100 ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?. Siete.

DESACTIVACIÓN

Desactivación

Son tiempos de mentiras y pura opinión que era inimaginable para los librepensadores hasta unos 15 o 20 años atrás, resultado de la popularización de Internet y sus redes sociales, su ilógica general ha desactivado a las formas de pensar críticas o en nombre propio. Cualquier pensador todavía debe estar pensando que es un trol o una red social., que lo aleja de la oportunidad de “ser leído” y luego absorbido por las ilógicas culturales de la posmodernidad y el neoliberalismo feroz que nada tiene de liberal y menos libertario lo que se convierte en una de las grandes victorias que le ha hecho una plataforma social a un sistema que requiere precisamente de la desactivación masiva del pensamiento libre, o lo que denominamos en nombre propio. Llamamos pensar en nombre propio algo que desde Marx, se estableció como pensamiento crítico. Un proceso que se propone analizar, entender y evaluar la manera en la que se organizan los conocimientos que se pretenden interpretar y representar en el mundo, en particular las opiniones o afirmaciones que en la vida cotidiana suelen aceptarse como verdaderas. Más allá o acá de las palabras es aprender a pensar el propio pensamiento liberado a su camino tan independiente de toda influencia como se pueda.

Si una época soñara a siguiente ¿de que manera leer las décadas del noventa y dos mil como el preparativo del presente, tanto como los gulags anunciaron la caída del muro de Berlín y los conglomerados de servicios digitales que distraen a más de medio mundo de toda posible “realidad”? (entre comillas porque no es fácil hablar con precisión de las cosas que nos dicen que pasan en el mundo humano superpoblado e hiper-tecnologizado hoy día). Mientras las ya antiguas izquierdas declaman para sí ser el cuerpo sufriente y ya casi desaparecidos de la Historia, el presente no hace más que recordar esta desactivación permanente, del juicio, el discernimiento y la voluntad de pensar libremente que entre tanta pelea entre Chomsky, Habermas y Foucault, nos dejó a la posmodernidad como un viejo trasto de los recuerdos, para los que aún los mantengan. Sartre se suicidaría, si resucitara.

Por otro lado, las causas justas o humanitarias y los mil caminos que ha tomado la crisis del humanismo que va de complejidades post-heideggerianas a giros ontológicos como el de que el existencialismo es un humanismo, los consumidores tecnológicos de supuestas propuestas intelectuales con una linterna alumbran zonas en que el pensamiento contemporáneo podría moverse, las caricaturas de un sesentismo mal digerido nos deja un paisaje en ruinas, donde la melancolía o el hábito de revivir viejas glorias no resuelve una pregunta fundamental por los destinos de la crítica, la crisis de su imaginación y la inutilidad del adjetivo “crítico” cuando este no ha logrado como pensamiento comprender una totalidad coyuntural que lo incluye, lo mastica y lo digiere.

Si el presente duele, no es tanto por las guerras y las causas justas o el reforzamiento monumental de una economía política que no deja de acumular, crecer y desorientar, si no por que es lo propiamente propio o crítico lo que ha perdido potencia de leer y leerse a sí mismo en el nuevo medio. Se ha vuelto él mismo en un punto ciego de sí mismo, jugando apenas un rol superfluo en un laberinto algorítmico donde todo aparece como pista falsa, donde el laberinto de los complots no parecen tener fin. Las estrategias se han vuelto oscuras, juegos de palabras casi melodramáticas y previsibles: la explicación, el hacer frente a lo que hace frente, la verdad como resultado de un trabajo de uno con uno mismo, toda su exposición resulta aparece ingenua, por oculta, ocultada, sin mercado de mayorías interesadas en habar por sí mismos, en lugar de ser hablados por los diseños de la desactivación de ese interés.

Los regímenes de validación de cierto conocimiento parecen estar mutando a una nueva maquinación de las mentes. O lo que aquí presentamos como una de las variadas formas de desactivación.

Maquiavelo no juzga, sino que expone (y lo sabe muy bien) que se necesita combinar las leyes con la fuerza (¿qué cosa es el estado de Max Weber si no “el monopolio legítimo del uso de la fuerza”?), saber usar bien la a bestia y al hombre…. Estando entonces un príncipe necesitado de saber usar bien a la bestia, debe de aquellas saber tomar lo del zorro y lo del león; porque el león no se defiende de lazos, y el zorro no se defiende de lobos…”. Y si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno, pero, como son tristes y no lo observarían respecto de ti mismo, no estás obligado a observarlo respecto de ellos…. El mal aparece así muy lejos de ser la esencia de la política de Maquiavelo. Es exclusivamente una de las posibles consecuencias del accionar político. Se puede agregar que el mal no constituye la esencia de la política, pero si uno de sus instrumentos principales, un instrumento con el cual la política afronta la naturaleza del ser humano. Para esta eventualidad es necesario prepararse con tiempo ya que Maquiavelo sabe, al contrario, que “… es común defecto de los hombres no tomar en cuenta, en la bonanza, la tempestad…” . El contraste existe y se extiende entre la ética, la cual puede imponer para su actuación el sacrificio de la vida; y la vida, la cual puede y debe a la par imponer, para su actuación, el sacrificio de la ética. De ahí la famosísima, pero comúnmente mal interpretada afirmación: “… se necesita que tenga un ánimo dispuesto a cambiar según los vientos y lo que las variaciones de la fortuna le ordenen, y (…) no apartarse del bien, pudiendo saber entrar en el mal cuando es necesario…”. El príncipe estará obligado a hacer el mal exclusivamente cuando las circunstancias se lo impongan “… porque un hombre que quiera hacer en todas partes profesión de bueno, labrará necesariamente su ruina entre tantos que no lo son. De donde es necesario a un príncipe, queriéndose mantener, aprender a poder no ser bueno, y usarlo y no usarlo según la necesidad…”.

Si hemos intercalado un poco de Maquiavelo, es para reforzar el camino del pensar que la política, en su cometido no tiene límites. Y sus administradores, junto a lo detentores del poder real de los medios de producción y financiero, no necesitan de la ética, sino que deciden con arreglo a sus propios fines,sabiendo que el resto de los humanos pueden ser domesticados según esas determinaciones. Las mayorías de un mundo humano superpoblado deben y pueden ser sometidas a los designios de los administradores del poder real. No importan los medios, sino, claramente los fines.

Para Foucault el poder es una relación asimétrica que está constituida por dos entes: la autoridad y la obediencia, y no sería un objeto preexistente en un soberano usado para dominar a sus súbditos, además es una situación estratégica que se da en una determinada sociedad; el poder incita, suscita y produce.

Produce en general obediencia, al principio de todo por miedo. Miedo a perder la vida. Instinto universal del sapiens que lo puede vislumbrar,

Para la administradores de sociedades humanas superpobladas, se requiere anticipar la tempestad, en términos maquiavélicos. La metáfora de la tempestad, principalmente, es la de mantener a las masas obedientes, sujetadas y complacientes con el mundo que se les presenta, como el mejor de los posibles, o mínimamente que así fuera creído, que ya es demasiado. Sin ética intermedia no hay límites para lograr esa credulidad, y se puede entender que por eso el modelo de la religión cristiana aún sigue imperando, aún Dios haya sido asesinado por sus mismos creadores, hace 200 años. Su ilusión y dogmática son sujetadores siempre imitados por las administraciones del poder de turno. Nada hay más económico que la fe y la credulidad. Quizá sea por ello que se aplica tanto esfuerzo a lograrla a través de cualquiera de los medios disponibles. Los tecnológicos como iniciaba este capítulo, los medios masivos de comunicación que nos exlican en detalle las causas de los acontecimientos como si los espectadores fueran niños del kindergarten, y las ilusiones aceptadas por acólitos que atienden a todas las formas de sectarismo optimista, aceptadores de lo que aparece como ya siendo y fortalecedores de la propia responsabilidad del alcance de la felicidad, independientemente de toda tempestad espacio-temporal o social en las que les toque vivir.

Datos: Al narcotizar un área en el lóbulo occipital izquierdo del cerebro, el fluoruro hace a la gente dócil, pasiva, desconectada, y obediente. El fluoruro es ampliamente utilizado hoy en día como uno de los ingredientes básicos del Prozac (Fluoxetene Clorhidrato) y otras drogas psicotrópicas, y es también un ingrediente clave en el veneno para ratas y gas nervioso sarín (isopropil-metil-Fosforilo fluoruro). Curiosamente, también es un aditivo común para el agua potable municipal en los Estados Unidos y otras naciones, con el pretexto de proteger la salud pública mediante la fortificación de los dientes.

