platón

DIÁLOGOS IV REPÚBLICA. Platón

II. RESUMEN DEL CONTENIDO DE LA REPÚBLICA

352d  La justicia es la excelencia del alma. Cada cosa tiene una función (érgon) que sólo ella cumple o que ella es la que la cumple mejor. Las funciones del alma son atender, deliberar, etc., y su excelencia es la justicia, de modo que el alma justa cumplirá su función y vivirá bien, no así el alma injusta.

362d Adimanto: es preferible la injusticia a la justicia Cuando los injustos son ricos pueden reparar cualquier delito y librarse de los mal es del más allá. Incluso
se puede persuadir a los dioses.

588b La justicia es más ventajosa que la injusticia. El que comete injusticia esclaviza lo mejor de sí, y, si la oculta y no la expía. se vuelve más perverso.

612b Las recompensas del justo
Aunque la justicia vale en sí misma y no por sus consecuencias, goza de la mejor reputación entre los dioses y hombres; pues a los dioses no se les escapa quién es
justo y quién injusto. Y si e! justo es amado por los dioses , le sucede lo mejor, en vida o tras la muerte. Lo mismo con los hombres: tarde o temprano reconocen la justicia del justo.

República I:

Transímaco a Sócrates:

Pues bien , lo aprenderás del modo más fácil si llegas a la injusticia más completa. La cual hace feliz al máximo al que obra injustamente y más desdichados a los que padecen injusticia y no están dispuestos a ser injustos . Esto es la tiranía. que se apodera de lo ajeno , no poco a poco, sino de un solo golpe, tanto con engaño como con violencia, trátese de lo sagrado o de lo piadoso, de lo privado o de lo público: cuando alguien es descubierto, tras obrar injustamente en uno solo de esos casos, es castigado y vituperado. pues los que cometen tales delitos parciales son llamados sacrílegos, secuestradores, asaltantes. estafadores o ladrones. Cuando alguien, en cambio , además de secuestrar las fortunas de los ciudadanos, se secuestra también a éstos, esclavizándolos, en lugar de aquellos denigrantes calificativos es llamado ‘feliz ‘ y ‘bienaventurado’ no sólo por los ciudadanos, sino por todos aquellos que se han enterado de toda la injusticia que ha cometido. En efecto, los que censuran la injusticia la censuran no por temor a cometer obras injustas. sino por miedo a padecerlas. De este modo. Sócrates, la injusticia. cuando llega a serlo suficientemente, es más fuerte. más libre y de mayor autoridad que la justicia; y tal como dije desde un comienzo, lo justo es lo que conviene al más fuerte, y lo
injusto lo que aprovecha y conviene a sí mismo.

Dichas estas cosas, Transímaco pensaba marcharse. Pero los que estaban presentes no se lo permitieron , sino que lo obligaron a permanecer  y a rendir cuentas de lo dicho.

Sócrates:

Divino Transímaco, ¿vas a marcharte tras arrojarnos un discurso, antes de enseñarlo adecuadamente o de que aprendamos si es as¡ o de otro modo? ¿Crees que es un asunto insignificante e! de in tentar determinar el modo de vida que cada uno de nosotros podría llevar para vivir una vida más provechosa ?

Transímaco:

¿Y yo acaso pienso en ora cosa que ésa?

Sócrates:

Parecía que sí, o al menos que nada te importaba de nosotros, ni que te preocupaba que fuéramos a vivir peor o mejor , desconociendo lo que dices saber. Pero anímate, mi buen amigo, a instruimos; no será para ti una mala inversión lo que hagas en nuestro beneficio, siendo tantos como somos. En lo que a mí toca, te diré que no estoy convencido, y que no creo que la injusticia sea más provechosa que la justicia, ni aunque aquélla sea permitida y no se le impida hacer lo que quiera. Admitamos, mi amigo, que existe e! hombre injusto y que puede obrar injustamente, sea en forma oculta o combatiendo a cara descubierta . Pero aun así no me persuado de que es más provechosa que la justicia. Y esto, seguramente , también le ha sucedido a algún otro de
nosotros, no sólo a mí. Persuádanos adecuadamente , mi bienaventurado amigo, de que no argumentamos correctamente cuando estimamos más a la justicia que a la injusticia.

