Hoelderlin_1792

Y abiertamente consagré mi corazón a la  tierra grave y doliente, y con frecuencia, en  la  noche sagrada, le prometí que  la amaría fielmente hasta la  muerte, sin temor, con su  pesada carga de fatalidad, y que no despreciaría ninguno de sus enigmas. Así me ligué a ella con un lazo mortal.

HOLDERLIN:  La  Muerte de  Empédocles.

 

La tierra está grave y doliente, aunque sea la única realidad en este mundo humano.

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Mundanidad, espacialidad, etc. no hacen sino expresar el no ser… Ya nos encontramos entre lo dado o lo que se presenta y el ser, como en la nada que no es el ser. El mundo es humano. Acerquémonos a la comprensión singular posición de la conciencia: el ser está en todos lados, al frente, en torno , pesa, asedia, y vamos siempre remitiendo de ser en ser; esta mesa que está ahí es ser y nada más; esa roca, ese árbol, aquel paisaje; ser y de otro modo nada.

Si queremos captar ese ser nos encontramos con nosotros mismos. el conocimiento, intermediario entre el ser y el no-ser, sí subjetivo remite al ser absoluto, y, cuando creemos captar lo absoluto, debemos remitirnos a nosotros mismos. El sentido mismo del conocimiento es lo que no es y no es lo que es, pues, para conocer el ser tal cual es sería necesario ser ese ser; pero no hay «tal cual es» sino porque no soy el ser «tal-cual-es», si nos conviertiéramos en el «tal cual es» se esfumaría y no podría ya ni siquiera ser pensado. No se trata aquí ni de un escepticismo que supone precisamente que el «tal cual es» pertenecería al ser-, ni de un relativismo. El conocimiento nos pone en presencia de lo absoluto, y hay una verdad del conocimiento. Pero esta verdad, aunque no entrega nada más y nada menos que lo absoluto, sigue siendo estrictamente humana. (De Jean Paul Sartre. El Ser y la Nada.V Conocimiento).

Poesía y filosofía, dos formas de decir las cosas, la una a través de lo más sensible y la otra en modo del nombre propio, un trabajo de pensamiento. Como fuera los elegimos porque remiten a algo que se parece. Hölderlin da cuenta de la fatalidad de amar a la tierra, aún grave y doliente, enigmática y a la se liga hasta la muerte.

De Sartre, en lo que refiere al mundo humano, si bien las cosas que son lo son en todas partes, si no no serían sino nada, de lo que no podrá pensar y menos aún hablar. Cuando, como Parménides, necesitamos expresar lo que es, nos volvemos sobre nosotros mismos en cuanto sujetos intermediarios de cierto conocimiento (que siempre está en curso, nunca acabado) que pretendemos captar lo absoluto del ser de las cosas entramos en la paradoja que nuestro conocimiento nos es lo que ya es. Somos solo un estadio intermedio entre el ser de las cosas y los que a traves del trabajo de pensamiento creamos un conocimiento de lo que es, pero que no es el ser mismo de las cosas. Si nos podemos representar, ponernos en presencia frente a eso absoluto que son las las cosas, y le otorgaríamos valor de verdad a ese grado posible de conocimiento, aunque no sea la realidad de las cosas mismas que ya son. Y esa intermediación es enigmática (Hölderlin) pero estrictamente humana (Sartre), porque el pensar y la consecuente creación de conocimiento es una forma paradójica que se presenta como esencia propia de los sapiens, que son por un lado, y piensan en lo que son y lo que es de todo, por otro.

La tierra está grave y doliente, Hölderlin 1798, y se identifica con el abandono ya entonces de la realidad más primaria de lo que es y de donde la especie humana proviene. Está grave porque los humanos la herimos, la horadamos, extirpamos partes, la ignoramos, la explotamos, la usamos sin devolver nada a cambio, nos alimentamos de ella y ni siquiera lo reconocemos. Le duele a Hölderlin, y lo grave de la época es que no nos duela al resto. El mundo es humano, y grave es también que no piense ni se sensibilice, hombre lobo del hombre y también de la naturaleza de la que proviene. Me recuerda a los 14 Sin vergüenza. Depredador y perverso. Pero de esas cosas no de esas cosas no se debe hablar.

El mundo humano, su historia de ilusiones, el fenómeno de la superpoblación, los cambios en los regímenes de poder a partir de la ilustración desde el castigo a la vigilancia y vigentemente la del control exacerbado por medios tecnológicos y consignas comunicadas por los medios masivos, se ha vuelto entre inhóspito e ignorante de su propia esencia. Ya nos hemos explayado demasiado antes, en capítulos anteriores, porque nos identificamos como una obsesión en como seres pensantes, si fuéramos honestos en ese trabajo del pensar, lo permitimos. La razón no es universal, el neoliberalismo no es universal, o global  como se la inventado, no existen como cosas, la post-verdad es un engaño, y sin embargo se naturalizan en un mundo desnaturalizado. Fenómenos de credulidad sorprendentes para hombres que son solo hombres, no robots.

