117 Volviendo al presente. [9]

Contraste. A modo de escolio entre Schröedinger y Schopenhauer

Cada época desarrolla sus propios campos de visión y de enunciación. Esto es foucaultiano, a quien aun no hemos llegado. Pero teniendo en cuenta la idea que expresa, hoy necesitamos relacionar lo que venimos planteando en esta serie, antes de dis-continuarla.

Entendemos verosímil partir de nuestros maestros: Heidegger en su seminario de Friburgo durante los años 1952-1953: ¿Qué significa pensar?. Platón se distingue la dianoia o el pensamiento discursivo del nous o pensamiento intelectivo. Kant, por su parte, diferencia explícitamente el ámbito del entendimiento del ámbito de la razón. El primero trabaja con conceptos que son los apuntados a construir conocimientos, el segundo con ideas que tienen un uso regulativo. En este sentido, Kant también diferencia lo que podemos conocer de lo que podemos pensar, siendo esto último prácticamente infinito, solamente bloqueado por la contradicción: podemos pensar cualquier cosa, con tal de que no caigamos en contradicción, pues esta constituye la imposibilidad del pensamiento (por ejemplo, podemos pensar en Dios, aunque no lo conozcamos, pero no podemos pensar en un círculo cuadrado). Heidegger, por su parte, distingue también el conocimiento técnico-científico del pensamiento del ser. El primero está ligado a las condiciones de la objetividad que alcanzan su máxima expresión en la filosofía moderna; el segundo, retomando fuentes presocráticas y poéticas implica el ir más allá del ámbito del ente en dirección del ser que se le oculta al pensamiento representacionalista. Deleuze no solo pretende responder la siguiente pregunta: ¿bajo qué condiciones se hace
posible el pensamiento? Irá aún más lejos, pues no busca determinar únicamente las condiciones de un pensamiento posible, sino quiere determinar las condiciones de todo pensamiento necesario, siguiendo a Antonin Artaud, la de la genitalidad (pulsión) del pensamiento, esto es, como venimos sosteniendo, la preocupación por las condiciones reales que hacen nacer el pensamiento en el mundo.

Lentamente, o si se quiere leer especularmente demasiado rápidamente, apuntamos a la misma dirección de los maestros. Pensar, como se quiera pensarlo, es un ejercicio, un acto en acción, primariamente individual, o interno, que luego irá a mezclarse con lo múltiple de la época y-o viceversa. Deseamos aprender a pensar para no ser confundidos por el simulacro que la mundanidad nos presenta casi impositiva y agresivamente en cuanto salimos del escritorio en el que nos debatimos estas cuestiones.

En tanto sapiens, la reflexión es un asunto que se va dando en cuando devenga aun cuando sepamos aún bien que es lo que significa, que sería, decimos preliminarmente al menos dos asuntos. Uno como trabajo necesario que va desde que a través de algún medio, algo se nos presenta como algo, sobre lo que nos obligamos, bueno, si lo deseamos, reflexionar para crear cierto entendimiento de ello que luego se actualice en nuestra físico-química como contenido de pensamiento, ya intuitivo, ya racional, posible; y el otro asunto que es el que como reflexión rebota en un cristal o espejo – o lo que fuera-, y se nos devuelve en forma invertida. Y si insistimos en el trabajo de creación de pensamiento, si nos atenemos a la inversión devuelta, nos enrollaríamos en un círculo retroalimentado del que sería difícil salir.

Alejandro no supo, como nadie antes, desatar el nudo gordiano, entonces lo cortó a golpe de espada. Algo de esa metáfora debería sernos útil para referirnos al simulacro que la reflexión nos presenta. Si en lugar (donde se habita) de cerrarnos en que si pensamos lo que pensamos se nos devuelve en forma invertida, esgrimimos la espada y entendiendo que es uno propiamente el que piensa y cuando se lo hace el mundo lo devuelve, en tanto que ya somos parte de ese mundo, cortamos el ciclo confiando en nuestra propia identidad razonable de argüir acerca de de lo que ya somos y lo que hace frente, decidiremos quedarnos con la propia modesta pero honesta conclusión de lo que se trate.

El temor es el más antiguo de los afectos. De hechos los mitos y las religiones parecen más a los psico-fármacos modernos que lo anulan que a contenidos razonables de pensamiento. El sapiens sintió, como sensación o afecto, primero que cualquier otra cosa miedo. A las formas de la Naturaleza que lo había creado, a otras criaturas más poderosas físicamente o salvajes, a los agentes climáticos adversos, a la muerte, a los congéneres con los que no congeniaba, a cualquier forma que lo amenazara o agrediera. La sensación de miedo es ancestral en la especie hombre. Y no parece que eso haya cambiado en los últimos diez mil años del sapiens y sus culturas. Habría, decimos, una inversión diez veces milenaria, de no poder dar cuenta en lo pensado propiamente que el miedo es un efecto intelectual de un afecto real. Lo intelectual indica intelecto, lo que no implica necesariamente cosa consciente. Pero en cuanto parte de la misma maquínica forma del ser humano, casi todo es posible mientras se cumplan las leyes originales del universo.

Somos complejos, como especie, por naturaleza, y eso es ineludible. Las formas de pensamiento, acción y reacción, son igual de infinitas en lo humano que las posibilidades de combinación atómica en lo concreto de la materia y energía (que se equivalen) en el cosmos. Y con esa idea empezó esta serie, en la que hoy damos cierta rienda suelta como escolio, porque encontramos luego en la historia y posibilidad de pensamiento algunos puntos de encuentro, de agenciamientos deleuzianamente expresados en palabras posibles, de analogía y libertad de expresión, aunque las épocas se han encargado de dominarlas.

Con Schrödinger encontramos la vía de la vida que en la especie humana admite lo sapiens como diferenciador (algo más tarde Lynn Margulis completará la precursión). Con los filósofos anteriores se reconocen las formas de expresión de los pensamientos que ya admiten la cosmología previa necesaria para esa condición de posibilidad. Spinoza desde la Sustancia de la que provienen como modos las partes que se conjuncionan, y esto no cesa de funcionar (son funciones): choques, apropiaciones de partes, transformaciones de relaciones, composiciones al infinito. Es un álgebra físico-química que con más precisión trescientos años después Schrëdinger sería precursor de un nuevo estatuto donde las ciencias duras empezarían a dar cuenta a los modos de su método de lo mismo y diferente. En la legislación que lo cosmológico presenta a la Sustancia, luego Schopenhauer, y diciéndolo a su manera que afirma algo que para la época era una negación, que hay una voluntad que antecede en cuanto a lo humano a cualquier volición consciente de la que la especie pensante se había arrogado.

Los aprioris kantianos: espacio, tiempo y ley de causalidad (que son modos del cosmos), son necesariamente subjetivos, y necesarios para formalizar luego intelectualmente desde la representación que se afirma desde la percepción de lo fenoménico en cierto entendimiento previo a lo que podrá, o no, luego conocerse de alguna manera, y si desea (afecto entre genital y fantasía) luego expresarlo, decirlo, escribirlo, por si a otros interesara.

Esto es casi historia de la filosofía. Y cada escritor de filosofía replica su propio espíritu en el estilo en que se expone. Lo más interesante a quien despierte interés estos asuntos, es que el escritor va liberando a su manera posible la forma propia de pensar que aunque no lo diga, es el fin esperado en él mismo.

La ley de la causalidad (bien cósmica) es el fundamento de cualquier fenómeno, que si se cae en la en la premisa falsa que la propia representación se haga del mismo permita algo como un entendimiento absoluto, se pueda llegar a conocer la cosa en sí de ese fenómeno -su esencia – entonces se perderá el camino.

El camino es el que debe ser transitado por el pensamiento en busca de su libertad respecto de los modos servidos en bandeja de plata para cancelarlo o al menos adoctrinarlo a los modos admitidos de sujetación que proliferan, desde casi siempre, para su domesticación. Si pensamiento es el alma espinozista, y si el cuerpo es la forma extensa del alma intensa, entonces la domesticación se replica en los cuerpos. Más tempranamente lo explicará a su estilo, Michael Foucault, entre muchos otros.

Sigue Sigmund Freud

116 Volviendo al presente. [8]

Contraste. Ahora Arthur Schopenhauer

Siguiendo con Schopenhauer

Seguiremos desde lo que nos decía Schopenhauer en Sobre la voluntad en la naturaleza. https://cuestionesfilosoficas.com/2019/11/15/114-volviendo-al-presente-6/., en su apartado: Lo eterno e indestructible en el hombre, lo que forma en él el principio de vida, no es el alma, sino que es, sirviéndonos de una expresión química, el radical del alma, la voluntad.

Obras de Schopenhauer

  • Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente (1813)
  • Sobre la visión y los colores. (1816)
  • El mundo como voluntad y representación. (1819)
  • Sobre la voluntad en la naturaleza (1836)
  • Los dos problemas fundamentales de la ética (1840)
  • Sobre el fundamento de la moral (1860)
  • Parerga y paralipómena (1851)

Cierto contexto: antes de cumplir los veinte años de edad, Schopenhauer decidió abandonar definitivamente el comercio para emprender estudios universitarios. De este modo, en 1809, se matriculó como estudiante de Medicina en la Universidad de Gotinga, donde asistió a varios cursos. Allí conoció a Gottlob Schulze, un profesor de filosofía que le aconsejó emprender el estudio pormenorizado de Platón y Kant, para que luego lo complementara con la lectura de las obras de Aristóteles y Spinoza. La lectura de estos autores despertó en Schopenhauer su vocación filosófica y en 1811 se trasladó a Berlin, donde estudió durante dos años, para seguir los cursos de Fichte y Schleiermacher. Sin embargo, ambos filósofos —muy en boga por aquel entonces— sólo consiguieron decepcionarlo. Algo parecido puede decirse de Schelling, a quien Schopenhauer leyó intensamente, como también a Fichte, en sus años de estudiante en Berlin. A pesar de haberse pasado a la facultad de filosofía, Schopenhauer también se matriculó en cursos de filología clásica y de Historia y asistió también a un buen número de cursos de ciencias naturales, pues consideraba que estos conocimientos ampliaban y reforzaban su formación filosófica (al igual que lo que recomendaba Spinoza en su Tratado de la Reforma del entendimiento). Con esto estamos planteando, cada filósofo tiene su aquí y ahora y una historia singular que lo constituyen. Tipo inteligente, a los veinticinco años disponía de una formación académica importante, la que luego le permitiría acceder a un tercer género de conocimiento y comenzar su obra en nombre propio.

Quienes lo lean verán algo curioso, escribe en primera persona, en nombre propio e además se explaya en general bastante en cuanto a su método, riguroso, y en que deja explícita la precedencia de su sus escritos, lo que en general no repite aunque guardan una coherencia lo más exacta posible. Se dice el seguidor de Kant y elude elípticamente al burdo y falto de ingenio Hegel, que de paso diremos siempre fue difícil de leer, y eso algo ya está señalando algo.

Platón y Kant unen sus potentes dichos en la recomendación de una regla para
el método de toda filosofía, y aun de todo saber en general. Han de satisfacerse por igual, dicen, dos leyes: la de la homogeneidad y la de la especificación, sin abusar de la una con perjuicio de la otra. La ley de la homogeneidad nos enseña, mediante la observación de la semejanza y concordancia de las cosas, a aprehender las variedades para reunirlas en especies y éstas en géneros hasta que llegamos finalmente a un concepto mayor que lo abarque todo. Comoquiera que ésta es una ley transcendental, esencial a nuestra razón, presupone que la naturaleza sea conforme a entidades que más allá de la necesidad no se multiplicarán.

Immanuel Kant

Al contrario, la ley de especificación es expresada por Kant así: entium
varietates non temeré sunt minuendae
(No precipitarse a reducir las variedades de seres),. Ésta requiere que distingamos bien las especies unidas en el concepto del género que las abarca, y a su vez las variedades superiores e inferiores comprendidas en tales especies, guardándonos de dar ningún salto, y, sobre todo, de no subsumir las variedades inferiores, y, menos aún, los individuos, inmediatamente bajo el concepto de género, siendo cada concepto capaz de una nueva división en conceptos inferiores, pero sin llegar ninguno de éstos a la mera intuición.

Kant enseña que estas dos leyes son principios transcendentales de la razón, que postulan a priori el acuerdo de las cosas con ellos, y Platón parece expresar a su manera lo mismo al decir que estas reglas, a las que toda ciencia debe su origen, nos fueron arrojadas de la mansión de los dioses con el fuego de Prometeo

Schopenhauer encuentra que, a pesar de tan poderosa recomendación, la última de estas dos reglas es poco aplicada a uno de los principios principales de todos los conocimientos, al principio de razón suficiente. Aunque se le ha propuesto de una manera general, desde hace tiempo y muchas veces, se ha descuidado la separación de sus muy diversas aplicaciones, en cada una de las cuales obtiene una significación diferente, y que delatan su procedencia de diversas facultades cognoscitivas.

Pero precisamente en el estudio de nuestras facultades intelectuales el uso del principio de homogeneidad con menoscabo de su opuesto nos conduce a muchos y persistentes errores, y, por el contrario, el uso del principio de especificación ha producido los más grandes y más importantes progresos. Esto se demuestra comparando la filosofía kantiana con todas las anteriores.

De Kant: Es de la más alta importancia aislar los conocimientos que por su especie y origen son distintos de los demás, y evitar cuidadosamente que se confundan en un baño de amalgama con otros, con los cuales suele mezclarlos el uso. Lo que el químico hace al dividir la materia, lo que hace el matemático en su teoría pura de las magnitudes, debe hacerlo con mayor razón el filósofo, con lo que obtendrá el provecho de poder determinar con seguridad la parte
que cada especial modo de conocimiento tiene en el uso promiscuo del entendimiento, su valor y su influencia propias (Crtt. de la razón pura, Doctrina del método, cap. 3)

La importancia del principio de razón suficiente es importante, porque se le puede considerar como el fundamento de todas las ciencias. Ciencia no es otra cosa que un sistema de conocimientos, es decir, un todo de conocimientos enlazados, en oposición a un mero agregado de ellos. Y ¿quién sino el principio de razón suficiente vincula los miembros de un sistema? Lo que distingue precisamente a una ciencia de un mero agregado es que sus conocimientos nacen unos de otros como de su propia razón. Por eso ya lo decía Platón:
(etiam opiniones verae non multi pretii sunt, doñee quis illas ratiocinatione a causis ducta liget, Meno, p. 385. Bip.). [Mucho del valor de opiniones que, hasta cualquier razonamiento a partir de esas razones, ellas se las relacionan]

Las ciencias contienen nociones de causa, Aristóteles: de todo el conocimiento intelectual, si es de alguna manera la comprensión de participación en las causas y principios.

Ahora bien, como la suposición hecha siempre por nosotros a priori de que todo tiene una razón es la que nos autoriza a preguntar en todas partes «por qué», el «por qué» puede ser llamado la madre de todas las ciencias.

Más adelante habrá que mostrar que el principio de razón suficiente es una expresión común a varios conocimientos dados a priori. Entretanto tiene que ser puesto provisionalmente en una fórmula. Elegimos la wolffiana, por ser la más general: Nada es sin una razón por la que es.

Puede apreciarse que el camino del pensamiento fue derivando sus propias reglas de legitimación para excluirse de la multiplicidad de infinitas opiniones que opusieran iletradamente antagonismos infundados sobre las nuevas propuestas de estos pensadores. Y Schopenhauer no eludió el esfuerzo de producción de legitimación de su obra.

