66 Odio al estado II

Vamos a comenzar estableciendo una suerte de axioma que si se puede entender, y de ahí en más, de alguna manera consensuar, para permitir la formación de criterios, que de alguna manera abran caminos a una clase de pensamiento, no diríamos semejante, pero que admita cierta intelección más o menos paralela entre quien dice y otro que escucha, aunque haya que girar un rato largo entre la respuestas que puedan intercambiarse hasta formarse un cierta idea de planteos posteriores, y algo más de filosofía que solamente crítica del estado actual de cosas que suenan graves, y lo serían porque precisamente aún no pensamos, retornando a Heidegger.

El axioma propuesto es:  “Hemos nacido sin elegirlo, caídos al mundo de lo humano en un espacio y un tiempo. Somos como especie sapiens, nos caracteriza esa facultad que es el pensamiento, y que desde sus inicios, ese pensamiento se fue desarrollando desde su darse cuenta más original, a través de cada experiencia singular, a través de la prueba y el error entre la memoria y los acontecimientos reales. Esa experiencia no solo es singular, sino habida cuenta que da que pensar, es una cuestión individual y liberada de toda coacción que no sea la propia vida. Y en eso, todos somos iguales, hombres surgidos de la Naturaleza que nos rodea en cuanto la vida persista”.

Las coordenadas espacio-tiempo son las únicas condicionantes del campo de la experiencia. No es la misma del bosque del Neanderthal que del que nace hoy. Todo es diferente alrededor, luego los acontecimientos son de suyo exclusivos de esas coordenadas, pero eso no invalida el axioma: somos tos iguales, en tanto homos sapiens, destinados a una sola vida, corta, y que debiera ser, usando palabras de un norteamericano contemporáneo nuestro, Noam Chomsky, digna.

Cuando pensamos en términos de dignidad, convenientemente habría que señalar a que se apunta con esa palabra. No olvidemos que usamos palabras convencionales cuyo significado es arbitrario, por lo tanto, al menos cuando la usamos con esa arbitrariedad nos debemos un poco de aproximación al sentido en la que la estamos usando.

Noam Chomsky
Foucault
hegel

ELDERS: Señor Foucault, ¿cree usted, después de haber escuchado esto, que podemos describir a nuestras sociedades como democráticas?

FOUCAULT: No, en realidad, nunca se me ocurriría llamar democrática a nuestra sociedad. Si por democracia entendemos el ejercicio efectivo del poder por parte de un pueblo que no está dividido ni ordenado jerárquicamente en clases, es claro que estamos muy lejos de una democracia. Me parece evidente que estamos viviendo bajo un régimen de dictadura de clase, de un poder de clase que se impone a través de la violencia, incluso cuando los instrumentos de esta violencia son institucionales y constitucionales; y a ese nivel, hablar de democracia carece de sentido por completo.

Cuando me preguntó por qué me interesaba la política, me negué a responder porque me parecía evidente, pero quizá el sentido de su pregunta fuera de qué modo me intereso por la política.

Si me hubiera hecho esa pregunta, y en cierto sentido podría decir que lo hizo, le respondería que mi camino presenta muchos menos avances: no llego tan lejos como el señor Chomsky. Esto significa que admito mi incapacidad para definir o, por motivos aún más fuertes, proponer un modelo social ideal para el funcionamiento de nuestra sociedad científica o tecnológica.

Por otro lado, una de las tareas que considero urgentes y apremiantes, por encima y más allá de todo lo demás, es la siguiente: deberíamos indicar y mostrar, incluso cuando están ocultas, todas las relaciones del poder político que actualmente controlan el cuerpo social, lo oprimen y lo reprimen.

Lo que quiero decir es esto: es una costumbre considerar, al menos en la sociedad europea, que el poder está en manos del gobierno y que se ejerce a través de ciertas instituciones determinadas, como la administración, la policía, el ejército y los aparatos de Estado. Sabemos que la función de estas instituciones es idear y transmitir ciertas decisiones para su aplicación en nombre de la nación o del Estado, y para castigar a quienes no obedecen. Pero creo que el poder político también se ejerce a través de la mediación de ciertas instituciones que parecerían no tener nada en común con el poder político, que se presentan como independientes a éste, cuando en realidad no lo son.

Sabemos esto en relación con la familia; y sabemos que la universidad, y, de un modo general, todos los sistemas de enseñanza, que al parecer sólo diseminan conocimiento, se utilizan para mantener a cierta clase social en el poder y para excluir a otra de los instrumentos del poder. Las instituciones del saber, de la previsión y el cuidado, como la medicina, también ayudan a apuntalar el poder político. Esto también es evidente, incluso a un nivel escandaloso, en ciertos casos vinculados con la psiquiatría.

