16 Charlatanes de Feria

Un charlatán es una persona que practica algún tipo de estafa con el fin de conseguir beneficio económico o alguna otra ventaja mediante el engaño o la superchería.

Todo charlatán debe tener alguna habilidad especial; la más común es el la facilidad de emitir muchas palabras , mediante la que logra embaucar a su audiencia, por lo general inculta en la temática que el charlatán postula. Otra de las más comunes es la predisgitación (movimiento rápido de las manos), mediante la cual hacían los cambios oportunos de productos que entregaban, recibían o devolvían. A menudo los poseedores de la primera habilidad mencionada se asociaban con los de ésta, para mejor llevar a cabo sus estafas.

En lenguaje más coloquial, se llama también charlatán a aquel que habla excesivamente y, más específicamente y en sentido peyorativo, cuando además habla de algo que no conoce o no entiende.

La charlatanería suele asociarse con el esoterismo o el ocultismo, pues a menudo los charlatanes se presentan como astrólogos,  adivinos, numerólogos,  curanderos, líderes espirituales y vendedores de remedios  milagrosos y en general maestros de cualquier ciencia de la época.

Esta confusión se debe también a la clandestinidad o secreto en el que el charlatán debe mantener sus procedimientos para evitar que otras personas ajenas a su práctica se percaten del fraude. De este modo, la charlatanería no permite la apertura a críticas, puesto que su cuestionamiento y análisis demostrarían que se trata de prácticas fraudulentas.

Charlatán de feria proviene de España: Expresión típica referida a personas con gran locuacidad pero de connotaciones negativas ya que el gran caudal de palabras emitidas no tienen mucho sentido : hablar por hablar sin saber lo que se dice . La diferencia con pico de loro, es que este sabe de lo que habla, y el ‘charlatán de feria’ no.  La expresión viene de los feriantes que publicitan sus productos y atracciones ‘a grito pelao’ : la muñeca ‘chochona’, crecepelos, etc. etc. etc.

Entre 14 Sin vergüenza y 15 Los chantas, más este Charlatanes de Feria completamos una serie corta de exabruptos contra la viveza criolla de nuestros elegidos gobernantes y sus secuaces. Como se señalaba en Miradas Actuales en una realidad pensante no existen, no deben ensuciar o enfermar el pensamiento, ya sea por distracción circense, por señores y señoras que ejercen la mentira como mecanismos de cierta influencia, por no usar las mínimas reglas de la recta razón, por lo que fuera y no intentaremos ahora profundizar en la psicología que lo permite, no debería hablarse segundo y primero ni siquiera pensar en ellos. Hacen mal a la cabeza.  Son sinvergüenzas, chantas y charlatanes de feria.

Y que los hay los hay, quizá demasiado. Luego haremos una mínima galería de algunos de los charlatanes  modelos de esta época, para nunca más mencionarlos y mejor, dejar de pensar en esa gente, que invade con los dispositivos postmodernos de mediación y convencimiento a quienes se lo permiten, o no pueden hacer otra cosa, que sería otra señal de los grave de la época en que aun no estamos pensando.

Y aunque claramente resulta parcial, que sean como modelos de todos los otros que en una población hipernumerosa en la que los controles sociales se hacen anónimos o bien se diluyen en la marea de lo demasiado, son exageradamente muchos para exponer de una sola vez, si la vida alcanzara.

Son como signos visibles de lo molesto de la época, con todas las explicaciones históricas que se puedan brindar, quizá justamente víctimas o príncipes de esa historia, pero se presentan hoy por hoy, en presencia de lugar y tiempo, y simultáneamente como por fuera del camino del pensar, siendo en ese sentido como desviadores, obstáculos, montañas de desechos a sobrepasar, y habrá muchos en ese transitar, si se lo elige.

