127 Cuestiones Intempestivas. [3. Una nueva mirada de esta actualidad]

Lo público

Definamos al menos parcialmente que trata lo público, por sobre todo en estos días extravagantes de esta actualidad. No hay medio masivo que no se atribuya valor de razón u opinión acerca de la pandemia, y de las más diversas confrontaciones de las que superan la posibilidad de pensar cierta ética en circunstancias de la que más humilde posición de ser ya aquí presentes en un mundo publicitado de demasiadas incomprensiones que no se entiende bien a que alientan, o mejor desalientan.

En una lectura preliminar, y aunque no se entiendan bien, ese desentendimiento es ya de por sí un síntoma. Nos es fácil decir no entender por nuestra propia parcialidad o miopía, pero que impide alertarnos a que pueda ser inducida desde algo así como como lo que por un momento denominamos lo público.

Entre otras presentamos alguna Utilización de la pequeña falta de honradez.– El poder de la prensa consiste en que los individuos que están a su servicio se sientan muy poco obligados. Dicen ordinariamente su opinión, pero también alguna vez no la dicen, para servir a sus empleadores, a su partido, a la política de su país o a sí mismos. Estos pequeños delitos de falta de honradez, o quizá solamente de silencio poco honrado, son de consecuencias extraordinarias, porque los comentan muchas personas a la vez.

Los alemanes inventaron la pólvora – ¡todos mis respetos por ello!, pero volvieron a repararlo-, inventaron la prensa. Escribió Nietzsche-

Entre otro, Slavoj Žižek, lacaniano y marxista, se anticipó a todos y publicó tempranamente Pan(dem)ic!, COVID-19 shakes the world, es un juego entre las palabras pandemia y pánico. Según adelantó la editorial, en sus páginas se cruzan Quentin Tarantino y H. G. Wells con Hegel y Marx. Hay fragmentos traducidos, pero empecemos por el principio, cuando el coronavirus aún no era pandemia sino apenas el nombre de una gripe peligrosa. Que distinto al rumiar del que piensa lentamente porque así es el proceso de atender a objetos nuevos.

Otro que comenzó, es el filósofo italiano Giorgio Agamben el 26 de febrero en Quodlibet hablando de “medidas de emergencia frenéticas, irracionales y completamente injustificadas para una supuesta epidemia debida al coronavirus”, al que calificaba, con muy mala puntería, como “una especie de gripe”. Finalmente Italia se convertiría en el país más afectado. En ese primer artículo, Agamben señalaba la “tendencia creciente a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno” (“agotado el terrorismo”, llega esta pandemia) y “la limitación de la libertad, aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerla”.

Su par francés, Jean-Luc Nancy, uno de los más influyentes hoy en Francia, le respondió en un breve artículo publicado en Antinomie. No lo hizo con dureza, puesto que Agamben es “un viejo amigo”, pero sí marcó su error: “La gripe ‘normal’ mata a varias personas y el coronavirus, para el que no hay vacuna, es claramente capaz de una mortalidad mucho mayor”. Su aporte, más allá del contrapunto, es este: “No hay que equivocarse: se pone en duda toda una civilización, no hay duda de ello. Hay una especie de excepción viral –biológica, informática, cultural– que nos pandemiza. Los gobiernos no son más que tristes ejecutores de la misma, y desquitarse con ellos es más una maniobra de distracción que una reflexión política”.

Roberto Espósito —también filósofo, también italiano como Agamben— fue el que puso paños fríos. “Me parece que lo que sucede hoy en Italia (…) tiene más el carácter de una descomposición de los poderes públicos que el de un dramático control totalitario”, escribió en Antinomie, sin embargo deslizó una línea importante en todo este debate: “Hoy ninguna persona con ojos para ver puede negar el pleno despliegue de la biopolítica. Todos los conflictos políticos actuales tienen en el centro la relación entre política y vida biológica”. Si bien para Espósito la democracia no está en riesgo, al menos por ahora, “estamos presenciando una politización de la medicina investida de tareas de control social”.

Agamben volvió a la carga con una columna en Una voce el 17 de marzo para aclarar mejor su posición. “Lo primero que muestra claramente la ola de pánico que ha paralizado al país es que nuestra sociedad ya no cree en nada más que en la vida desnuda. Es evidente que los italianos están dispuestos a sacrificar prácticamente todo, las condiciones normales de vida, las relaciones sociales, el trabajo, incluso las amistades, los afectos y las convicciones religiosas y políticas ante el peligro de caer enfermos”, sostiene el filósofo. Habla también de “una guerra civil” donde “el enemigo no está fuera, está dentro de nosotros” y asegura que “una sociedad que vive en un estado de emergencia perpetua no puede ser una sociedad libre”.