Me parece que la verdadera tarea política en una sociedad como la nuestra es realizar una crítica del funcionamiento de las instituciones que parecen neutrales e independientes; hacer una crítica y atacarlas de modo tal de desenmascarar la violencia política que se ha ejercido a través de éstas de manera oculta, para que podamos combatirlas.

En mi opinión, esta crítica y esta lucha son esenciales por distintos motivos: en primer lugar, porque el poder político va mucho más allá de lo que uno sospecha; hay centros y puntos de apoyo invisibles y poco conocidos; su verdadera resistencia, su verdadera solidez quizá se encuentra donde uno menos espera. Probablemente, sea insuficiente afirmar que detrás de los gobiernos, detrás de los aparatos de Estado, está la clase dominante; debemos localizar el punto de actividad, los lugares y las formas en las que se ejerce la dominación. Y porque esta dominación no es sólo la expresión, en términos políticos, de la explotación económica, sino su instrumento y, en gran medida, su condición de posibilidad, para suprimir a una es necesario discernir la otra de forma exhaustiva. Si no logramos reconocer estos puntos de apoyo del poder de clase, corremos el riesgo de permitir la continuidad de su existencia y de ver a este poder de clase reconstituirse a sí mismo, incluso luego de un aparente proceso revolucionario.

CHOMSKY: Sin duda estoy de acuerdo, no sólo en teoría sino también en la acción. Creo que hay dos tareas intelectuales: una, a la que me referí, es intentar crear la visión de una sociedad futura donde el imperio sea la justicia; esto significa crear una teoría social humanista basada, si es posible, en una concepción humanista y firme de la esencia humana, o de la naturaleza humana. Ésa es una de las tareas.

La otra consiste en comprender cabalmente la naturaleza del poder, la opresión, el terror y la destrucción en nuestra propia sociedad. Y sin duda esto incluye las instituciones que mencionó, así como las instituciones clave de toda sociedad industrial, a saber, las instituciones económicas, comerciales y financieras y, en particular, en el período que se avecina, las grandes corporaciones multinacionales que físicamente no están lejos de nosotros esta noche (por ejemplo, Philips en Eindhoven).

Éstas son las instituciones básicas de opresión, coerción y gobierno autocrático que parecen neutrales a pesar de todo lo que afirman. Estamos sujetos a la democracia del mercado, y esto debe entenderse precisamente en términos del poder autocrático, incluida su forma particular de control que procede del dominio de las fuerzas de mercado en una sociedad no igualitaria.

No cabe duda de que debemos comprender estos hechos, y no sólo comprenderlos sino combatirlos. Creo que la propia participación política, a la que dedicamos la mayor parte de nuestra energía y esfuerzo, debe concentrarse en esa área. No quiero llevar el tema al ámbito de lo personal, pero mi compromiso está sin duda en esa área, y asumo que lo mismo ocurre respecto del de los demás.

Sin embargo, creo que sería una pena abandonar por completo la tarea, en cierto modo más abstracta y filosófica, de intentar establecer las conexiones entre un concepto de la naturaleza humana que dé lugar a la libertad, la dignidad, la creatividad y otras características humanas fundamentales, y una noción de la estructura social donde estas propiedades puedan realizarse y la vida humana adquiera un sentido pleno.

Y de hecho, si estamos pensando en la transformación social o la revolución social, aunque por supuesto sería absurdo presentar una descripción detallada del objetivo que intentamos alcanzar, debemos saber algo acerca de hacia dónde creemos que vamos, y dicha teoría puede indicárnoslo.

FOUCAULT: Sí, ¿pero no se corre un peligro en ese caso? Si usted dice que existe una cierta naturaleza humana, que esta naturaleza humana no ha recibido en la sociedad actual los derechos y las posibilidades que le permitan realizarse… creo que eso es lo que acaba de decir…

CHOMSKY: Sí.

Si de la transcripción del conocido debate entre Chomsky y Foucault, esperamos poder transmitir el sentido que le damos a la anterior “vida digna” a la que se apelaba. Y es un ejemplo del aprendizaje del aprender a pensar en el que los pensadores precedentes nos ayudan. No hace falta tomarlo al pie de la letra, sino internalizar la experiencia, que es casi lo único que tenemos. El solo acontecimiento de poder leer a otros nos ayuda en la búsqueda del camino del pensar “en nombre propio”, si se desea y no por ello adoptar en forma directa lo inmediato de una lectura, sino tan solo leerla. La operación siempre agrega elementos al modo pensamiento que está en permanente desarrollo hacia el camino del pensar en nombre propio.