Transímaco:

¿Y cómo he de persuadirte? Si con las cosas que he dicho no te has persuadido, ¿qué puedo hacer contigo aún? ¿Acaso llevaré mi argumento hasta tu alma haciéndolo tragar?

Sócrates:

No, ¡por Zeus !eso no ¡ Más bien, en primer lugar, has de mantener aquellas cosas que digas , y si las cambias en algo, cámbialas abiertamente y no nos engañes. Ahora , Transímaco consideremos nuevamente lo dicho antes, puedes ver que, tras haber definido al verdadero médico, no has pensado que era necesario después vigilar con precisión lo que concierne al verdadero pastor, sino que crees que éste apacienta a las ovejas, en tanto pastor, sin mirar a lo que es mejor para las ovejas: como un invitado a un banquete que está dispuesto para el festín, o como un mercader, para venderlas; pero no como pastor . Pues el arte del pastor no cuida sin duda de ninguna otra cosa que de aquella con respecto a la cual está organizada , a fin de procurarle lo mejor, ya que, en cuanto a si misma, el arte del pastor ya está suficientemente provista mientras nada le falte para ser arte del pastor. Del mismo modo estoy convencido de que es forzoso estar de acuerdo en que todo gobierno. en tanto gobierno, no atiende a ninguna
otra cosa que al sumo bien de aquel que es su gobernado y está a su cuidado, trátese del  gobierno del Estado o de ámbitos particulares. Pero ¿tú crees acaso que los que gobiernan los Estados lo hacen voluntariamente?

………………….

Y bien, completa lo que queda del festín respondiéndome como hasta ahora. Pues los justos aparecen como más sabios, mejores y más capaces de actuar, mientras los injustos no pueden hacer nada juntos: y si decimos que algunas veces, aun siendo injustos, hacen algo juntos en común y con vigor, no diremos la verdad en ningún sentido. En efecto, si fueran completamente injustos, no se habrían abstenido a enfrentarse entre sí, sino que evidentemente anidaba en ellos algo de justicia, lo que les impedía atacarse entre sí mientras cometían injusticias contra otros, y gracias a ella han hecho lo que han hecho. Esto es, se han abocado a obrar injustamente cuando estaban perjudicados sólo a medias por la injusticia, ya que los que estuvieran completamente depravados y fueran completamente injustos no hubiesen podido hacer nada. Que estas cosas sean así lo comprendo, pero no como tú las expusiste al comienzo. Ahora debemos examinar si los justos viven mejor que los injustos y si son más felices,que es lo que anteriormente propusimos. Por cierto, eso parece claro, al menos así lo creo, a partir de lo que hemos estado diciendo. No obstante, hay que examinarlo mejor, pues no es un tema cualquiera, sino que concierne a cuál es el modo en que se debe vivir.

 

Arrancar con algo de Platón, para exponerse a tramitar el asunto del juicio a la justicia, como tema de hoy (25 Oct 2018, Buenos Aires, Argentina, sus coordenadas), seguramente tienen ambas algo que ver, aún sus opuestos.

aristoteles

 

Aristóteles. Metafísica. Libro XIII

A quienes la afirman, la doctrina de las Ideas se les ocurrió porque estaban convencidos de los razonamientos de Heráclito acerca de la verdad: que todas las cosas sensibles están en perpetuo fluir y, por tanto, si ha de haber ciencia y conocimiento de algo, tendrá que haber otras naturalezas permanentes aparte de las sensibles, ya que no hay ciencia de las cosas que fluyen.

