5 Acercándose a lo que da que pensar

¿Que dignifica pensar?

Lo que significa arreglar zapatos no lo aprenderemos jamás en tratado sobre la técnicas del arreglo de zapatos. Eso solo lo dice quien experimenta efectivamente vérselas con zapatos que deben ser arreglados. La pregunta ¿Que significa pensar?  no se arregla presentando definiciones de conceptos sobre el pensar, cuyos contenidos puedan exponerse sagazmente. No pensaremos sobre el pensar. Hemos de mantenernos fuera de la reflexión que tenga el objeto pensar. Grandes pensadores como Kant y luego Hegel, tomaron cuento de lo inútil de esta reflexión. Tuvieron a fuerza de reflexionar entonces que salir de esta reflexión. Hasta donde hayan llegado de esa manera y hasta donde hayan ido a parar es cosa en  lugar oportuno de nuestros camino  que nos puede dar mucho que pensar.

Lo que hoy podemos aprender es: escuchar  con  exactitud.

En lo anterior anterior escribimos que Sócrates es el pensador más puro  de Occidente, y los sucesores  debieron refugiarse del viento. Ante tal afirmación se presenta una pregunta rara: ¿Platón, Agustín, Tomás de Aquino,  Leibniz,  Kant, Nietzsche, que pasa con ellos entre todos los que no nombramos?  ¿Podemos  reducir a estos  pensadores frente  a Sócrates?  Si eso hubiera pasado  entonces quedó desapercibida la aclaración: todos  los pensadores de Occidente  después de Sócrates,  «a pesar de su grandeza». Por tanto, podría  suceder  que uno fuera  el pensador más puro aun  sin hallarse entre  los más grandes.  Así quedarían aquí  algunas  cosas por  pensar, por ejemplo la frase sobre  Sócrates  ha sido introducida con las palabras: «Sigue siendo  el secreto  de una historia  todavía oculta el hecho de que todos los pensadores después de Sócrates, a pesar de su grandeza…».

¿Se nos pasó eso? ¿Cuantas cosas han de pasarnos de largo idénticamente?

Alguien oye algo de Sócrates,  el pensador más puro…, luego le pasa  desapercibido el resto  y continúa en la vía única  de  lo escuchado a medias e incluso hasta horrorizarse de afirmaciones dogmáticas tan unilaterales. Antes dijimos que nuestro  camino  permanece fuera de la mera  reflexión  sobre  el pensar.  ¿Cómo puede  afirmar  algo así uno que durante no ha hablado de otra cosa que del pensar?  Quizá reflexionar sobre  el pensar  no es sino lo mismo  que  andar  pensativamente tras las señales. Tal vez haya que pensar lo que significa reflexión.

Si intentamos aprender lo que significa  pensar,  ¿no nos perdemos en la reflexión  que piensa sobre el pensamiento? Después de todo, un pensamiento viene cuando él quiere, no uno.

El pensamiento piensa cuando  corresponde a lo más merece ser  pensado.  Lo que  debe  pensarse  se muestra  en  nuestro tiempo  grave en que nosotros todavía  no pensamos.  Parece una afirmación. Tiene la forma de un enunciado; ocupémonos de él. Nos interesan ante  todo  dos cosas: en primer  lugar el tono  y luego su fuerza como enunciado.

Se tiene  una  opinión dentro del  mismo  tipo  de opinar sobre  todo y sobre  cada  una de las cosas, la vía única. Cada  periódico, cada  revista  semanal, cada  programa de radio  o televisión lo ofrece  hoy todo en igual manera al opinar uniforme. Los objetos de las ciencias y el asunto del  pensamiento son  tratados con  igual  uniformidad.

Erraremos si creyéramos que la referencia a tales cuestiones sirve tan sólo a una una crítica  de nuestro presente. Sería como un autoengaño embromado si creyéramos que  un  dejar de lado con  gesto  altanero es suficiente para  alejarse al poder implícito del opinar unilateral, uniformemente nivelado (hacia un solo lado, abajo).

