18 Hacia ciertas respuestas

¿Mirada a una dimensión del tiempo y, quizá con ella a una esencia del tiempo que no llegamos a presentir, y por lo tanto a pensar, con ayuda del concepto tradicional de tiempo?  (como aquello que pasa). ¿Hay una correlación de ser y tiempo? ¿Diremos que van unidos el uno y el otro, el ser y el tiempo? ¿No han de ser preguntados ambos en su relación, para finalmente hacerse problemáticos? Luego ¿no se muestra entonces que en lo nuclear más propio de lo que nos ha llegado como determinación directriz de toda metafísica occidental, en la esencia del ser, hay algo esencial que ha quedado por pensar? (17 Retorno de la filosofía)

 

Entre muchos respuestas a preguntas antes establecidas nos queda continuar con la relación ser y tiempo, y falta emprender el camino de poder al menos poder empezar a pensar, el deseo de la audiencia a que la embauquen, de su credulidad a las fábulas y la facilidad de ser persuadidas por profesionales de la falacia. Como un ejercicio de conectar cuestiones que no tienen apariencia de estar relacionadas, e ir recorriendo algunas señales de capítulos anteriores, decíamos falta emprender el camino de al menos poder empezar a pensar, el deseo de dejarse engañar, de al credulidad a las fábulas y la facilidad de ser persuadidos,  16 Charlatanes de Feria.

Solamente una mínima mención de método. No es fácil pensar en un método sin método. Si puede entender que el método se puede construir durante el tránsito de la búsqueda determinada al encuentro de respuestas, en las condiciones que el camino a transitar permite, u ofrece.

Este modo presupone cierto entendimiento convencional  necesario, que los objetos señalan ya de alguna manera las  la forma a su acceso. No nos pondremos kantianos hoy, en cuanto a la validación de la accesibilidad, este es momento de simplificación. El buscador no dispone de antemano una máquina automática asegura el encuentro de lo buscado, y en su empresa dirige su búsqueda según la determinación  que su objeto de encuentro permita.

Se buscan respuestas a determinadas preguntas, las formas en que las respuestas se efectúan en la oportunidad del entendimiento del interrogador atienden a señales, en el tránsito preguntas-respuestas, como establecidas por el contenido de estas últimas, no de la pura intención de las primeras. Dicho esto no hay mucho más que pasar a la acción.

En este caso hay una necesidad de seguir retornando a la filosofía desde un fragmento, como las preguntas anteriores de Heidegger, y un objeto de tratar acerca de la credulidad de inmensas mayorías en los embaucadores de toda especie que pulularon en  todo la historia, pululan y seguirán pululando, mientras algo no se supere esencialmente en eso de haber nacido humano.

Leo a mis amigos poetas, y algunos críticos de la época, y me queda la sensación que quisiéramos hacer con palabras, lo que las palabras quieren que hagamos. La pululación aparece como más fuerte, o más potente, para decirlo de una manera salvaje. A veces se siente como una trampa, nos embaucan con el uso de solo palabras, y no se encuentran las palabras que hagan frente, salvando entre otros a Zaratustra, que hoy parece un libro prohibido, por que no se lo lee, o no se lo comprende, o porque no causa efecto sobre lo inmediato. Bueno, eso ya lo sabía Nietzshe como buen psicólogo que ya había percibido que su libro era para todos y para ninguno que no fuera él , y predijo que faltan algunos siglos para ser entendido. Para poderlo pensar.

Y en esa historia se quedó por ejemplo también algo tan evidente como la Ética de Aristóteles. Nuestros contemporáneos se reirían de su ingenuidad, en lugar de practicarla.  La época, padece de gravedad.

No valen los valores anteriores, pero no se ofrecen valores nuevos a cambio. Estaríamos — usando el lenguaje de los neoliberales — devaluados. Somos números en los sistemas, y a veces, si tenemos suerte se mantienen nuestras cuentas del banco, porque aún cuando dejemos embaucarnos, hay mucho de azar en el mundo hoy.

Me he alejado del método 10 líneas arriba propuesto. Buscamos respuestas o algo que nos acerque a ellas. Empezamos a escribir y el pensamiento viaja  hacia la catarsis, que metodológicamente debiéramos atender, como las mismas señales de las preguntas.

No es divertido aplicar un método, requiere tiempo y esfuerzo, que entre otros no son sino también devaluaciones de la época, en que todo se acelera hacia ningún lugar, salvo el del disfraz del miedo, propiamente, a la muerte.

El conjunto de preguntas que hacen de enlace con lo anterior del epígrafe, provienen de un iniciador, no menor, en estas cuestiones acerca del pensar. Heidegger se pregunta y lo luego acerca respuestas o posibles formas de acercamiento al camino de esas respuestas, como método de seguir señales que indican el tránsito hacia lo que no pensamos todavía. En todo caso la época enmascara, disfraza, reprime mediante ficciones nuevas toda forma de acercamiento. Algo así como que viva el homus-economicus y las leyes del mercado.

Pues bien, Heidegger insta a aprender a pensar porque aún no estamos pensando.

Heidegger escribió Ser y Tiempo según su necesidad de reiterar la pregunta que interroga por el sentido del ser, que había sido olvidada, a su parecer, por toda la tradición metafísica occidental (desde los griegos), que ha buscado y considerado al ser en cuanto “fundamento” de todas las cosas. Encaminó su preguntar en la forma de mostrar que el tiempo es el horizonte trascendental de la pregunta por el ser: mostrar que el tiempo pertenece al sentido del ser.

El sentido más inmediato de la voz “trascendencia” se refiere a una metáfora espacial. Trascender (de trans, más allá, y scando, escalar) significa pasar de un ámbito a otro, atravesando el límite que los separa. Desde un punto de vista filosófico, el concepto de trascendencia incluye además la idea de superación. En la tradición filosófica occidental, la trascendencia supone un «más allá» del punto de referencia, por ejemplo el hombre pensante. Trascender significa la acción de «sobresalir», de pasar de «dentro» a «fuera» de un determinado ámbito, superando su limitación o clausura.

La novedad heideggeriana fue que consideró necesario realizar una “analítica existencial” de lo que llamó el Dasein (el “ser-ahí”) que somos nosotros mismos, los seres humanos. Quiso llevar hasta sus últimas consecuencias el principio fenomenológico que proclamaba la necesidad de “volver a las cosas mismas”, sin necesidad de construcciones metafísicas. Quiso romper el predominio de la teoría y destacó la praxis como la forma primordial y privilegiada en la que el hombre accede al mundo y, consecuentemente, al ser; una forma que no precisa de conocimiento teórico porque es anterior a éste. Pensaba que la vida debía ser entendida desde sí misma y que el vivir había de ser experimentado como un acontecimiento que ni está fijado ni es objetivable (no es una cosa). Desde esa postura, el concepto moderno de “yo” no podía ser algo absoluto, sino esencialmente histórico. El “ser-ahí” heideggeriano no es pura conciencia ni algo dado en el presente; es, por el contrario, un acontecer (lo que deviene) que se va desplegando entre el nacimiento y la muerte. Ha de asumir su finitud y, puesto que se encuentra arrrojado, o proyectado, en el ser, debería ser comprendido como facticidad: su vida fáctica es la vida de un “ser en-el-mundo”, temporal e histórica.

El punto de partida para Heidegger no podía ser otro que la vida fáctica porque, de entre los entes, solo el “ser-ahí” es ontológico: el “ser-ahí” no es un “qué”, un “algo cósico”, sino que es el único que está determinado, en su facticidad, por la existencia, guardando así relación al ser; por eso únicamente él puede formular la pregunta por el sentido del ser, pues solo él es. Así, la propia comprensión del ser es ella misma una determinación de ser del “ser-ahí”. Lo que Heidegger quiere hacer ver es que el “ser-ahí” es él mismo, esencialmente, comprensor, “hermenêutico”, porque su propio ser y el ser le son notificados, ya que es él quien interroga por el sentido del ser.  Ésta es una hermenéutica que es el mismo “ser-ahí”, el ser que ejecuta la comprensión del ser. En definitiva, el “ser-ahí” comparece en Ser y Tiempo como última condición de posibilidad, y la “analítica existencial” como aquella comprensión del “ser-ahí” que pone al descubierto el horizonte en el cual el ser en cuanto ser es entendido, “comprendido” (las comillas indican más de un sentido, incluye el de estar en medio de, además del más directo del comprender algo).

Habla de una práctica de “tener-que-ver-con”, un quehacer que es propio de la antes aludida praxis, una actividad que no corre a cargo de la razón teórica y que es, por tanto, bien distinta de la intelección pura o de la abstracción.

En la analítica existencial, el “ser-ahí” comparece en su unidad como “cura”. Es el término usado para traducir el vocablo alemán “Sorge”, que indica  “cuidado”, “solicitud”, “atención”, “preocupación” —o mejor, “ocupación”— con el mundo en torno, el que hace frente; es algo que manifiesta en el “ser-ahí” un estado de “relación-con”; en definitiva, algo que vuelve a poner de relieve la primacía de la praxis, de la acción, frente a la teoría.

El hombre es primordialmente un “ser-con- otros”, y que aquello con lo que el humano Dasein se encuentra y entre lo que se mueve no es algo “objetivo”, abstracto, sino algo que está, “significativamente” (no solo importantemente sino también según el significado que pueda darle a las palabras en uso), en función de algo; algo que es entendido e interpretado siempre como un “útil” (de nuevo comillas, no solo utilitario sino también herramienta) en un contexto práctico de significatividad. Así, lo que se advierte es que una cosa remite a otra siempre, alcanzando de ese modo su significación con cada una de ellas. Y entonces es cuando el mundo puede ser entendido como el ámbito de un acontecer de sentido (significativo).

Es preciso tener en cuenta las implicaciones de la facticidad y de la propia existenciariedad (que tiene el modo de la existencia). Que el “ser-ahí” es siempre fáctico supone que está ya, desde siempre, arrojado en el mundo. Y que esa existencia significa que es “poder-ser”, que se proyecta en sus posibilidades, que es primariamente — en cuanto que es ser que se comprende — “ser posible”.

