Del Zaratustra de Nietzsche:

Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar  como se conquista una presa y ser señor en su propio desierto. Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria.
¡Ojalá hubiera permanecido en el desierto, y lejos de los buenos y justos! ¡Tal vez habría aprendido a vivir y a amar la tierra, y, además, a reír!
En el  desierto  han  habitado  desde  siempre  los  veraces,  los  espíritus  libres,  como  señores  del desierto; pero en las ciudades habitan los bien alimentados y famosos sabios, los animales de tiro.
El desierto crece: ¡ay de aquel que dentro de sí cobija desiertos!

Conocemos hasta  el cansancio el juicio de  nuestra época. Spengler en  «ocaso de Occidente». (La decadencia de Occidente (en alemán Der Untergang des Abendlandes. Umrisse einer Morphologie der Weltgeschichte) es una obra en dos volúmenes escrita por Osald Spengler. Fue publicada entre 1918 y 1923)

En su prólogo:

Dije también entonces que se trataba de un primer ensayo, con los defectos inherentes a todos los ensayos, incompleto y no exento seguramente de contradicciones internas.Esta observación no ha sido tomada tan en serio como fue hecha, ni mucho menos. El que haya penetrado hasta las raíces más profundas del pensamiento vivo sabrá que no nos es dado conocer sin contradicción los últimos fundamentos de la vida. Un pensador es un hombre cuyo destino consiste en representar simbólicamente su tiempo por medio de sus intuiciones y conceptos personales. No puede elegir.
Piensa como tiene que pensar, y lo verdadero para él es, en último término, lo que con él ha nacido, constituyendo la imagen de su mundo. La verdad no la construye él, sino que la descubre en sí mismo. La verdad es el pensador mismo; es su esencia propia, reducida a palabras, el sentido de su personalidad, vaciado en una doctrina. Y la verdad es inmutable para toda su vida, porque es idéntica a su vida. Lo único necesario es este simbolismo, vaso y expresión de la historia humana.

 

Da que pensar, a los que no lo hacemos desde esa perspectiva. Hoy se habla de la «pérdida del centro». Por  todos lados se percibe y describe la decadencia, la destrucción, del mundo. Hay  por  todas partes un tipo estándar  de reportajes novelescos que se revuelven sin contenido en diversidad de variaciones sintácticas y sin fondo de las cosas. Eso claramente es más fácil que  decir  algo pensado en verdad. Puede creerse que el mundo no sólo está fuera  de quicio, sino que además va hacia  la nada  del absurdo. Y da que pensar que así se entienda.

Nietzsche, mirando lo porvenir desde la posición alta de Engadinga, dijo a su manera  en los  ochenta del siglo XIX una idea sencilla, precisamente por  ha­berla  pensado: «El desierto crece». Significa: la desertización se extiende. Es más que  la destrucción, es más terrible. La destrucción elimina solamente lo que ha crecido  y lo construido hasta ahora; mientras la desertización impide  el crecimiento futuro e imposibilita toda nueva construcción.  La desertización es más escalofriante que la aniquilación. Ésta elimina y pone  en acción  la nada, la desertización, en cambio, pone en juego y difunde lo que obstaculiza e impide. El Sáhara de África, es solamente una especie de desierto. La desertización de la tierra puede ir de la mano  con  la meta  de un alto  estándar de vida para  el hombre y variedad de cosas amigables, lo mismo  que con la organización de un estado  uniforme de dicha  para  todos los hombres, y aunque así fuera que no lo es. La desertización permite proceder en  todas partes de la manera más terrible, a saber, ocultándose. No es un simple  cubrir de arena. La desertización es el rápido curso  de la expulsión de toda memoria. La expresión «el de­sierto crece» no procede del mismo lugar que las condenas de  nuestra época. «El desierto crece»,  decía  Nietzsche hace  casi ciento  cuarenta años, y añade: «iAy de aquel  que  esconde desiertos!». Y eso hay que poderlo pensar.

Hoy parece como  si la afirmación «lo más merecedor de pensarse  en nuestro  tiempo  grave es no pensamos  todavía», perteneciera a la previsión de Spengler, la de una  época destinada al ocaso y a la desertización nietzscheana.