Los charlatanes de feria en su origen eran rebuscavidas, buscaban a su manera la propia supervivencia, y para eso eran digamos simpáticos, no jodían a nadie en términos mayúsculos, vendían supercherías a bajo precio, y por ahí terminaban las cosas.  Los que venimos señalando ahora no son tales, ni son simpáticos, si joden y rebuscan en la vida de los demás, son por lo tanto  deshonestos no en el solo sentido económico, en cuanto corruptos o aprovechadores de la situación, son deshonestos con la recta razón,  del respeto y la llana aceptación de otros, y a esta altura de la edad de la que llamaremos convencionalmente civilización actual, no son ni inocentes ni ignorantes de todo eso. Por lo tanto doblemente necesariamente olvidables.

Si volvemos a los diccionarios encontraremos algunas señales más: practican algún tipo de estafa con el fin de conseguir beneficio económico o alguna otra ventaja mediante el engaño o la superchería,  facilidad de emitir muchas palabras , mediante la que logra embaucar a su audiencia, que habla excesivamente y, más específicamente y en sentido peyorativo, cuando además habla de algo que no conoce o no entiende, se los asocia con el esoterismo o el ocultismo, pues a menudo los charlatanes se presentan como astrólogos,  adivinos, numerólogos,  curanderos, líderes espirituales y vendedores de remedios  milagrosos y en general maestros de cualquier ciencia de la época.

No se los puede analizar individualmente, son demasiados, pululan, entiendo que no existe el análisis ni psicoanálisis colectivo, deben ser resultado de la historia de éxitos que el dispositivo admite, y una herramienta posible para evitar los daños que provocan debería ser la indiferencia.

Borges lo dijo sabiamente, la indiferencia es al mismo tiempo que el mayor de los respetos (¿?), la peor de las venganzas. Está claro que morirían de indiferencia de los demás.

Dejarlos ser lo bajo que pueden ser, es un respeto. Pero olvidarlos, no atenderlos en sus presencias por los medios que fueran,  no existen en nuestra memoria ni pensamiento, la peor de las venganzas.

Demasiada gente charlatana hacen sus  pascuas de la ingenuidad de los que los colectivos que los escuchan. Solo escucharlos causa efecto. Y eso debería se lo que más da pensar de esta época grave  en que aún no pensamos. Pero ese camino, es un poco más difícil, mas consecuente con las cosas propias y no con las reguladas  por los medios que la actualidad hipertrofiada por los medios mass mediáticos en los que consiguen alguna audiencia creyente de los que solamente oyen, sin escuchar. Siempre al modelo de la religión. Política y filosofía. Hoy y Aquí.

Su facilidad de palabra, aun cuando carezca de los fundamentos necesarios mientras los demás lo ignoren, atentos a la lógica propia de lo dicho como único sustento, requiere como mínimo un juego de dos deseos complementarios. El deseo de hablar del charlatán (en general con arreglo a fines y subestimando su audiencia) y el deseo de la audiencia de oír algo.

El charlatán tiene algo de fabulador, con tendencia a inventar cosas de maravilla o increíbles presentándolas como hechos reales.

No son los charlatanes una cuestión de esta época, ya en Grecia se conocían a los sofistas.

El verbo sophídsesthai, «practicar la sophía», fue derivando en lo que termina por entenderse como «embaucar». Otra derivación sophistés se dio a los Siete Sabios en el sentido de «filósofos» y así llama Heródoto a Pitágoras, a Solón. También se nombraba así a los mousike y a los poetas y, en general, a todos los que ejercían una función modeladora. El uso peyorativo empezó a tomar forma en el siglo V a. C., coincidiendo con la extensión del uso del término a los prosistas. El momento coincide con un incremento de las suspicacias de los atenienses hacia los que mostraban una mayor inteligencia. Isócrates denostaba que el término «hubiera caído en deshonor» y Sófocles lo atribuye al hecho de que los educadores y maestros recibieran una remuneración por su trabajo. Esta es la tesis más extendida aun hoy día. Cobrar para hablar, en pocas palabras.

No obstante, era aceptado aquella Grecia que los poetas cobrasen por sus servicios. El desprecio con el que los sofistas eran tratados en ocasiones no nacía del hecho mismo de recibir remuneración, sino de hacerlo sobre todo para la formación en la llamada areté, el arte de la política y la ciudadanía, que incluía todas las técnicas persuasivas para hacerse un lugar en la administración de la polis. Ya entonces se denotaba esta cuestión.