Es necesario ver con  claridad lo que  se está  preparando aquí.  El opinar unilateral, que ya no presta atención a la esencia  de las cosas, se ha expandido en una un multiplicidad de asuntos en lo cotidiano, y para ello se ha puesto la máscara  de lo inofensivo y algo natural. Pero  este opinar genéricamente, que  lo trata  todo  de manera uniforme y con  igual falta de vergüenza, es sino la confirmación de lo que ya está en curso. Pues en el plano  del opinar unilateral e uniforme se se sostiene el pensamiento de vía única.  Por eso todo acontece allanado a una claridad inequívoca de los conceptos y las designaciones, cuya  precisión mayoritariamente aceptada, asombra.

En primer lugar,  no hemos  de perder de vista que el pensamiento de vía única  no coincide con el opinar unilateral; digamos que se construye sobre  la base de éste y a la vez lo transforma según arreglo a fines, que se oculta como lo que da que pensar.

De acuerdo con  la afirmación anterior ha de mostrarse que  nosotros no pensamos todavía.

Según se puede entender, casi no puede discutirse que la afirmación  que habla de nuestro  tiempo  grave  y de lo que más requiere pensarse  es un visión razonada sobre  el presente.  ¿Que podemos decir de tales  juicios acerca  del presente?  Ellos caracterizan la época,  por ejemplo, como enfocada  al ocaso, como enferma,  decadente, golpeada  por la «pérdida  del centro». Ahora bien, en tales juicios lo importante de “escuchar” no es que todos  ellos señalan lo negativo, sino el acontecimiento de que en general contienen una apreciación estimativa.  Determinan el valor, por así decirlo, el estado de precios, al que pertenece la época. Tales apreciaciones se consideran inevitables y al mismo  tiempo  engorrosas. Interesan porque dan la impresión  de estar en lo justo, que representa el estado cosas, en lo cotidiano hoy. Y por eso tal vez pronto se les rinde  el asentimiento de muchos,  sobre  todo durante la época destinada a constituirse con tales juicios. Ahora esas épocas son cada vez más cortas.

Spengler
Nietzshe Zaratustra Portada

El hecho de que hoy vuelva a prestarse  asentimiento a la afirmación de Spengler  sobre  el Ocaso de Occidente, aparte  de determinadas razones externas, se debe  a que  las palabras  de dicho  pensador  son  la consecuencia negativa, aunque  acertada, de la sentencia  de Nietzsche:  «El desierto  está creciendo». Insistimos en que estas palabras están pensadas,  en que son verdaderas palabras. Y sirvan de ejemplo a lo que puede dar que pensar.

4 Seguimos aprendiendo

Lo que ha de pensarse se sustrae, pero interesa la pregunta: ¿Como sabemos o decimos que algo se sustrae al pensamiento desde siempre? Lo que se sustrae u oculta deniega su advenimiento. Pero aquello sustraído no es un no ser, una nada, sino un acontecimiento. Algo que de suyo ocurre. Más aún: lo oculto puede interesar al hombre más que todo lo presente que le toca y se relaciona con él. El ser tocado por lo “real” puede pensarse como aquello que hace la realidad de lo real (creer en lo que acontece independiente del propio interés). Y precisamente eso puede aislar al hombre que se tocado con forma de enigma y por lo tanto sustrayéndosele lo propio. Sería algo así como que el acontecimiento sustraer fuera lo  más presente de lo que se presenta, superando al infinito la realidad de lo actual. Podremos hablar del infinito, del acontecimiento como que sorprende en su aparición, impensada, tal vez expuesta para su consideración, aun cuando innecesarias, pero puesta ahí con arreglo a fines, que no son los propios.