El primer uso de agua potable fluorada ocurrió en los campos de prisioneros nazis de Alemania, por la Gestapo, que utilizaba el fluoruro para esterilizar humanos y obligar a la gente a la sumisión. Un efecto aún más dañino de la exposición al flúor es la calcificación de la glándula pineal, que separa a una persona de su naturaleza espiritual. El fluoruro encapsula la glándula pineal en una cáscara artificial, desconectando físicamente el alma y la conciencia superior del cerebro.

Sin acceso al alma, el cerebro humano se vuelve mecánico, robótico y sin conciencia de su operación, representa una herramienta fácil de controlar por factores sociales de programación y control mental. El juego final de la intoxicación de las masas con fluoruro es la creación de una población de trabajadores sumisos, obedientes, no-inteligentes, en lugar de verdaderos pensadores, guerreros, artistas y héroes.

Usamos el ejemplo del fluor como ejemplo de las formas de pensar la dominación de los otros de cualquier forma que fuera. Físicas, como la desnutrición, las enfermedades curables que no se curan, falta de empleo o sus formas delegadas en un mundo que además que se superpuebla, carece dada la tecnología de fuentes legítimas de actividad laboral. Paradoja, que ya se vislumbraba a fines del SXIX pero que el capitalismo floreciente ignoró. Otras causas físicas son las guerras, que en formas estandarizadas se despliegan por todo el planeta, ya que el sistema de coherción las mantiene como generadores de miedo, emigración, y con arreglo a fines de escalas económicas inimaginables. Son esas guerras la continuación posmoderna de las guerras mundiales, hoy, salvo bravuconadas,imposibles de desatar por el riesgo de extinción, no de los pobres, sino de los administradores de poder. Los pobres, parece desearse que se mueran solos, de lo que fuera, con o sin ayuda.

Otras formas son las químicas o bioquímicas. Heredadas de guerras pasadas. Que se utilizan y-o pueden ser utilizadas cuando los controles fallen o se los permita fallar. La sensación de un vacío de interés hacia los que deben ser desactivados para su mejor y más económica gobernabilidad, causan al menos zozobra a las almas inteligentes. Por eso nos explicarán todos los grandes explicadores de toda época, mejor insensibilizarlos, desactivarlos, que vivan lo mejor que puedan y si llegaran a creer que son felices, entonces somos todos felices.

Terminamos hoy aquí, con un alerta a los suspicaces que no defiendan como resultado al objetivo de no ser esclavos del mundo real en el que nos toca vivir. Siempre explicitando que vivir la propia existencia debiera incluir la capacidad de aprender a pensar libremente de las propias cuestiones, poniendo entonces la debida distancia a toda forma de sujetación propia o inducida, que el poder ya perdió la vergüenza de disfrazarlo, como reafirmándose en el sí mismo y mandando a obedecer el simulacro que promueven . Si la represión nos manda mandar al inconsciente lo propiamente doloroso, o si la falta de memoria, además obedece a factores patológicos, entendemos que cualquier forma de desactivación promovida con arreglo a fines, es, en pocas letras, lo peor a lo que estamos expuestos, como sociedad, en ésta época grave en la todavía existimos. Los solitarios seguirán fabricando utopías en sus respectivos desiertos.

99 ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?. Seis.

Falta de memoria

Solo para empezar, vamos a exponer supuestas nociones postmodernas acerca de la memoria y otras funciones neurobiólogicas.

Para explicar que objetivos tiene la neurociencia, primero convendría saber que se auto arroga la neurociencia: Conjunto de disciplinas científicas y médicas que estudian el sistema nervioso. Así, la neurociencia es una disciplina con muchas ramas, con lo cual, también tendrá diversos objetivos.

La misma actualizada imagen del dibujo de Freud

El objetivo principal de la neurociencia es desvelar cuál es el funcionamiento biológico que subyace el pensamiento, las emociones, la conducta, y los procesos superiores de la mente humana (aprendizaje, memoria, atención, lenguaje…).

La neurociencia se encarga de describir la estructura del sistema nervioso y el proceso de desarrollo que conlleva desde su formación antes del nacimiento, hasta la muerte. Etc……

Si cualquiera se dedicara a explorar un poco que se supone acerca este nuevo discurso, para nosotros, pseudo-científico, podrá descubrir que no agrega nada a lo que ya se especulaba antes, salvo el re-bautizo de disciplinas que se venían desarrollando desde hace mucho. En principio nos resulta poco atendible, y menos creíble, su objeto.

Resuenan demasiado fuerte estas autodenominadas ciencias de la posmodernidad, ensambladas con todo el andamiaje tecnológico de que hoy día se dispone, casi al infinito del que alguna vez tendremos que hablar, seleccionando entre ese infinito, con suma discrecionalidad, partes que hacen a un todo que exponen como si hubieran descubierto el éxito de la fórmula de la felicidad, nos suenan, y con más respeto a los alquimistas que resaltaron durante 25 Siglos hasta el XVIII, con entre otros inventos el del elixir de la vida.

Decimos con más respeto porque el fin último del alquimista era el de su propia transformación, no la de la sujetación y credulidad a la que apelan las neurociencias, con arreglo o fines, en general individuales: algo así como, deben pensarlo estos pseudo neurocientíficos, convenzo sobre supuestas bases científicas a los demás que pueden llegar a ser felices, luego, no solo gano mucho dinero por ello, y-o al mismo tiempo colaboro con los administradores de poder que necesitan masas convencidas de alguna fantasía que las subyugue y subrogue a los discursos de turno, incluidos los políticos.

Estamos empezando por lo que debería ser una conclusión, al final, como inicio de la exposición. Y con ello denotamos exactamente el objeto del capítulo.

Leemos, desde la neurociencia apenas lo mínimo:

El olvido tiene muchas causas, no siempre patológicas, y olvidar no siempre es malo. Prueba de ello es el mensaje de un cuento de Jorge Luis Borges, Funes el memorioso, que relata la historia de un hombre con una memoria prodigiosa, capaz de recordar todas las experiencias y acontecimientos de su vida pasada, todas las personas que había conocido, todos los lugares que había visitado. Lejos de ser una bendición, tal memoria era un infierno para Funes, pues interfería en su capacidad de pensar y razonar, al hacer aflorar continuamente en su mente recuerdos múltiples e irrelevantes. Por fortuna, el cerebro humano no es tan poderoso como el de Funes para almacenar recuerdos.

Las ochenta mil millones de neuronas del cerebro y las múltiples conexiones que se establecen entre ellas le confieren una capacidad de memoria mucho mayor de la que ejercemos, ya que, si lo hiciésemos, podríamos tener problemas para pensar y razonar con normalidad, sin interferencias. Incluso cuando somos jóvenes y estamos sanos, es mucho más lo que olvidamos que lo que recordamos, aunque no podamos apreciarlo. Es así porque el cerebro posee mecanismos que actúan como un freno para impedir que la memoria se cargue de información irrelevante. Estos mecanismos se basan en proteínas –enzimas fosfatasas– que dificultan la formación o el fortalecimiento de las conexiones neuronales que constituyen el soporte físico de la memoria. Pero, incluso con este freno, son muchas las cosas que recordamos.

Desafortunadamente, el olvido puede consistir también en la pérdida de conexiones entre las neuronas. En las personas mayores, las memorias más vulnerables al olvido son las más recientes. Para evitarlo, conviene no descuidar, cuando llegamos a esas edades, el mantenimiento de las memorias ya formadas o en curso de formación utilizando recursos como el repaso mental de lo que no queremos olvidar ayudándonos con anotaciones. Asimismo, cuidar las condiciones de salud que permiten que el cerebro reciba suficiente oxígeno y glucosa es muy importante.

Son fórmulas sencillas y de probada eficacia. Como lo es también mantener una actividad intelectual de todo tipo, sin esperar milagros ni dejarnos engañar por productos químicos o informáticos que, aunque no se nos diga o lo calle la publicidad, suelen tener una limitada efectividad para mejorar realmente las capacidades mentales. En cualquier caso, buena parte del déficit mental de la senectud puede suplirse con una actitud positiva que nos motive a esforzarnos para mantenernos en forma, tanto física como psíquicamente. Actitud positiva, fórmula de la felicidad

Remitimos por un momento a https://wordpress.com/block-editor/post/cuestionesfilosoficas.com/1504 La cuestión de pensar. Ahí exponemos un capítulo Desde la Ciencia,donde con cierto detalle acerca del Proyecto de una psicología para neurólogos, de Sigmund Freud, de 1895, donde anticipa con toda lucidez lo que hoy suponen aportar las neurociencias. Un trabajo especulativo porque claramente en ese momento no se disponía de oda la parafernalia tecnológica a la que apelan las neurociencias.

