto el texto legal como el poder ejecutivo; para usar otra comparación, son a la vez los planos del arquitecto y la mano de obra del constructor.

Entre todas las especies vivas, y en particular el hombre, las leyes de estabilidad y herencia son las mismas. La habilidad de los cromosomas de diferencias unos de otros son mínimas modificaciones de las elipses del ADN, que en cuanto a sus propiedades químicas, intercambian aleatoriamente los electrones de los enlaces covalentes que los constituyen y pueden entonces dar lugar a variaciones no previstas en el esquema original que se reproduce.

Nuestra conclusión, preliminar y parcial, hasta el momento es que nada regula que la herencia lleve a una regularidad inexorable. De hecho, las mismas interacciones atómicas que pueden azarosamente determinar la constitución de los cromosomas aún in lo infinitesimal de un enlace químico, es lo que se observa astronómicamente acerca del cosmos. Todas las casi infinitas posibilidades se observan, y no hay día que no se sorprendan con otras desconocidas.

El pensamiento, dotación genética de la especie homo sapiens y sus derivaciones, no tiene un código uniformemente pre-establecido. Es libre desde la propia físico-química que lo produce, por lo tanto nos decimos, que es otra la cuestión de su pretendida sujetación a patrones que lo encapsulen en formas que no le son propias.

Esto es largo, por lo tanto ha de seguir.

108 Volviendo al presente. Introducción

Introducción

El gran aventurero de estos tiempos es el padre de familia que hará todo lo que las fuerzas le dén para salvaguardar a su familia de todos los infinitos riesgos que el mundo le presenta. Por más peyorativamente que la sociedad del statu quo lo nombre.

Quizá un poco cansados de lo peyorativo, herencia agónica de la dialéctica entre los hombres, donde alguien se impone, por unas u otras formas, del resto, contando de cierta supuesta autoridad de ese “poder”, que su tiempo presente otorga.

Uno no ama a un pueblo sino a los solamente amigos. Y eso es bravo. Aunque se repita casi el infinito de la historia del hombre. El hombre libre es el que no acepta ningún tipo de coacción, nada que obstaculice su posibilidad de pensamiento en nombre propio. El parrieastés es el que solo necesita decir la verdad de la forma que fuera, por fuera de toda forma de sujeción y coactiva. Entre amantes y necesitados de verdad, suceden demasiadas cosas en el mundo, que es humano.

La idea kantiana de humanidad es la única que nos puede sacar de la de la raza, única garantía de que los racismos dejen de existir, uno de tantos peligros de ese mundo. Que al ocurrir en existencia matan a la gente por simple idealismo, que no es sino pura ilusión.

No podemos no pensar, desde el momento en que nacimos. Y las cuestiones entre los hombres son el objeto desde siempre luego de entendido el logos y los comienzos de la filosofía.

Con cierto conocimiento de la historia daremos cuenta de lo grande, lo glorioso, lo bárbaro, lo cruel, y lo más bajo del hombre. Y entendemos que ninguno de sus modos puedan ser independientes del pensamiento. Se siente y se piensa, cuerpo y alma, que no pueden estar disociadas ya que residen en el mismo único volumen en medio de otro enorme que lo rodea. Es el mundo que hace frente. Mundo pequeño dentro de un cosmos.

Sentimos y pensamos el sentimiento, ese afecto que efectúa, de muchas maneras. a partir de las causas que lo provocan. Y partimos del a priori de la única, singular, e insoslayable propia experiencia. Nos lo decimos quizá no de una primera vez, lo que la infinitud de modos de pensar y actuar del hombre, no en general, si en singular o en formas de agenciamientos en grupos de ellos, que asombran desde desde la admiración hasta el espanto.

El espanto de las miserias provocadas por el hombre lobo sobre otros hombres más mansos y obedientes, aún las leyes que hayan establecido entre ellos, nos asoma a una desobediencia de esas mismas leyes propuestas desde la inteligencia de la convivencia de sociedades conglomeradas donde sin ellas todo sería permisible. Aún colectivamente establecidas esas legalidades, hay demasiados que las ignoran, o peor aún, conociéndolas no las acatan, en perjuicio del resto, sin límites ni respeto a lo más elemental, que es la propia vida. Se matan muchos seres vivos, entre otros al hombre mismo. Asombra que quienes no respetan la vida ajena, tampoco lo harán de la propia, simple especulación, juego de espejos.

El objeto de esta parte, o serie, que es Volviendo al Presente, es la clara idea que nada puede ser fuera de cierta legalidad fuerte, que por más desobediencia que la multiplicidad de modos de pensamiento permita a las leyes propias del hombre ser transgredidas sin condena alguna, hay otras más originales que ninguna construcción propia del propio pensamiento y sus efectuaciones, no son pasibles de desobediencia, nada más que por las que las preceden, y como efectuación ineludible de las mismas, es el cosmos y sus componentes, entre ellos las galaxias, entre ellas la Vía Láctea, denominación que proviene de la mitología griega, esa es, en efecto, la apariencia de la tenue banda de luz que atraviesa el firmamento terrestre. En esa galaxia está nuestro sistema solar, cuyo tercer planeta es la Tierra, de la que provenimos.