Platón criticaba a los sofistas por su formalismo y sus trampas dialécticas, pretendiendo enseñar la virtud y a ser hombre, cuando nadie desde un saber puramente sectorial, como el del discurso retórico, podría arrogarse tal derecho.

La primera exigencia de esa areté era el dominio de las palabras para ser capaz de persuadir a otros. «Poder convertir en sólidos y fuertes los argumentos más débiles», dice Protágoras. Gorgias  (ambos grandes sofistas) dice que con las palabras se puede envenenar y embelesar. Se trata, pues, de adquirir el dominio de razonamientos engañosos. El arte de la persuasión no está al servicio de la verdad sino de los intereses del que habla. Llamaban a ese arte «conducción de almas». Platón dirá más tarde que era «captura» de almas.

Según algunos pensadores, no eran, pues, propiamente filósofos. Para quienes son de esa opinión, tenían sin embargo en común con los filósofos una actitud que sí puede llamarse filosófica: el escepticismo y relativismo. No creían que el ser humano fuese capaz de conocer una verdad válida para todos. Cada quien tiene «su» verdad. Condición débil del saber popular.

Por el contrario, hay quien sostiene que sí lo eran, y que las ácidas críticas de Platón corresponden a una disputa por un mismo grupo de discípulos y a sus diferencias políticas y filosóficas. Hay cierto placer del triunfo en la lucha de las ideas. Fue la cuestión del agonocisismo durante un par de siglos en aquella Grecia. Como si 25 siglos no fueran nada.

De Aristóteles provendrá también el sentido peyorativo: sofista es quien utiliza del sofisma para razonar.

Un sofisma es una falacia.

En lógica, una falacia (del latín: fallacia, ‘engaño’) es un argumento que parece válido, pero no lo es. Algunas falacias se cometen intencionalmente para persuador o manipular a los demás, mientras que otras se cometen sin intención debido a descuidos o ignorancia. En ocasiones las falacias pueden ser muy sutiles y persuasivas, por lo que se debe poner mucha atención para detectarlas.

El que un argumento sea falaz no implica que sus premisas o su conclusión sean falsas ni que sean verdaderas. Un argumento puede tener premisas y conclusión verdaderas y aun así ser falaz. Lo que hace falaz a un argumento es la invalidez del argumento en sí. De hecho, inferir que una proposición es falsa porque el argumento que la contiene por conclusión es falaz es en sí una falacia conocida como argumento ad logicám (argumento desde la falacia a una forma de razonamiento falaz. Consiste en afirmar la falsedad de algo solo porque surge de un razonamiento contrario a la lógica)

El estudio de las falacias se remonta por lo menos hasta Aristóteles, quien en sus Refutaciones Sofísticas identificó y clasificó trece clases de falacias. Desde entonces, cientos de otras falacias se han agregado a la lista y se han clasificado.

Las falacias son de interés no solo para la lógica, sino también para la política, la retórica, el derecho, la ciencia, la religión, el periodismo, la mercadotecnia, el cine y, en general, cualquier área en la cual la argumentación y la persuasión sean de especial relevancia.

Desde el fondo de la historia del pensamiento occidental ya viene cierto conocimiento y conceptualización de los charlatanes, como los nombramos en esta entrada, al modo criollo de identificarlos, y de lo anterior no es difícil señalar las áreas de actividad que en lo cotidiano apelan a estos trucos, y puestos en evidencia desde 2,5 Siglos.

Dá que pensar, es parte de lo grave de la época, aun con que contemos con la ayuda aristotélica.

Falta emprender el camino de poder al menos poder empezar a pensar, el deseo de la audiencia a que la embauquen, de su credulidad a las fábulas y la facilidad de ser persuadidas por profesionales de la falacia. Pero esa será, técnicamente de próxima emisión.

 

Galería de charlatanes de feria de este pueblito de campo en que nos toca vivir, por especialidades, y solo algunos.

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Las religiones

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La prensa

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Los economistas mediáticos

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Etc….., Etc….. Etc…….

 

Publicado por dosztal

Busco un pensar en nombre propio libre de las sujetaciones del mundo humano que ya hace frente

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