Resaltamos el valor de especulativo, puro trabajo de pensamiento, confiado en su método de explicar cosas nuevas, formas nuevas de poder pensar algunas cosas del campo de su interés. Anticipando incluso que dejaba para el futuro desarrollo científico la explicación de sus especulaciones en términos de mayor precisión cuando el desarrollo lo permitiera. Algo similar a la teoría general de la Relatividad de Einstein, que formulaba resultados que la experimentación aún no podía comprobar. Como ejemplo la foto recién construida de un agujero negro, en 2019, que corrobora entre otras, la mencionada teoría.

Lo interesante en Freud fue, que nunca publicó su proyecto en vida. ” Freud abandona el tratado, pero en su trabajo genera ideas que luego utiliza en su obra posterior. Se aleja de la Ciencia ortodoxa de su época, parece entender que ese no es el camino, hacia su objetivo de entender para ayudar las cuestiones del funcionamiento del aparato psíquico en el hombre. Y convienen a su posterior teoría psicoanalítica. Parece un resumen, el maquinismo de la técnica y métodos de la ciencia, no parecen resolver cuestiones del hombre en su condición de sapiens, se puede abandonar un intento por infructuoso, y la cuestión de lo sapiens no dejaría entradas al puro razonamiento que la metodología científica exige”.

Haber nacido humano es más que la sola interpretación científica de ciertos fenómenos. De hecho las interpretaciones científicas son cronológicamente posteriores a el poder pensar de los sapiens. No solo está el pensar antes en el tiempo, sino además tiene componentes de complejidad no reducibles a interacciones entre neuronas, moléculas o átomos, ni entre la partículas subatómicas que hoy día regordean a la profunda física con sorprendentes resultados. Si bien son excelentes ejemplos de la capacidad del pensamiento, no resuelven nada de la propia escala humana. Bueno, esto último a nuestra forma de ir pensando las cosas de lo cotidiano, ese que ocupa nuestra existencia.

Decimos ahora sí, conjugando lo presentado, que ocupan nuestra existencia. Y lo hacen de varias maneras.

Primero, ocupan nuestro tiempo, que es de nuestra vida. Se entremezcla con la vida de lo que existimos, nos distraen y agobian restando tiempo para pensar hasta donde se pueda, libremente. El efecto causado por lo cotidiano es la pérdida de memoria en las cosas que nos interesan: caminos propios de pensamiento, acercamiento a otras gentes que deseamos, libros que esperamos leer o volver a leer, museos que nos falta recorrer, bueno, todas esas cosas que conformarán nuestra alma en libertad.

Segundo, ocupan nuestra existencias alejándonos no solo de lo que nos interesa o deseamos, sino que además nos sujetan a condiciones materiales escasas, lo que en-si, ya es una coherción impuesta por las condiciones de la época, que postergan toda realización de las cuestiones propias, desde la mínima condición que es la supervivencia. En una época en la que pueden producirse bienes de consumo al infinito de acuerdo a las condiciones tecnológicas, los que hacen a la supervivencia se regulan como escasos, para que por falta de oferta aumenten sus precios de adquisición. No es la fórmula original del liberalismo de Adam Smith, es la simple capacidad de PODER regularlo en el sentido que rinda más beneficio para los administradores y dueños de los medios de producción, con arreglo a sus propios fines.

Tercero, y además de curioso, ancestral, para lograr la obediencia debida de las mayorías, las convencen, convierten, subyugan, subrogan, a través de discursos alentadores del mejor de los mundos posibles, hoy y a futuro. Dispositivo fenomenal aprendido de las religiones que de eso saben demasiado.

Cuarto, y retomando la curiosidad anterior, las mayorías no solo aceptan, sino además muchas veces creen en esas fantasías del mejor de los mundos, como un porvenir de la ilusión.

Quinto, el resultado es fantástico, o mágico, miles de millones de existentes, son sujetados, así por credulidad o puro instinto de supervivencia, a una época que les lleva la vida, mientras los que regulan y administran estas cuestiones biopolíticas, se deben sentir como los dioses que nunca existieron y accionas con el simple arreglo a sus propios alentados fines, ignorando por ignorantes o por sencillo placer que causa el poder sobre tantos otros a la obediencia, que el haber nacido humano es otra cosa.

Empezamos con las neurociencias, simplicidad postmoderna de mantener la distracción por falta de memoria de los que las atiendan. Con su mentira implícita de felicidad eterna que depende de cada uno si piensa como se les indica. Seguimos con su falta explícita de memoria de formas anteriores de presentar lo mismo, pero sin idealismos fantasiosos. Y llegamos a la exagerada capacidad de coherción de estas novedades científicas aliadas a las administraciones de poder que resultan en enormes y superpobladas sociedades, sometidas, sujetadas, para mantener un status quo, que da miedo cambiar que en lugar de ser el mejor de los mundos posibles, es solamente una época grave, desde hace mucho, como lo expresar Martin Heidegger. Y nos decimos a modo de propia subjetividad: ojalá todos, unos y otros, al fin lleguemos a aprender a pensar en nombre propio

97 ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?. Cuatro.

CUATRO

De Borges a Goedel

Borges

. . . veinticinco símbolos suficientes (veintidós letras, el espacio, el punto, la coma) cuyas variaciones con repetición abarcan todo lo que es dable expresar: en todas las lenguas. El conjunto de tales variaciones integraría una Biblioteca Total, de tamaño astronómico [. . .]
Todo estaría en sus ciegos volúmenes. Todo: la historia minuciosa del porvenir, los egipcios de Esquilo, el número preciso de veces que las aguas del Ganges han reflejado el vuelo de un halcón, el secreto y verdadero nombre de Roma, la enciclopedia que hubiera edificado Novalis, mis sueños y entre-sueños en el alba del catorce de agosto de 1934, la demostración del teorema de Pierre Fermat, los no escritos capítulos de Edwin Drood, esos mismos capítulos traducidos al idioma que hablaron los garamantas, las paradojas de Berkeley acerca del tiempo y que no publicó, los libros de hierro de Urizen, las prematuras epifanías de Stephen Dedalus que antes de un ciclo de mil años nada querrían decir, el evangelio gnóstico de Basílides, el cantar que cantaron las sirenas, el catálogo fiel de la Biblioteca, la demostración de la falacia de ese catálogo. Todo, . . .


La Biblioteca de Babel,
J. L. Borges.

Más allá del genio de Borges la pretensión es señalar un camino en el orden (o desorden) del pensar, que bien podríamos haber buscado por otras vías. Esta es una y además suena interesante, como música de palabras.

Situémonos en los comienzos de los años treinta de XX. En el ambiente lógico-matemático se trabaja buscando llevar a feliz término un programa que se arrastra desde finales del siglo XIX, cuyas ideas se pueden rastrear en los escritos de lógicos medievales como Raimundo Lulio, en Leibniz, en todos quienes alguna vez soñaron con mecanizar el razonamiento, y cuyo principal impulsor fue el matemático David Hilbert. Este programa consiste en la formalización total del razonamiento matemático y su culminación sería la demostración de la consistencia de las matemáticas, es decir, la prueba formal de que las matemáticas no son un sistema contradictorio.

La insistencia en estos temas relativamente, si se quiere, extravagantes, en la más lógica de las ciencias, tenía fuertes motivaciones prácticas. Por un lado los fundamentos del análisis matemático, especialmente el tratamiento del sospechoso concepto de números infinitesimales e infinitos, hizo mandataria la necesidad de contar con algún sistema formal que hiciera más evidente las posibles fallas en que se incurre al razonar. Por otro lado, a fines del siglo XIX se habían descubierto varias paradojas en ciertos sistemas formales. Así, los fundamentos mismos de la ciencia “más segura”, la ciencia “exacta” por si misma, se veían temblorosos. Esa vergüenza no convenía a nadie. El ilimitado optimismo, tantas veces ciego, de la comunidad científica, rápidamente encontró el remedio: demostrar formalmente que las matemáticas son consistentes.

Gödel

En el 1930 la tarea central era la demostración de la consistencia del análisis clásico, que puede ser visto como una extensión de la aritmética si se agregan conjuntos de números y algunos axiomas que los gobiernen. Para los optimistas de siempre, el cumplimiento del programa formalista de Hilbert era cuestión de tiempo y paciencia. De hecho, el joven Kurt Goedel se propuso a mediados de 1930, asumiendo la consistencia de la aritmética, intentar demostrar la consistencia del análisis clásico.