Antes de que salga su libro, Žižek escribió una columna en Russia Today mirando más allá de los estados. “La actual expansión de la epidemia de coronavirus ha detonado las epidemias de virus ideológicos que estaban latentes en nuestras sociedades: noticias falsas, teorías conspirativas paranoicas y explosiones de racismo”, escribió el filósofo esloveno, para quien los aislamientos decretados tienen otro objetivo, además de evitar la propagación del COVID-19: “mantener en cuarentena a los enemigos que representan una amenaza a nuestra identidad”. Además, asegura que la necesidad de reflexionar sobre el sistema que nos rige es prioritaria, así como “reinventar el comunismo basándonos en la confianza en las personas y la ciencia”.

Apegado al cine y la cultura popular, hace una analogía con la película Kill Bill de Tarantino y el golpe asesino conocido como técnica del corazón explosivo, donde la persona que lo recibe puede seguir viviendo como si nada pero, más temprano que tarde, su corazón explotará. “Mi modesta opinión sobre la realidad es mucho más radical: la epidemia de coronavirus es una forma especial de técnica del corazón explosivo en el sistema global capitalista, un síntoma de que no podemos seguir en el camino que hemos seguido hasta ahora, se necesita ese cambio”. Su propuesta, expresada mejor en el libro, es simple aunque para nada fácil: “El dilema al que nos enfrentamos es: barbarie o alguna forma de comunismo reinventado”.

Žižek afirma que el virus ha asestado al capitalismo un golpe mortal. Cree incluso que el virus podría hacer caer el régimen chino. Parece prudente que Žižek se equivoca. Nada de habrá de suceder exactamente. China podrá vender ahora su Estado policial digital como un modelo de éxito, escribió Byung-Chul Han en El País hace una semana. “El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia (…) No podemos dejar la revolución en manos del virus. Confiemos en que tras el virus venga una revolución humana”, dice Byung-Chul Han.

¿Por qué en los países de Asia se ha logrado mayor efectividad en combatir la pandemia? La respuesta está en la vigilancia digital, “un cambio de paradigma del que Europa todavía no se ha enterado”, dice Han. Un control poblacional inédito: “En China hay 200 millones de cámaras de vigilancia, muchas de ellas provistas de una técnica muy eficiente de reconocimiento facial. Captan incluso los lunares en el rostro. No es posible escapar”, explica sobre algo que ocurre también en Corea del Sur, Hong Kong, Singapur, Taiwán o Japón, donde “no existe una conciencia crítica ante la vigilancia digital o el big data”. Hay “un motivo cultural” que lo permite: “En Asia impera el colectivismo. No hay un individualismo acentuado”.

Yuval Noah Harari no es filósofo, es historiador, pero cuando escribe reflexiona como si lo fuera. En una nota publicada por Financial Times, el israelí asegura que “esta tormenta pasará, pero las decisiones que tomemos ahora podrían cambiar nuestras vidas para los años que vienen”. En este juego donde “países enteros sirven como conejillos de indias en experimentos sociales a gran escala”, hay dos opciones: “el primero es entre la vigilancia totalitaria y el empoderamiento ciudadano; el segundo, es entre el aislamiento nacionalista y la solidaridad global”. Sin embargo, para Harari, “una población bien informada y auto-motivada, usualmente es más poderosa y efectiva que un pueblo ignorante vigilado por la policía”.

“La situación es muy grave. Y no hay credibilidad en la afirmación de que el virus se propagó deliberadamente”, dice Noam Chomsky en una entrevista que le hicieron en Il Manifesto acerca de la pandemia y la reacción de los diferentes Estados. “Los países asiáticos parecen haber logrado contener el contagio, mientras que la Unión Europea actúa con retraso”, agrega. El filósofo y politólogo estadounidense desliza tres problemas sustanciales en este escenario: 1) “no tenemos ni idea de cuántos casos hay realmente”; 2) “el asalto neoliberal ha dejado a los hospitales sin preparación”; 3) “esta crisis es el enésimo ejemplo del fracaso del mercado, al igual que lo es la amenaza de una catástrofe medioambiental”.