Podremos sentir que lo que se nos sustrae nos atrae hacia un camino hacia lo que si nos atrae, y entonces nuestra esencia se caracterizará por ese “en camino a..”, que es en sí, una señal esencial, y por lo tanto permanente hacia lo que se sustrae.

Las palabras “en camino a..” dicen ya de suyo lo que se sustrae y el hombre se define como caminante hacia lo que le permanece oculto, la sustracción, entonces es como originariamente hombre, señala lo que se sustrae, signo sin interpretación.

Hoedelin

Mnemosine, hija del cielo  la tierra, desposada por Zeus, es madre de las musas. El juego, la danza y la poesía pertenecen al seno de Mnemosine, la Memoria. Aquí, en este mito, resulta evidente que esta palabra quiere designar algo distinto de la sola facultad, registrada por la psicología, de conservar en la imaginación cosas pasadas.

La memoria piensa en lo pensado, es la reunión del pensar sobre lo que en todas partes debe pensarse desde el principio. Se oculta en sí, y se oculta a su vez en aquello que en cada caso ha de ser pensado y sobre todo, lo que es y se atribuye como lo que es, y sigue siendo: la Memoria, madre de todas las musas.

“Un signo somos, indescifrado…”

¿Nosotros? Los hombres de hoy que venimos perdurado y perduraremos mucho todavía en una extensión sin cronología. En el mismo himno Mnemosine se dice: “largo es el tiempo”, en el que somos signos indescifrados. ¿No da esto bastante para pensar? ¿No es una manifestación de lo gravísimo? Ese gravísimo que intenta pensar la afirmación de lo grave de nuestro tiempo, y que proviene en lo dicho de la poesía.

“Un signo somos, indescifrado…”

“Sin dolor y en tierra extraña casi perdemos el habla”

Aunque oír y escuchar parecen ser lo mismo, no lo son en lo absoluto ya que uno puede oír sin escucharOír quiere decir que percibimos los sonidos a través de los oídos, sin necesariamente entender lo que estamos oyendo. Por el contrario, para escuchar algo, debemos tener activados otros sentidos para entender lo que estamos oyendo.

La cuestión del pensar no es otra cosa que desconcertante, y tanto más cuanto más libres de prejuicios estemos al salir a su encuentro. Para esto se requiere la predisposición de escuchar, que es lo que permite saltar los cercos de las opiniones para llegar al campo libre.

Caminamos el camino de aprender a pensar, sin exhortación alguna a nada ni nadie (y entiéndasole en relación al acontecimiento de lo cotidiano ). Aprender significa ajustar nuestro obrar y no obrar al que en cada caso se nos atribuye como esencial. Según el modo de lo esencial, según el ámbito del que provenga la atribución, será distinta la correspondencia y con esto la clase de aprendizaje requerido.

Cada ocupación en algo se ocupará de su objeto, zapatero a tus zapatos. No se puede saber todo. Todo oficio o actividad humana está siempre expuesta a este peligro. Por ejemplo, la poesía se exceptúa tan poco de él como el pensar.

Todo oficio, necesita un maestro. El enseñar implica dejar aprender, el verdadero maestro no deja aprender más que el aprender, debe ser capaz de capaz de ser más dócil que los aprendices, nunca entra en juego la autoridad del que sabe ni la influencia autoritaria de quien cumple una misión. Encontremos ese maestro.

socrates

Si nos mezclamos así con lo que se nos oculta, estaremos en la corriente hacia lo que se nos sustrae, hacia lo enigmático y por ello cambiante proximidad de la palabra que nos dirige. En ese acercamiento el hombre ya está pensando, por lejano esté lo que se sustrae y cualquiera sea la forma del ocultamiento. Sócrates en toda su vida, y hasta en su muerte, no hizo más que ubicarse en la dirección de esa corriente y no salirse de ahí. Por eso es el más puro pensador de Occidente y por eso nunca escribió nada. Porque quien partiendo del pensar comienza a escribir parece alguien que se resguarda, para no ser arrastrado por una corriente demasiado fuerte. Sigue siendo un secreto de la historia el que los pensadores de Occidente después de Sócrates hubiesen entre otra optado ser, sin desmedro de su grandeza, tales fugitivos. El pensar ingresó en la literatura, y esta entre otras decidió el destino de la ciencia occidental mediante la “doctrina” de la Edad Media que llega  luego a ser la ciencia de los tiempos modernos.