En el capítulo anterior nos entremetimos con algo de la historia, desde Michel Foucault de la formación de los estados como forma de gobernabilidad, en reemplazo de los modelos anteriores entre imperiales, monárquicos y feudales. Marx no fue un inocente, ya daba cuenta desde su visión entre hegeliana y materialista, del cambio por revolución paradigmática desde los nuevos modos de producción, con las transformaciones tecnológicas que aparecieron luego de James Watt y su primera máquina de vapor, inicio de innovaciones que nunca terminarán de aparecer,  lo que señala no sólo la razón de la razón, de los resultados de un pensar especializado, y de los cambios que se producen y que en teoría, en favor del respeto que la dignidad humana, convenientemente debieran ser, a ver esta palabrita, éticamente administrados.

Claramente, estamos pensando desde el axioma.

En filosofía, la terminología es importante, casi un instante poético del pensamiento. Algunos definen sus términos técnicos, otros no, Platón nunca definió la idea, en cambio Spinoza y Leibnitz prefirieron la definición geométrica los suyos. En Foucault, de quién venimos merodeando, derivó la palabra dispositivo como término técnico decisivo en su estrategia cuando se dedicaba a las cuestiones de la gubernamentalidad o el gobierno de los hombres. Si bien nunca estableció una definición cuando le preguntaron en una entrevista, resumió en palabras el contenido que en su pensamiento refería con ese dispositivo. Algo que en su naturaleza es estratégico (deviene con el tiempo), y que implica cierta Aquí se puede apreciar el nudo problemático implícito manipulación de las relaciones de fuerza, ya para bloquearlas, ya para ponerlas en acción, ligado a los límites el saber que se derivan de él, y en la misma medida lo condicionan. Conjunto heterogéneo que incluye casi todo, tanto lo lingüístico como lo que no: discursos, instituciones, edificios, leyes, medidas de la policía, proposiciones filosóficas, etc. En sí mismo es la red que se establece entre estos elementos. Un sistema.

Antes, en su Arqueología del Saber usa equivalentemente el término positividad. Jean Hyppolite maestro de Foucault, hegeliano, tiene un capítulo en la Introducción a la filosofía de la historia de Hegel, el tercero (Razón e historia. Las ideas de positividad y destino) de donde deviene esta idea de “la positividad de la razón cristiana”. La positividad en Hegel tiene lugar en nombre propio de la dialéctica entre “religión natural” y religión positiva”. En tanto la religión natural refiere a la relación inmediata y general de la razón en relación con lo divino, la religión positiva histórica, o sea en cuanto es en la experiencia de cada época incluye el conjunto de creencias, reglas y ritos en cierto espacio-tiempo se imponen desde afuera a los individuos. Escribe Hegel: “implica sentimientos que se imprimen en el alma a través de una constricción y comportamientos que son resultado de una relación de mando y obediencia. Preludio de la dialéctica paradójica del Amo y el Esclavo.

La oposición entre naturaleza y positividad se corresponde con la dialéctica entre libertad y coerción, entre la razón y la historia. Analiza Hyppolite: “Aquí se puede apreciar el nudo problemático implícito en el concepto de positividad y los intentos posteriores de Hegel para unir dialécticamente la razón pura (razón pura y sobre todo práctica [ver las críticas anteriores de Kant] y la positividad, es decir, el elemento histórico”.

Hegel considera a la positividad como un obstáculo a libertad humana, y la condena como tal. Foucault tomado a préstamo el término que más tarde se volverá dispositivo, se posiciona frente a un problema decisivo que es el suyo más propio: la relación entre los individuos como seres vivientes y el elemento histórico, entendido como el conjunto de instituciones, procedimientos de subjetivación y reglas que se actualizan en las relaciones de poder, y como actúan en las relaciones, en los mecanismos y en los “juegos” de poder.

Si con estas ayudas podemos hacer algo, y en referencia al núcleo que se establece en el mercado como iniciativa reguladora de las relaciones económicas, con toda la justicia que debía regir en las cuestiones del intercambio, los precios de las mercancías y la posibilidad que ya productores, intermediarios y consumidores se estableciera cierto equilibrio en el todos ganaran y nadie perdiera, y su posterior incorporación a las teorías económicas liberales y neoliberales y consecuentemente internalizadas en las formas de gubernamentalidad  de los nuevos estados post nazi fascistas y estalinianos, los dispositivos (su positividad) como hechos concretos de la historia, que no tiene nada de natural, usaron los mismos mecanismos de coerción que los de la religión positiva, el de una dialéctica entre amos y esclavos.

