De la Tercera Parte de la Ética demostrada según el orden geométrico. De Baruch Spinoza: DE LA NATURALEZA Y ORIGEN DE LOS AFECTOS

Hay que leerlo a Baruch, aunque recortamos lo que nos interesa deletrear este momento, porque algo duele.

PROPOSICIÓN 11
La idea de todo aquello que aumenta o disminuye, ayuda o reprime la potencia de actuar de nuestro cuerpo, aumenta o disminuye, ayuda o reprime la potencia de pensar de nuestra alma.

Sigue en el orden geométrico según la lógica empleada por Spinoza, paradigma vigente desde el racionalismo de Descartes, un escolio, del que abreviamos nuestra entrada a está página. En el S XVII todavía es preponderante la fuerza de lo cristiano y la fe en su, ilusorio, Dios. El mismo Descartes confusamente se obliga a demostrar la existencia de tal Dios, so pena equivalente a las de Nicolás Copérnico, Giordano Bruno o Galileo Galilei, desde su inicio como físico y matemático, el del “pienso, luego existo”.

No mucho después, Baruch Spinoza nacido de familia judía , educado  en esa comunidad en Ámsterdam, donde se conservaba una interesante tolerancia religiosa, a pesar de la influencia de los  clérigos calvinistas. Joven, Spinoza mostró una actitud bastante crítica frente a estas enseñanzas y amplió sus estudios por su cuenta en matemáticas y filosofía cartesiana. A esto se agregan las influencias del grupo de los ‘colegiantes’ (cristianos liberales protestantes neerlandeses), así como de heterodoxias judías hispano-portuguesas de donde provenía su familia.

Muerto su padre en 1654, Spinoza no tuvo ya que mantener oculto su descreimiento por respeto a la figura paterna. Fue entonces censurado y expulsado por la comunidad judía y desterrado de la ciudad. Ya entonces había renunciado jurídicamente a toda herencia familiar, y experimentaba el dolor de la discriminación y el destierro por solo pensar por cuenta propia.

El Dios que nombra Spinoza, si se lo leyera debería ser reemplazado en forma directa por la palabra y concepto de Naturaleza, pero como muchos en su época obedeciendo a las reglas del juego, en la que deben hacer trucos, se las ingeniaron para que aun cumpliendo con las reglas admisibles poder expresar su visión, tanto en las letras, las artes, y en el caso de Baruch en el terreno de lo filosofía. Fueron astucias a las se hubo de apelar para expresarse a sí mismos, pero que señalan una vez más los mecanismos de sujeción y control que el poder de turno ejerce, aunque la inteligencia luego los eluda, del modo en que pueda hacerlo. Un mini escolio aquí sería, que lamentablemente las instituciones convencionales, entre ellos la cristiana, aún permanezcan vigentes y que la inteligencia deba malgastar su tiempo en su eludimiento.

Su Ética es más una ontología, que se mueve en el terreno cercano de las cosas tal como son, Por eso fue catalogado, y como todo componente de catálogo, inexacto, de panteísta.

El panteísmo es una concepción del mundo y doctrina filosófica según la cual el universo, la naturaleza y cualquier deidad que se llame Dios son equivalentes, es el truco necesario, y  casi como en Aristóteles. El panteísmo no estipula a un ente como dios, sino que La ley Natural, la existencia y el universo (la suma de todo lo que fue, es y será) se representa por medio del concepto teológico de eso que las religiones nombran como «Dios». Pero tengamos claro que el concepto así nombrado no significa nada más que la entidad de la Naturaleza, temida desde el inicio, y a la que fantásticamente convendría desde los mitos animar, darle animismo al modo de ser humano pero de existencia sobrenatural, y poderosa, y a la que obedecer. Extraña paradoja inicial, se fantasían dioses o héroes fantasmales, se los dota de un alma sobrenatural, y luego se los obedece, lo que da que pensar.

Por un momento atendemos a la concepción de alma en el léxico spinoziano: “En el alma (el atributo del pensamiento) no se da ninguna voluntad [*] absoluta o libre, sino que el alma es determinada a querer esto o aquello por una causa, que también es determinada por otra, y ésta a su vez por otra, y así al infinito”.

