Si se plantean problemas y los neoliberales presentan nuevos tipos de análisis, es mucho más, desde luego, del lado de lo adquirido que el genético esquematizado en 68 Odio al estado IV. El capital humano , es decir, de la constitución más o menos voluntaria de un capital humano en el transcurso de la vida de los individuos. ¿Qué quiere decir formar capital humano? ¿Formar esa especie de idoneidad-máquina que va a producir ingresos o, en fin, que va a ser remunerada con un ingreso?

Se Entiende por hacer lo que se llama inversiones educativas. A decir verdad, no hubo que esperar a los neoliberales para medir ciertos efectos de esas inversiones educativas, ya se tratara de la instrucción propiamente dicha, de la formación profesional, etc. Pero los neoliberales hacen notar que de hecho, lo que es preciso llamar inversión educativa, o en todo caso, los elementos que participan en la constitución de un capital humano son mucho más amplios, mucho más numerosos que el solo aprendizaje escolar o el mero aprendizaje profesional.

¿Cuáles serán los componentes ele esa inversión, lo que va a constituir una idoneidad-máquina?

Positivamente, experimentalmente, por observación, se sabe que está constituida, por ejemplo, por el tiempo que los padres consagran a sus hijos al margen de las simples actividades educativas propiamente dichas. Se sabe perfectamente que la cantidad de horas pasadas por una madre de familia junto a su hijo, cuando éste aún está en la cuna, serán muy importantes para la constitución de una idoneidad-máquina O, si se quiere, de un capital humano, y que. el niño tendrá mucha más capacidad de adaptación si, en efecto, sus padres o su madre le han dedicado una cantidad de horas que si le han dedicado muchas menos. Vale decir que solo tiempo de lactancia, el tiempo de afecto consagrado por los padres a sus hijos, debe poder analizarse como inversión capaz de constituir un capital humano. El tiempo que se dedica, los cuidados brindados, también el nivel de cultura de los padres -pues se sabe justamente que, a igual dedicación de tiempo, los padres cultos van a cultivar en el niño un capital humano. mucho más elevado que quienes no tienen el mismo nivel cultural-, el conjunto de los estímulos culturales recibidos por un niño: todo eso van a constituir elementos capaces de formar un capital humano. Se llegará de tal modo a un completo análisis ambiental, como dicen los norteamericanos, de la vida del niño, que podrá calcularse y hasta cierto punto ponerse en cifras; en todo caso, podrá medirse en términos de posibilidades de inversión en capital humano: ¿Qué elementos de entorno del niño van a producir capital humano? ¿En qué aspecto tal o cual tipo de estimulación, tal o cual forma de vida, tal o cual relación con los padres, los adultos, los otros podrán cristalizar como capital humano?

Se puede hacer de la misma manera el análisis de las atenciones médicas y en términos generales, de todas las actividades concernientes a la salud de los individuos, que aparecen de tal forma como otros tantos elementos a partir de los cuales el capital humano, en primer lugar, va a poder mejorarse, y, en segundo lugar, conservarse y utilizarse la mayor cantidad de tiempo posible.

Es preciso por lo tanto repensar todos los problemas, o, en todo caso, pueden repensarse todos. los problemas de la protección de la salud, de la higiene pública, como elementos capaces de mejorar o no el capital humano,

Entre los elementos que constituyen el capital humano también hay que incluir la movilidad, esto es, la capacidad de desplazarse de un individuo, y en particular la migración. Como, por un lado, la migración desde luego representa un costo, ya que el individuo desplazado no va a ganar dinero mientras se desplace, habrá un costo material, pero también un costo psicológico de la instalación del individuo en su nuevo medio. También habrá, al menos, un lucro cesante en cuanto al período de adaptación del individuo no va a permitirle, sin duda, recibir las remuneraciones que tenía con anterioridad o las que ha de tener una vez que se haya adaptado. En fin, todos esos elementos negativos muestran claramente que la migración es un costo, ¿y cuál es su función?: Obtener una mejora de la remuneración, etc. Vale decir que se trata de una inversión. La migración es una inversión, el inmigrante es un inversor. Es un empresario de sí mismo que hace una serie de gastos de inversión para conseguir cierta mejora. La movilidad de una población y su capacidad de tomar decisiones en esa materia, que son decisiones de inversión para obtener una mejora en los ingresos, permiten reintroducir esos fenómenos, no como puros y simples efectos de mecanismos económicos que desbordan a los individuos y, de alguna manera, los ligan  a una inmensa máquina de la que no son dueños; no, posibilitan analizar todos esos comportamientos en términos de empresa individual, empresa de sí mismo con inversiones e ingresos.

