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Cuando se estudian ciencias, la que fuera encontraremos teorías, fórmulas, algoritmos, teoremas, conjeturas, grupos, álgebras, geometrías, espacios, vectores, tensores,…. etc, “de”. Lo mismo en la todos de los ámbitos de la actividad cultural y la filosofía. Una producción tiene autor, y se utiliza su nombre propio para identificarlo.

Estamos en camino de aprender a pensar en nombre propio, pretensión no menor para la gravedad que nos coerciona hacia demasiados centros de masas (Ley de gravedad),  mediante el poder represivo ya moral, ya físico, o el peor, vigilando, castigando y controlando los cuerpos, las conductas y sus efectos inmediatos: las formas de pensar mansamente, que es el resultado milenario conseguido mediante formas de manipulación aprendidas desde la experiencia y mejoradas sucesivamente a través de  dispositivos cada vez más imperceptibles y sutiles, por los que requieren ese resultado: el hombre domesticado, oveja del rebaño dirigido por un pastor, o más de uno.

Es conocido, fueron los hebreos quienes desarrollaron y amplificaron el tema pastoral
con, sin embargo, una característica muy singular: Dios, y solamente Dios, es el pastor de
su pueblo (curiosa paradoja idealista, una falsa idea como pastor). Solamente se da una excepción positiva: David, como fundador de la monarquía, es invocado bajo el nombre de pastor. Dios le ha encomendado la tarea de reunir un rebaño (idea igualmente falsa e intermediaria)

Nos estamos peleando con el poder, ese que atraviesa la historia de las sociedades, en tanto el hombre derivó en gregario, en lugar de seguir como sus antepasados primates viviendo en pequeñas formaciones entre los árboles del bosque que el medio ofrecía, verdadera naturaleza del mundo circundante.

Desde el origen de esta modalidad pastoral del poder, o por lo menos de algunos aspectos de su historia antigua vienen hoy a mostrarse asociados con su polo opuesto, el Estado. Polo opuesto en cuanto a manifestación, discurso, palabras. Pero no en acontecimientos, hechos concretos o acción, lo que muchas veces duele.

Veamos un momento algunos temas típicos del poder pastoral y contrastando con el pensamiento político griego, e inferir la importancia que cobraron después estos temas en el pensamiento cristiano y en las instituciones, fuentes inexorables, históricas, de toda actualidad, origen de la flecha del tiempo que nos mantiene hoy aquí y ahora.

1. El pastor en la concepción hebrea ejerce el poder sobre un rebaño más que sobre una tierra. La relación entre la divinidad, la tierra y los hombres difiere de la de los griegos, para éstos los dioses poseían la tierra, y eso determinaba las relaciones entre los hombres.

2. El pastor hebreo agrupa, guía y conduce a su rebaño. En cambio la idea griega según la cual le correspondía al jefe político calmar las hostilidades en el seno de la ciudad y hacer prevalecer la unidad sobre el conflicto. Lo que el pastor reúne son los individuos dispersos. Estos se aglomeran al oír su voz: «Silbaré y se reunirán», y  basta con que el pastor desaparezca para que el rebaño se disperse. En otras palabras, el rebaño existe por a la presencia inmediata y a la acción directa del pastor, puro autoritarismo. En cambio el buen legislador griego, como ejemplo Solón, ha resuelto los conflictos, deja tras de sí una ciudad fuerte dotada de leyes que le permitirán perdurar con independencia de él.