Es más, casi insolentemente, ya se está pensando y gastando fortunas para un futuro escape de este planeta, porque se deduce, mal, que no alcanzará para alimentar a tanta población y adelantándose a los millones de años que la verdad cosmológica termine con el sol. Es otro absurdo de los que gustan consumir los consignados de hoy. Sentimos estar viviendo en un mundo que se revuelve sobre sus propias alucinaciones y mentiras. No es el mejor de los mundo posibles, querido Leibnitz.

De todas maneras, hay que seguir viviendo hasta que la anatomía decida lo contrario. Y algunos deseamos mantener cierto grado de libertad que requiere cierto grado de lucidez, salvo que se elija seguir el «tal cual es», que no es cosa concreta y existente en sí misma sino un relato fantástico más que nos regalan, entre otros, a través de las imágenes o discursos a través de una pantalla como de la televisión.

Si entendiéramos, en nombre propio, algunos de esos relatos, y extrayendo el relato mismo para ir en forma no intermediada al estrato inmediato inferior al que se presenta (el relato), enteremos que lo final de los acontecimientos terminan perjudicando a millones de personas que no tienen más que intentar sobrevivir de alguna manera en el espacio y el tiempo que les toca vivir. De esa manera el relato, además de intermediario, velador por ocultamiento, mentiroso por parcial, se convierte instantáneamente en perverso. Y surte efecto, lamentablemente.

Como hay que seguir viviendo, y de un mundo que parece ser que es  «tal cual es», entonces adquiere sentido un retorno, eterno retorno, a lo mismo.

Los hombres desde su génesis se las vieron con una naturaleza ya habitada pr otros animales, la mayoría feroces en su necesidad de supervivencia. Tuvieron que aprender, desde su primitiva capacidad de pensamiento que los hacía hombres, a enfrentar los peligros, defenderse, cohabitar, alimentarse, transmitir la memoria de lo aprendido para que los nuevos hombres que los sucedieran no debieran empezar todo de nuevo. Fueron creando desde los utensilios más rudimentarios hasta las primeras máquinas que los ayudaran. Toda creación, nueva, requería de una suerte de idea posible en su pensamiento. Lo lobos que los acechaban no inventaron la rueda, como mínimo ejemplo.

El acto de creación es una de las formas más puras de resultado de un contenido de pensamiento. Es específico y singular de su autor, que transforma una idea en hecho concreto. Ejemplo clásico es el arte en sus diferentes formas. Miguel Ángel tardaba al menos un año en esculpir el mármol hasta que terminaba su obra, pero comenzaba necesariamente de una idea primordial que lo animaba.

Para crear algo, se requiere, siguiendo el mínimo ejemplo, de una idea y un trabajo  perseverante posterior, que termina haciendo de la idea un hecho concreto. Y eso es singular, propio de un solo hombre, que elige hacerlo por sobre cualquiera otra.

Se requiere desde el principio de una idea. Una idea, que viene al pensamiento espontáneamente luego de un tiempo de reflexión perseverante, un rumiado intermedio que no es determinable, hasta que aparece, como en un sueño, aparece como resultado de ese proceso que no es sino como un azar y que termina en un contenido específico que luego incita a la acción. Debería pensarse una idea como una piedra preciosa a la que hay que cuidar, por su escasez y valor.

El arte es una galería, en cualquiera de sus formas, de estas ideas escasas y valiosas. También en las ciencias. También en la vida cotidiana. También en la filosofía.

La creación, idea convertida en acto, sería una de las formas irreductibles que demuestran la actividad de pensamiento propio de la especie sapiens. Y se pueden admirar en todos los cuadros, construcciones, pinturas, monumentos, libros serios, descubrimientos científicos, hombres honestos, filósofos no posmodernos, pensadores de cualquier época, sabios de verdad, películas con sentido, y muchísimas expresiones que no podemos detallar ahora.

Estamos bastante seguros que el mundo actual, sus administradores obedientes a doctrinas elaboradas con arreglo a fines, los creyentes de las consignas que se le ofrecen, los que suponen que el mundo que es humano es «tal cual es», los que no se permiten ser hombres como los originales, que no crean obras desde ideas en nombre propio, arruinan el mundo primero, y pretenden escaparse de él luego de haberlo destruido. También estamos seguros del valor y preminencia de los actos de creación que expresan al verdadero hombre en su esencialidad.

 

 

 

 

 

 

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