Sócrates, por su parte, se ocupaba en estudiar las virtudes éticas y trataba, el primero, de definirlas universalmente. En efecto, de los físicos, solamente Demócrito tocó esto en muy pequeña medida y definió de algún modo lo caliente y lo frío. Los Pitagóricos, a su vez, se habían ocupado antes en definir unas pocas cosas reduciendo sus nociones a los números, por ejemplo, qué es Ocasión Favorable, o Justicia, o Unión. Aquél, sin embargo, pretendía con razón encontrar el qué-es, pues pretendía razonar por silogismos y el qué-es constituye el punto de partida de los silogismos. Pues la dialéctica no era entonces lo suficientemente vigorosa como para ser capaz de investigar los contrarios aparte del qué-es, y si la misma ciencia se ocupa de los contrarios. Dos son, pues, las cosas que cabe atribuir en justicia a Sócrates: los razonamientos inductivos y las definiciones universales. Y ambas están, ciertamente, en el principio de la ciencia.

Sócrates, sin embargo, no separaba los universales ni las definiciones. Pero otros los separaron denominándose «Ideas de las cosas que son», con lo cual vino a ocurrirle virtud del mismo razonamiento, que hay Ideas de todas las cosas que se dicen universalmente; como si alguien, queriendo contar, pensara que no podía hacerlo por ser pocas cosas y, sin embargo, las contara tras haber hecho aumentar su número. Y es que, en suma, las Formas son más numerosas que las realidades singulares sensibles cuyas causas buscaban y que tomaban como punto de partida para llegar allá.

Efectivamente, para cada individuo hay algo que se denomina del mismo modo y
que existe separado de las entidades, y -de los demás tipos de realidad hay «lo uno que abarca a muchos», tanto para las cosas de acá como para las eternas.

Demasiadas veces nos ocurre que este volver a las formas iniciales del logos nos resulta entre recuerdo de lo olvidado y retorno a cierto límite de lo cotidiano. Lo cotidiano, casi como lo animal no recuerda, no dispone de una memoria de retorno a los inicios de los pensadores de esta parte del mundo humano. Hay más bien un cierto fenómeno de territorialidad que apega a lo que acontezca aun cuando sean absurdos. Se vive al acecho, como los animales salvajes, cada día buscando las fuentes de subsistencia y en guardia del acecho que puede aparecer para arrebatarles su comida o su vida. El mundo humano inventó la justicia para regular la convivencia de los colectivos de las nuevas y crecientes en número de habitantes polis. Si recorremos 22 siglos desde Platón a Aristóteles hasta Spinoza,

El cuerpo y el alma no son independientes, son la misma sustancia en modos diferentes, lo extenso y lo intenso, el espacio y el pensamiento que se estrechan en la posibilidad de la condición de la entidad humana. Si hay venenos el alma se afecciona, entristece, y el cuerpo se afecta, enferma. La última injusticia no es la última, es la penúltima. El alma entristece. Continúa el lenguaje o lo supera el silencio. Toda parte que conviene está bien en tanto no enferme. Lo que ayude al cuerpo y el alma está bien mientras no se las sacrifiquen.  Se soporta las parten que ayuden a la posibilidad de ser hasta que no se las pueda soportar.

Hay una frontera. Esas partes que se componen durante un tiempo aunque después se tenga que pagar, Uno trabaja, y si se consiguen prospectores  (activadores) anda todo bien. Pero si se dan vuelta y de relaciones convenientes se convierten en veneno,  en una manera de no trabajar, entonces estaríamos en peligro, y si a tiempo lo podemos pensar que ya no son necesarios sino lo contrario, y puede uno explicarse, tal vez haya que pasar por ahí para creerse que lo que se podía hacer con los prospectores, se puede hacerlos sin ellos. El sacrificio que uno se comete es haber trabajado con ayuda de los prospectores, hasta que el cuerpo determina que ya no lo son sino veneno. Fueron parte de la vida, algo de la vida, ya que no hay nada más fuerte que la vida. La tontería abandonada fue la de creer que tenían una potencia superior de la vida. Admitir un error es haberlo podido rectificar. El alcoholismo fue frecuente entre los literatos norteamericanos: Scott Fitzgerald, Hemingway, Thomas Wolfe, Lowry, entendieron que el efecto del alcohol presentaba a la percepción algo más potente que solo la vida, en ese sentido su sacrificio resultó en sus obras por encima de la cotidaneidad que no podían entender, como se refleja en sus escritos, una cotidaneidad basada en los modos cotemporáneos de una sociedad declinante en las que les situó la época de su propias vidas.

zaratustra

Mirando lo actual (Miradas Actuales), decimos (pensamos) la justicia original de nuestra historia ya no existe. Y en el sentido que diversificamos diversas entidades de lo cotidiano como no existentes por lo que no había que hablar de ellas, en esta época gravísima, Transímaco aparece como imponiéndose a Sócrates en tanto que el modo más fácil parece establecido llegar a la injusticia más completa. La cual hace feliz al máximo a los que obran injustamente y más desdichados a los que padecen esa injusticia y no están dispuestos a ser injustos.

