117 Volviendo al presente. [9]

Contraste. A modo de escolio entre Schröedinger y Schopenhauer

Cada época desarrolla sus propios campos de visión y de enunciación. Esto es foucaultiano, a quien aun no hemos llegado. Pero teniendo en cuenta la idea que expresa, hoy necesitamos relacionar lo que venimos planteando en esta serie, antes de dis-continuarla.

Entendemos verosímil partir de nuestros maestros: Heidegger en su seminario de Friburgo durante los años 1952-1953: ¿Qué significa pensar?. Platón se distingue la dianoia o el pensamiento discursivo del nous o pensamiento intelectivo. Kant, por su parte, diferencia explícitamente el ámbito del entendimiento del ámbito de la razón. El primero trabaja con conceptos que son los apuntados a construir conocimientos, el segundo con ideas que tienen un uso regulativo. En este sentido, Kant también diferencia lo que podemos conocer de lo que podemos pensar, siendo esto último prácticamente infinito, solamente bloqueado por la contradicción: podemos pensar cualquier cosa, con tal de que no caigamos en contradicción, pues esta constituye la imposibilidad del pensamiento (por ejemplo, podemos pensar en Dios, aunque no lo conozcamos, pero no podemos pensar en un círculo cuadrado). Heidegger, por su parte, distingue también el conocimiento técnico-científico del pensamiento del ser. El primero está ligado a las condiciones de la objetividad que alcanzan su máxima expresión en la filosofía moderna; el segundo, retomando fuentes presocráticas y poéticas implica el ir más allá del ámbito del ente en dirección del ser que se le oculta al pensamiento representacionalista. Deleuze no solo pretende responder la siguiente pregunta: ¿bajo qué condiciones se hace
posible el pensamiento? Irá aún más lejos, pues no busca determinar únicamente las condiciones de un pensamiento posible, sino quiere determinar las condiciones de todo pensamiento necesario, siguiendo a Antonin Artaud, la de la genitalidad (pulsión) del pensamiento, esto es, como venimos sosteniendo, la preocupación por las condiciones reales que hacen nacer el pensamiento en el mundo.

Lentamente, o si se quiere leer especularmente demasiado rápidamente, apuntamos a la misma dirección de los maestros. Pensar, como se quiera pensarlo, es un ejercicio, un acto en acción, primariamente individual, o interno, que luego irá a mezclarse con lo múltiple de la época y-o viceversa. Deseamos aprender a pensar para no ser confundidos por el simulacro que la mundanidad nos presenta casi impositiva y agresivamente en cuanto salimos del escritorio en el que nos debatimos estas cuestiones.

En tanto sapiens, la reflexión es un asunto que se va dando en cuando devenga aun cuando sepamos aún bien que es lo que significa, que sería, decimos preliminarmente al menos dos asuntos. Uno como trabajo necesario que va desde que a través de algún medio, algo se nos presenta como algo, sobre lo que nos obligamos, bueno, si lo deseamos, reflexionar para crear cierto entendimiento de ello que luego se actualice en nuestra físico-química como contenido de pensamiento, ya intuitivo, ya racional, posible; y el otro asunto que es el que como reflexión rebota en un cristal o espejo – o lo que fuera-, y se nos devuelve en forma invertida. Y si insistimos en el trabajo de creación de pensamiento, si nos atenemos a la inversión devuelta, nos enrollaríamos en un círculo retroalimentado del que sería difícil salir.

Alejandro no supo, como nadie antes, desatar el nudo gordiano, entonces lo cortó a golpe de espada. Algo de esa metáfora debería sernos útil para referirnos al simulacro que la reflexión nos presenta. Si en lugar (donde se habita) de cerrarnos en que si pensamos lo que pensamos se nos devuelve en forma invertida, esgrimimos la espada y entendiendo que es uno propiamente el que piensa y cuando se lo hace el mundo lo devuelve, en tanto que ya somos parte de ese mundo, cortamos el ciclo confiando en nuestra propia identidad razonable de argüir acerca de de lo que ya somos y lo que hace frente, decidiremos quedarnos con la propia modesta pero honesta conclusión de lo que se trate.