Así las ciencias se originaron de la filosofía de doble manera. Provienen de la filosofía en tanto la tienen que abandonar, sin remedio a que tengan que retornar a su propio origen, y quedan entregadas al ámbito de una esencia donde solo es posible hallarla desde el pensar, siempre que este pensar pueda aportar lo que es de su competencia.

Si el hombre se halla en el reflujo hacia lo que se sustrae, ya está señalado a ello. Somos en esto un signo, como un sino, una cierta fatalidad. Pero al ser un signo, se señala algo que todavía no ha sido traducido al habla. Queda así indescifrado. Somos un signo indescifrado. y volviendo a Hölderlin:

 

“Un signo somos, indescifrado,

Sin dolor somos, y en tierra extraña.

Casi perdimos el habla”.

3 Repensando cosas

¿Amanece en el desierto?

¿Que significa pensar?
¿Seremos lo suficientemente humildes para respetar el pensador que nos dice que debemos aprender a pensar?

¿Y con voluntad de humildad  aceptamos el reto que implica aprender a pensar cuando creemos que ya lo hacemos?

Mezclarse, estar en medio de lo que interesa. Con ese interés desde la más propio posible, aunque hayamos intuido que hay ya un mundo quc hace frente con muchas direcciones, tentaciones, manipulaciones y todo tipo de puede desinteresarnos de lo más propio.

Y nos detenemos un momento, en aquello que nos permitamos pensar. ¿Nos permitimos pensar? No es cualquier pregunta. ¿Algo nos decide a la hora de pensar? Porque si así fuere y era no estaríamos pensando libremente. Y así así fuera que decide alguna coherción, entonces algo es grave, diría Heidegger, es lo gravísimo.

Antes, en las páginas ya presentadas se enunciaron algunas pistas, señales, senderos hacia el camino, sentires, modos de anunciarnos en la incomodidad de lo grave o lo que discute con lo grave.

¿Como aprender de Freud?. Cuando desde su lugar desde la ciencia parcial de su momento en la que se formó académica y metodológicamente,  abandona un año de obra de pensamiento porque algo no está en el lugar que pretende e inicia una nueva teoría y práctica como el psicoanálisis, sin olvidar del todo lo que su especulación ya había construido. ¿No es un ejemplo? ¿Un ejemplo de pensar en lo que interesa?.

Por un momento, miremos alrededor, en lo que hace frente.

Lo grave (schwer. ernst) es pesado, serio., austero, riguroso. Lo que da que pensar es, y no solo hoy, al pensador serio, austero y riguroso, es algo de esos órdenes. ¿Piensa el hombre, común, de hoy, con esas categorías?

Lo gravísimo sería que aún no pensamos, aun cuando el estado de las cosas que se presentan en el mundo que hace frente, que está ya ahí, que nos rodea, da cada vez más para pensar. A solo algunos nos parece que el hombre hoy debería comenzar con esto sin demora, en lugar de conferencias, reportajes, congresos, apariciones en los mass media, solo por imaginar cómo convendría en lugar a como es (¿es?).

Parecería que el obrar hoy antecede al pensar. Y tal vez antes de hoy también. Sería como que en los siglos que lleva el hombre,  ha obrado más y pensado menos. Como que el interés (leído de varias maneras) que lo que prima en la necesidad (o esencia) del hombre  es el hecho, y no el pensamiento, lo que de entrada parece una contradicción: ¿Cómo hacer sin pensar?.