Es en la pura Tierra donde apreció la vida, tal como entendemos conocerla, y entre la multiplicidad de especies que el fenómeno admitió, solo una es el sapiens al que pertenecemos.

Nietzsche en su Sobre verdad y mentira en sentido extramoral inicia: “En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo”.

Nos preguntamos: ¿Porqué el pensamiento?. ¿De donde proviene?. ¿Como se produce?, y otras interrogaciones que puedan establecerse. Casi lo mismo que las sensaciones, de las que elegimos la de la voluntad. ¿Que es eso de la voluntad?. ¿Tiene que ver con la vida?. ¿Como se relaciona con el pensamiento?. ¿El pensamiento es algo de la vida?. Si bien anticipamos intuitivamente que si como respuesta a esas primarias preguntas, el el objeto de la serie ir abriendo caminos que aproximen a la paradoja de entender por solo voluntad de saber, mediante palabras pensadas, lo que son o pueden ser esos entes (pensamiento, sensación), en un medio cosmológico cuyas leyes serían inmutables, aunque los sapiens se crean el ombligo del mundo.

Y con el solo ánimo de ojalá no solo entender las penas de la vida humana, su instinto de agresión, sino mejor abrir a la posibilidad de que cada sapiens, por el hecho de haber nacido tal, pueda guiarse de acuerdo a esas leyes que lo posibilitaron, varios miles de millones de años antes y tal vez se alejara de su ilusión y permitiera una vida entre ética y estética, hasta que el sol se transforme en una estrella gigante que se trague la Tierra en unos mil millones de años.

107 Repensar una cosmología del pensamiento. [Final de la serie]

Final de la serie que nos remite desde lo más anterior hasta nuestro días ilegales

En nada piensa menos el hombre que en la muerte, su sabiduría consiste en reflexionar, no sobre la muerte, sino sobre la vida. Baruch Spinoza, IV, Prop. 67

En la cuestión de la vida, hay problemas fundamentales que oscilan entre la Biología y la Física.La cuestión se puede comenzar con una pregunta:

¿Como pueden la Física y la química dar cuenta de los fenómenos espacio-temporales que tienen su frontera espacial en un organismo vivo? (Entre los cuales el sapiens puede pensar)

La respuesta preliminar:

La evidente capacidad de la Física y Química actuales para tratar esos fenómenos no significa en absoluto que ello sea imposible.

Hoy en día, gracias al ingenioso trabajo realizado durante los últimos cien años por los biólogos, especialmente por los genetistas, se conoce lo suficiente acerca del la estructura material y del funcionamiento de los organismos para afirmar que, y ver exactamente por que la Física y la Química actuales no pueden explicar lo que sucede en el espacio y en el tiempo dentro de un organismo vivo.

Esta será la próxima serie, que adelantamos aquí. Sin duda hay una estrecha relación entre lo cosmológico y nuestra posibilidad de pensar. Siempre se cumplen las mismas leyes que rigen al cosmos, aunque así expresado sea a primera vista un imperativo, que se irá desarrollando luego, como se dijo.

En esta apenas llegamos a intentar la relación, y creemos que describimos los efectos finales de la cuestión objetivada, y como método, partiremos de ese efecto, para ir a encontrar las causas posibles que lo permitan.

Por eso finalizamos esta serie con los efectos que el pensamiento produce a nivel de cada uno de nosotros, independientemente de la físico química cosmológica que lo determina. De todas maneras, una lleva a la otra, y la consecuencia es la misma, pensar en el hombre y sus sociedades, está bastante determinado por el interés filosófico, ya no solo desde lo propio de la capacidad, sino por los mecanismos determinados por la gregariedad y sus dispositivos.

Dios ya no es el sujeto de enunciación como fundamento. Las cosas ya no serán las cosas lo que son sino lo que el hombre racionaliza, proyecta o ilusiona acerca de ellas. Hay una mediación paradigmática con las cosas en sí. Habremos de proseguir con esto. Las ciencias humanas van demostrando que el sujeto es en sí mismo una construcción. Hay complejidades, queda claro y la pretensión es seguir avanzando en su de-construcción.

Hablamos a lectores, entonces los huecos serán completados con las únicas propias interpretaciones en nombre propio. Damos un salto al final de la serie con un otro pensador, que como siempre decimos, nos ayuda a pensar, desde sus decires o escritos, para que ayude a abrir caminos de pensamiento. Uno no es sino es mucha s cosas.

Final de la serie. Ley del hombre que ya no existe.

Algo que el homo sapiens ha errado.

Michael Foucault, más allá de lo cosmológico a la interpretación vigente del mundo que hace frente.

Extendemos el camino, de los anteriores Kurzweill, Sarte, Freud y Lacan, persistiremos en quizá el último filósofo que pueda nombrarse como tal, aun cuando él mismo, no se nombrara como tal lo que ya señala la actitud ética que esperaríamos de cualquier ser pensante. Y recordamos, la ética es la estétic de la existencia.

