Prólogo: Analogías

De la Naturaleza

Prólogo

Señalaremos analogías, y explicitamos la pretensión de avanzar por el camino desandando las genealogías propias de la naturaleza y culturales, estas últimas que olvidan que ser homo sapiens desde su antropología implica esencialmente la determinación diferencial de poder pensar, de una forma múltiple, ampliada y libre por fuera de las únicas condiciones que la supervivencia requiere. Entendemos hoy que las ciencias están en su propio camino y acercan su método a la fisiología que soporta al pensar, y también que no podemos negar que la historia de los modos de pensar de los conglomerados humanos, desde las tribus más primitivas hasta las hiperciudades superpobladas, que abundan quizá demasiado, formulan condicionantes independientes de su esencialidad a dichos modos.

En general se asocia a esa palabra que hay que desarrollar del todo, pensar, con lo que en términos generales y comunes se identifican con conciencia, razón y el contenido mnémico e inteligente del yo que existo en tanto pienso.

Hay mucho valor en lo heredado desde los pensadores desde el IV AC en Grecia, los aportes de las Ciencias, ya humanísticas, ya exactas. De todas maneras, y partiendo de la intuición que nos decide este camino hoy, pre-suponemos que no hay una idea clara acerca de lo que implica el ser efectivo del pensamiento ni toda la potencia que dispone, casi siempre determinada por condicionantes que mal expresado agregan valor a su esencia.

Explicaremos esta propuesta que entre absurda e irónica dice agrega valor. Cuando rastreemos la historia tal vez lleguemos a percibir que el valor agregado aunque agregado, quizá no sea valor, ni en el sentido de valentía ni como valioso.

Todo texto tiene una historia. Quizá no sea prudente prologarlo, porque como ya se expuso, se escribe sobre lo que no se sabe, al menos no del todo, y uno de los objetivos del autor es ponerlo a disposición de sus futuros probables lectores, para compartir wl camino que va desde desde la propia duda hasta cierta comprensión, que es al mismo tiempo un aprendizaje que alegra a quien escribe, y curiosamente puede inducir a algún receptor a emprender el suyo propio, si identificara el método y la propuesta, casi independientemente del objeto, ya que cada uno en si singularidad de experiencia e interés se apueste a otros.

Baruch Spinoza

Intuimos que Spinoza acompañara este camino, y tiene su historia, que brevemente presentamos como ejemplo de lo que intentamos expandir en palabras, siempre escasas, aun cuando la sana intención es lograr cierta identificación con lo que las palabras esconden, más que ser explicitadas.

Es algo así como el fenómeno kantiano. Algo aparece, se lo percibe a nivel del pensamiento, y ahí se lo reproduce hasta donde el pensamiento educado para ello, lo convierte en alguna clase de conocimiento a posteriori, desde algunos principios a priori (interiores y anteriores al fenómeno) sin los que no podría dar cuenta de la entidad posible a la experiencia de la observación del acontecimiento del fenómeno. Casi axiomáticamente, al modelo de las matemáticas o de la geometría espinoziana, Kant señala dos intuiciones a priori que posibilitan al pensamiento seguir con el trabajo de pensamiento inteligible que pasa a ser conocimiento de la propia experiencia: el espacio y el tiempo.

Spinoza sólo publicó dos obras durante su vida: los Principios de filosofía de Descartes, con los Pensamientos metafísicos como apéndice (1663), y el Tratado teológico-político (1670). Lo que parece haberse traslucido nos hace pensar que antes de la primera fecha
redactó el Tratado breve y el Tratado de la reforma del entendimiento, y después de la segunda el Tratado político y la Gramática hebrea. Puesto que la Ética es un tratado sistemático y estuvo en el escritorio hasta la muerte de su autor, es obvio suponer que éste ha integrado en ella los principales elementos de los demás escritos. Conjetura tanto más plausible cuanto que su redacción se ha prolongado unos catorce años y parece haber ocupado los huecos que aquéllos iban dejando.

La Correspondencia señalar con bastante precisión esos huecos y situar en ellos algunos estadios del texto. Desde septiembre de 1661, Spinoza debate por carta con Oldenburg los fundamentos de su metafísica, que le envía en un anexo, cuyos términos
parecen más próximos que los del «Apéndice I» del Tratado breve al de la Ética actual. A comienzos de 1663, sigue haciendo algo parecido con un grupo de amigos de Amsterdam, que se reunían en una especie de círculo o colegio, en torno a Simón de Vries y a L.Meyer, para analizar los textos que él les enviaba y remitirle después sus observaciones. Esos hechos ponen de manifiesto que, antes de abandonar el Tratado de la reforma del entendimiento y al mismo tiempo que explicaba a un estudiante las
cuestiones más difíciles de la metafísica clásica y de la física cartesiana, y que ideaba curiosos experimentos para resolver las objeciones químicas que le formulaba R. Boyle , Spinoza iba dando forma a la primera parte de la Ética.