Ahí  deberíamos dirigirnos a aquello que hace al hombre genérico el interesarse por algo. Interesarse no es poca cosa. A primera vista parece corresponder a alguna necesidad. Hay una necesidad primaria: sobrevivir. ¿Será todo tan reductible como a la necesidad de supervivencia? ¿Pulsión de vida, freudianamente hablado? (¿Pensado?).

Interesarse, inter-esse, significa etimológicamente, y por algo lo significa, implica estar mezclado con y entre las cosas, estar en medio de una cosa y quedarse con ella. Pero el interés cotidiano muestra indiferencia en algún instante por un renovado interés que suplanta lo anterior,  y mirado en lo general, a una velocidad de vértigo. Se desplaza el quedarse con la cosa interesante por otra, quedando la primera indiferente. ¿Será signo de aburrimiento?

En la historia de la filosofía nos encontraremos con grandes pensadores, tal vez hayamos estudiado algunos, pero eso no da garantía que nosotros estemos pensando o hayamos aprendido a pensar. Lo gravísimo de nuestra época grave es que aún no pensamos. Esto debe ser probado, sino solo sería una secuencia de palabras, que dan que pensar, pero no son el pensamiento mismo.

Hagamos con cada palabra que se expanda por si misma, por su propio peso, como una ley de gravedad, por grave, porque hay alguna ley. Cercando cada palabra hacia lo que señala, y no es el significado lingüístico, sino más bien aquello que da que pensar, estaremos en el camino de aprender a pensar.

Que no pensemos, y no es directamente claro, será que aún no hemos entrado en presencia ni en el ámbito de aquello que por sí mismo exige ser meditado en su esencialidad. Tal vez el hombre genérico no ha se ha dirigido en suficiente grado a aquello que sí exige ser meditado. Sería como una demora de raíz histórica, para no mencionarla como negligencia por parte del hombre. Si negligencia, será inconsciente provocada por las urgencias de un mundo que no da respiro, sin demora, casi sería lo mismo.

Tales cosas dan que pensar, son graves. No debemos explicaciones a la historia, sino que nos centramos provisionalmente en que el hombre en su esencia permanece en lo que ha ser pensado. Antes y mejor  dicho, que todavía no pensemos sería porque precisamente aquello que convendría ser pensado se oculta al hombre y esto desde hace bastante tiempo.

I La cuestión de pensar

Como Introducción

heidegger

¿Qué significa pensar?

Fue un curso magnífico el que Heidegger dictó en Friburgo en el invierno 1951-52, e inaugura desde la primera lección que lo que da que pensar es lo grave o gravísimo, y además hay que aprender a hacerlo.

Ya desde el título, que es una pregunta, y la señalización a aquello que daría contenido al pensamiento que es lo grave o gravísimo, más la aseveración de que hay que aprender a hacerlo, da para pensar un rato largo en muchas cosas, que desde la llanura de lo cotidiano no pretende entender, no es necesario, y menos se piensa.

De entrada, se aparece la paradójica sensación que para responder la pregunta, debemos usar el pensamiento. Pensar el pensamiento, anticipo extraño pero claramente perteneciente al ámbito del hombre en cuanto “sapiens”.

Indica una dirección para lo que da que pensar, además de la del pensamiento, y que lo denomina lo grave y lo gravísimo, palabras que por sí mismas pueden dar lugar a cualquier cosa sino se determina mejor lo que quiere decir para luego pretender entender, además de establecer una relación entre pensar y lo que da que pensar cuando pensamos acerca del pensamiento. Y agrega que hay que aprender a hacerlo, eso del pensar.

La pretensión es desprendernos (al modo nietzsheano) de Heidegger, hablando y escribiendo acerca de lo que él nos permita aprender y recordar , por pura voluntad y respeto. Por voluntad mucho se ha pensado y escrito, y volveremos sobre ello, y respeto a Martin como pensador y el mismo que a los otros pensadores que se agregan en 2600 años de la historia del pensamiento en Occidente. Para completar la introducción seguimos con lo siguiente expresado en relación a la entrada: Lo  gravísimo es que aún no pensamos en nuestra época grave.