3. El pastor debía asegurar la salvación de su rebaño. Los griegos también
sostenían que la divinidad salvaba la ciudad; y nunca dejaron de comparar al buen jefe con un timonel que mantiene su nave lejos de las rocas. En cambio la forma que tiene el pastor de salvar a su rebaño es muy diferente. No se trata solamente de salvarlos a todos, a todos juntos, cuando se aproxima el peligro. Se trata de una bondad constante, individualizada y con cierta finalidad. Es una bondad constante porque el pastor asegura el alimento a su rebaño, cada día sacia su sed y su hambre, lo que asegura su obediencia. Al dios griego se le pedía una tierra fecunda y cosechas abundantes, pero no se le exigía mantener a un rebaño día a día. El pastor atiende  a cada una de sus ovejas sin excepción para que coma y se salve. Más adelante, y sobre todo los textos hebraicos, acentuaron este poder individualmente bondadoso: un comentario rabínico del Éxodo explica por qué Yahvé convirtió a Moisés en el pastor de su pueblo: había abandonado a su rebaño por ir a la búsqueda de una oveja descarriada, pobre oveja.
Y por último, aunque no menos importante, la bondad final. El pastor dispone de una meta para su rebaño. Debe o bien conducirlo hasta los mejores pastos, o bien llevarlo de nuevo al redil. El mundo de las ovejas es un redil.

4. Queda otra diferencia en la idea según la cual el ejercicio del poder es un «deber». El
jefe griego debía naturalmente tomar decisiones en el interés de todos, y habría sido un mal jefe de haber preferido su interés privado. Pero su deber era un deber glorioso: aun cuando tuviera que sacrificar su vida en la guerra. Nunca perdía. La bondad pastoral, por el contrario, se halla más próxima de la «abnegación». Todo lo que hace el pastor lo hace por el bien de su rebaño El vela el sueño de sus ovejas. El tema de la vigilia es importante. Hace resaltar dos aspectos de la dedicación del pastor. En primer lugar, actúa, trabaja y se desvive por los que alimenta y se encuentran dormidos. En segundo lugar, cuida de ellos. Presta atención a todos, sin perder de vista a ninguno. Se ve llevado a conocer al rebaño en su conjunto, y en detalle y de cada uno en particular.

Convenientemente, a partir de estas cuestiones de un relato de hace más de dos siglos, dado que el hombre incluye  en su propia esencia la capacidad de pensar, y con razón, él que es, de hecho, un  viviente racional en él que la razón se desarrolla en  el  pensamiento ha de  poder pensar, con tal que  quiera hacerlo, que está frente a modos de acción que se bifurcan: la del pastor y la del jefe griego.

La ley del pastor, que hace de su rebaño bajo supuesto cuidado, objeto de un poder que existe mientras haya rebaño, lo salva de las dificultades, constantemente bondadoso y vigilante, conocedor en detalle del conjunto de la manada y de cada integrante que la forma. No debe ni puede descansar en el cometido, porque si lo hiciera el rebaño se dispersaría, y ya no tendría poder.

A cambio el rey griego cuida la tierra y crea condiciones para que los hombres puedan desarrollarse libremente a su mejor manera.

Lo pastoral sujeta a las ovejas, lo griego hace el mejor entorno posible para hombres libres. Son dos modos diferentes con objetivos similares, desde una lectura primaria, y como simple percepción inicial.

Cómo percepción, que entra al pensamiento, puede quedar como memoria o bien, sin atención alguna, luego olvidarla. El olvido es lo más fácil, para una oveja, de todas maneras estará él pastor que las guíe en su cuidado. Para un hombre que desee hacerlo, contrastará los dos modos y en uso de su razón, tendrá cosas para pensar.

El hombre pensante puede dar cuenta que las ovejas prefieran su obediencia al pastor, creyendo que es lo mejor para ellas y que por lo tanto devuelven con obediencia a las indicaciones que reciben. Nunca sabrán si hay mejores pastos, o corrientes de agua, o guaridas para refugiarse. Del otro modo, razona el hombre, cuando la tierra es buena, entonces podré encontrar alimento, lugares adecuados para resguardo a las inclemencias, y me moveré libremente buscando para encontrar condiciones o alternativas mejores.

El hombre aprenderá en su  tránsito existencial, deberá mantener la memoria, y elegir de las bifurcaciones la que lo lleven al mejor camino. En todo caso, se estará obedeciendo a sí mismo, de acuerdo a sus experiencias y aprendizaje.

Kant comienza su ¿Que es la ilustración? en 1784 así: “La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón! : he aquí el lema de la ilustración”.

[Nota] Sapere aude: Atrévete a saber.

