En el  desierto  han  habitado  desde  siempre  los  veraces,  los  espíritus  libres,  como  señores  del desierto; pero en las ciudades habitan los bien alimentados y famosos sabios, los animales de tiro.
El desierto crece: ¡ay de aquel que dentro de sí cobija desiertos!

Del Zaratustra de Nietzsche

Un pensador es un hombre cuyo destino consiste en representar simbólicamente su tiempo y su cultura por medio de sus intuiciones y conceptos personales. No puede elegir.

Piensa como tiene que pensar, y lo verdadero para él es, en último término, lo que con él ha nacido, constituyendo la imagen de su mundo. La verdad no la construye él, sino que la descubre en sí mismo. La verdad es el pensador mismo; es su esencia propia, reducida a palabras posibles, el sentido de su personalidad, vaciado en toda doctrina. Y la verdad es inmutable para toda su vida, porque es idéntica a su vida. Lo único necesario es este simbolismo, repositorio y expresión de la historia humana.

9 El desierto
91 Esto va a ser largo. En búsqueda de cierta veridicción. [X]
Denominamos veridicciones, a esas conquistas. Verdades dichas en nombre propio, alejadas hasta donde sea posible de la gravedad y su fuerza de la época, tras arduo trabajo, Dichas o silenciadas, con grado propio de verdad.
Y como creemos en el sueño creemos en esas veridicciones, lo más propio que hayamos ganado en el tiempo de nuestra experiencia.

 

El prototipo Donald Trump y sus secuaces apelando al neoliberalismo y remitiendo a prácticas colonialistas imperiales que desde lo profundo de la historia humana, con un apogeo apoyado en la tecnología de la navegación, armas y sobrante de gentes post-Colón saquearon el África, Sudamérica, el Oriente, cada rincón del planeta al que pusieran llegar, expoliando, con la fuerza de la desigualdad de fuerzas de cada desarrollo tecnológico materias primas y esclavizando a los pueblos originarios, consiguiendo a valores ridículamente bajos lo que en Europa se pagaban a valores exagerados gracias a sus economías heredadas desde el inicio de las conquistas de minorías (imperios, monarquías, religiones, invasores, imperialistas, dictadores, …..) quitándoles la vida, con los impuestos, la esclavitud, el trabajo, la expropiación de la propiedad original, la imposición de conductas y pensamientos, …, a las mayorías en cada momento y en cada lugar, de la geografía del mundo que se hacía, por una cuestión puramente tecnológica de la velocidad de movimiento desde una localización a otra, cualquiera esta última fuera y capacidad de armas desarrollada para el combate en que los pueblos, consciente o inconscientemente establecían entre sí, por las causas más inverosímiles, entre diferencia de leyendas, creencias, religiones, o por puro poder del deseo de ser más fuerte que otro, como cualquier juego de niños que se conozca. Claramente con arreglo a fines.

Resumimos en estas 20 líneas algo de lo que no vamos a hablar, por historia consumada, por insistente, por repetida que no es un eterno retorno, sino una plataforma uniforme de las sociedades desde las polis en adelante. A primera vista la historia es constante en efectos aún diferente en su multiplicidad. Hay amos y esclavos, y parece que los seguirá habiendo, y nietzscheanamente expresamos un deseo, que alguna vez deje de ser así.

Se llega a a algún lugar, por vía de deseo o necesidad, acaso escapando del frío de la morada en la montaña, hacia latitudes más altas en el hemisferio sur. La ciudad, cualquiera.

Puede uno hospedarse en una hostería tranquila y barata, mientras sopla una brisa leve y caprichosa, lo que ya es bueno para el cuerpo y el alma. Las calles son alegres y permiten al caminar por ellas y alcanzar nuevos pensamientos. Es un lugar digno y severo, nada que ver con la posmodernidad y su multiplicidad exenta de esos atributos.

Cada edificación mantiene la aristocracia calmada de otras épocas, hasta las gentes mantienen cierta uniformidad del gusto y estilo, con la arquitectura del lugar. Debe agradecerse la recomendación recibida de un amigo, como los de antes. Hay cierta solemnidad en las plaza y jardines. Se presenta como un descanso en el camino áspero de otras cotidianidades de la época. Nada de la arquitectura postmoderna ni utensillos tecnológicos que distraen la atención. 

No se sienten presiones, reina cierto orden inteligente, y los ríos apacibles cruzan en varios lugar a la ciudad. Puede uno quedarse en algún puente coincidiendo con lo esencial del lugar, más allá del bien y del mal. Solo siendo o que es a la percepción del transeúnte.