Hay acontecimientos verdaderos cuyo actor es el hombre. Pero la palabra hombre no debe alertar fáciles entusiasmos. Ni la esencia ni los fines de la historia dependen de la presencia de este personaje, sino de la óptica elegida; la historia es lo que es, no como consecuencia de una esencia humana desconocida, sino por haber optado por un determinado modo de conocimiento. 0 bien consideramos los hechos como individualidades, o bien como fenómenos detrás de los cuales habrá que buscar un invariante oculto. El imán atrae al hierro; los volcanes entran en erupción: hecho físico en los que algo se repite. La erupción del Vesubio en 79: hecho físico tratado como acontecimiento. Si nos atenernos a su carácter repetible, lo estamos considerando solamente como pretexto para descubrir una ley.

Dice Foucault, la filosofía son textos.Es un lector, archivista, decidor. El piensa a través de sus lecturas y escritos, una propuesta desde su genio de lector empedernido y rata de bibliotecas. Su estilo mantiene distancia de casi todo, se coloca casi en la antípoda de Sartre, para quien la conciencia establece la fisura de la identidad, desdobla el movimiento de la consciencia. como algo que no se puede paralizar que rasga el ser-en-sí, es el efecto de esta fisura pura intención fenomenológica. Hay una inmediatez de lo inmediato en la consciencia, que la aparta de lo en sí mismo existencial. Foucault a cambio, no propone vidas, esconde la suya, mantiene distancia de su intimidad y de la conciencia sartriana o psicoanalítica. Su ambiente era la fenomenología y el marxismo (más de antes, dialéctico).

En Lacan lo que está escindido es el Sujeto, lo parte el deseo, y al decir de la tragedia de los griegos, no deseamos conscientemente, sino desde la voluntad inconsciente.

Expone Michael acerca de la alienación psíquica y social. Está loco. Nada tendría que ver sino con la sociedad que lo aliena, y recorre todo el proceso histórico que lo explica. Olvídense de toda otra hermenéutica por un rato, es fenomenológico. Solo trata de deshacerse de eso.

Con George Dumezil, su tutor en Upsala, comprende cosas. Descubre que en Upsala hay una biblioteca de 30.000 volúmenes de varias cosas de medicina, psiquiatría y biología. Allí inspira a su Historia de la Locura en la Época Clásica, su tesis de doctorado en 1960.

No es tomado en cuenta de inmediato, pero circula en ambientes no habituales a lo filosófico, sino más bien en los psiquiátricos.

Acerca de la Exclusión, es uno de sus primeros conceptos. Desde los Leprosarios en el medioevo al psicoanálisis en SXX, puede arrogarse de un cúmulo de procedimientos racionales, que analiza, que no niega, y deduce sino que para a razón sea tal, algo tiene que excluir, segregar, sino no puede abarcarlo todo en su inmediatez.

Descartes había ya suprimido a la locura.. Cuando hay una mutación en el pensamiento filosófico también la hay en lo cultural, decide Foucault. De Galileo a Descartes, por ejemplo, nace el hospital general, donde se depositan los vagabundos, alquimistas, prostitutas, locos. Solo deben a queda afuera los que trabajan y sirven para algo.

No verlos es el objetivo, encerrarlos, no existen por lo tanto. La expulsión de la locura descarnada se realiza con el hospital general.

Experiencia de la locura, consciencia, son vocablos fenomenológicos. Es el método por el cual se pueden desentrañar las cosas. La locura es un nombre más que se puede enunciar, pero aclara que sonido, palabra y nombre no es igual a la cosa. Y que se dice de muchas maneras., esquizofrenia, loco, paranoico, enfermo dela cabeza….. El nombre luego encuentra referentes en lo real.El nominalismo, ya es campo fuerzas en Foucault.

Vuelve a París, en 1968, y da clases en Vincennnes.

Desde el mayo del 68 Aparecen todas las corrientes: Althusser, Derrida, Lacan, etc. La consciencia sartriana ya no existe, la nueva ola de la camada de Foucault, lector y entendedor de Bertrand Rusell escribe, para inaugurar su cátedra en el College de France de “Historia de los sistemas de pensamiento” , el Orden del Discurso que cambió todo.

Como escribía sus libros, se preguntaba Rusell?. Inspiración, musa, rapto?. Él dice dice que los escribe con un procedimiento. Empieza con un renglón, lo que fuera. Una bola choca la negra, y va a otro lado, luego sigue el otro renglón. Hay homofonías que llevan de uno al otro. Pura superficie. Puro trabajo del artificio de la letra.

Arqueología del Saber. El nacimiento de la clínica.Salen desde la fenomenología. y la clínica. La mirada clínica, es una buena parte del Ser y la Nada, acerca de quien es otro. Alguien es otro que me puede juzgar, porque me mira, y eso no se puede soslayar. Es como el reconocimiento hegeliano. Sobre esto Foucault agrega que para que haya una mirada clínica, tiene que haber un espacio institucional que lo permita y avale.

1966. Las palabras a las cosas. Es ejemplar lo que hace, cómo se puede escribir en tan poco tiempo tantas cosas. Mucho material de archivo, centrados en 3 ejes: hablar, trabajar y vivir. Lingüística, economía y biología.

Los conceptos que introduce Foucault y van a formar parte de su idea como construir el mundo del pensamiento, exclusión y discontinuidad. Semejanzas, epistemes, luego de lo cartesiano, la representación, más adelante luego la modernidad S XVIII y XIX.

Las cosas no ocurren como ocurren ahora, ahora se redefinen las palabras y las cosas. Los acontecimientos, de entrada únicos y presentes, siempre tienen antecedentes que se diferencian en las palabras que se utilizan para relatarlo y tal vez determine alguna forma distinta de poderlos pesar.

