Termino de ver a Tomás Abraham en una entrevista bien reciente en la que lo interrogan sobre las cuestiones que circulan hoy día por todos lados, y son algo así como un síntoma que freudianamente remite a algo inconsciente y por lo tanto oculto al momento de dar cuenta consciente del mundo que nos rodea, que ya ahí hace frente al hombre cotidiano, en esta, y como muestra quizá sesgada pero pero asociables a otras, sociedad en la que ya nacimos, somos lo que somos y cómo podemos entre las complicadas reglas de un juego que no parece tener reglas.

Pareceremos antiguos en lo que presentamos a quizá poder pensar, pero matemáticamente al menos, lo que no es poca cosa, aún sin reglas la teoría de los juegos arroja resultados que interpretados admiten cierta comprensión de las posibilidades que el juego admite.

La adopción de un nuevo paradigma requiere a menudo una redefinición de la ciencia correspondiente. Algunos problemas antiguos pueden ser relegados a otra ciencia o declarados “no científicos” por completo. Otros que previamente eran inexistentes o triviales pueden, con un nuevo paradigma, convertirse en los arquetipos reales de significativos logros científicos.

THOMAS S. KUHN. “La estructura de las revoluciones científicas” (1962)

La historia del pensamiento claramente contiene la contienda de los nuevos paradigmas, que devienen casi inexorablemente en la medida que se van corroborando como mejores herramientas de inteligibilidad de lo que se podía entender primariamente de alguna manera y que nuevas formas de pensar lo mismo pero con más seguridad de validación, terminan reemplazandolos, y así  por siempre. El libro de Kuhn es relativamente moderno como referencia, entonces así por siempre nos incluye 56 años después en que garabateamos estas líneas como la posible expresión escrita de nuestros pensamientos.

Esto entre otras, implica que nuestra mejor potencia de pensar será en algún futuro cambiada por otras superadoras, que es el camino inevitable del ser homo sapiens, que progresa al replantearse entendimientos mediante nuevos conocimientos, instrumentos, verificaciones, o lo que acontezca y que promuevan esa reestructuración.

nadie es

 

Nos situamos, el hoy por hoy que nos rodea, en un juego extraño. el del Todo Vale.

Un juego aún sin reglas igualmente arroja resultados. A ver, veamos, o escuchemos, y luego intentemos pensar porque la gravedad, lo reiteramos, es que aún no pensemos en esta época. Y agregamos que en lo que no se piensa es exactamente lo que dá que pensar.

Acerca de esta época, vemos, o escuchamos, demasiado frecuente y mediáticamente, cosas que alertan algo sorprendente. Poderes (mejor personajes individuales de esos poderes) denunciándose entre sí, olvidando toda necesidad de acuerdo en función de la administración de gobierno, opinadores profesionales, recordando que la opinión no requiere trabajo de pensamiento, y,  si más bien una opinión sirviera para algo, sería para ser destruída. Gastón Bachelard, La formación del Espíritu científico (1948):

La opinión piensa mal; no piensa; traduce necesidades en conocimientos. Al designar a los objetos por su utilidad, ella se prohíbe el conocerlos. Nada puede fundarse sobre la opinión: ante todo es necesario destruirla.

Platón había  buscado  afanosamente el principio hipotético de todas las cosas, el bien, que era el objeto máximo de conocimiento,  a la vez: que el más correcto conocimiento, el que confería, por lo tanto,  la felicidad. Se había percatado de que los hombres generalmente se extravían: por errados caminos; así nunca pueden  dar en el blanco del máximo conocimiento y no pueden, por consiguiente, ser felices. Es decir, se hallan prisioneros en  una cavernosa  morada, y  toman  por real,  verdadero, sólo las sombras de lo real, verdadero y bueno. La misión del filó­sofo consiste en ayudarles a encontrar el camino ascendente de la salida.