Mientras más trabajaba en el problema, más consciente se iba haciendo de que el proyecto era imposible. Y así, así irónicamente, quien estuvo más cerca de llevar a cabo el programa de Hilbert fue precisamente quien le dio el tiro de gracia. Nacía el, sin duda, el más famoso teorema de la lógica matemática.

La demostración de su teorema “Sobre sentencias formalmente indecidibles de Principia Mathematica y Sistemas afines”, de modestas 25 páginas, fue escrito el año 1930 y publicado en 1931 en la revista Monatschefte für Mathematik und Physik. Allíı Goedel se propone como objetivo principal demostrar lo que hoy se conoce como el “teorema de incompletitud de Goedel”, que resumimos como la imposibilidad de formalizar simbólicamente la consistencia total de algunos sistemas matemáticos.

Con este resultado Goedel echa por tierra el famoso “axioma de la solubilidad de todo problema matemático” que postulaba Hilbert (y en su mayoría cada matemático). Pero las sorpresas no acaban aquí. De hecho, el resultado más importante desde el punto de vista de los fundamentos de los sistemas formales es la “sorprendente consecuencia” del resultado anterior, que Goedel agrega inmediatamente al final de su trabajo (con el ofrecimiento nunca cumplido de demostrarlo rigurosamente más adelante) y expresada en su teorema XI, que dice esencialmente que no es posible demostrar la consistencia de un sistema formal en su propio marco: Sea A un sistema consistente de axiomas que sea mínimamente expresivo. Entonces la consistencia de A no es demostrable en A.

Luego de releer la cuestión de la la demostración de la falacia de ese catálogo, ya en Borges o en Goedel, volemos a la pregunta: ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?

Desde la aparición del lenguaje desde los sapiens, hasta los inicios de la escritura como uno de los mayores inventos de la humanidad que complementa al lenguaje hablado subordinado a la lengua oral por pura cronología y necesidad originada en la zona de la Mesopotamia ubicada en el actual Irak  para registrar las transacciones comerciales de la época, nos revolcamos en el cosmos simbólico de sus efectos, independientemente de sus causas.

La anécdota sería, si en Matemáticas, la más exacta de las disciplinas del pensamiento, finalmente hay una incompletitud, ¿que más demostración se necesita para entender que nuestro pensamiento, como el de los matemáticos, se acerca a las cosas pero que no se puede demostrar solo con 30 signos fonéticos o escritos ya en piedra, papiro o papel?.

¿Y si además el pensamiento sufre de alteraciones contingentes, en cada caso que incluyen entre otras olvido, pérdida de memoria o desactivación? Y si insistimos un poco en el concepto de la diferencia sin negación, precisamente porque la diferencia, no estando subordinada a lo idéntico, no llegaría o no tendría por qué llegar hasta la oposición y la contradicción y-o en cuanto a un concepto de la repetición, que, como las repeticiones físicas, mecánicas o puras (repetición de lo Mismo), encontrarían su razón en las estructuras más profundas de una repetición oculta en la que se disfraza y se desplaza un «diferencial»

Diferencial e infinitésimo refieren a lo mismo, son palabras originadas en las Matemáticas, pero independientemente de su origen son palabras que remiten a una idea que la razón propone al pensamiento, para quizá poder precisamente pensarlos. Y es un caso particular entre difícil y fácil, dependiendo o no de cierta memoria de cierto conocimiento de de su origen y necesidad. Una vez en posibilidad de pensarlas se la puede aplicar por cierta repetición en ámbitos diferentes. Originadas en el análisis matemáticos, de cantidades, o números, que tienden a cero sin llegar a ser ese cero, son infinitésimos inmedibles de lo pequeño, además no hace falta medirlos, tan solo se requiere poderlos pensar para continuar con el desarrollo subsiguiente. En esto Deleuze, lo expresa como concepto consumado (ver Prólogo) aunque a veces no se lo entienda, que es casi un vacío de pensamiento.

Cabría entender que hay alguna relación entre conocer, para favorecer al entendimiento, y la posibilidad de pensar, no solo lo mismo, sino también lo diferente. Y esto es prerrogativa necesaria o deseada para cada sapiens singular, dado que de hecho no se requiere en la vida cotidiana ni en cualquiera de las sociedades en las que cada uno sea proyectado. Y debe insistirse un poco en esto, porque no es fácil de entender porque no se requiere.

Sigmund Freud

«De esa lobreguez está tan lleno el aire que nadie sabe cómo podría evitarla».
Fausto, parte II, acto V, escena 5

Lobreguez: Oscuridad, falta de luz.

Vale la pena por un momento pensar porque los pensadores utilizan metáforas, que apelan a la visión, a la imagen. Göthe en el Fausto señala que lo oscuro es inevitable, y Freud inicia uno de sus libros con esa metáfora. No diremos, aún en la incertidumbre de cierto valor de expresar cosas que aproximen a la posibilidad de pensamiento, que las imágenes son más fáciles de percibir, que retorcidas explicaciones expuestas en palabras que requieren bastante atención y memoria de antecedentes que soportan los consecuentes, como en las Matemáticas.

Esto refiere a posibilidades, entendemos no aleatorias, de cada Dasein, dada su proyección en un mundo que no eligió. Dicho en forma que requiere de algo menos de memoria de lo ya expuesto, sería que cualquiera Dasein al nacer es arrojado a un lugar y un tiempo en el que no se brindan oportunidades necesarias para educarse en alguna variedad de conocimientos accesibles, que le ayuden a forjar formas de pensamiento más complejos que lo lleven a buscar respuestas a preguntas que a veces ni siquiera puede formular, entonces será un sujeto sujetado al medio social que lo rodea, y al que hacer frente, termina adoptando como cosa en sí, aunque para nada lo fuera.

El capítulo de la primera parte del libro de Freud que comienza con el epígrafe de Göthe finaliza con:

Junto al olvido simple de nombres propios, se presenta también un olvido que está motivado por represión.

Y con ello entremos en otro capítulo, ya que la represión, en su multiplicidad de sentidos empieza a profundizar en las respuestas a la pregunta original: ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?.

Continuemos por el sendero que señala cierto resplandor en medio de la oscuridad.

96 ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?. Tres.

TRES

Venimos de plantear algunas cuestiones acerca del lenguaje, la irrupción de la filosofía, el objeto cotidaneidad, la oposición y preeminencia de la diferencia o la repetición, algunos asuntos sobre la capacidad de pensamiento en el sapiens, los inicios de la representación y la sanción acerca de su fracaso en la posmodernidad, el origen de lo mismo entre los griegos y la singularidad del sujeto singular, que somos.

Mencionaremos rápidamente algo acerca de la pregunta que nos convoca en esta ocasión: ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?.

Olvido

Olvidar es una acción involuntaria que consiste en dejar de recordar, algo previamente adquirido. Se dice a menudo el olvido se produce por el “aprendizaje interferente”, que es el aprendizaje que sustituye a un recuerdo no consolidado, y lo “desaparece” de la conciencia. Debemos recordar que uno recuerda que ha olvidado algo, es decir que sabe que tenía un conocimiento que ya no está allí, es decir, tener conciencia de haber tenido eso. Así, los recuerdos olvidados no desaparecen, sino que son sepultados en el inconsciente.

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Falta de memoria

Hay muchas causas fisiológicas (enfermedades, amnesia, alzheimer, ….) que provocan parcial, gradual o definitivamente la pérdida de la memoria. No son objeto de lo impulsa a ser incluido en el título, sino más bien lo que rápidamente referimos al que en la psicología positiva se menciona acerca de la la ley de Yerkes-Dodson que afirma que el estrés no siempre interfiere de forma negativa en la cognición, sino que un grado moderado de activación cerebral mejora la memoria y el rendimiento en tareas intelectuales. En cambio, el aumento excesivo de los niveles de estrés empeora las funciones cognitivas.

Esto da lugar al denominado “efecto de la U invertida”: si nuestro organismo responde a las demandas ambientales con respuestas leves o moderadas de estrés la eficacia de nuestra productividad se incrementa hasta que llega a un umbral (el punto ideal de activación) a partir del cual el rendimiento desciende progresivamente y se producen pérdidas de memoria.