El “ser-ahí” se encuentra en permanente peligro de sucumbir a “lo mundano” (un concepto que en la terminología de Heidegger carece de toda connotación religiosa o moral). Sucumbir a lo mundano es sucumbir a la existencia “inauténtica”, que es fundamentalmente entenderse a sí mismo y al ser en general simplemente como un ente. Si esto sucede, el “ser-ahí” no “vive”, sino que “es vivido”; queda subyugado por la tiranía del “uno” cotidiano, del “se” (los “se dice”, “se habla”, “se comenta”, “se hace”), y se hunde en la inautenticidad. No obstante, la misma posibilidad de una existencia inauténtica pone de relieve la posibilidad de una auténtica.

Comparece entonces el fenómeno de la temporalidad junto al de la cotidianidad: solo si el “ser-ahí” entiende el sentido de su ser puede ser propia y auténticamente lo que es; la temporalidad se manifiesta, por tanto, como el sentido último de la cura.

En cursos y escritos anteriores a Ser y Tiempo, Heidegger ya se había ocupado de la cuestión de la muerte; había afirmado que del mismo modo que la vida no puede ser considerada como un simple proceso, tampoco la muerte puede ser entendida como su simple detención: para la vida fáctica la muerte aparece como algo inevitable; tanto si se la enfrenta como si se la evita, comparece como objeto de la cura; la huida de la muerte se materializa en la preocupación por otras muchas cuestiones que acallen su presencia; pero ésta no es forma alguna de aceptar ni vivir la vida, sino tan solo de huir de ella. Solo en la angustiada posesión de la muerte sabida se hace transparente la vida como una totalidad para sí misma, porque se hace posible la unificación temporal del vivir.

Desde aquí, Heidegger trató la posibilidad de la “existencia auténtica”, y analizó los fundamentos ontológico-existenciarios de la conciencia. Retomó la temporalidad como sentido de la cura, para entender sus momentos singulares desde aquélla. Entonces pudo afirmar que temporalidad era historicidad, y que ser acontecido históricamente quiere decir “tener un destino”, “ser para la muerte”.

En esa segunda sección de Ser y Tiempo, Heidegger se ocupó también, como hemos dicho, de la “temporalidad” y de la “cotidianeidad”: insistió en que, para ser auténtico, el “ser-ahí” ha de salir constantemente de la inautenticidad, ha de lograr salir de la “intratemporalidad” (la temporalidad característica del concepto vulgar de tiempo, y no del tiempo de la maduración, que da “tiempo al tiempo”).

Puesto que la tendencia a la caída en la inautenticidad es inevitable, Heidegger pudo ya entender por qué la metafísica tradicional no había comprendido el tiempo en su auténtico sentido, y se había limitado a concebirlo como una simple sucesión de momentos puntuales. Se hacía preciso intentar una comprensión del “ser-en-el-mundo” como historicidad, más allá de la insuficiencia errática de la interpretación tradicional.

Muy pronto, ya en 1929, Heidegger se dio cuenta de que el proyecto iniciado en 1927 no se podía continuar y que era necesaria una “Kehre”, una “vuelta” a la búsqueda de un nuevo comienzo. A ello responde lo que podría considerarse su segunda gran obra: los Beiträge zur Philosophie (“Contribuciones a la filosofía”), escritos entre 1936 y 1938.

La repercusión de Ser y Tiempo después de su publicación fue enorme, y lo sigue siendo. Como ha escrito Otto Pöggeler, en el ámbito de la filosofía se tuvo inmediatamente conciencia de que el pensamiento no podía -después de Ser y Tiempo– permanecer en la situación en la que se encontraba. Su influencia fue desbordante: los jóvenes la tomaron como guía de su camino, “aunque solo fuera porque, en medio de la oscuridad de las revoluciones y las guerras, gracias a esta obra aprendieron — en uno u otro bando — a morir su muerte”.

Puede si se lee despacio y se rumia el intento resumido de Heidegger, la cuestión que el “ser-ahí” se encuentra en permanente peligro de sucumbir a “lo mundano”, y lo mundano .

«Se hizo ver que en el mundo circundante inmediato ya está siempre a la mano, como objeto de la ocupación común, el “mundo circundante” público. En la utilización de los medios de locomoción pública, en el empleo de los servicios de información, periódicos), cada cual es igual al otro. Esta forma de convivir disuelve completamente al Dasein propio en el modo de ser “de los otros”, y esto, hasta tal punto, que los otros desaparecen aún más en cuanto distinguibles y explícitos. Sin llamar la atención y sin que se lo pueda constatar, el uno despliega una auténtica dictadura. Gozamos y nos divertimos como se goza; leemos, vemos y juzgamos sobre literatura y arte como se ve y se juzga; pero también nos apartamos del “montón” como se debe hacer; encontramos “irritante” lo que se debe encontrar irritante. El uno, que no es nadie determinado y que son todos (pero no como la suma de ellos), prescribe el modo de ser de la cotidianidad.

El uno tiene sus modos propios de ser. La tendencia del co-estar que hemos llamado distancialidad se funda en el hecho de que el convivir procura como tal la medianía [Durchschnittlichkeit]. Ella es un carácter existencial del uno. Al uno le va esencialmente esta medianía en su ser. Por eso el uno se mueve fácticamente en la medianía de lo que se debe hacer, de lo que se acepta o se rechaza, de aquello a lo que se le concede o niega el éxito. En la previa determinación de lo que es posible o permitido intentar, la medianía vela sobre toda tendencia de excepción. Toda preeminencia queda silenciosamente nivelada. Todo lo originario se torna de la noche a la mañana banal, cual si fuera cosa ya largo tiempo conocida. Todo lo laboriosamente conquistado se vuelve trivial. Todo misterio pierde su fuerza. La preocupación de la medianía revela una nueva y esencial tendencia del Dasein, a la que llamaremos la nivelación de todas las posibilidades de ser.

Distancialidad, medianía y nivelación constituyen, como modos de ser del uno, lo que conocemos como “la publicidad” [“die Öffentlichkeit”]. Ella regula primeramente toda interpretación del mundo y del Dasein, y tiene en todo razón. Y esto no ocurre por una particular y primaria relación de ser con las “cosas”, ni por‐ que ella disponga de una transparencia del Dasein hecha explícitamente propia, sino precisamente porque no va “al fondo de las cosas”, porque es insensible a todas las diferencias de nivel y autenticidad. La publicidad oscurece todas las cosas y presenta lo así encubierto como cosa sabida y accesible a cualquiera.

El uno está en todas partes, pero de tal manera que ya siempre se ha escabullido de allí donde la existencia urge a tomar una decisión. Pero, como el uno ya ha anticipado siempre todo juicio y decisión, despoja, al mismo tiempo, a cada Dasein de su responsabilidad. El uno puede, por así decirlo, darse el lujo de que constantemente “se” recurra a él. Con facilidad puede hacerse cargo de todo, porque no hay nadie que deba responder por algo. Siempre “ha sido” el uno y, sin embargo, se puede decir que no ha sido “nadie”. En la cotidianidad del Dasein la mayor parte de las cosas son hechas por alguien de quien tenemos que decir que no fue nadie.

Así el uno aliviana al Dasein en su cotidianidad. Pero no sólo eso: con este alivianamiento del ser, el uno satisface los requerimientos del Dasein, en tanto que en éste se da la tendencia a tomar todo a la ligera y a hacer las cosas en forma fácil. Y puesto que el uno con el alivianamiento del ser satisface constantemente los requerimientos del Dasein, mantiene y refuerza su porfiado dominio.

Cada cual es el otro y ninguno sí mismo. El uno que responde a la pregunta por el quién del Dasein cotidiano, es el nadie al que todo Dasein ya se ha entregado siempre en su estar con los otros».

Queda disponible a consideración de cada cual, claramente nos fundamentamos en Heidegger como luego haremos con Nietzshe o Deleuze, o sea quien fuera de los pensadores  que expusieron  fuera de lo uno sus pensamientos que deberían ayudarnos a pensar en los nuestros propios, aunque aparezcan camo catarsis acerca de la época.

La credulidad quedaría expuesta desde aquí como modo de ser  de lo uno, aunque nos siga sorprendiendo, aunque la cotidaneidad lo  verifique fácticamente cada uno de los días que pasan, en un tiempo, digamos, convencional.

 

 

 

17 Retorno de la filosofía

No se escribe de lo que ya se sabe, replicamos a Deleuze. Se escribe para aprender lo que no se sabe aún, y modestamente la pretensión aquí es la de proponer empezar a saber lo que todavía no pensamos.

Se puede encontrar la conexión entre lo aprender lo aun no se sabe, Deleuze, con lo gravísimo que en esta época no estemos pensando, lo que convendría aprender a hacer, Hedigger. De él extraemos:

¿Habrá alguna determinación del ser como mirada a la presencia, al presente, y a lo presente? ¿Mirada a una dimensión del tiempo y, quizá con ella a una esencia del tiempo que no llegamos a presentir, y por lo tanto a pensar, con ayuda del concepto tradicional de tiempo?  (como aquello que pasa). ¿Hay una correlación de ser y tiempo? ¿Diremos que van unidos el uno y el otro, el ser y el tiempo? ¿No han de ser preguntados ambos en su relación, para finalmente hacerse problemáticos? Luego ¿no se muestra entonces que en lo nuclear más propio de lo que nos ha llegado como determinación directriz de toda metafísica occidental, en la esencia del ser, hay algo esencial que ha quedado por pensar?

La pregunta de «ser y tiempo» apunta a lo no pensado en toda metafísica, por lo tanto menos en lo cotidiano que se intuye casi una pérdida de tiempo, aun cuando en ese modo se pueda ser. En lo no pensado aún se yergue la metafísica; por eso, lo no pensado en ella no es ningún defecto y todavía hay menores motivos para afirmar que la metafísica, por descansar en eso no pensado, es falsa, es un laberinto o un viaje errático, que se elige emprender.

Titulamos el Retorno de la filosofía. Y lo queremos explicar en cuanto deseo, antes de avanzar en algunas de sus cuestiones, como pregunta que dan que pensar en ciertas – por algunas, no por ello ciertas por verdaderas aun cuando pretendan seguir ese camino – respuesta.

Hay como instantes precisos, que de entrada pensaríamos como momentos adecuados, justos, para cualquier cosa.

