Gracias a Santiago Varela y Tato Bores, actualizados en este plagio, como un reconocimiento, 25 años después

La responsabilidad de todo lo que pasa es de los ministros de economía y finanzas, que adhieren a modelos ya devaluados para el neoliberalismo que se terminó en el 2008, como si no lo supieran. Dijo un panelista.

Los actuales ministros explican con cierta sabiduría y discurso difícil que de ninguna manera, mientras buscaban como poder financiar el déficit fiscal, sin estar para nada arrepentidos de estar en esos lugares por el poco tiempo que les toca, nunca lo dirán, pero sus ahorros ya le alcanzan para hacer que les plazca cuando vengan otros a reemplazarlos mientras piensan para sus adentros: Pobres no saben lo que les espera. Finalmente explican, ya en términos más vulgares, la culpa de todo la tienen que evaden los impuestos. Si esos hubieran pagado al día sus impuestos, hoy seríamos un país floreciente.

En otro reportaje, el más renombrados de los empresarios locales, bien vestido, y con cara dura, sabiendo que sus negocios después de comisiones y gastos, eran sus entradas disfrazadas en facturaciones subvaluadas y las tasas de interés que cobraban del sistema financiero, mientras impagaban toda clase de obligaciones, además que buena parte de esos intereses, dolarizados, se los transferían a cuentas off shore, imposible de ser detectadas, decía no se evade nada, lo que ocurre que la carga impositiva es tan alta que si la pagáramos no podríamos pagar los sueldos de los empleados.
Ese señor miente, desmintió la oficina de rentas nacionales, mientras pensaban como concretar un nuevo impuesto al uso del aire por todo concepto, incluida la respiración. Agregando que en el fondo de la cuestión eran los proveedores del estado los mayores responsables, que con sobreprecios exagerados, se llevaban la mayor parte del dinero de la cuenta de gastos corrientes, que luego no cubría las cargas sociales ni los sueldos del empleo público, ni hablar de inversiones necesarias para hacer más eficiente el giro económico para llegar a un país más competitivo a escala internacional, lo que continuaba desfavoreciendo la balance de importaciones y exportaciones, además de atentar con las fuentes genuinas de trabajo.
Las cámaras empresarias entonces reaccionaron casi de mala manera mientras elucubraban como cobrar entradas de cualquier entidad pública, para hacerlas más amables a los enfermos, escolares, jubilados, o cualquiera que debiera presentarse en alguna de las oficinas oficiales, para el trámite que fuera, y sostuvieron que para ellos que defendían las fuentes genuinas de trabajo, la culpa de todo la tienen los que lucraban con las finanzas del estado obligado a pagar altas tasas de interés para mantener en caja el déficit del estado a costa de endeudamiento, y a beneplácitos de los bancos intermediarios.
Esas son calumnias, señaló un banquero reconocido en un programa de noticias de actualidad, mientras recordaba haber depositado los ahorros de su madre y otros familiares a un plazo de siete días renovable, que acumulado rendía fortunas si la situación se mantenía en ese estado de cosas. Y como además de reconocido banquero era muy católico adicionó de su propia estructura mental que, y bien empleada la palabra en este caso, que la culpa de todo la tenían los pecadores corruptos que no tienen moral.
En eso está equivocado dijo un diputado famoso por su negociados cuando fue ministro, comprando caro cosas baratas a proveedores contratados directamente, sin compulso ni licitación alguna, porque los dictámenes jurídicos así lo justificaban, mientras se vendía a cien dólares cada libro de su autoría que se tituló “Haga su emprendimiento, sin necesidad de trabajar”. De su capital intelectual completaba la discusión mencionando que en un análisis más profundo de la problemática en su conjunto de factores el problema de raíz histórica era la burocracia que hace aumentar el gasto público.
Consultados algunos empleados públicos mientras hacían tiempo con su celular, Pokemon y alguna red social, mientras los papeles se apilaban en su escritorio, dijeron algo más o menos común, que la culpa de todo la tienen los políticos que prometen una cosa para todos y hacen otra para ellos.
Un diputado de la mayoría, en una entrevista exclusiva en un medio muy rankeado, explicaba que lo de los empleados públicos eran mentiras, que luego aprovechaban los sindicalistas para forzar aumentos salariales inmerecidos, y el periodista le preguntaba porque su asistencia al congreso era llamativamente baja, o si no se consideraba también un empleado público. El diputado se sacó diciendo que la culpa de todo la tienen los dueños de la tierra que no nos dejaron nada. Al periodista no se lo volvió a ver por los medios más conocidos por aquél tiempo.
Eso es una exageración de mal gusto, escribió en una revista para Agroexportadores un terrateniente heredero de un cabo de de la época de Roca, pero no escribió que mientras contestaba al comentario del diputado, que estaba contabilizando mentalmente hectáreas, vacas, ovejas, peones y añoraba sus largas estadías en anteriores viajes a Francia y el placer que causaba el reconocimiento de la élite por sus buenos gustos y derroches en fiestas de gala. Culminaba su artículo que el problema provenía de los comunistas.
Eso es perverso comunicó el comité de la izquierda local, redirigiendo la mirada a todo lo que tenía que ver con el trotskismo.
Falso de toda falsedad, dijo un ex-ministro reconocido como trotzksta en la administración anterior, mentado ex-guerrillero mientras recordaba los atentados cometidos para salvar a la humanidad, y recordó a los analfabetos que la culpa de todo la tienen los fascistas.
Sois mala gente dijo un fascista mientras quemaba una una librería. Se olvidan que la culpa de todo la tienen los judíos.
Eso es racismo dijo un sionista en una encuesta callejera mientras miraba feo a un coreano recién llegado que vendía telas en la calle. La culpa de todo la tienen los curas que siempre se meten en lo que no les importa.
Eso es un sacrilegio dijo un obispo mientras escribía sermones típicos para que los sacerdotes los aplicaran como modelos de influencia colectiva en sus misas y sermones, y aprovechó para señalar que la culpa de todo la tienen los científicos que creen en el Big Bang y no en Dios.
Claramente es un error producto de una cuestión mítica como es la credulidad, señaló en la entrevista un científico mientras su cabeza seguía pensando en un arma eficiente matar más gente en menos tiempo con menos ruido y mucho más barata, que era una necesidad a cubrir en estas épocas de tanto terrorismo e inseguridad, agregaba que desde su experiencia y razonamiento científico, la responsabilidad original sobre todo la tienen los padres que no educan buen a sus a sus hijos.
Divulgado lo anterior, e inquirido un padre a la entrada de una escuela dijo mientras trataba de recordar cuántos hijos tenía exactamente, porque no todos eran legítimos, la culpa de todo la tienen los ladrones que no nos dejan vivir.
Un ladrón de gallinas en su entrada a la comisaría le dijo a un periodista mientras arrebataba una cadenita a una abuela que estaba mirando de puro curiosa, la culpa de todo la tiene los policías que tienen el gatillo fácil y abundantes regalos de los comerciantes del barrio .

