Heráclito

¿Cómo hacer para escribir si no es sobre lo qué no se sabe, o lo que se sabe· mal? Es acerca de esto, necesariamente, que imaginamos tener algo que decir. Sólo escribimos en la extremidad de nuestro saber, en· ese punto extremo que separa nuestro saber y nuestra ignorancia, y que hace pasar el uno dentro de la otra. Sólo así nos decidimos
a escribir. Colmar la ignorancia es postergar la escritura hasta mañana, o más bien volverla imposible. Tal vez la escritura mantenga con el silencio una relación mucho
más amenazante que la que se dice mantiene con la muerte. Hemos hablado de ciencia en una forma que, bien lo sentimos, por desdicha no es científica. No está lejos el día en que ya no será posible escribir un libro de filosofía como es usual desde hace tanto tiempo; ¡Ah! el viejo estilo…”. Gilles Deleuze. Diferencia y repetición. 1968.

 

En capítulo anterior comenzamos con una historia recordada sobre Heráclito (39 Crítica de la realidad). Hay otra, dice:

“Pero él se dirigió al santuario de Artemis para jugar dados con los niños. Volviéndose a los efesios que se pusieron a su alrededor, les dijo: “Vosotros, canallas, ¿que os sorprende? ¿No es preferible hacer esto que cuidar de la polis?””

Algo se parece a la anterior, algunos lo rodean en su curiosidad, son efesios como el mismo Heráclito, que ha salido hacia el ámbito sagrado de Artemis, cerca de los dioses como lo que habrían estado en el horno resguardado del frío invierno. No se ocupa de los dioses, sino juega a los dados,  lo que sería inconveniente a la vista del resto, justo en el lugar de la diosa Artemis. El pensador lee en los gestos de los efesios asombro y perplejidad, y les habla en tono épico: “vosotros, canallas, ¿qué os sorprende?”. y agrega que lo que hacen nada tiene que ver con el cuidado de la ciudad (polis).

Un interpretación moderna diría apolítico a Heráclito, señalando un tipo egoísta reservado a si existencia privada. Una alusión moderna como esa cometería el error de una lectura en “presente” que elude o renuncian a una localización del contexto histórico del relato, que es el que esencia la experiencia del presente en su momento que no es el “presente” hoy.

Pensando en el modo griego de la época de Heráclito en Efesia, la forma más elevada de cuidar la polis era también la de cuidar la presencia de los dioses. Los efesios que lo miraban, no estaban cuidando la polis ni admirando a Artemisa. Pensado en manera mediata el cuidado (Sorge) se refiere a lo más necesario de la propia necesidad en su  “presente”: cuidar lo extraordinario en lo ya dado ordinario.

¿Jugar a los dados en el lugar de Artemisa es cuidar simultáneamente a lo extraordinario, a la diosa y la polis?, se preguntaron los efesios. Heráclito no invalida de ninguna manera la pregunta, sino que los conduce a preguntar correctamente acerca de lo que les ocasiona asombre: ¿Qué os sorprende?. ¿Que un pensador se entretenga con los niños en lugar de pensar?. La palabra contendiente dirigida a tal asombro aparenta rechazo, aunque direcciona a la posibilidad de pensar que los dioses pueden ser encontrados por cualquiera, aún en un juego de dados.

Además despierta la atención la determinación señalada en Heráclito desde la cercanía del juego, aún de palabras, como que el juego revelara en el pensar lo que da por-pensar.

Heráclito, el primero de los pensadores griegos, ya muestra que el pensar actúa en proximidad de los dioses. Al representar el todo del mundo, el pensar de los pensadores representa el fundamento universal del mundo, esto es lo divino en sentido amplio e indeterminado.

Debemos mantener alejadas las connotaciones teológicas del pensar inicial como el heraclíteano, y desechar con ello las opiniones que argumentan con arreglo a sus fines que la teología fue la determinación del comienza de la filosofía. Bien lo desean los opinadores.

Los dioses y lo divino de la antigüedad griega nada tienen que ver con un teología, ni siquiera tomada en sentido amplio, y no sólo como explicación racional o del orden de una doctrina como la “religión”. No existe, en absoluto una religión griega. Ya la palabra “religio” y lo que designa son de esencia romana. No hay religión, y por lo tanto tampoco teología en el pensamiento griego.

Se puede distinguir que la cercanía de Artemisa refiere más a Heráclito el efesio, que al Heráclito pensador. Ya era remoto en Éfeso el santuario dedicado a Artemisa y aún perduraba cuando mucho más tarde San Pablo en su viaje misiones predicó a los efesios. ëstos se “revolvieron” (de hecho y de asco) contra el sermón cristiano gritando: “Grande es la Artemisa de los efesios”.

artemisa

 

Artemisa, decimos por inferencia, era la diosa de Heráclito, no solamente como ciudadano de Efesia sino también como pensador, porque es la diosa de aquello que el pensador tuvo que pensar, y esto para referenciar la importancia de la época como contexto en la que el pensador piensa.

Poco importa si se idolatra “poética o literariamente” las figuras de los dioses griegos, o silas adoramos mediante una erudición entre mitológica o historiográfica. En todo caso son objetos de vivencias individuales entre afectivas y efusivas, o monótonas del estudioso de las formas más antiguas del pensamiento. Ninguna ayuda o enseña a la acción propia del pensamiento, aunque en su época claramente eran objeto señalador del camino del pensamiento posible, caso como el de nuestro personaje Heráclito.