Nacen preguntas,

¿Qué necesidad tienen los fundadores del dominio positivo, histórico, sobre las mayorías, para ejercerlas?

¿Por qué el modelo es el de la religión cristiana, perpetuada en el poder desde hace más de 15 Siglos?

¿Qué hace a algunos hombres, volverse crédulos, obedientes, sujetados a reglas que siempre le vienen de afuera, en lugar de cumplir con su condición axiomática de ser iguales y libres de pensamiento?

Pensamos ahora en esas preguntas. Y siempre decimos, sin saber cuales son, que no hay necesidad de dominar a las mayorías, si no es con arreglo a fines (que es un concepto weberiano). De cualquier manera, esa dominación no cumple con el axioma, y si el axioma, como se dijo, pudiera ser consensuado, no importan los arreglos a fines, sino, el hecho concreto del hombre individual, libre por naturaleza, que es negado por el dispositivo de dominio. Los fines, por no dichos, implícitos en las acciones concretas que se esparcen sobre todo el campo del dispositivo, lingüístico o realizado, se imponen, crean subjetividades: sujetos sujetados, que en lunfardo actúan como marionetas en un que siga el carnaval. Es extraño a cualquier razón este resultado.

Uno sabe, que en el fondo tú sabes
Si te animas o si no vas más
Si aún hay dudas, si en verdad
tienes tanto que pensar
De seguro que es mejor dejar las cosas así
Y ya que estamos aquí

Dime de una vez si te espero
Dime así no pierdo el tiempo
Dime así te dejo en paz,
Dime por qué tanto misterio
Si no fue, no más intentos
Y que siga el carnaval.

Uno sabe pero aveces se miente
Intentando ver lo que no hay
Si es tu caso, si no está
El deseo de arriesgar
No te apures que es mejor dejar las cosas así
Los dos podemos seguir

Dime de una vez si te espero
Dime así no pierdo el tiempo
Dime así te dejo en paz,
Dime por qué tanto misterio
Si no fue, no más intentos
Y que siga el carnaval.

Tanto enredo y tú aún no das ni el primer paso
Ni siquiera iría en mi lista de fracasos
Sólo pido claridad
Porque si habla mi ansiedad
Hace rato que tú y yo estaríamos lejos, lejos, lejos.

Dime de una vez si te espero
Dime así no pierdo el tiempo
Dime así te dejo en paz,
Dime por qué tanto misterio
Si no fue, no más intentos
Y que siga el carnaval.

Dime de una vez si te espero,
Dime así te dejo en paz,
Dime por qué tanto misterio,
Y que siga el carnaval.

Candombe de Santiago Cruz.

La muchacha de este candombe nunca responderá, ¿será que el dispositivo es mujer? Entonces que siga el carnaval, todos disfrazados y bailando al son de una música que se impone aunque parezca que suena bien.

Que el modelo de la religión se haya perpetuado, aun cuando desde el S XVII hemos matado a dios, tiene por interpretación primaria el que resulta efectiva para los designios de crear subjetividades dóciles, creyentes de cuentos de hadas y una vida eterna, que viola todas las leyes que se puedan llegar a entender, el axioma preliminar, separa a las gentes creyentes entre administradores poderosos de la administración de las almas y los creyentes sumisos que aceptan las divinidades como verdades, que no pueden serlas. Es un dispositivo importante, logra los resultados y por lo tanto les sirve a los administradores de estados que aunque se digan democráticos, apelaron a las formas cristianas de influencia y subjetivación, por el éxito del modelo. Logrado el objetivo, unos y otros administradores, luego podrán ejerces sus arreglos a fines, entre los que a primera vista se infieren como el de perpetuación, dominio sobre las mayorías y libertad de conseguir la consecución de fines que le son particulares y ocultos a las mayorías y de transferencia de recursos de esas mayorías a sus propios patrimonios. Marx lo tenía claro, pero sus seguidores, como los estadistas actuales, nunca aprendieron el arte de gobernar, salvo la dominación a cualquier precio.

La última pregunta es quizá la más difícil, y entendemos que merece a una capítulo aparte, ya no es solo inferencia, sino que también que adentrarse en la constitución de las subjetividades individuales, que es algo más que el solo designio de poderosos amos con arreglos a fines.

Por eso, hoy, lo dejamos aquí.

Publicado por dosztal

Busco un pensar en nombre propio libre de las sujetaciones del mundo humano que ya hace frente

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