126 Cuestiones Intempestivas. [2. Una expectativa filosófica, antes y durante de la pandemia]

Como reinicio

Una cultura es, ante todo, “unidad de estilo en todas las manifestaciones de la vida de un pueblo”. Lo contrario de la cultura es la barbarie, es decir, la falta de estilo, la confusión caótica de todos los estilos.

Es un concepto el anterior, por lo tanto expuesto en palabras, y entonces detrás de su formulación, aun cuando sea o parezca una metáfora, no debería ser entendida como lineal, primaria o directa desde lo que lo permite, ya que solo parcialmente abarca la multiplicidad del cuerpo y el alma que lo pensó. En algún momento conviene dar cuenta, internalizar, autorrefenciar del modo posible cada quién en su singularidad y posibilidad de danza de la formulación de contenidos de pensamiento, que no solamente provienen de una acción positivamente conducida por una voluntad intelectual sino además de otra menos dirigida por un carácter de objetividad y si más liberada a las afecciones que desde la sensación que viene del cuerpo llevan a poder leer palabras, a escucharlas, dejarlas resonar y con ello formular propios modos, tanto o más seguramente seguros, que los que los brindados en bandejas de plata como regalo para ser agradecido y acatado.

La época que transcurre, hoy fines de abril del 2020 en el calendario convencional vigente, presenta algo así como una cierta forma de comprobación del sentido del párrafo del inicio, que tiene nombre y apellido: Friedrich Nietzsche. Aunque pueda calificarse de lamentable esta forma de validación, en la actualidad de este mundo humano que se ha dado vuelta, se asiste a la confusión caótica de todos los estilos.

Contrapóngase por un momento, al menos, el problema del error y de la apariencia. En otro tiempo se tomaba cualquier modificación, el cambio, el devenir en general como prueba de apariencia, y por lo tanto como signo de que ahí tiene que haber algo que induce a error. Los ideales sapientísimos así indicaban desde Platón y que lo verdadero era el mundo de la Idea, u otros ideales sucedáneos que se apropiaban de supuestas “verdades”, como la Biblia por ejemplo, u otros manuales religiosos, porque alguna “verdad” era mejor que ninguna y que servían como ansiolíticos de la existencia. Mientras la doxa de lo real (de alguna manera hay que decirlo) configuraba el error a la inteligencia, dada su infinita multiplicidad, mutabilidad, en continuo devenir.

Propogánse lo contrario al menos como olfato de sospecha que asignar unidad, identidad, duración, substancia, causa, coseidad, ser (como se diga)… : lo que se asigne como verdad revelada, y no encontrarse en cierto modo tomados en ese error idealista. Pero que hubieron en épocas lejanas de ser necesarias y conscientes, pero no revelado, de este aquí nombrado error. Es a partir de una verificación rigurosa, honestamente interna de cada quién que se llegue a la más lícita intuición (entre sensible e instintiva) de que es ahí donde está el error que es el Ideal, señalado con el solo ejemplo de Platón aunque durante siglos se haya replicado hasta hoy día en la cultura, independientemente de quienes ayudan y ayudaron a pensarlo al menos como sospecha del error del error.

Ocurre con esto lo mismo que con los movimientos de una gran constelación, una causa causa algún efecto: aquí el error tiene como abogado permanente a nuestro ojo; allí, a nuestro lenguaje . Por su genealogía el lenguaje pertenece a la época de la forma más rudimentaria de psicología: entramos en un fetichismo grosero cuando cobramos conciencia de los presupuestos básicos de la metafísica del lenguaje, dicho en español: de la sola razón. Ese fetichismo ve en todas partes agentes y acciones: cree que la voluntad es la causa en general; cree en el Yo, cree que el Yo es un ser, que el Yo es una sustancia, y proyecta sobre todas las cosas la creencia en esa sustancia así es como crea el concepto Cosa… El ser es añadido con el pensamiento, es introducido subrepticiamente en todas partes como causa. Del concepto Yo es del que se sigue, como derivado, el concepto “ser” …

Al comienzo está ese error grande y funesto de que la voluntad es algo que causa efectos, — de que la voluntad es una facultad… Hoy sabemos que no es más que una palabra… Mucho más tarde, en un mundo mil veces más ilustrado, llegó a la consciencia de los filósofos, para su sorpresa, la seguridad, la certeza subjetiva en el manejo de las categorías de la razón: ellos sacaron la conclusión de que esas categorías no podían proceder de la sola empiria, la empiria entera, decían, está, en efecto, en contradicción con ellas. ¿De dónde proceden, pues?