¿Cuál es el interés de todos estos análisis? Supongo que se perciben las connotaciones políticas inmediatas, sin duda no es necesario insistir más si sólo existiera ese producto político lateral, podríamos barrer de un plumazo y sin la menor vacilación ese tipo de análisis o, en todo caso, practicar a su respecto la lisa y llana actividad de denuncia. Pero creo que eso sería a la vez falso y peligroso. En efecto, ese tipo de análisis permite ante todo revisar un poco una serie de fenómenos identificados desde hace algún tiempo, fines del  siglo XIX  y a los que no se dio exactamente el estatus suficiente. Referimos al problema del progreso técnico e incluso de lo que Schumpeter llamaba “innovación”, Schumpeter no fue el primero por otra parte, pero al menos nos enfocamos en él, que  advirtió que contrariamente a las predicciones que Marx y, de manera general, la economía clásica había podido formular, la baja tendencia de la tasa de ganancia se corregía de manera efectiva y permanente. Como es de suponer,  la doctrina del imperialismo, por ejemplo, la de Rosa Luxemburgo, proponía una interpretación de dicha corrección de la baja tendencia de la tasa de ganancia. El análisis de Schumpeter consiste en decir que la inexistencia de esa baja o la corrección de la baja de la tasa de ganancia no se debe simplemente a un fenómeno imperialista. Se debe de manera general a la innovación, es decir, al descubrimiento, el descubrimiento de nuevas técnicas, de nuevas fuentes, de nuevas formas de productividad, y también el descubrimiento de nuevos mercados o nuevos recursos de mano de obra. Sea como fuere, Schumpeter cree que si esa corrección es absolutamente consustancial al funcionamiento del capitalismo, lo es por el lado de lo nuevo y la innovación, y por allí buscará entonces la explicación de este fenómeno.

Es este problema de la innovación y en definitiva, por lo tanto, de la baja tendencia! de la tasa de ganancia, lo que retoman los neoliberales, y no lo hacen corno si fuera una suerte de característica  ético-psicológica o económico-psicológica del capitalismo, como supone Schumpeter, en una problemática no demasiado alejada de la de Max Weber. Dicen, en cambio: no es posible detenerse en ese problema de la innovación y confiar, e alguna manera, en la intrepidez del capitalismo o el estímulo permanente de la competencia para explicar el fenómeno correspondiente. Si hay innovación, es decir, si se encuentran cosas nuevas, si se descubren nuevas formas de productividad, si hay invenciones de tipo tecnológico, no es más que la renta de cierto capital, el capital humano, o sea, el conjunto de las inversiones que se han hecho en el hombre mismo (porque son los trabajadores los que inventan lo nuevo). Y al retomar de tal modo el problema de la innovación en el marco de la teoría más general del capital humano. tratan de mostrar, con un repaso de la historia de la economía occidental y de la economía japonesa desde la década de 1930, que el crecimiento -considerable, desde luego- de esos países. durante los últimos cuarenta o cincuenta años no puede explicarse en absoluto a partir de las meras variables del análisis clásico, esto es, la tierra, el capital y el trabajo entendido en tiempo de trabajo, en cantidad de trabajadores y cantidad de horas. Sólo un análisis fino de la composición del capital humano, de la manera como ha aumentado, de los sectores en los que ha crecido y de los elementos que se introdujeron en concepto de inversiones en él podrá explicar el crecimiento efectivo de esos países.