La dialéctica de Platón hoy día resulta impopular  y con poco sentido en lo cotidiano de la posmodernidad  neoliberal contagiosa que asola el planeta. La gran noticia se propagó: Dios ha muerto, y con él todo el reino de los valores ultrasensibles, de las normas y de los fines que hasta ahora habían regido la existencia humana. Ya no es posible continuar engañándose con el espejismo de la trascendencia. La idea de otro mundo superior al nuestro, donde reinan desde siempre y para siempre el Bien, la Vedad y la Justicia, se nos revela como la falsa proyección de nuestros deseos en un más allá inexistente. No hay nada que ver detrás del telón: ese mundo ajeno al cambio, a la muerte, al dolor y a la mentira no es otra cosa que la pura nada, un ideal vacío, una mentira piadosa que hemos confeccionado invirtiendo los caracteres de nuestro mundo real que estimamos indigno de ser vivido por sí mismo. Y «ahora que se hace claro el mezquino origen de estos valores, nos parece que el universo se desvaloriza, “pierde su sentido”… Nos encontramos así con dos formas de negación de la vida aparentemente opuestas, pero rigurosamente complementarias: el nihilismo pesimista y el «optimismo» metafísico del Idealismo. La primera es tan solo la consecuencia lógica de la segunda que contiene ya, en sí misma, el germen del nihilismo, pues el fundamento de sus valores no es otra cosa que la pura nada, el nihil. Constituye así un nihilismo inconsciente que ignora su propia mentira como tal mentira. Cuando esta mentira se desvela a la conciencia, irrumpe el nihilismo propiamente dicho. Pero, en definitiva, la historia de la humanidad desde Platón y el cristianismo hasta… ¿cuándo?, es siempre la historia de un «tedium vitae» cada vez más pronunciado. Primero despreciábamos la vida como imperfecta, desde la altura de los valores superiores; ahora desvalorizamos esos valores del mundo superior, pero con ello nuestro mundo, el que vivimos, de ninguna forma ha ganado en valor. Al contrario, decepcionados por la inexistencia de ese mundo ideal, sobre cuya naturaleza nos gustaría engañamos, nuestra vida, desprovista ya de todo sentido y de toda finalidad, rueda cada vez más lejos hacia su propia nada.

La injusticia, como valor agregado al perdido, olvidado, negado, desnaturalizado en su poder ser original, idealizado en el nihilismo de la pura nada inexplicable, como muchas de las señaladas en Miradas Actuales, hacen grave a la época, y legitiman una actualidad con pocos sentidos.

friedrich

Terminamos con un párrafo de Nietzsche:

“Urge demostrar que, a un consumo cada vez más limitado de hombres y de humanidad, a un «maquinismo» de intereses y prestaciones cada vez más sólidamente enlazados, debe responder un movimiento contrario. Yo lo defino como una sangría de un exceso de lujo de la humanidad: aquí debe aparecer una especie más fuerte, un tipo más alto, que acredita condiciones de nacimiento y de conservación diferentes de las del hombre medio. Mi concepto, mi símbolo» de este tipo es, como se sabe, la palabra «superhombre».

El superhombre, cabal, honesto, poderoso del poder que da la vida que nos reúne, sin el miedo que reina en la nada anticipada, condenará seguramente la injusticia actuante, haciendo el juicio merecido a la mentira acerca de la justicia hoy mejor tipificada como injusticia desde los comienzos de la cultura pensante del mundo occidental.

 

 

 

 

 

 

 

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