No es para nada el alma animista, es el más puro pensamiento debido a causas que corresponden a su propias causas, incluido el deseo, al infinito. Era novedoso el concepto de infinito en su época, pero luego de alguna manera formalizada y-o desmentida por las futuras matemáticas.

[*] Entendiendo en su forma de decir las cosas que el entendimiento y la voluntad son a esta o aquella idea u otra aquel deseo, como es la petreidad es a esta u otra piedra, o como es hombre un Pedro o un  Pablo, y lo mismo en cuanto a las causas de por qué los hombres se creen que son libres.

Sería en esta forma de hablar de aquella época, los hombres, algunos creen en Dios, otros se creen que son libres. Es el preludio de lo que luego Nietzsche expusiera parcialmente, desde su lugar como Verdad y mentira, en un sentido extramoral.

Nace la preguntar: ¿Y que tienen que ver Spinoza, o Nietzsche  con el país que decimos que duele? Y es una buena pregunta.

La primerísima respuesta es solicitada a entender a que se intenta significar con la cuestión del dolor. Duele a veces el cuerpo, y casi se equivale que a veces duele el alma.

El ser argentino histórico replicará: No me jodas (en el el sentido común en el lenguaje corriente del país). No vengas con cuestiones filosóficas, si nosotros ya hemos sufrido demasiado y nos hemos repuesto tantas veces. Somos del mejor país del mundo.

Así, entonces, nuestra percepción adquiere una señal.

Ya desde antes venimos tratando de dar al entendimiento propio que pensar tiene un significado de lo que que hay que aprender, un poco más allá del solo uso de las palabras que ya se dicen, en lo corriente, porque las palabras son como señaladores que indican al pensamiento que aún no piensa en sí mismo a acercarse al camino posible de hacerlo. Pero no volveremos sobre Heidegger ahora.

La pretensión, el objeto, es por lo tanto no directamente catalogar el inventario de dolores y sus causas, sino despertar el alma corriente del ser habitante de este país, para convertirnos en más amigables, entre unos y otros, sin fronteras y sin discriminación de cualquier especie, más honestos con uno mismo, más pensadores como lo fuimos reconocidamente en algún momento, más serios en el sentido de comprometidos, que no invalida la alegría.

Lo que aumenta la potencia del alma, y por lo tanto del cuerpo, causa el afecto alegría. Lo contrario causa tristeza, y por ello apelamos a la Ética de Spinoza. Y decimos, este país duele, porque causa tristeza.

En el sentido spinoziano se nos aparece, en cuanto sensación entre histórica y cotidiana que este es un país triste, que provoca dolor. El tipo estándar argentino tiene un deporte nacional: la queja. Y una paradoja como slogan: ser argentino es ser orgulloso y hasta la pedantería de serlo, aunque se sufra por ello.

La pedantería argentina es famosa en el mundo. otros pueblos suelen repelernos por ello,  tenemos fama de “piolas*” y “cancheros*”, que nos las sabemos a todas e imponemos nuestras razones sin razón, porque a ver, al final de cada día nadie, individuo, la tiene.

[*] Piola :

La palabra piola tiene una variedad de significados, pero en general se refiere a alguien inteligente, hábil o astuto. Piola también puede ser utilizado para describir a alguien agradable o amistoso, de naturaleza tranquila o relajada, o alguien que está en la moda o que se siente grandioso. Hay muchos chistes sobre argentinos relacionados con ese auto sentimiento de grandiosidad.

Cuando piola se une al verbo quedarse, la frase adquiere el significado “estar o quedarse tranquilo” (los jóvenes de aquí lo entenderán mejor cómo hacerse el boludo). También se utiliza la frase hacerse el piola, que es una expresión que significa ser engreído, presumir o “hacerse el tonto”.

[*] Canchero:

Ser canchero es como saberselas todas, ser un capo. Creerse el cuento de ser genial.