Es el primero en romper con muchos de los planteamientos fundamentales de la época moderna, empezando por el racionalismo y el optimismo aparejado con él. Desde su perspectiva histórica, pudo ver ya lo que había dado de sí una razón omnipotente que todo lo justifica y para la que todo está bien como está. Quedan atrás las ideas de una razón capaz de conocerlo todo con un buen método (Descartes), de un progreso indefinido del género humano (Ilustración) y de un mundo que es el mejor de los posibles (Leibniz). Incluso quedan atrás para él los intentos de su contemporáneo y principal enemigo, Hegel, esforzándose aún por demostrar que “Todo lo racional es real y todo lo real es racional”. Porque para Schopenhauer no es verdad ni lo uno ni lo otro: ni lo racional es real, porque el mundo de la razón es un mundo de sueños y de engaño, ni lo real es racional, porque el verdadero ser de las cosas es una voluntad irracional y ciega. Es el momento de ocuparse de lo que la filosofía anterior soslayó o menospreció por considerarlo inexistente o accesorio: el sufrimiento y la maldad, la contradicción y la injusticia, la enfermedad y la muerte. Era hora de explicar el porqué de este “valle de lágrimas” que es la existencia humana. Y la respuesta de Schopenhauer no será precisamente consoladora, ya que para él no cabe otro consuelo que la verdad. La negatividad -señala su respuesta- no es un accidente de la historia sino algo que está inscrito en el origen mismo de toda existencia, en una realidad originaria (la voluntad) que lleva en su seno la escisión y la carencia.

El primer elemento kantiano que asume preside toda su concepción de la realidad: se trata del idealismo transcendental con su distinción de fenómeno y cosa en sí, distinción que en él se traduce, como indica el propio título de El mundo como voluntad y representación, en la dualidad de voluntad y representación: dualidad, que no es dualismo, ya que voluntad y representación no son dos realidades distintas sino dos caras complementarias e inseparables de un mismo ser: el mundo.”El mundo es mi representación” es la frase con que Schopenhauer compendia el idealismo kantiano (del Kant de la primera edición de la Crítica de la razón pura, no el de la segunda, que en su intento de evitar el idealismo rotundo echó a perder una obra maestra de todos los tiempos, según Schopenhauer). Con ella se expresa el carácter puramente relativo del mundo del conocimiento y la consiguiente exclusión de todo planteamiento realista: todo en él se reduce a ser objeto para un sujeto, ese “ojo del mundo” que todo lo conoce y de nada es conocido.

Para Kant el fenómeno era el modo en que los objetos nos son dados; en cambio para Schopenhauer, el modo en que se nos oculta la verdadera realidad de las cosas. Eso se encuentra ya implícito en la misma distinción de fenómeno y cosa en sí: si hay que distinguirlos, es porque son distintos. Tanto la forma general de la representación -la división de sujeto y objeto- como las formas del objeto -espacio, tiempo y causalidad- son para Schopenhauer, como fueron para Kant las intuiciones puras y las categorías, las condiciones de toda representación objetiva. Pero también suponen, por su origen subjetivo, una alteración de lo así  conocido -en el caso de Schopenhauer, la voluntad- que ha de asumir unas formas que le son extrañas para darse a conocer. Así pues, el fenómeno no es, en contra de lo que implica su etimología, la manifestación de la realidad sino más bien su encubrimiento.

De este modo, a la inconsistencia del mundo real, en cuanto mera representación de una conciencia, se añade su carácter engañoso. Para expresarlo Schopenhauer recurre a dos comparaciones favoritas: la vida como un sueño, una idea recurrente en muchos clásicos de todos los tiempos, y el “velo de Maya”, una metáfora tomada de la sabiduría hindú: “el velo del engaño que envuelve los ojos de los mortales y les hace ver un mundo del que no se puede decir que sea ni que no sea”. Él mismo aporta también su propia comparación: la vida y el sueño son hojas de un mismo libro.

La representación se nos aparece como la cara exterior del mundo. Desde ella el mundo se presenta como un espejismo y un sueño inconsistente, como una cáscara sin núcleo. Pero si no queremos quedamos ahí sino intentar acceder al interior de las cosas, si buscamos el significado metafísico del mundo que está más allá del físico, hemos de instalarnos en un punto de vista distinto de la representación. Desde fuera – desde la representación- nunca avanzaremos en la comprensión de la esencia de las cosas. Ese fue el error de Descartes: pensar que desde el ego cogito podría construir todo un mundo más allá de su conciencia. Porque no encontramos dentro de esta ningún dato que nos remita con seguridad a una existencia fuera de ella, y mucho menos a la naturaleza de esa presunta existencia. Es más: desde el pensamiento no podemos ni siquiera acceder a nosotros mismos. Así lo demostró Kant en su Paralogismo de la razón pura y así lo expresa, en un lenguaje más sencillo, Schopenhauer: “El yo representante, el sujeto del conocer, nunca puede convertirse en representación u objeto, ya que, en cuanto correlato necesario de todas las representaciones, es condición de las mismas […] No hay, pues, un conocer del conocer“. En eso también erró Descartes: en considerar que la del yo pensante es la representación primera y más evidente. Por el contrario, el pensamiento puro nunca nos puede dar noticia del yo que piensa; pues el “ojo del mundo”, tal y como señala Wittgenstein, queda fuera del campo visual y se reduce a un punto inextenso.

Pero el hecho es que, para bien o para mal (según se ve más adelante, más para mal que para bien), somos algo más que seres pensantes: somos individuos, seres naturales arraigados en este mundo en virtud de nuestra índole corporal. Y es precisamente ese cuerpo, objeto inmediato de la representación, lo que nos proporciona la “puerta trasera” que nos permite superar la exterioridad de la representación y acceder al en sí de nuestro propio fenómeno y del mundo. A diferencia de los demás objetos, que solo conocemos desde fuera, conocemos nuestro propio cuerpo también desde dentro: desde esa vía interna cada cual percibe la estricta identidad que existe entre los movimientos de su cuerpo y los actos de su voluntad.

Ciertamente, esa doble experiencia privilegiada no nos proporciona en principio más que una doble serie fenoménica. Desde ese punto de vista, seguimos sin salir del dominio de la representación. Pero aquí se nos revela también algo más; y algo tan importante como para que Schopenhauer lo denomine “el milagro κατ’εξοχην” y la verdad filosófica por antonomasia: se nos revela la identidad del sujeto que conoce y el sujeto que quiere y, con ella, nuestro propio ser, que de rechazo nos dará la clave acerca del ser del mundo. Pues el cuerpo es el elemento mediador que hace posible la autoconciencia del sujeto y a la vez le manifiesta su naturaleza esencial. Aquel sujeto cognoscente que en cuanto tal no es cognoscible ni para sí mismo se conoce siempre como cuerpo y, en virtud de aquella experiencia interna, conoce su cuerpo como voluntad. La voluntad es, pues, el objeto de la autoconciencia del sujeto pensante: “El sujeto se conoce a sí mismo sólo como volente, no como cognoscente […] Lo conocido en nosotros como tal no es lo cognoscente sino lo volente, el sujeto del querer, la voluntad”. De este modo, y al igual que rompió con el racionalismo y el optimismo modernos, Schopenhauer rompe también aquí con la tradición moderna de la filosofía de la conciencia. Su reivindicación del cuerpo representa un hito en la historia del pensamiento y sienta las bases de una filosofía de la corporalidad que encontrará importantes desarrollos posteriores. Con él se abandona el mundo de las conciencias puras, las res cogitantes cartesianas de las que el cuerpo no pasaba de ser un apéndice más o menos molesto, para entrar en una nueva consideración que otorga al cuerpo un papel central en la constitución de la subjetividad.

Una vez que se nos ha revelado el en sí de nuestro propio ser, solo quedan para Schopenhauer dos posibilidades: o bien pensar que el resto del mundo no es más que representación y quedarnos en un egoísmo teórico, con todos los absurdos que ello conlleva; o bien suponer que los demás fenómenos de la naturaleza que tan semejantes al nuestro se nos aparecen tienen idéntica esencia. Y así, con la misma razón con que afirmamos “el mundo es mi representación” podemos también afirmar “el mundo es mi voluntad”. Así pues, en el principio no era el lógos sino la voluntad. Ella es la realidad originaria, la cosa en sí idéntica que se manifiesta en todos los seres y fuerzas de la naturaleza, desde la gravedad que hace caer la piedra hasta el carácter que determina las voliciones del hombre ante unos motivos dados. Cada uno de los seres naturales, cada uno de sus impulsos, acciones y afecciones, representan la concreción individual de una voluntad de vivir absoluta e ilimitada. La afirmación de la vida, el afán por mantenerse en la existencia, constituye la esencia íntima de todos los seres y, por ello, un prius del intelecto ante el que no cabe plantear un porqué.

No comprende a Schopenhauer quien le acusa de antropomorfismo por considerar la voluntad como cosa en sí. Él no está en ningún modo extrapolando la voluntad humana a toda la naturaleza ni pretendiendo que todos los seres quieren del mismo modo que quiere el hombre. La adopción del término “voluntad” quizás no sea muy acertada, pero se debe -así lo puntualiza- a que ese es el modo en que la cosa en sí se nos manifiesta de forma inmediata en nuestro propio ser. Las fuerzas naturales no son, pues, formas o manifestaciones de la voluntad humana: tanto unas como otra son objetivaciones de un núcleo íntimo del ser al que llamamos voluntad, como podríamos haberlo denominado gravedad si esta hubiera sido la forma primaria en que se nos revelara. No hay, por lo tanto, un antropomorfismo de la naturaleza en Schopenhauer sino más bien un naturalismo del hombre, al que se atribuye una identidad esencial con el resto de los seres.

Tampoco comprende a nuestro autor hoy quien piense que su sistema postula más o menos a priori una voluntad de la que luego infiere por las buenas o por las malas la totalidad del mundo natural. Muy al contrario, Schopenhauer no busca deducir sino interpretar el mundo: su filosofía no parte de la cosa en sí sino del fenómeno, se instala en el terreno inmediato de la experiencia para buscar su significado metafísico, significado que descubre, acertada o equivocadamente, en la voluntad. El curso de su pensamiento va, pues, de la naturaleza a la voluntad, de la manifestación a la esencia. E invertir ese curso supone traicionar el espíritu de su filosofía.

La voluntad de vivir se afirma en todos los seres existentes. Pero la afirmación de la voluntad es afirmación de la negatividad, la escisión y la carencia que lleva en su seno y que no se aminoran en su objetivación fenoménica sino más bien se multiplican, dando lugar a una vida que es en esencia dolor. El querer y su satisfacción o, en otras palabras, el sufrimiento y el tedio, son los dos extremos entre los que oscila el péndulo de la vida. Mientras queremos, sufrimos por la carencia que ese sufrimiento supone; cuando el querer es satisfecho, surge algo peor que el sufrimiento: el aburrimiento, que nos hace sentir el vacío de la voluntad desocupada. Pero la rueda de Ixión ( Zeus, pensando simplemente que beber el néctar de los dioses había trastocado a Ixión, se conformó con desterrarlo. Pero cuando vio que el ingrato presumía de haber seducido a Hera, lo mató con un rayo (la única forma de morir que tenían los que habían probado la ambrosía), y le condenó al Tártaro, donde Hermes le ató con serpientes a una rueda ardiente que daba vueltas sin cesar) nunca se detiene: pronto aparecerá un nuevo deseo con un nuevo dolor, y su satisfacción volverá a mostrarse vana para calmar la sed de la voluntad; una voluntad que nunca encuentra un objeto que satisfaga su querer, porque en realidad no quiere nada y en el mundo fenoménico se limita a aparentar un querer. El dolor del mundo no es en último término sino la manifestación del absurdo de una voluntad que es incapaz de querer.

Ixión

Por si eso fuera poco, a nuestra índole esencial se añaden las condiciones fenoménicas que constituyen una nueva fuente de dolor. Pues si en esencia somos un absoluto -la voluntad y toda la voluntad-, al mismo tiempo somos individuos que, cegados por el velo de Maya, pretendemos afirmarnos en nuestra propia individualidad aun a costa del aniquilamiento del resto del universo. De ahí surge un estado de hostilidad universal en el que todos somos verdugos y víctimas; porque todos causamos daño a otros y lo sufrimos de los demás, y porque todos somos una misma voluntad. No obstante, y a pesar de todo el sufrimiento de nuestra existencia, nos aferramos a ella y nos estremecemos ante la perspectiva  de una muerte que en todo caso ha de llegar; pues le pertenecemos por el hecho de haber nacido, y ella no hace más que jugar con su presa antes de devorarla.

La liberación de la voluntad de vivir, fuente de todo dolor, encuentra en Schopenhauer dos vías: una puramente contemplativa (el arte) y otra de carácter práctico (la ética y la ascética). Pero no nos engañemos: no vamos a encontrar aquí recetas para una vida feliz: en primer lugar, porque “vida” y “feliz” son aquí conceptos contradictorios; y además, porque no hay recetas para ser un genio ni para ser santo. Tanto lo uno como lo otro proceden de un conocimiento; pero de un conocimiento inmediato e imposible de transmitir en palabras. En la ética y la estética abandonamos el dominio de la razón y entramos en el terreno de lo místico: aquí no caben ya las explicaciones sino solamente la descripción de su manifestación en el fenómeno.

Además del mundo de la representación y el de la voluntad, hay un tercer mundo; un mundo que parece llevarse la mejor parte, ya que no está afectado ni por las contradicciones internas de la cosa en sí ni por el sufrimiento inherente al mundo de la vida: se trata de las ideas platónicas, las objetivaciones inmediatas de la voluntad, que determinan la escala de los seres naturales. Esas ideas eternas e inmóviles constituyen el objeto de la contemplación estética. En ella el sujeto puro del conocimiento, aquel ojo del mundo que se presentaba como soporte de la representación, se convierte ahora en su espejo. Desgajado momentáneamente de su condición de individuo, ya no se pregunta por el cómo, el cuándo, el porqué y el para qué. Su modo de conocer se ha desvinculado del principio de razón y se dirige en exclusiva al qué. El genio busca así lo mismo que el filósofo, pero por una vía y medios distintos: su conocimiento no es discursivo sino intuitivo, y no se materializa en conceptos abstractos sino en una obra de arte. Él es capaz de ver en lo particular lo universal, en lo efímero lo eterno, en el individuo la idea, y de transmitir luego ese conocimiento de forma indirecta a través de su obra. Y al transmitirlo, ese benefactor de la humanidad nos comunica también algo del remanso de paz que ha conocido el mundo de las ideas: en él no hay dolor porque la voluntad se ha adormecido por un instante dejando el paso a la pura representación.

En correspondencia con la escala de la naturaleza, la teoría del arte de Schopenhauer va recorriendo la gradación de las ideas en sentido ascendente adjudicando a cada una de las bellas artes la contemplación de una idea. En el nivel inferior, la arquitectura como arte bello nos presenta la idea de la materia bruta y las fuerzas básicas de la naturaleza en el perpetuo conflicto entre gravedad y rigidez. Pasando por artes como la conducción de agua, la jardinería, la pintura paisajística y la pintura y escultura animal, en las que se presentan las ideas de la naturaleza vegetal y animal, se desemboca en las artes que tienen como objetivo específico la idea del hombre. Estas son la pintura histórica, la escultura y, por encima de ellas, la poesía. La concepción schopenhaueriana de la poesía, que tanta resonancia encontrará después en la obra de Borges, nos la presenta como una auténtica sabiduría acerca del hombre y al poeta como un ser humano anónimo y universal: “El poeta es el hombre universal: todo lo que ha conmovido el corazón de algún hombre, lo que en alguna situación la naturaleza humana ha dado de sí, lo que en algún lugar habita y se gesta en un corazón humano, es su tema y su materia; como también todo el resto de la naturaleza”. La verdad del hombre no la expresa la historia sino la poesía. La historia narra solo los acontecimientos y se queda siempre anclada en la superficialidad del fenómeno. La poesía, en cambio, narra lo que nunca envejece porque nunca sucedió.

La verdad de la poesía encuentra su expresión máxima en su género superior: la tragedia. En ella se nos presenta en toda su crudeza el terrible espectáculo de la existencia humana, la más dolorosa de todas, con el triunfo de la maldad, el azar y el error. La tragedia expresa el conflicto interno de una voluntad que se devora a sí misma a través de sus fenómenos y que se sustrae a toda racionalidad y toda lógica. Y expresa, sobre todo, el carácter de culpa que tiene nuestra existencia y que solo se puede expiar con el sufrimiento y la muerte: “El verdadero sentido de la tragedia es la profunda comprensión de que lo que el héroe expía no son sus pecados particulares sino el pecado original, es decir, la culpa de la existencia misma”.