Cinco años antes de lo que fue la Revolución francesa, Kant da cuenta, mas de 20 siglos después de lo antes resumido, lo que fuera el triunfo en la historia del modo pastoral. Triste decisión la de Constantino de convertirse en cristiano y nombrar a esa religión como oficial del Imperio Romano. No entendemos, salvo por su fe católica a un genio como Leibnitz, cuando dice: Vivimos el mejor de los mundos posibles.

No son más que preceptos, aquí leídos, como historias de la historia . Paradójicos, e incluso contradictorios. El cristianismo debió concederles una importancia considerable, tanto en la Edad Media como en los tiempos modernos.

De todas las sociedades , las nuestras —quiero decir, las que aparecieron al final de
la Antigüedad en la vertiente occidental del continente europeo y luego transferidas a sus colonias— han sido quizá las más agresivas y las más conquistadoras; han sido capaces de la violencia más exacerbada contra ellas mismas, así como contra otras. Inventaron un gran número de formas políticas distintas. En varias ocasiones modificaron en profundidad sus estructuras jurídicas. No hay que olvidar que fueron las únicas en desarrollar una extraña tecnología de poder cuyo objeto era la inmensa
mayoría de los hombres agrupados en un rebaño con un puñado de pastores. De esta manera, establecían entre los hombres una serie de relaciones complejas, continuas y paradójicas.

Aparece algo irreversible del devenir de la historia. El desarrollo de la «tecnología pastoral» en la gestión de los hombres trastornó profundamente las estructuras de la sociedad antigua, y entendemos por inferencia que actualizan uniformemente, con renovados paradigmas, discursos, fundamentos, explicaciones y toda clase de contenidos de fe basados en la credulidad y consentimiento de hombres rendidos a esta forma perversa de administración de los hombres, inventando siempre obstáculos al retorno del hombre griego. Suponemos por un momento que es peligroso para el poder que los hombres piensen en nombre propio.

¿Que sucedería si las ovejas despertaran? ¿Como se administraría un orden de hombres no ovejas? ¿De hombres libres de pensar y actuar en nombre propio?.

Las condiciones concretas del devenir de la historia contienen, y  es imaginable además de la frondosa documentación que se encontrará, con solo buscarla, mucho de le que aquí se iniciala.

En las sociedades ya ocurría desde le gregiaridades orientales antiguas: Egipto, Asiría, Judea. El faraón era un pastor egipcio. En efecto, el día de su coronación recibía ritualmente el cayado de pastor; y el término «pastor de hombres» era uno de los títulos del monarca babilónico. Pero Dios también era un pastor que llevaba a los hombres a los pastos y les proveía de alimento. Un himno egipcio invocaba a Ra de la siguiente manera: «Oh, Ra, que vigilas mientras los hombres duermen, tú que buscas aquello que le conviene a tu rebaño». La asociación entre Dios y el rey se lleva a cabo fácilmente, puesto que los dos desempeñan el mismo papel: el rebaño que vigilan es el mismo, al rey-pastor le corresponde cuidar las criaturas del gran pastor divino. Una invocación
asiría al rey rezaba de la siguiente manera: «Ilustre compañero de pastos, tú que cuidas
de tu tierra y la alimentas, pastor de toda la abundancia».

Desde aquí no exploraremos muchos más registros de los comienzos de la historia de la espacialización social de la obediencia más original, porque nuestro objeto no es afirmarla, sino que entendiéndola a nuestra propia manera, entonces poder pensar en consecuencia y poder alejarnos de ella. Tener el valor kantiano de pensar en nombre propio. Y recurrir a las ayudas que nos lo permitan.

Mostramos brevemente cómo el cristianismo primitivo configuró la idea de una influencia pastoral, que se ejerce sin solución de continuidad sobre los individuos a través de la demostración de su verdad particular y hasta qué punto esta idea del poder pastoral era ajena al pensamiento griego, a pesar de un cierto número de imitaciones tales como las prácticas de examen de la conciencia examen de conciencia y la dirección de conciencia, en cuanto métodos, para nada de contenido, recordando que lo pastoral invoca un dios vigilante y lo griego un hombre pensante.