Desactivación

Ne daremos aquí muchos detalles de nuestro concepto de desactivación, ya que es el objeto de estos escritos y que irá descubriéndose en el camino, de todas maneras, el gráfico en definitiva muestra algo que decrece en el tiempo, en la figura algo que se denominó conversión a los efectos del gráfico. Por entrevemos un proceso en el tiempo y es claro, y no está definida para nada una conversión. Lo queremos adelantar, sin cambiar bruscamente el camino, lo que seguramente tiene relación con los asuntos de las posibilidades de pensamiento de los sapiens de la cotidaneidad que hacen frente, hoy día, a los sujetos, que somos nosotros mismos. Los Daseins heideggerianos.

Sujeto, deriva semánticamente en las traducciones de la palabra española (que tiene la etimología latina subiectus, pretérito de la palabra subicĕre (sub– ‘debajo de’ iacĕre ‘arrojar, poner’, y por tanto subicĕre en latín originalmente significaba ‘someter’) por la etimología se entiende que en cuanto adjetivo en español sujeto significa a algo o a alguien propenso o expuesto o sometido a algo o a alguien. En psicoanálisis, filosofía en medicina, se utiliza con sustantivo. En otras palabras (que recordamos son infinitas) el uso de una de ellas, el sujeto, equivale en términos heideggerianos, que en su cometido de evitar en todo lo posible malos entendidos definía de nuevo a ese sapiens nacido en un momento del tiempo, en algún lugar del mundo humano sin posibilidad alguna de elección como Dasein, que bien o mal traducido es ser ahí, un ahí que refiere al lugar y al tiempo. Un ser humano sapiens proyectado (arrojado) a un mundo que no eligió y en que debe aprender a vivir su propia existencia, y en el que la referencia al ahí, implica desde su propio momento estar sujeto a las condiciones locales tanto geográficas como temporales: la época y sus modos sociales, el lugar y sus costumbres e idiosincrasia, entre la multiplicidad que ellas implican.

El Dasein es un sapiens, más sujetado ,o menos, de todas maneras piensa por condición de su propia naturaleza. Y su cometido es ser mientras viva, Ser en el tiempo que le toca, Ser y tiempo, son si lo llega a pensar o no, una misma cosa. Lo que si sabe que su tiempo es finito, en el cronológico de este planeta que igual se ve a terminar, en algunos millones de años. Pero eso no interesa al Dasein, que va a ser solamente el tiempo de su vida.

Algunos llegamos a confiar que en la multiplicidad de oportunidades de ocupar el propio pensamiento, podamos hacerlo en aquellas cuestiones supuestamente razonables, deslindando las ficciones que rodean desde siempre a los sapiens, en lo pueda llegar a construirse como un pensamiento en nombre propio, o lo que como diferente e igual al mismo tiempo, constituiría la propia oportunidad de des-sujeción, a la propia singularidad y en la medida de lo posible.

Es ya una antigua tradición en filosofía, lo de entender desde casi sus principios, como propuesta en palabras del contexto de su época:

Pues bien, te contaré, ten cuidado de escuchar el mito, cuáles son los únicos caminos indagables con el pensar: el de lo que es y que no es no ser; es sendero digno de ser creído (pues marcha a través de la verdad); o bien, el de lo que no es y en cuanto que necesariamente es no ser, el cual, yo te digo, ciertamente es vereda completamente indigna de ser creída; pues ni siquiera es posible que conozcas el no ente (pues no es posible) ni lo darás a conocer.

… pues pensar y ser son lo mismo.

Pero mira, aunque en el pensamiento lo rechazado se haga presente con insistencia; pues no separará el pensamiento el ente contenido en el ente, ni dispersándolo del todo enteramente en el universo, ni concentrándolo.

Lo mismo me da por dónde he de comenzar; pues nuevamente ahí habré de volver. Es necesario decir y pensar que el ente permanece; pues es ser, mientras que la nada no es. Yo te ordeno que medites esto.

SOBRE LA NATURALEZA de Parménides. https://cuestionesfilosoficas.com/2017/10/23/41-parmenides/

Eran los albores de la filosofía, aún se apelaba dioses o diosas, que desde ya yacieron en la cotidaneidad ancestral como fantasías desde los inicios de la utilización del lenguaje entre los sapiens. Pero, y tomando el ejemplo de Parménides, igual empezaban a balbucear a los modos de su época, una diferencia entre el mito y la razón, varias articulaciones más que mucho más adelante retomarían entre otros acerca del retorno Nietzsche y Freud, principalmente.

Mencionamos antes y como aclaración que no preferimos la simbología matemática, aunque en lo cotidiano y posmoderno apele cada vez más a la misma, por ejemplo en lo expuesto: “las repeticiones físicas, mecánicas o puras (repetición de lo Mismo), encontrarían su razón en las estructuras más profundas de una repetición oculta en la que se disfraza y se desplaza un diferencial“. https://cuestionesfilosoficas.com/2019/05/11/93-olvido-falta-de-memoria-desactivacion-prologo/

El párrafo utiliza, en Deleuze -aunque la referencia no es importante para lo que estamos apuntando- símiles físicos, mecánicos o puros de repeticiones que “encontrarían” su razón (la posibilidad de ser, o mejor No no ser Nada, en algo más profundo de una repetición oculta y se desplaza como un diferencial.

Resaltamos que de la dificultad de poder pensar lo que se expresa, para quienes lo encuentren dificultoso, residiría en que haría falta poder pensar algunas cosas desde ámbitos los que se apelan. Se está hablando de la repetición, que recordemos viene posmodernamente a pretender sustituir a la identidad original de la forma de expresar lo que es igual a si mismo propia desde los griegos que daban prevalencia al concepto. Y es inteligente en cuanto señala a símiles físicos, mecánicos o puros, siempre que se conozca algo de la Física, la Mecánica y las Matemáticas. Desde nuestro lugar diferencial de Dasein entendemos que para poder exponer un concepto como el señalado, algo conviene conocer de esas materias, además de la intuición que las signifique arbitrariamente a su propia manera aún sin conocerlas, lo que parece recurso intenso en nuestras sociedades superpobladas y es imposible sabérselo todo.

Cualquier dispositivo físico o mecánico, en tanto que respetan las leyes o axiomas propias, serían siempre repetibles en cuanto a su funcionamiento. Un experimento cualquiera, repetido en las mismas condiciones en las que se especifiquen como iniciales, debe arrojar el mismo resultado. Bien, eso antiguamente se comprobaba experimentalmente. Hoy día, con los desarrollos tecnológicos de todo orden en general y los dispositivos de medición en particular, que tienen precisiones inimaginables hace 200 años, nunca 2 experimentos sobre el mismo dispositivo arrojan idénticos resultados. Siempre aparecen diferencias diferenciales (de una magnitud tan pequeña como se predefina). En este plano de la experimentación, hilando fino, no habría iguales.

Solo en las matemáticas, los modelos abstractos, siempre dan los mismos resultados, en determinadas condiciones iniciales iguales.

Los diferenciales aparecen por las condiciones reales en el lugar y el momento de un experimento, las infinitas variables que influyen, ya macro o micro físicas y materiales, nunca son iguales. Diferencias en lo que fuera: temperatura, presión, actividad atómica o molecular, el efecto del mismo observador, ….. (muchísimas) dan lugar a resultados diversos de un mismo experimento.

En cambio, en las matemáticas, necesarias en tos los planos de la experimentación, al no incluir todas las posibles variaciones de infinitas variables, y de un modo simbólico, predicen resultados iguales. Es un caso curioso e interesante el de las matemáticas, y en ello se asemejan a la filosofía, y agregamos subjetivamente, habría que estudiarla cuanto más se pueda, porque no dependen de las condiciones reales que se presentan en el devenir del tiempo y el espacio, sino de las hipótesis de las que parten para deducir sus formulaciones, desde las más sencillas a las más complejas. No es el momento de explayarnos sobre las matemáticas, que aunque pura abstracción y simbolismo, son la herramienta indispensable para otras ciencias, y agregamos, junto a la filosofía.

La Matemática resuelve, en condiciones previamente determinadas, y a su modo puramente abstracto, la mayoría de los problemas que solicitan de su ayuda para entenderlos y resolverlos. Se requiere cada vez más de ella, lo que implica el intenso progreso, o permanente devenir en más, en la que se halla, desde hace 30 siglos. Merece mucho respeto el trabajo de los matemáticos en todas las épocas que muestran claramente lo que la dedicación de la razón admite.

