125 Cuestiones Intempestivas. [1. Miradas actuales III]

Hoy……

En uno de nuestros primeros capítulos Miradas Actuales resumíamos intempestivamente y con cierta bronca de lo que no había que hablar, que se puede pensar de lo que no conviene pensar, por invasión y porque pensarlas es internamente darles una entidad que no merecen por representantes del dispositivo de sujetación que se convierte en objeto de estas nuevas miradas, y además ocupa por distracción el camino hacia un pensar en nombre propio, lo que sería una deuda de uno con uno mismo, cuando se ha elegido libremente ese camino. Así comenzaba https://cuestionesfilosoficas.com/2017/12/08/53-nuevas-miradas-actuales/.

Idolatría a los ídolos: la supuesta verdad.

Seguir manteniendo la jovialidad en medio de un asunto sombrío y sobremanera responsable es cosa no menor, y, sin embargo, ¿hay algo más necesario que la alegría serena? Nada sale bien si no participa en ello la alegre jovialidad. Soló el exceso de fuerza es la prueba de fuerza. Una transvaloración de todos los valores, signo de interrogación tan negro y enorme que proyecta sombras sobre quien lo plantea, obliga a cada instante a correr hacia el sol y sacudir una seriedad grave, una seriedad que se ha vuelto demasiado grave. Todo medio es bueno para esto; todo caso es un caso afortunado. Ante todo, la guerra. La guerra siempre ha sido la astucia de todos los espíritus que se han vuelto demasiado íntimos y profundos; hasta en la herida hay una fuerza curativa. Mi divisa: Se crecen los ánimos, se fortalece la fuerza con la herida.
Friedrich Nietzsche. Prólogo. El crepúsculo de los ídolos. 

Leer es siempre una forma propia de recorrer el camino hacia la constitución de un modo propio de pensar, lo más independizado posible de los ídolos de barro a los que se arroga valor de cierta verdad, como si la verdad así dicha no fuera mucho más que cualquier otra ilusión. Conviene alejarse de los juicios morales y de la inmensa opinión apodíctica que circula al infinito por los medios masivos de comunicación y que más allá o más acá que muchos están prediseñados y subsidiados por el efecto que persiguen: el que surten , crean en los receptores fenómenos de credulidad con ilusión de valor de verdad. Algo extravagante está sucediendo en el mundo humano, demasiado poblado y tecnologizado, como resultado de la aplicación regulada con arreglo a fines de generación de la ilusión de valor de verdad.

Parecen olvidarse, como Heidegger no se cansó de enseñar: lo grave de la época es que aun no hemos aprendido a pensar, y entre otras cuestiones que lo interpretan a la falta de aprendizaje es el olvido acerca del ser de lo que somos.

En su Verdad y Mentira en sentido extramoral Nietzsche comienza: En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen las bisagras del mundo.

Cada quien es un momento en la historia no universal, en su propio devenir, que con cierta actitud de respeto hacia sí mismo y hacia el resto. Terminaba https://cuestionesfilosoficas.com/2020/02/12/122-cuestiones-del-aqui-y-ahora-2020-3/ con:

Al menos como pretensión hacia un devenir más auspicioso, cuando la condición socio-política-económica que se vislumbra en lo más actual no parece aplicar ni al contrato ni se perciba voluntad general. Y haya necesidad a apelar a Tomás Moro (Utopía, 1516).

Lo actual, de hoy día, ante la mirada intempestiva, es dinámico. Las cosas suceden, a partir de la Naturaleza y actúan sobre la vida de entre otras especies, la humana. Percibimos una diferencia, entre lo estricto derivado de lo natural con una voluntad que no es en modo alguno voluntario de nadie sino fenómeno casi gravitacional, asunto de fuerzas incontrolables desde cualquier intención que la racionalidad se proponga, y la distinguimos de esa otra voluntad no natural que es propia del cálculo de beneficios con arreglo a propios fines que muchos desde el fondo de la historia aplican en desmedro del resto en su comunidad.

La ilusión de verdad que nos inventamos ya consciente o inconscientemente desde la condición de ser un animal racional-social-político supone un mecanismo de defensa contra el miedo que provoca la finitud: Nada soluciona los problemas porque la vida es problemática de por sí. Somos vulnerables. Las cosas pueden ser de un modo u de otro. Y además la finitud nos lleva a tomar elementos de previsión para solventarla hasta donde se requiera, o hasta donde se pueda. Sería deseable.

