La singularidad del recorrido se funda en uno de esos misterios aún irresueltos de la obra de Spinoza, generalmente eludido en los comentarios, y que se plantea aquí de manera inusualmente frontal: hay en la Ética una física de la extensión, de la composición y descomposición de los cuerpos, pero no hay del mismo modo ­”porque no se la busca donde hay que hacerlo”­ una física del pensamiento, que sin embargo es clave para una filosofía que rechaza explícitamente el materialismo vulgar. ¿Cómo se componen las ideas? ¿Son individuos? ¿Cuál es su principio de individuación? ¿Cuándo se transforman? ¿Cómo concebir la muerte de una idea? Estos serán los interrogantes para desarrollar una física cogitativa que no puede ser efecto ni calco metafórico dela física de los cuerpos.
François Zourabichvili. Spinoza. Una física del pensamiento

Íbamos por Heidegger para meternos un poco más las cuestiones del pensar, que nos permitieron una idea de cierta física interviniente en ellas. Buscamos una imagen, y nos encontramos con François Zourabichvili. Así es esto, se va en busca y algo se encuentra, por fuera del mundo de la cotidaneidad, que es otra cosa que esta aventura del pensamiento, propio.

Y también reencontramos a Spinoza, de quien hablamos antes en cierta Hermenéutica de lo Humano, y que admitimos que en su momento nos apasionó, y que escribió doscientos años que Nietzshe, quién a su vez lo respetó, en esas cosas hay noblezas que obligan, impulsan, porque dan para pensar. Antes mencionamos la condición del  rugido moral, ético, recto, noble para los que lo merecen, de los habitantes del desierto. Y el libro principal de Baruch Spinoza, La Ética, escrita según el orden geométrico, además de una ontología se presenta bajo el paradigma de la época como un física, y remite al cuestiones que en otras palabras recorren un camino similar al león nietzsheano.

Y mencionada la física a la que referimos, adelantamos como ya se planteara en La cuestión del pensar, donde se menciona un intento fallido de Freud en su Proyecto de una Psicología para Neurólogos, que abandona el paradigma físico-químico del que había partido para fundar el psicoanálisis una vez descubierto lo inconsciente, como cuestión de lo humano. Y lo retraemos en cuanto explicitación clara que no mencionaremos los modernos intentos positivistas de encontrar con modelos puramente provenientes de las ciencias físicas, químicas o neurológicas fundamentos algunos que hagan interpretación de lo que aquí se menciona como pensamiento, porque si bien tienen alguna importante audiencia en lo común, no nos parece que haya que repetir diferenciadamente lo ya dado cuenta, casi con Nietzshe al final de su vida, con la resignación y abandono freudiano del mismo modelo. Suena bien como ciencia popular, una mecánica popular, pero que no solo no ayuda a el tránsito del camino que es el pensar, sino que además, y lo mantendremos, lo aleja, lo oculta, aunque resulte de fácil digestión, un reader digest para enciclopedistas.

Hay algo que es a la mano, que debe aprenderse, como una manualidad, con la diferencia que no hablamos, aunque haya una muy cercana relación, de la acción de la mano sino de la acción del pensar. La estrecha relación, es que el aprendizaje de una manualidad tiene una correlato inmediato con lo que aprende el pensamiento que lo acompaña. La mano humana dispone del pulgar independiente, el pensar humano de su trayecto independiente. Cada carpintero tiene sus trucos, cada pensador también, aquellos que le facilitan la acción en curso, y además saben que ese aprendizaje no termina nunca, salvo al final de los días.

Freud escribe su Esquema del psicoanálisis hasta días antes de decidir que debe morir. Spinoza muere antes de terminar su Tratado de la reforma del pensamiento, comenzado 10 años antes que los tratados teológicos políticos y la Ética. Nietzsche estaba trabajando en su Voluntad de Poder, que esperaba terminarlo en cuatro años, cuando enloquece. No hay en ellos mecánica alguna, no hay sino cada uno en si mismo, transitando el camino hasta el final. Y seguimos aprendiendo de ellos, necesitamos y deseamos aprender de ellos.

Y nos tomamos del ejemplo. De nada sirve profundizar en las conexiones eléctricas, químicas, o del orden cuantitativo entre las sinapsis de los varios billones de neuronas que componen un cerebro, para dar cuenta alguno de los caminos del pensamiento. En todo caso logran lo contrario, lo cierran, lo establecen como un objeto material que funciona como una máquina.  Una máquina no crea ni poesía ni abre el camino, por más esquizofrenia que se expanda como el desierto, con todo respeto a Gilles Deleuze y Felix Guattari.

Todo esto anterior debe por favor tomarse para una Introducción a lo que dio lugar al título elegido, ocurre que encontramos a François Zourabichvili, y nuestra idea más preliminar siguió por otro rumbo, cuestiones de asociación, lo que también es un ejemplo, aunque siempre en derredor de lo mismo, aquello que nos concita el interés. Ya nos meteremos con la “física del pensamiento” de Spinoza, siempre resulta curiosamente lúcida y nos causa alegría que las partes se compongan en el sentido de agregar potencia en lugar de obturarla o disminuirla.