Aprendamos a escuchar, si se afirma que lo más urgente  de pensarse radica en que no pensamos  todavía, no dice que ya no pensamos, el «todavía no», dicho con precaución, quiere  indicar que sin duda  estamos  en el camino  del pensamiento desde hace mucho tiempo,  no sólo en camino hacia el pensamiento como un comportamiento ejercitado, sino además  de camino en el pensamiento, en el camino  del pensamiento, dentro de él. Y lo entendemos cierto optimismo. la  afirmación pretende un amanecer en el horizonte del desierto, que no es cosmológico sino exclusivamente humano.

Decimos de nuestro  tiempo  como grave. y nos referimos a lo que  nos da que  pensar, a lo que  esperaríamos fuera  pensado.  También  nos da que  pensar  lo alegre,  lo bello, lo misterioso.  Quizá  esto  fuera más saludable de pensar que todo lo demás, lo que en general sin pensarlo,  acostumbramos a llamar «lo que da que pensar». Está claro es que primero nos urge dedicar nuestra reflexión a lo que deba juzgarse acerca de ello.

Ni pesimismo, ni optimismo, y menos la indiferencia. Todo  lo no decidido siempre hace depender de aquello  que no está sujeto a una decisión, en algún momento convine cortar ese nudo gordiano. ¿Cuál es esta relación?

En el Zaratustra nos dice Nietzsche, entre muchísimas cosas, en lo más solitario del desierto tiene lugar el como se conquista una presa y llegar a ser señor en su propio desierto, y nos habla de la segunda transformación, desde el camello infatigable con todas sus cargas, hacia el león que conquista su libertad de pensamiento librando la batalla contra el dios dragón que se impone. No hay opción, una vez comenzado el camino, y que está ya desierto. Se es transeúnte hacia otro ser más propio que el sujeto a la dominación del dragón que además se traga a las víctimas no obedientes. Por ello conviene ser un león, solitario, pero nunca resignado a ser un camello cargado de pesados mandatos que nunca se entiende de donde vienen. La metáfora es clara, es una opción, de libertad.

Hay dragones por todos lados, y la lucha, que es íntimamente propia habrá de librarse en cada lugar y a su tiempo. Aun cuando sea ese lugar y tiempo la urbe propia de estas épocas de numerosa población, el sentir inicial, se asemejará igual al de un desierto, y donde los dragones no son son sino metafóricamente otros tipos humanos, demasiado humanos.

Al respecto, y lentamente abramos paso al pensar, como ejemplo de Nietzsche: ¡Ojalá hubiera permanecido en el desierto, y lejos de los buenos y justos! ¡Tal vez habría aprendido a vivir y a amar la tierra, y, además, a reír!

Algo parece decir acerca de los buenos y los justos, que además no están en el desierto. Dice, y corresponde intentar entender su expresión como signo que pueda llevar al contenido de su propio pensamiento. No como se figuraba que podía ocurrir, para la mera repetición indeferencial, que conduce al olvido, como ya se expuso en casos más propios del cotidianidad que hace frente aquí y ahora. (Ver 2×1).

Los buenos y los justos; dice mediante la figura del payaso que le habla a los que odian, los buenos y justos y lo llaman enemigo. Zaratustra más adelante explica:

Digo pastores, pero ellos se llaman a sí mismos los buenos y justos. Digo pastores, pero ellos se llaman a sí mismos los creyentes de la fe ortodoxa. ¡Ved los buenos y justos! ¿A quién es al que más odian? Al que rompe sus tablas de valores, al quebrantador, al infractor; pero ése es el creador. Compañeros para su camino busca el creador, y no cadáveres, ni tampoco rebaños y creyentes. Compañeros en la creación busca el creador, que escriban nuevos valores en tablas nuevas.  Pero le faltan las cien hoces;por ello arranca las espigas y está enojado. Compañeros   busca  el  creador,  que  sepan  afilar  sus  hoces.  Aniquiladores   se  los  llamará,  y despreciadores del bien y del mal. Pero son los cosechadores y los que celebran fiestas.

