Década y media de este siglo nos sitúa en un mundo pretendidamente(i) globalizado en que la sensibilidad de algunos no nos permite entender la lógica imperante(ii) en las sociedades como las que nos toca existir.

Si nos detuviéramos en el momento de la esquizofrenia del capitalismo de Gilles Deleuze y Felix Guatarri, entre 1972 (AntiEdipo) y 1980 (Mil mesetas), ya seríamos antiguos, aunque el modelo rizomático describe con cierta precisión la inasibilidad conceptual frente al fenómeno de del capitalismo en su tránsito neoliberal, en el que el poder ya difundido e invisible por subjetivación se inscribe en masas y agenciamentos con apariencia de espontánea libertad, en la que vale (como poder poder hacer) casi todo y en los que simultáneamente lo que vale (que contiene valor) ha sido depreciado convirtiendo a lo cotidiano en fenómenos de superficie, agrietados casi aleatoriamente aunque los efectos de borde en su dinámica físico-química rechacen toda intromisión hacia cierta profundidad, de aquello que en tanto trasfondo permitiera acercar mejor lo que sucede.

No se presentan explicaciones ni formación de conceptos que abran a las ideas o el pensamiento, más que la eterna presencia del presente continuo en la que formulaciones posibles de brindar alternativas relativamente liberadoras (líneas de fuga) de la apariencia de espontánea libertad, es el fenómeno más efectivo y, diríamos casi perverso, de sujeción y formación de una nueva clase de esclavitud que regodea a los administradores reales de esa condición, entiendo que olvidados o ignorantes que para ello se convierten en esclavos de los esclavos. Hoy el amo hegeliano los es más que nunca en la dialéctica con el esclavo.

Aquí nos reencontramos con lo de (i) la pretendida globalización. No se trataría de un pre-entendimiento de un fenómeno que la deriva y devenir de las situaciones en sí mismas lo formalizaron, sino que es posible precisar que hubo un determinación, un calculada pretensión que la desarrolló desde una estrategia continuadora de acumulación, primero de riquezas y luego de poder, o paralelas, con pleno cálculo que los valores económicos no se incrementan en forma igualitaria para todos, sino que mejor y más fácilmente se transfieren desde los esclavos hacia los amos, en la forma moderna post-segunda guerra mundial. Decíamos no nos permite entender la lógica imperante, al suponer una lógica razonable y ética de respeto hacia la condición objetiva de la existencia de las personas que por algún motivo hemos nacido en este mundo. Tal vez si la podamos entender de la lógica imperativa de la “inteligenzia” del poder, que desde los Rotschild en las épocas del modernismo y las guerras napoleónicas, no han hecho más que crecer, y además con la ayuda de los desarrollos de la ciencia y la técnica, en todos los órdenes, de cuyos resultados y convertido en modos de producción, fueron expropiados en favor de esa “inteligenzia”, dando forma a esa forma de capitalismo que sigue “reinando” democráticamente en casi todo el planeta.

No se escribe de lo que ya se sabe, replicamos a Deleuze. Se escribe para aprender lo que no se sabe aún, y modestamente la pretensión aquí es la de proponer empezar a saber lo que no comprendemos, antes esbozado, usando el método primigenio de nuestra cultura occidental, claro está, 2700 años después. Volviendo a pensar desde cero, hoy.

 

 

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Un comentario sobre “Volviendo a pensar de cero. Introducción

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