¿Que significa que nos pensemos?, es una forma que cae pesadamente sobre nosotros, arbitraria y violenta atribuye un nuevo significado diferente al que se entiende comúnmente por parte de quien la lea o escuche. Hay un juego de palabras, y la que pierde el juego es la palabra que se sostiene en el verbo de la nueva pregunta. Estaremos jugando con la palabra “significar”. (Con 3 significados, solo en alemán).

Del significado más común de “significar” como denominar, como se de-signa el nombre del niño que esta naciendo. Pero si nos desplazamos hacia “por lo que nos dirige hacia el pensar”  empleamos un significado del verbo que no es familiar. Se nos sugiere que usemos que escuchemos otro significado que declina hacia “intimar a una acción”, exigir, ordenar, remitir. Pero, aclara Heidegger que de estas cosas sabe mucho, en el verbo “significar” no está contenida necesariamente la exigencia, o una orden que se imparte; más bien es un extenderse en pos de algo, de tratar de alcanzar algo donde se desea llegar, aquello que se significa. En . forma llana es poner en marcha, poner en camino, suave y por eso efectivamente. Corresponder equivalentemente al verbo latino “iubere”, propiamente desear que ocurra. O del griego “pegeqox” , poner en camino, no el intento de exigir si el de “hacer llegar”, del diccionario: moverse, acercarse, elevarse, avanzar, ir, venir, salir, ser,  estar, haber. O en sánscrito: “invitar”.

Teniendo esta historia del significado de la palabra “significar”, su sentido deja de ser sorprendente, aun cuando siga siendo nada habitual en nuestros oídos, al encontrar que la pregunta “¿Que significa pensar?” al escucharla nos se nos aparece en nada el sentido de instruir, solicitar, hacer llegar, poner en camino: en-caminar; señalar un curso, acercarse, avanzar, etc.

Está claro, que no habitamos (no tenemos hábito) en estos sentidos pre-existentes de la palabra significar, esos sentido son opacos al sonido que nos es familiar, qu es el corriente “ser denominado”, que se queda corto cunado llega el momento de pensar, sobre todo porque no recuerda (y no tiene porque hacerlo) el sentido original histórico que se le confiriera a esa cadena de sonidos que son las letras de una palabra, en su origen.

Todo el inventario de significados más originales nos remite a ideas algo diferentes: encomendar, confiar, poner a salvo, acercase, estar, ir y venir, ser, que de entrada permanecen ocultos en lo cotidiano por falta de hábito, y eso es parte de lo grave. Si se ha entendido, una memoria presente de los significados más originales, nos habría ayudado a pensar. Y quedaría así al menos en parte señalado el camino a transitar, aunque para ello convenga irse al desierto.

[Spinoza diría las partes que se conviene se componen, y aumentan la potencia. Cuando faltan partes, cualquier composición, o descomposición, no se produce].

Por lo tanto, y hasta aquí, al escuchar la pregunta ¿Que significa pensar? de modo como ¿Que es lo que nos dirige la palabra para hacernos pensar?, entonces preguntaremos por aquello que encomienda a nuestro pensar a la propia esencia, permitiendo llegar a nuestra esencia el pensar, a fin de mantenerla en reguardo en ese pensar. Pero la búsqueda de esa respuesta será la continuación.

Las palabras, pronunciadas, leídas, y mejor en voz alta, son físicamente sonido, ondas de presión del aire que hacen vibrar los tímpanos de nuestros oídos. Esa vibración, complejamente trasducida llega como impulsos (de la naturaleza que las ciencias explican) a nuestra mente. Y dejan de ser sonidos, se convierten en sentidos del pensamiento. Diríamos, es el momento donde comienza lo realmente humano del hombre, en todo aquello que los sentidos den lugar a los contenidos de su pensar, que nunca son poca cosa, porque luego de eso dependerá su capacidad de independencia, o lo opuesto, dependencia, de aquello que lo va a habitar en cada caso, y mezclado con lo cotidiano que apunta a lo segundo.

Hay un resultado interesante que reunimos entre Heidegger, Spinoza, Nietzshe (por ser los aquí nombrados). Todos, con claras diferencias de dar sentido a sus respectivas cotidianidades que ya hacen frente, es como que arriban al mismo resultado de que un hombre, recorriendo el camino que mejor convenga a su interés y deseo, reconoce y se reconoce en una ética del respeto primero a sí mismo, y luego por simple contacto de partes, a los demás. Porque reconocida las relaciones que se dan en la cuestión del pensar, finalmente arriban a una esencia honesta de cada uno consigo mismo, luego de haber transitado el camino que hubieron de recorrer, además, para donarlos en escritos y lecciones que no se pueden olvidar.

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