La tragedia culmina la representación de las ideas eternas pero no la escala de las artes. Por encima de ella hay otro arte que ocupa un puesto aparte, ya que no representa ideas sino la voluntad misma: la música. Es comprensible que en un sistema eminentemente irracionalista, el puesto supremo en la jerarquía de las artes no lo ocupe un arte del lógos sino del sentimiento. Antes lo vimos: cuando la razón calla, habla la voluntad. Pues bien: la voluntad habla el lenguaje de la pasión y del sentimiento, un lenguaje indescifrable para la razón pero universalmente comprensible: “El compositor revela la esencia íntima del mundo y expresa la más honda sabiduría en un lenguaje que su razón no comprende”. En esa sabiduría encontraríamos, si pudiéramos expresarla en conceptos, la verdadera metafísica. Pues la música no expresa ya una idea sino que representa la vida, la voluntad misma en sus distintos grados de objetivación, la “sinfonía de la naturaleza” que aúna perfectamente todos sus elementos, desde el bajo fundamental -las fuerzas inferiores de la naturaleza- hasta la melodía -el hombre-, erigiéndose así en un mundo paralelo al de los fenómenos.

La belleza de las cosas no desmiente en modo alguno el pesimismo schopenhaueriano: pues una cosa es verlas y otra serlas. Pero sí se puede al menos atisbar en la teoría estética de Schopenhauer una cierta atenuación de su concepción trágica de la vida, en la medida en que el arte ostenta en él una virtud catártica que de alguna manera redime la perversión originaria de la realidad y nos permite verle “su lado bueno” y liberarnos momentáneamente del sufrimiento sin desembocar en la nada. No ocurre así, en cambio, en la otra vía de liberación de la voluntad, en la que el conocimiento de la verdadera realidad de las cosas presenta su lado más terrible y solo puede provocar espanto.

115 Volviendo al presente. [7]

Entendiendo la ley natural como una Ética panteísta el modo posible en el S XVI. Baruch Spinoza.

Contrastes. Hoy Baruch Spinoza

Baruch. Un poco más

Dijimos que íbamos a seguir con Baruch. No podemos reemplazar la lectura y estudio de su obra. Solo recortaremos algo de su pensamiento escrito e interpretarlo a nuestra propia manera. Ahora para establecer contrastes en la posibilidad concreta, desde nuestra lectura. Baruch tuvo su momento y espacio para constatarse y constatar lo que hace frente que como lúcido lo actualizamos hasta el punto que nos sea posible, con el afán de hacerlo para seguir caminando la sendero de poder aprender a pensar en nombre propio.

Es conveniente atender a las consecuencias sobre lo que debiera ser el tema implícito de la obra de Spinoza: ¿cuál es la relación entre una ontología y una ética? Esa relación interesa por sí misma a la filosofía, pero el hecho es que ha sido fundada y desarrollada sólo por él. Al tal punto que si alguien pensara que su proyecto sería hacer una especie de ética que fuera como el correlato de una ontología, es decir de una teoría del Ser, podríamos detenerlo y decirle: -Muy bien, en esa vía pueden decirse cosas muy nuevas, pero es una vía spinozista, es una vía firmada Spinoza-.

Sus obras no fueron muchas, pero tuvieron una sola coherencia. Dos obras publicadas en vida: Principios de filosofía de Descartes (1663) y Tratado Teológico Político (1679). Antes había comenzado Tratado de lo reforma del entendimiento y Tratado político y la Gramática hebreas, todas inconclusas. En los espacios de ellas permitían concluyó su Ética pero no pudo ser publicada en vida por la censura religiosa, como las otras hasta después de su prematura muerte. No fueron muchas en número, pero su cosmología fue el anticipo de mucho de lo que después devendría en filosofía. Apegado a la física veremos además que su semántica hoy la asociaríamos con la físico-química de la que ya hablamos y se podrá inferir se su ontología, sin insistir el las relaciones de niveles atómicos o subatómicos que las entendería, quizá un poco más, hoy día.

D E F I N I C I O N E S

  1. Por causa de sí* entiendo aquello cuya esencia implica la existencia,
    o sea, aquello cuya naturaleza no se puede concebir sino como existente.
  2. Se llama finita* en su género aquella cosa que puede ser limitada por otra de la misma naturaleza. Por ejemplo, se dice que un cuerpo es finito, porque siempre concebimos otro mayor. Y así también un pensamiento es limitado por otro pensamiento. Pero un cuerpo no es limitado por un pensamiento ni un pensamiento por un cuerpo.
  3. Por sustancia* entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, es decir, aquello cuyo concepto no necesita el concepto de otra cosa, por el que deba ser formado.
  4. Por atributo* entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia como constitutivo de su esencia.
  5. Por modo* entiendo las afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.
  6. Por Dios* entiendo el ser absolutamente infinito, es decir, la sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.

Lo anterior es exactamente el comienzo de la Ética: Dios es la Sustancia. Material. Cósmica. Natural. Con su propia esencia y además infinita, al menos para el tiempo que nos toque. Por supuesto poco tiene que ver con los dioses de las religiones. Es el comienzo de un álgebra, donde se establecen las definiciones principales, las que serán mantenidas en el resto del escrito.

Repasemos algo de su ontología fundamentadas en definición de una única Sustancia: las tres dimensiones de la individualidad.

Primera dimensión: Somos una infinidad de partes extensivas (extensivo es aditivo, a diferencia de lo intensivo que es atributo propio o esencial de algo), aún más precisamente una infinidad de conjuntos infinitos de partes extensivas o exteriores las unas a las otras.

Segunda dimensión: esos conjuntos infinitos de partes extensivas, exteriores las unas a las otras, nos pertenecen, pero bajo relaciones características, relaciones de movimiento y de reposo en las que se van componiendo o descomponiendo de acuerdo a conveniencias las relaciones entre las partes.

Tercera dimensión: esas relaciones características no hacen más que expresar un grado de potencia que constituye cada esencia; la propia, es decir, una esencia singular, intensiva.

Las tres dimensiones son entonces las partes extensivas, exteriores las unas a las otras, que nos pertenecen; las relaciones bajo las cuales esas partes nos pertenecen; y la esencia como grado intensivo, la esencia singular que se expresa en esas relaciones.

Estamos intuyendo una cierta armonía entre esas tres dimensiones de la individualidad y lo que Baruch llama en una ocasión completamente distinta de su escrito «los tres géneros de conocimiento».

Notaremos el paralelismo entre las tres dimensiones de la individualidad como tal y los tres géneros de conocimiento. El hecho de que existiera un tal paralelismo entre ambos ya debería conducirnos a ciertas conclusiones.

Cada quien lee la filosofía a su propio modo . Baruch nunca va decir: «Observen». No está en él explicar. Conviene entenderlo, no se pueden hacer dos co sas a la vez: no se puede decir algo y al mismo tiempo explicar lo que se dice. Es por eso que las cosas parecen difíciles. No es Spinoza quien explicó lo que dice Spinoza. Spinoza tiene que hacer algo mejor: tiene que decir algo. Explicar lo que él dice no está mal, pero no se puede ir muy lejos. Por eso es que la historia de la filosofía debe ser extremadamente modesta.

Entonces, Spinoza no explica: «Observen cómo se corresponden mis tres géneros de conocimiento y las tres dimensiones del individuo». No es él quien tiene que decirlo. Pero nosotros, en nuestra modesta lectura, si podemos hacerlo. Nos preguntamos, desde la intuición: ¿En qué sentido se corresponden?

El primer género de conocimiento es el conjunto de las ideas inadecuadas, es decir de las afecciones pasivas (externas) y de los afectos-pasiones que derivan de las ideas inadecuadas (internas). Es el conjunto de los signos -ideas confusas e inadecuadas- y de las pasiones -los afectos que derivan de esas afecciones-. Léase afección como el sentimiento de un afecto, cual fuera.

Entonces, ¿qué es lo que hace que, a partir del momento en que existimos, estemos no sólo entregados a ideas inadecuadas y a pasiones, sino que incluso estemos a primera vista como condenados a tener sólo ideas inadecuadas y afectos pasivos o pasiones? ¿Qué es lo que constituye nuestra triste (diría Spinoza) situación? Sin mucho detalle, es de esperar que se pueda sentir, o presentir: Es en tanto que tenemos partes extensivas que estamos condenados a las ideas inadecuadas.

Hay que explicarlo un poco. ¿como funcionan las partes extensivas? Ellas son exteriores las unas a las otras y van por infinidades. Los cuerpos más simples, que son las partes últimas, no tienen interioridad, están siempre determinados desde afuera por choques de otras partes bajo la forma más simple: constantemente cambian de relaciones.

Es siempre (a/b a sobre b, a = f(b) a en función de b) bajo una relación que las partes nos pertenecen o no nos pertenecen. Algunas partes de los cuerpos abandonan los cuerpos, toman otra relación -por ejemplo la relación del arsénico o la relación con el calor del clima-. Por otro lado, no dejamos de integrar partes con otras cuya relación se conviene. Cuando como, por ejemplo, hay partes extensivas de las que nos apropiamos (ej. común los alimentos) , lo implicamos es que esas partes abandonan la relación precedente que efectuaban para tomar una nueva relación, siendo esta una de nuestras propias relaciones.

Esto no cesa de funcionar (son funciones): choques, apropiaciones de partes, transformaciones de relaciones, composiciones al infinito, etc. Ahora bien, este estatuto de las partes exteriores unas a otras, que no cesan de reaccionar al mismo tiempo que los conjuntos infinitos en los que entran no dejan de variar, es precisamente el estatuto de las ideas inadecuadas, de las percepciones confusas y de los afectos pasivos, de los afectos-pasión que derivan de ellas. En otras palabras, es porque estamos compuestos de una infinidad de conjuntos infinitos de partes extensivas -exteriores entre sí- que tenemos continuamente percepciones de las cosas exteriores, percepciones de uno mismo, percepciones de uno mismo en las relaciones con las cosas exteriores, percepciones de las cosas exteriores en relación con uno mismo, etc.

Estamos frente a lo que constituye el mundo de los signos. Cuando se dice: «Esto es bueno» o «Esto es malo!», ¿qué son los signos «bueno» y «malo»? Esos signos inadecuados significan simplemente: «bueno» que encontramos en el exterior partes que convienen con mis propias partes bajo su relación y «malo» que hacemos encuentros igualmente exteriores con partes que no convienen bajo la relación en la que están. Decimos entonces que todo este dominio de los conjuntos infinitos de las partes exteriores unas a otras corresponde exactamente al primer género de conocimiento. Porque somos una inanidad de partes extrínsecas, tenemos percepciones inadecuadas. Todo el primer género de conocimiento corresponde a esta primera dimensión de la individualidad.

El problema de los géneros del conocimiento estaba ya lanzado por la pregunta spinozista: creíamos que estábamos condenados a lo inadecuado, ¿cómo explicar entonces la oportunidad que tenemos de salir de ese mundo confuso, de ese mundo inadecuado, de ese primer género de conocimiento? La respuesta de Spinoza es que existe un segundo género de conocimiento. En la Ética define el segundo género de conocimiento: es el conocimiento de las relaciones, de su composición y de su descomposición. No se puede decir más claramente que el segundo género de conocimiento corresponde a la segunda dimensión de la individualidad.

Entendiendo que las partes extrínsecas (extrínseco: adquirido o superpuesto a la naturaleza propia de algo) no son solamente extrínsecas las unas en relación a las otras, sino completamente extrínsecas, absolutamente extrínsecas, luego ¿qué es eso de decir entonces que partes extrínsecas me pertenecen? En Spinoza eso sólo quiere decir una cosa: que esas partes están determinadas, siempre desde el afuera, a entrar bajo tal o cual relación que me caracteriza. Ejemplo fuerte, ¿qué quiere decir morir? Quiere decir que las partes que me pertenecen bajo tal o cual relación son determinadas desde afuera a entrar bajo otra relación que no me caracteriza, sino que caracteriza a otra cosa. El primer género de conocimiento es entonces el conocimiento de los efectos de encuentro o de los efectos de acción y de interacción de las partes extrínsecas entre sí. No se lo puede definir mucho mejor. Los efectos causados por el choque o por el encuentro de las partes exteriores unas a otras define todo el primer género de conocimiento. Nuestra percepción natural es un efecto de los choques y desacuerdos entre partes exteriores que nos componen y partes exteriores que componen a otros cuerpos.

El segundo género de conocimiento es completamente de otro tipo. Es el conocimiento de las relaciones que componen y de las relaciones que componen a las otras cosas. Ya no se trata de los efectos del encuentro entre partes, sino del conocimiento de las relaciones, de la manera en que esas relaciones características de cada individualidad se componen con otras y de la manera en que las relaciones características y otras relaciones se descomponen. Este es un conocimiento adecuado. Y sólo puede ser adecuado, puesto que, a diferencia del conocimiento que se mantenía en recolectar efectos, este ahora es un conocimiento que se eleva a la comprensión de las causas. Verosímilmente, una relación cualquiera es una razón (a/b). Una relación cualquiera es la razón bajo la cual una infinidad de partes extensivas pertenecen a tal cuerpo antes que a tal otro. Entonces, el segundo género de conocimiento no es en absoluto un conocimiento abstracto. Simplemente insistimos en esto. Si se hiciera de éste un conocimiento abstracto, es todo Spinoza lo que se derrumba., mejor es a cada singular manera sentirlo, o presentirlo, desde el propio cuerpo.

Un error de los comentarios es que frecuentemente se dice: «Pero esto es como las matemáticas». Pero no son las matemáticas. Esto no tiene nada que ver con las matemáticas. Las matemáticas son simplemente un caso particular del segundo género de conocimiento. En efecto, las matemáticas pueden ser definidas como una teoría de las relaciones y de las proporciones -vean a Euclides por ejemplo-. Por lo tanto forman parte del segundo género. Pero pensar que el segundo género es un tipo de conocimiento matemático es una temeridad inadecuada, porque desde ese momento todo Spinoza se volvería abstracto que no lo fue. Las personas no regulamos nuestra vida matemáticamente. Y aquí se trata de asuntos de la vida.

Aprender algo, a ver un ejemplo nadar. ¿Qué sería el conocimiento del primer género? Voy, me lanzo y, como suele decirse, chapoteo. ¿Chapotear? La palabra indica bien que se trata de relaciones extrínsecas. A veces la ola me golpea, a veces me lleva. Son efectos de choque. Es decir, no conozco nada de la relación que se compone o se descompone, sólo recibo los efectos de partes extrínsecas. Las partes que me pertenecen son sacudidas, reciben el efecto del choque de las partes que pertenecen a la ola. Me río, o me asusto, según que la ola me haga reír o me provoque temor. Es la situación plena de los afectos-pasión: me divierte o me provoca miedo, o la pasión que fuera en cada caso.

Mientras estemos en el primer género de conocimiento, no dejaremos de decir: «Estos zapatos me hicieron daño». Y eso es exactamente lo mismo que decir: «El otro me hizo daño». No es porque los zapatos sean inanimados que no dejamos de decir que nos hizo daño. Decir «Pedro (Pierre*)me hizo mal» es tan desinteligente como decir «la piedra (pierre*)me hizo mal» o «la ola me hizo mal». Están al mismo nivel. Eso es el primer género. Si por el contrario sé nadar no quiere decir forzosamente que tenga un conocimiento matemático o físico o científico del movimiento de la ola. Quiere decir que tengo un saber hacer, un alegre saber hacer. Es decir, una especie de sentido del ritmo. Aprendo a componer directamente mis relaciones características con las relaciones de la ola. Eso ya no ocurre entre la ola y yo, ya no sucede entre partes extensivas -las partes acuosas de la ola y las partes de mi cuerpo-. Sucede entre relaciones: las relaciones que componen la ola, las que componen mi cuerpo, y mi habilidad, cuando sé nadar, de presentar mi cuerpo bajo relaciones que se componen directamente con las relaciones de la ola. Me hundo en el momento justo y salgo en el momento justo, evito la ola que se aproxima o, al contrario, me sirvo de ella, etc. Es más un arte lo la la composición de relaciones.

* en francés

Algo equivalente a nivel del amor.