Nada de eso dijo un policía muy conocido porque primero tiraba y después preguntaba. La culpa de todo la tiene la Justicia que permite que los delincuentes no se retengan en la cárcel sino que son liberados rápidamente.

Esas son calumnias de ignorante dijo un juez mientras agregaba un nuevo expediente de más de quinientas sobre la pila de los anteriores. La culpa de todo la tienen los militares que siempre se creyeron los últimos guardianes de la legalidad y salvadores de la patria.

Mentira, dijo un coronel mientras mandaba a su asistente que fuera preparando el tiempo para el fin de semana. La culpa de todo la tienen los jóvenes de pelo largo, aque no respetan nada.

Están locos, respondió un joven pescado en la calle por un aprendiz de periodista que quería ser mostrado por la televisión, y pedía explicaciones de por qué para ingresar a la facultad convenía saber leer y escribir. La culpa de todo la tienen los ancianos por dejarnos el país que nos dejaron.

Pobres ignorantes dijo un señor mayor mientras explicaba que para volver a las viejas buenas épocas nada mejor que una buena guerra mundial. La culpa de todo la tienen los periodistas porque junto con la noticia aprovechan para contrabandear ideas y negocios propios.

Eso es censura, respondio el peridismo en geeneral. Uno en particular dijo mientras estaba expectante a lo que seguramente aparecería en las noticias del día siguiente por la alguna violación o el asesinato nuestro de cada día. La culpa de todo la tiene el imperialismo.

Eso no es cierto dijo un imperialista mientras cargaba en su barco un trozo de territorio con su subsuelo, su espacio aéreo y su gente incluida, la culpa la tienen los cipayos que nos permitieron llevarnos hasta el gato.

Fácil es descargar responsabilidades alegó dijo un cipayo que vendió a su hija en el mercado de la prostitución mientras marcaba en un plano las provincias más rentables. La culpa de todo la tiene Magoya, que es argentino.

Eso es ridículo dijo Magoya acostumbrado a estas situaciones. La culpa de todo la tiene Montoto. (nadie en el mundo es Montoto)

Sois unos cobardes, hubiera dicho Montoto que de esto también sabía un montón. La culpa de todo la tiene la gente como vos(yo) por escribir estupideces.

Paren, piensen dénse su tiempo, reflexionen, morense un poco hacia adentro, apelé mientras me protegía detrás del Obelisco. Ya sé quien tiene la culpa de todo. La culpa de todo la tiene El Otro.

Y todos acordaron, El señor tiene razón: la culpa de todo la tiene El Otro!!!

Al final, después de euforizarse un rato, romper algunas vidrieras y/o pagar alguna solicitada, y/o concurrir a algún programa de opinión en televisión (de acuerdo con cada estilo), nos marchamos a nuestras casas por ser ya la hora de cenar y porque el culpable ya había sido descubierto.

Mientras nos íbamos no podíamos dejar de pensar: que hijo de puta resulta ser el Otro.

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