La voluntad racional, producto histórico con posible fundamento en el combate contra el miedo más original propio de la condición de saberse finito en un rato corto del tiempo cósmico y la vulnerabilidad que implica, ya resalta lo irracional de lo irracional que es de por sí propio de las cosas que suceden en la dinámica de la Naturaleza y la idealización que la proponga como racional. No hay ciencia que impida que las cosas más múltiples que solamente la condición de ser hombre igualmente sucedan, y que además el modelo de control que impera quede al descubierto de su ignorancia e impericia de previsión, aunque la de la pretensión de mantener al pueblo sujetado, obediente y proveedor de los detentores de alguna clase de poder de acción sobre el resto, los Otros.

Esa voluntad de control, con arreglo a fines muy particulares, producto de sus propio miedo que intentan ocultar además de alguna otra pulsión de poder entre sádico y perverso, característica del modelo neoliberal vigente y de históricas monarquías y autoritarismos, donde la necesaria, para la convivencia gregaria de lo humano requeriría: Ética y gran Política, con la que pretendemos señalar a gobiernos que acerquen a la gente a la que deberían ayudar en su corta vida, y para nada que implique su contrario.

Demasiados pastores de mentiras circulan y cuelan en la superpoblación que caracteriza al mundo humano actual. Y demasiadas veces en nombre de una moral que no existe sino como ilusión, como magos de la retórica, deambulan por todo espacio que se les disponga, que además con la contaminación tecnológica mediante convierten la percepción de los acontecimientos y fenómenos en escenarios de circos en los que el discernimiento razonable queda aturdido y obstaculizado en formar algún entendimiento que alcance cierta determinación satisfactoria. El efecto es la incertidumbre y de ella el pathos genera angustia, los cuerpos se tensan y llegan a enfermarse.

Hoy hay una pandemia, y el mundo se ha dado vuelta. Los antecedentes del pasado mediato, con modos de gobierno utilitaristas, olvidados de la cultura e irrespetuosos de su valor, demasiado relacionados con los poderes económico-financieros a los que obedecen o deben obedecer, con o sin arreglo a los fines de los funcionarios paradójicamente elegidos por los pueblos, olvidan las mayorías de su comunidad y todo pacto de convivencia se cancela. El modelo neoliberal, que bombeó demasiados recursos hacia las cuentas de banco de esos poderes desde el fondo de las mayorías de muchas más maneras imaginables pero desconocidas, ya que el secreto es engranaje necesario del modelo, sin el que no podrían haberse aplicado. Los pastores, en cualquiera de sus formas, forman parte de ese dispositivo, exitoso para sus inventores y nefasto para las comunidades.

Un nuevo tipo del coronavirus, en 3 meses está revolcando el mundo, y es incierta hoy su derivación y devenir. Además de enfermos y muertos, un efecto que ahora es observable, es el resultado de años de vigencia del dispositivo neoliberal: utilitarista para muy pocos y antinatural en cuanto incumple con las leyes de convivencia ética, del respeto de unos y otros, los de la cultura que olvida y de la más equilibrada y justa posible convivencia de todos los que no eligieron nacer pero están aun vivos en esta época.

El dispositivo muestra su diseñada fragilidad ante estos casos. Falta de infraestructura en el cuidado de la salud, altos costos de la atención médica privada e inflexibilidad de las mismas ante la necesidad, demasiada población en condición de riesgo por viviendas precarias, mala nutrición, información tardía, etc…. El dispositivo muestra su peor cara que ahora queda al descubierto: el desprecio de los que lo enriquecen a costa de su pobreza.

Esto parece que recién empieza, y supone a gente inteligente y noblemente honesta, que habrá de promover cambios político-económico-sociales que neutralicen el dispositivo que impide el cuidado que las personas necesitan para amortiguar su vulnerabilidad frente a lo que fuera. Si así no ocurriera, entonces solo nos quedará la filosofía y Tomás Moro.

Autor: dosztal

Busco un pensar en nombre propio libre de las sujetaciones del mundo humano que ya hace frente

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