Estamos trayendo ejemplos que no son matemáticos porque, de nuevo, las matemáticas son sólo un modo, como la teoría formal del segundo género de conocimiento y no el segundo género de conocimiento. Así las olas o el amor son lo mismo.

En un amor del primer género ustedes están perpetuamente en ese régimen de los encuentros entre partes extrínsecas. En cambio en lo que se llama «un gran amor» tienen una composición de relaciones. La dama de las camelias de Alejandro Dumas es el primer género de conocimiento. Pero en el segundo género de conocimiento se tiene una especie de composición de las relaciones unas con otras. Ya no están en el régimen de las ideas inadecuadas, es decir, del efecto de una parte sobre las mías, del efecto de una parte exterior o de un cuerpo exterior sobre el mío. Alcanzan un dominio mucho más profundo que es la composición de relaciones características de un cuerpo con las relaciones características de otro, y esa especie de flexibilidad o de ritmo que hace que ustedes puedan presentar su cuerpo -y entonces también su alma- bajo la relación que se compone más directamente con la relación del otro. Provocará la sensación de una extraña felicidad. Este es el segundo género de conocimiento.

¿Por qué hay un tercer género de conocimiento? Porque las relaciones no son las esencias. Spinoza nos dice que el tercer género de conocimiento o el conocimiento intuitivo va más allá de las relaciones, de su composición y de su descomposición. Es el conocimiento de las esencias. Este conocimiento va más allá de las relaciones, puesto que alcanza la esencia que se expresa en las relaciones, la esencia de la cual dependen mis relaciones. Si tales relaciones son las mías, si me caracterizan, es porque expresan mi esencia. ¿Qué es mi esencia? Es un grado de potencia. El conocimiento del tercer género es el conocimiento que ese grado de potencia tiene de sí mismo y de los otros grados de potencia. Esta vez se trata de un conocimiento de las esencias singulares. El segundo, y con mayor razón el tercer género de conocimiento, son perfectamente adecuados.

Los géneros de conocimiento son más que géneros de conocimiento: son modos de existencia, son maneras de vivir. Cada individuo posee las tres dimensiones: las partes extensivas, exteriores las unas a las otras, que nos pertenecen; las relaciones bajo las cuales esas partes nos pertenecen; y la esencia como grado . Pero no por eso posee los tres géneros de conocimiento, se puede muy bien permanecer en el primero.

No hay ninguna cosa singular-es decir, ningún individuo- en la naturaleza que no tenga otra más potente y más fuerte. Dada una cosa cualquiera, hay otra más potente que puede destruir a la primera. Axioma del Libro IV de la Ética.

La primera frase nos dice: dada una cosa, ella se define por su potencia; pero dado un grado de potencia —es decir una cosa en su esencia- hay siempre una potencia mayor. Hasta aquí comprendemos. Segunda frase: la primera cosa siempre puede ser destruida por la cosa más potente. Esto es muy molesto. De golpe nos decimos algo no entiendo. ¿Cómo habría un conocimiento adecuado de las esencias si ellas están en relaciones tales que una destruye a la otra?

Los que leen, lo que fuera y filosofía en particular, han comprendido luego de un tiempo que se necesita paciencia para leer. En el libro V, tenemos la proposición XXXVII. Ella contiene, después de su enunciado y de su demostración, una proposición fuera del esquema geométrico, bajo el título de «Escolio». Este escolio nos dice: el axioma de la cuarta parte concierne a las cosas singulares en tanto se las considera con relación a un cierto tiempo y un cierto lugar; de lo cual creo nadie duda.

Nos estaría diciendo, aunque no lo haga: El axioma de la destrucción, el axioma de la oposición -una esencia puede oponerse a otra al punto de destruirla- sólo se comprende cuando se consideran las cosas con relación a un cierto tiempo y un cierto lugar. No dice nada más, y tampoco es poco. Considerar las cosas en un cierto tiempo y un cierto lugar implica considerarlas en su existencia, considerarlas en tanto que existen, en tanto que han pasado a la existencia.

Una esencia pasa a la existencia cuando una infinidad de partes extensivas se encuentran determinadas desde afuera a pertenecerle bajo tal relación. Tenemos una esencia. Decimos que pasamos a la existencia cuando una infinidad de partes extensivas están determinadas desde afuera -es decir por choques que remiten a otras partes extensivas- a entrar bajo una relación que nos caracteriza. Antes no existíamos en la medida en que no teníamos esas partes extensivas. Nacer es eso. Nacemos cuando una infinidad de partes extensivas son determinadas desde afuera por el encuentro con otras partes a entrar bajo una relación que es la nuestra, es decir que nos caracteriza. Desde ese momento, tengo una relación con un cierto tiempo y un cierto lugar. El tiempo y el lugar de nuestro nacimiento son aquí y ahora.

La oposición es el esfuerzo respectivo de cada existente por apropiarse de partes extensivas haciendo que ellas efectúen la relación que corresponde a tal o cual individuo. En un sentido, puede decirse entonces que somos destruidos por otros más fuertes. Es el riesgo de la existencia. Y ese riesgo de la existencia hace una misma cosa con lo que llamamos la muerte. Una vez más, ¿qué es la muerte? Es el hecho, que Spinoza llamará necesario en el sentido de inevitable, de que las partes que me pertenecían bajo una de mis relaciones características dejen de pertenecerme y entren bajo otra relación que caracteriza a otros cuerpos. Es inevitable en virtud misma de la ley de la existencia. Una esencia encontrará siempre, bajo las condiciones de existencia, una esencia más fuerte que literalmente destruye la pertenencia de las partes extensivas a la primera esencia, recordemos el caso del arsénico.

Finalizamos hoy, y aquí, con la última proposición de la Ética, en un intento de presentar a donde nos lleva la lectura, estudio y desciframiento de la manera que nos resulte posible entender el objetivo pretendido por Baruch, no solo para él mismo sino también como lo indican sus tratados políticos, al resto de los existentes en una sociedad en cada época, ya que su lógica es intempestiva, cuando se la aprende.

Por una cuestión de principio, reemplazamos la palabra Dios del escrito por Naturaleza, equivalente en la concepción espinoziana de sustancia.

PROPOSICIÓN 42

La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma; ni gozamos de ella porque reprimimos las concupiscencias, sino que, al contrario, porque gozamos de ella, podemos reprimir las concupiscencias*.

Demostración:

La felicidad consiste en el amor a la Naturaleza, el cual nace del tercer género de conocimiento ; y por tanto, este amor debe ser referido al alma en cuanto “que actúa, y, en consecuencia , es la virtud misma: que era lo primero. Además, cuanto más goza el alma de este amor divino o felicidad, más entiende, esto es mayor poder tiene sobre los afectos y menos padece de los afectos que son malos. Y , por consiguiente, por gozar el alma de este amor potente o felicidad, tiene la potestad de reprimir las concupiscencias.

Y , como el poder humano de reprimir los afectos consiste en el solo entendimiento, se sigue que nadie goza de la felicidad porque reprimió sus afectos, sino que, al contrario, la potestad de reprimir las concupiscencias nace de la misma felicidad.

Escolio

Con esto he concluido cuanto me había propuesto mostrar acerca del poder del alma sobre los afectos y acerca de la libertad del alma. Y a partir de ahí resulta claro cuánto aventaja y es más poderoso el sabio que el ignorante, que se deja guiar por el solo apetito. Pues el ignorante, aparte de ser zarandeado de múltiples maneras por causas exteriores y no gozar nunca de la verdadera tranquilidad del ánimo, vive además como inconsciente de sí mismo y de la Naturaleza y de las cosas; y tan pronto deja de padecer, deja también de existir.
Por el contrario, el sabio, en cuanto que es considerado como tal, apenas si se conmueve en su ánimo, sino que, consciente de sí mismo y de la Naturaleza y de las cosas con cierta necesidad eterna, no deja nunca de existir, sino que goza siempre de la verdadera tranquilidad del ánimo. Y, si el camino que he demostrado que conduce aquí, parece sumamente difícil, puede, no obstante, ser hallado. Difícil sin duda tiene que ser lo que tan rara vez se halla. Pues, ¿cómo podría suceder que, si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera ser encontrada sin gran esfuerzo, fuera por casi todos despreciada?
Pero todo lo excelso es tan difícil como raro*.

114 Volviendo al presente. [6]

Solo para nadie y para todos

Volver al presente. Humano

Baruch

Terminamos el anterior: El ánimo ( el alma espinozista ) como idéntico a lo extenso del espíritu ( el pensamiento ) causa efecto reciproco, y se manifiesta en el cuerpo como sensaciones, antes se las llamaba pasiones, con Freud pulsiones. Es el alma que se expresa como alegría, tristeza, dolor, angustia, pérdida de identidad, expectativa, deseo, poder de algo, falta, fantasías, ilusiones, alucinaciones, voluntad dijo Schopenhauer, voluntad de poder, Nietzsche, arquetipo Jung, obediencia a las tablas, Moisés, demasiado.

Más cerca o más lejos, a partir de distintos paradigmas, algunos sapiens dan cuenta de la multiplicidad del modo de ser humano. Dan cuenta: lo percibieron, se dieron cuenta y lo pensaron y expusieron cada quien en su propio nombre. Como se dijo en capítulos anteriores, no existía la ciencia que pusiera aportar más elementos de fundamentación, y posiblemente aún así lo siga siendo.

Que hoy día, desde lo actual del progreso científico, con toda la parafernalia tecnológica disponible, aún se mantengan fundamentos como conjeturas es propio de las velocidades relativas entre lentitud científica y rapidez del la cosmología del pensamiento. Las cuestiones físico químicas preexisten a su entendimiento, están desde un principio y que la ciencia las vaya interpretando es lo actual en la flecha del tiempo que lleva ya 14 mil millones de años cronológicos. Las leyes de la naturaleza son siempre iguales, que aún muchas las ignoremos es lo mismo, se seguirán cumpliendo.

La Filosofía, nacida desde la observación racional y pensante de los cielos, sus regularidades y el poder ser de los hombres y su posibilidad diferencial de pensar, permitió el comienzo de las ciencias, pero neutralizó su acierto brindando fundamentos a la fantasía e ilusión mágicas o religiosas y a muchas otras maneras equivalentes. Y así estamos. Es una época aún grave, o gravísima según Heidegger, porque aún no aprendemos a pensar, y nos aventuramos a agregar desde la sensación de la experiencia cotidiana, que cada vez menos. Lo conjeturamos 70 años después que Heidegger abriera a la posibilidad de empezar, al menos, a pensarlo. Luego Deleuze y Guattari develaron la realización actualizada de la ezquizofrenia en las sociedades actuales, En la estratificación combinada de ambos momentos, nace la conjetura.

Entre la físico química del pensamiento y sus relaciones con otras partes somáticas que producen la sensación, o viceversa que las sensaciones provocan percepción al pensamiento, decimos, aún la complejidad sistema espacio-tiempo de un cuerpo humano, algo debería estar ocurriendo a cada instante, al infinitesimal de la duración de la transmisión que el sistema permita. Y claramente nos detenemos en esta postulación, porque entendemos hay bastante que aprender de los que lo pensaron y expusieron en su propio nombre .

El hombre spinoziano no es sustancia, sino modo; el alma es modo del pensamiento, y el cuerpo, modo de la extensión. Alma y cuerpo no se relacionan como dos sustancias, sino como una idea y su objeto; el cuerpo es el objeto primero del alma y el alma es idea del cuerpo.

Explayemos un poco. Spinoza propone una única sustancia, a que no tan convencionalmente (por permitida en el paradigma de su época) llama dios, aunque no tardemos en entenderla como Naturaleza, extendida a la posibilidad del todo cósmico. Alma y cuerpo no se relacionan como dos sustancias, porque solo hay una, Expresa pensamiento y cuerpo se relacionan uno a otro, desde la lógica de la expresión de su entendimiento,

Agrega: Ahora bien, como nuestro cuerpo es una especie de proporción o armonía de movimiento y reposo, y está continuamente sometido al impacto de los múltiples y variadísimos cuerpos que lo rodean, nuestra alma refleja esos choques e impactos y, a través de ellos (afecciones corporales), conoce los cuerpos externos. He ahí la imaginación: un conocimiento esencialmente condicionado por la situación de nuestro propio cuerpo, por nuestro temperamento, nuestra experiencia previa y nuestros prejuicios individuales.

Aún desde la ignorancia de las infinitas posibilidades físico químicas que se transmitan, decimos, Spinoza las anticipa en los términos del lenguaje que puede utilizar. Y destacamos en esto el asunto del lenguaje que está directamente relacionado con la necesidad de convencionar los contenidos del pensamiento, para su posible transmisión a otros sapiens que están cerca, justo frente al que algo dice necesariamente devenido cierta clase de pensamiento antes de eso.

Las formas en que pueda devenir un pensamiento no aprendido lo extenderemos más adelante en referencia a Freud, o a Schopenhauer, o a Nietzsche, o porque no a Marx, aunque ya Spinoza, antes que todos ellos lo haya intuido y que anticipa como provenientes de nuestro temperamento, nuestra experiencia previa y nuestros prejuicios individuales, que además de inevitables son siempre singulares a cada sapiens existente.

A partir de esta idea del hombre, como ser imaginativo, que sólo percibe los cuerpos externos a través de su propio cuerpo, define Spinoza los afectos o sentimientos.

Los afectos humanos son la vivencia en la imaginación, es decir, las ideas de nuestras afecciones corporales . Tienen, pues, las mismas características que la imaginación y se rigen por sus mismas leyes. Los sentimientos son subjetivos, porque la imaginación refleja más la situación de nuestro cuerpo que la naturaleza de los cuerpos externos. Son inciertos y azarosos, adoptan el carácter de pasión, de algo que se nos impone del exterior y nos sorprende a cada paso, porque la imaginación capta consecuencias sin sus premisas, es decir, fenómenos sin sus causas.

Se refuerzan y debilitan, se mezclan y entrecruzan, se comunican y difunden de las formas más extrañas y sorprendentes, sin que podamos evitarlo, porque se rigen y gobiernan por las leyes de asociación de imágenes (semejanza, contigüidad y contraste), que son tan necesarias como las leyes de choque
de los cuerpos.

Así, preliminarmente lo expresaba Spinoza. Claro, apenas se conocían las matemáticas de Isaac Newton y la reciente física más moderna de Descartes, y no es menor que su obra principal esté expuesta al modo geométrico. Inferimos de lo hasta aquí resumido su intuición que la mundanidad debía cumplir con ciertas legalidades propias de la Sustancia, de la que de sus infinitos modos el hombre, y usando palabras, solo dispone de dos.

Con dos mínimas clarificaciones, en referencia a esta primera parte con Baruch, no nos estamos saliendo hasta este momento de un hombre individual (o sea postergamos lo social), y segundo, por lo tanto se habrá de seguir con él.

Schopenhauer

Textual del comienzo de Sobre la voluntad en la naturaleza:

El rasgo fundamental de mi doctrina, lo que la coloca en contraposición con todas las que han existido, es la total separación que establece entre la voluntad y la inteligencia, entidades que han considerado los filósofos, todos mis predecesores, como inseparables y hasta como condicionada la voluntad por el conocimiento, que es para ellos el fondo de nuestro ser espiritual, y cual una mera función, por lo tanto, la voluntad del conocimiento. Esta separación, esta disociación del yo o del alma, tanto tiempo indivisible, en dos elementos heterogéneos, es para la filosofía lo que el análisis del agua ha sido para la química, si bien este análisis fue reconocido al cabo. En mi doctrina, lo eterno e indestructible en el hombre, lo que forma en él el principio de vida, no es el alma, sino que es, sirviéndonos de una expresión química, el radical del alma, la voluntad. La llamada alma, es ya compuesta; es la combinación de la voluntad con el nous, el intelecto. Este intelecto es lo secundario, el posterius del organismo, por éste condicionado, como función que es la del cerebro. La voluntad, por el contrario, es lo primario, el prius del organismo, aquello por lo que éste (el pensamiento) se condiciona. Puesto que la voluntad es aquella esencia en sí, que se manifiesta primeramente en la representación (mera función cerebral esta), cual un cuerpo orgánico, resulta que tan sólo en la representación se le da a cada uno el cuerpo como algo extenso, articulado, orgánico, no fuera ni inmediatamente en la propia conciencia”.