Equivalentemente, la filosofía se presenta, ante el hombre, como ayuda a la comprensión y resolución de los problemas que su propia cotidaneidad les presenta. Nacidos en épocas graves, se generan en el ánimo y sentimiento de las gentes, diferentes malestares que no son ni mecánicos ni físicos, sino de planos más subjetivos propios de la vida y la existencia. De muchas maneras, tan múltiples como las del universo físico, aparecen esos malestares, y ya no atómicos solamente, sino además por causas inhentes a otros Daseins externos, que agregan sus propias visiones y fantasías en el mundo social en el que nacimos. Aparece así una complejidad agrandada a la multiplicidad del universo puramente físico. No es fácil la vida para un sapiens razonable, salvo que surtan efectos como los planteados en el título, que serán objeto de exposiciones posteriores, pero que en principio parezcan fármacos que disminuyan la capacidad de sentir, y de pensar, como lo veremos, para sufrir algo menos de lo que ya se sufre. Para esa mundanalidad, entendemos el valor, entre algunas otras pocas disciplinas, de la filosofía, a la que hemos elegido.

94 ¿Olvido, falta de memoria, desactivación?. Uno.

Homo Sapiens

UNO

Se considera Homo Sapiens de forma indiscutible a los que poseen tanto las características anatómicas de las poblaciones humanas actuales, como lo que se define como «comportamiento moderno».

La aparición de nuevas formas de pensar, entre setenta y treinta mil años atrás, se constituye en una revolución, denominada como cognitiva por los antropólogos, y fue la aparición del lenguaje entre los sapiens. Principio hasta el Final de la especie.

Como casi siempre, enfocamos nuestro objeto que no es otro que el desvelar como llegamos a esta época, grave, que lo que da que pensar es lo grave o gravísimo, y además hay que aprender a hacerlo. Lo que para para pensar un rato largo en muchas cosas, que desde la llanura que lo cotidiano no pretende entender, no parece necesario, y luego menos se piensa. https://cuestionesfilosoficas.com/2017/04/22/la-cuestion-de-pensar/

Partimos casi desde el principio, aunque la historia antropológica es larga, desde la propia emergencia del sapiens, derivado de la especie antecesora homo que aún no pensaba ni hablaba aun que sobrevivió dos y medio millones de años y desde sus orígenes en África se propagó por medio mundo.

Y si leemos a los pensadores que avanzaron en estos asuntos nos encontramos, casi como un golpe frontal a lo que hace frente, que la propia origenación del hombre, tal cual se lo nombra dentro del tesoro infinito de las palabras, que consistió precisamente en al capacidad de pensamiento, nos deje aún en el punto en que debamos aprender a hacerlo.

Es irreversible no hacerlo, salvo extinción de la especie sapiens o su mejor devenir posible que será revisado en próximos capítulos, el asunto de la capacidad de pensar. El que no sea popular o mayoritario es lo que sorprende, de la que deriva el objeto de ese andar, y sus relaciones con la cotidaneidad, que es el momento y lugar en que existimos, sin poder haberlo elegido. La pretensión,en tono bajo o humilde, es que aún podamos al menos, aprender a pesar en nombre propio. Lo que para quien se lo plantea, no parece tarea inmediata ni fácil.

Se señaló en el prólogo que que entendemos al planteo filosófico como alternativa apropiada para soportar lo mismo que se viene intentando desde los griegos en el VI adc, más que el de otras ciencias puramente deductivas, desde el positivismo que no parece haber comprendido la profundidad de las matemáticas, cuya profundidad ignoran los inventores de teorías postmodernísimas que se arrogan sabiduría hoy día!, cuando los verdaderos sabios fueron casi desconocidos para los pensadores en los últimos dos siglos y medio, que se excluyeron de los juegos de soberanías y poderes que necesitaban de la obediencia de las poblaciones crecientes en los territorios en los que se asentaron, y nos adelantamos, con voluntad de poderío y riquezas.

Los padres simbólicos, constituidos en las diferentes formaciones sociales a lo largo de la historia, afirmaban y se afirmaban en su lugar de poder, deseado posiblemente por las dos partes, amos y esclavos, por pulsiones que habremos de examinar, y que aparecen en el fondo de una cuestión al parecer incomprensible para el puro pensamiento objetivo positivista. Pero se señaló: El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona.

La reflexión, trabajo del pensamiento, buscó, busca, encontró, encuentra y encontrará, caminos nuevos por solo permiso de poder pesar en forma diferente a cualquier estatuto nunca explícito, aunque aceptado, desde la exterioridad, o de la novela familiar, o desde la genealogía ignorada de las reglas a derivadas de historias olvidadas, o la falta de memoria que solo puede ser parcial y en general contingente, o a su desactivación promovida con arreglo a fines.

Decíamos: Fue la aparición del lenguaje entre los sapiens. Principio hasta el Final de la especie. No es momento de juzgar la necesidad del lenguaje,tampoco la de el origen de incomprensiones, dificultades, malos entendidos, capacidad de persuasión, contagio de modos de expresión, credulidad, utilización o sub-utilización social, aprendizaje de sus efectos y posterior administración con arreglo a fines,etc……

Solo adivinamos que el desentendiimiento de la multiplicidad del uso de las palabras, su real comprensión en cuanto al ejercicio inmediato y mediato de su poder de influencia sobre los sapiens que lo necesitan, así como en su momento primitivo fue un cuanto positivo de crecimiento de la capacidad humana, puede llevar a un final insospechado por poder de engaño, incomprensión de causas efectivas, y capacidad de reacción resistente a la la mala praxis que pueda desencadenar un Final anticipado al que la cosmología ya tiene reservado para la el propio devenir del universo para nuestro sistema solar, incluido claro está nuestro planeta Tierra, inmanente en el tiempo, que seguramente no llegaremos a vivir.

80 Yo. No! (I)

no

 

¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Cómo es que estoy y soy aquí y ahora? ¿Por y para qué estoy y soy en este mundo? ¿Qué es el mundo en el que estoy? ¿Qué somos las cosas que hay en el mundo?…. Lleva uno o más libros contestarlas.

Demasiadas preguntas, y podremos ignorarlas y ser analfabetos para respuestas posibles. Claramente es una elección. Dolorosa si se decide la ignorancia, con un costo existencial: la angustia.

La angustia, es un fenómeno anímico que arruina cualquier existencia sensible, la de estar vivo en este mundo, propiedad del Dasein (hedideggerianismo, ser uno mismo aquí y ahora)

Se considera a Tales de Mileto como el primer filósofo de Occidente por haber sido quien intentó la primera explicación racional a distintos fenómenos del mundo de la que se tiene constancia en la historia de la cultura occidental. En su tiempo predominaban aún las concepciones míticas, pero Tales buscaba una explicación racional, lo que se conoce como «el paso del mito al logos», donde la palabra griega logos alude en este contexto a «razón», uno de sus muchos significados en español.

Nunca faltan contradicciones. El Dasein se rebela contra la irracionalidad administrativa, aún cuando no pueda eludirla en sí mismo, como una pretensión infantil que los padres administradores cuiden de él, cuando en un mundo actualizado sobren Daseiens desde la óptica de las teorías neoliberales  de gobierno, en el modo que se definieron luego del traspaso monárquico-feudal, al de supuestas democracias que nada tienen que ver con la griega original.  Las expediciones de Alejandro, triunfos del logos y el modo griego de gobernar como en la Atenas de Aristóteles, fracasan por imperio de la historia. Ni el imperio romano ni las fórmulas religiosas logran conformar al alma doliente del hombre solo consigo mismo, y el temor a la Nada que lo acompaña. Y esa condición nunca se realizó. Ser Dasein es eso, estar en la soledad de uno con uno mismo, a cada momento, en cada lugar, en sociedades crecientes como ciudades y su población, no solo por simple pulsión de vida.

Aquí estamos en los albores del Dasein más primitivo, que se expone al mundo, humano, si hay que nombrarlo de alguna manera. El hombre del que hablamos es el que siente angustia, si se entiende lo que esa condición implica.

No todo es logos, las sensaciones reales que afectan al cuerpo y al alma, o viceversa, son constitucionales, además de ser parte de un mismo objeto, el Dasein propiamente dispuesto de ese modo, parte de la Naturaleza de la que proviene e intentaremos explicar.

Parménides fue el momento de autoconciencia de la confianza helénica en la razón. Los balbuceos de los filósofos milesios y la actitud racionalista del pitagorismo antiguo culminan en Parménides, cuyo pensamiento es ya madurez del filosofar. El uso de la razón vivido por los griegos encontró en él su teorizador, y así como los griegos hicieron un problema explicar los sentidos mediante la razón, así Parménides halló, desde la razón, problemático el mundo de los sentidos. Y tuvo la osadía de condenarlo a quedar como problemático.