Antes Naturaleza, ahora Vida. Se van a referir de un modo distinto. Antes que las formas, lo visibilizado, la athesis universal cartesiana, infinita en el sujeto de conocimiento, está toda la Naturaleza está organizada sistemáticamente. Unas pequeña diferencias hacen especies diferentes en organismos vivos. Y se los clasifica. La Historia Natural tiene su temporalidad, como casi todas las palabras y las cosas.

La evolución, concepto proveniente del darwinismo, es temporal. Pasa de representación a la modernidad. Lo que hace Foucault es mostrar las diferencias de paradigmas en cada una de las ramas que enfoca. dinámicas diferentes, del espacio y del tiempo.

De la gramática general a la filología lingüística, del análisis de las riquezas de los fisiócratas como Adam Smith a la economía política de David Ricardo y Karl Marx. Son cosas distintas señala Foucault, y le explica.

Foucault en cada época, presenta ejemplos de la representación, en cada época la vida, el trabajo y la biología se sirven de los misma episteme paradigma de su momento, una repetición del modo de construirse. Asombra como en pocos años, se piensa y habla de otro modo, otra semántica y sintaxis. Muestra el cambio discontinuidad y periodización de ella. Claro que dentro de cada períodos hay continuidad.

Filósofo que no habla de filósofos, ni de sus problemas típicos. Dice no me pregunten que hago, solo escribo para pensar. El hombre ha muerto, hay una estructura de pensamiento que deviene de la antropología filosófica, de la biología, etc… El hombre tiene sus dobles desde las distintas disciplinas que lo objetiven aunque siempre es el mismo hombre. Diría Aristóteles, al hombre se lo puede decir de múltiples maneras. Aborda entonces la cuestión del sujeto de conocimiento, siempre el mismo problema. Lo que no conoce ese sujeto es que él mismo ya está incluido, y en ese olvido no se termina la revuelta del conocimiento al que apela, se muerde la cola siempre. Duplicidades, callejones sin salida. Es el humanismo antropológico con el sujeto como centro: el Hombre, que se expulsa de su conceptualización del mundo y el resto de lo que lo rodea.

Humanismo desde lo humano. Lo nuevo, lo más postmoderno, apunta a que las cosas tienen más que ver con el signo, con la lingüística, desde Saussure y Jackobson en adelante, con el psicoanálisis sobre todo Lacaniano, con la antropología de Levi Strauss, aparece una nueva vertiente teórica que da por finalizada la figura del Hombre. Así, aun acusado de genocida, nazi, o tecnócrata por Sartre, igual se lo leyó y llega al mayo del 68,.

Ahí vuelve a París, como profesor en Vincennes y comienza nueva etapa, y luego de el College de France, recomendado por su tutor que ejerció hasta su muerte; Jean Hippolyte. El objeto del College es que el pueblo de París pueda tener contacto con sus lumbreras, hasta que se llene la sala.

En la ceremonia inicial de su trabajo allí, expone su charla la inaugural, que homenajea al muerto, y es el antes mencionado Orden del Discurso, 2 dic 1970.

Ahí Foucault da cuenta de lo que hizo y lo que va a ser, durante los 13 años subsiguientes. Todo publicado luego de su muerte (ya que el no lo permitía en vida). Historia de los sistemas de pensamiento, llama a su cátedra. Que ya es un oxímoron, ya que sistema implica un orden, mientras que la historia es dinámica ya que se va transformando, y el lo contradice en el mismo título, historia de los sistemas, que en sí ya es una oposición. Habla de los discursos, fue pionero en eso. Porqué hablar es peligroso?, se pregunta: porque es incrustante, luego tarta de explicar en que sentido y que se puede hacer para neutralizar ese habla oral peligroso, la que se lleva el viento, pero tiene ahora perdurabilidad en escritos, filmaciones, etc…. Hablar es aleatorio, azaroso, impredecible, no es del todo controlable, se puede ir a lados imprecisos. Para neutralizarlo lo primero es prohibirlo. No se puede decir todo y en cualquier momento y cualquier cosa, no todos están autorizados para decir.

Cuales son los que deben ser controlados? Sobre el sexo y la política, dice Foucault. Temas ultrasensibles por los cuatro costados que se los mire. Aparecen los dispositivos de censura. El discurso no habría que pensarlo como la expresión de algo que pasa en otro lugar, no de lucha de clases ni relación de dominación. El discurso es un botín de guerra. Se combate por él y se trata de que se lo apropie, para hacer de él algo apropiado (apropiado por otro y apropiado para ser emigtido y escuchado). Apropiarse de la lengua es apropiarse de como se nombran las cosas, es objeto de deseo y de poderel discurso en sí mismo.

La palabra se expandió snobísticamente para ser aplicada a lo que fuera, y se la mezcla a ca rato en los actuales relatos. Quien relata es ya un sujeto del combate. Quien lo impone impone a las cosas mismas. No expresa solo interés, es objeto de interés.

Otra forma de neutralización del discurso, de la Locura en la Época Clásica, la partición, la exclusión, silenciar, marginar, encerrar. Aquí la diferencia es la partición razón-locura.