En un salto de varios siglos veamos otro acontecimiento que resulta en sí mismo  importante en la historia del gobierno de los individuos por su propia verdad (propia de la exterioridad). Este ejemplo se refiere a la formación del Estado en el sentido más moderno del término.

Nuestra intención no es tratar aquí la cuestión de la formación de los Estados.
Ni tampoco explorar los diferentes procesos económicos, sociales y políticos de donde proceden.  tampoco es la de analizar los diferentes mecanismos e instituciones que utilizan los Estados para asegurar su permanencia. sino solamente atender algunas señales indicativas sobre algo que se encuentra a mitad de camino entre el Estado, como tipo de organización política y sus mecanismos, y como concepto, el tipo de racionalidad que se juega en el ejercicio del poder de Estado.

Preguntarse si las aberraciones del poder de Estado son debidas a excesos de racionalismo o de irracionalismo, no parece intercambiable con referirnos al tipo específico de racionalidad política producida por el Estado. Y aunque volveremos sobre esto, no olvidemos por un momento que la racionalidad del poder de estado creó la policía.

En el enorme Siglo XVII, el racionalismo naciente, sustituyó la tambaleante figura del poder pastoral, dueño de las almas y la vida de las gentes, fue sustituido gradualmente por la doctrina de la “razón del estado”, con fines iguales a los del pastor, aunque con una forma de exposición más coherente con las nuevas épocas.

“La racionalidad política se ha desarrollado e impuesto a lo largo de la historia de las sociedades occidentales. Primero se encaramó en la idea de un poder pastoral, y después en la de razón de Estado. La individualización y la totalización son efectos inevitables. La liberación no puede venir más que del ataque, no a uno o a otro de estos efectos, sino a las raíces mismas de la racionalidad política”. Michael Foucault. Tecnologías del yo. 2. OMNES ET SINGULATIM: HACIA UNA CRÍTICA DE LA «RAZÓN POLÍTICA».

Después de esta aún breve, pero que debe permitir al librepensador, aquél que intenta deducir desde su nombre propio los caminos de su entendimiento, podrá de una manera a modo de ejemplo, que claramente nos es propio en nuestro nombre lo siguiente: De todas las formas de administrar los conjuntos de poblaciones, divididas desde la profundidad de la historia por ciertos lazos, entre  geográficos, étnicos, provenientes de las tribus más originales de la gregariedad humana, luego sometidas a las reglas de dominación, genéricamente relacionadas a las cosas de la economía y la subsistencia, o la irracionalidad de las sucesiones de personajes singulares que no entendieron su precariedad humana e imaginaron a los imperios de su poder impuesto sobre otros, egoísmo antropológico, para nombrarlo de alguna manera, y se apropiaron de territorios, de sus materiales y de sus poblaciones,  según sus antojos discrecionales, y cambiaron así la mejor de las historias posibles, en la dirección de una imposición, ya por una o por otra racionalidad,  de las lábiles mentes y por lo tanto de los cuerpos de los hombres.

Nada permite pensar clara y diferentemente que hoy día sea diferente.  Sean las auto-nombradas democracias que nada tienen que ver con su origen entre los griegos, donde cierto compromiso individual se sumergía con el colectivo.

Al modo pastoral, nuestras democracias post-modernas apelan a las mismas tecnologías sujetadores del poder pastoral que les deviene como modelo. El invento de la policía vigilante es demasiado equivalente al del abnegado pastor de ovejas.

Pero, el que se permite caminar en el camino del propio pensar, sin cejar en el intento y si caer en cualquier forma de credulidad entregada en bandeja, multiplicadamente en esta época grave hiper informada con arreglo a fines, que nunca son los propios de cualquier que se trate, ni de los diseñadores de los dispositivos que las producen. Demasiado evidente es el intento del producto: la oveja del rebaño, aunque se cambien los términos del discurso.

Dejamos hoy, aquí, con una referencia a Beckett. Esperando a Godot, entre otras obras, a un dios que nunca llega, porque no existe.

 

 

 

 

 

 

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