Y también nos decimos, luego de algunas experiencias, que hay instantes precisos. Aquellos que instan ( urgen a algo ) precisos, como necesarios. Son personas, gente que nos ayuda a ver las señales que aportan al deseo de la elección de algún camino que nos interesa. Por ejemplo el coordinador de un taller, un autor, un modelo de estética, y ética, de lealtad, para con él, que permite abrirse a la propia. Si hay algo que aprender, reuniremos a los dos instantes, que precisamente nos ayudan a elegirnos en cuanto ser algo en lo humano de la historia que nos es inevitable estar.

Y los fuimos nombrando a algunos, en mi caso debo sumar a Diego Singer, el coordinador del taller al que asistí por acá, a Tomás Abraham, que encontré una vez en la plataforma de Retiro con libro de Schopenhauer que leí en el viaje. Fueron, para mi, y humilde ejemplo y con respecto a ellos, instantes precisos. Cada uno tendrá los suyos. Añado a la lista mis autores preferidos con los que a pesar de la dificultad inicial, finalmente llego a identificarme, y acercarme mediante puentes largos en el tiempo, y cortos en el tránsito de seguir aprendiendo, un metro más allá de los últimos hombres.

Completada esta intimidad, intentamos retornar a la filosofía.

Nos parece más higiénico aprender a pensar, con la ayuda que mencionamos, que hacer frente a los que ya hace frente en el cotidiano, tan poco solidario y como demasiado poblado de falacias que pululan casi siempre con arreglo a fines en general particulares.

Si nos metemos en lo hondo de las ciencias hoy, no nos alcanza la vida para llegar al conocimiento, arduo y difícil, que se ha acumulado sobre todo en los 3 últimos siglos. Comprender las intimidades de las matemáticas, la física, la química, la biología, las tecnologías más actuales, y las que no se nombran, es un ejercicio fantástico que dinamiza el pensamiento, no hay muchas dudas de eso, también hoy día exigen una alta especialización, todo el tiempo dedicado a un segmento de cada una de ellas, y al final de cada día, el científico altamente especializado se podrá alegrar de su nuevo grado de comprensión, será felicitado en congresos si es que es sobresaliente, será publicado en revistas o sitios especializados y conocido por otros como él. Quizá en ese camino se parezcan a los filósofos, y al final de ese mismo día pueden llegar a preguntarse ¿quién soy?  Se puede llegar a decir, si sé mucho de alguna cosa, pero nada del resto ¿Soy feliz? ¿Me están usando otros que nada saben de todo esto? ¿No hay otras cosas en las que pensar en lugar de siempre lo mismo? ¿A quien le interesa de mi, como persona, que igual debe estar presente y sobrevivir en la cotidaneidad de lo haga frente?. ¿Soy libre, o al menos un poco?.. Bueno, puede llegar a hacerse todas las preguntas que pueda, y ojalá a algunas pueda emprender el camino no especializado de encuentro de las respuestas.

En mi caso, me eduqué en ciencias y trabajé con ellas en las escasa posibilidad que este país permite. Cierto día, diríamos, un instante preciso, ante una extraña sensación que luego se me mencionó como angustia, empecé a mirarme como humano, vulnerable, sujetado a las cosas que ya eran de determinada manera, y con una lentitud que todavía a veces me reprocho me metí en esto de la fiosofía. Hoy, la prefiero a el mundo, que es humano, tal cual puede ser en su inmensa cotidaneidad, ademáss  (valga el error de tipeo: ademas mass mediatizada, con el favor de las especialización de las ciencias con arreglo a fines) globalizada, casi sin salida. Lo de casi, lo refieren Deleuze y Guatari como posibles líneas de fuga, y lo  hacen desde la filosofía.

Retornar a la filosofía no implica una lucha contra la cotidaneidad y sus falacias, y de persuasión a los que con o sin posibilidad la aceptan y actúan. Es solamente una línea particular, que puede elegirse, al menos para intentar pensar en lo propio y no en lo  que  está señalado como hay que hacerlo. Parece poca cosa, no claramente  un arreglo a fines (en general económicos)  que requieren de masas obedientes y crédulas. No hay mucho más que la única línea de fuga en los que algunos en  particular encontramos para seguir viviendo, aun que la época sea lo que es, grave, y en la que todavía no estamos pensando, propiamente.

¿Habrá alguna determinación del ser como mirada a la presencia, al presente, y a lo presente?

Leo la pregunta, que es de Heidegger, y la reparto en mis propias preguntas:

¿Hay más de una determinación del ser, para preguntar por una posible?

¿Que debo entender por determinación?

¿Que sería lo que se menciona, desde siempre, ser?

¿Mirar al ser como tiempo presente? ¿Y o como-presencia, por un momento pensada como alguna cosa, o entidad material o consciente?

Son para poderlas pensar, y lo primero que nos señala, que pregunta corta la de Heidegger, de decir o escribir, pero larga para poder entenderla con la única herramienta que tenemos para hacerlo que es esa cuestión del pensamiento.

Buscamos ayuda, en La idea de la filosofía y el problema de la concepción del mundo, Martin Heidegger, 1919. El primer Heidegger, comienza primero con la Idea:

“En el uso prefilosófico, la palabra «idea» puede significar algo así como: representación oscura, presentimiento nebuloso, un pensamiento que todavía no se ha expresado con claridad; con respecto a los objetos mentados en la idea no se dispone de ninguna certeza, de ningún saber fundado y unívoco de su contenido sustantivo”

[Mentado, palabrita muy usada por Heidegger: citar, mencionar, nombrar, aludir, recordar, evocar]

Con esos sentidos lo que sería la idea de un objeto cabe el ser dicho, denominadon o sea nombrado, que reside de alguna manera en la memoria, pero que como pensamiento es desde el principio difuso, incierto y equívoco. No puede puede ser expresado clara y diferentemente para dar cuenta  cuenta (darse cuenta) a lo que refiere ni como objeto idea tanto menos al objeto que apunta.

Desde la Crítica de la razón pura de Kant sostiene Heidegger que, la «idea» es incapaz de ofrecer su objeto “en plena adecuación, en la completa determinación de sus elementos esenciales” ; con lo queda por su parte dicho que el objeto de la idea permanece indeterminado, auque al menos, al menos señalado. Mientras tanto, la «idea» misma, esto es, la señal hacia un objeto señalado que permanece indeterminado, no comparte tal naturaleza de indeterminación, ya que, “a pesar de que la idea no proporciona la determinación última y definitiva de su objeto, dice y ofrece esencialmente mucho más que cualquier presuposición y representación borrosa”, en el sentido opuesto al de su objeto señalado, es decir, en tanto “la idea misma no deja en su sentido nada abierto, es una determinación definitivamente determinable”.

Entonces, ¿cómo opera el sentido de «idea» en la búsqueda de la determinación
de la filosofía, esto es, su objeto? Ya que, según Heidegger, por su esencia la idea
es incapaz de ofrecer su objeto en plena determinación ─en este caso, la filosofía─,
es capaz, al menos, de señalar asuntos más formales de éste, en el sentido de orientar la
mirada para que cada uno, en un acto de realización, pueda descubrirlo.

Con respecto a esto Cazzanelli ofrece un buen ejemplo:

“La idea de cisne, por ejemplo, carece de todos los atributos de contenido que se
pueden atribuir a todos los posibles objetos-cisnes y, a pesar de esto, se refiere a ellos
indicándolos en su estructura esencial de forma que, cuando el primer explorador
europeo llegó a Australia y vio un cisne negro, a pesar del gran asombro, lo reconoció
como cisne”

Apenas hemos explorado, casi genealógicamente, lo que Heidegger indica como determinación,  y en este retorno, como ejercicio de aprender a pensar, tomando como modelos a tomar en cuenta de otros que señalan el camino.

Repetios: Entonces, ¿cómo opera el sentido de «idea» en la búsqueda de la determinación
de la filosofía, esto es, su objeto? Ya que, según Heidegger, por su esencia la idea
es incapaz de ofrecer su objeto en plena determinación ─en este caso, la filosofía─,
es capaz, al menos, de señalar aspectos formales de éste, en el sentido de orientar la
mirada para que cada uno, en un acto de realización, pueda descubrirlo.

Determinación implicaría, entre otras determinaciones seguramente, el trabajo que sería ámbito de la filosofía, ya que no se abordan explícitamente en otros ámbitos más determinísticos, que permite señalar los aspectos más formales de los objetos de los que tiene idea, orientando en particular hacia una acto descubrimiento, que le será propio.

Apenas estamos tratando de pensar una respuesta a la primera de las preguntas que nacen de la primera pregunta heideggeriana. Importan tanto lo explorado, como el trabajo individual de encuentro del sentido que aportan los conceptos de quienes ya lo pensaron y escribieron, para en algún momento percibir el descubrimiento, el corrimiento del velo que opera en nuestra forma de pensamiento, acerca de lo que fuera, en general, y de lo humano en particular.

Entendemos en ese modo a la expectativa de un Retorno a la Filosofía. Evoco una charla con un colega, determinista en su formación pero férreo lector e interesado en Hegel. Por aquella época en mi caso intentaba estudiar a Lacan, del que sus Escitos al comienzo me parecían jeroglíficos  inentendibles por analfabeto no solo de la escritura egipcia, Igual me esforzaba en leerlo, desestrucutar su pensamiento, luego volverlo a armar, hasta que adquirieran algún sentido propio. Hablábamos de los efectos que nos provocaban, porque a él con Hegel le pasaba algo parecido. Y coincidimos  al final del viaje en que se dio la conversación, en que el resultado, algo misterioso por entonces, que luego sentíamos que pensábamos mejor.

La continuación de la explanación, y en sentido propio de la mínima parte de la propuesta heideggeriana, ha de continuar. A Heidegger le llevó toda la vida. Nos reconfortamos con solo poder llegar a transitar nuestro propio camino, en esa aventura de lo que es la cuestión del pensar. Cuestión de la que intuimos desde hace algún tiempo, no hay oportunidad para el ámbito de las ciencias, muy bien enfocados en sus propias determinísticas determinaciones.

16 Charlatanes de Feria

Un charlatán es una persona que practica algún tipo de estafa con el fin de conseguir beneficio económico o alguna otra ventaja mediante el engaño o la superchería.

Todo charlatán debe tener alguna habilidad especial; la más común es el la facilidad de emitir muchas palabras , mediante la que logra embaucar a su audiencia, por lo general inculta en la temática que el charlatán postula. Otra de las más comunes es la predisgitación (movimiento rápido de las manos), mediante la cual hacían los cambios oportunos de productos que entregaban, recibían o devolvían. A menudo los poseedores de la primera habilidad mencionada se asociaban con los de ésta, para mejor llevar a cabo sus estafas.

