DOS

Cómo llegamos a esta época, grave?

Se señalaba en el prólogo que el pensamiento moderno nace del fracaso de la representación, de la pérdida de las identidades y del descubrimiento de todas las fuerzas que actúan bajo la representación de lo idéntico.

«El mundo es mi representación» es la frase con la que se abre la obra El mundo como Voluntad y representación de Arthur Schopenhauer parte de la premisa de la limitación del conocimiento humano, idea tradicional en filosofía: «Nadie puede salirse de sí mismo para identificarse directamente con las cosas distintas a él; todo aquello de que se tiene conocimiento cierto e inmediato se encuentra dentro de su conciencia».

La obra es larga y lectura recomendada, entre otras, para cualquiera que desee empezar un largo camino que lleva desde la oferta de ya ser aquí (Dasein) tal cual hemos sido proyectados al mundo humano, a la senda de un posible llegar a pensar en nombre propio.

Representación es la palabra con la que se designa, en general, la reproducción mental de un objeto por parte de la conciencia, ya sea un objeto externo (una cosa) o interno (subjetividad). Su semántica es precisa en ésta, es la reproducción que se da a la conciencia de lo que aparece. Lo que dispongan de la capacidad de cierta razón, harán desde Kant, un objeto de conocimiento.

No avanzaremos aquí con estos pensadores, y con un salto intempestivo pensemos por un momento el deleuzianismo del fracaso de la representación.

Según la teoría antropológica tradicional, el homo sapiens es ante todo un animal social, clave, para la supervivencia y la reproducción. Hoy día aún se sostiene que desde hace 700 siglos, los sapiens eran ya inteligentes, creativos y sensibles, como todavía lo seríamos. Aparece el lenguaje humano dotado de muchos más sonidos que el de otras especies, asombrosamente flexible, de infinita combinatoria y significados arbitrarios cuya aceptación comunitaria fue construyéndose en cada tribu o conglomerado. Lo que se admite es que ese lenguaje,a diferencia del de otras especies, permitió desde su inicio, no solo a transmisión de información efectiva de cosas concretas o necesarias, sino que además se podía expresarse acerca de entidades que nunca habían visto, ni tocado, ni olido. Y para terminar, por el momento, con las teorías antropológicas, esa capacidad de hablar acerca de ficciones, se constituyó en singularidad del sapiens.

Vayamos por un momento a la cuestión de lo idéntico, lo que refiere a identidad, como podamos formularla.

En filosofía, la identidad es la relación que toda entidad mantiene sólo consigo misma. La primera formulación del principio de identidad en la historia de la filosofía occidental aparece en Parménides. Con él la identidad se traslada desde el plano lógico al ontológico [lo mismo es pensar (lógico) y ser (ontológico)], más tarde adoptado por Hegel.

Ontología, (del griego antiguo ὄντος , ‘ente’; y λόγος ‘ciencia, estudio, teoría’.

Ser y ente, suelen ser intercambiables hasta Heidegger.Si lo ser cuenta entre sus atributos fundamentales el ser ingénito (no engendrado) e imperecedero (intempestivo) entonces debe ser forzosamente inmutable, es decir, carente de cambio, de devenir y por lo tanto, esencialmente idéntico a sí mismo. Común a los tres casos (Parménides, Platón y Aristóteles) es el énfasis y la severa preeminencia concedida a la noción de identidad sobre su opuesta (la alteridad, la diferencia). Fue una cuestión definitoria y constitutiva en la herencia ontológica y axiológica característica de la metafísica occidental, en cuyo transcurso histórico siempre concedió prioridad en todos los aspectos a la identidad sobre la diferencia, a la mismidad en detrimento de la alteridad y, en definitiva, a la posibilidad sobre la disolución, la negatividad y la alteridad. Será siete siglos después en que Heidegger volviera a una pregunta existencial: LA PREGUNTA POR EL SENTIDO DEL SER, en la que no afirma, sino duda y reflexiona acerca de ese ser, constitutivo e inmutable, que permite la identidad.