La tercera y más curiosa, más incierta y compleja, es la oposición verdad falsedad. Que no son evidentes tal como se los asocia con el bien y el mal. Sin estos parámetros todo sería el mundo sería una Babel se explica. Nietzsche escribe La Genealogía de la Moral para entender como devienen estas fuerzas, el origen de esa partición. Va a decir Foucault, a la idea de verdad se le va a oponer la voluntad de verdad, de saber que no es lo mismo que la verdad como valor. Quién dice la verdad?, al modo nietzscheano, el profeta, el oráculo, los sacerdotes, había que tener una autoridad para poder hablar, históricamente hablando. Luego la verdad está en quién ejerce un poder. La idea se olvidó, se corrió. Platón expulsa al los sofistas y los artistas, por sus recursos de persuasión. Lo importante en el agonismo era ganar. Y parece que hoy día es casi lo mismo. Los sofistas enseñan como ganar con argumentos, el sujeto de la enunciación debe ejercer alguna clase de poder.

Se expulsa al sofista, luego la verdad no puede basarse en una opinión (al poeta y al sofista), con argumentos para sus conveniencias sino que solo fueran persuasuvos, si podía convenceer y seducir retóricamente, bastaba, con solo eso ganaban.

La verdad, el saber y el logos no pueden basarse en opiniones, Platón dice, no pueden basarse en opinión ni en arbitrariedad, sino en una verdad en-sí, garantizada por la abstracción y no de ideas de cualesquiera ciudadanos sino en la de un mundo de ideas, transparentes, como son los conceptos de la geometría.

El filósofo debe instruirse en este tipo de abstracciones que le van a dar el saber de las cosas tal como son, y el orden del mundo tal como es, y que no dependan del parecer de nadie, y que no dependan del poder y la opinión arbitrarias de alguien. Solo se dependerá de la consistencia y coherencia del enunciado, Aristóteles.

Saber y poder estaban separados, entonces e Grecia

La voluntad de verdad restituye lo que los dispositivos de censura borran. Detrás del discurso verdadero hay una política, una estrategia de ocultamiento, separación y exclusión de la misma.

La voluntad de verdad es una poderosa maquinaria con capacidad de excluir a los que la niegan. Aquellos que entran en esta vara que destacan esa voluntad son Nietzsche, Antonella Artaud y George Bataille, el burlado Sartre.

Ojo con la indiferencia de los intelectuales que no hablan(ban) de lo que pasa. Parecía que no tenían nada que ver de lo que pasaba, denunciado por Sartre. Luego Klossowski, Bataille y el mismo Foucault.

Prohibición, exclusión y voluntad de verdad, son 3 mecanismos que neutralizan el peligro del discurso azaroso. Pero son mecanismos externos al discurso. Acá entra Foucault en cómo neutralizar estos mecanismo externos para volverlos a los internos del propio discurso; El comentario, la función del autor, y la disciplina.

Que es una obra original?, una obra fundante, Ej, La Divina comedia, La Ilíada, Shakespeare, los diálogos de Platón. Hay que soportar cientos años de comentarios que restituyan a la repetición de una neutralidad. Nos devuelve a la obra original, salvo como en Borges que comenta obras que no existen. Ahí el comentario es la propia obra del autor.

La función del autor es de unificación, de identidad y agrupamiento, a la propia manera de quien escribe.

Michael Foucault es uno de los filósofos autores, con Historia de la Locura, Las palabras y las cosas y La Arqueología del Saber, puede borrarse el nombre del autor, distintas obras, pero la unificación en el autor que los hace coherentes.

La disciplina crea nuevos enunciados, no restituye originales. No se guía vos lo verdadero o falso, sino por sentir o no sentir. Para hablar de verdadero o falso hay que estar en la verdad. Canghuilhem. Lo no verdadero ni no falso, son monstruos en un momento, aunque luego se restituyen como la genética de Mendelssohn, o Celine.

Para que algo sea falso debe ser del orden de lo institucional, que regula lo que les pertenece o no.

Foucault resume hay que restituir al discurso su materialidad (Orden del discurso), que tenga consistencia material, texto, opaco, denso, entre el pensamiento y la palabra no hay relación directa, la palabra, debe ser autorizada por una comunidad que lo permita. Hay algo que se puede hacer, una invitación al estudio filosófico. Brinda creatividad. Invitación a poder pensar con libertad, inventar, equivocarse o acertar. Luego de leer al el Antiedipo de Deleuze y Guattari, aquí estoy, diría Foucault.

104 Repensar una cosmología del pensamiento. [2]

Pensar desde la cosmología

Hay un fondo que es la vida que ocultamos, pero la vida no lo permite. Nuestra capacidad de saber y conocer supone dominio de dominar la vida, lo que es nada frente a la inquietud con la vida tal como es, que ignoramos exactamente, inquietantemente. Muestra esta impotencia la desvalidación en el lugar que efectivamente estamos. Los sabios se atrevieron a acceder a ese lugar. Todo parece una creencia, perdedora, para ser el uno mismo si se lo piensa, cosa que aún hay que aprender.

