Jaques Lacan

Los escritos técnicos de Freud (1953-1954)

Apertura

El maestro irrumpe el silencio con cualquier cosa, un sarcasmo, una patada.

Así procede, en la técnica zen, el maestro budista en la búsqueda del sentido. A los discípulos les toca buscar las respuestas a sus propias preguntas. El maestro no enseña desde la cátedra una ciencia ya constituida, da la respuesta cuando los discípulos están a punto de encontrarla.

 

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Lacan inicia con cierta violencia el primero de sus seminarios que duraron 20 años. Sabía que debía de entrada establecer un objeto, aún preliminar sobre lo que iba a tratar. Y era inteligente.

Elige la metáfora del maestro zen que debe comenzar, y que también sabe que no va a enseñar nada salvo en la búsqueda propia dar respuesta en ayuda a los discípulos que estén prontos a descubrir la ciencia de la que se trata.

Por eso, aún lo altisonante del título de este capítulo, y como una entrada abrupta a la aseveración acerca de la gravedad de la época en que no estemos pensando aun, que tiene el objeto de ser demostrada, emitimos un grito hasta que lleguen las preguntas: no pensamos porque el conjunto de relaciones de poder de las sociedades masivas prefieren que la gente no piense en el recto sentido, y porque eso les conviene con arreglo a fines.

No somos maestros de zen, no podemos arrogarnos valor de verdad y debemos desapegarnos de toda condición de sabiduría, sino por lo contrario, tal como discípulos del maestro, que espera el resultado de la propia experiencia para poder hacer la preguntas apropiadas.

© ¿Qué significa pensar?. Martin Heidegger. Semestre  de invierno  de 1951-1952 y en el semestre de verano de 1952  en la Universidad  de Friburgo  de Brisgovia.

«Para ser capaces de pensamiento hemos de aprenderlo. ¿Qué es aprender? El hombre aprende en cuanto  pone su hacer y omi­tir en correspondencia con lo que de esencial se le adjudica  en cada caso. Aprendemos el pensamiento en la medida en que atendemos  a lo que da que pensar». ©

Pensar es una práctica, y como tal corresponde aprenderla, con lo que cada uno lo emprende o no, de acuerdo a el interés que le otorgue al objeto de pensamiento, aquello a cada cual le dé que pensar. Nos parece una buena práctica desde la aristotélica denominación de la especie humana como homo sapiens.

Homo sapiens (del latín, homo ‘hombre’ y sapiens ‘sabio’) es una especie del orden de los primates perteneciente a la familia de los homínidos. También son conocidos bajo la denominación genérica de «hombres», aunque ese término es ambiguo y se usa también para referirse a los individuos de sexo masculino y, en particular, a los varones adultos.  Los seres humanos poseen capacidades mentales que les permiten inventar, aprender y utilizar estructuras lingüísticas complejas, lógicas, matemáticas, escritura, música, ciencia y tecnología. Los humanos son animales sociales, capaces de concebir, transmitir y aprender conceptos totalmente abstractos.

Se consideran Homo sapiens de forma indiscutible a los que poseen tanto las características anatómica de las poblaciones humanas actuales como lo que se define como «comportamiento moderno». Los restos más antiguos de Homo sapiens se encuentran en Marruecos con 315 000 años.​ La evidencia más antigua de comportamiento moderno son las de Pinnacle Point (Sudáfrica) con 165 000 años.

Un poco de datos positivos acerca del ser sapiens, solo para señalar que nuestros 2600 años desde los griegos son casi nada en comparación con la edad de la especie, como se la quiera mirar. Lo filogénesis del hombre es más antigua en miles de siglos a los comienzos del pensamiento occidental, basado en la razón, desde los presocráticos.

Cabe pensar cuantas cosas ignoramos de la herencia de la especie y que solo podemos conjeturar, y solo con ayuda de otros pensadores que infirieron la posible evolución desde su propio interés en tratar de descifrarlo en algún modo. En modo silvestre podemos imaginar a los hombres íntimamente relacionados con el medio ambiente natural, aprendiendo de los animales y los ritmos de la naturaleza y el tiempo y desde allí organizando sus primarias posibilidades de pensamiento, que debía recurrir a la memoria inmediata de aquel mundo que les hacía frente. Se congregaron, aprendieron a hablar y sobrevivieron a las peripecias que lo cotidiano y la subsistencia exigían.