 

Y, ahora, aquí, sabiendo que vamos a volver sobre los que pensaron ya antes cosas, que sirven de ejemplo para el aprendizaje del pensar, alguna vez propio, miramos de nuevo a lo que aparece en el mundo (el de aquí y ahora) que nos rodea. una forma de nombrarlo, heideggeriana, es lo que hace frente. Está justo al frente nuestro, sobre todo porque ya empezamos a dejar de pensar como el frente quisiera que lo hagamos.

El Siglo XIX, fue de bienestar en Europa. Eran el auge de las nuevas ideas todavía provenientes de iluminismo y tecnologías aplicadas al progreso industrial, con la consecuente producción masiva a partir de materias primas en general robadas a las colonias imperiales, por lo que su valor era mínimo, pero en relación al precio de las poblaciones crecientes finalmente pagaban por lo que ellas habían producidas como trabajadores en las fábricas cuyos dueños eran los mismos que usufructuaban de importación de lo extraído en las minas o campos de las regiones colonizadas. Si bien paradójico, fue el modelo que aun impera hoy día, permanentemente adaptado y mejorado por las técnicas cuyo avance, seguramente dirigido, permiten.

El modelo requería más trabajadores con mayor capacidad de consumo, lo que maximizaba los beneficios, y mientras anduviera el clima era de bienestar. De hecho el mayor aumento de población en Europa fue en el S XIX, las condiciones estaban favorecidas para ello.

El status de la cultura era todavía el anterior, por calificarlo como los censores de Freud, victoriano. El paradigma científico el de la física y las matemáticas. Fueron la cuna del psicoanálisis que luego derivó a fórmulas menos exactas con el descubrimiento del inconsciente y el poder pensar lo humano desde una singularidad histórica.

No hubo muchos pensadores que alertaran del resultado de un modelo burbujeante de progreso y crecimiento, así y como ejemplo Marx desarrolla su teoría dentro del paradigma, era temprano todavía el siglo.

El único grito reconocible, y poco o mal entendido, fue el de Nietzsche. Alejado de Wagner, y los irreconocibles designios de la política de Bismarck, la guerra franco-prusiana que fue un anticipo de lo que luego derivar en la Primera Guerra Mundial,  a comienzos del siglo siguiente. Final de las monarquías y comienzo de las interrelaciones del poder con la política. Hitler es un ejemplo, el neoliberalismo lo continúa.

Así resumidos más de cincuenta años de la historia occidental, no dicen mucho más que nada. Pero la idea en este caso, para poder seguirla pensando, es Nietzsche lo anuncia (1875), “El desierto crece…”, y hablaba de él, de su camello, de su león y los dragones que hacen siempre frente. Ya había muerto dios entre los más esclarecidos, y el ser se reciclaba en un eterno retorno de lo mismo. El hombre, tal cual lo entendía Nietzsche, el hombre actual, el último, es solo un puente hacia otra forma, menos soberbia, más honesta y frontal, noble y fuerte, despiertos y descreedores de todo dragón o el símbolo que se decida usar, que sujeta al último hombre. Hoy, es más fácil que pre-anunciar, está sucediendo. El último romántico entre los hombres, entre los últimos hombres, que denominó “superhombre” al nuevo a devenir, al creador de nuevas tablas de valores a las que hoy todavía siguen vigentes, donde la búsqueda de la verdad venciera las ilusiones de las palabras vacías vacías del nihilismo que anunciaba el S XIX y que se afirmó en en el XX, y en eñ que estamos, haciendo frente.

El ser y la nada, un título, un libro magnífico de Jean-Paul Sartre escrito durante la Segunda Guerra Mundial. Terminaremos aquí, que los nos da que pensar, es, dentro de nuetsro desierto propio, el poder apropiarnos de un poco más de ser y menos  de la nada, presente en nuestra época grave, bajo la forma que se dio en llamar el nihilismo, que nos rodea.

Claramente estamos anunciando la continuación. Gracias

 

 

 

 

 

Un comentario sobre “9 El desierto

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s