Prólogo

No hay muchas más opciones, asistimos al mundo (que es humano) que hace frente. Esta cuestión es la misma, inicial, que a cualquier “hombre” genérico le resulta inexorable. Existe una genealogía que desde hace algunos millones de años nos admite a cada uno mismo en particular mirar por la ventana de los ojos, o de cualquiera de los sentidos, tener ciertas percepciones y luego hacer algo con ellas, en tantas dimensiones que llegan a ser demasiadas por incontables, las denominamos en general, como multiplicidad.

En filosofía empieza, luego de sus antepasados míticos y para decirlo salvajemente, el desvelamiento del pensamiento y el descubrimiento de la razón, luego de algo más de dos millones de años de aparición de la especie homo en África, habrán de pasar algo así como dos de esos millones hasta que derive el sapiens, en Oriente de ese mismo continente, y único superviviente de la original homo, en un devenir azaroso hasta 70 mil años atrás. Para poderlo pensar, lo ínfimo de nuestra posibilidad de existencia temporal. 

“El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”.  Aristóteles

Resume de alguna manera habida cuenta de la percepción que sigue a la percepción inmediata en forma de lo que se denomina pensamiento que distinguiría a la especie homo sapiens.

el pensador  Fueron los presocráticos lo que se asombraban acerca del poder pensar. Cuando algún pensamiento venía, se sentaban sobre una roca a solamente eso. Rodin se refería de la siguiente forma al hecho de que El pensador pensara​: “Lo que hace que mi pensador piense es que él piensa no solo con su cerebro, con su ceño fruncido, con sus fosas nasales distendidas y sus labios comprimidos, con cada músculo de sus brazos, espalda y piernas, con su puño apretado y sus dedos de los pies agarrados”.

Se piensa no solo con el alma. También el cuerpo piensa, sugeriría Baruch Spinoza.

Los orígenes de la filosofía griega y en general de todo el pensamiento occidental, son misteriosas. Según la erudición histórica que ya no se requiere, la filosofía nace con Tales y Anaximandro: se han buscado sus orígenes más remotos en el siglo IV adc en analogías con las culturas orientales y con los pensamientos egipcio o indio. Nada pudo comprobarse en esa erudición. Efectivamente los orígenes de la filosofía griega son bastante más cercanos. Platón, llama amor a la sabiduría a la “filosofía”, a la propia actividad , a la propia investigación, enlazada a la expresión escrita, a la forma literaria del diálogo. Y mira el pasado con respeto, como un mundo en el que habían existido realmente los “sabios”. La filosofía posterior, lla que queda hoy día, no es más que una continuación, un desarrollo de la forma literaria introducida por Platón; y sin embargo, esta forma surge como un fenómeno de decadencia, en cuanto el “amor a la sabiduría” está por debajo de la “sabiduría”. Amor a la sabiduría no significa en efecto, para Platón, aspiración a algo nunca alcanzado, sino una tendencia a recuperar aquello que ya se había realizado y vivido.

Hay algunas diferencias y algunas repeticiones, que habrá que reflexionar y al menos conceder cierta extensión temporal de esta época de la sabiduría que es es incierta: abarca la edad llamada presocrática, los siglos VI y V adc, pero su origen más lejano se  escapa. Es a la remota tradición de la poesía y de la religión griega a las que conviene volver si se lo pretende, pero la interpretación es puramente filosófica. Debe estructurarse, ya sea de forma hipotética, una interpretación basada en el modelo nietzsheano para explicar el origen de la tragedia. Cuando un fenómeno ofrece documentación  histórica suficiente únicamente en su parte final de su ciclo sólo queda intentar una interpolación de ciertas imágenes y de ciertos conceptos, escogidos en la tradición religiosa y tomados como símbolos como solo es posible de la anterioridad. Nietzsche parte de las imágenes de dos dioses griegos, Dionisos y Apolo, y por medio de la profundización de los conceptos de dionisiaco y apolíneo, delinea ante todo una doctrina sobre el surgimiento y la decadencia de la tragedia griega, luego una interpretación global del helenismo y finalmente una nueva visión del mundo. Ahora bien una perspectiva parece abrirse si, en lugar del nacimiento de la tragedia, se considera el origen de la sabiduría. Se irá desvelando….

Lo aquí  y en lo siga tratado, se encuentra directamente como frente en nuestra cotidaneidad (hoy, aquí). Sus signos pueden ser detectados: la orientación cada vez más acentuada de Heidegger hacia una filosofía de la Diferencia ontológica (porqué el ser mejor que la nada); el ejercicio del formalismo estructuralista (analizar un campo específico como un sistema complejo de partes relacionadas entre sí, al decir de Roman Jakobson. Por tanto, en términos amplios y básicos el estructuralismo busca las estructuras a través de las cuales se produce el significado dentro de una cultura. De acuerdo con esta teoría, el significado es producido y reproducido a través de varias prácticas, fenómenos y actividades que sirven como sistemas de significación basado en una distribución de caracteres diferenciales en un espacio de coexistencia; el arte de de mediados del S_XX que gira en torno de la diferencia y de la repetición, no sólo en lo más abstracto sino también en sus técnicas efectivas; el descubrimiento, en toda clase de campos, de un poder propio de repetición, que sería tanto la del inconsciente como la del lenguaje y del arte. Estos signos pueden ser atribuidos a un anti-hegelianismo generalizado: la diferencia y la repetición ocupan el lugar de lo idéntico y de lo negativo, de la identidad y de la contradicción. Aunque Hegel aparezca como el pensador de la actualidad, grave de gravedad, como fuerza que pulsiona hacia un centro definitivo de atracción.

La diferencia no implica lo negativo de otra cosa, y no admite ser llevada hasta la contradicción más que en la medida en que se continúe subordinándola a lo idéntico gravitacional. La primacía la identidad, cualquiera sea la forma en se conciba; define el mundo de la  representación.

Pero el pensamiento moderno nace del fracaso de la representación, de la pérdida de las identidades y del descubrimiento de todas las fuerzas que actúan bajo la representación de lo idéntico. El mundo moderno es el de los simulacros. Un mundo en el que el hombre no sobrevive a Dios, ni la identidad del sujeto sobrevive a la de la sustancia. Todas las identidades sólo son simuladas, producidas como un «efecto” óptico, por un juego más profundo que es el de la diferencia y de la repetición.

Pensamos la diferencia en sí misma, así como la relación entre lo diferente y lo diferente, con prescindencia de las formas de la representación que las encauzan hacia lo Mismo y las hacen pasar por lo negativo.

Sería:

Ay B son diferentes, aclarando que no preferimos la simbología matemática de conjuntos aunque ayuden a la reflexión. Si se presenta, o representa cierta intersección entre ellas aparece una repetición. Si lo repetido es lo Mismo, entonces quedamos atrapados en él, desde donde provenga, y como ejemplo la analogía de la gravitación.

Insistiremos en el concepto de la diferencia sin negación, precisamente porque la diferencia, no estando subordinada a lo idéntico, no llegaría o no tendría por qué llegar hasta la oposición y la contradicción; en cuanto a un concepto de la repetición, que, como las repeticiones físicas, mecánicas o puras (repetición de lo Mismo), encontrarían su razón en las estructuras más profundas de una repetición oculta en la que se disfraza y se desplaza un «diferencial».

Comencemos.

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