Eran hombres naturales, ligados a la naturaleza y la realidad inmediata, y aprendían. Dados lo períodos antes señalados, el aprendizaje fue lento, para nuestros relojes postmodernos, pero cabe deducir que no había otra posibilidad ni hacía falta, los días pasaban igual. Pero aprendieron.

Aún no pensamos, parece una afirmación, sin embargo, será aconsejable esclarecerla primeramente. Pues podría suceder que, tan  pronto como  veamos con claridad  lo que está implicado  en ella, se haga innecesaria  toda prueba.  La afirmación dice: Lo que más merece pensarse en nuestro tiempo  problemático es el hecho de que no pensamos. ©

Aquí Heidegger apunta a uno de los puntos difíciles de la cuestión, y que es algo que en general no se lo piensa. Cualquier otra práctica o acción que el hombre ejecuta, como ejemplo cualquier arte u oficio, lo hace aprendiendo las reglas de ese buen arte y mejorando con la práctica sucesiva su capacidad y habilidades al respecto. El pensamiento y la memoria, al entrar en íntima relación con sus objetos de acción, son los acumuladores de experiencia y conocimientos, en otros términos el pensar y las capacidades del mismo son la condición esencial del aprendizaje.

Ya los griegos habían dado cuenta de la dificultad y los resolvieron a su manera, con los modos iniciales del camino del pensamiento occidental,estableciendo en diferentes modos literarios el resultado de su búsqueda de formarse contenidos razonables para la actividad del propio pensamiento. La historia de la filosofía es de alguna manera la eterna búsqueda de acercarse a un modo de recto pensamiento que no se distraiga de los infinitos azares que la vida cotidiana se presentan en forma de movimiento perpetuo.

La respuestas a las preguntas primordiales de las cosas propias de la esencia humana fueron mostrando esas formas más puras de pensar con el intento de fijar ciertas verdades si es que la hay que hicieran el camino del pensamiento una dirección más constante e independizada de las cotidianidades y reflejando que hecho que el pensar, además de que se dispara cuando el quiere, mantenga esa dirección, que dada la condición esencial de libertad que el pensar propiamente humano dispone. Por ello se requiere un deseo primario que es del  de acercarse primero al camino y luego mantenerse en él.

A diferencia de otras artes u oficios, que concretan cosas tangibles, mediante el uso del pensar, el recto pensamiento debe ser aprendido, y con la única herramienta que dispone que es él mismo. Pensar el pensamiento. Debe ser una de las cosas más laboriosas si se elige hacerlo. Por ello nos acercamos a los que, llamados pensadores, han expuesto con los contornos del lenguaje que se disponía en cada época, su experiencia, método y los conceptos a los que llegaban a través de su trabajo de pensamiento. Por ello estudiarlos es una de las formas de ayudarse para desarrollar el propio. Y por eso los respetamos, independientemente de que finalmente coincidamos o no con sus conceptos. Lo cierto es que llegar a interiorizar sus métodos y formas de elaboración nos van formando en nuestra propia búsqueda.

Fue Nietzshe uno de los primeros en decir que un pensamiento viene cuando el pensamiento quiere, anticipando el psicoanálisis y sus derivaciones. Mientras el pensamiento llega, se estudia, se sale al aire libre a mirar a la Naturaleza que es la que nos sustenta y de la que provenimos y que somos un infinitésimo dentro de ella. Es el tiempo en el que se rumia, como las vacas, hasta que el auténtico pensamiento aparece y quede ser cuidado como un tesoro, y guardado en la memoria o mejor escrito prontamente, para no permitir que el olvido lo vuelva a ocultar.

Ese pensamiento, convertido en contenido, es el bu se busca en el camino del pensar, auténtica y libremente, en nombre propio, y nos convierte en librepensadores, desapegados al fárrago que el mundo (que es humano) cotidiano ofrece para guiarnos, convencernos, explicarnos, decirnos que es el pensamiento más conveniente, dogmatizarnos,  sujetarnos a modos predeterminados con arreglo a fines que casi siempre permanecen ocultos, a dominar nuestros cuerpos para lo que deben dominar nuestro alma, lo que aparece una perversidad de hombres sobre hombres.

