Foucault

 

El primer texto, fundamental del neoliberalismo norteamericano, escrito en 1934 por Simons, que fue el padre de la Escuela de Chicago, es un artículo que se titula “Un programa positivo para el “laissez-faire”. Se trata de un libro: A Positive Program for Laisuz-Faire: Some Proposals for a Liberal Economic Policy?, Chicago, University of Chicago Press, 1934.

El segundo documento contextual es, desde luego, el plan Beveridge y todos esos proyectos de intervencionismo económico e intervencionismo social que se pensados durante la guerra. Ambos que se pueden pensar como pactos de guerra al cabo de los cuales los gobiernos -esencialmente el gobierno inglés y hasta cierto punto el gobierno estadounidense- decían a la gente que acababa de atravesar una crisis económica y social muy grave: ahora les pedimos que se hagan matar, pero les prometemos que, si hacen eso, conservarán sus empleos hasta el fin de sus días.

Suena a como el renacimiento de Cristo, irracional. Se piensa, no terminamos de salir de la Gran Crisis del 29, pero estamos o vamos a estar en guerra contra Alemania y sus aliados, ahora, para salvar el imperio es necesario que vayan a morir a la guerra, pero si resucitan tendrán empleo de por vida (como soldados, parece estarse diciendo). Ofende a la razón esa irracionalidad, pero que les queda a los obedientes más que dejar de pensar y seguir los mandatos del poder. Se les miente, se les cuentan paradojas sin sentido, se influencia sobre la propia subjetividad del esclavo, para que lo siga siendo hasta morir, y por una buena causa que no es precisamente patriótica.

Hitler y aliados por un lado, neoliberales y estalinistas por otro, es esquizofrénico, vuelve locos a los más cuerdos. Rareza infinita de la condición humana en esos tiempos, pero síntoma de lo que se iba a venir.

Pactos de seguridad en un momento en se anunciaba la guerra. Y la denuncia de guerra por parte de los gobiernos se duplicó continuamente y desde muy temprano ya en 1940 hay en Inglaterra textos sobre el tema con esa oferta de pacto social y de seguridad. Contra ese conjunto de programas Sociales, Simons redactó una serie de textos y artículos críticos, y el más interesante es sin duda un artículo que se llama “Program Beveridge: an unsympathetic interpretation”; no hace falta traducirlo, el título mismo indica con claridad el sentido de esa crÍtica.

Un tercer componente contextual estuvo constituido, como es obvio, por los programas sobre la pobreza, la educación, la segregación, que se desarrollaron en Norteamérica desde la administración Truman hasta la administración Johnson, y a través de esos programas, claro, el intervencionismo del Estado, el crecimiento de la administración federal, etcétera.

Pueden articularse tres elementos: la política keynesiana, los pactos sociales de guerra y el crecimiento de la administración federal por medio de los programas económicos y sociales, constituyeron el adversario, el blanco del pensamiento neoliberal; éste lo distinguió, se opuso. Entre el neoliberalismo a la europea y el neoliberalismo a la norteamericana hay una cantidad de diferencias fuertes. Las conocemos, son evidentes. las repasamos. Ante todo, el liberalismo norteamericano, en el momento mismo de su formación histórica, es decir, muy pronto, ya en el siglo XVII, no se presentó, como en Francia, en concepto de principio moderador con respecto a una razón de Estado preexistente, pues, justamente, el punto histórico de partida de la formación de la independencia de los Estados Unidos está constituido, al contrario, por reivindicaciones de tipo liberal, reivindicaciones, además, esencialmente económicas. Es decir que el liberalismo tuvo en los Estados Unidos, durante el período de la Guerra de Independencia, más o menos el mismo papel o un papel relativamente análogo al desempeñado por el liberalismo en Alemania en 1948.

En Norteamérica, el liberalismo es toda una manera de ser y pensar. Es un tipo de relación entre gobernantes y gobernados mucho más que una técnica de los primeros destinada a los segundos. En los Estados Unidos el contenedor entre los individuos y el gobierno adopta más bien la apariencia del problema de las libertades. Por eso el liberalismo norteamericano, en la actualidad, no se presenta solamente como una alternativa política; digamos que se trata de una suerte de reivindicación global, multiforme, ambigua, con anclaje a derecha e izquierda. Es asimismo una especie de foco utópico siempre reactivado.

Hayek

Es también un método de pensamiento, un plano para el análisis económico y sociológico. Alguien que no fue precisamente norteamericano, puesto que se trata de un austríaco de quien hablamos varias veces, pero que vivió en Inglaterra y en los Estados Unidos antes de volver a Alemania, Hayek, que hace algunos años decía: lo que necesitamos es un liberalismo que sea un pensamiento vivo. El liberalismo siempre dejó a los socialistas la tarea de fabricar utopías, y el socialismo debió a esa actividad utópica gran parte de su vigor, de su dinamismo histórico. Pues bien, el liberalismo también necesita una utopía. A nosotros, decía, nos toca hacer utopías liberales, pensar según la modalidad del liberalismo, en vez de presentarlo como una alternativa técnica de gobierno: El liberalismo como estilo general de pensamiento, análisis e imaginación.

Otra paradoja más de esta teoría convertida en formas de gobernar los estados, es decir, a los gobernados de quienes se nutren y descuartizan como veremos más adelante hasta llegar a los análisis biológicos y psicológicos que se requieren para minimizar el costo laboral, porque el trabajo aún no se ha podido eliminar, pero  sí minimizar.

La paradoja hayekiana de crear una utopía del neoliberalismo, una mística, al modo socialista es en sí misma una utopía. Por la simple cuestión que está en su base ideológica la descuartización de las mayorías, es imposible que estas hagan de sus gobernantes tipos queridos. No se verá jamás a las multitudes vitorear a un gobernante neoliberal, que les habla con la teoría, les miente bajo el supuesto goebbeliano que repetidas lo suficiente se transformarán en verdades, que les vacía los bolsillos y descuida de las contenciones sociales necesarias para los que menos tienen. No se llega al corazón de la gente con palabrería técnica y razones que cambian, y menos se realizan.

A través del modo de pensamiento, del estilo de análisis, de la grilla de desciframiento histórico y sociológico, esperamos poner de relieve de alguna manera ciertos aspectos del neoliberalismo norteamericano, que no tenemos aquí la más mínima intención ni el y posibilidad de estudiarlo en todas sus dimensiones. Sería bueno tocar en particular dos elementos que son a la vez métodos de análisis y tipos de programación, y que parecen interesantes en esa concepción neoliberal norteamericana: en primer lugar, la teoría del capital humano, y segundo el problema del análisis de la criminalidad y la delincuencia., que serán objetos de continuación.

Así como se dijo, que no se puede querer a un gobernante neoliberal, estamos infiriendo, con cierta lógica que el modo que aplica de lo que debiera ser un arte, el de gobernar, y a su pesar, produce un efecto contrario: el odio.

Seguirá……

 

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