Podríamos llegar a pensar, o sea entender al manera que sea la propia que el lenguaje en sí mismo ya oculta el mismo fondo del posible ser de cada cosa.

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Y pasamos de abril a fines de junio de este año extravagante para lo que comenzamos entonces.

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Muchos de los actuales filósofos, bueno, así se los considera, han escrito quizá demasiado acerca de la situación extravagante provocada por lo que se la llama pandemia, e igualmente insistimos que hace falta aun todo lo dicho y por decir, un trabajo de uno con uno mismo, como el dispositivo analítico que intermedia con otro.

 La razón metafísica está incrustada en el lenguaje. No se puede pensar con supuestos que ya vienen con él. Por ejemplo, el alma, que es la cosa referida con esa palabra. Y en momentos como estos pensamos que mejor que adivinadores del futuro, o que nos interpreten en lo que a cada quién le acontezca, ya en el cuerpo, ya en el alma, más bien vendrían lo que ayudaran a poder pensarnos en nombre propio en lo nos pueda estar aconteciendo, aquí y ahora, ya daseiens que somos.

Si hay un verbo, cualquier acción que refiera, hay un sujeto, aún tácito. Es el problema propio del lenguaje. Y ya nos viene desde Descartes. Si pienso, luego existo. Tal vez convenga revertir la fórmula, si existimos luego pensamos.

Lo que claro remite a Baruch Spinoza. Cuerpo y alma son atributos de la misma sustancia, que tiene infinitos pero que los existentes humanos acceden solo a esos dos, en apariencia diferenciados pero pertenecientes a la misma existencia y que afeccionan el uno al otro, reversiblemente.

No podemos resumir las innumerables formas de interpretar la subjetividad. Las hay de muy diversas formas de acceso, desde lo general (social, político, difundido, expuesto, extorsionado [ex = externo], mediatizado, adivinizado [de adivinación y divinizado, en múltiples modos que el lenguaje permite]) o del único cuerpo abierto de Nancy que no está claro que nos pertenezca ya del todo y su forma, como ya Aristóteles señalaba, el alma.

Estos días extravagantes para el sentido más común, en que asola una pandemia, y demasiados se exponen como expositores en cuestiones de las que no de reconocen antecedentes en esta también tan extravagante también postmodernidad, bueno, así se la nombra, olvidando que solo son palabras que difícilmente puedan significar algo que tenga que ver con lo que de todas maneras sucede, va aconteciendo, en lo que deviene en la multiplicidad en la que el mundo humano se ha constituído.

La situación, que en sí misma es acontecimiento (Concepto fundamental de la teoría de las probabilidades y de la estadística; designa la realización de cierta posibilidad al darse un determinado complejo de condiciones. Si el acontecimiento se produce de manera inevitable en presencia del complejo dado de condiciones, se denomina fidedigno) conlleva a aleatoriedad y apresuramientos en supuestos espacios desde filosóficos, supuestamente científicos, y ni nombrar a la opción mass mediática, de casi infinitas maneras, que el solo no tomar la suficiente distancia y duración de la digestión, permite.

Se va comprendiendo, desde propias experiencias, la fragilidad y vulnerabilidad del cuerpo que habla por sí mismo y el alma que siente lo que le toca sentir y que es propia posesión de cada quién, Dasein, ya aquí y ahora, que están propiamente abiertas a cualquier cuestión que las afeccione, desde cualquier lugar de donde provengan. Ya desde la propia posible subjetividad, o ya cualquier invasión excrita (escritas con extrañeza desde lo externo) de cualquiera de las demasiadas fuentes cuyo origen no es el único demandado, que es el propio posible.

Difícilmente se podrá suponer que algo de todo esto que acontece, su cierta comprensibilidad, digestibilidad, y posible devenir puedan adivinarse aun toda sabiduría que lo pretenda.

Hoy, recomenzando, hasta aquí.

Autor: dosztal

Busco un pensar en nombre propio libre de las sujetaciones del mundo humano que ya hace frente

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