El llegar a pensar en nombre propio es lo que hasta un grado dentro de lo posible nos rescatamos como seres humanos, como aquellos primarios que tuvieron que aprender a pensar cuando percibieron que podían hacerlo. No había entonces un mundo que les servía cosas y preceptos o discurso en bandejas de plata, eran los primeros verdaderos homo sapiens.

Algunos, muchos, lo lograron. Son nuestros maestros a quienes debemos interrogar en cuanto nos demos cuenta de que se trata.

Un observador, deseante de descifrar y entender lo que hace frente: el uno cotidiano, hoy, hace frente como espectáculo en los que los actores ataviados con sus respectivos disfraces actúan libretos prescritos, se mueven sobre el escenario en un aparente caos, y como caótico se piensa incontrolable, átomos moviéndose en todas direcciones con velocidades diferentes, o en reposo, chocando unos con otros en el espacio de la escena finito, cerrado. Todo está ahí dentro, y aun cuando los grados de libertad de sus movimientos se muestran azarosos e incontrolados, siempre están limitados ese espacio, Es como un movimiento perpetuo de lo mismo en lo mismo.

En casi todas las épocas, desde el comienza del imperio romano y con la lenta desaparición de los siglos gloriosos para la construcción del pensamiento de los griegos, convenía controlar a cantidades crecientes de población, entre propia y conquistada. Claramente se comenzó con el uso de la fuerza y dominación, los administradores del poder de turno gastaban fortunas en ejércitos, pertrechos, mercenarios, logística, quizá más que lo recuperaban de los pueblos conquistados, donde los pobres nada tenían para ofrecer y sus anteriores amos enriquecidos o murieron en la batalla o se fugaron con sus riquezas. Los think tanks de esas épocas rápidamente cayeron en la cuenta que no era la violencia física el modo económico de dominar a los pueblos, vencidos o propios.

Caían en la cuenta de la necesidad de dominación, de mantener a las gentes en sus lugares y cumpliendo con sus obligaciones que eran impartidas desde el poder de turno. Desde el pueblo hebreo para aquella época nace una religión monoteísta, donde un dios inexistente en la Naturaleza, creado por la inteligencia de algunos, como ilusión mítica, que convencen con discursos (que son solo palabras, no hechos concretos) benévolos y en los que la identificación era inmediata por la gentes comunes:  reinados del amor, la paz, y la vida eterna, para los que cumplieran los preceptos de la tabla de valores.

Y ahí deviene la catástrofe, demasiados lo creen, los aceptan y se someten.

Luego, el cristianismo repite la fórmula, y si bien reprimidos en sus inicios por los imperios, su popularidad termina de imponer con Constantino, el artilugio de dominación de las mentes y por lo tanto de las conductas de los cuerpos de la gente común. El dispositivo es adoptado y en un acuerdo mentiroso de la paz y el amor y la vida eterna, las mayorías obedecían, en, sin la necesidad de guerras interminables y fortunas en campañas militares.

Reconocemos el esto la inteligencia que reside en la capacidad de pensar, en la invención del dispositivo que se usa desde entonces, en formas cada vez más refinadas para el control y dominación de las grandes mayorías que no participan de l administración de poder. Y que no tienen muchas más opciones que chocarse, obedientemente, sobre un escenario finito, espacio cerrado aunque la Naturaleza ofrezca un infinito de libertad.

La denominaremos como “inteligencia perversa” aunque quienes la apliquen aunque lo sepan jamás lo admitirán. Siempre habrá discursos de reemplazo que dicen mucho para nada concreto en acciones, porque al dispositivo es lo que más conviene. ¿Mienten?, si, claramente. Pero surte efecto mientras las mayorías sojuzgadas no piensen, no emprendan el camino de aprender a pensar rectamente y en nombre propio.

Los amos usufructúan de los  esclavos. Los esclavos no se ven a sí mismos como tales. Y en esa paradoja la rebelión, salvo caso muy individuales no sucede.

Dios ha muerto no los recordó Nietzsche, el reinado del nihilismo está vigente, donde nada vale todo vale, incluida la vanidad de ser un robot en una sociedad esclavizada, que ofrece regalos de ilusiones y discursos que todo lo explican al precio de nada, salvo la propia libertad y la vida.

Si esa es la oferta, entonces para qué pensar, si la libertad no importa y la vida igual se termina.

 

 

 

 

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