Excepción a esta regla común puesta en ente paréntesis heideggerianos (al modo fenomenológico de Husserl, su maestro) aparece la teoría “post-moderna” auto-caracterizada como pensamiento de la diferencia, que aparece y por sí misma, significativa. Se trata, en efecto de contrarrestar la herencia más tradicional enfocada en el prejuicio dirigido contra el primado de lo otro, de la no-mismidad. Frente a ello, la filosofía de la diferencia resalta lo fragmentado, lo disperso irreductible a unidad y mismidad en razón del principio metodológico general “nada es igual a nada”. Como olvidando que nada es no ser. https://cuestionesfilosoficas.com/2017/10/23/41-parmenides/

Se opone la diferencia al absoluto primado de la identidad, dar primero lugar a la diferencia sobre todo intento “lógico” de reunir y reducir lo múltiple a la unidad, y lo uno a la identidad. En Aristóteles, el principio de identidad no afirma la igualdad en sí de todo ente particular, sino que establece que no es posible que un mismo predicado pertenezca y no pertenezca al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto a un mismo sujeto. En realidad, ésta es la formulación que da Aristóteles del principio de no-contradicción; Aristóteles, pues, reduce la defensa del principio de identidad a la evidencia de que es imposible ser y no ser al mismo tiempo, que es como decir todo ente es él mismo. Que se parece bastante a un silogismo y agrega la participación del sujeto,del que estamos tratando.

Hay un principio, en las cosas que son, acerca del cual no es posible caer en error, sino que siempre se hace necesariamente lo contrario, o sea, estar en la verdad: que “no es posible que lo mismo sea y no sea a un mismo tiempo”, e igualmente en el caso de los otros predicados (lo que se afirma o se niega de un sujeto en una proposición) que se oponen entre sí de este modo. De tales principios no hay demostración alguna, pero sí que la hay como refutación que apela a una falacia, en efecto, no es posible deducirlos silogísticamente a partir de un principio más cierto, lo cual debería hacerse si se tratara de una demostración absoluta. Ahora bien, frente a la afirmación de proposiciones opuestas, si se quiere demostrar su falsedad, se ha de proponer algo que sea idéntico al axioma de que “no es posible que lo mismo sea y no sea a un mismo tiempo”, pero que no parezca que es idéntico a él. Y es que solamente de este modo cabe demostración contra quien dice que las proposiciones opuestas pueden ser verdaderas acerca del mismo sujeto.

Este último párrafo es complejo, nos decimos al mismo tiempo en que lo exponemos y queremos dar cuenta de él. Algo no es y no es simultáneamente, parece claro, pero que pueden oscilar en cuanto se refiera a un sujeto en una proposición (de las matemáticas, enunciación de algo demostrado o a demostrar) que se oponen entre sí de este modo. Desde los antiguos griegos, se nos permite la sensación, que en cuanto al sujeto, algo puede haber de ser y no ser al mismo tiempo, pero que no parezca, o aparezca, como idéntico a él, ¿al axioma, o al sujeto?.

La agonía filosófica pude extenderse al infinito. Y quizá lo podamos entender desde lo infinito del lenguaje, los sentidos múltiples de muchas palabras y de la genealogía que significados arbitrarios cuya aceptación comunitaria fue construyéndose en cada tribu o conglomerado. que admite que en el lenguaje humano se permita desde su inicio, no solo a transmisión de información efectiva de cosas concretas o necesarias, sino que además se podía expresarse acerca de entidades que nunca habían visto, ni tocado, ni olido, como el propio pensamiento.

La tradición filosófica y los postmodernos apelan a la misma razón, que en dependencia del sujeto supuesto razonable, no es ni la misma ni diferente en diferentes sujetos. Diremos, como mínima reducción, que la capacidad de hablar acerca de ficciones, se constituyó en singularidad del sapiens Sapiens, sujeto, singular. Vayamos por ese camino.

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