En lenguaje más coloquial, se llama también charlatán a aquel que habla excesivamente y, más específicamente y en sentido peyorativo, cuando además habla de algo que no conoce o no entiende.

La charlatanería suele asociarse con el esoterismo o el ocultismo, pues a menudo los charlatanes se presentan como astrólogos,  adivinos, numerólogos,  curanderos, líderes espirituales y vendedores de remedios  milagrosos y en general maestros de cualquier ciencia de la época.

Esta confusión se debe también a la clandestinidad o secreto en el que el charlatán debe mantener sus procedimientos para evitar que otras personas ajenas a su práctica se percaten del fraude. De este modo, la charlatanería no permite la apertura a críticas, puesto que su cuestionamiento y análisis demostrarían que se trata de prácticas fraudulentas.

Charlatán de feria proviene de España: Expresión típica referida a personas con gran locuacidad pero de connotaciones negativas ya que el gran caudal de palabras emitidas no tienen mucho sentido : hablar por hablar sin saber lo que se dice . La diferencia con pico de loro, es que este sabe de lo que habla, y el ‘charlatán de feria’ no.  La expresión viene de los feriantes que publicitan sus productos y atracciones ‘a grito pelao’ : la muñeca ‘chochona’, crecepelos, etc. etc. etc.

Entre 14 Sin vergüenza y 15 Los chantas, más este Charlatanes de Feria completamos una serie corta de exabruptos contra la viveza criolla de nuestros elegidos gobernantes y sus secuaces. Como se señalaba en Miradas Actuales en una realidad pensante no existen, no deben ensuciar o enfermar el pensamiento, ya sea por distracción circense, por señores y señoras que ejercen la mentira como mecanismos de cierta influencia, por no usar las mínimas reglas de la recta razón, por lo que fuera y no intentaremos ahora profundizar en la psicología que lo permite, no debería hablarse segundo y primero ni siquiera pensar en ellos. Hacen mal a la cabeza.  Son sinvergüenzas, chantas y charlatanes de feria.

Y que los hay los hay, quizá demasiado. Luego haremos una mínima galería de algunos de los charlatanes  modelos de esta época, para nunca más mencionarlos y mejor, dejar de pensar en esa gente, que invade con los dispositivos postmodernos de mediación y convencimiento a quienes se lo permiten, o no pueden hacer otra cosa, que sería otra señal de los grave de la época en que aun no estamos pensando.

Y aunque claramente resulta parcial, que sean como modelos de todos los otros que en una población hipernumerosa en la que los controles sociales se hacen anónimos o bien se diluyen en la marea de lo demasiado, son exageradamente muchos para exponer de una sola vez, si la vida alcanzara.

Son como signos visibles de lo molesto de la época, con todas las explicaciones históricas que se puedan brindar, quizá justamente víctimas o príncipes de esa historia, pero se presentan hoy por hoy, en presencia de lugar y tiempo, y simultáneamente como por fuera del camino del pensar, siendo en ese sentido como desviadores, obstáculos, montañas de desechos a sobrepasar, y habrá muchos en ese transitar, si se lo elige.

Los charlatanes de feria en su origen eran rebuscavidas, buscaban a su manera la propia supervivencia, y para eso eran digamos simpáticos, no jodían a nadie en términos mayúsculos, vendían supercherías a bajo precio, y por ahí terminaban las cosas.  Los que venimos señalando ahora no son tales, ni son simpáticos, si joden y rebuscan en la vida de los demás, son por lo tanto  deshonestos no en el solo sentido económico, en cuanto corruptos o aprovechadores de la situación, son deshonestos con la recta razón,  del respeto y la llana aceptación de otros, y a esta altura de la edad de la que llamaremos convencionalmente civilización actual, no son ni inocentes ni ignorantes de todo eso. Por lo tanto doblemente necesariamente olvidables.

Si volvemos a los diccionarios encontraremos algunas señales más: practican algún tipo de estafa con el fin de conseguir beneficio económico o alguna otra ventaja mediante el engaño o la superchería,  facilidad de emitir muchas palabras , mediante la que logra embaucar a su audiencia, que habla excesivamente y, más específicamente y en sentido peyorativo, cuando además habla de algo que no conoce o no entiende, se los asocia con el esoterismo o el ocultismo, pues a menudo los charlatanes se presentan como astrólogos,  adivinos, numerólogos,  curanderos, líderes espirituales y vendedores de remedios  milagrosos y en general maestros de cualquier ciencia de la época.

No se los puede analizar individualmente, son demasiados, pululan, entiendo que no existe el análisis ni psicoanálisis colectivo, deben ser resultado de la historia de éxitos que el dispositivo admite, y una herramienta posible para evitar los daños que provocan debería ser la indiferencia.

Borges lo dijo sabiamente, la indiferencia es al mismo tiempo que el mayor de los respetos (¿?), la peor de las venganzas. Está claro que morirían de indiferencia de los demás.

Dejarlos ser lo bajo que pueden ser, es un respeto. Pero olvidarlos, no atenderlos en sus presencias por los medios que fueran,  no existen en nuestra memoria ni pensamiento, la peor de las venganzas.

Demasiada gente charlatana hacen sus  pascuas de la ingenuidad de los que los colectivos que los escuchan. Solo escucharlos causa efecto. Y eso debería se lo que más da pensar de esta época grave  en que aún no pensamos. Pero ese camino, es un poco más difícil, mas consecuente con las cosas propias y no con las reguladas  por los medios que la actualidad hipertrofiada por los medios mass mediáticos en los que consiguen alguna audiencia creyente de los que solamente oyen, sin escuchar. Siempre al modelo de la religión. Política y filosofía. Hoy y Aquí.

Su facilidad de palabra, aun cuando carezca de los fundamentos necesarios mientras los demás lo ignoren, atentos a la lógica propia de lo dicho como único sustento, requiere como mínimo un juego de dos deseos complementarios. El deseo de hablar del charlatán (en general con arreglo a fines y subestimando su audiencia) y el deseo de la audiencia de oír algo.

El charlatán tiene algo de fabulador, con tendencia a inventar cosas de maravilla o increíbles presentándolas como hechos reales.

No son los charlatanes una cuestión de esta época, ya en Grecia se conocían a los sofistas.

El verbo sophídsesthai, «practicar la sophía», fue derivando en lo que termina por entenderse como «embaucar». Otra derivación sophistés se dio a los Siete Sabios en el sentido de «filósofos» y así llama Heródoto a Pitágoras, a Solón. También se nombraba así a los mousike y a los poetas y, en general, a todos los que ejercían una función modeladora. El uso peyorativo empezó a tomar forma en el siglo V a. C., coincidiendo con la extensión del uso del término a los prosistas. El momento coincide con un incremento de las suspicacias de los atenienses hacia los que mostraban una mayor inteligencia. Isócrates denostaba que el término «hubiera caído en deshonor» y Sófocles lo atribuye al hecho de que los educadores y maestros recibieran una remuneración por su trabajo. Esta es la tesis más extendida aun hoy día. Cobrar para hablar, en pocas palabras.

No obstante, era aceptado aquella Grecia que los poetas cobrasen por sus servicios. El desprecio con el que los sofistas eran tratados en ocasiones no nacía del hecho mismo de recibir remuneración, sino de hacerlo sobre todo para la formación en la llamada areté, el arte de la política y la ciudadanía, que incluía todas las técnicas persuasivas para hacerse un lugar en la administración de la polis. Ya entonces se denotaba esta cuestión.

Platón criticaba a los sofistas por su formalismo y sus trampas dialécticas, pretendiendo enseñar la virtud y a ser hombre, cuando nadie desde un saber puramente sectorial, como el del discurso retórico, podría arrogarse tal derecho.

La primera exigencia de esa areté era el dominio de las palabras para ser capaz de persuadir a otros. «Poder convertir en sólidos y fuertes los argumentos más débiles», dice Protágoras. Gorgias  (ambos grandes sofistas) dice que con las palabras se puede envenenar y embelesar. Se trata, pues, de adquirir el dominio de razonamientos engañosos. El arte de la persuasión no está al servicio de la verdad sino de los intereses del que habla. Llamaban a ese arte «conducción de almas». Platón dirá más tarde que era «captura» de almas.

Según algunos pensadores, no eran, pues, propiamente filósofos. Para quienes son de esa opinión, tenían sin embargo en común con los filósofos una actitud que sí puede llamarse filosófica: el escepticismo y relativismo. No creían que el ser humano fuese capaz de conocer una verdad válida para todos. Cada quien tiene «su» verdad. Condición débil del saber popular.

Por el contrario, hay quien sostiene que sí lo eran, y que las ácidas críticas de Platón corresponden a una disputa por un mismo grupo de discípulos y a sus diferencias políticas y filosóficas. Hay cierto placer del triunfo en la lucha de las ideas. Fue la cuestión del agonocisismo durante un par de siglos en aquella Grecia. Como si 25 siglos no fueran nada.

De Aristóteles provendrá también el sentido peyorativo: sofista es quien utiliza del sofisma para razonar.

Un sofisma es una falacia.

En lógica, una falacia (del latín: fallacia, ‘engaño’) es un argumento que parece válido, pero no lo es. Algunas falacias se cometen intencionalmente para persuador o manipular a los demás, mientras que otras se cometen sin intención debido a descuidos o ignorancia. En ocasiones las falacias pueden ser muy sutiles y persuasivas, por lo que se debe poner mucha atención para detectarlas.

El que un argumento sea falaz no implica que sus premisas o su conclusión sean falsas ni que sean verdaderas. Un argumento puede tener premisas y conclusión verdaderas y aun así ser falaz. Lo que hace falaz a un argumento es la invalidez del argumento en sí. De hecho, inferir que una proposición es falsa porque el argumento que la contiene por conclusión es falaz es en sí una falacia conocida como argumento ad logicám (argumento desde la falacia a una forma de razonamiento falaz. Consiste en afirmar la falsedad de algo solo porque surge de un razonamiento contrario a la lógica)

El estudio de las falacias se remonta por lo menos hasta Aristóteles, quien en sus Refutaciones Sofísticas identificó y clasificó trece clases de falacias. Desde entonces, cientos de otras falacias se han agregado a la lista y se han clasificado.