Y sobre la base de ese análisis teórico y ese análisis histórico se pueden poner de relieve los principios de una política de crecimiento que ya no se ajustará simplemente al problema de la inversión material del capital físico, por una parte, y del número de trabajadores, por otra, y se tratará en cambio de una política de crecimiento centrada en una de las cosas que justamente Occidente puede modificar con mayor facilidad, a saber, el nivel y la forma de la inversión en capital humano. Y se adviene con claridad, en efecto, que hacia ese aspecto se orientan las políticas económicas, pero no sólo ellas sino también las políticas sociales, las políticas culturales, las políticas educacionales de todos los países desarrollados. De igual manera, asimismo, a partir del problema del capital humano, pueden repensarse los problemas de la economía del Tercer Mundo. Ahora se trata de pensar la falta de despegue de la economía tercermundista no tanto en términos de bloqueo de los mecanismos económicos, sino de insuficiencia de inversión en el capital humano. Y también en este caso se retoma toda una serie de análisis históricos. El famoso problema del despegue económico de Occidente en los siglos XVI y XVII: ¿a qué se debió? ¿A la acumulación de capital físico? Los historiadores son cada vez más escépticos con respecto a esta hipótesis. ¿No se debió justamente a la existencia de una acumulación, -sí acelerada, además-, pero de capital humano? Así, se nos invita a recuperar a la vez todo un esquema histórico en el marco de la teoría más general del capital humano. tratan de mostrar, con un repaso de la historia de la economía occidental y de la economía japonesa desde la década de 1930, que el crecimiento -considerable, desde luego- de esos países. durante los últimos cuarenta o cincuenta años no puede explicarse en absoluto a partir de las meras variables del análisis clásico, esto es, la tierra, el capital y el trabajo entendido en tiempo de trabajo, en cantidad de trabajadores y cantidad de horas. Sólo un análisis fino de la composición del capital humano, de la manera como ha aumentado, de los sectores en los que ha crecido y de los elementos que se introdujeron en concepto de inversiones en él podrá explicar el crecimiento efectivo de esos países.

Y sobre la base de ese análisis teórico y ese análisis histórico se pueden poner de relieve los principios de una política de crecimiento que ya no se ajustará simplemente al problema de la inversión material del capital físico, por una parte, y del número de trabajadores, por otra, y se tratará en cambio de una política de crecimiento centrada en una de las cosas que justamente Occidente puede modificar con mayor facilidad, a saber, el nivel y la forma de la inversión en capital humano. Y se adviene con claridad, en efecto, que hacia ese aspecto se orientan las políticas económicas, pero no sólo ellas sino también las políticas sociales, las políticas culturales, las políticas educacionales de todos los países desarrollados. De igual manera, asimismo, a partir del problema del capital humano, pueden repensarse los problemas de la economía del Tercer Mundo. Y como saben, ahora se trata de pensar la falta de despegue de a economía tercermundista no tanto en términos de bloqueo de los mecanismos económicos, sino de insuficiencia de inversión en el capital humano. Y también en este caso se retoma toda una serie de análisis históricos. El famoso problema del despegue económico de Occidente en los siglos XVI y XVII: ¿a qué se debió? ¿A la acumulación de capital físico? Los historiadores son cada vez más escépticos con respecto a esta hipótesis. ¿No se debió justamente a la existencia de una acumulación, -acelerada, además-, pero de capital humano? Así, se nos invita a recuperar a la vez todo un esquema histórico y toda una programación de las políticas de desarrollo económico que pueden orientarse y se orientan efectivamente hada esos nuevos caminos. No se trata, por supuesto, de suprimir los elementos, las connotaciones políticas que les mencionaba hace un rato, sino de mostrar que esas connotaciones políticas; deben a la vez su seriedad, su densidad o, si se quiere, su coeficiente de amenaza a la eficacia misma del análisis y de la programación en el plano de los procesos a los que los resultados se observan.

