rebelion1

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Leyendo, cuando buscando “ateísmo” en la web una página que mencionaba a Marx, Sartre y Nietzsche, clickeé y era un lugar sobre la religión católica que denunciaba que estos ateos nunca mencionaron, según unos autores que no pude ni siquiera llegar a encontrar, nada acerca de la religión cristiana para justificar su ateísmo, y se internaban en una larga explicación, por supuesto adversa al ateísmo declarado por los mencionados Marx, Nietzsche y Sartre, algunos de nuestros pensadores amigos.

 

Parece notable que no mencionaran Freud, que se ocupó entre otras tantas cuestiones inteligentes de reconocer que el peor enemigo del conocer razonable y de su pretendida ciencia psicoanalítica, era precisamente la religión, en cualquiera de sus formas, con largas interpretaciones según su método que partiendo de lo histórico conocido iba a la especulación racional de sus concepciones.

 

 

Claramente los escribidores de la estaban denunciando que nuestros pensadores no hicieron lo mismo que estaban enunciando: demostrar porque se declaraban ateos. Y se metían en ya consabidas declaraciones dogmáticas explicándolo todo, a su demasiado parcial modo.

 

Seremos breves y flexibles, y al mismo tiempo tolerantes de toda intolerancia, respecto de lo que su texto expone. Propio ─ para nada en nombre propio ─ de la exposición dogmática y autoritaria de los advenedizos defensores de lo indefendible, sin más método que la simple exposición de declaraciones apodícticas de lo que se manda a pensar, creer y repetir.

 

Y contiene errores específicos de un analfabetismo respecto de lo que denuncia, donde el más evidente es la falta de una efectiva lectura de los enunciados Marx, Nietzsche y Sartre, y no pretendemos que los hayan estudiado como camino ayuda a un camino posible del pensamiento en nombre propio, sino simplemente que los hubieran leído, lo que hubiera impedido la publicación de ese, por denominarlo de alguna posible manera, panfleto. Si los hubieran leído, lo que les hubiera demandado mucho tiempo, aunque no intentaran más que conocer el, y ni hablar de pensar, a nuestros pensadores, no habrían llegado a leer sus consignas que hablan por ellos, y sobre todo no podrían haber afirmado su denuncia, porque precisamente todos ellos y agregamos para su cultura a Freud, si lo hicieron, y de un modo filosófico, o sea totalmente contrario al antiguo método dogmático, que porque alguien lo dice, luego existe, o es.

 

Su panfleto es al mismo tiempo una demostración del convencionalismo y formas aún vigentes de expoliación del pensamiento en nombre propio y de dominación más económica que es el lograr que las gentes piensen en nombre de terceros que se les regalan en bandeja de plata para no deban esforzarse en la búsqueda de su propio camino de pensamiento y desde ahí poderse responder preguntas que surjan, porque las respuestas vienen envueltas en cintas de oro dentro del regalo. Y es un disparador para poder tener a la mano una primera forma de rebelión que se deduce como posible, desde el mismo centro del dispositivo de poder que, entre otras formas además de la religiosa y sus derivados, se vuelve visible, hoy, gracias a la exposición panfletaria, venga de donde venga.

 

 

Primera forma de rebelión

 

 

En esta parte nos referiremos solo a uno de los denunciados, sobre quien retornamos cada vez que necesitamos de su ayuda: Friedrich Nietzsche, en busca de una continuación más razonable que una consiga panfletaria.

 

En Ecce homo leemos:

 

 

“No he reflexionado jamás sobre problemas que no lo sean -no me he malgastado. – Por ejemplo, no conozco por experiencia propia dificultades genuinamente religiosas. Se me ha escapado del todo hasta qué punto debía yo ser «pecador». Asimismo, me falta un criterio fiable sobre lo que es remordimiento de conciencia: por lo que de él se oye decir, no me parece que sea nada estimable… ` Yo no podría abandonar una acción luego de haberla comenzado, en la cuestión de su valor preferiría dejar totalmente al margen el mal éxito de la misma, sus consecuencias. Cuando las cosas salen mal, se pierde con demasiada facilidad la visión correcta de lo que se hizo: un remordimiento de conciencia me parece una especie de «mal de ojo». Respetar tanto más en nosotros algo que ha fallado porque ha fallado -esto, antes bien, forma parte de mi moral. – «Dios», «inmortalidad del alma», «redención», «más allá», todos estos son conceptos a los que no he dedicado ninguna atención, tampoco ningún tiempo, ni siquiera cuando era niño – ¿acaso no he sido nunca bastante pueril para hacerlo? – El ateísmo yo no lo conozco en absoluto como un resultado, menos aún como un acontecimiento: en mí se da por supuesto, instintivamente.

 

No es cierto lo que publica la página religiosa. Nietzsche lo explicita de una forma intempestiva e instintiva, no hay que malgastarse en problemas que no lo son.

