Una nota inicial del título, hemos comenzado con la palabra Política, como cuando un noble caballero da paso a una dama. Aunque veremos que la dama en cuestión no lo sea tanto, salvo en el género.

Hoy parece ser que la filosofía no se atreve a desafiar el zigzagueo con arreglo a fines, ni a los giros de discursos sin mayor fundamento, que la política -entre las fuerzas que la exceden e intereses propios y ajenos- aplica con aparatos que operan sobre todos nosotros para acotar las movilidades, independientemente de las necesidades en aumento.

Demasiadas veces nos  sorprende la aceptación y cierta (entre aleatoria y verdadera) obediencia  de lo que las gentes votaron a los que luego las encantan y someten. Casi como que no hubiera alternativas. Y también sorprende la frivolidad de muchas de las clases políticas que actúan como títeres de otros y-o sus intereses no políticos, ya de clase, ya de negocios. En el mundo de las finanzas globalizadas no parece que no haya dependencia y estrechas relaciones entre unas y otras, les conviene y las necesitan.

Es una paradoja, elegir a los que los nos van a conducir como rebaño, mientras dure la vida.

A nuevas generaciones resulta más fácil de digerir, ya que nacen en el nuevo estado de situación que interiorizarían como determinación, casi como estado de una “naturaleza social” que les toca vivir. A algunos nos queda la sensación  de decadencia y depredación que siguen creciendo  de varias maneras  entre  los unos y a los otros, las nuevas y las anteriores generaciones de individuos. Y además aprendimos que Naturaleza hay una sola, por lo que hablar de “naturaleza social” es mera conjunción de palabras que no contienen sentido.

La fórmula, claramente, es paradójica y recursiva, y su solución: la depreciación de sujetos, renovados, en aumento, y en promedio más pobres, en varios sentidos, no solo pero si incluido el económico.

No estaremos aquí postulando nada novedoso, aunque se  resuma la percepción del momento ahora y como ya expuso Ranciniere bajo el concepto del modo odio a la democracia, ya entrevisto desde la Grecia antigua por quienes veían la ruina de algún orden legítimo al incalificable gobierno de la multitud. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio, pero hoy se lo cobra con creces.Digamos, post-bierno. modernamente algunos “intelectuales” de esta época insisten,  en que los síntomas sociales, cuales fueran, serían causados por eso que se nombra como democracia, reino de los deseos ilimitados de la sociedad de masas, ya usado demasiadas veces quizá para que volvamos sobre eso, en la que todo vale, luego nada vale. La voracidad y deseo interminable de las masas (muchas hambrientas) serían la causa del malestar en lugar del efecto resultante de los administradores de gobierno. De tal paradoja reductora, solo puede inferirse otra mentira más construida artificiosamente con arreglo a fines, principescos agregaría Maquiavelo.

Y si solo hasta allí se llegara, faltaría aun poder entender porque actuaría de ese modo la democracia tal cual se la expone, o también porque las masas insaciables serían solo  un fenómeno más de lo cotidiano o bien dependiente de causas más humanas, y no de una naturaleza indómita que funcionara en el nivel del mundo de los hombres casi como las leyes físicas de la cosmología.

Si se han presentado críticas, y mucho se ha escrito y dicho, cual fuera una inexorabilidad de la condición homo, y sapiens, y seguiremos seguramente girando alrededor de eso sin determinar de descifrar causas de los efectos. Tal vez en las cuestiones de lo humano, no hacen falta las causas para vislumbrar algún efecto, solo se perciben efectos como acciones determinadas por causas demasiadas veces inexplicables.

Desde lo sapiens, ineludiblemente conectado con  el logos, esa palabra misteriosa que conecta lo que se dice, en palabras, con algo más oculto que hemos convenido nombrar como pensamiento, existe, usando un concepto heideggeriano, lo que de alguna manera puede nombrarse, desde lo más público y sin entender del todo bien porque las palabras producen efecto, como un sentido que queda oculto sin que se espere desvelarlo, ni se lo necesite para el funcionamiento del sistema que se sostiene si muchas más explicaciones que las brindadas en bandeja de plata a las mayorías crédulas y obedientes, y en el clima de la época, además sonrían sin estar alegres de verdadera alegría. Aquella acción concreta de la conducta que se percibe, y se relaciona con palabras en enunciados que las explicarían, sin fundamento convincente, para los otros que las oigan. Porque en su más primitiva determinación las palabras son sonidos, que de alguna indeterminada manera remiten a cosas que igualmente suceden, de una forma u otra.

 

¿Se hizo todo lo necesario para el pueblo? ¿Resultó el efecto de la propia posibilidad, que no era el determinado por la decisión original? Debe haber algo intenso e impensable por los que actuamos en oposición a otra  “elección” primaria, no obedecemos sus mandatos ni efectos de sujetación, cuales fueran, y  algo del orden de la culpa que se nos achaca deviene, de una u otra forma malestar. Culpa por desobediencia. Malestar por incredulidad. No tiene solución lógica, y está expresado literalmente de ese modo, cual experiencia propia, no la ajena pre-disupesta. Otra paradoja de la existencialidad, que igualmente será finita, en  la forma que se quiera modular en sonidos que forman palabras inexplicables, aunque provengan de un fondo insondable desde la física de las ondas de presión que hacen a la escucha desde los oídos que lo traducen en  la percepción de las letras en palabras y en formas que se hacen unas de otras, en un lugar que es el propio. No hay una seguridad en el lenguaje, casi siempre entre la duda de la escucha y la censura del aparato anímico, quedará un fondo inefable, que no se resuelve con la lógica de la sola razón. Pero, bien claro está que lo cotidiano no duda demasiado de lo que se le aparece, de variadas formas, por el contrario lo acepta, lo cree aunque lo cree, se una parte de su creación.

No lo hemos escrito así de igual modo que los estoicos, pero lo nombraremos e insistiremos en el uso parcial de conceptos heredados de mentes sabias a su manera y momentos, que respetaremos al infinito, por la lucidez de las razones que las permitieron. Las palabras y las cosas que se nombran son apenas efectos de superficie, grietas en las que conviene asomarse a mirar hacia lo profundo, y formarse en un espíritu como el de ellos para no ser arrastrados por los vientos de la gazmoñería oficial o de la oposición, ni la de las instituciones que aprovechan y realimentan el estado de cosas, desde Constantino en adelante, entre una multiplicidad de réplicas que proliferan por doquier.

Dejaremos por un momento reflexiones que apuntan a una inmersión a lo queda por debajo de la grieta percibida en esta superficie de lo cotidiano, para entrever algunos de los efectos que las cuestiones que se parecen demasiado en estas reflexiones, por decirlo, primitivas.

 

Sigue Hoy y aquí

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