La cosmología de Baruch Spinoza estaba reducida al mínimo necesario para extender su ontología para demostrar geométricamente las cuestiones propias del Dasein de la época. Va decir cosas que reiteramos y nos obliga a una pregunta que entendemos central: ¿Porque las mayorías creen sin autocensura los que le es comunicado de cualquiera de los modos posibles, lo que es al final de las cosas lo que otorga pder al poder y sujeta a esos Daseins a obediencia debida al statu quo, como si no hubiera caminos éticos mas sustentables para casi todos. Y hay que ayudarse con le Ética para demostrar que no tiene, o tendría, para quien escale la escalero de los grados de conocimiento porque ser así. Sino lo contrario, diferente a la mera obediencia debida.

Partimos de cierta base cero (0) que hay un cosmos, del que ya se va conociendo al modo de las ciencias que lo tienen por objeto algo más cada día, que es y existe tal cual es desde el Bing Bang u origen que fuera. Miles de millones de años más o menos, que aún está en debate entre los astrónomos y físicos, ese cosmos nos precede y permite entre sus reglas que en un planeta ínfimo en una de las galaxias.

Una galaxia (del griego γάλα ‘leche’, que es como se las vé atisbando el cielo nocturno) es un conjunto de estrellas, nubes de gas, planetas, polvo cósmico, materia oscura y energía unidos gravitatoriamente en una estructura más o menos definida. La palabra «galaxia» procede de los griegos, los cuales atribuían el origen de la Vía Láctea a las gotas de leche derramadas en el universo por la diosa Hera mientras alimentaba al infante Hércules.​ La cantidad de estrellas que forman una galaxia es enorme y varía desde las galaxias enanas, con 100.000.000 de estrellas, hasta las galaxias gigantes, con 1.000.000.000.000.000 de estrellas [en orden de magnitud]. Formando parte de una galaxia existen subestructuras como las nebulosas, los cúmulos estelares y los sistemas estelares múltiples.

La Tierra es una partícula más entre miles de millones de millones de plantes en el cosmos. En ese planeta nacimos.

Casi algo parecido a la nada en lo inmenso del Cosmos.

Además si consideramos la ciencia vigente, ese Cosmos es un conjunto de materia y energía relacionadas a las que hoy denominamos leyes físicas que interpretan de la mejor manera aquello desde diempre pre-existente.

No es nuestra intención aprender hoy astronomía, sino abrir un camino de pensamiento de lo microfísico de la existencia del ser humano, en un infinitesimal de espacio y tiempo, en la escala cosmológica.

El ser humano es un fenómeno posible, hasta donde se puede entender, de un fenómeno anterior posibilitado en ese gránulo de materia cósmica que es el planteta Tierra, así se lo llamado (nombrado), y recordemos la palabra utilizada: Tierra. Lo anterior fue la posibilidad de originación del fenómeno de la vida.

La vida a su vez es otro fenómeno posible, y hasta donde se conoce, en planetas con las condiciones de la Tierra, esto es, temperaturas ambientales, la existencia del agua, y ñ presencia de Oxígeno y Nitrógeno atmosféricos en los límites adecuados, más los componentes atómicos originales que incluidos el Carbono, permitieron en el azar de las combinaciones posibles dar lugar a moléculas orgánicas complejas, en que épocas primigenias se acercaron a las formas de << cristales aperiódicos >>, o cuasicristales según la explicación de Erwin Schrödinger, portadores originales del material de la vida. (A diferencia de los cristales, los cuasicristales no contienen un arreglo periódico basado en la translación de una celda unitaria en tres dimensiones, si no se trata de un arreglo aperiódico el cual aun así presenta un difracción definida.

Dice Erwin que no es sorprendente que los químicos orgánicos hayan contribuido de un modo importante al fenómeno de la vida, miebtras que los físicos apenas hayan aportado nada.

Nos vamos a ir saliendo de la astronomía, la química y la física, simplemente por no ser el objeto al que señalamos. De todas maneras ya desde un origen contextuado en una partícula cósmica (la Tierra) , donde determinadas condiciones físico-químicas dieron posibilidad a la composición de moléculas orgánicas (centradas en átomos de Carbono) que adquirieron desde cuasicristales y de acuerdo con leyes exactas de la microfísica atómica, el potencial de reproducción y asociación compleja intermolecular, para dar lugar a formas más complejas subsiguientes. Las leyes de la que hablamos se basan en estadística atómica, por lo tanto solo son aproximadas. Recomendamos la lectura de ¿Qué es la vida? de Erwin. No lo vamos a repetir.

Se denota con cierta claridad el trayecto del pensamiento, hoy, el cosmos materia más energía, su propia estructuración en millones de años. Un planetita con las condiciones adecuadas para que los simples (¿?) átomos constituyan complejos orgánicos autoreproducibles y asociables, y más cerca a nosotros, que de lo cosmológico y su física, la química de la complejidad de moléculas orgánicas transformables de acuerdo a leyes entre aleatorias y aproximadas, y que heredan de sus antecesoras la estructura antes de tal vez volver a combinarse y volver a transformarse, cifran el fenómeno VIDA.

El cosmos, conceptualmente desde las ciencias físico-químicas, is inorgánico. No se apelan a leyes como la reproductibilidad y complejización de cadenas de moléculas que requieren acotadas condiciones para su desarrollo. Lo que es imprescindible tener en cuenta, es que desde el Cosmos y su legislatura original, es de donde solamente puede aparecer entre la infinitud de condiciones que se requieren, este fenómeno que apreciamos como vida.