Las falacias son de interés no solo para la lógica, sino también para la política, la retórica, el derecho, la ciencia, la religión, el periodismo, la mercadotecnia, el cine y, en general, cualquier área en la cual la argumentación y la persuasión sean de especial relevancia.

Desde el fondo de la historia del pensamiento occidental ya viene cierto conocimiento y conceptualización de los charlatanes, como los nombramos en esta entrada, al modo criollo de identificarlos, y de lo anterior no es difícil señalar las áreas de actividad que en lo cotidiano apelan a estos trucos, y puestos en evidencia desde 2,5 Siglos.

Dá que pensar, es parte de lo grave de la época, aun con que contemos con la ayuda aristotélica.

Falta emprender el camino de poder al menos poder empezar a pensar, el deseo de la audiencia a que la embauquen, de su credulidad a las fábulas y la facilidad de ser persuadidas por profesionales de la falacia. Pero esa será, técnicamente de próxima emisión.

 

Galería de charlatanes de feria de este pueblito de campo en que nos toca vivir, por especialidades, y solo algunos.

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Etc….., Etc….. Etc…….

 

15 Los chantas

  1. RÍO DE LA PLATA coloquial

    [persona] Que tiene poca disposición para hacer algo que requiere esfuerzo o constituye una obligación, especialmente trabajar.

  2. RÍO DE LA PLATA coloquial

    [persona] Que presume de tener algo, especialmente una capacidad, un conocimiento o un poder, que en realidad no posee.

Hay demasiadas referencias a lo que esta invención del Río de la Plata señala a los ser “chanta”. Fue una figura simpática entre la gente de barrio, un personaje “piola” que sobrevivía de su máscara de payaso que divertía a la gente, porque su beneficio siempre era mínimo, el pan de cada día, la minita engañada, pero que sabía que iba a ser engañada. El juego de acciones que era reconocido y aceptado como payaso que usaba la artimaña reconocida para tener su lugar en el mundo.

Y ojalá la historia popular nos brindara solo la presencia de esos personajes simpáticos, dentro de todo lo usualmente cotidiano, casi que le ponen un cacho de picante al tedio de días sin gloria que transcurren lentamente hasta la propia muerte, dan que hablar, son famosos en el barrio, se hacen querer, porque al final de la capilaridad de los fenómenos de las gentes comunes, provocan entre historias contadas y sus fechorías, una cierta clase de alegría, por que finalmente no están jorobando a nadie,  diríamos de cómo la mayor parte de los comunes, así es es la vida.

Arriba hemos agregado un imagen, que claramente debe ser entendida como simbólica, de ejemplos de los verdaderos grandes chantas de hoy en la historia de este país, solo representantes de muchísimos otros que hacen del chantismo rebuscado un medio de enriquecimiento propio y ajeno, a través del uso indiscriminado del poder y la inocencia de los que aún creen creer en su mentiras, que ya no divierten, sino mejor que al final entristecen salvo a ellos, sus familiares y socios, que seguramente festejan con pizza y champagne, mientras los comunes se euforizan en canchas de fútbol, se emocionan en fiestas y recitales que no dejan más que enormes fortunas a los productores y a tipos que gritan en lugar de cantar la tragedia de la época, o se refugian en iglesias a esperar que los milagros se cumplan, o pasean por los lugares pre-dirigidos en busca de de los perdidos, o toda forma ya pre-establecida de comportamiento circense, mientras la pobreza aumenta, y el pan escasea.

Encontré una imagen que me sorprendió, porque refleja una sensación, proyectable para otros personajes, pero que permite imaginar, lo que en una reunión muy privada entre los grandes chantas puede darse en cada asado entre pares, o en Olivos con pizza y champagne, mientras se mira un partido de fútbol por la tele.

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Tengo la sensación que se ríen de los giles que los votaron, los que  cobran poco y pagan mucho para los intereses del poder del barrio grande que es este país.

Perón, payador perseguido que adjudica la leyenda (un gaucho malo, denominó Sarmiento en el Facundo), el peronismo participó de todos los golpes militares del siglo XX, salvo, claro, los que se dieron contra sus gobiernos; así como de las destituciones de Alfonsín y De la Rúa, como han admitido muchos de sus dirigentes, incluida la ex presidenta de la Nación. Perón fue un conspicuo miembro del Partido Militar, con el cual participó de los golpes de 1930 y 1943, llegando a vicepresidente de aquella dictadura; recibió el ofrecimiento de la candidatura presidencial de los jefes del Ejército y ante ellos renunció en 1955, y no ante la CGT ni el Congreso. Lo que también permite ver el 17 de octubre de 1945 desde otra perspectiva; no ya como la lucha entre el pueblo y el Ejército oligárquico, sino como un enfrentamiento interno en el Ejército entre su rama elitista y su rama populista, que Perón chanteaba. Admirador de las tecnologías nazis-fascistas-stalinistas, y con la credulidad de los más necesitados, embarcó al país en una nave sin rumbo, que en más de setenta años, aún no lo encuentra. Su pinta de chanta, ya no el del barrio, convenció a enormes masas que estaban perjudicadas por el autoritarismo de la clase capitalista nativa desde el fondo mismo de la historia, y con sus modelos adaptados y de común acuerdo con los militares y la iglesia, en ambos casos. Y caso curioso, que dá que pensar, las mayorías empobrecidas adhirieron y adhieren a los chantas de turno, sea del color que fuera, y que merecerá una reflexión posterior del fenómeno, menos catártica, con más ayuda de los que aprendieron a pensarlo. Aquí se nos presenta la aseveración heideggeriana, lo grave es que aún no estemos pensando.

Quienes somos críticos del peronismo tenemos derecho a reconocer los genuinos anhelos de democratización que el peronismo generó, pero considerar, también, que los traicionó, y desde el primer día. Así como tenemos derecho a exigir que de vez en cuando los peronistas acerquen algún dato que corrobore la leyenda en vez de andar insultando a sus refutadores. Después de todo, la única verdad es la realidad, compañeros.

Divertirse con un chanta de barrio, suena bien al corazón. Sufrir por chantas con ejercicio de poder, es una tristeza del alma.

Nací en el peronismo, esperaría que muera antes que yo. Hace mal a la cabeza pensar como pueden pensar como piensan, y no son los únicos, propio de un época grave que no aprendió todavía a pensar.

En 2015, 70 años después, surge otra línea, y no se siente optimismo por ello. En los 70 años intermedios solo se pueden rescatar 3 gobiernos, que duraron poco, Frondizi, Illia, echados por los militares, y Alfonsín, boicoteado por todos lados, sobre todo del peronismo. Era el amanecer del neoliberalismo en este país generoso.

2015. Gana ajustadamente y con el soporte de un inmenso trabajo de marketing político, y a duras penas, a costos que no podemos ni saber ni imaginar, otro aparato de expoliación, donde la credulidad provino ahora más de la poca clase media que queda en el país, los grandes usufructuadores del modelo neoliberal y algunos desengañados que fueron re-engañados por globos de colores y discursos de manual. El representante, la punta visible del iceberg es Macri, estafador profesional, lobbista empedernido como su familia, y otras que las hubo y las hay,  con los gobiernos que usufructuaron, y a título personal de los personajes de la época, convenios inefables en el que las arcas del gobierno y el bolsillo de los trabajadores que aún quedaban, se transfirieron a personas particulares. Un diezmo para los ejercitadores del poder y los dueños de los afortunados de la patria contratista, que no finalizado todavía.

Los sobreprecios que pagó el estado a contratistas de turno, fundaron emporios industriales que siguen explotando el mismo modelo. No resulta extraño que el oleoducto Comodoro Rivadavia, Buenos Aires lo ganara una empresa que aún no existía, pero que con los adelantos se constituyera en la principal siderúrgica del país, sin aporte genuino de capitales. Y esto solo de ejemplo. Recordemos que para eso sirve la memoria, en obras públicas enormes, de inversiones multimillonarias en la moneda en que se quisiera medir, se realizaron a precios solo vigentes en este país, adjudicaciones pre-convenidas en las que la enorme plusvalía hizo la fortuna de unos y otros, que hemos pagado con creces en presión impositiva y precios de las prestaciones.

¿Quien es Mauricio Macri?:

Es un empresario, dirigente deportivo, ingeniero civil y político argentino de derecha.
Hijo de Franco .

¿Quien es Franco?:

Es uno de los empresarios más poderos y corruptos de la argentina.
Sus empresas obtienen un crecimiento muy importante durante la última dictadura.
En 1982 Domingo Cavallo, a cargo del Banco Central de la Nación, estatizó la deuda privada de distintas empresas que colaboraban con la dictadura como Macri, Bridas, Gregorio Pérez Companc, Bulgheroni, Renault Argentina, Grupo Clarín, Diario La Nación, Papel Prensa, etc., pasando así a ser parte de la deuda externa argentina.
Es decir, hoy todos los argentinos estamos pagando como deuda externa las deudas de todos ellos.

¿Como fueron los primeros pasos de Mauricio?:

Al ser hijo de un poderoso empresario, con lo cual disfruta de una fortuna que no hizo trabajando ya que la heredó. Estudió en colegios y universidades privadas, y vivió toda su vida en una burbuja elitista.  Ya concluidos sus estudio, en 1985 su pdre lo pone a dedo de gerente general de Socma, una de sus empresas. (A cualquiera le pasa lo mismo, no?)
En 1992 ingresa a Sevel (otra de las empresas de del grupo) donde es nombrado inmediatamente vicepresidente.
En 1994 ya nombrado presidente.
Como ejecutivo de Sevel fue procesado por contrabando agravado, acusado de una maniobra en la que las empresas del grupo presuntamente estafaban al estado argentino exportando a Uruguay auto partes y volviéndolas a importar.

¿Y en la política?:

En 2003 ingresa a la política, perdiendo en las elecciones a intendente de Buenos Aires frente a Anibal Ibarra.
En 2005 gana las elecciones legislativas convirtiéndose en diputado.
Durante el año 2006 alternó su actividad como diputado en el Congreso Nacional con la presidencia de Boca Juniors. Se le criticó su poca asistencia a las votaciones, a lo que respondió que (el Congreso) “Es un sitio en el que no se debaten ideas”.
Es decir, lo eligieron para diputado y ni siquiera fue al congreso.