Se puede seguir al infinito tratando de describir el “ser” argentino estándar. Para nada debe sonar extraño el uso del lunfardo en su descripción sensible al alma cotidiana. El lunfardo nace como jerga de delincuentes que se desarrolló principalmente en Buenos Aires a finales del siglo XIX y comienzos del XX, y que tomó palabras de las lenguas que hablaban los inmigrantes recién llegados al Río de la Plata; muchos términos de esta jerga forman parte hoy de la lengua coloquial rioplatense, como encarnación de la delincuencia original.

Somos delincuentes, nos robamos todo, robamos hasta lo robado. Perdimos la capacidad de hablar como la gente. No las creemos feo, se diría en la forma viva de la in-elocuencia que nos atraviesa hoy día.

Somos los “vivos criollos”, a todo nivel social.

La Viveza criolla es una frase o expresión que tiene forma fija, tiene sentido figurado y es de uso común por la mayoría de hablantes de una comunidad lingüística, en todos los niveles sociales y culturales del español de sello particularmente argentino, que describe una especial manera de enfocar la vida. La llamada viveza criolla, cuyo significado es muy claro en la zona de influencia del Río de la Plata ha sido señalada por algunos como una de las causas principales de la profunda crisis política, social, y económica, que soporta desde casi siempre este país, del que además nos quejamos. Somos pedantes, pero nos quejamos por ello. Casi como volver a las cavernas.

La expresión contempla y engloba una especial filosofía de vida, de querer siempre obtener alguna ventaja, de querer siempre recorrer la línea de mínima resistencia y mayor comodidad, y se extiende todos los niveles socioeconómicos, priorizándose este aspecto respecto de cuestiones éticas, morales, y de todo “principio” (las comillan indican la multiplicidad del sentido).

La “viveza criolla” incluye :

  • Falta de respeto para otros e indiferencia al bien común, en un marco de intereses principalmente individuales o a lo sumo familiares.​
  • Existencia de una notoria corrupción política  y administrativa, más o menos extendida en todas las instituciones nacionales, y bajo muy diversos aspectos, y entre otros, apropiación de fondos públicos por parte de funcionarios y jerarcas deshonestos, favoritismos de todo tipo, mala administración de recursos estatales, atención de cuestiones personales y familiares desde los propios puestos de trabajo, etc.
  • Individualismo extremo con mezcla de confianzas  y desconfianzas que fomentan intrigas , y con cierta ligera capacidad de cooperación y acompañamiento en objetivos socio-comunitarios, con la finalidad tal vez de parecer otra cosa, o de desviar la atención, o de intentar lavar las propias culpas​ (la confianza en las personas es un componente clave de capital social, que es básico para el desarrollo económico y el apropiado funcionamiento de las instituciones democráticas, pero si el mismo falla y en forma generalizada, todo suele derrumba, y como ejemplo es la historia económica de este país).​
  • Anomalía o debilitamiento de la  moralidad, y frecuentes desviaciones sociales, como el punto de partida de la general aceptación de un comportamiento anómalo de la sociedad, y demasiadas veces su jerarquización.
  • Hábito generalizado de culpar a los otros y/o a las circunstancias como forma de disimular los propios errores.

Lo que se expone es público y global. Y entendiendo que la exploración puede seguir indefiniblemente, lo que interesa es llegar a poder pensar estas cuestiones, en lo propio y esperaríamos, irónica o utópicamente, en los demás compatriotas, cuando la patria parece haberse diluido en  demasiados discursos entre mediocres o sin sentido, sobre todo en los sectores políticos y mass-mediáticos, y luego difundidos en la masa obediente como los hombres del mito adoraban a sus creaciones sobrenaturales.

Toda cuestión cotidiana está plenamente impregnada en las relaciones de todo tipo que se producen a cada minuto de la vida de los habitantes de este país, nadie ayuda a nadie, ni siquiera a sí mismo, falta grave de gravedad para la inteligencia de los que tratan de aprender a pensar en forma propia.