Solamente después de la aparición de la vida en cuanto posibilidad, veremos luego la especificidad del pensamiento, que hasta aquí nos permite solo entender un poco lo accidental de su condición. Compleja en su originación, más compleja en su devenir.

Pero esa será el objeto de la próxima entrega. Es nuestra pretensión, hasta ahora, que se pueda ir pensando la condición de vida como cosmologicamente accidental, aunque después venga la filosofía a sumarse en la historia, que la tiene, de esa cuestión decisiva al Dasein que es la facultad de pensar.

102 Repensar una cosmología del pensamiento. Prólogo

Prólogo: Analogías

De la Naturaleza

Prólogo

Señalaremos analogías, y explicitamos la pretensión de avanzar por el camino desandando las genealogías propias de la naturaleza y culturales, estas últimas que olvidan que ser homo sapiens desde su antropología implica esencialmente la determinación diferencial de poder pensar, de una forma múltiple, ampliada y libre por fuera de las únicas condiciones que la supervivencia requiere. Entendemos hoy que las ciencias están en su propio camino y acercan su método a la fisiología que soporta al pensar, y también que no podemos negar que la historia de los modos de pensar de los conglomerados humanos, desde las tribus más primitivas hasta las hiperciudades superpobladas, que abundan quizá demasiado, formulan condicionantes independientes de su esencialidad a dichos modos.

En general se asocia a esa palabra que hay que desarrollar del todo, pensar, con lo que en términos generales y comunes se identifican con conciencia, razón y el contenido mnémico e inteligente del yo que existo en tanto pienso.

Hay mucho valor en lo heredado desde los pensadores desde el IV AC en Grecia, los aportes de las Ciencias, ya humanísticas, ya exactas. De todas maneras, y partiendo de la intuición que nos decide este camino hoy, pre-suponemos que no hay una idea clara acerca de lo que implica el ser efectivo del pensamiento ni toda la potencia que dispone, casi siempre determinada por condicionantes que mal expresado agregan valor a su esencia.

Explicaremos esta propuesta que entre absurda e irónica dice agrega valor. Cuando rastreemos la historia tal vez lleguemos a percibir que el valor agregado aunque agregado, quizá no sea valor, ni en el sentido de valentía ni como valioso.

Todo texto tiene una historia. Quizá no sea prudente prologarlo, porque como ya se expuso, se escribe sobre lo que no se sabe, al menos no del todo, y uno de los objetivos del autor es ponerlo a disposición de sus futuros probables lectores, para compartir el camino que va desde desde la propia duda hasta cierta comprensión, que es al mismo tiempo un aprendizaje que alegra a quien escribe, y curiosamente puede inducir a algún receptor a emprender el suyo propio, si identificara el método y la propuesta, casi independientemente del objeto, ya que cada uno en si singularidad de experiencia e interés se apueste a otros.

Baruch Spinoza

Intuimos que Spinoza acompañara este camino, y tiene su historia, que brevemente presentamos como ejemplo de lo que intentamos expandir en palabras, siempre escasas, aun cuando la sana intención es lograr cierta identificación con lo que las palabras esconden, más que ser explicitadas.

Es algo así como el fenómeno kantiano. Algo aparece, se lo percibe a nivel del pensamiento, y ahí se lo reproduce hasta donde el pensamiento educado para ello, lo convierte en alguna clase de conocimiento a posteriori, desde algunos principios a priori (interiores y anteriores al fenómeno) sin los que no podría dar cuenta de la entidad posible a la experiencia de la observación del acontecimiento del fenómeno. Casi axiomáticamente, al modelo de las matemáticas o de la geometría espinoziana, Kant señala dos intuiciones a priori que posibilitan al pensamiento seguir con el trabajo de pensamiento inteligible que pasa a ser conocimiento de la propia experiencia: el espacio y el tiempo.

Spinoza sólo publicó dos obras durante su vida: los Principios de filosofía de Descartes, con los Pensamientos metafísicos como apéndice (1663), y el Tratado teológico-político (1670). Lo que parece haberse traslucido nos hace pensar que antes de la primera fecha
redactó el Tratado breve y el Tratado de la reforma del entendimiento, y después de la segunda el Tratado político y la Gramática hebrea. Puesto que la Ética es un tratado sistemático y estuvo en el escritorio hasta la muerte de su autor, es obvio suponer que éste ha integrado en ella los principales elementos de los demás escritos. Conjetura tanto más plausible cuanto que su redacción se ha prolongado unos catorce años y parece haber ocupado los huecos que aquéllos iban dejando.

La Correspondencia señalar con bastante precisión esos huecos y situar en ellos algunos estadios del texto. Desde septiembre de 1661, Spinoza debate por carta con Oldenburg los fundamentos de su metafísica, que le envía en un anexo, cuyos términos
parecen más próximos que los del «Apéndice I» del Tratado breve al de la Ética actual. A comienzos de 1663, sigue haciendo algo parecido con un grupo de amigos de Amsterdam, que se reunían en una especie de círculo o colegio, en torno a Simón de Vries y a L.Meyer, para analizar los textos que él les enviaba y remitirle después sus observaciones. Esos hechos ponen de manifiesto que, antes de abandonar el Tratado de la reforma del entendimiento y al mismo tiempo que explicaba a un estudiante las
cuestiones más difíciles de la metafísica clásica y de la física cartesiana, y que ideaba curiosos experimentos para resolver las objeciones químicas que le formulaba R. Boyle , Spinoza iba dando forma a la primera parte de la Ética.