Por su parte, la filósofa estadounidense Judith Butler escribió un artículo titulado “El capitalismo tiene sus límites” y publicado en Verso donde plantea “la llegada de empresarios ansiosos por capitalizar el sufrimiento global”. Se refiere a “la producción y comercialización de una vacuna efectiva contra el COVID-19. Claramente desesperado por anotarse los puntos políticos que aseguren su reelección, Trump ya ha tratado de comprar (con efectivo) los derechos exclusivos de los Estados Unidos sobre una vacuna de la compañía alemana, CureVac, financiada por el gobierno alemán. El Ministro de Salud alemán, con desagrado, confirmó a la prensa alemana que la oferta existió”.

La curva de contagios y muertes sigue ascendiendo, por aquí al menos, y si bien hay países donde la situación parece ser menos caótica que en otros, todos dicen lo mismo: lo peor aún no pasó. De este lado del Atlántico, la cuarentena se va a extender varias semanas más y, posiblemente, se radicalice la seguridad: control poblacional en las calles por parte de los Estados. ¿Con qué mundo nos encontraremos cuando por fin salgamos de nuestras casas y el coronavirus esté, por decirlo de algún modo, controlado? Los filósofos, los pensadores, los intelectuales insisten en que, además de acatar las medidas preventivas, es necesario reflexionar sobre la vida que llevamos. Entendemos que faltan las preguntas inteligentes nos permitan pensar más en nombre propio, desde la propia y auténtica experiencia, más que la que nos sirven como servidas en bandejas de plata.

Y preguntamos, al menos provisionalmente. ¿Volveremos, al mundo de una verdadera meditación en nombre propio? Por afuera, esto claramente, de todo discurso improvisado que no rumia sino devuelve lo cotidiano a lo cotidiano, ahora entre olvidado de lo que debiera predominar en el ser propio del pensante y más cercano a la puro cálculo de una ciencia que no piensa o de una economía que nada resuelve sino es con arreglo a fines, independientemente de cada singularidad de los existentes reales que somos en este mundo.

Ya filósofos postmodernos, ya periodismo que no puede dejar casi de ser barato, y alineado con hegemonías que no tienen nada que ver con lo menos práctico de la gubernamentabilidad de las conciencias de las masas de gentes de las que se espera obediencia y sujetación a modelos de los pocos que esperan sobrevivir aún a costa de las mayorías que ya han nacido y habrán de tratar de seguir sobreviviendo, entre obediencias o pura necesidad.

Uno de los factores más públicos de lo público es la prensa, que más allá o acá de sus intereses y códigos de sujetación, en una lectura de término medio conviene entenderla como signo de algo de lo que ya acontece. algo así como lo que se puede observar de la punta de un iceberg que solo muestra una parte menor del todo, aunque sea hoy fácil de presumir.

Y si se atiende aún solamente a esa punta, cabe poder intuir el resto que permanece invisible que en otro lugar podrá ser pasible de un análisis de la profundidad. Y los filósofos antes enumerados, en sus anticipos ya antiguos para la visión del registro de lo real que se publica, casi que pueden intuirse como solo lo vosible de cuestiones más profundas.

Aún sólo visible, apenas un fenómeno, que debería ser pasible de posterior análisis dentro dados los a priori kantianos para llegar a algún grado posible de cierto conocimiento, hoy día parecen rebasados por la extravagancia de lo vigente.

Si se atiende a la multiplicidad de la publicidad de lo público, nos queda reflexionar que nos pasa en cuanto a sociedad humana, que incluye falta de solidaridad en sapiens de la misma especie, confrontaciones de toda clase, descuidos de todo tipo, discusiones sin fundamento, luchas incluidas guerras a muerte, expoliación de la naturaleza con arreglo a fines, explotación de mayorías por parte de supuestos “elegidos” que así se suponen, cuando las mayorías fueron históricamente por los dueños de los medios de producción, independientemente de cómo los haya heredado o violencia ejercida, y mucho más….

¿Convendrá derivar de lo público la antigua lucha del hombre contra otros hombres, el Homo homini lupus, que en una alentada superpoblación, serían síntomas de la falta de reflexión de demasiados con cada uno mismo? ¿Una suerte de sálvese quien pueda cuando solo el honesto cuidado de cada uno con uno mismo y con los demás enfocaría al camino de sociedades humanas mas humanizadas? Con el necesario intermedio que por ejemplo la filosofía pueda señalar.