El temor es el más antiguo de los afectos. De hechos los mitos y las religiones parecen más a los psico-fármacos modernos que lo anulan que a contenidos razonables de pensamiento. El sapiens sintió, como sensación o afecto, primero que cualquier otra cosa miedo. A las formas de la Naturaleza que lo había creado, a otras criaturas más poderosas físicamente o salvajes, a los agentes climáticos adversos, a la muerte, a los congéneres con los que no congeniaba, a cualquier forma que lo amenazara o agrediera. La sensación de miedo es ancestral en la especie hombre. Y no parece que eso haya cambiado en los últimos diez mil años del sapiens y sus culturas. Habría, decimos, una inversión diez veces milenaria, de no poder dar cuenta en lo pensado propiamente que el miedo es un efecto intelectual de un afecto real. Lo intelectual indica intelecto, lo que no implica necesariamente cosa consciente. Pero en cuanto parte de la misma maquínica forma del ser humano, casi todo es posible mientras se cumplan las leyes originales del universo.

Somos complejos, como especie, por naturaleza, y eso es ineludible. Las formas de pensamiento, acción y reacción, son igual de infinitas en lo humano que las posibilidades de combinación atómica en lo concreto de la materia y energía (que se equivalen) en el cosmos. Y con esa idea empezó esta serie, en la que hoy damos cierta rienda suelta como escolio, porque encontramos luego en la historia y posibilidad de pensamiento algunos puntos de encuentro, de agenciamientos deleuzianamente expresados en palabras posibles, de analogía y libertad de expresión, aunque las épocas se han encargado de dominarlas.

Con Schrödinger encontramos la vía de la vida que en la especie humana admite lo sapiens como diferenciador (algo más tarde Lynn Margulis completará la precursión). Con los filósofos anteriores se reconocen las formas de expresión de los pensamientos que ya admiten la cosmología previa necesaria para esa condición de posibilidad. Spinoza desde la Sustancia de la que provienen como modos las partes que se conjuncionan, y esto no cesa de funcionar (son funciones): choques, apropiaciones de partes, transformaciones de relaciones, composiciones al infinito. Es un álgebra físico-química que con más precisión trescientos años después Schrëdinger sería precursor de un nuevo estatuto donde las ciencias duras empezarían a dar cuenta a los modos de su método de lo mismo y diferente. En la legislación que lo cosmológico presenta a la Sustancia, luego Schopenhauer, y diciéndolo a su manera que afirma algo que para la época era una negación, que hay una voluntad que antecede en cuanto a lo humano a cualquier volición consciente de la que la especie pensante se había arrogado.

Los aprioris kantianos: espacio, tiempo y ley de causalidad (que son modos del cosmos), son necesariamente subjetivos, y necesarios para formalizar luego intelectualmente desde la representación que se afirma desde la percepción de lo fenoménico en cierto entendimiento previo a lo que podrá, o no, luego conocerse de alguna manera, y si desea (afecto entre genital y fantasía) luego expresarlo, decirlo, escribirlo, por si a otros interesara.

Esto es casi historia de la filosofía. Y cada escritor de filosofía replica su propio espíritu en el estilo en que se expone. Lo más interesante a quien despierte interés estos asuntos, es que el escritor va liberando a su manera posible la forma propia de pensar que aunque no lo diga, es el fin esperado en él mismo.

La ley de la causalidad (bien cósmica) es el fundamento de cualquier fenómeno, que si se cae en la en la premisa falsa que la propia representación se haga del mismo permita algo como un entendimiento absoluto, se pueda llegar a conocer la cosa en sí de ese fenómeno -su esencia – entonces se perderá el camino.

El camino es el que debe ser transitado por el pensamiento en busca de su libertad respecto de los modos servidos en bandeja de plata para cancelarlo o al menos adoctrinarlo a los modos admitidos de sujetación que proliferan, desde casi siempre, para su domesticación. Si pensamiento es el alma espinozista, y si el cuerpo es la forma extensa del alma intensa, entonces la domesticación se replica en los cuerpos. Más tempranamente lo explicará a su estilo, Michael Foucault, entre muchos otros.

Sigue Sigmund Freud

Autor: dosztal

Busco un pensar en nombre propio libre de las sujetaciones del mundo humano que ya hace frente

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