“El rico odia al pobre”, escuchamos. Y pensamos. Cuanta esquizofrenia. Desde Platón, existen los desvaríos, y hoy es una época del todo vale, resume Abraham en su reportaje. La regla del juego sería el todo vale. Cuando todo vale entonces nada vale, no habrá valores con potencia mayor que se destaquen para merecer respeto.Si to vale, nada vale, nada se respeta, síntoma grave en una época grave.

Desde que Nietzsche lo anunció, como peligro entonces pre-viéndolo avanzar en Europa, hoy nos a alcanzado, y a escala global. Estamos en pleno nihilismo, Dios ha muerto, todo vale. Y nada salvo la fallida experiencia marxista y los regímenes criminales nacifascistas que intentaron alternativas perdedoras y que se reafirmaron como perdedoras en este juego, brinda algo distinto y respetable. Sus reglas eran perdedoras. Todo autoritarismo, del color que fuera, es perdedor en un juego sin reglas, o solo la del todo vale.

Comienza el TRATADO TEOLÓGICO-POLÍTICO de Baruch Spinoza de de 1660, resumiendo el contenido del primero de los capítulos:

CONTIENE VARIAS DISERTAC!ONES, EN LAS QUE SE DEMUESTRA QUE LA LIBERTAD DE PENSAR NO SOLAMENTE  ES COMPATIBLE CON LA CONSERVACIÓN DE LA REDENCIÓN  Y CON LA PAZ DEL ESTADO SINO QUE NO PUEDE SER DESTRUIDA SIN       QUE AL MISMO TIEMPO SE DESTRUYAN LA PAZ DEL ESTADO Y LA REDENCIÓN MISMA.

Era otra época, claro. Había tipos que aun pensaban en los términos de su posibilidad. Spinoza defiende a los hermanos de Witt, que lo intentaron. luego asesinados por el señor de Orange, que re-instaura el poder autoritario en Holanda.

Un párrafo recortado, para un empezar a pensar un poco más o diferente, cuando apela Baruch a la influencia de lo que señala como superstición:

“De esta explicación que he dado sobre las causas de la superstición re­sulta que  todos  los hombres están naturalmente sujetos a ella  (digan cuanto quieran los que en ella ven la huella de la idea  confusa que de la divinidad tienen todos  los hombres). Resulta también que  debe ser en extremo  variable e inconstante, como todos  los caprichos  del  espíritu humano, y todos sus  movimientos impetuosos; y, finalmente, que solo la  esperanza, el  odio,  la cólera  y el  fraude pueden hacerla subsistir puesto que no viene de la razón, sino de las pasiones, y de las pasiones más fuertes”.

“Así pues,  cuanto más fácil es a los hombres caer en todo género de su­persticiones, tanto más  difícil es para  ellos  persistir en  una  sola.  Agréguese a esto que  el vulgo, siempre igualmente miserable, nunca puede vivir tranquilo, siempre corre a las cosas nuevas que aún no le han engañado, y esa inconstancia ha sido  la causa de tantas guerras y tan grandes tumultos. Porque como ya hemos demostrado, y discretamente observa Quinto Curcio, «no hay medio más eficaz que la superstición para gobernar la muchedumbre». Y ved aquí lo que  bajo apariencias de reli­gión lleva a los pueblos ya a adorar a los reyes como a dioses, y a detestarlos como azote de la humanidad.

Otro párrafo:

“Si se pretende obtener de los ciudadanos no una  obediencia forzada, sino una fidelidad sincera; si se quiere que el soberano conserve la autoridad  con mano  firme  y no sea  jamás  obligado a caer  bajo los golpes de los sediciosos, se  debe necesariamente permitir la libertad del pensa­miento, y gobernar a los hombres de tal modo que,  siendo abiertamente opuestos en pensamientos, vivan,  sin embargo,  en una concordia  perfecta.  No podrá  dudarse que este modo  de  gobernar es excelente y no tiene  sino muy  leves inconvenientes, atendido que  es  perfectamente apropiado a la naturaleza humana”.