No estudiaremos aquí a Arthur Schopenhauer, si explanaremos lo que adviene a nuestro modo de pensar cuando lo hacemos. Si aún no aprendemos a pensar, reconocemos la ayuda que a la distancia de dos 2 siglos nos puede agregar. De nuevo, expresa en sus palabras posibles contenidos de pensamiento que debemos aprender a escuchar (un forma elíptica de referir a su lectura o estudio). Había épocas en que era considerado conveniente, no solo leer los textos en voz alta, además de tomar las notas que que nos ayudarían a recordar lo que despertaba la atención en su momento, ya que después eran relocalizadas a una memoria latente , no consciente.

Advirtamos, como una mínima cuestión de contexto, que Schopenhauer es considerado uno de los más brillantes pensadores del siglo XIX y de más influencia en el siglo XX, siendo el máximo representante del pesimismo filosófico, adversario del idealismo hegeliano propone un “pensar hasta el fondo” la filosofía de Kant, y se inspiran en cosas de Platón y Spinoza, y como casi podríamos decir un postidealismo o idealismo trascendental y que acerca las alternativas no tan pesimistas de la filosofía oriental. Muerto el héroe filosófico de la época, Hegel, al casi final de su vida su obra empieza a ser más leído y reconocido. De su lectura cabe dar cuenta de una potente inteligencia que al menos a algunos nos asombra.

Si nos escuchamos poder pensar que el intelecto es lo secundario, lo posterior en el organismo que es un sapiens (un volumen de espacio-tiempo aludirá más tarde Schrödinger), por éste condicionado. La voluntad, por el contrario, es lo primario del organismo, aquello por lo que luego el pensamiento se condiciona. Pura voluntad de persistir en su ser sustancial en el mundo, ya adelantada por Spinoza pero ahora expuesta como fuerza natural, como un radical del alma lo dice, como una raíz que permite lo otro.

Resuenan las metáforas propias de cada posibilidad de expresar con lo arbitrario de las palabras, contenidos bulliciosos de pensamiento. Lo bullicioso proviene, decimos (y cuando decimos no lo arrogamos como valor de verdad, sino como resultado dicho en palabras, algo de lo que se deriva de nuestros contenidos propios de la consciencia que nos aporta el pensamiento en el contexto en el cual nos estamos expresando) de la enorme actividad de intercambio de energías físico químicas, entre cada una de las partes de nuestro organismo. Este organismo se constituyó, como lo revisamos en capítulos anteriores desde formaciones específicas que en el transcurso de las transformaciones entre las infinitas posibles dieron lugar a los cuasicristales, que como ADN, admiten la reproducción de los organismos, sus modos de existencia concreta y el fenómeno que luego se bautizará como Vida, en este planeta al menos. Si a la luz de la posibilidad de las ciencias hoy, no disponibles ni para Spinoza, ni para Schopenhauer, ni para Nietzsche ni para Freud en sus momentos, hoy atrevemos una conjetura más cerca de las leyes que rigen el cosmos que entendemos conocer, es nada más porque la ciencia aporta nuevas posibilidades, que antes claramente no estaban disponibles. De nuevo, el hombre es anterior a las ciencias. Por lo tanto nuestro paradigma nos permite hoy adicionar a las formas de expresar la misma humanidad con criterios algo más ampliados. Por eso decimos, decimos.

Solo haberlo nombrado a Schopenhauer, y con solo una preliminar irrupción de su concepto de la voluntad, no solo reencontramos la anterior mención a los cuestiones de Spinoza, también preliminares, sino que además nos abre vías de articulación con lo que intentamos decir hoy cuando decimos. Casi una primera correlación entre sapiens en su devenir.

Una última observación antes de pasar a Nietzsche, nos enteramos desde lo profundo de la historia occidental, que algunos ante la fuerza superior, que Schopenhauer nombra voluntad, y ante la intuición de algo que prevalece en la constitución humana ignorando cualquier grado de conocimiento imposible para su época, inventaron el concepto de Dios, no en minúscula como hizo Aristóteles, sino con mayúscula y ortorgándole a la palabra y su representación una fuerza divina que los míticos asignaban a sus héroes imaginarios. Que luego essa palabra en mayúscula se impusiera de alguna mística manera, y con el poder de la imposición hiciera lo que hizo, es otra historia que seguramente retomaremos en otros capítulos, aunque no estuvieran sino nombrando la misma voluntad schopenhauriana, desde la ignorancia y cierta inconsciente cuenta de la prevalencia de la Naturaleza.

Nietzsche

Hemos expuesto muchas cosas acerca de Nietzsche en este lugar. Agregaremos ahora alguna nueva consideración, desearíamos intempestiva, en función de la escucha de algunas partes de su obra que se convienen con lo aquí, en este capítulo, planteado. No dejó de reconocer en su juventud Friedrich que Schopenhauer fue uno de sus “maestros” cuando aún oscilaba desde la filología hacia cierta independencia filosófica.

Sobre La voluntad de poder.

Todos los grandes temas de la filosofía de Nietzsche, el nihilismo, la crítica de la metafísica, la religión y la moral, la doctrina del Eterno Retorno y la Transmutación de los Valores, se dan cita en esta gran obra, cuyo nudo argumenta! lo constituye precisamente el estudio de la Voluntad de Poder. En el el libro III «Fundamentos de una nueva valoración», apunta en un doble sentido. En primer lugar nos proporciona una aproximación al concepto de Voluntad
de Poder: es el principio a partir del cual se determinan los valores. En segundo lugar sugiere la necesidad de una nueva valoración, ya que… un fantasma recorre Europa: el nihilismo.

La gran noticia se propaga: Dios ha muerto, y con él todo el reino de los valores suprasensibles, de las normas y de los fines que hasta ahora habían regido la existencia humana. Ya no es posible continuar engañándose con el espejismo de la trascendencia. La idea de otro mundo superior al nuestro, donde reinan desde siempre y para siempre el Bien, la Verdad y la Justicia, se nos revela como la falsa proyección de nuestros deseos en un más allá inexistente. No hay nada que
ver detrás del telón: ese mundo ajeno al cambio, a la muerte, al dolor y a la mentira no es otra cosa que la pura nada, un ideal vacío, una mentira piadosa que hemos confeccionado invirtiendo los caracteres de nuestro mundo real que estimamos indigno de ser vivido por sí mismo. Y «ahora que se hace claro el mezquino origen de estos valores, nos parece que el universo se desvaloriza, “pierde su sentido”…»
(el nihilismo).

Son solo dos párrafos de la insistente obra de Nietzsche, primero consigo mismo y a partir de su sensación y posterior inteligencia su interpretación en nombre propio de lo que hace frente en el humano que lo rodea. Son párrafos póstumos, y retornemos por un momento a otros de su juventud, todavía en Basilea. Sobre Verdad y Mentira en Sentido extramoral:

En un apartado rincón del universo donde brillan innumerables sistemas solares,
hubo una vez un astro en el que unos animales inteligentes descubrieron el conocimiento. Fue el minuto más engreído y engañoso de la «historia universal», aunque, a fin de cuentas, no dejó de ser un minuto. Tras un breve respiro de la naturaleza, aquel astro se heló y los animales inteligentes hubieron de morir.
Aunque alguien hubiera ideado una fábula así, no habría ilustrado suficientemente el estado tan sombrío, lamentable y efímero en que se encuentra el intelecto humano dentro del conjunto de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existió, y cuando desaparezca, no habrá ocurrido nada, puesto que ese intelecto no tiene ninguna misión que vaya más allá de la vida humana”.

Otro párrafo:

Sólo mediante el olvido puede el hombre llegar a pensar alguna vez que posee una verdad en el sentido que acabo de reseñar (Estas convenciones linguísticas productos del conocimiento y sentido de la verdad que se proponen) . A menos que se contente con meras tautologías, esto es, con cascaras vacías de contenido, estará constantemente tomando ilusiones por verdades. ¿Qué es una palabra? La transcripción en sonidos de una excitación nerviosa. Ahora bien, deducir d e una excitación nerviosa que existe fuera de nosotros una causa de la misma supone ya una utilización abusiva e injustificada del principio de razón. Si en el origen del lenguaje la verdad fuera el único factor determinante y la certeza el criterio definitivo para designar todas las cosas, ¿de qué manera podríamos, entonces, decir con propiedad que «la piedra es dura», como si captáramos lo «duro» de una forma distinta a la mera excitación subjetiva?

Volvemos:

Nos aparece al escucharlo a Friedrich, que ya desde un comienzo de su obra disponía de los conceptos que después refinaría, ampliaría y profundizaría hasta donde pocos han llegado. Para el objeto de esta parte es como reencontrar con la afirmación que la vida está antes del pensamiento, que nos fue dotado a los sapiens.

Una aproximación al concepto de Voluntad de Poder: es el principio a partir del cual se determinan los valores. Nos encontramos así con dos formas de negación de la vida aparentemente opuestas, pero rigurosamente complementarias: el nihilismo pesimista y el «optimismo» metafísico del Idealismo. La primera es tan solo la consecuencia lógica de la segunda que contiene ya, en sí misma, el germen del nihilismo, pues el fundamento de sus valores no es otra cosa que la pura nada, el niliil. Constituye así un nihilismo inconsciente que ignora su propia mentira como tal mentira. Cuando esta mentira se desvela a la conciencia, irrumpe el nihilism queo propiamente dicho. Pero, en definitiva, la historia de la humanidad desde Platón y el cristianismo hasta… ¿cuándo?, es siempre la historia de un «tedium vitae» cada vez más pronunciado.

Podemos llegar a entender, más propiamente de estas consideraciones, si intempestivas, de Nietzsche que la secuencia que viene desde Spinoza y continúa con Schopenhauer se va refinando. Si la vida que es lo primario y que dispone de la voluntad que es la de la naturaleza, luego permite contenidos de pensamiento y estos idealizan ilusoriamente (inconscientemente lo nombre Friedrich) se prevalencia, el mundo humano parece haber entendido las cosas al revés, y actuado en consecuencia proponiendo valores que nos eran, por simple cuestión de principios cronológicos, y para eso no quedaba más opción que la imposición convencional de sus valores apodípticos, Entendemos con eso que la Voluntad de Poder nietzscheana como un retorno a la determinación de valores que provengan de la tierra, de la vida misma, no de la infinidad de metáforas que los pensamientos imaginativos promovieron desde la simple ignorancia de su propia condición y posibilidad. Y así nos va…..

Nietzsche va completando el círculo al que el auto engaño del entendimiento, y las las ciencias naturales estaban en su modo de concepción dentro del mismo. Harán falta Freud y Schrödinger, para sacarlas de ese lugar. Schrödinger en cuanto a la apertura de la complejidad del fenómeno de la vida para la física moderna y brindando, desde su humildad de físico (nobel) ingenuo la opción de empezar a entenderla como hecho de la naturaleza. Freud, antes y con cierta intuición de los que luego podrá validarse en los laboratorios de los científicos, el más importante en cuanto a desvelar los modos en los que los pensamientos son gobernados por otras instancias de la que denomina la constitución anímica, y que para nada tendrán que ver con las fantasías que anticipaban Schopenhauer y Nietzsche.

Sigmund

Sigmund Freud fue un descubridor, como antes Galileo y Darwin, que descentralizan la ilusión anticipada con Nietzsche del hombre sapiens ombligo del mundo. Galileo demuestra que este planeta Tierra no es el centro de Universo, Darwin que la criatura hombre no es ni divina ni la suprema creación, sino solo un escalón más en la evolución de una especie orgánica en las condiciones en que el fenómeno de la vida se presentó en el contexto de la Naturaleza, Freud agregará algo así como que no somos dueños de nuestras motivaciones y obramos en función de designios ignorados. Este último es uno de los puntos más resistidos del psicoanálisis que Freud funda), por cuanto se inscribe contra toda evidencia inmediata y pone en cuestión las motivaciones yoicoconciencialistas de raíz ilusoria. (Agradecemos a Roberto Harari , el neologismo resume inteligentemente hacia lo que señala el camino)

Sigmund se gradúa en neurología, lo que nos va indicando que su trayecto que si bien parte de los paradigmas científicos de su época donde la física era el modelo más reconocido, y desde el que va transitando arduamente, y desde su experiencia clínica, hasta verse obligado a apartarse de la incapacidad de explicar con esos paradigmas las cuestiones del hombre, tal como el iba conociendo no solo en los hospitales, universidades su consultorio, sino y sobre todo en sí mismo. El se constituyó en su propio laboratorio, y los resultados de su entendimiento e interpretación de ese entendimiento derivaron en su obra y pretensión nunca acabada de fundar al psicoanálisis como ciencia, del tipo de las que él había partido.

No vamos a repetir cuestiones ya expuestas pero que ayudarían en este caso a detallar un poco más el sendero por que transitamos:

( https://cuestionesfilosoficas.com/2017/04/22/la-cuestion-de-pensar/ )

Freud si bien intenta apelar a un modelo científico acerca de sus apercepciones después de una pasantía en el Hôpital de la Salpêtrièr con Charcot, su pretensión esbozada en su Proyecto de una psicología para neurólogos, lo abandona y nunca se publica sino póstumamente, aunque debemos entender que claramente le queda la experiencia de haberlo masticado, pensado a su manera, escrito, revisado,

El tratado fue escrito en 1895, antes de la identificación de lo inconsciente en tanto tal aun insinuado de otras formas, y entre idas y vueltas que muestran un esfuerzo importante en mantener irrefutables sus inferencias, que se documentan en la correspondencia y encuentros mantenidos con Wilhelm Fliess termina encajonando su tratado, hasta que 50 años después es publicado. En algún momento le escribe a Fliess: <<trataba de encontrar el núcleo de la defensa pero hallé que eso me llevaba a explicar algo que pertenece al núcleo de la naturaleza.>>.

El nuevo y descubierto por Freud fue el concepto, en cuanto posibilidad de modo no digamos de pensamiento sino de cierta fenomenalidad, del inconciente (hay una convención ortográfica de validar como iguales las palabras escritas inconsciente e inconciente, como sus opuestos consciente e conciente). Uno de su párrafos en una de su inmensa obra expresa en palabras posibles: “Son abundatísimas las fantasías inconcientes que tienen que permanecer tales a causa de su contenido y por provenir de material reprimido. Una mayor profundización en los caracteres de estas fantasías diurnas nos enseña que con todo derecho conviene a estas formaciones
el mismo nombre que llevan nuestras producciones mentales nocturnas: el nombre de sueños. Tienen en común con los sueños nocturnos una parte esencial de sus propiedades; su estudio habría podido abrirnos, en verdad, el más directo y mejor acceso para la inteligencia de estos. Como los sueños, ellas son cumplimientos de deseo”.

Si bien traído desde lo profundo de la filosofía, desde El Banquete de Platón, como ejemplo muy preliminar, nunca se estatuyó la palabra deseo como radical inconsciente. Antes de Freud no existía la palabra inconsciente como algo reprimido. En todo el caso se la usaba como olvidados o carente de ser pensado, casi como la voluntad schopenauriana. El deseo ignorado, con cualquiera de la procedencias que que se pretenderla asignarle, es el freudiano. Antes se lo nombraba como la pasión spinozista como afecto puesto en imaginación del alma,

El deseo es el movimiento de algo que va hacia lo otro como hacia lo que le falta a sí mismo. Eso quiere decir que lo otro está presente en quien desea y lo está en forma de ausencia. Quien desea ya tiene lo que le falta, de otro modo no lo desearía, y no lo
tiene, no lo conoce, puesto que de otro modo tampoco lo desearía… Lo esencial del deseo estriba en esta estructura que combina la presencia y la ausencia. La combinación no es accidental: existe el deseo en la medida en que lo presente está ausente a sí mismo o lo ausente presente.”
Lyotard ¿Por qué filosofar ?. 1989.

Ninguno antes, y muchos después de Freud, dieron cuenta de la supremacía inconciente de la sujetación de lo que llamamos pensar. El hombre ya no debería creerse que es lo que creía que era, dueño del universo y de la naturaleza.