En 2007 gana las elecciones en Ballotage convirtiéndose en intendente de  Buenos Aires, ciudad.

¿Su gestión como intendente en esos 4 años?

– Estuvo durante 2008 siendo presidente de Boca e intendente al mismo tiempo, aunque la Constitución de la Ciudad prohíbe el ejercicio de otro cargo

Prometió 40 km de subte para toda su gestión y solo hizo 450 metros, o sea, el 1% de lo que prometió, alegando que necesitaba que el estado nacional le dé más plata.

– Hizo obras cosméticas de poco costo, como veredas o bici-sendas, mientras que abandonó subtes y autopistas. Recordemos que cualquier cosa que se subcontrata permite retornos.

Hoy la Buenos Aires es la más caótica en tráfico del país y en 4 años el gobierno no hizo nada para revertirlo.

Dió licitaciones directas a varias empresas amigas o ex empresas del propio grupo Macri por cifras millonarias.

Compró las mismas computadoras que el gobierno nacional para los chicos en escuelas pero las pagó tres veces más caras a una empresa del grupo Clarín.

No hizo ni una sola obra nueva importante. El entubamiento del Maldonado había empezado con Ibarra, los subtes no los hizo, no hizo escuelas, no hizo hospitales (solo una unidad sanitaria de 3 consultorios en Lugano), no hizo autopistas.

Crecieron las villas en la  en sus 4 años de Gobierno como nunca antes en la historia, a pesar de que estábamos con el mayor viento de cola económico.

Los proyectos para reformar Retiro y el puerto de  quedaron en la nada, a pesar de que desde gobiernos anteriores de presentaron a concurso y se adjudicaron los ganadores.

-Dijo priorizar la seguridad, y creó una policía carísima con pocos efectivos que no sirve más que para arreglar peleas entre vecinos, y que ni siquiera trabaja de noche. Lo único que hace es pasear en patrullero por la ciudad.

Conclusión:

Mauricio es un niño rico que heredó fortuna y vino a  Buenos Aires a hacer su jueguito. No le importa la gente, no conoce a la gente porque toda su vida se movió dentro de una burbuja.
Hizo obras de maquillaje para que la vecina doña Rosa diga “oh que bien! en la esquina cambiaron la veredita”, pero de los asuntos importantes no se ocupó.
Mientras tanto, hizo ricas a empresas de amigos o ex empresas de él.
Se la pasó de viaje por el mundo mientras era intendente, de vacaciones u ocupándose de negocios propios y hasta al mismo tiempo también fue por varios meses presidente de Boca. Como diputado ni siquiera fue al congreso.
Tiene una causa judicial por espionaje en su gobierno, y también tiene otra causa por contrabando cuando era empresario de una de las empresas de su padre, práctica mafiosa probablemente heredada de su herencia italiana.

Dijo en estos últimos años que iba a ser presidente de la nación, pero como no le daban los votos, bajó a la ciudad. El no quiere a Buenos aires, no quería ser intendente, quería ser presidente y ahora solo quiere quedarse en el poder agarrándose de lo que le queda. Para él Buenos Aires es segunda opción, la opción de descarte.

Si no acuerdas con los Kirchner,  no te engañes: Macri no es la contra, es lo mismo.

[Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Mauricio_Macri%5D

 

Esto lo sabe, lo imagina y por lo tanto debería ponerse a pensar por todo el mundo, neoliberal por formación y amigo solo de sus amigos-socios, es como distraerse en un programa de la tele, prefieren disfrutar de los resultados propios del aprovechamiento del poder y la corrupción, como un videojuego, que además disfrutan. Las mayorías le deben importar un carajo, salvo como sacarle votos y cobrarles cada vez más impuestos, que le vienen bien a sus negocios personales y sus “amigos”.

No hay amistad en todo esto. Aristóteles se volvería a morir si resucitara y lo viera . el mejor de los mundos de Leibnitz era del S XVII. Encontrar cercanos estos chantas demuestra, de nuevo, el que que aun no estemos pensando.

La lista de chantas, chantapufis y chantones, es enorme. Hay como una superestructura de la mentira y el engaño, sobre la cual se erigió este país. Y en eso somos famosos en el mundo, más que Messi, Maradona y Borges, o Cortázar, o Sábato, o Leloir.

Era un colimba en 1970, alejado de cualquier lado en un destacamento transitorio en los que había depósitos de materiales, un casino para los oficiales y un laboratorio móvil, en el que además de trabajar, habitaba. El 121 de Ingenieros, comandado por el célebre chanta Leopoldo Fortunato Galtieri, hacía la ruta entre Rosario del Tala y Gualeguay, porque ninguna empresa se presentó a la licitación de Vialidad Nacional, que pagaba lo obra, en tiempos en que de Onganía, a Levingston y luego a Lanusse en un solo año que allí estuve. Vi coimas y coimeros, conocí algunos buenos oficiales en general refugiados de sus familias entre molestas y deshechas, hacía ensayos de control de la obra de día, y leía y estudiaba de noche, en la salita del laboratorio, donde luego dormiría hasta temprano en la mañana cuando llegaban los camiones, la tropa y el resto que trabajaban. Los fines de semana quedaba solo sino me iba de franco. Prefería la soledad, la lectura, las noches silenciosas y el boliche donde iba a comprar cigarrillos, algunos alimentos y La Razón del día anterior.

En la Razón que conseguí el 8 de Noviembre entonces, toda la portada anunciaba el triunfo de Monzón sobre Benvenutti. Seguí hojeando el diario que me distraía, cuando en la pag 7, en un recuadro de 3 x 4 cm se anunciaba la otorgación del Premio Nobel en Química a Luis Federico Leloir, por sus trabajos que supusieron una verdadera revolución en la investigación bioquímica, y permitieron realizar importantes avances en medicina.

Me detuve, pensé, debiera ser al revés, Leloir en la portada, a toda página, y Monzón en la séptima, en un cuadrito de 3 x 4. Pero pensaba mal, para el consumo popular de todos los medios de la época, un poco artesanales todavía para las tecnologías actuales casi 50 años después.

El chantismo, el neoliberalismo, la charlatanearía, los grandes discursos que nos circundan, hacen frente dijimos como Heidegger en otro lugar, nos atraviesan y siempre ocultan juegos de poder, interés y mucho dinero para personas singulares.

Políticos enriquecidos por favorecer a contratistas determinados, es el mejor negocio del mundo, ellos ganan, el resto los pagamos. Una guerra con Corea del Norte, discurso de Trump, ¿cuanto le dejará a los proveedores de armas, insumos, pertrechos, aunque mueran gentes inocentes y los que queden vivos paguen la fiesta, bueno, una guerra?. ¿Isis subvencionado por potencias productoras de petróleo, y en nombre de Alá, cuanto le dejan a los proveedores de armas y productores que vigilan la distribución del no mucho petróleo que queda en el planeta? ¿Y todos negociando para que las cosas se mantengan al menos como están. Discursos interminables que protegen a la superpoblación que nada les interesa, porque además sobran? ¿Macri proveedor y presidente del estado que lo contrata?. Claro, es una escala menor, propia de un feuda en el que nadie se mete, o si se mete, tendrá sus regalías.

Todo se arregla con palabras, y no hacen falta contratos ni documentación. Es invisible al perjudicado final, los pobres de esta tierra que ojalá algún día se digan que aun no estamos pensando.

Solo hemos presentado algunos casos, que se imaginarán son apenas la mínima parte del 10% de la punta de un iceberg que aflora sobre el agua, por simple cuestión de densidades. El hielo tiene 0.9 de densidad, el agua fría 1, el más liviano flota cundo el la masa del volumen desplazado de agua, iguala a la del objeto que flota. Solo hace falta desplazar el 90% del volumen del iceberg para que se el agua sostenga al iceberg. El 90% del iceberg is invisible sobre la superficie del mar.

Nos hemos explayado apenas un poco acerca de la punta mínima del 10% visible. Nos permite pensar, cuanto nos queda por ver, de esta cultura ya antigua donde el hombre es lobo del hombre, y nunca se ocupó de aprender, primero a pensar, y segundo, como objetivo  administrar una nueva época que no solo ocurre, sino que se avecina. Nos suena que a estos chantas globales, piensan, cortamente, algo así. Yo me salvo, los demás que se jodan, y hasta el momento lo logran chantismo global mediante.

 

 

 

 

14 Sin vergüenza

La vergüenza es una sensación solamente humana, de conocimiento totalmente consciente de deshonor, desgracia, o condenación. Modernamente se llama a la vergüenza «la emoción que nos hace saber que somos finitos».
Su sinónimo ignominia (del latín ignominĭa, cuya etimología remite a la «pérdida del nombre» —de in-nomen, «sin nombre»—) da a entender el efecto de una acción deshonrosa o injusta, términos de los que es sinónimo. La XXI edición del diccionario de la Real Academia la define como una afrenta pública, en el sentido en que constituye una ofensa personal que queda a la vista de la comunidad que la condena unánimemente. Por ello, la acción ignominiosa está relacionada con la desvergüenza y el deshonor de un individuo a quien las consideraciones morales le son indiferentes y que es consecuentemente objeto del descrédito general. Se suele emplear este término para denunciar una situación de injusticia, generalmente cuando se trata de la obra de un solo individuo que reúne cierta autoridad sobre una comunidad.

 

La virtud, cuanto a lo que toca a su ser y a la definición que declara lo que es medianía, es cierto la virtud, pero cuanto a ser bien y perfección, es extremo.
Pero no todo hecho ni todo afecto es capaz de medio, porque, algunos, luego en oírlos nombrar los contamos entre los vicios, como el gozarse de los males ajenos, la desvergüenza, la envidia, y en los hechos el adulterio, el hurto, el homicidio.

Lo ético está en el medio, equidistante de todo extremo, ni extrema virtud ni vicios, y claro suena antiguo, tanto como que pertenece a la Ética de Aristóteles. No es fácil, no es difícil, sería aun su edad, razonable y casi obvio. Ya contaba Aristóteles entre los extremos de lo vicioso (en el sentido de su época) la desvergüenza, entre otras.

Sentimos, hay que ser sinvergüenza para usufructuar de otros y además gozarse de sus males, que van de la mano. Y eso es consciente. Es como el fetiche, es un síntoma, pero no entristece al neurótico.

