Ensayaremos una perspectiva entre los últimos 100 años pasados y los próximos 100 futuros. Algo ha venido pasando en la historia del ser humano y falta bastante para que algo diferente tenga oportunidad de surgir de esta parte que nos encuentra en medio de ella, se corta en el tiempo cosmológico, que es mucho para una vida en la existencia.

Se describe cosas que sucedieron, que no pudieron suceder de otra manera: la llegada del nihilismo. Esta historia puede contarse ahora, porque ya está aquí en acción.
Se avizoraba  hace  ya más de 100 años en cien signos; se anunciaba por doquier; para esta música del porvenir ya había orejas abiertas, la cultura occidental en general y la europea en particular se agitaba ya desde hace tiempo, con una tensión torturadora, bajo una angustia que aumentaba de década en década, como si se encaminara a una catástrofe; intranquila, violenta, atropellada,semejante a un torrente que quiere llegar cuanto antes a su mar, que ya no reflexionaba y temía reflexionar. Esta previsión fue enunciada por quien atrevido y muchas veces extraviado, el primer nihilista, aprendió a dejarlo tras de sí, afuera de sí. Hay que volverse nihilista para luego poder dejar de serlo. Se comienza, se llaga a un estadio, luego hay que perderlo para empezar de nuevo, ya más arriba que el anterior.

No hay que engañarse sobre el sentido del signo con el cual estas buenas noticias acerca del futuro fue nombrado: «La voluntad de poder», hacia una transmutación de todos los valores, con lo que se expresa un contramovimiento en relación tanto con el principio como con la tarea que siga: un movimiento que, en cualquier clase de futuro, destruirá ese nihilismo perfecto, pero que lo presupone lógica y psicológicamente y que no puede venir absolutamente sino de él y por él. Una transición necesaria, que empieza por el uno mismo.

El nihilismo fue necesario desde su inicio para aprender de sus últimas consecuencias, las ideas y los valores que lo fundaron deben permitir comprender el verdadero valor de esos valores, y desde allí fundar otros nuevos. ¿Qué significa el nihilismo?: Que todos los valores supremos pierden validez. Entre otras falta una meta; falta la respuesta al «porqué» así fueron las cosas y que si, a mano de las respuestas, hacerse con algo para cambiarlas.

Hacían en los inicios de esta época ya 2000 años de la vigencia ilusoria de la moral cristiana en Occidente, que:

  • Concedía al hombre un valor absoluto, por oposición a su pequeñez y a su contingencia en la corriente del devenir y el desaparecer.
  • Servía a los abogados de iglesia, en tanto que defendían al mundo como, a pesar de la miseria y el mal, con el carácter de perfección —incluida aquella famosa «Libertad»—; el mal se mostraba pleno de sentido y actualidad incluidos a sus crédulos creyentes.
  • Aplicaba al hombre un saber acerca de los valores absolutos y le proporcionaba incluso, de esta forma, un conocimiento adecuado de lo más importante para ellos, los abogados.
  • Impedía que el hombre se despreciara como hombre tal como era paea poder desprenderse de la historia que lo sujetaba, se lo inducía a que tomar partido contra la vida, que desesperara del Conocimiento, porque esos olvidos forzados eran un medio de subsistencia, con el poder que ello  confiere.

Así la moral era el antídoto contra el nihilismo en su práctica concreta y con fundamentos sofisticados. Como contrapartida aseguraba la obediencia en  que se mantenía de los más en favor de los menos. Aquellos valores “superiores” (desde arriba y poderosos frente a la debilidad), de cuyo servicio podía sobrevivir el hombre, además soportados desde lo individual de manera difícil y  desafortunada,  se constituyeron sin esa premeditación porque los objetivos eran otros, como formas de hacerlo más fuerte a las inclemencias  del modo de los mandamientos divinos, presentados como reales, como un mundo verdadero, como esperanza y premio futuro, se edificaron así sobre los hombres para los hombres con esa lógica trágica, para camellos que soportan toda carga y las inclemencias del desierto. Hoy nos parece más claro el mezquino origen de estos valores, nos parece que todo se desvaloriza, pierde sentido; pero sería, estamos diciendo, solamente un estado de transición 100 años más.