Cinco años hubieron de pasar, sin embargo, para que ese tratado viera la luz y Spinoza volviera a sacar del cajón el ya desvaído borrador de la Ética. Y necesitará otros cinco para revisar lo hecho y concluir lo que faltaba. La Correspondencia nos permite saber que, durante el primer período (1665-1670), debatió con Hudde el tema de la unicidad de Dios y, durante el segundo (1670-1675), mantuvo una correspondencia intensa con Velthuysen sobre el TTP, con Boxel sobre los espíritus y con Tschirnhaus sobre el método. Sin otro indicio previo, el 3 de julio de 1675 Spinoza anuncia a Oldenburg que piensa publicar la Ética, que ahora tiene cinco partes (Ep 62). Pero unos dos meses
después le informa de nuevo de que su proyecto ha fracasado. He aquí sus propias palabras:

En el momento en que recibí su carta del 22 de julio, partí para Amsterdam con la intención de mandar imprimir el libro del que le había hablado en otra carta. Mientras hacía estas gestiones, se difundió por todas partes el rumor de que un libro mío sobre Dios estaba en prensa y que yo intentaba demostrar en él que no existe Dios, y muchos daban crédito a ese rumor. Algunos teólogos (los autores, quizá, de dicho rumor) aprovecharon la ocasión de querellarse contra mí ante el príncipe y los magistrados. Además, algunos estúpidos cartesianos, que pasaban por simpatizar conmigo, a fin de alejar de ellos tal sospecha, no cesaban de detestar por doquier mis opiniones
y escritos, ni han cesado todavía. Cuando me enteré de todo esto por hombres dignos de crédito, que me dijeron, además, que los teólogos me tendían por todas partes asechanzas, decidí diferir la edición que preparaba, hasta ver en qué paraba el asunto y comunicarle, llegado ese momento, cuál era mi opinión. Pero el asunto parece
ir cada día a peor y por tanto no sé qué hacer.


De hecho, cuando año y medio más tarde la muerte le sobrevino, el manuscrito seguía en su pupitre. Por ventura, la suerte le fue entonces más favorable.no ya para Baruch sino para su Ética.

La Ética demostrada según el orden geométrico, tiene tres determinaciones que le imprimen un carácter especial, utiliza el orden geométrico seguramente siguiendo a Descartes ya popular desde los inicios del S XVII, se soporta con una jerga religiosa ineludible a su tiempo, y aun así censurada, y comienza como una cosmología que le permite ir deduciendo proposiciones al método de geométrico, salvo sus escolios en los que se demuestra su valor (en varios sentidos) filosófico.

Solo transcribimos las cinco primeras definiciones y axiomas de la Primera Parte:

Por causa de sí* entiendo aquello cuya esencia implica la existencia, o sea, aquello cuya naturaleza no se puede concebir sino como existente.

Se llama finita* en su género aquella cosa que puede ser limitada por otra de la misma naturaleza. Por ejemplo, se dice que un cuerpo es finito, porque siempre concebimos otro mayor. Y así también un pensamiento es limitado por otro pensamiento. Pero un cuerpo no es limitado por un pensamiento ni un pensamiento por un cuerpo.

Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, es decir, aquello cuyo concepto no necesita el concepto de otra cosa, por el que deba ser formado.

Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia como constitutivo de su esencia.

Por modo entiendo las afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.

A X I O M A S

  1. Todo lo que es, o es en sí o en otro.
  2. Lo que no se puede concebir por otro, se debe concebir por sí.
  3. De una determinada causa dada se sigue necesariamente un
    efecto y, al contrario, si no se da ninguna causa determinada, es
    imposible que se siga un efecto.
  4. El conocimiento del efecto depende del conocimiento de la causa y lo implica.
  5. Las cosas que no tienen nada común unas con otras, tampoco se pueden entender unas por otras, o sea, que el concepto de la una no implica el concepto de la otra.
  6. La idea verdadera debe concordar con su objeto ideado.
  7. De todo lo que se puede concebir como no existente, la esencia no implica la existencia.

Decimos, son puntos de partida claros y del mal nombrado sentido común, que como popularmente se indica es el menos común de los sentidos. Ojalá la posverdad y sus enunciadores, lo hubieran tenido.

Anunciamos analogías, y que impulsan este trabajo de transmitir algunas ideas que concuerden, acuerden, con el objeto ideado. Para la época en que estamos escribiendo esto, las ciencias han agregado cierto valor a la positividad de campos entre diferentes y repetidos. Las imágenes de parte del cosmos en su versión actual y un modelo neuronal al que atribuimos capacidad de pensamiento, parecen a simple vista análogos.

Estamos ante constelaciones de miles de millones de estrellas y miles de millos de neuronas, entre las que algunas interacciones del orden, no digamos solo geométrico, necesariamente se producen, o hablando más estrictamente como modos, afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.

A ello dedicaremos esta serie, que comienza, desde la propia naturaleza de las cosas.