¿Amanece en el desierto?

¿Que significa pensar?
¿Seremos lo suficientemente humildes para respetar el pensador que nos dice que debemos aprender a pensar?

¿Y con voluntad de humildad  aceptamos el reto que implica aprender a pensar cuando creemos que ya lo hacemos?

Mezclarse, estar en medio de lo que interesa. Con ese interés desde la más propio posible, aunque hayamos intuido que hay ya un mundo quc hace frente con muchas direcciones, tentaciones, manipulaciones y todo tipo de puede desinteresarnos de lo más propio.

Y nos detenemos un momento, en aquello que nos permitamos pensar. ¿Nos permitimos pensar? No es cualquier pregunta. ¿Algo nos decide a la hora de pensar? Porque si así fuere y era no estaríamos pensando libremente. Y así así fuera que decide alguna coherción, entonces algo es grave, diría Heidegger, es lo gravísimo.

Antes, en las páginas ya presentadas se enunciaron algunas pistas, señales, senderos hacia el camino, sentires, modos de anunciarnos en la incomodidad de lo grave o lo que discute con lo grave.

¿Como aprender de Freud?. Cuando desde su lugar desde la ciencia parcial de su momento en la que se formó académica y metodológicamente,  abandona un año de obra de pensamiento porque algo no está en el lugar que pretende e inicia una nueva teoría y práctica como el psicoanálisis, sin olvidar del todo lo que su especulación ya había construido. ¿No es un ejemplo? ¿Un ejemplo de pensar en lo que interesa?.

Por un momento, miremos alrededor, en lo que hace frente.

Lo grave (schwer. ernst) es pesado, serio., austero, riguroso. Lo que da que pensar es, y no solo hoy, al pensador serio, austero y riguroso, es algo de esos órdenes. ¿Piensa el hombre, común, de hoy, con esas categorías?

Lo gravísimo sería que aún no pensamos, aun cuando el estado de las cosas que se presentan en el mundo que hace frente, que está ya ahí, que nos rodea, da cada vez más para pensar. A solo algunos nos parece que el hombre hoy debería comenzar con esto sin demora, en lugar de conferencias, reportajes, congresos, apariciones en los mass media, solo por imaginar cómo convendría en lugar a como es (¿es?).

Parecería que el obrar hoy antecede al pensar. Y tal vez antes de hoy también. Sería como que en los siglos que lleva el hombre,  ha obrado más y pensado menos. Como que el interés (leído de varias maneras) que lo que prima en la necesidad (o esencia) del hombre  es el hecho, y no el pensamiento, lo que de entrada parece una contradicción: ¿Cómo hacer sin pensar?.

Ahí  deberíamos dirigirnos a aquello que hace al hombre genérico el interesarse por algo. Interesarse no es poca cosa. A primera vista parece corresponder a alguna necesidad. Hay una necesidad primaria: sobrevivir. ¿Será todo tan reductible como a la necesidad de supervivencia? ¿Pulsión de vida, freudianamente hablado? (¿Pensado?).

Interesarse, inter-esse, significa etimológicamente, y por algo lo significa, implica estar mezclado con y entre las cosas, estar en medio de una cosa y quedarse con ella. Pero el interés cotidiano muestra indiferencia en algún instante por un renovado interés que suplanta lo anterior,  y mirado en lo general, a una velocidad de vértigo. Se desplaza el quedarse con la cosa interesante por otra, quedando la primera indiferente. ¿Será signo de aburrimiento?

En la historia de la filosofía nos encontraremos con grandes pensadores, tal vez hayamos estudiado algunos, pero eso no da garantía que nosotros estemos pensando o hayamos aprendido a pensar. Lo gravísimo de nuestra época grave es que aún no pensamos. Esto debe ser probado, sino solo sería una secuencia de palabras, que dan que pensar, pero no son el pensamiento mismo.

Hagamos con cada palabra que se expanda por si misma, por su propio peso, como una ley de gravedad, por grave, porque hay alguna ley. Cercando cada palabra hacia lo que señala, y no es el significado lingüístico, sino más bien aquello que da que pensar, estaremos en el camino de aprender a pensar.

Que no pensemos, y no es directamente claro, será que aún no hemos entrado en presencia ni en el ámbito de aquello que por sí mismo exige ser meditado en su esencialidad. Tal vez el hombre genérico no ha se ha dirigido en suficiente grado a aquello que sí exige ser meditado. Sería como una demora de raíz histórica, para no mencionarla como negligencia por parte del hombre. Si negligencia, será inconsciente provocada por las urgencias de un mundo que no da respiro, sin demora, casi sería lo mismo.

Tales cosas dan que pensar, son graves. No debemos explicaciones a la historia, sino que nos centramos provisionalmente en que el hombre en su esencia permanece en lo que ha ser pensado. Antes y mejor  dicho, que todavía no pensemos sería porque precisamente aquello que convendría ser pensado se oculta al hombre y esto desde hace bastante tiempo.

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