Entre las fuerzas que sustentó la moral estaba la divulgada veracidad: esta se vuelve finalmente contra la moral mejor develada, descubre su teología , su consideración interesada : y ahora la comprensión de esa mentira, encaramada hace tiempo y de la cual no esperamos poder despojarnos al menos sin cierta dificultad, actúa precisamente como estimulante. Ahora verificamos en nosotros mismos, internalizadas a través de la larga popularidad moral, necesidades que nos parecen como exigencias de lo no verdadero: por otra parte, son estas necesidades a las cuales parece estar unido un valor, las que hacen que soportemos la vida. Este antagonismo —no estimar lo que reconocemos y no poder estimar ya aquello sobre cuya naturaleza nos gustaría engañamos— trae como resultado un proceso de desintegración. Principio del nihilismo, como se mencionó necesario, para luego trascenderlo.

Teología:

Este término fue usado por primera vez por Platón en La República para referirse a la comprensión de la naturaleza divina por medio de la razón, en oposición a la comprensión literaria propia de sus poetas coetáneos. Más tarde, Aristóteles empleó el término en numerosas ocasiones con dos significados:

  • Principio como denominación del pensamiento mitológico inmediatamente previo a la filosofía, en un sentido peyorativo, y sobre todo usado para llamar teólogos a los pensadores antiguos no-filósofos.​
  • Teología como la rama fundamental y más importante de la filosofía, también llamada filosofía primera o estudio de los primeros principios, más tarde llamada metafísica por sus seguidores y que para distinguirla del estudio del ser creado por Dios, nace la filosofía teológica que se la denomina también teodicea o teología filosófica.

Entenderíamos a partir de estas breves referencias antes de los 2000 años de la moral cristiana, que el pensamiento venía más sencillamente encaminado hacia senderos más luminosos, abiertos a el nuevo descubrimiento que era esa cuestión del pensar.

Tiene una lógica el pesimismo hasta el último nihilismo; ¿qué es lo que empuja aquí? El concepto de la falta de valor, de la falta de sentido: si se pregunta hasta qué punto los valores morales están dentro de todos los demás altos valores el resultado convenientemente razonados serían: los juicios morales de valor son condenaciones, negaciones: la moral es la renuncia a la voluntad de existir. Lo que suena claramente fuerte, para entender 2000 años de moralismo esclavizador.

Surge el nihilismo como un  asunto  psicológico, cuando se ha aplicado una forma de totalidad a las mayorías, en forma sistematizada incluidas la organización de todo lo que puede suceder, se representa así como modo  de supremo dominio y gobierno, entonces se deleitan las almas deseantes de admiración y gloria (y si fuera la de de un lógico, le alcanzará el efecto de lo  absoluto y una dialéctica de lo real para explicarlo todo).

Se trata de una forma de unidad,  demasiado fijada, que provoca como consecuencia la fe del hombre en un sentimiento profundo de conexión y dependencia de un «todo» infinitamente superior a él, la confirmación de la divinidad… «El bien de la totalidad requiere la entrega del individuo»…

¡Pero hay que darse cuenta que no existe tal totalidad! En el fondo, el hombre ha perdido la creencia en su valor, cuando a través de él no actúa un todo infinitamente precioso: es decir, ha concebido un todo semejante, para luego perderlo y para poder creer en su propio valor. Y luego ponerlos en actos. Los próximos 100 años.

Hay hoy día agotamiento. Se piensa primariamente como que si nos han mentido tanto y en general fuimos crédulos, entonces está permitido entonces todo, cualquiera habla, supongamos por sí mismo, y uno de los deportes favoritos es el decir sobre los otros, cualquier juicio personal debe ser tan válido como el que se impusiera en épocas pasadas, se juzga sin premeditación acerca de uno mismo y con predeterminación de condena de los demás, se zarandean el microfísico lugar de poder ante el rostro de los demás, se niegan los valores anteriores pero no se los reemplaza por nuevos. No se respeta y por lo tanto no se lo espera, se erigen en auto-monumentos quienes no son más que hombres nihilizados, se escamotea la humildad contraponiendo orgullo y soberbia, la honestidad se ha convertido en un chiste, la antigua piedad ha sido reemplazada por su opuesto “el que me importa que te pase”, dos caras de una misma moneda, falsa.

