21 Las deudas

El 12 de Mayo de 1796, el General Napoleón Boaparte avanza, durante la campaña de Italia, hasta el pueblo de Tavazzano. En la niña en el que se aloja, se encuentra también una dama que resulta haber interceptado antes de que llegue a su destinatario un sobre dirigido al general. El mismo contiene una carta de amor de Josefina a un antiguo amante, en el momento miembro del gobierno. El oficial que portaba el sobre reconoce a la ladrona que se había disfrazado de hombre. Ella lo niega, pese a las reticencias de Napoleón que insiste en recuperar el documento, cuyo contenido desconoce. Ella se resiste, porque supone que, de hacerse público, supondrá el fin de la carrera del militar. (Sinopsis de El Hombre del Destino, de Bernard Shaw)

Basta con que haya distracción, basta con que la inteligencia se deje ir, para que sea arrastrada por la gravitación de la materia.

Es más fácil compararse, establecer el intercambio social como ese trueque de gloria y de
menosprecio donde cada uno recibe una superioridad como contrapartida de la inferioridad que confiesa.

Jaques Ranciere. El maestro ignorante

 

 

La cortísima puesta en un acto del Hombre del Destino, entendemos que ayuda, aunque no seamos el Napoleón personaje de la misma, según el ingenio de Shaw. Vale.

Mucho se ha dicho y escrito acerca de la deuda (de cualquier condición pero sobre todo la económica) desde hace al menos cinco mil años. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad —explícita en la de los imperios y los Estados— se ha dicho a la mayoría de los seres humanos que eran deudores. Historiadores, y curiosamente los más dedicados a la historia de las ideas, se han mostrado extrañamente(¿?) “mudos” al analizar las consecuencias sobre el hombre concreto; y quizá se pueda interpretar que por ello probablemente ha permitido demasiados ultrajes y resentimientos. Si se le dice a la gente, raro será que agrade, pero en cierto modo estos estos ultrajes y resentimientos  no suelen llevar unívocamente a revueltas o protestas de algún tipo. Digasáles que son potencialmente iguales pero que han fracasado, y que incluso lo que tienen no les pertenece, que no es suyo en justicia, y aun así  muchas veces no se logre indignarlos. Esto es lo que la historia parece esta enseñando. Durante miles de años, la lucha entre ricos y pobres ha tomado en gran parte forma de conflictos entre acreedores y deudores, de discusiones acerca de las ventajas e inconvenientes del pago de intereses, de la servidumbre por deudas, condonaciones, restituciones, recuperaciones, confiscación de ganado, apropiaciones de viñedos y venta de los hijos del deudor como esclavos, cuando no dá para discutir nada, y menos las ventajas. Por la misma razón, durante los últimos cinco mil años, y con una cierta regularidad, las insurrecciones populares han comenzado de la misma manera: con la destrucción de los registros de deudas (tablillas, papiros, libros, cualquier forma que tuvieran en las diferentes épocas y lugares). Tras ello, los rebeldes solían ir a por los registros de posesión de tierras y los cálculos tributarios. Todos los movimientos revolucionarios de la Antigüedad tenían un mismo programa: «Cancelar las deudas y redistribuir la tierra». Pero eso sucedía antiguamente, hoy día,  modernamente, la resignación es más frecuente.

La versión económica-histórica estándar tiene poco que ver con nada de lo que a la cotidianeidad que hace frente: cómo se actualiza en lo real la vida económica en las comunidades y mercados presentes, en casi cualquier lugar, es mucho más probable ver que todo el mundo debe a todo el mundo de una docena de maneras diferentes, y que la mayoría de las transacciones se llevan a cabo sin uso de moneda fiscalmente aprobada, y muchas veces no hace falta moneda.

Desde Marx “la lucha de clases se despliega y se concentra hoy en torno a la deuda.”. Lazzarato lo describe así desde una tradición teórico-política marxista pero atravesada por las influencias de la filosofía francesa de la segunda mitad del siglo XX, particularmente desde Foucault y Deleuze-Guattari. Y es buena oportunidad de ir acercándonos a estos pensadores, que no pueden ser calificados de postmodernos en el paradigma vigente.

La lucha de clases se desplaza vigentes las políticas neoliberales desde capitalistas y proletarios hacia acreedores y deudores, con el mismo objetivo: la propiedad, pero con un funcionamiento que atraviesa toda la sociedad y que permite nuevas formas de acumulación y explotación, aunque el resultado sea el mismo. Hay que reconocer la inteligencia y creatividad aplicadas en pos de ese objetivo, que desde nuestro más humilde lugar podemos pensar casi como perversas. Entra también en juego el que la deuda pública (de estado que las toma) sea una herramienta de macro endeudamiento social que profundiza “diferencias de clase, o la nomenclatura que se imprima en los nuevos inventos de confusión masiva. Si puede denominárselos estadistas a los que deciden endeudar un país desde su gobierno  (de la forma que fuera), resulta tarea fácil, los deudores finales son las poblaciones concretas, cuando los que la decidieron ya se pusieron a cubierto para sus casos individuales. Y duele pensar que esas deudas que mayorías heredan, puedan llegar a usarse además como mecanismo de influencia política, a través de actos que convenzan a alguien para volver a votarlos o re-elegirlos en el caso de las democracias. Es doloroso, por perverso.: volver a elegir a los que nos endeudan.