La idea de ser está tomada del idioma griego. Pero es que el idioma griego no ha sido un idioma cualquiera, sino aquél que, primero, mostró vívido un pensar mediante el ser. Y Parménides lo sistematizó y vedó a la inteligencia el pensar el no ser. Hasta Hegel, veintitrés siglos después, no se superará la encerrona griega del pensar en el ser. El ser es y el no ser no es; por tanto, identidad del ser y del pensar, realismo de la Geometría euclidiana, carácter fenoménico de la ciencia limitada a lo verosímil sobre las apariencias. El apriorismo de la razón quedó así bien plantado. 41 Parménides

Desde el mito se imponía la simplicidad, cosa contraria a la complejidad de palabras de las opiniones de los mortales, oponiendo las dirigidas desde afuera respecto a las que puedan ser pensadas propiamente. Eran los primeros pasos del camino que aún entendemos conviene transitar.

[La exposición de un escrito y su carga de labor intelectual es como una cosa, en lo general, tiene aparición, se lee, dice o escucha, es pensable, contiene ser, seguramente mejor dotado que las fantasías de los discursos mass-mediáticos, y con objetivos claramente diferentes].

2600 años después de Parménides, Sartre expondría en su Ser y la Nada cosas así:

“Ya nos desprendimos de una vez de lo que Nietzsche llamaba «la ilusión de los trasmundos», y si ya no podemos creer en el ser-por-detrás-de-la-aparición ésta se torna, al contrario, plena positividad, efectiva representación, y su esencia es un «parecer» que no se opone ya al ser, sino que, al contrario, es su dimensión, su lugar con decididas coordenadas de espacio y tiempo”.

El ser de un existente es, precisamente, lo que parece, no lo que se idea sobre él. Retorna entonces la idea de fenómeno, tal como puede encontrarse en la «fenomenología» de Husserl o de Heidegger. Relativo sigue siendo el fenómeno, ya que «aparecer» impone por esencia alguien a quien aparecer (y esta es la dificultad de la generalización, debe haber un alguien Dasein quien asiste al aparecer) . No tiene la doble relatividad de la ilustración kantiana. El fenómeno no indica, cómo apuntando por encima del hombro, un ser verdadero que tendría en sí el carácter de absoluto. Lo que el fenómeno es, lo es absolutamente, pues se muestra tal cual es. El fenómeno puede ser estudiado y descrito en tanto que tal pues es totalmente indicativo de sí mismo. El ser nos será develado por algunos medios de acceso inmediato: el hastío, la náusea, la angustia, etc.; y la ontología será la descripción del fenómeno de ser tal como se manifiesta, es decir, sin intermediarios para quien lo pueda pensar.

Y en esta época soft-hard-tecnológica hay demasiados intermediarios.

Un objeto no remite al ser como a una significación: sería imposible, por ejemplo, definir o señalar con solo palabras al ser como una presencia, ya que que la ausencia indica también al ser de lo que no está, ya que no estar ahí es también ser, como ausencia, cono Nada, como la negación que se afirma como el contrario de lo que aparece. El objeto no posee el ser, y su existencia no es una participación en el ser, ni ningún otro género de relación. Decir es, es la única manera de definir su manera de ser; pues el objeto no enmascara al ser, pero tampoco lo desoculta. No lo enmascara, pues sería vano tratar de apartar ciertas cualidades de lo existente para encontrar al ser detrás de ellas: el ser es el ser de todas por igual. No lo devela, pues sería vano dirigirse al objeto para aprehender su ser. Lo existente es fenómeno, es decir que se designa a sí mismo como conjunto organizado de cualidades. Se designa a sí mismo, y no a su ser. El ser es simplemente la condición de todo desvelamiento: es ser-para-develar y no ser develado. ¿Qué significa, entonces, ir más allá hacia lo ontológico, de lo que habla Heidegger? Con toda seguridad, se puede ir más allá de esta mesa o esta silla hacia su ser y formular la pregunta por el ser-mesa o el ser-silla. Pero, en este instante, dirigimos la mirada desde fenómeno-mesa para abordar el ser-fenómeno, que no es ya la condición de todo desvelamiento, sino que es él mismo algo develado, una aparición, presente o ausente; y que, como tal, tiene a su vez necesidad de un ser fundándose en el cual pueda desocultarse.

Las cosas son en cuanto aparecen, estando o ausentes. Decir es, es la única manera de definir la manera de ser de un objeto, cualquiera. Y decir se dice con palabras.

¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Cómo es que estoy y soy aquí y ahora? ¿Por y para qué estoy y soy en este mundo? ¿Qué es el mundo en el que estoy? ¿Qué somos las cosas que hay en el mundo?

Las respuestas vendrán dichas de alguna manera. Entre otras palabras surgirán las: yo, y no. Veremos en la próxima edición, que aun las más frecuentes, señalan el equívoco que produce su uso desde cierta ignorancia, y que nunca deberían llegar a decirse.

 

 

 

 

78 De la experiencia. Lo que se habla

Ningún deseo más natural que el deseo de conocer. Ensayamos todos los medios que a él pueden conducirnos, y, cuando la razón nos falta, echamos mano de la experiencia,

aristoteles

Aristóteles, Metafísica: Todos los hombres desean por naturaleza saber. Así lo indica el amor a los sentidos; pues, al margen de su utilidad, son amados a causa de sí mismos, y el que más de todos, el de la vista. En efecto, no sólo para obrar, sino también cuando no pensamos hacer nada, preferimos la vista, por decirlo así, a todos los otros. Y la causa en que, de los sentidos, éste es el que nos hace conocer más, y nos muestra muchas diferencias.

friedrich

Nietzsche. Humano demasiado humano 11.: El idioma como pretendida ciencia.– La importancia del idioma para el desenvolvimiento de la civilización, estriba en que el hombre ha colocado un mundo propio al lado del otro, posición que juzgaba bastante sólida para levantar desde ella el resto del mundo sobre sus bisagras y hacerse dueño de él. Porque el hombre ha creído durante largo tiempo en las ideas y en los nombres de las cosas, como en aeternae veritates, se ha atribuido este orgullo, con el cual se elevaba sobre la bestia; pensaba en realidad tener en el lenguaje el conocimiento del mundo. El creador de palabras no era bastante modesto para creer que no hacía más que dar nombres a las cosas; se figuraba, por el contrario, expresar por medio de las palabras la ciencia más alta de las cosas; en el techo, el lenguaje es el primer grado de esfuerzo hacia la ciencia. La fe en la verdad encontrada es la fuente de donde derivan su fuerza los poderosos. Muy tarde, casi en nuestros días, los hombres comienzan a entrever el monstruoso error que han propagado con su creencia en el lenguaje. Por fortuna, es demasiado tarde para que esto determine un retroceso en la evolución de la razón que descansa en esta creencia. La lógica también descansa sobre cuestiones a las que nada responde en el mundo, por ejemplo, la verdad de las cosas, la identidad de la misma cosa en diferentes puntos del tiempo; pero esta ciencia ha nacido de la creencia opuesta (que existían ciertamente cosas de este género en el mundo real). Lo mismo sucede con las matemáticas, que seguramente no habrían nacido si se hubiera sabido desde el primer momento que no hay en la Naturaleza ni línea exactamente recta, ni círculo verdadero, ni grandeza absoluta.

Montaigne

La experiencia es un medio mucho más débil y más vil; pero la verdad es cosa tan grande que no debemos desechar ningún camino que ella conduzca. Tantas formas adopta la razón que no sabemos a cual atenernos: no muestra menos la experiencia; la consecuencia que pretendemos sacar con la comparación de los acontecimientos es insegura, puesto que son siempre de cuestiones semejantes. Ninguna cualidad hay tan universal en esta imagen de las cosas como la diversidad y variedad. Y los griegos, los latinos y también nosotros, para emplear el más expreso ejemplo de semejanza nos servimos del de los huevos: sin embargo, hombres hubo, señaladamente uno en Delfos, que reconocía marcas diferenciales entre ellos, de tal suerte que jamás tomaba uno por otro; y, como tuviera unas cuantas gallinas sabía discurrir de cuál era el huevo de que se tratara. La disimilitud se ingiere por sí misma en nuestras obras; ningún arte puede llegar a la semejanza; ni Perrozet ni ningún otro pueden tan cuidadosamente pulimentar y blanquear el anverso de sus cartas que algunos jugadores no las distingan tan sólo al verlas escurrirse en las manos ajenas. La semejanza es siempre menos perfecta que la diferencia. Diríase que la naturaleza se impuso al crear el no repetir sus obras, haciéndolas siempre distintas.