Veamos, el piola, el astuto, los 15 Los chantas, los 16 Charlatanes de Feria, los cancheros que frecuentamos en exceso todavía, son los que nos encontramos apenas cruzamos la puerta de nuestra casa, si es que la tenemos, y eso consume potencia minuto a minuto, provoca tristeza, y el consecuente afecto de dolor. Este país duele, como se lo quiera ver.

Deberíamos asumir que el estereotipo argentino de los últimos años da vergüenza. Es el producto de modos de ser insistentes. Hay que reconocerlo para estar en condiciones de conseguir alguna oportunidad de reparación, si es que estuviéramos a tiempo de hacerlo.

Duele que popularmente al “vivo”, o pilo, o canchero, y más si hizo fortuna o logró popularidad, sea jerarquizado, admirado, respetado y sobrepagado por su forma de actuar.
Hay anécdotas. Un argentino paseaba por una ciudad de España. Conducía un auto alquilado mientras se burlaba de  los gallegos. A toda velocidad pasó una luz roja. El motorista de la Guardia Civil lo persiguió, lo alcanzó, lo hizo detener y preguntó:

–Usted es argentino, ¿verdad?

–Sí, soy argentino. Pero ¿qué pasa, viejo. ¿Nada más que los argentinos pasamos con luz
roja?

–Pues no. Pero sólo los argentinos ríen cuando lo hacen…

Es visible que nuestros compatriotas se esmeran en cometer travesuras dentro y fuera del país que revelan un arraigado conflicto con la ley, falta de respeto hacia los demás, egoísmo, soberbia. En algunas partes nos hacen burla con cariño y en otras nos atacan con odio.

Concluyendo, y habiendo partido de las proposiciones Spinoza, cuando las partes que no se componen disminuyen la potencia del cuerpo y del alma, se entristece y eso duele. Un país en el que la sola idealidad de los contenidos de pensamiento y por lo tanto sus efectos físicos, que generan afecciones tristes en el cuerpo, casi como enfermedad o malestar sin explicación, serían, a nuestro entender solo defensas provocadas por el mismo miedo a lo natural, que sentían los pueblos de eras míticas, una defensa visceral a lo que tiene poder sobre cada uno de nosotros, se lo identifique o no, se lo pueda nombrar o no, se lo pueda pensar o no.

La petulancia, la agresividad y   el carácter impositivo, no serían sino mucho más que mecanismos de defensa al intenso miedo, hacia uno mismo y al mundo que hace frente, que los argentinos crean como barreras al simple hecho de la existencia. La historia de los habitantes de este país sería la de que tenemos miedo, y lo enmascaramos en las formas astutas que sólo brevemente hemos intentado ejemplificar.

El inventario de casos y ejemplos es tan profuso como cada día en los últimos 200 años. Solo hay que leer los libros para enterarse, pero incluso la lectura se ha devaluado últimamente. Ya no leemos ni a nuestros literatos, no tenemos filósofos, solamente parecen popularizarse los formatos mass-mediáticamente difundidos, bajo el modelo globalizante, que entendemos, disfrazan ese miedo que provocan las conductas sujetadas desde sus propias defensas que adquieren forma en una clase de liberalidad  causada, antinatural, mediada, que anestecia el dolor , lo revierte en formas artificiales de alegría obediente a la regla: te dejamos vivir, como esclavo alegre, hasta que te mueras.

Un argentino honesto diría: Tengo mucho miedo, pero no se me va a notar.

Sin dudas, un país como este, de gente alguna vez inteligente, no puede sino provocar tristeza, y su afecto concomitante: el dolor. La vida argentina es un tango, engañados, traicionados, melancólicos y tristes, porque siempre alguien nos jodió. Es paradójico, tenemos miedo, lo reprimimos y nos acorazamos como “vivos” (piolas, cancheros, soberbios y petulantes) de toda naturaleza.  En esa viveza, seguramente jodemos a medio mundo, pero cuando nos toca ser los jodidos, no solo echamos las culpas afuera, sino que además nos quejamos. Seguiremos buscando formas de solución desde lo más propio que se nos presente, pero como ser social, no es fácil entrever alguna solución, al menos que hoy podamos empezar a pensar.

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