Los anteriores viciosos, los locos, los criminales, los anarquistas, que no pertenecían a las clases oprimidas, se han vuelto sobre sí mismos en nuevos lugares aceptables en donde nada vale. Viciosos somos todos hoy día, esta época está plagada de adicciones de todas las tonalidades, de hecho son el color de lo cotidiano. Drogas, ansiolíticos, fortalizantes,  consumismo para los que puedan reforzados por las nuevas maquinarias tecnológicas del marketing, incluido claro está el político, pasiones hacia todo circo tan organizado como la antigua divinidad, y siempre con el doble fin de distraer a las masas y de hacer buenos negocios.

El crimen en su estado natural, es irreprimible, mientras que otras formas criminales se han sofisticado ya que matan en vida a los que se desprecian por diferentes, por pobres, porque tienen hambre o no pueden pagar los servicios de salud para curar sus enfermedades. Largas luchas contra la discriminación han dado resultado, el triunfo de la discriminación. Es además empleado, con la misma lógica que explicaba fundamentadamente la tensión del eterno todo con la dialéctica de lo real. Arma amarilla preferida por los mass media, que resuelven concienzudamente los casos de criminalidad explicando la responsabilidad de los criminalizados, en favor del nuevo orden desordenado que conviene a la época.

Lo que antes se llamaba anarquistas, contrarios a toda forma de gobierno, se actualizan en casi toda la sociedad hoy día, no gobernar es la forma de gobierno. Mejor que cada uno en su individualidad no requiera más que de sí mismo, que no moleste más en las oficinas de administración creadas para ayuda de la gente, que no espere ayuda si la necesita, porque además ya sabe que no la va a obtener.

Los anteriores deshechos de la sociedad absoluta, hoy los somos todos. En lugar estar locos hoy padecemos de esquizofrenia por que no hay realidad con la que contactar o contar. En el análisis de que todos nuestros estratos sociales han sido permeabilizados estos elementos,estamos transitando el entendimiento que la sociedad moderna no es una «sociedad», no es un «cuerpo», sino un conglomerado enfermo de chandalas (parias. menos que esclavos), una sociedad que ya no tiene fuerzas para la excreción (débil y mal alimentada).

Hasta qué punto, a través de la vida en común durante siglos, la enfermedad se ha hecho más profunda. Síntomas de la enfermedad son:

  • La virtud moderna
  • La espiritualidad moderna
  • Nuestra ciencia

Hay nuevas formas de estados de corrupción. Y requiere cierto trabajo de comprensión detectar las relaciones entre todas las formas de corrupción, y, entre ellas, no hay que olvidar la corrupción cristiana (Pascal como ejemplo), ni la corrupción socialista-comunista (una consecuencia de la cristiana); la más alta concepción de la sociedad en los socialistas es, desde el punto de vista de las ciencias físicas y naturales, la más baja en la jerarquía de las sociedades; ni la corrupción del «más allá»: como si fuera un mundo real, y no el que es el del devenir, el del estar siendo.
Estamos en un punto en el que no puede haber ningún armisticio: aquí hay que eliminar, destruir, hacer la guerra; hay que desenmascarar aún en todas partes la medida cristiano-nihilista de valores y combatirla bajo todos los disfraces en que se esconde… en la sociología actual, en la música actual, en el pesimismo actual (formas todas del ideal cristiano de valores). O lo uno o lo otro es verdadero: verdadero, es decir, que eleva el tipo humano…
El sacerdote, el pastor de almas, es el modelo a rechazar de la existencia, sea en la forma que fuera que adquiere. Toda la educación fue hasta ahora inútil, inconsistente, sin orientación ni punto de apoyo, llena de contradicciones en cuanto a los valores, los nuevos que deberán realizarse en 100 años más.

 

 

 

 

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