Llevamos algo atemporal en la vida, y lo reencontramos por suerte en lugares como estos. Valores perdidos desde donde venimos donde la trama incansable es la novedad inexplicable de cosas que se suceden como por generación espontánea en las voluntades de demasiadas gentes que desobedecen, además de cualquier justicia, a sus propios principios, si es que los tienen, hijos de su tiempo, por señalarlos de alguna manera  decadentes, acomodados. Como esclavos de un sistema, cristianos, protestantes, idealistas de toda clase, aquel comienzo inexorable del nihilismo.

Imaginamos al movimiento en grandes círculos, crecientes unos respecto de otros. El hombre es uno de los círculos del núcleo del conjunto. Si se quisiera percibir las oscilaciones de los círculos exteriores el hombre deber traspasar  desde el núcleo al que pertenece, primero a través delos inmediatos hasta llegar a lo más amplios. Se pretende entender que buscar un centro de gravedad de todas las oscilaciones, un círculo infinitesimal, sea la tarea de las ciencias naturales, mientras permanecemos en el peregrinaje por el resto.

El hombre tiene una esencia histórica, y no la reduce la neurociencia posmoderna, aún dudando de su fiabilidad que obstaculiza el vuelo hacia ideas superiores, por simple fuerza gravitacional (hablando en dos formas de la gravedad).  Empieza por cierta constitución fisiológica, desde el nacimiento, continúa en el ámbito social o familiar y se acomoda a las condiciones del entorno, como cualquier animal lo hace directamente de la experiencia y sin alguna conciencia.

Pero tan pronto fuera posible y mediante un férrea voluntad (palabrita interesante), tal vez los hombres destruyeran el pasado de la historia del mundo y las propias, empezarían con una aurora de independencia respecto de los círculos todavía establecidos, apuntando a los destinos ignorados que el amanecer de cada día les otorgue, liberados de toda sujetación de la historia y las costumbres.

El verdadero, el único y más profundo tema de la historia del mundo y del hombre, al que todos los demás están subordinados, sigue siendo el conflicto de no creer y creer.
Göthe, Diván, Notas y Tratados

Un incrédulo fue claramente Göethe.

Si algún compositor merece el nombre de revolucionario ése es Beethoven. La palabra revolución deriva históricamente de los descubrimientos de Copérnico, quien estableció que la tierra gira alrededor del sol, transformando así la manera en que vemos el universo y nuestro lugar en él. De forma semejante, Beethoven llevó a cabo lo que fue, probablemente, la revolución más grande de la música moderna. Su producción fue extensa –incluye nueve sinfonías, cinco conciertos de piano y otros para el violín, cuartetos para cuerdas, sonatas para piano, canciones y una ópera–. Cambió la manera en que la música era compuesta y apreciada. Hasta el final, nunca dejó de empujar la música hasta sus límites. Revolución bien entendida es el giro de la Tierra alrededor del sol, y para nada la intención que el sol gire alrededor de la tierra. Algunos hombres lo entienden, no es la vida la que gira a partir de ellos, sino ellos que revolucionan en la vida. No el hombre el centro del círculo, sino la vida que les permite ser un hombre, cuando pueda nombrárselo de esa manera. 

Después de Beethoven era imposible volver a los viejos tiempos en que la música era considerada como un somnífero para los patrocinadores ricos, los cuales podían dormitar durante una sinfonía y a continuación se iban a casa a dormir tranquilamente en la cama. Después de Beethoven, ya nadie regresaba de un concierto tarareando agradables melodías. La suya es música que no calma, sino que conmociona y perturba. Es música que hace pensar y sentir. Que no se olvida del sentir.

El desierto sigue creciendo, aunque la superpoblación se haya convertido en un problema para la economía neoliberal imperante, así  los centros turísticos se hayan transformado de lugares de ocio o descanso en shoppings, aglomeraciones y lugares de distracción nada más porque se puede estar allí.

Torino,  es una ciudad, importante centro cultural y de negocios del norte de Italia, de la región de Piamonte , localizada principalmente en el margen izquierdo del río Po y rodeada por los Alpes.

La ciudad es rica en cultura e historia. Es frecuentemente llamada la «cuna de Italia» por ser el lugar de nacimiento de importantes políticos que contribuyeron con la unificación de Italia.​  También se encuentran en la ciudad museos prestigiosos e importantes, como el Museo Egipcio de Turín​ (el más antiguo en el mundo y considerado el segundo más importante en el mundo después de El Cairo por valor de los hallazgos) y la Mole Antolleiana. Los diversos monumentos y atracciones de Turín la convierten en una de los 250 principales destinos turísticos del mundo y en la décima ciudad más visitada de Italia.