Apenas nos place, sin embargo, la opinión de aquel que pensaba por medio de la multiplicidad de las leyes sujetar la autoridad de los jueces cortándoles en trozos la tarea; no dejan de ver los que tal suponen que hay tanta libertad y amplitud en la interpretación de aquéllas como en su hecho concreto; y están muy lejos de la seriedad los que creen calmar y detener nuestros debates llevándonos a la expresa palabra de la Biblia u otras referencias plenas de lenguaje -incomprobable además – ; tanto más cuanto que nuestro espíritu no encuentra el campo menos espacioso al fiscalizar el sentido ajeno que al representar el suyo propio; y cual si no hubiera menos animosidad y rudeza al hablar que al inventar. Quien aquello usaba vemos nosotros claramente cuánto se equivocaba, por ejemplo en Francia hay más leyes que en todo el resto del mundo, y más de las que serían necesarias para gobernar todos los mundos que ideó Epicuro. Y sin embargo, dejamos tanto que opinar y decidir al albedrío de nuestros jueces, que jamás se vio libertad tan poderosa ni tan licenciosa. ¿Qué salieron ganando nuestros legisladores con elegir cien mil cosas particulares y acomodar a ellas otras tantas leyes? Este número no guarda proporción ninguna con la infinita diversidad de las acciones humanas, y la multiplicación de nuestras invenciones no alcanzará nunca la variación de los ejemplos; añádase a éstos cien mil más distintos, y sin embargo no  sucederá que en los acontecimientos venideros se encuentre ninguno (con todo ese gran número de millares de sucesos escogidos y registrados) con el cual se puede juntar y aparejar tan exactamente que no quede alguna circunstancia y diversidad, la cual requiera distinta interpretación de juicio. Escasa es la relación que guardan nuestras acciones, las cuales se mantienen en mutación perpetua con las leyes, fijas y móviles: las más deseables son las más raras, sencillas y generales: y aún nos atreveríamos a decir que sería preferible no tener ninguna que poseerlas en número tan abundante como las tenemos.

La Naturaleza, las procura siempre más dichosas que las que nosotros elaboramos, como acreditan la pintura de 1a edad dorada de los poetas y el estado en que vemos vivir a los pueblos que no disponen si no es de las naturales. Gentes son éstas que a su juicio emplean en sus causas al primer pasajero que viaja a lo largo de sus montañas, y que eligen, el día del mercado, uno de entre ellos que en el acto decide todas sus diferencias. ¿Qué daño habría en que los más prudentes resolvieran así las nuestras conforme a las ocurrencias y a la simple vista, sin necesidad de ejemplos ni consecuencias? Cada pie quiere su zapato. El rey Fernando, al enviar colonos a las Indias, ordenó astutamente que entre ellos no se encontrara ningún experto en jurisprudencia, temiendo que los procesos infectaran el nuevo mundo, como cosa por su naturaleza generadora de altercados y divisiones, y juzgando con Platón «que es para un país provisión detestable la de jurisconsultos y médicos».

¿Por qué nuestro lenguaje común , tan fácil para cualquiera otro uso, se convierte en oscuro o ininteligible en contratos y testamentos? ¿Por qué quien tan claramente se expresa, sea cual fuere lo que diga o escriba, no encuentra en términos jurídicos ninguna manera de exteriorizarse que no esté sujeta a duda y a contradicción? Es la causa que los maestros de este arte, aplicándose con particular atención a escoger palabras solemnes y a formar cláusulas artísticamente articuladas, pesaron tanto cada sílaba, desmenuzaron tan hondamente todas las junturas, que se enredaron y embrollaron en la infinidad de figuras y particiones, hasta el extremo de no poder dar con ninguna prescripción ni reglamento que sean de fácil inteligencia. Quien vio a los muchachos intentando dividir en cierto número de porciones una masa de mercurio, habrá advertido que cuanto más la oprimen y amasan, ingeniándose en sujetarla a su voluntad, más irritan la libertad de ese generoso metal, que va huyendo ante sus dedos, desparramandose más allá de todo cálculo posible: lo propio ocurre con las cosas, pues subdividiendo sus sutilezas, se enseña a los hombres a que las dudas crezcan; se nos coloca en vías de extender y diversificar las dificultades, se las alarga y dispersa. Sembrando las cuestiones y recortándolas, se las hace fructificar y cundir en el mundo la incertidumbre y las querellas, como la tierra se fertiliza cuanto más se desmenuza y profundamente se remueve. Era preciso borrar la huella de esta diversidad innumerable de opiniones y no adornarse con ellas para quebrar la cabeza a la posteridad. No sabemos que qué decir de todo esto, más por experiencia se toca que tantas interpretaciones disipan la verdad y la despedazan. Aristóteles escribió para ser comprendido: si no pudo serlo, menos hará que penetren su doctrina otro hombre menos hábil, y un tercero menos que quien sus propias fantasías trata. Nosotros manipulamos la materia y la esparcimos sin leerla; de un solo asunto hacemos mil, y recaemos, multiplicando y subdividiendo, en la infinidad de los átomos de Epicuro. Nunca hubo dos hombres que juzgaran de igual modo de la misma cosa; y es imposible ver dos opiniones exactamente iguales, no solamente en distintos hombres, sino en uno mismo a distintas horas. Ordinariamente encontramos qué dudar allí donde el comentario nada señala; con facilidad mayor caemos en terreno llano, como ciertos caballos, los cuales tropiezan más comúnmente en camino llano.

¿Quién no dirá que lo dicho aumenta las dudas y la ignorancia, puesto que no se ve ningún libro humano ni divino, con el que el mundo se ataree, cuya interpretación acabe con la dificultad? El centésimo comentario se remite al que le sigue, que luego es más espinoso y escabroso que el primero. Cuando convenimos que un libro tiene bastantes, ¿nada hay ya que decir sobre él? Esto de que voy hablando se ve más patente en el pleiteo: otórgase autoridad legal a innumerables doctores y decretos, así como a otras tantas interpretaciones; ¿reconocemos, sin embargo, algún fin o necesidad de interpretar? ¿Se echa de ver con ello algún progreso y adelantamiento hacia la tranquilidad? ¿Nos precisan menos abogados y jueces que cuando este promontorio jurídico permanece todavía en su primera infancia? Muy por el contrario, oscurecemos y enterramos la inteligencia del mismo; ya no lo descubrimos sino a merced de tantos muros y barreras. Desconocen los hombres la enfermedad natural de su espíritu, el cual sólo se ocupa en bromear y mendigar; va constantemente dando vueltas, edificando y atraparse en su tarea, como los gusanos de seda, para ahogarse en su capullo, figúrase advertir de lejos no sabemos qué apariencia de claridad y de verdad imaginarias, pero mientras a ellas corremos, son tantas las dificultades que se atraviesan en su camino, tantos los obstáculos y nuevas requisiciones, que éstos acaban por extraviarnos y trastornarnos. No de otro modo aconteció a los perros de Esopo, los cuales descubriendo en el mar algo que flotaba semejante a un cuerpo muerto, y no pudiendo acercarse a él, decidieron beber el agua para secar el paraje, y se ahogaron. Con lo cual concuerda lo que Crates decía de los escritos de Heráclito, o sea «que habrían menester un lector que fuera buen nadador», a fin de que la profundidad y el peso de su doctrina no lo tragaran y sofocaran. Sólo la debilidad individual es lo que hace que nos contentemos con lo que otros o nosotros mismos encontramos en esta persecución de la verdad; alguno más diestro no se conformará, quedando siempre lugar para un tercero, igualmente que para nosotros mismos, y por el camino que se quiera. Ningún fin hay en nuestras preguntas; nuestro camino está en el otro mundo. El que un espíritu se satisfaga, es signo de cortedad o de cansancio. Ninguno que sea generoso se detiene en cuanto emplea su propio esfuerzo; pretendemos siempre ir más allá, transponiendo las fuerzas; poseer vuelos que exceden, que sobrevuelan los efectos: cuando no se adelanta, ni se atormenta ni da en tierra, o no choca ni da vueltas, no es vivo sino a medias; sus seguimientos carecen de término y de forma; su alimento se llama admiración, seguir errando, ambigüedad. Lo cual acredita de sobra Apolo hablándonos siempre con doble sentido, obscura y oblicuamente; no saciandonos, sino distrayéndonos y atareándonos. Es nuestro espíritu un movimiento irregular, perpetuo, sin modelo ni mira: sus invenciones se exaltan, se siguen y se engendran las unas a las otras.