Y no copiaremos más que esto de las 210 páginas del Tratado. Como pensamiento en nombre propio, de Baruch en esta ocasión, que nos permita al menos por puro contraste y trabajo propio de elaboración de cierto pensamiento más libre que las supersticiones con las que nos arrollan en una época en la que la tecnología se mete hasta en nuestras cuestiones más íntimas, pero suscribimos, nunca con nuestra libertad de pensar en nombre propio.

Que las opiniones surtan efectos sobre demasiados que siempre corre a las cosas nuevas que aún no le han engañado, y esa inconstancia ha sido  la causa de tantas guerras y tan grandes tumultos, y discretamente  «no hay medio más eficaz que la superstición para gobernar la muchedumbre»

Todos somos la muchedumbre a ser dominada, por todos lo profesionales de la sofística y la mentira provenientes del poder de turno, fuera cual fuera. Y es de considerar que lo hacen porque: [i] saben que surte efecto, [ii] no tienen nada mejor que ofrecer, [iii] porque adhieren a la simple explotación de las muchedumbres, porque [iv] son como analfabetos de repiten doctrinas en las que fueron formados sin una propio trabajo e pensamiento en nombre propio, repitiendo [v] lo que les fuera instruido al modelo de [vi] las religiones y creyentes [vii] en la eficacia de la superstición, generada por [viii] el miedo que provocan sus obediencias que obligan a la sumisión de las muchedumbres que todos constituimos.

Mientras eso acontece, el juego sigue, al ritmo del tiempo en el que en lugar de ser cada uno somos sidos sujetos a las reglas del juego. Como el juego ni es platónico, ni bachelardiano, ni nietzsheano, ni spinozista, parece anónimo cuando en lo sistémico en que las partes se relacionan todas unas a otras en formas complejas seguramente hay atractores que ejercen influencia microfísica sobre el resultado auto-organizador que brinda las posibilidades a cada elemento del mismo.

Un juego del todo vale, como única regla de juego, no tiene destino más que el de la auto-organización. En palabras por fuera de la semántica de la teoría del caos se podría traducir, que sociedades hiper-pobladas (pulsión de vida mediante) sin norma, altamente informadas, o mejor mal informadas con arreglo a fines, conducen a alguna forma posible de auto-organización, que no es muy diferente al conformismo e indiferencia que la de la época de los imperialismos. Entonces los esclavos eran contrabandeados desde sus lugares de origen hacia donde los nuevos pudientes, requirieran mano de obra a precio de regalo, con el agradecimiento del esclavo hacia sus nuevos amos incluido. Hoy no se necesita ese contrabando, las masas olvidadas se escapan solas como “sin hogar” hacia los países donde todavía reina cierta organización, y posibilidades de mejor dignidad de vida, lo que además provoca la reacción temerosa de las poblaciones ya estables en esos países.

Los poderes actúan, sus acciones difícilmente puedan pensarse como decisiones. Su acción es la del todo vale, luego nada vale, por lo tanto nada se decide, sino mejor dejar que el sistema se auto-organice a su propia posibilidad. Desde la teoría, no habría algo mejor, algo así como que cada quién se salve como mejor pueda, cuando el barco se hunde.

Entonces, bien, o mal, sistémicamente el mundo de lo humano se reorganizará , como mejor pueda, aunque sea para peor. Los amos no pueden dejar de serlo y los esclavos entre resignación y autodeterminación, o morirán o se re-acomodarán tras tristes y penosas experiencias. Un enorme desierto nihilista.

Si pensáramos, quizá como Tomás Abraham, con quien abrimos esta sección, si pensáramos en nombre propio  y en ese camino nos identificáramos por un momento entre los unos y los otros, no sería difícil concluir que el resultado del juego del todo vale, produzca su resultado: la apatía.

goebbels

Dejaremos para futuros funcionarios de estado, que aprendan primero de Platón y  Spinoza la experiencia del arte de saber gobernar. Hoy, resignadamente, dejamos pasar esta época devaluada, con la expectativa que al menos sirva para ponernos a pensar en las cosas que dan que pensar, y no en los “regalos” que nos alejan de ello, servidos en bandeja mediática, porque aún algunos todavía creen en la profecía goebbeliana:    una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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