Nada debe infundir la opinión que el conocimiento de la mitología y de la fantasía poética acerca de los dioses constituye una clase de saber acerca de ellos, y que este saber agota la referencia a esos dioses, cuando leyendo bien la historia de esos saberes, esos diose se reguardan de los hombres, quizá precisamente por ello. <además le referencia a los dioses es entre los griegos una fuente de saber que debe ser construido, nunca una fe en el sentido de una promulgación autoritaria a la que la voluntad debe inclinarse.

Aún no llega a preciarse, hoy día, el modo inicial en el qos griegos eran sabios. Quizá por haberlo sido encontraron el inicio propiamente dicho del pensar. No eran sabios porque tenían una filosofía, la filosofía se inicia desde su sabiduría.

Artemisa es la hermana de Apolo, nacido en la isla de Delos, y lleva las mismas señales que él. Arco y lira. La lira es la seña del juego de las cuerdas y su armonía, los griegos la conocen como la diosa de la caza, que son cuestiones de la Naturaleza. Artemisa es la diosa de la physis, que nombra el se abren al levantarse y mostrarse en lo descubierto. Es la diosa de lo que se yergue.

Si para los pensadores iniciales la Naturaleza el lo primero por-pensar, deberíamos detenernos por un momento en la maravilla de que Artemisa aparezca en la cercanía de Heráclito. Señal que señala a Heráclito como un pensador inicial. Artemisa suele aparece con antorchas en ambas manos, portadora de luz, esencia de la claridad sin la cual todo queda oculto. La esencia de la physis, la física propia de la Naturaleza, es estar, surgir y exponerse como abierto y en la claridad brillar y aparecer visible. Hay una riqueza esencial en estas señales, a las que se alienta la atención.

Podemos denominar a esa esencia como despejamiento (Lichtung), palabra aún no del todo pensada. Un despejamiento (que evita el espejo) en el sentido de lo que abre y clarifica, esencia de lo que otros nombran como verdad, pero que para los griegos es desocultamiento y descubrimiento. En su esencia encubierta, Naturaleza y Luz tienen el fundamento de la unidad oculta de su esencia.

Artemisa es la diosa de la aurora, la luz y el juego. Su seña es la libra que tiene como figura el arco, que para los griegos son lo mismo. Si arco lleva la flecha de la muerte. Surgir, despejarse, jugar, morir, no son más que cosas de la vida, de la esencia de la vida, que termina con su opuesto épico, la muerte, pero como contrarios no dejan de atraerse i dirigirse la una hacia la otra. Si hay contrarios, hay lucha. Para Heráclito quién piensa la lucha como esencia del ser, la diosa del arco y la lira es la más próxima, la cercanía más próxima a la manera griega, que no es para nada como las formas modernas una cuestión de números.  No se resta al pensamiento la vinculación fraternal de Artemisa con Apolo, Heráclito como tácitamente apolíneo se enfrenta con las interpretaciones tardías de Hegel y Nietzsche a sus calificaciones de Heráclito como dionisíaco. Para un pensador puro, recién llegado a su propiedad, esa oposición interpretativa no cambia nada, 2300 años después.

Diógenes Laercio nos recuerda: El libro que de él nos queda, por su contenido se intitula De la naturaleza, bien que está dividido en tres discursos, a saber: Del Universo, De política y De Teología. Lo depositó en el templo de Artemisa; y, según algunos, lo escribió de estilo oscuro (de allí su apodo) para que sólo lo entendiesen los pensadores, y no pudiera ser desestimado como vulgar.

Llamado por los demás “El oscuro”, no caracteriza nada especial, a demasiados pensadores se les reprocha la oscuridad, la falta de claridad. No es complicado entender que quien establezca estos reproches no ha la llegado a su momento de despejamiento del propio pensar, interponiendo en ese caso un espejo que devuelve al pensador la calificación, cuando es clara la defensa que establece tras el espejo de su camino aún no transitado.

Schopenhauer, que se hizo una fatalidad para Nietzsche, demuestra no ser un pensador al insultar a Schelling y a Hegel por su falta de claridad. El valor más importante de Schopenhauer es que como escritor significativo, a los mediados de siglo XIX, consiguió transmitir a los alemanes una idea, aunque pálida, de lo que es la filosofía.

Como es reconocido los romanos nada aprendieron del pensar griego. Constantino es una prueba concreta de ello. Tampoco es de admirar la opinión del escritor romano Cicerón que alude a la intencionalidad de Heráclito de escribir en forma oscura. Hegel, más tarde, y pensador, respondió a ésa opinión de Cicerón en sus Lecciones para una historia de la filosofía, diciendo que era demasiado estrecha, que le faltaba la apertura y despejamiento necesario para dar cuenta  que la escritura de Heráclito era consecuencia de un estilo descuidado y un lenguaje primitivo.

Nos tienta desplazar a Hegel sobre Cicerón, considerando no menos estrecha su respuesta que la de Cicerón. En ambos casos falta incluir en sus especulaciones sobre Heráclito algo que se agrega siempre en relación al pensamiento, que es solo posible en quien lo piensa, luego de un trabajo largo en la búsqueda de un camino que le sea propio, y que una vez encontrado no es objeto de juicio sino de sí mismo.

Por eso, si nos establecemos en el contexto de un pensador inicial como fue Heráclito, no puede pensarse en algo arcaico desde el clasicismo moderno en lo que en él fue actualidad.  La palabra “arcaico” en el griego de la época de Heráclito significa precisamente “inicio”. Sin saber las cuestiones de los inicios, cualquier interpretación de aquella actualidad sólo es posible a tientas, como quien anda en la oscuridad. De ninguna manera podemos ser jueces entonces, de quienes lo fueron ya de si mismos, en su lugar, tiempo y con la cercanía de sus dioses con los que tenían para pensar.

 

 

 

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