Extraemos algunas pocas señales, que nos llevan a dirigir nuestra atención y que serán como el hilo conductor de lo que siga. ¿Qué implica significar? ¿Para conseguir el significado de algo hay que hacer uso como cualquier manualidad de alguna herramienta,  sería en este caso del pensamiento? ¿Entendemos lo gravísimo de que aún no estemos pensando? ¿En que no estamos pensando cuando creemos que nunca dejamos de pensar? ¿Seremos lo suficientemente humildes para respetar el pensador que nos dice que debemos aprender a pensar? ¿Y con voluntad de humildad  aceptamos el reto que implica aprender a pensar cuando creemos que ya lo hacemos?

La sensación, hasta el momento, es que desde una simple pregunta y algunas señales, tenemos mucho que aprender y responder, y si confiamos en la sensación y miramos al cotidiano que se nos presenta justo ya ahí, a nosotros en esta época,  cierta intuición admite que en general no se requieren estas preguntas y señales en un frente en que las cosas ocurren sin necesidad de respuesta.

Y agrega nuestra intuición, si así fuera, parece grave. Grave de gravedad, de fuerza de gravedad que ignora u oculta con o sin predeterminación, algo que pertenece a la esencialidad del hombre en cuanto hombre. Se dice de nuestra época que obramos mucho y pensamos poco. Llevado a un extremo, extrapolando al límite, podrá decirse: los robots obran y nada piensan.

¿Retornará alguna vez el pensar originario acerca de su propia esencialidad el hombre moderno? ¿O el devenir destinado en un mundo superpoblado será el de la máquina, tal como lo entiende la técnica? Parecería una pregunta fuera del alcance de la enseñanza heideggeriana, aunque la aseveración de lo gravísimo que da pensar es que aún no pensemos en esta época grave, indicaría que hay una señal que si la alcanza.

Que encontremos la respuesta, será tarea de esta humilde, al menos pretendidamente humilde, presentación.

Desde la Ciencia

sigmund

Sigmund Freud, sea tal vez un paradigma extravagante en la historia del pensamiento. Es médico , y se interesa por la neurología de su época. James Starchey, en su prólogo de las Obras Completas, de entrada anuncia: <<Mi propósito ha sido incluir en ella todos los escritos psicológicos publicados de Freud, tanto psicoanalíticos como pre-psicoanalíticos, descartando las numerosas publicaciones sobre las ciencias físico-naturales durante los primeros quince años, aproximadamente, de su actividad creadora>>.

Sigmund nace el 6 de mayo de 1856, en Příbor, República Checa, y muere casi a mano propia en Londres el  23 de septiembre de 1939. Vive contemporáneamente en con Friedrich Nietzshe: 15 de octubre de 1844, 25 de agosto de 1900. Estas referencias históricas son un reconocimiento primero, y  segundo que no tal vez personalmente, si por terceras personas, y que se han leído y respetado mutuamente, aun sus orígenes de pensamiento diferentes.

En las universidades de psicología, para llegar comprender y aceptar sus teorías y prácticas, para tal vez luego poder aplicarlas, se parte de la cronología de su vida y obra como se desarrolla su entendimiento, y lo va señalando, es un caso de transparencia epistemológica, y es un ejemplo honrado de lo que se puede hacer si se lo toma como referencia.

Esta desde un principio dirigido en  ayuda de ciertos enfermos de etiologías no físicas sino psíquicas y sus efectos,  al menos al decir de ese momento, las histéricas y numerosas obsesiones, fobias,psicosis, neurosis de guerra, perversiones, sueños de angustia y delirios, olvidos , pensamientos encubridores, más toda la larga lista de situaciones patológicas para el sujeto señalado enfermo, de los que antes de él, se daban cuentas no científicas sino conjeturas más parecidas a conjuros míticos o imaginados en alguna relación a sus observaciones e impotencia de resolución.