En términos bruscos, el hombre no es dueño de nada más que su corta vida, que bien haría en sentirse humilde frente a lo que realmente se la posibilita y entendiéndola a su mejor modo posible, no solo disfrutarla sino además entenderse en la infinitud de su volumen espacio-temporal, y es quizá una expresión de deseo que así como no pueden eludir la legalidad de la Naturaleza que los admite como seres vivos, de la especie sapiens, tampoco eludan la cautela necesaria y respeto que se merecen cualquieras otros modos que el contexto que les rodea, creados por la misma físico-química que a cada cosa o quién se trate, porque tienen el mismo origen. Lo orgánico es efímero, y en cuanto efímero, a un sapiens que dé cuenta de ello que en lugar de fantasiar poderes que no le son otorgados por su condición, alegren su corto tiempo y el de los otros que lo rodean. Ya volveremos con la cuestión de la alegría y la tristeza.

Hasta aquí hoy. Queda muchísimo por repensar.

113 Volviendo al presente. [5]

Resta el álgebra:

Modos del olvido -> Pasiones, Pulsiones -> Lo inconsciente ->
Agregación social -> Sujetación -> Obediencia -> Fines de la sujetación ->
Modos de sujetación -> Patologías del pensamiento ->
Modelo de desobediencia -> Crisis de la desobediencia ->
Autoritarismo e imposición -> Hacia otra obediencia -> En nombre propio.

Los caminos del pensamiento

……..Y con el habla y la escritura, y el repaso de la memoria y la interacción con otros, entendemos que empieza otra historia, diríamos trágica del destino de haber nacido humano, que será el objeto del próximos capítulos de la serie.

Destacamos la capacidad de memoria como modo de fundamentar la posibilidad del pensamiento, ya visto desde su propia plasticidad constituyente desde las reconocidas, hasta ahora, leyes físico-químicas que se fueron descubriendo paulatinamente desde un origen de la observación de ciertas regularidades y posteriores inferencias entre experimentales y especulativas con demostraciones legisladas por la razón, hasta explicar(se) las cosas concretas que se presentan, primero a la percepción, y luego al entendimiento que se reafirma en conocimiento, de entrada preliminar mientras el sucesivo devenir de sus conjeturas van creando nuevos, en varios campos de objetos, desde la simple? materialidad de cosas aún cuando como acontecimientos al nivel cósmico son, como se dijo casi infinitos, hasta la inmensidad de condiciones que se ofrecen al pensamiento de esas cosas, y muchas otras muchas más propias del modo propio de la posibilidad, ya que agrega a lo concreto todo otro mundo, al que nominaremos provisionalmente, humano: las singulares formas que en los contenidos de pensamiento el hombre agrega sin otra fundamentación que su propia creatividad, posiblemente soportada por exclusivas facilitaciones entre los núcleos de almacenan infinitesimales contenidos de memoria que pueden, o no, de acuerdo a cada facilidad o umbral de facilitación, entre los contenedores que la mantienen. Como procedimiento micro físico-químico serían nuevas nivelaciones entre los átomos constituyentes de los enlaces sinapsioidales entre loas núcleos neuronales, ya aleatorios o más establemente establecidos por relaciones entre los enlaces posibles a la escala atómica que los respectivos contenedores admitan, entre la pura aleatoriedad o alguna condición de cierta regularidad que se refuerce a través de cierta uniformidad de la repetición o realimentación. No entendemos reglas fijas al respecto, sino por lo contrario completamente singulares a la condición de experiencia de cada sapiens.

Por ejemplo, una de las tantas combinaciones de memorias, por convenirla como muy posible, quizá devenida desde lo profundo de considerar la condición vital y su fatalidad, se puede afirmar una facilitación como pensamiento y su equivalente anímico, de preservarse en voluntad de seguir viviendo, quizá por temor a la ya reconocida muerte de otros que los antecedieron y que se infiere inevitable para el convenido pensante que lo admita, en cualquiera de las formas posibles: consciente, relegada latente o expulsada a lo inconsciente. Freud ya lo alegó, a su manera, en su momento.

Si, entendemos, una cuestión tan propia de la condición humana, que pueda causar temor, se repite en cuanto voluntad en el microcosmos de la capacidad de pensar, se refuerza por simple repetición y reactivación de los contenedores que no se revienen en otras formas alternativas. Por lo tanto se fijan como memoria específica y luego, entendiendo el ánimo ( el alma espinozista ) como idéntico a lo extenso del espíritu ( el pensamiento ) causa efecto reciproco. Y lo entendemos como el más primordial y simple de los efectos. Los humanos han desarrollado ya demasiadas relaciones entre alma y espíritu, tantas como los haya habida desde su origen.

Bien, ¿que sería el temor ahora en lo más general, luego del pensamiento?. Pensemoslo como el mismo contenido de pensamiento (determinadas condiciones físico-químicas que se establecen diferenciadamente por cambios estabilizados a nivel de ciertos átomos que fijan ese pensamiento) se replican en lo anímico, la sensación.

La sensación, también posible de pensarse como procesamiento sensorial, es la recepción de estímulos mediante los órganos sensoriales. Estos transforman las distintas manifestaciones de los estímulos importantes para los seres vivos de forma calórica, térmica, química o mecánica del medio ambiente (incluyendo en ese al Cuerpo humano) en impulsos eléctricos y químicos para que viajan al sistema nervioso central o hasta el cerebro para darle significado y organización a la percepción.

Es tal vez el temor original, y que que luego, desde su inexorabilidad va produciendo diversas formas de pensar lo presente en función de lo final, que se va extendiendo en multiplicidades de pares pensar y efectos del ánimo, que se realimetan, y conforman a cada individuo en su propiedad. Como la única vía de expresión fácil que disponen que es el habla, ya sea lenguaje que proviene de lo pensado, o el cuerpo que lo traduce traduce en anímico. como sensación

Las ciencias tratan de explicar las posibilidades, desde su causas a efectos, que se convierten en causas de otros efectos. Hacia adelante en el tiempo sin final previsible salvo a escala humana. la muerte. Hace bastante pasado, Aristóteles intuyó una causa prima a que denominó dios, quizá por llamarlo de alguna manera imperante en la época acerca de la antroformación de lo desconocido, y que iría a constituirse en uno de los peores errores de la semántica. Como causa prima nomina dios, que luego será reutilizado sin el mismo sentido por las religiones nacientes en esa época, con los resultados, o bien conocidos, o bien ignorados profesa o extraprofesamente que expondremos como continuación.

La Filosofía, nacida desde la observación racional y pensante de los cielos, sus regularidades y el poder ser de los hombres y su posibilidad diferencial de pensar, permitió el comienzo racional de las ciencias, pero neutralizó su acierto brindando fundamentos a la fantasía e ilusión religiosas. Y así estamos, como seguiremos viendo. Facilitaciones físico-químicas en las conexiones sinápticas entre las células neuronales, cuestión algo así de umbrales, que permiten o no permiten la transmisión de contenidos entre unas y otras. Casi al infinito. Si como algunos han medido tenemos una cien mil millones de neuronas y cada una tiene un promedio de 7,000 conexiones sinápticas con otras neuronas, eso da una posibilidad de siete billones de conexiones a facilitar o no. Es una escala casi cósmica.

El ánimo ( el alma espinozista ) como idéntico a lo extenso del espíritu ( el pensamiento ) causa efecto reciproco, y se manifiesta en el cuerpo como sensaciones, antes se las llamaba pasiones, con Freud pulsiones. Es el alma que se expresa como alegría, tristeza, dolor, angustia, pérdida de identidad, expectativa, deseo, poder de algo, falta, fantasías, ilusiones, alucinaciones, voluntad dijo Schopenhauer, voluntad de poder, Nietzsche, arquetipo Jung, obediencia a las tablas, Moisés, demasiado.

Ha de proseguir……

112 Volviendo al presente. [4]

Volver al presente, solo posible desde lo pasado

,Nos quedamos en un álgebra:

Cosmos -> Naturaleza -> Leyes inmutables -> Físico-química de la materia ->
Cuasicristales -> ADN -> La vida -> Especies vivas -> Homo sapiens ->
Pensamiento no preestablecido -> Memoria de la experiencia -> El Habla ->
Modos del olvido -> Pasiones, Pulsiones -> Lo inconsciente ->
Agregación social -> Sujetación -> Obediencia -> Fines de la sujetación ->
Modos de sujetación -> Patologías del pensamiento ->
Modelo de desobediencia -> Crisis de la desobediencia ->
Autoritarismo e imposición -> Hacia otra obediencia -> En nombre propio.

Terminamos ayer con una propuesta de un álgebra posible, a la que habemos de dotarla de confiabilidad para nuestra razón e individualidad y así poder transmitirla para quienes se interesen en el objeto que nos promueve y promueva a su vez nuevas propias en cada caso, que es el sentido profundo de la búsqueda en un mundo donde la confianza no parece ser un valor frecuente.

Hay, decimos, por anterior, por sobre, por primitivas o por lo que fuera, las verdaderas leyes que el cosmos y la naturaleza ya disponen, y sin las que no habría aparecido el fenómeno vida, y en su posible evolución físico-química el pensamiento y la capacidad propia de la memoria. Se lo suele dar por un hecho consumado, y que por lo tanto que no requiere demasiado adentramiento en ello. Siempre este tipo de reducciones reducen y evitan la apertura de un algún posible sendero que nos acerque al único camino que nos corresponde en tanto individuos, aún divididos, al propio camino posible del llegar a pensar en nombre propio, tan independizados como se logre de cualquier sujetación que intervenga

Por ello volvemos al álgebra.

Cosmos -> Naturaleza -> Leyes inmutables -> Físico-química de la materia ->
Cuasicristales -> ADN -> La vida -> Especies vivas -> Homo sapiens ->
Pensamiento no preestablecido.

El cosmos, ya presentamos en https://cuestionesfilosoficas.com/2016/09/24/1-la-nueva-cosmologia/ una introducción a asunto. Que es interesante para quien interese. El fenómeno cósmico, original de toda otra posibilidad, no solo se rige por leyes luego descubiertas o en proceso de ser descubiertas, sino que además presenta una multiplicidad de posibilidades aproximándose a casi el infinito, que hasta el momento no puede pensarse como tal, pues la suma de la masa y energía cósmicas al menos violación del segundo de los principios de la termodinámica, debería ser una constante macroscópica, lo que no implica no transformaciones posibles entre unas y otras, sobre retornando al nivel microscópico de cada elemento diferencial, de cualquier sistema en general, y el universo en particular. Muchas singularidades, todas irreversibles, ocurren en el universo desde el tiempo cero (0). Es un sistema heterogéneo. Hay discontinuidades a cada segundo en cualquier lugar, desde hace aproximadamente catorce mil millones de años gregorianos..

La Naturaleza será la ínfima consecuencia de la singularidad de este planeta tal como se presenta, deviene y permite entre otras cosas la vida, de los seres humanos en particular entre otras especies vivientes en general. Algo ya empezamos a mencionar en https://cuestionesfilosoficas.com/2018/07/01/79-naturaleza-y-la-naturaleza-del-hombre-introduccion/ , donde aún no se pretendía comenzar por el principio sino casi por el final. Es parte del objeto de esta serie precisamente revertirlo. Es un modo del pensamiento pensar en sí mismo, cuando ignora su propio origen se nos presenta quizá una de las curiosidades que nos intrigan en la búsqueda del camino del nombre propio.

Devenido desde sus orígenes el pensamiento admitió, desde la observación, registro, inferencia de los acontecimientos, desarrollo de respuestas a preguntas casi inexorables desde lo inexplicado, que entre todas estaba él mismo y su forma humana de ser posible, aparecen lo que convencionalmente se denomina conocimiento. Ese conocimiento procedente de lo más inmediato de la Naturaleza y sus peligros comenzó con la mítica, pero luego desde los griegos seis siglos AC descubierta la razón se enfocó en el hombre mismo y las regularidades cósmicas que la vista presentaba a la observación directa del cielo, claro está que sin toda la parafernalia de instrumentos y tecnología que se dispone hoy día. Como más inmediato las especulaciones de lo más próximo, el hombre mismo, aparece lo que denominamos filosofía y más lentamente por el más lento trabajo de la especulación inteligente, mejoras en los modos de observación y medición, y como un progreso acumulativo de conocimientos sobre conocimientos, aparecen las ciencias. Para nada opondremos la una a las otras, entendiendo que son construcciones del pensamiento y su devenir histórico, como un campo de posibilidades en el que cada pensador encontrará un camino, entre los infinitos que se presentan.

Desde la aparición del homo sapiens vivieron aproximadamente 150 mil millones de individuos de la especie, y cada uno podría haber desarrollado a su propio modo su forma de pensar. No es un infinito pero tiende a ello. Los astrónomos estiman que habría unos 100.000 millones de planetas habitables en la Vía Láctea y se estima que existen al menos 2 billones (2 millones de millones) de galaxias en el universo observable. No es para hacer aritmética ahora sino tan solo para clarificar que la escala humana aunque enorme no parece sino como un infinitesimal en la dimensión cósmica visible a la velocidad de la luz.

El universo, casi un infinito, se rige por leyes que las ciencias fueron, van y seguirán descubriendo, a la escala humana y en su progreso. La Física y la Química con el soporte inexcluyente de la Matemática permiten al pensamiento algún entendimiento del legislado caos cósmico, donde todo sucede. Incluso un planeta Tierra, su Naturaleza, la aparición del fenómeno Vida, y entre las especies vivas, el Sapiens, que puede llegar a pensarlo.

De hecho el cuasicristal del ADN, unos miles de átomos que son pocos, están ordenados de modo que en la reproducción celular transmiten en un organismo los mismos caracteres pr invariabilidad, una vez constituidos desde un par original (salvo las especies homogámicas) heredado. Son átomos ligados en una macromolécula en las que ciertos enlaces químicos covalentes, pueden llegar a cambiar en mínimos grados el estado del enlace con otros átomos cercanos, diferenciando luego algo de su herencia original, aunque ese cambio no altere las categorías actuales del individuo sino que posiblemente transmuten su herencia.

Y aquí, ahora, volviendo al terreno de este lugar en este planeta y presenciando cotidianamente lo real del mundo humano que hace frente, como lo hacía el cielo a los primeros griegos razonables, no podemos dejar de atender a cualidades menos firmes que las de las ciencias que nos ayudan a entender nada menos que algo del Cosmos.

Según lo antedicho, no deberían esperarse de un modo preestablecido contenidos de pensamiento, que de hecho ninguna ley de la Naturaleza prescribe. La experiencia deja huellas solamente singulares a cada individuo sapiens que vive, no hay experiencias iguales, por lo tanto las memorias son diferentes. La memoria es un hecho solamente singular de cada uno, y hasta un estadio, es consciente. De esa consciencia cada quien de acuerdo a sus posibilidades de conocimiento y razón generará su cosmovisión de lo que lo rodea, ya universo, ya geografía, ya su comunidad, ya los otros con los socializa, ya él mismo.

Hubo un momento en la historia del hombre, poco más allá que se diera cuenta que podía pensar, y recordar, e imitando los cantos de las aves o lo rugidos de los felinos que ya estaban ahí que empezó, desde una simple imitación a articular sonidos nuevos que cuando pudo consensuarlos con sus congéneres dio lugar al lenguaje, desde lo más primitivo hasta que siguiéndose uno al otro con la capacidad de pensar y recordar dieron lugar al intercambio simbólico de esos sonidos compartidos con otros que conformaron el protolenguaje, que no ha dejado de alentarse por nuevos caminos de pronunciación,primero acerca de las cosas y luego a las propiedades del pensamiento posible.

Era el habla que amanecía y aprendido por repetido el código, permitió a unos y otros primitivos, comunicarse, primero los peligros y las conveniencias, luego, ya las propias fantasías del individual contenido del pensamiento en nombre propio.

Poco más adelante, se aprendió a registrar el habla recién descubierta en símbolos escritos o grabados de la forma que fuera para que otros posteriores lo pudieran rememorar. Ya habían dado cuenta de lo perecedero de la propia vida, inscrita en los genes que heredaron como vivientes, al menos por un tiempo finito.