Yo os enseño el superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué  habéis hecho para superarlo?”  (Prólogo de Zaratustra)

Dejar de ser hombre (no se trata de ser “más” hombre, sino de ir más allá de él) implica superarlo de como es hoy (un hoy con cientos de miles de años), como los hombres superaron a los animales. Hay una dirección vital, una “gran marea” que va en esa dirección. El hombre debe ser para el superhombre, una irrisión o vergüenza así como el mono lo es para el hombre. Hay que entender que “hombre” no significa la esencia de la humanidad, sino una figura o estado del ser humano, que es la que debe ser superada por otra más vital.

Si el hombre no es más una esencia, tiene un pasado (oruga, mono), pero también un futuro, siempre y cuando deje de estar escindido, mezcla de fantasma (alma) y cuerpo vegetativo. Ser fiel a la tierra implica dejar esa existencia fantasmal (alma divina) y asumir la corporalidad plena. Es esa corporalidad plena la que se transforma.

Los griegos, sus pensadores y entre ellos los filósofos, entendían bellamente a la ético como la estética de la existencia, aquella prerrogativa de cada quien de poder vivir como una obra de arte admirable por otros. La existencia ya para ese momento estaba en relación con otros, el salto del hombre natural, a la manera de los otros animales que lo precedieron, hubo de cambiar desde las hordas primitivas a formas más culturales o civilizadas de convivencia.

La cultura humana, todo aquello en lo cual la vida humana se ha elevado por encima de sus condiciones animales y se distingue de la vida animal (indiferenciado entre cultura y civilización)— muestra a quien lo pretenda y con cierta evidencia, dos aspectos. Por un lado, abarca todo el saber y poder-hacer que los hombres han adquirido para gobernar las fuerzas de la naturaleza y arrancarle bienes que satisfagan sus necesidades; por el otro, comprende todas las normas necesarias para regular los vínculos recíprocos entre
los hombres y, en particular, la distribución de los bienes asequibles. Principio básico de la economía material y anímica.

Primero Nietzsche y luego Freud, hicieron notar que ante los progresos inmensos de la técnica y la ciencia para administrar las fuentes de la Naturaleza, debía darse una clase superior de hombre a la vigente, tanto en regulación de la explotación de los materiales como en las relaciones entre sí. No debería repetirse la historia de los habitantes de la isla de Pascua, donde durante siglos solo quedaron las estatuas (moais).

Se estima que la población de la Isla de Pascua sufrió una crisis social, que se ha atribuido a la sobre población y devastación del ecisostema en los siglos XVI a XVIII. La tala de los bosques y la sobre explotación agrícola disminuyó la producción de cultivos, les impidió construir balsas para la pesca en alta mar y el conseguir leña para el fuego. A esto se le sumó el agotamiento de recursos marítimos costeros y de los huevos de las aves marinas que anidaban en la isla.

La falta de alimentos llevó al colapso de su compleja sociedad, empezó a simplificarse y dividirse en clanes que competían por los recursos restantes. La población cayó hasta la nueva capacidad de carga poblacional de la isla (Roggeveen estimaba el número de isleños en unos dos mil), de treinta mil que llegaron a ser.

Según la tradición ocurrió una guerra civil y los Hanau Momoko (Orejas Cortas), el pueblo común, se levantaron contra la clase dominante, los Hanau Eepe (Orejas largas), con la consiguiente destrucción de los altares ceremoniales y el abandono de las canteras en que se tallaban los moais. Los nativos comenzaron a vivir en cuevas para defenderse de los ataques, algunos estudios indican que se llegó incluso al canibalismo para sobrevivir.

Tanto Nietzsche mediante su figura siempre mal traducida en interpretada del superhombre, como la de una posible una regulación nueva de los vínculos entre los hombres, que cegara las fuentes del descontento con respecto a la cultura renunciando a la compulsión y a la sofocación de lo pulsional, de suerte que los seres humanos, libres de toda discordia interior, pudieran consagrarse a producir bienes y y disfrutarlos, según el Porvenir de una ilusión, de Freud, serán necesarias a futuro. Hacen falta nuevas tablas, otros valores que los que en esta época grave aun no pensamos.

Y así nos reconectamos con los griegos, con Aristóteles, y su ética, para una estética de la existencia. Miramos desde lo primero en la cultura occidental, hasta la ilusión del porvenir. Y lo hacemos, con rapidez, para entender que en lo presente estamos en el medio, que a fin de cuentas molesta y jode a mucho más de medio mundo.

Hay una figura que se distingue en las épocas actuales, y en lo particular por estos lares de la tierra del lunfardo, que simboliza como modelo a un modo de ser entre admirado y molesto: la del sinvergüenza.

Del tango puro cuento, de Raimundo Rosales:

El tiempo es un latido
jugándose en la trampa del pasado y el olvido.
Maldito, sinvergüenza y adorable,
él ya sabe que es culpable
de una broma sin sentido

Del Que se vayan de Enrique Dizeo:

Que se vaya con él cuando quiera, con ese amigazo fayuto y sin fe;
que se vayan, que Dios los ayude, que tarde o temprano los encontraré.
Que se lleve los besos que, un día, juró que eran míos, con todo su amor;
que esta mala jugada que me hace le va a costar caro, tendrá su dolor.

Si los dos tienen la culpa de todo lo que me pasa,
ella porque nunca, nunca, tan mala la imaginé.
Y el otro por sinvergüenza, porque lo tuve en mi casa
y abusó de la confianza que siempre le dispensé.

Sos un charlatán, de Emilio Gonzáles Ortiz:

 

¡Charlatán!… Cachá el sombrero y rajá,
pronto de acá, decí, no palpitás, 
que la vas a ligar.
¡Charlatán!… haceme caso que te aviso
por tu bien, que por meterte a lengua larga, te van a pestar
pero muy bien.

Nunca lo digas que las amigas no tienen culpa la aconsejaron,
porque hablás, vos que disculpas pretenderás, si por el barrio
andás diciendo: que de ella que la largastes, que la farreás, haceme caso,
espiantá. ¡Charlatán!
Ya el hermano, yo vi que te embrocó, ¡por ser un chanta coy, ahora te va a cascar!
¡Charlatán! que has pisado y enlodado su honor… por sinvergüenza
y mal hablado, si no espiantás vas a cobrar.

 

Figura para algunos adorable la del sinvergüenza, al de a acción ignominiosa que está relacionada con la desvergüenza y el deshonor de un individuo a quien las consideraciones morales le son indiferentes y que es consecuentemente objeto del descrédito general. Se suele emplear este término para denunciar una situación de injusticia, generalmente cuando se trata de la obra de un solo individuo que reúne cierta autoridad sobre una comunidad. Esto en lo general.

Luego adquiere multiplicidad de particularidades, el caso del tiempo que siempre burlón nos espera, jugando entre el pasado y el olvido, que sino estuviera en un tango sería heideggeriano. O la de los fuleros que abandonan en quien confiaba, o la infaltable del charlatán que enloda el honor por mal hablado, el que no piensa en otra, u otro.

Hay miles de historias en lo cotidiano, los tangos lo ejemplifican al nivel de lo más callejero, al nivel de la trinchera de la vida, de esas cosas que los seres humanos nos cometemos todos los días, y muchas veces desde la inconsciencia o la ignorancia, y menos de tener en cuanta los efectos sobre los otros.

La inconsciencia se entiende, es esencia del sistema anímico, una represión de lo que jode, aunque luego retorne en otras formas o síntomas. La ignorancia ya no se entiende tanto, la elección de la ignorancia parece una falta de respeto hacia lo más propio de aquella esencia propia del homo sapiens, el amor a la sabiduría. Que los poderes y las religiones atenten contra la oportunidad de saber se entiende, tiene fines prácticos, con arreglo a fines, sojuzgar a las masas fue necesario, desde esos lugares claro está, con explicaciones entre absurdas y rebuscadas que intentaban que los esclavos lo fueran de todas maneras, y si crédulamente felices mejor. Pero no se entiende a los príncipes, bien educados, con acceso y cierto saber que les alcanzara, que incrementaran el dispositivo, ya perverso desde el origen, para mantener un estado de cosas que solo favoreciera a unos pocos. Eso es también sinvergüenza, maluso de la charlatenaría y juegos de presdigitación, condenados al infierno de los débiles, mentirosos de pura cepa o peor, si obligados por circunstancias que en las que pudieron intervenir y no lo hicieron. Serán famosos, pero descartables, al final de la historia y nuevos tiempos que inexorablemente se avecinan. El mundo ya no los resiste, se necesitan tipos estéticos de pura ética, nobles y fuertes, sino dejaremos como especie monumentos a nadie que los pueda admirar.

 

13 Crónicas del desierto

He estado indagando, como puede leerse en crónicas anteriores, acerca de mi posibilidad de pensamiento. Este apartado iba a llamarse dos formas de pensar, que devenía de unos extremos que tenemos, tengo, de enfocar aquello que da que pensar.

Uno, el que insistí metodológicamente de derivar unas cosa de otras razonablemente, tratando de entender palabras que se transmiten de cualquier modo, y cada vez más amplificado, desde el sonido y los canales que además después van a ser interpretados por un receptor. Bah! pura simplicidad que desde la teoría de la comunicación se expande como verdad universal, y da lugar a interminables matemáticas que dependen de los medios, y en un lo más profundo de todo, de la propia materia y espacio, y sus propiedades fundamentales desde el mismo origen del universo. Esto es físicamente hablando,lo ya de pos sí es mucha cosa de estudio, reflexión y estudios profundos que pocos hacen. Pero no es todo, agregamos, a pesar del respeto que merece la ciencia física de los últimos siglos.

Ha llegado a un término la ciencia y la técnica que para expandir lo de la pura comunicación estaría llegando a las últimas diferenciaciones de la escala atómica de la materia, para lograr tecnologías más veloces, más eficientes, medios de comunicación globales en tiempo real.

Nos sorprenderemos con la ínter-conexión instantánea, las noticias on line, el contacto inmediato con cualquier otro, el registro de cada cosa que hagamos, casi por cualquier medio salvo la comunicación personal verbal, que se  dará que a lugares vivisibles por medios electrónicos de captación. 1984 de Orwell, está hoy aquí, 30 o 50 años después, como se los quiera contar, lo que ya no tiene ninguna importancia.