Lazzarato escribe su obra “La fábrica del hombre endeudado” desde la crisis europea, que muestra el fracaso de las promesas de la new economy de los ‘90s y la consecuencia una triple desposesión: “desposeídos de un poder político ya débil, concedido por la democracia representativa; desposeídos de una parte creciente de la riqueza que las luchas pasadas arrancaron hacia la acumulación capitalista, y desposeídos, sobre todo, del futuro, es decir, del tiempo, como decisión, como elección y como posibilidad.”

Poder político, capital económico y posibilidad de acción. Así vemos surgir una “figura subjetiva” que toma protagonismo: el hombre endeudado. Lo que pretende Lazzarato es hacer una genealogía de esa figura y analizar las dinámicas que lo forman.

Mientras caen las figuras prometidas como la del emprendedor o el jefe de sí mismo, aparece la demanda de que todos nos hagamos responsables de las deudas que en épocas de crisis externalizan hacia la población las empresas y el Estado, lo antedicho como perversión.

El diagnóstico que realiza Lazzarato no tiene nada de original: baja de salarios, flexibilización laboral y recorte de la seguridad social son la consecuencia de la crisis neoliberal. Si bien esto es ya popular el análisis de Lazzarato sí va a ser original para el conjunto de herramientas para pensar ese escenario. Dice:

“Carecemos de instrumentos teóricos, de conceptos y de enunciados que nos permitan analizar no sólo las finanzas, sino la economía de la deuda que la comprende y la desborda, así como su política de sujeción.”

Esas herramientas Lazzarato las encuentra en El Antiedipo y la Genealogía de la moral y una relectura de Marx para reactivar dos hipótesis:

“Primero: la que sostiene que el paradigma de lo social no debe ser buscado en el intercambio (económico o simbólico), sino en el crédito. En el fundamento de la relación social no está la igualdad (del intercambio), sino la asimetría de la deuda/crédito, que histórica y teóricamente precede a la de la producción y el trabajo asalariado. Segundo: la que postula que la deuda es una relación económica indisociable de la producción del sujeto deudor y su ‘moral’.” (La ‘moral’ contiene casi siempre alguna astucia, pero freudianamente hemos heredado algo de la ‘moral’ como superyoica).

1-Las relaciones sociales fundadas en la asimetría y no en la igualdad es el supuesto que emparenta a Nietzsche, Foucault y Deleuze-Guattari vs. el sujeto moderno cuya igualdad postulada fundaría las relaciones sociales tradicionalmente aceptadas; de hecho la economía clásica parte del mismo supuesto.

2-Economía implica trabajo sobre sí, el de la ética, en el sentido nietzscheano-foucaultiano hay producción de subjetividad. Pero esa economía del sí mismo griego, no libera al individuo común de la economía real sobre la que no tiene capacidad de operación.

Al respecto, Baudillard opina que con el crédito se vuelve a una situación verdaderamente feudal, la de una porción del trabajo debida de antemano al señor, por el trabajo servil.

Desde la trinchera de la cotidaneidad hoy, quizá el paisaje no sea diferente en cuanto a la relación deudor-acreedor que Graeber señalaba en cuanto que durante miles de años, la lucha entre ricos y pobres tuvo, y seguramente debe seguir teniendo, en gran parte forma de conflictos. Aun la inteligente dialéctica del amo y el esclavo hegeliana. Estamos aquí más cerca del campo de lo que hace frente (se nos enfrenta) que en el circuito de la teoría,

Y partimos del objeto que tales relaciones entre acreedores y deudores, ya no tanto de producción, sino subsumidas en ellas, es formador de subjetividad, una mala subjetividad para los sujetos de deudas, y según lo explorado antes parece provenir de un fondo de la historia, bastante antes del capitalismo.

Empezamos con una suerte de epígrafe, la de El hombre de los tiempos, que debemos al genio de Shaw. No está el final de la historia en él, porque es un modelo de rebelión para quienes se identifiquen con Napoleón teatralizado, y no como General de Francia que pueda haber sido sino como él mismo personaje manifiesta en la escena a través del autor. Solo diremos, en aquello que identificamos en lo se viene tratando no solo en esta parte sino en buena parte de lo anterior, como el cometido de llegar a aprender a pensar por sí mismo, que es un camino que si se emprende, nunca se la ha de abandonar. Bueno, como el Napoleón de Shaw. O como los de Nietzshe, Foucaut, Deleuze, Guatari, antes mencionado respecto de una economía resultado del trabajo de propio sobre uno mismo. Las deudas propias se saldan propiamente con ese trabajo.