Y con el habla y la escritura, y el repaso de la memoria y la interacción con otros, entendemos que empieza otra historia, diríamos trágica del destino de haber nacido humano, que será el objeto del próximos capítulos de la serie,

111 Volviendo al presente. [3]

Parte 3: La Cuestión del pensamiento

Terminamos la Parte 2 con que: El pensamiento, dotación genética de la especie homo sapiens y sus derivaciones, no tiene un código uniformemente pre-establecido. Es libre desde la propia físico-química que lo produce, por lo tanto nos decimos, que es otra la cuestión de su pretendida sujetación a patrones que lo encapsulan en formas que no le son las propias devenidas de su única experiencia.

Para ello intentamos insistir en la inviolabilidad de las leyes del cosmos que nos incluye, y cómo desde las propias propiedades de la Físico-Química, la Biología de la vida indica que no hay código genético que obligue a ningún espécimen homo sapiens a pensar de determinada manera sino solo la que vaya constituyendo en su devenir individualidad.

Muchos filósofos, y entre otros citaremos a Jean Paul Sartre, quien sin ninguna evidencia biológica estructural, ya por que no la alcanzara o por aún no desarrollada, igual que al modo especulativo de Freud en su Psicología para Neurólogos, o Erwin Schródinger en ¿Que es la Vida? sospecharon acertadamente lo que más tarde las ciencias confirmarían, Sartre en su existencialismo primordial decía: “estamos condenados a la libertad”, y su metáfora en lo que refiere a lo humano, cuyo mundo destaca como único posible, no es mucho más que un anticipo de un resultado propio de las leyes de la naturaleza. Las mismas que gobiernan el cosmos aún caótico donde la gravedad, las radiaciones, los fenómenos de masas interactuando relativísticamnete y sorprendiendo con demasiadas singularidades en el espacio tiempo que se expande a velocidades muchas veces difíciles de comprender para la mínima escala humana, pero que igualmente determinan en su juego casi infinito de posibilidades la misma que dispone la facultad que nos diferencia entre otras especies vivas que es la cuestión del pensamiento.

Por lo tanto no es fácil explicar la multiplicidad de modos de sujetación de cada pensamiento individual, que debiera crecer desde la mismidad de la experiencia y un trabajo de razonamiento lógico en el álgebra que se constituye en paralelo a la de la individualidad de cada existencia. Llamamos aquí álgebra a la categorización más directa en la que la experiencia va enseñando al pensamiento a calificar los órdenes de prioridad de valoración, en cada caso.

El camino del pensamiento transcurriría por lo tanto recorriendo cada categoría del álgebra, adoptando la que se corresponde en dada caso hasta alcanzar la expresión más plausible de cada percepción.

Estamos hablando, y no es poca cosa, por ahora un pensar que se conceptualiza como consciente. El álgebra se ira constituyendo a ese nivel, y además en estados no patológicos, se van a ir memorizando en una dinámica de la no hay prescripciones establecidas, para un sapiens, de antemano.

Antes de pasar a otros estadios posibles del fenómeno del pensar (https://cuestionesfilosoficas.com/2019/06/14/101-olvido-falta-de-memoria-desactivacion-final/), reconozcamos por un momento otras situaciones perceptivas que no provienen de le relación de las palabras acerca del mundo que hace frente con el sapiens, que tienen que ver con lo externo, por ello se enuncia lo que hace frente. En su vida anímica el sapiens recibe otras señales ahora internas, las sensaciones (pasiones mucha veces nombradas así) que también disponen de multiplicidad que expuestas en palabras adquieren aproximadamente un sentido al que supuestamente apuntan.

Estamos exponiendo un álgebra muy simple: sensación (pasión) -> palabra que la exprese -> sentido de la palabra -> dirección de apuntamiento. (Son las señales heideggerianas, aproximadamente). Histerias, obsesiones, ira, angustia, miedos con objeto definido o sin él, melancolía, depresión, euforia, vacío, celos, sadismos, masoquismos, ……… Muchas pasiones las nombraría Spinoza, pulsiones Freud. Él álgebra de las pasiones es simple, lo que no parece tan simple es su entendimiento.

Estaremos, brevemente, en un punto de partida en el que el pensamiento, dotación genética de la especie homo sapiens y sus derivaciones, no tiene un código uniformemente preestablecido , aunque se aparezcan, por evidentes en sí mismos, fenómenos como los de sujetación y las pasiones que lo condicionan en efectos no necesarios desde un paradigma bioquímico, al menos como el alcanzado hasta ahora.

Antes de entrar en especulaciones psico-bio-físicas que permitan dar cierta cuenta de las evidencias efectivas en los actos de pensamiento de sus condicionantes fenoménicamente evidentes, repensemos los intentos que la historia de ese pensamiento que se nos presenta, con un criterio explícito anti fukuyamiano, que la historia no ha terminado, sino que debe devenir, como el cosmos y sus leyes admiten.

El paradigma puramente científico es lo último, en la flecha del tiempo, por su aparición relativamente reciente frente a las preguntas originales que el hombre empezó a hacerse acerca de sí mismo y su pensamiento desde los griegos. Como un a especulación a priori, decimos entender que siendo el objeto el mismo (el hombre y su sapiencia esencial), que las leyes son de la naturaleza son, conocidas ya o por conocer, son siempre las mismas, necesariamente debe haber una relación que es la que nos promueve en esta ocasión,

La cuestión del habla debe convenientemente ser entendida en alguna forma, para poder hablar del pensamiento, como de cualquier otra. El Habla preexiste a la Escritura y se constituye en secuencias de sonidos articulados en palabras. Hoy día se asume que de un golpe nuestros antepasados tropezaron con el mecanismo ingenioso apropiado para ligar sonidos con significados, y la lengua automáticamente habría evolucionado y cambiado, en paralelo al desarrollo del modo pensar. Desde la perspectiva de la ciencia moderna, el principal obstáculo en la evolución de la comunicación protolingüística en la naturaleza no es mecanicista. Más bien, es el hecho que los símbolos-asociaciones arbitrarias de sonidos u otras formas perceptibles con los correspondientes significados- no son fiables, y perfectamente pueden ser falsos. “Las palabras son baratas”, se dice por ahí. De ahí el hecho, quizá, que la fiabilidad se fundamenta en la razón y la consecuente fundamentación que se requiere para dotarlas de sentido de confiabilidad, y eso, hoy se llama filosofía.

Terminamos hoy con una propuesta de un álgebra posible, a la que habemos de dotarla de confiabilidad para nuestra razón e individualidad y así poder transmitirla para quienes se interesen en el objeto que nos promueve y promueva a su vez nuevas propias en cada caso, que es el sentido profundo de la búsqueda en un mundo donde la confianza no parece ser un valor frecuente.

Cosmos -> Naturaleza -> Leyes inmutables -> Físico-química de la materia ->
Cuasicristales -> ADN -> La vida -> Especies vivas -> Homo sapiens ->
Pensamiento no preestablecido -> Memoria de la experiencia -> El Habla ->
Modos del olvido -> Pasiones, Pulsiones -> Lo inconsciente ->
Agregación social -> Sujetación -> Obediencia -> Fines de la sujetación ->
Modos de sujetación -> Patologías del pensamiento ->
Modelo de desobediencia -> Crisis de la desobediencia ->
Autoritarismo e imposición -> Hacia otra obediencia -> En nombre propio.

Claro está, hay que ir por partes.

110 Volviendo al presente. [2]

Parte 2: La cuestión de la vida

Vivir no es otra cosa que arder en preguntas”.

Es una de las frases de Antonin Artaud más hermosas. Asocia en ella la vida y la esencial ignorancia que la define.

Vivir, como ser, como pensar,como conocer, son de esas palabras que desde la misma palabra de entrada tiene múltiples sentidos y parece claro que cada hablante imprimirá su sello u otro regalado en su significación y contenido de pensamiento. Artaud, como tantos maestros que adoptamos, dirige a una atención, y como tipo inteligente que reconocemos habrá que capturar su señal y tenerla en cuenta, dar cuenta como de todas que alguna clase de memoria nos permita. (No deberíamos ya insistir pero entendemos hay varias clases de memoria, no solo la recordada en forma consciente)

Nos leemos como más lineales aquí y ahora que Antonin, en que nos motiva llegar a la quizá misma apertura lograda por él, con un camino intermedio que reúna no solo el resultado reconocido sino también el entendimiento que lo permita, desde la propia causa prima del universo que lo precede. Con eso nos reencauzamos con lo anterior: la cuestión de la vida, expresada en el asunto Volver al Presente. Al menos como una intempestividad.

Hace falta desprenderse al menos un espacio-tiempo que solo atiende a lo cotidiano y singular del quien desde su lugar piensa o habla. No es fácil, ni difícil, es cuestión de permiso de cada uno con uno mismo, y quizá nos lo estamos diciendo.

Quedamos en asunto desde la humildad de muchos y en lo que nos enfoca de algunos físicos: Los cristales aperiódicos, en contraparte de los llamados periódicos, son objetos complicados e interesantes y constituyen una de las más complejas y fascinantes estructuras materiales que confunden su comprensión de la naturaleza.

Erwin Schrodinger en 1944 fue bien humilde, porque como en otros casos que ya mencionamos (por ejemplo Sigmund Freud, Proyecto de una neurología para neurólogos). Freud mismo admitía que avendrían técnicas imposibles en su momento pero acertó en cuanto suponía no cambiarían los resultados especulativos de su teoría . https://wordpress.com/block-editor/post/cuestionesfilosoficas.com/1504

Los Cuasicristales: Nueva joya de la corona en la Academia Sueca: Daniel Shechtman (Instituto Technion, Haifa, Israel) su descubrimiento, efectuado el 8 de abril de 1982 dice:

“Estaba analizando una aleación de aluminio y manganeso a través de un microscopio electrónico cuando sucedió algo muy extraño e imprevisto. El patrón de difracción mostraba diez puntos brillantes, igualmente espaciados del centro y entre sí. Los conté y repetí la cuenta otra vez, diciéndome: ¡este bicho no existe! . Entonces salí al pasillo para compartirlo, pero ahí no había nadie. ( Daniel Shechtman , 1984). Había encontrado por primera vez un cristal aperiódico.

Casi treinta años después del hallazgo y la polémica subsiguiente, la academia sueca decidió conceder a Shechtman el premio Nobel precisamente en Química, luego de notables oposiciones a su hallazgo. También en las ciencias hay un letargo agónico.

En 1944, con las primeras aproximaciones entre la ciencias e incipiente filosofía Schrödinger el ADN aún no se aceptaba como portador de información hereditaria, como sucedió después del Experimento de Hershey – Chase de 1952. Una de las ramas más exitosas de la física en este momento era la física estadística y la mecánica cuántica, una teoría que también es muy estadística en su naturaleza. El propio Schrödinger es uno de los padres fundadores de la mecánica cuántica. Debemos destacar que la reproducción y herencia, son dos características inapelables del fenómeno vida, y como se explica hay algo de estadística y azar en él..

Schrödinger introdujo la idea de un “cristal aperiódico” que contenía información genética en su configuración de enlaces químicos covalentes. En la década de 1950, esta idea estimuló el entusiasmo por descubrir la molécula genética. Aunque la existencia de alguna forma de información hereditaria se había planteado como hipótesis desde 1869, su papel en la reproducción y su forma helicoidal aún no se conocían en el momento de la conferencia de Schrödinger. En retrospectiva, el cristal aperiódico de Schrödinger puede verse como una predicción teórica bien razonada de lo que los biólogos debieron haber estado buscando durante su investigación del material genético.

En un mundo gobernado por la segunda ley de la termodinámica, se espera que todos los sistemas aislados se aproximen a un estado de máximo desorden. Dado que la vida se acerca y mantiene un estado altamente ordenado, algunos argumentan que esto parece violar la segunda ley mencionada, lo que implica en principio una paradoja. Sin embargo, dado que la biosfera no es un sistema aislado, no hay tal paradoja. El aumento de orden dentro de un organismo está más que saldado por un aumento del desorden fuera del mismo por la pérdida de calor en el ambiente (termodinámica). Por este mecanismo, la segunda ley se cumple y la vida mantiene un estado altamente ordenado, que sostiene al provocar un aumento neto del desorden en el Universo. Para aumentar la complejidad en la Tierra, como lo hace la vida, se necesita energía libre y, en este caso, la proporciona el Sol en nuestro planeta. La cuestión de la vida, a nivel molecular requiere un orden, que de acuerdo a las leyes de la naturaleza, se compensa con un desorden externo, que como infinito o casi, no altera el sistema aislado la del nivel cósmico, que ya en sí se está desordenando en sí mismo, permanentemente.

Tendremos que ver al menos algo, de lo que conviene entender de lo que se conceptualiza por cristal aperiódico, su estabilidad y algo de su química, para llegar a aproximarnos a los posibles mecanismos de su reproductibilidad y herencia.

El Cristal de la vida. ADN

F

Fue un trabajo inteligente que asombró al mundo científico. Además en este caso resultaba evidente la importancia de la cristalografía, puesto que ninguna molécula mejor que el ADN para explicar la relación entre estructura y función. Se puedo entender lo que los propios autores del trabajo concluían, que “el apareamiento específico que hemos postulado sugiere inmediatamente un posible mecanismo de copia del material genético”. Había una relación clara entre las estructuras de las macromoléculas biológicas y la función que realizaban en el organismo. Era una nueva ciencia: la biología estructural. Curioso y compatible entre Física, Química y Biología.

Es claro que no podemos ahora desarrollar toda la teoría y justificaciones experimentales propia de esa Ciencias, que atienden al fundamento de las leyes fisicoquímicas que permiten a la comprensión de los expertos en el tema no solo acerca de la estabilidad y la reproductibilidad de la estructura cuasicristalina, sino además las posibles alteraciones que se posibilitan con algún grado de probabilidad. Y volvemos a Schrödinger.

Se puede en principio concluir que un organismo, y todos los procesos biológicos importantes que experimente, deben tener una estructura marcadamente «multi-atómica» y tienen que ser protegidos de los acontecimientos «monoatómicos» aleatorios que pudieran alcanzar una importancia excesiva. Esto, según el «físico ingenuo», en los procesos fisiológicos particulares que observamos, ya sea en el interior de la célula o en la relación de esta con el ambiente, deberían abarcar cantidades tan enormes de átomos y procesos atómicos individuales que respetarían todas las leyes físicas y fisicoquímicas importantes, incluso teniendo en cuenta las estrictas exigencias de la Física estadística por lo que afecta a los grandes números.

Hoy en día sabemos que esta opinión habría sido errónea. Como veremos en breve, grupos increíblemente pequeños de átomos, excesivamente reducidos para atenerse a las leyes estadísticas, desempeñan de hecho un papel dominante en los ordenados y metódicos acontecimientos que tienen lugar dentro de un organismo vivo. Controlan las particularidades macroscópicas observables que el organismo adquiere en el curso de su desarrollo. Determinan importantes características de su funcionamiento, y en todo esto se manifiestan leyes
biológicas muy definidas y exactas. Usemos por un momento el termino esquema de un organismo en el sentido en que el biólogo lo haría al decir el esquema en cuatro dimensiones, refiriéndose no solo a la estructura y funcionamiento de ese organismo en el estado adulto, o en cualquier otra fase particular, sino al conjunto de su desarrollo ontogénico, desde el huevo fertilizado al estado de madurez, cuando el organismo empieza a reproducirse.

Este esquema en cuatro dimensiones (3 espaciales más el tiempo) está determinado en la estructura de esa célula única que es el huevo fertilizado. Ademas se conoce que esta determinado esencialmente por solo una parte de esta célula, su núcleo. Este núcleo, en el «estado de reposo» normal, aparece, por regla general, como una masa de cromatina [Que se colorea frente a determinados agentes]. Pero, en los procesos de división celular, de importancia vital (denominados mitosis y meiosis), se observa que esta constituido por un conjunto de partículas, en general con forma de fibras o bastones, llamados cromosomas. dos conjuntos o dotaciones, para usar la expresión tal como lo hacen los biólogos. Ya que, aunque los cromosomas individuales son a veces claramente diferenciables por tamaño y forma, existen dos conjuntos que son prácticamente idénticos. Un conjunto proviene de la madre (óvulo) y el otro del padre (espermatozoide fertilizador). Son estos cromosomas, o probablemente solo una fibra axial de lo que vemos bajo el microscopio como cromosoma, los que contienen en alguna forma de clave o texto cifrado el esquema completo de todo el desarrollo futuro del individuo y de su funcionamiento en estado maduro. Cada dotación completa de cromosomas contiene toda la clave; de este modo, por regla general son dos copias de esta las que encontramos en el huevo fertilizado, el cual constituye el primer estadio del individuo futuro.