Todo da que pensar, me digo. Y me juzgo. Y no hay peor juez que uno mismo. Aunque no parezca muy popular. Respecto de lo popular luego también tendremos algo que decir en relación a lo que da que pensar.

So notará que uso el singular o usamos el plural. Para el caso es igual, uno es más que uno, y muchos se comportan como uno, trataremos de explicarlo, con cierta ayuda, más adelante.

De una forma u otra, quien escribe, o quien fuera, usa palabras del lenguaje solo por que es un tipo humano que nació y fue dirigido en ese modo. de hecho muchos se sorprenden de la velocidad de aprendizaje del lenguaje en el niño, que rápidamente aprende a hablar, suponiendo una estructura cognitiva primordial de la forma humana, casi heredada genéticamente. Claro está que ahorraremos toda referencia ya reconocida en esos aspectos, en cualquiera de la mayoría de las teorías, aunque respetables, insuficientes que el saber científico actual ofrece.

Usamos el lenguaje, las palabras, porque ese el el modo humano que nos distingue y permite algún grado de conexión con los demás humanos en el mundo que nos rodea, y hace frente. No estamos solos, hay una cultura con todas sus letras que nos antecede y regula, con alguna clase de fundamento histórico, que puede ser consultado, pero no objeto de este apartado.

Cuando comenzamos con esto, pensábamos en nuestra singularidad. ¿Que es lo nos impulsa a a pensar, y desde ese lugar, aceptar, rechazar, explicar, adoptar, creer o no, amar u odiar, justificar,  injustificar,  recordar, olvidar, tener memoria, relacionar los propio con o externo, verificar dependencias, posibles independencias, la historia y lo actual que estando ya ahí es parte de lo cotidiano y-o de lo que hace frente?.

En conceptos mayores, sin detallar el caso de cada caso, proponemos nuestros valores:

  • Amar y desear lo mejor para nuestros hijos, ellos son el futuro mejor anhelado desde la propia historia filosófica y analítica hasta hoy mismo.
  • y vamos a tratar dar cuenta de ello.

Ser en cuanto presente se da en el tiempo, y no es fácil responder a la pregunta acerca de la presencia.

Si bien siempre en alguna metafísica el ser es pensado como  eternidad e independiente del tiempo, eso no significa sino que las cosas en su esencialidad son independiente del tiempo, pensando al tiempo en el sentido de lo que va pasando. Pero ¿qué pensaríamos sobre la determinación del ser mismo como presencia , e incluso como presencia que se presenta, una determinación que no ha sido sometida a mucha más reflexión? ¿Como expresaríamos acerca del ser como presencia, como una nota a partir de la cual el tiempo es concebido como el pasar e incluso la eternidad es representada como un «ahora» actual (presente)? (No olvidemos que ser y estar, al menos español, se consideran sinónimos).

No retornaremos a Heidegger, ya que nos hemos alejado de él, aunque siempre lo recordemos en tanto ayuda a pensar.

Si el presente es grave, tanto en espacio como en tiempo, entonces, nosotros, los últimos hombres esperaríamos que lo futuro, nuestros hijos, tengan oportunidad de un mundo humano más serio (en el sentido de digno de confianza), noble, libre de las artimañas que provocadas por un espíritu de venganza que tienda el punte e una nueva esperanza, nueva por diferente a la que se quedó en el fondo de la caja de Pandora, alegres de la alegría de Spinoza, que de sentido al sentido de la tierra, como fuente de vida y expresión de la naturaleza, honestos, inmoralistas porque la moral ya no haga falta para sujetar a nadie, alejados de la gravedad y mediocridad de la cultura occidental, que hace frente desde lo cotidiano, sin descanso ni solaz.

Veamos algo acerca de la venganza. Con la amplitud de miras necesaria, nos atenemos primero al significado de la palabra, para obtener la señales que ayuda al pensamiento. Rache (venganza), räche, wreken, urgere significa: golpear, empujar, hacer avanzar delante de uno, perseguir, ir a la caza. ¿En qué sentido la venganza es un ir a la caza? Ella no busca solo dar caza a algo, agarrarlo, apropiárselo. Tampoco busca simplemente abatir aquello a la caza de lo cual va. Este ir a la caza para vengarse se opone de antemano a aquello en lo que se venga. Se opone a ello de este modo: rebajándolo, con el fin de, frente a lo que ha rebajado, ponerse a sí mismo en una posición de superioridad y, de este modo, reconstruir su propia validez, que es tenida como lo único que cuenta. Porque la sed de venganza es excitada por el sentimiento de que es vencido y perjudicado. Y algo de ese orden se hacía referencia antes.

En la segunda parte de Así hablaba Zaratustra, en el fragmento «De la liberación», ya mencionado, Nietzsche hace decir a Zaratustra: «Esto, sí, esto sólo es la venganza misma: la contravoluntad de la voluntad contra el tiempo y su “fue”».

Hay que leer el Zaratustra y ayudarse con el pensamiento de Nietzshe, está resumiendo el horror que se siente contra el tiempo humano, que es finito y a la voluntad que en la metafísica moderna se da como esencia del ser. Es para pensarlo, un rato largo. El horror produce efectos, y hay un tiempo que ya fue, y aterroriza el que se termina. Contra el miedo la voluntad se impone para construir barreras de auto-convicción de existencia y poder, que se logran con la humillación provocada y la sensación, afecto fugaz de poder y apropiamiento del tiempo hoy, porque el que siga no lo tendrá nadie.

El mundo no se termina hoy, pero hay que poderlo pensar, cuando la época grave es que aun no pensamos todavía. La reflexión nietzscheana continúa siempre, cada hoy, hasta que se pierde para siempre en la locura frente a un caballo muerto. Y cumple así con su designio: ya me he encontrado, ahora ha llegado la hora de perderme a mi mismo.

Así lo planteaba: sólo cuando el ser del ente se presente para el hombre como retorno de lo mismo, sólo entonces puede el hombre pasar por el puente y, liberado del espíritu de la venganza, ser el que pasa al otro lado. Da que pensar.

Hay un puente, expresado en las palabras que pueden usarse, que hay que cruzar. Y eso no ha ocurrido todavía.

En contraste y lo mencionamos en otros lugares y de variadas maneras, la cultura occidental, la que conocemos desde y reconocemos en lo cotidiano, ya que hace frente cada uno de estos días, presente continuo que nos sujeta, agobia, pleno de artimañas y efectos de subyugación, sujetación de los hombres por los hombres, Homo homini lupus es una alocución actual que significa ‘el hombre es el lobo del hombre’ Da cuenta en la sabiduría popular con frecuencia refiriendo a los horrores de los que es capaz la humanidad para consigo misma. Es grave, es popular, es reconocida y se actúa. Es una metáfora más de lo gravísimo de la época. Es algo así como lo que de contraponer como redención de la venganza. Un mundo donde los hombres simplemente se relaciones con reglas que no jodan a los demás, no parece difícil. No es el resultado de la religión occidental, como mínimo ejemplo.

Sería bueno recordar, y no por haberlo experimentado, sino por solo estudio y lectura, que en los albores del capitalismo, la industrialización y con el soporte iluminista de la razón, las revoluciones americana, francesa, y el industrialismo creciente cambiaron el statu quo de la historia occidental. Hay que acceder a Max Weber para ver la alianza entre el espíritu protestante y el naciente capitalismo, que en pocas palabras glorifican el sacrificio de hombre en su trabajo dignificador. Las masas hambrientas son mantenidas en condiciones de subsistencia para que produzcan a bajo costo lo que ellas mismas consumen, mientras los dueños de los medios de producción, expoliando las colonias con materias primas baratas hacen enormes diferencias de capital por pura piratería de hombres y países invadidos. Y si recordamos por un momento a Marx, esa condición mantenida durante más de cien años, en las que las generaciones se renuevan y se encuentran con un mundo tal como es, un tiempo presente en el que hay que sobrevivir, ya internalizan la norma y moral requeridas para el sostenimiento de esa estructura. A nivel popular se reproduce la superestructura que no es material, es simple contenido y posibilidades de pensamiento. Y las consecuentes fórmulas que se aplican bajo esa norma para mantener el necesario equilibrio, inestable, para que la estructura material subsista. Y ello no ha ha terminado aún. Y no podemos adivinar cuanto durará todavía.

Claro no es un pensamiento que se piensa a si mismo, ya está como presencia en cada acto de lo cotidiano y más enfocado a la cuestión de la pura supervivencia, que además es necesaria para el sostenimiento del sistema. Aparece como un sistema retroalimentado desde la ilusión de normas inventadas para ello, de explicaciones que no se entienden, de una injusticia primordial que favorece a pocos y requiere de muchos obedientes. Amos y esclavos, esclavos que piensan como sus amos quieren y necesitan. Y la gran curiosidad, ¿porque se creen las normas? ¿Porque se obedecen? ¿Porqué lo grave prevalece? ¿Porque lo injusto se vuelve justicia?.

Los colonizadores suponían (lo que suena a excusa ilusoria) que las poblaciones de los territorios  conquistados no eran hombres, sino más cercanos a los animales, que como a las vacas se las puede sacrificar. Esta mentira, como explicación y valor de credulidad que les convenía, parece estar actuando aún. Ya no son puebles extraños, son los mismos habitantes de su país o región, y como se bautizó recientemente, globalizados.

¿Cuantas construcciones y discursos vacíos seguirán surgiendo en una tierra vacía todavía? ¿Cuanta credulidad soportan las masas esclavas? ¿Cuanta mentira e ilusión surtirán efecto u por cuanto?.

¿Llegará un día, cualquiera, que como al primer hombre que tuvo conciencia que (se supone que el Neanderthal) tuvo una chispa de conciencia que podía recordar y luego pensar algo, en que el hombre actual disponga la misma experiencia, y se aperciba que no hay necesidad alguna de pensar como esclavos?

Hubo un puente del animal al hombre. Hace falta otro, la del esclavo que debe aún aprender a pensar, por que lo grave es que, y nos incluimos, no estamos pensando todavía.

Sentimos dos desiertos, uno el del desvastamiento del mundo de esta época, globalizado, enmascarado, que provoca enfermedad y esclavismo, de todo orden en el que se lo quiera pensar, y otro el de que de la soledad que se produce, y tal vez en buena hora, de intentar el tránsito del camino que nos aleje de las fuerzas de gravedad.