El de Freud es otro terreno, otro ámbito de la localización de esta cuestión de pensar, que lo abreviaremos en su primaria originalidad científica en búsqueda de alivio a los enfermos, y como esbozó un modelo de fisiología neurológica de los mecanismos de lo que llamaba aparato anímico, pura especulación acerca de los mecanismos cerebrales tan en boga en la neurofisiología moderna que no parecen agregar mucho más a su Proyecto de una psicología para neurólogos, que él mismo abandonó. El Proyecto, salvo los progresos tecnológicos en materia de investigación neurológica moderna no agregan interpretaciones. Freud mismo admitía que avendrían técnicas imposibles en su momento pero acertó en cuanto suponía no cambiarían los resultados especulativos de su teoría, y además, para todo su trabajo siguiente  lo abandona, que no es un dato menor, algunas de  sus preguntas no aciertan respuestas en ese terreno de la pura pretensión científica. Hablaremos por él en aquel momento, como que hay algo más en esta cuestión de ser además de sujeto de trastornos psicológicos, en cuanto “homos sapiens”.

El tratado fue escrito en 1895, antes de la identificación de lo inconsciente en tanto tal aun insinuado de otras formas, y entre idas y vueltas que muestran un esfuerzo importante en mantener irrefutables sus inferencias, que se documentan en la correspondencia y encuentros mantenidos con Wilhelm Fliess termina encajonando su tratado, hasta que 50 años después es publicado. En algún momento le escribe a Fliess: <<trataba de encontrar el núcleo de la defensa pero hallé que eso me llevaba a explicar algo que pertenece al núcleo de la naturaleza.>>.

No debemos sino remitirnos directamente a Starchey, Fliess y Freud respecto la genealogía de este tratado, que nos deja el resumen de la inteligibilidad de la decisión de Freud de encajonar los escritos y re-escritos del mismo, aunque anticipe los intentos de las ciencias modernas de explicar asuntos de la mente, y el pensar en todas sus derivaciones dentro del contexto de las ciencias que concurren a esos objetos mediante el puro método positivista, del que nada hay que objetar en múltiples campos del saber y la técnica. De todas maneras abreviaremos las ideas que dieron lugar al proyecto, sin dejar de advertir que no hay una respuesta plausible acerca de lo que es el pensar, y menos brindarle alguna forma de significado. Pero  el trabajo de un año de Freud, tuvo sus frutos, en su intento fallido de recurrir al método probatorio de las ciencias, como era su pretensión, no obstante persistieron las ideas en él contenidas, que a más tarde se recompusieron en las teorías del psicoanálisis.

La teoría de la Neurona

neurona
Proyecto Nomenclatura

No vamos a re-escribir el Tratado, sino y a modo de obertura, dejar señalado un camino, una diferencia y una decisión, a partir de visiones parciales, tal cual ocurre al homo sapiens cada día de su propio tiempo.

El modelo de la neurona, dibujo del propio Freud con traducciones modernas de sus nomenclaturas, que recordemos, fue en sus inicios un neurólogo, conocía la histología del cerebro, lo había explorado como médico según los métodos de su época. Aún no se había definido la sinapsis, como conexiones intra neuronales, que el denominó como barreras de contacto.

La tentativa de Freud, emprendida ciento veinte años atrás, de aproximarse a una descripción de los fenómenos psíquicos en términos fisiológicos podría muy bien guardar semejanza con ciertos enfoques modernos del mismo problema.