Cinco años hubieron de pasar, sin embargo, para que ese tratado viera la luz y Spinoza volviera a sacar del cajón el ya desvaído borrador de la Ética. Y necesitará otros cinco para revisar lo hecho y concluir lo que faltaba. La Correspondencia nos permite saber que, durante el primer período (1665-1670), debatió con Hudde el tema de la unicidad de Dios y, durante el segundo (1670-1675), mantuvo una correspondencia intensa con Velthuysen sobre el TTP, con Boxel sobre los espíritus y con Tschirnhaus sobre el método. Sin otro indicio previo, el 3 de julio de 1675 Spinoza anuncia a Oldenburg que piensa publicar la Ética, que ahora tiene cinco partes (Ep 62). Pero unos dos meses
después le informa de nuevo de que su proyecto ha fracasado. He aquí sus propias palabras:

En el momento en que recibí su carta del 22 de julio, partí para Amsterdam con la intención de mandar imprimir el libro del que le había hablado en otra carta. Mientras hacía estas gestiones, se difundió por todas partes el rumor de que un libro mío sobre Dios estaba en prensa y que yo intentaba demostrar en él que no existe Dios, y muchos daban crédito a ese rumor. Algunos teólogos (los autores, quizá, de dicho rumor) aprovecharon la ocasión de querellarse contra mí ante el príncipe y los magistrados. Además, algunos estúpidos cartesianos, que pasaban por simpatizar conmigo, a fin de alejar de ellos tal sospecha, no cesaban de detestar por doquier mis opiniones
y escritos, ni han cesado todavía. Cuando me enteré de todo esto por hombres dignos de crédito, que me dijeron, además, que los teólogos me tendían por todas partes asechanzas, decidí diferir la edición que preparaba, hasta ver en qué paraba el asunto y comunicarle, llegado ese momento, cuál era mi opinión. Pero el asunto parece
ir cada día a peor y por tanto no sé qué hacer.


De hecho, cuando año y medio más tarde la muerte le sobrevino, el manuscrito seguía en su pupitre. Por ventura, la suerte le fue entonces más favorable.no ya para Baruch sino para su Ética.

La Ética demostrada según el orden geométrico, tiene tres determinaciones que le imprimen un carácter especial, utiliza el orden geométrico seguramente siguiendo a Descartes ya popular desde lis inicios del S XVII, se soporta con una jerga religiosa ineludible a su tiempo, y aun así censurada, y comienza como una cosmología que le permite ir deduciendo proposiciones al método de geométrico, salvo sus escolios en los que se demuestra su valor (en varios sentidos) filosófico.

Solo transcribimos las cinco primeras definiciones y axiomas de la Primera Parte:

  1. Por causa de sí* entiendo aquello cuya esencia implica la existencia, o sea, aquello cuya naturaleza no se puede concebir sino como existente.
  2. Se llama finita* en su género aquella cosa que puede ser limitada por otra de la misma naturaleza. Por ejemplo, se dice que un cuerpo es finito, porque siempre concebimos otro mayor. Y así también un pensamiento es limitado por otro pensamiento. Pero un cuerpo no es limitado por un pensamiento ni un pensamiento por un cuerpo.
  3. Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, es decir, aquello cuyo concepto no necesita el concepto de otra cosa, por el que deba ser formado.
  4. Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia como constitutivo de su esencia.
  5. Por modo entiendo las afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.

A X I O M A S

  1. Todo lo que es, o es en sí o en otro.
  2. Lo que no se puede concebir por otro, se debe concebir por sí.
  3. De una determinada causa dada se sigue necesariamente un
    efecto y, al contrario, si no se da ninguna causa determinada, es
    imposible que se siga un efecto.
  4. El conocimiento del efecto depende del conocimiento de la causa y lo implica.
  5. Las cosas que no tienen nada común unas con otras, tampoco se pueden entender unas por otras, o sea, que el concepto de la una no implica el concepto de la otra.
  6. La idea verdadera debe concordar con su objeto ideado.
  7. De todo lo que se puede concebir como no existente, la esencia no implica la existencia.

Decimos, son puntos de partida claros y del mal nombrado sentido común, que como popularmente se indica es el menos común de los sentidos. Ojalá la posverdad y sus enunciadores, lo hubieran tenido.

Anunciamos analogías, y que impulsan este trabajo de transmitir algunas ideas que concuerden, acuerden, con el objeto ideado. Para la época en que estamos escribiendo esto, las ciencias han agregado cierto valor a la positividad de campos entre diferentes y repetidos. Las imágenes de parte del cosmos en su versión actual y un modelo neuronal al que atribuimos capacidad de pensamiento, parecen a simple vista análogos.

Estamos ante constelaciones de miles de millones de estrellas y miles de millos de neuronas, entre las que algunas interacciones del orden, no digamos solo geométrico, necesariamente se producen, o hablando más estrictamente como modos, afecciones de la sustancia, o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido.

A ello dedicaremos esta serie, que comienza, desde la propia naturaleza de las cosas.

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