 

Pata él/los autores en la página mencionada, que no volveré a encontrar salva extraña casualidad, hacen precisamente lo contrario, niegan por ejemplo lo explicado por Nietzsche donde si menciona la religión, y además se malgastan en problemas que no lo son.

 

La rebelión metafísica es el movimiento por el cual un hombre se contrapone a su situación y la creación entera. Se rebela en sí mismo contra lo que lo sojuzga, es una actitud individual de libertad. Y se rebela contra la revelación de una creación del mundo y del hombre que es entre idealismo e ilusión un sujetador a consignas que no por populares deben obedecerse.

 

Es metafísica porque discute los fines del hombre y de la creación. El esclavo se opone contra la situación que se le crea como hombre. El esclavo rebelde afirma que en hay algo que no acepta la manera como le trata su amo; el rebelde metafísico se declara frustrado por la creación de un mundo que humano permite, entre otras miserias, la esclavitud.

 

Para el amo y el esclavo no se trata únicamente de una negación pura y simple. En ambos casos, en efecto, encontramos un juicio de valor en nombre del cual el rebelde niega su aprobación a la situación, negación que le es solamente propia. El esclavo que se opone a su amo no se preocupa, aceptémoslo por un momento, de negar a ese amo como señor. Lo niega como amo. Niega que tenga el derecho a negarle a él, esclavo, en tanto que solo exige su condición esencial de hombre, por lo tanto libre, libertad que se inicia con el pensamiento.

 

El amo deja de serlo en la medida misma en que no responde a una exigencia que indica. Si los hombres no pueden referirse a un valor común, reconocido por todos en cada uno, entonces el hombre es incomprensible para el hombre. El rebelde exige que este valor sea claramente reconocido en él porque sospecha o sabe que sin ese principio el desorden y el crimen reinarían en el mundo, como sucedió, sucede y ojalá no siga sucediendo. El movimiento de rebelión aparece en él como una reivindicación de claridad y de unidad. La rebelión más elemental expresa, paradójicamente, la aspiración a un orden. Pero distinto al convencional ya establecido de antemano, y fracasado, en un statu quo que nadie eligió, aunque se lo acepte como cosa natural, en un medio social donde el hombre ya dejado de serlo.

 

Estamos desde estos indicios una primera forma de la rebelión.

 

Desde lo nos servimos en el inicio y que es la queja religiosa, no hablar, y menos pensar, en aquello que malgasta al pensamiento es la forma.

 

Eso, por un momento llamémoslo indiferencia, es una estrategia inteligente, que tomamos de nuestro Jorge Luis Borges: La indiferencia es al mismo tiempo el mayor de los respetos y la peor de las venganzas.

 

Y pocos dudan de la inteligencia de Borges. De una inteligencia propia, no la panfletaria como la esgrimida en lo antes comentado.

 

¿Por qué es una forma de rebelión?

 

Si decimos que mejor la indiferencia fuera tan popular como los dogmas y consignas que circulan al infinito en lo cotidiano, donde la religión es solo una de las formas, desaparecerían concretamente. De lo que no se piensa y luego no se habla no existe.

 

Lo concreto, es lo opuesto al idealismo que proponen. Muy de otro modo nos interesa una cuestión de la cual, más que de ninguna rareza de teólogos, depende la «salvación de la humanidad»: alcanzar la máxima potencia en cada individuo al estilo del Renacimiento, de virtud exenta de moralina, aprender la «razón» de la experiencia tan pronto sea posible. Únicamente la completa nulidad de nuestra cultura -su «idealismo- explica en cierto modo por qué se puede ser más inocente que lo que hoy se juzga. Esta «cultura», que desde el principio enseña a perder de vista las realidades para andar a la caza de metas completamente problemáticas, denominadas metas ideales, malgastando al pensamiento, al tiempo y por lo tanto la vida.

 

De hecho, nos alimentamos mal -expresado en términos morales, nos alimentamos o nos alimentan «impersonalmente», «desinteresadamente», «altruísticamente», a la salud de los cocineros y de otros colegas y con arreglo a sus fines.

 

Basta de idealismo, vamos a lo concreto

 

Escribir en una sola noche por no poder dormir una larga diatriba anti-atea y además copiarla en forma legible, poniendo en la lo propuesta la ambición de no imitar el rigor y concisión según el modelo de Salustio, y derramar sobre nosotros consignas de calibre mayor, está descaradamente reñido con la fisiología y salud de los creyentes.

 

Preferimos lugares en que por todas partes se tenga ocasión de beber de fuentes límpidas, en la que las aguas corran su propio camino. Parece que también en esto que nos hallamos una vez más en desacuerdo con todo el mundo acerca del concepto de «verdad»; el espíritu debería flotar sobre el agua… y también soplar como el viento por encima de unas cuantas indicaciones internalizadas en la moral que nos precede. Una comida fuerte es más fácil de digerir que una demasiado ligera.

 

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