Entre esto de Foucault y su archivo histórico a la legibilidad de sus análisis, ahora nos contrastamos con la propia, cruda pero real en cuanto percepción de nuestra geolocalización y posición en el tiempo de la historia.

De alguna manera, y ahora un poco más allá del solo neoliberalismo, que ya se vió, es un palabrerío de la teoría económica que todo lo explica dentro del juego de azar que son los mercados, nos volvemos como corresponde sobre nosotros mismos, no solo en el intento de encontrar la ayuda necesaria para poder pensar, o repensar, cualquiera de las cuestiones que hacen a la gravedad de la época y la propia singular, como seres sociales en un país como el nuestro desde hace siempre, permite dar cuenta de lo que no se dá cuenta.

Aunque no resulten simpáticos dado el desarrollo presentado, usaremos un léxico entendible desde el mismo, cualquiera fuera su procedencia.

Hoy, y ahora, como Daseins heideggerianos que nos sentimos, argentinos hasta la muerte como nos anunciaban las dictaduras que no tocaron en su propaganda al mejor estilo hitleriano, con claros arreglos a fines, se nos genera la tristeza de cierta (por verdadera, no casual) falta de respeto de los que gobernaron y gobiernan (salvo contadas excepciones) hacia el país, su sociedad y los individuos particulares en general.

Sentimos el desprecio de los que gobiernan sobre las gentes, que no sean de su secta. Las que expolian a su favor sobre todo económico y financiero, ignorando (ocultando y mintiendo) las más sencillas  reglas del juego. Capitalismo, neoliberalismo, los que fueran, en su perorata teórica reconocen el valor del así definido capital humano, como el mejor de los valores que hacen a la economía y su deslizamiento hacia los integrantes de una sociedad.

imperialismo

Acá devaluamos los factores que lo permitirían, despedimos investigadores, ninguneamos la educación pública, la atención médica no privada y el sostenimiento digno de los viejos que aportaron fortunas a un sistema compensatorio que los empobrece y deja cada vez más de lado.

Hay demasiado egoísmo en los funcionarios de turno. Ellos se van a enriquecer si ya no lo están, pero siempre a costa de las gentes, los trabajadores, los comunes, los estudiosos, los viejos, la población en general.

Se hace una biopolítica perversa, acá y en varios otros, quizá demasiados, países en un mundo humano que se nombra modernamente como globalizado. El modelo local, donde la secta de los elegidos ignora las reglas más sencillas del respeto y la administración de gobierno, se escala a nivel global. Los países más poderosos, que partieron de años de inversión en capital humano, juegan el mismo juego con los que no lo hicieron, y esto resume en tres líneas el statu quo de la actualidad, por cierto mucho más compleja que un sencillo resmen.

No solo  se descuida a los que pueden generar valor, se los eliminan  se los deja vagar el tiempo corto de la vida hasta que desaparezcan, por migración o muerte.

Las pocas excepciones de gobernantes que intentaron con cierta humildad, y no vamos a señalarlos hoy aquí, empezar de nuevo para formalizar una fundación estratégica que siguiera la idea de alentar la creación de capital humano,que claramente no solo es prolongada  por lo tanto requiere de políticas continuistas en ese sentido, siempre fueron removidos por otros poderes en cada caso de turno, militares obedientes o no militares desobedientes. Es un país de contrabandistas, desde sus más primarios orígenes desde el desembarco imperial cuya pretensión eran llevar las riquezas a su s majestades a costo casi nulo hacia lugares en los que el precio era alto, y esos invasores originales, como corresponde, no confiando con la retribución de su esfuerzo en ese sentido, hicieron propio el arreglo a fines de sus majestades, convirtiéndose en piratas y contrabandistas particulares donde toda otra cuestión carecía de importancia, desde los pueblos originarios hasta los nativos en las nuevas sociedades que se fundaron sobre las premisas imperiales

Dejamos hoy acá. Haremos un corte con la historia que desde el solo repaso de los textos, es casi infinita. Seguiremos, como Daseins, en la búsqueda del poder primero pensar y luego hablar en nombre propio.

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