Mencionamos a Torino por es el lugar elegido por Nietzsche para estar sus últimos meses hasta volverse totalmente loco. Aún tranquila, no industrializada, no turística. Él mencionaba al desierto en varios sentidos, 2 claramente opuestos.

Uno, en el que solo los hombres fuertes sobrevivían, además y quizá por ello poco poblado donde imaginaba oasis simbólicos dignos de ser vividos.

El otro desierto era el de los hombres lúcidos, espíritus libres, que lo entendieran y no lo confundieran con sus conciencias mayoritarias, siembre gobernadas por algún atavismo, raza, religión, referentes apodícticos, políticas de turno, historicistas del pasado, arreglos y confabulaciones de toda clase, monarcas acomodaticios y bueno, toda forma de costumbres y creencias aceptadas sin algún tipo de juicio acerca de las cosas, la cultura, el arte y los modos y valores de vida del hombre mismo.

Este escolio refiere e este segundo desierto, que no parece sino haber ido creciendo, por hipótesis de comodidad, pereza, desconocimiento y sobre todo miedo, al que se lo disfraza caricaturascamente en toda las maneras posibles, multiplicidad inalcanzable del mundo de lo humano por la simple metodología del pensamiento recto.

Dejar de pensarse en uno como centro del universo.

Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Friedrich Nietzshe. 1873
En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo. Pero, si pudiéramos comunicarnos con la mosca, llegaríamos a saber que también ella navega por el aire poseída de ese mismo pathos, y se siente el centro volante de este mundo. Nada hay en la naturaleza, por despreciable e insignificante que sea, que, al más pequeño soplo de aquel poder del conocimiento, no se infle inmediatamente como un odre; y del mismo modo que cualquier mozo de cuerda quiere tener su admirador, el más soberbio de los hombres, el filósofo, está completamente convencido de que, desde todas partes, los ojos del universo tienen telescópicamente puesta su mirada en sus obras y pensamientos.

 

Cuanto cuesta y duele volverse humilde…….

La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón! : he aquí el lema de la ilustración. La pereza y la cobardía son causa de que una tan gran parte de los hombres continúe a gusto en su estado de pupilo, a pesar de que hace tiempo la Naturaleza los liberó de ajena tutela (naturaliter majorennes); también lo son que se haga tan fácil para otros erigirse en 
tutores. ¡Es tan cómodo no estar emancipado! Tengo a mi disposición un libro que me presta su inteligencia, un cura de almas que me ofrece su conciencia, un médico que me prescribe las dietas, etc., etc., así que no necesito molestarme. Si puedo pagar no me hace falta pensar: ya habrá otros que tomen a su cargo, en mi nombre, tan fastidiosa tarea. Los tutores, que tan bondadosamente se han arrogado este oficio, cuidan muy bien que la gran mayoría de los hombres (y no digamos que todo el sexo bello) considere el paso de la emancipación, además de muy difícil, en extremo peligroso. Después de entontecer sus animales domésticos y procurar cuidadosamente que no se salgan del camino trillado donde los metieron, les muestran los peligros que les amenazarían caso de aventurarse a salir de él. Pero estos peligros no son tan graves pues, con unas cuantas caídas aprenderían a caminar solos; ahora que, lecciones de esa naturaleza, espantan y le curan a cualquiera las ganas de nuevos ensayos.

El párrafo anterior son palabras de Kant, y merecen respeto

No debemos sino tomar distancia de la aparente realidad, diseñada en lo colectivo para que así sea, siguiendo el modelo monástico del hace lo que yo digo y no lo que yo hago. Lo que no es sino la más tosca de las inversiones. No solo en monetaria, sino también en la creación de credulidades sino en la falta de valor y valores con los que pueda servirse cada uno de uno mismo. 

No creamos los cuentos que nos cuentan, y ojalá encontremos el valor, de fuerza y coraje, para reestablecer a una escala considerable los atributos que hacen amables a los hombres desde uno en correlación a los demás.  hombres. Un libertad clara de la expresión de las propias ideas, su incensurada exposición y eventual confrontación  agónistica  sin prejuicios ni juicios, prestándoles el valor que ya tienen por indisimuladas  y con principio de buena fe, la ayuda mutua entre los que lo merezca, la honestidad entre lo dicho y lo hecho, la redención de toda venganza que habrá de desaparecer como sentimiento y conducta, la solidaridad entre los unos y los otros, por empatía de simple honestidad y hora a la  posibilidad de cada existencia inexorable  ni no disfrazada ni avasalladora de curso a consignas pre-establecidas desde la historia por simple deseo de domesticación de tantos seres humanos, que sin elegirlo, hubieron de pisar esta Tierra. que es la única que tenemos y de donde venimos. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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