Decimos, es existencial, en cada quien lo haya experimentado, los grados de sujeción que provocan las deudas impropias, las que heredamos, en los que los afectos que provoca: miedo, culpa, irresponsabilidad, el que fuera. Esos afectos esclavizan al individuo en otra sujeción adicional a las que ya tiene por solo haber nacido. Y lo que en está en cuestión es si  importan tanto lo explorado desde sí mismo, como el trabajo individual de encuentro del sentido para en algún momento percibir el descubrimiento, el corrimiento del velo que opera en nuestra forma de pensamiento, acerca de cualquier objeto que se presente en general, y de lo humano en particular, podramos quizá desligar esos afectos de una cotidaneidad más, que de todas maneras ocurre, aunque cueste darle la categoría de SER, con mayúsculas. 17 Retorno de la filosofía.

La fabricación (emisión como se la expresa hoy día) de deudas, es decir, la construcción y el desarrollo de la relación de poder entre acreedores y deudores, se ha pensado y programado como el núcleo estratégico de las políticas neoliberales, no tiene nada de espontáneo, no es del orden de la naturaleza, es mejor un dispositivo bien organizado para sujetar desde lo más primario a las enormes mayorías de deudores de toda especie. Y sin ese dispositivo no habría capitalismo. Cuando el gobierno de Obama decide salvar a las entidades financieras en la crisis del 2008 con el crack de las reventas indiscriminada de obligaciones de deudas hipotecarias, a nivel de los países que se contagiaron de esa máquina de fabricar dinero a través de la reventa serial de bonos sobre hipotecas y respaldadas por la reserva federal a través de un invento, las CDOs, tuvo la oportunidad histórica de cambiar la historia y finalizar con el capitalismo nominal, con solo nacionalizar la banca y esas entidades especulativas que llevaron a la ruina a demasiados y provocaron aumentos de tasas impositivas y desempleo para pagar la fiesta financiera que duró algo así com 10 años. Los que tomaran una decisión así, debían tener coraje, que no es productor de rentas especulativas. Decir que hay cobardía en los administradores no es nada nuevo, es casi un común denominador de la historia que nos deja hoy, aquí. Algo así como que hacen falta napoleones como los de Bernard Shaw.

Desde 1979, los planes de desendeudamiento  no van contra la lógica del endeudamiento, sino a favor de una reducción del gasto social y el aumento de las privatizaciones.  “La privatización de los mecanismos de seguro social, la individualización de la política social y la voluntad de hacer de la protección social una función empresarial son fundamentos de la economía de la deuda.”. No nos suena no desconocido ni indiferente. y agrega Lazzarato: La deuda actúa a la vez como máquina de captura, de “depredación” o de “punción” sobre la sociedad en su conjunto, como un instrumento de prescripción y gestión macroeconómica y como un dispositivo de redistribución de los ingresos. Funciona, asimismo, en cuanto dispositivo de producción y “gobierno” de las subjetividades colectivas e individuales.

Esto es foucaultiano,  se aviene a la teoría foucaultiana del poder. Si bien Foucault no le da mayor importancia a la deuda cuando analiza el neoliberalismo (Nacimiento de la biopolítica), Deleuze sí lo hace en su Post-scriptum sobre las sociedades de control. Foucault analiza el cambio que va desde el hombre productor de mercancías (fuerza de trabajo) al productor de sí mismo (empresario, hombre-competencias), que implica un modo de vida y una moral propias. A pesar de las promesas (todos propietarios, todos empresarios) el neoliberalismo ha precarizado económica y existencialmente a una creciente población. Lazzarato hace hincapié en el modo de vida que implica:  “No es necesario, por lo tanto, que uno cree su pequeña empresa individual para ser  empresario de sí mismo: basta con comportarse como si lo fuera, adoptar su lógica, sus actitudes, su manera de relacionarse con el mundo, consigo mismo y con los otros.”

El superyó no deberá ahora garantizar sólo los valores sociales, sino la productividad del individuo. A la configuración de esta subjetividad se suman una serie de profesionales y técnicos (psicólogos, sociólogos, coachers) que complementan y apuntalan estas nuevas formas de gobierno.

Hemos resumido algunas de las múltiples formas de abordar el objeto en cuestión: las relaciones de acreedores y deudores, ya no tanto de producción, sino están subsumidas en ellas, son formadores de subjetividad, una mala subjetividad para los sujetos de deudas, y que parecen provenir de un fondo de la historia.

Y nos dirigimos hacia la metáfora del señalamiento de algún objeto, el que fuera. «Nuestra mentada inteligencia, como medio de conservación de la vida individual, desarrolla sus fuerzas principales fingiendo, puesto que éste es el medio, por el que sobreviven los individuos débiles y poco robustos, como aquellos a quienes nos ha sido negado servirnos, en la lucha por la existencia, de cuernos, o de la afilada dentadura del animal de rapiña. En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad» (Nietzsche, Verdad y mentira en sentido extramoral).

En la el teatro de Shaw, El hombre del destino, el personaje Napoleón le dice al personaje de la dama: Quien es usted para hablar de mi mismo.

Y de eso se trata.

 

 

 

 

 

Publicado por dosztal

Busco un pensar en nombre propio libre de las sujetaciones del mundo humano que ya hace frente

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