En los últimos tiempos se ha sugerido que el funcionamiento del sistema nervioso humano puede considerarse similar, o aun idéntico, al de una computadora : ambos son aparatos destinados a la recepción, almacenamiento, procesamiento y entrega de información. Se ha señalado, verosímilmente, que en los complejos sucesos «neuronales » que aquí describe Freud y en los principios que los gobiernan puede verse más de un indicio de las hipótesis sustentadas por la teoría de la información y la cibernética en su aplicación al sistema nervioso. Para mencionar unos pocos casos de esta similitud de enfoque, observemos ante todo la insistencia de Freud en la necesidad primaria de proporcionar al aparato una «memoria»; está, además, su sistema de «barreras-contacto», que permite al aparato hacer una «elección» adecuada (basándose en la memoria de los sucesos anteriores) entre distintas respuestas frente a un estímulo exterior; y ateniéndonos a las elucidaciones de Freud sobre el mecanismo de la percepción, tenemos también su introducción de la idea fundamental de la re-alimentación como medio de corregir los errores que se producen en el comercio del aparato con su ambiente.

El término «sinapsis» fue introducido por Foster y Sherrington en 1897, dos años después que Freud redactara el Tratado, como mínimo ejemplo de su anticipación.

En épocas posteriores de su vida Freud parece haberse olvidado de él, o al menos nunca lo mencionó. Y cuando en su vejez lo pusieron de nuevo en sus manos, hizo todo lo posible por destruirlo. ¿Tendrá, pues, el «Proyecto» algún valor?

Hay motivos para suponer que el autor lo enjuició con el ánimo ofuscado. El «Proyecto» es defendible siguiendo dos argumentaciones diferentes. Cualquiera que examine la bibliografía de otros volúmenes de la Standard Edition se sorprenderá de que en todas y cada una de ellas aparezcan referencias (a menudo muy abundantes) a las cartas enviadas a Fliess y al «Proyecto».

Como corolario, en las notas al pie de las páginas que aquí siguen hallará muchísimas remisiones a esos otros volúmenes. Esta circunstancia expresa la notoria verdad de que el «Proyecto», pese a ser en su faz ostensible un documento neurológico, contiene en sí el núcleo de gran  parte de las ulteriores teorías psicológicas de Freud. En este aspecto, su descubrimiento no sólo tuvo un interés histórico, sino que de hecho iluminó por vez primera algunas de las más oscuras entre las hipótesis fundamentales de Freud.

Primer asunto: el Tratado, y claramente demostrado por Freud, fue, en su momento, de la época y de su vida, una visión parcial del objeto que perseguía. Cuando lo pudo pensar, abandonó el tratado.

Segundo asunto: Todo el trabajo de un año de salvar intelectualmente su intento, independientemente del abandono, generó facilitaciones al posterior desarrollo de su teoría y práctica. Ejemplo que señala que hay un trabajo, casi siempre, por hacer, y que lo ya realizado no se esfuma ni en el tiempo ni en el aire, se mantiene latente o consciente en la memoria de quien lo haya realizado.

Tercer asunto: Si nos atenemos por un momento a la nomenclatura usada por Freud en su tratado, no encontramos con palabras tales como cantidad, sistemas de neuronas, percepción, representación, imagen motriz. Para empezar el tratado, ya debió encontrar las palabras de las cuestiones principales sobre las que había de tratar. Para un lector no científico, que es el lugar de origen del Tratado, encontrará sus equivalentes en otros ámbitos., sobre todo filosóficos.

Cuarto y último asunto, ahora: Freud abandona el tratado, pero en su trabajo genera ideas que luego utiliza en su obra posterior. Se aleja de la Ciencia ortodoxa de su época, parece entender que ese no es el camino, hacia su objetivo de entender para ayudar las cuestiones del funcionamiento del aparato psíquico en el hombre. Y convienen a su posterior teoría psicoanalítica. Parece un resumen, el maquinismo de la técnica y métodos de la ciencia, no parecen resolver cuestiones del hombre en su condición de sapiens, se puede abandonar un intento por infructuoso, y la cuestión de lo sapiens no dejaría entradas al puro razonamiento que la metodología científica exige.

Es claro que seguiremos intentando avanzar en estas cosas.