Al decir que la estructura de las fibras de los cromosomas son un texto cifrado queremos significar que la inteligencia absoluta, imaginada por Laplace, para la que cualquier relación causal sería evidente, podría averiguar, partiendo de su estructura, si de un huevo, bajo determinadas condiciones, se desarrollaría un gallo negro o una gallina de diferentes colores, una mosca o una planta de maíz, un rododendro, un escarabajo, un ratón, o una mujer. A esto podríamos añadir que el aspecto de las distintas células-huevo es muy similar; y que, aun cuando no lo sea, como en el caso de los gigantescos, en comparación, huevos de reptiles y aves, la diferencia no radica en las estructuras importantes, sino en la cantidad de material nutritivo que se añade en estos casos por razones obvias.

Pero el termino clave, o texto cifrado, es demasiado limitado. Las estructuras
cromosómicas son al mismo tiempo los instrumentos que realizan el desarrollo que ellos mismos pronostican. Representan tanto el texto legal como el poder ejecutivo; para usar otra comparación, son a la vez los planos del arquitecto y la mano de obra del constructor.

Entre todas las especies vivas, y en particular el hombre, las leyes de estabilidad y herencia son las mismas. La habilidad de los cromosomas de diferencias unos de otros son mínimas modificaciones de las elipses del ADN, que en cuanto a sus propiedades químicas, intercambian aleatoriamente los electrones de los enlaces covalentes que los constituyen y pueden entonces dar lugar a variaciones no previstas en el esquema original que se reproduce.

Nuestra conclusión, preliminar y parcial, hasta el momento es que nada regula que la herencia lleve a una regularidad inexorable. De hecho, las mismas interacciones atómicas que pueden azarosamente determinar la constitución de los cromosomas aún in lo infinitesimal de un enlace químico, es lo que se observa astronómicamente acerca del cosmos. Todas las casi infinitas posibilidades se observan, y no hay día que no se sorprendan con otras desconocidas.

El pensamiento, dotación genética de la especie homo sapiens y sus derivaciones, no tiene un código uniformemente pre-establecido. Es libre desde la propia físico-química que lo produce, por lo tanto nos decimos, que es otra la cuestión de su pretendida sujetación a patrones que lo encapsulen en formas que no le son propias.

Esto es largo, por lo tanto ha de seguir.

109 Volviendo al presente. [1]

Parte Uno: Primero la Vida

Habíamos finalizado Memorias del Futuro ( https://wordpress.com/block-editor/post/cuestionesfilosoficas.com/12545 ) con:

Queda el hombre esencial como expectativa, que asombrado de la nueva realidad del mundo que hace frente, salga del letargo y se ponga a pensar, y que en ese camino dando cuenta de la absurdidad del destino que depararía el futuro que aún no existe bajo el dominio de la nueva lógica, retorne a las leyes que la naturaleza le otorgó en su origen, sepa discernir las cosas en nombre propio y vuelva a disfrutar primero y concretar en acciones después su espiritualidad, tal fuera devenido en la Naturaleza que lo permitió. Y si así no ocurriera, ya podríamos mencionar, que el hombre, como tal, sapiens, está en vías de extinción antes del final cósmico que ya está reservado por las leyes del Universo.

No alejamos tanto el camino inicial que elegimos. La imagen que se compone es la que tal vez encontremos la posibilidad de abrir nuevas vías al pensamiento que despenalicen el sentimiento trágico que se desprende del fenómeno humano en lo cotidiano, quizá demasiado humano.

Imaginamos una secuencia como la de primero la vida, luego el hombre sapiens, y lo presente tal cual en este mundo (que es humano).

Nos motiva que cual soldados echados a su suerte, mientras comen el rancho miserable, la noche se echa encima y la oscuridad oculta por unas horas el espeluznante panorama. Pero el horror no descansa. [Julio Alejandre]

Es un reto a la razón, con la que recorriendo senderos pequeños y a veces azarosos fuimos encontrando señales que nos aproximan al camino elegido. Aprendimos de los maestros que pensar es rebelde y hablar peligroso, salvo constricción reconstruida luego de casi la nada. Necesitamos empezar por algún, al menos convencional, principio. Y si queremos dilucidar el pensar y como mejor hacerlo, partimos que tal cualidad requiere primero de la condición vida. Ilusionamos que modos de pensamiento renovados permitan mejores condiciones en la que el horror se diluya en la energía oscura del cosmos.

“Ello funciona por todas partes, bien sin parar, bien discontinuo”.

Ese ello, nombrado al inicio del Antiedipo guattari-deleuziano, tal vez refiera al Id de Freud. Y podemos agregar que análogo funcionamiento es el del cosmos, el principio de lo que entendemos hoy son o permiten a las cosas ser. Palabrita complicada ser, desde el descubrimiento de la razón y olivada demasiadas veces en la jerga infinita de los discursos que nos asedian.

El término vida (en latín: vita),​desde la biología, referencia a aquello que distingue a los reinos animal, vegetal, hongos, protistas, arqueas y bacterias del resto de las entes naturales. Implica capacidades de organización, crecimiento, metabolismo, respuesta a estímulos externos, reproducción y muerte.

Hoy día se supone que el fenómeno vida aparece en la Tierra hace unos 4 mil millones de años.

La Tierra es el único lugar del Universo del que se sabe que hay vida; cuna y hogar de la Humanidad, y de todas las formas de vida conocidas.

¿Cómo pueden la Física y la Química dar cuenta de los fenómenos espacio-temporales que tienen lugar dentro de los límites espaciales de un organismo vivo?
La respuesta preliminar puede resumirse así:
La evidente incapacidad de la Física y la Química actuales para tratar tales fenómenos no significa en absoluto que ello sea imposible. (Erwin Schrödinger. ¿Que es la Vida?.

Los objetos originales de la Física y la Química no incluían los organismos vivos. Se ocuparon de muchas cosas, desde el consentimiento que ellos los científicos, podrían explicar muchas cosas a partir que primero estaban vivos y además podían pensar razonablemente. Las primeras concepciones acerca de la transmutación de la química orgánica a la de formaciones vivas, es el inicio de la biología. La razón era un descubrimiento griego complementario a la capacidad ignorada por la especie sapiens hasta ese momento de poder ejercerla. Luego devendrán las ciencias. Comenzando por el atomismo de Demócrito, la geometría de Euclides y el misterio de Thales y sus matemáticas, que aún sus asombrosas inferencias y postulados, no podían interesarse en la vida como fenómeno preliminar y la capacidad de pensamiento liminar que los incluía. De todas maneras se fueron como articulando las unas y las otras y precisamente en esos andamos por estos senderos que nos acercan al camino buscado.

Hoy por hoy, dado al ingenioso trabajo realizado durante los últimos cien años por los biólogos, especialmente por los genetistas y los recursos tecnológicos disponibles, se conoce lo suficiente acerca de la estructura material y del funcionamiento de los organismos para afirmar que, y ver exactamente por qué, la Física y la Química no pueden explicar lo que sucede en el propio espacio y tiempo dentro de un organismo vivo.

La disposición de los átomos en las partes más esenciales de un organismo, y su mutua interacción, difieren de modo fundamental de todos aquellos casos que hasta no hace mucho han ocupado, teórica o experimentalmente, a físicos y químicos. Ahora bien, la diferencia que admitimos en denominar fundamental tiene tal naturaleza que fácilmente podría parecer insignificante a todo aquel que no sea físico, y que no esté, por tanto, profundamente compenetrado con el conocimiento de que las leyes físicas y químicas son esencialmente estadísticas. Es en relación con el punto de vista estadístico donde la estructura de las partes esenciales de los organismos vivos se diferencia de un modo profundo de cualquier otra porción de materia que los físicos y químicos, hayan manejado observado experimentalmente en el laboratorio o infiriendo cosas desde el escritorio. Resulta casi inimaginable que las leyes y regularidades así descubiertas puedan aplicarse inmediatamente al comportamiento de sistemas que no presentan la estructura en la que están basadas esas leyes y regularidades.

No puede esperarse que alguien ajeno a la estas ciencias capte el sentido (y mucho menos aprecie el alcance) de esta diferencia en la estructura estadística si se expresa, como se ha hecho, en unos términos tan abstractos.

Con el fin de dar un tono vital y accesible a la afirmación, permitámonos anticipar lo que sera explicado más adelante con más detalle, concretamente, que la parte más esencial de una célula viva (la fibra cromosómica) puede muy bien ser denominada un cristal aperiódico. En Física, solo se había tratado con cristales periódicos. Para la las concepciones de humildes físicos, estos últimos son objetos complicados e interesantes: constituyen una de las más complejas y fascinantes estructuras materiales que confunden su comprensión de la naturaleza. Pero, comparados con el cristal aperiódico, resultan bastante sencillos y aburridos. La diferencia entre ambas estructuras viene a ser como la existente entre un papel pintado de pared, en el que el mismo dibujo se repite una y otra vez en períodos regulares, y una obra maestra del bordado, por ejemplo, un tapiz de Rafael, que no presenta una repetición tediosa, sino un diseño elaborado, coherente y lleno de sentido, trazado por el gran maestro. (E.S. ¿Q.E.L.V?)

Decimos, conviene ir lentamente, estamos entrando en un sendero donde percibimos otro que se cruza, ya antes paralelo pero soslayado por la simple inercia de seguir adelante por el propio del que no habíamos dado cuenta. Algo que intuiamos, puede soslayarse para no desviarnos de la dirección que suponíamos originalmente acertada, o también se puede hacer un alto, como suspensión al menos parcial, para atender a lo señalado por el nuevo, antes de seguir adelante.

Mucho se ha discutido de preeminencias entre filosofía y ciencia. La una sustentando a la otra por precedente y la otra refutando a la primera por enfocada en objeto en particular y escasa evidencia experimental.

Para nada entraremos en un nudo gordiano que no se pueda soltar ni haya que cortar con el filo de una espada poderosa que ya haya prefijado un camino. En el remanso de la suspensión parcial del andar del propio pensamiento, mejor quisiéramos atenernos al menos a la oportunidad de arrimar los senderos, primero porque nos decimos que no nos es conveniente arrogarnos una determinada fuerza preestablecida, como la del que mueve la espada filosa, ni obturar la posibilidad de complementar y abrir la visión del campo con otras, si demostraran la misma honestidad con la que emprendimos y pretendemos de la propia.

108 Volviendo al presente. Introducción

Introducción

El gran aventurero de estos tiempos es el padre de familia que hará todo lo que las fuerzas le dén para salvaguardar a su familia de todos los infinitos riesgos que el mundo le presenta. Por más peyorativamente que la sociedad del statu quo lo nombre.

Quizá un poco cansados de lo peyorativo, herencia agónica de la dialéctica entre los hombres, donde alguien se impone, por unas u otras formas, del resto, contando de cierta supuesta autoridad de ese “poder”, que su tiempo presente otorga.

Uno no ama a un pueblo sino a los solamente amigos. Y eso es bravo. Aunque se repita casi el infinito de la historia del hombre. El hombre libre es el que no acepta ningún tipo de coacción, nada que obstaculice su posibilidad de pensamiento en nombre propio. El parrieastés es el que solo necesita decir la verdad de la forma que fuera, por fuera de toda forma de sujeción y coactiva. Entre amantes y necesitados de verdad, suceden demasiadas cosas en el mundo, que es humano.

La idea kantiana de humanidad es la única que nos puede sacar de la de la raza, única garantía de que los racismos dejen de existir, uno de tantos peligros de ese mundo. Que al ocurrir en existencia matan a la gente por simple idealismo, que no es sino pura ilusión.

No podemos no pensar, desde el momento en que nacimos. Y las cuestiones entre los hombres son el objeto desde siempre luego de entendido el logos y los comienzos de la filosofía.

Con cierto conocimiento de la historia daremos cuenta de lo grande, lo glorioso, lo bárbaro, lo cruel, y lo más bajo del hombre. Y entendemos que ninguno de sus modos puedan ser independientes del pensamiento. Se siente y se piensa, cuerpo y alma, que no pueden estar disociadas ya que residen en el mismo único volumen en medio de otro enorme que lo rodea. Es el mundo que hace frente. Mundo pequeño dentro de un cosmos.

Sentimos y pensamos el sentimiento, ese afecto que efectúa, de muchas maneras. a partir de las causas que lo provocan. Y partimos del a priori de la única, singular, e insoslayable propia experiencia. Nos lo decimos quizá no de una primera vez, lo que la infinitud de modos de pensar y actuar del hombre, no en general, si en singular o en formas de agenciamientos en grupos de ellos, que asombran desde desde la admiración hasta el espanto.

El espanto de las miserias provocadas por el hombre lobo sobre otros hombres más mansos y obedientes, aún las leyes que hayan establecido entre ellos, nos asoma a una desobediencia de esas mismas leyes propuestas desde la inteligencia de la convivencia de sociedades conglomeradas donde sin ellas todo sería permisible. Aún colectivamente establecidas esas legalidades, hay demasiados que las ignoran, o peor aún, conociéndolas no las acatan, en perjuicio del resto, sin límites ni respeto a lo más elemental, que es la propia vida. Se matan muchos seres vivos, entre otros al hombre mismo. Asombra que quienes no respetan la vida ajena, tampoco lo harán de la propia, simple especulación, juego de espejos.

El objeto de esta parte, o serie, que es Volviendo al Presente, es la clara idea que nada puede ser fuera de cierta legalidad fuerte, que por más desobediencia que la multiplicidad de modos de pensamiento permita a las leyes propias del hombre ser transgredidas sin condena alguna, hay otras más originales que ninguna construcción propia del propio pensamiento y sus efectuaciones, no son pasibles de desobediencia, nada más que por las que las preceden, y como efectuación ineludible de las mismas, es el cosmos y sus componentes, entre ellos las galaxias, entre ellas la Vía Láctea, denominación que proviene de la mitología griega, esa es, en efecto, la apariencia de la tenue banda de luz que atraviesa el firmamento terrestre. En esa galaxia está nuestro sistema solar, cuyo tercer planeta es la Tierra, de la que provenimos.

Es en la pura Tierra donde apreció la vida, tal como entendemos conocerla, y entre la multiplicidad de especies que el fenómeno admitió, solo una es el sapiens al que pertenecemos.

Nietzsche en su Sobre verdad y mentira en sentido extramoral inicia: “En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo”.

Nos preguntamos: ¿Porqué el pensamiento?. ¿De donde proviene?. ¿Como se produce?, y otras interrogaciones que puedan establecerse. Casi lo mismo que las sensaciones, de las que elegimos la de la voluntad. ¿Que es eso de la voluntad?. ¿Tiene que ver con la vida?. ¿Como se relaciona con el pensamiento?. ¿El pensamiento es algo de la vida?. Si bien anticipamos intuitivamente que si como respuesta a esas primarias preguntas, el el objeto de la serie ir abriendo caminos que aproximen a la paradoja de entender por solo voluntad de saber, mediante palabras pensadas, lo que son o pueden ser esos entes (pensamiento, sensación), en un medio cosmológico cuyas leyes serían inmutables, aunque los sapiens se crean el ombligo del mundo.

Y con el solo ánimo de ojalá no solo entender las penas de la vida humana, su instinto de agresión, sino mejor abrir a la posibilidad de que cada sapiens, por el hecho de haber nacido tal, pueda guiarse de acuerdo a esas leyes que lo posibilitaron, varios miles de millones de años antes y tal vez se alejara de su ilusión y permitiera una vida entre ética y estética, hasta que el sol se transforme en una estrella gigante que se trague la Tierra en unos mil millones de años.